Últimos comentarios

Selecciona una categoría:

Blog: Karmenka desde los Polos

Un viaje estelar con aurora boreal

(crónica recibida por teléfono satelital, Fotos: Archivo GLACKMA)

Recorremos por el norte de Islandia los diversos fiordos con sus pueblos pesqueros y subimos hasta la parte más septentrional de la isla, donde se ubica el faro Hraunhafnartangi. Estamos a latitud 66º 30’ N, a tan sólo tres millas del Círculo Polar Ártico. Se notan las horas de luz que han aumentado de la parte sur de donde veníamos a latitud 64ºN.

El día finaliza despejado, lo que hace que tengamos un bonito cielo estrellado. Abrigándose bien –ya que el viento continúa soplando con fuerza y bajando la sensación térmica- queda una noche preciosa para disfrutar de las estrellas. Localizo la Osa Mayor, la Osa Menor con la estrella Polar y a continuación la constelación de Casiopea. Por cierto, qué alta se ve aquí la Polar en comparación con nuestras latitudes en España, ¡claro, estamos más cerca del Polo Norte!

Me gusta mucho la constelación de Orión, con su destacada Betelgeuse, que es una estrella supergigante, unas 400 veces más grande que el Sol. Me fijo en el llamado cinturón de Orión o las tres Marías y trazando una línea imaginaria alcanzo Sirius, una estrella muy brillante que pertenece a la constelación de Canis Mayor.

Prolongo ahora esa línea imaginaria en sentido contrario y me encuentro con la espectacular Aldebarán, que es la más brillante de la Constelación de Taurus, el Toro. Aparece como parte de un grupo estelar en forma de V que forman la cara de Taurus, de hecho es conocida a menudo como el fiero ojo rojo del toro. Su nombre proviene del árabe Al Dabaran que significa “la que sigue a”, ya que sale después de las Pléyades y las sigue a lo largo del cielo. Es una estrella gigante rojo-anaranjada, muy conocida por los navegantes.

Una vez que me he impregnado de esta maravillosa noche estelar, pienso en el saco de dormir, donde refugiarme del viento frío que no deja de soplar. Pero entonces… ¿qué veo? Me parece que allí, hacia Casiopea, parece querer empezar tenuemente una aurora boreal. He tenido la suerte en mis diversas expediciones a Islandia, de contemplar unas cuantas veces este maravilloso espectáculo. Distingo muy bien cuándo empieza a formarse una. Pero… no me quiero hacer muchas ilusiones.

Cuando ya no hay duda se lo digo a Adolfo: “Mira hacia allí, no te vayas al saco todavía”. Parece comenzar con un blanco brillante, como una especie de cortina llena de pliegues cubriendo Casiopea. Poco a poco empiezan a aparecer tonos amarillos, con brillos más intensos, al mismo tiempo que se va extendiendo en el cielo.

Después, como por arte de magia surgen los tonos verdosos y rosados. Una mezcla de colores y brillos, propia y única de la paleta de una gran artista: la naturaleza. Ocupa ya casi toda la bóveda celeste, no sé hacia donde mirar. Se asemeja a una enorme cortina fabricada con finas telas de seda que ondulan con los vientos estelares. Es increíble, porque uno no ve directamente el movimiento, pero al cabo de unos segundos es evidente que han cambiado los pliegues, los colores, los brillos y las formas.

Mientras absorta la contemplo, mi mente -que es muy imaginativa- en seguida me hace viajar a un mundo mágico. En este caso, sueño estar moviéndome por el espacio, de estrella en estrella. Y así, en medio de esta mezcla de realidad e imaginación, mi viaje estelar va llegando a su fin al mismo tiempo que la hermosa aurora boreal se va disipando. Tal y como apreció así desaparece, todo como si fuera por arte de magia.

Soy consciente que ante mi mirada ya sólo quedan las estrellas y de repente percibo que me he quedado helada observando atónita el espectáculo. ¡Casi una hora de aurora boreal! Otro tanto llevaría antes con las estrellas… así que directa al saco de dormir. Estoy segura que allí calentita seguiré “soñando” con mi reciente viaje estelar.

Compartir:

Comentarios:

Escribe un comentario:

*:
*:
*: