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Blog: Karmenka desde los Polos

Terminada la navegación, en ruta a nuestro glaciar

(Crónica recibida por teléfono satelitario) 

Prácticamente los días que duró la travesía los hicimos bajo condiciones de niebla bastante densa. Así que fue una verdadera sorpresa esta mañana, temprano, cuando al alcanzar Islandia descubrimos al sol, con esa luz rasante propia de altas latitudes, iluminando de forma tan cálida el paisaje.

Se termina la navegación que tanto adoro y comienza una nueva etapa. Primero con paciencia desembarcar del ferry. Tengo unas tremendas ganas de perder de vista a tanta gente deambulando a mi alrededor. No os lo podéis imaginar…

Después hace falta una nueva dosis de paciencia y la verdad que también de suerte. Como os había dicho en el artículo anterior, el turismo en Islandia se ha incrementado mucho en los últimos años y ello ocasiona cambios, como no puede ser de otra manera. La normativa en cuanto al tipo y la cantidad de comida a introducir en el país, se ha modificado por completo. Lo que antes era totalmente libre ahora tiene una serie de restricciones. No fue fácil pasar la aduana con toda la carga que llevábamos en el Defender, pero finalmente con el apoyo de Sigurdur, islandés amigo nuestro que trabaja en el Ente de la Energía y sabe de nuestras investigaciones en este lugar desde 1997, lo conseguimos.

Una vez realizados todos los trámites, nos ponemos en ruta desde Seydisfjördur al Este de Islandia donde llegamos con el ferry, hasta nuestro glaciar al Sureste. El día está maravilloso, despejado, el sol brillando en el cielo, algo de viento pero poco y nada de lluvia. Una verdadera suerte.

Aunque tengo ya una buena colección de fotografías de este país, me apetecía parar casi a cada instante para ir haciendo vídeos, que es en lo que ando ahora metida. Pero tuve que dominar mi deseo de detener el vehículo y ser consciente de que merece la pena poder llegar a nuestro glaciar y empezar a instalar el campamento con la compañía del sol. Las condiciones meteorológicas cambian muy rápidamente y la lluvia puede aparecer en cualquier momento.  Y menuda diferencia de poder instalar las tiendas en seco a tenerlo que hacer bajo la lluvia.

Así que fue un recorrido en coche, disfrutando del paisaje, pero sin paradas. Con eso conseguimos llegar por la tarde a nuestro destino, el glaciar Kviarjökull. ¡Qué hermoso está!

Montamos un par de tiendas en la tundra, próximas al río que viene del glaciar y en el que nos tocará trabajar durante los próximos días. Comenzamos a sacar del coche lo más básico para el campamento. Habrá que ir poco a poco organizando todo en los próximos días, según vayan llegando los demás expedicionarios.

¿Sabéis? Fue una sensación extraña. Al parar el coche en este lugar habitual en el que solemos acampar cuando venimos a trabajar aquí, me sentía como si llegara a casa. Pero no hay nada, la explanada de tundra, el río al lado, la estación de medida en frente y el glaciar imponente al fondo. ¡Qué paz me invadió y que tranquilidad! Parece que a mi alrededor, el tiempo comienza a pararse de nuevo…  

  • Glaciar Kviarjökull con su río de drenaje
  • Detalle del glaciar Kviarjökull

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