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Blog: Karmenka desde los Polos

Vant, una gota de agua en Islandia (Por Diana Serrano)

Érase una vez una gota de agua, se llamaba Vant. Vivía en una nube junto a sus hermanos, dos hermanas y un hermano. No se acordaban de como habían llegado allí pero las gotas de más edad hablaban de aventuras increíbles a través de esa isla que podían ver desde el aire, a sus pies. Se movían sin apenas esfuerzo, libres, felices, ligeras, casi ingrávidas.

Sin embargo los días soleados se estaban acabando porque su nube cada vez estaba más atestada de gotas y ya no tenían tantas energías, se sentían pesadas y cansadas. Llegó el día en que la entropía era demasiado alta, solo había confusión y desorden, y decidieron que aquel ya no era el lugar donde querían vivir.

Se cogieron de la mano y se lanzaron a lo desconocido. Al exterior de la nube, al vacío. Justo cuando iban a llegar a tierra firme un viento frío las empujó tan fuerte que no pudieron mantenerse unidas, se soltaron las manos y sus caminos se separaron.

La hermana menor, Foss, cayó en unas aguas turbulentas, agitadas, donde sus compañeras la empujaban bruscamente de un lado para otro. Al principio luchó con todas sus fuerzas contra la corriente pero minutos después, agotada, se dejó arrastrar impotente. Unos metros delante de ella se oían unos gritos que ensordecían el ambiente, uaaaaaaa. De repente, una grieta se abrió ante sus pies y cayó durante lo que le pareció una eternidad. Cuando tocó otra vez suelo no se lo podía creer, nunca lo había pasado tan bien. Se acordó de sus hermanos y deseó que estuvieran pasándolo todos igual de bien.

Mientras, el hermano de Vant, Geysir cayó en un charco lleno de gotas de agua que estaban un poco frías para lo que estaba acostumbrado en su nube. Se quedó muy quieto, a la expectativa y entonces  notó como se movía de arriba y abajo, era como si la tierra estuviera respirando, latiendo, y de repente, zas! notó un empujón, una fuerza que le elevó al menos diez metros, yuhuuuuuuu. La fuerza que le impulsó desde abajo estaba ardiendo y notó como a él también le subía la temperatura. Al caer se encontró atravesando las fisuras de la rocas para poder llegar al origen de esa fuerza, había nacido para explorar, ¡ahora lo sabia!

Lon era la hermana mediana de Vant y como ella era la más ligera estuvo más tiempo en manos de aquel frío viento. Lon fue a caer en un lago. Allí nadó con los peces  y las focas, y al desembocar en el mar descubrió las ballenas y la arena, ¡le encantaba la arena! Ese era su sitio, mecer a los granos de arena según el vaivén de sus compañeras.

A todo esto Vant había caído en un glaciar. Estaba en la superficie y notaba como se formaban cristales afilados a sus pies. Había multitud de formas nuevas allí. Los rayos de sol calentaban la superficie del glaciar provocando corrientes de gotas de agua que iban pendiente abajo. Se adentró unos metros en el interior del glaciar y pudo ver como sus compañeras apretadas y frías formaban unas paredes rígidas y de un color increíble, ¡eran azules!

De repente una corriente la empujo con fuerza y cogió velocidad. Cuando habían transcurrido ya algunas horas se encontró pasando por la hélice de Karmenka. Se asomó al pasarla y mirando hacia atrás pudo ver como Adolfo apuntaba los caudales que Karmenka desde el agua a 1 grado le cantaba. Se sentía muy orgullosa de haber formado parte de este proyecto y llena de ilusión siguió su camino pendiente abajo.

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1 comentario:

  • Por Alejandro Alvarez Luque (09/08/2012, a las 13:28)

    Está meridianamente claro: Islandia y Adolfo, Karmenka y demás glackmeros allí presentes, activan las mejores neuronas. Clarificador relato de cómo las gotas de agua privilegiadas (¡hasta dominan la relación entre entropía y grado de desorden como causa de su "precipitación"...!) nos narran su atrayente recorrido. Lo de Vant y la hélice de Karmenka aclara, por si hubiera alguna duda, que nuestra matemática- glacióloga tiene un imán especial: atrae hasta las gotas del agua del glaciar. Seguro estoy de que cuando procese los datos del aforo de Vant se acordará más del relato que de las penalidades que supuso su consecución.
    Gracias Diana: a este paso no me voy a perder relato alguno y el tuyo tiene una elevada inventiva y me ha sabido a poco

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