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Blog: Karmenka desde los Polos

Segundo día de conducción

Ayer el día de viaje nos fue muy bien. Mereció la pena madrugar y salir tempranito, pues cuando el sol se disponía a mostrar su poderío de nuevo, ya estábamos por el Norte de España. En San Sebastián encontramos niebla, y a partir de ahí al cruzar a Francia no volvimos a verlo más, una densa capa de nubes lo mantuvieron oculto todo el trayecto.

Según avanzábamos iba teniendo una sensación muy agradable, voy a ver si soy capaz de describírosla. Me sentía como embadurnada con una capa gruesa de un fuerte pegamento, y según iban pasando los kilómetros era como si lograse poco a poco desprenderme de ese envoltorio pegajoso. Una sensación como de liberación del mundo civilizado. Sí, ya lo sé, todavía andamos en ese mundo, pero es cómo ver cada vez más cerca el momento en que va a quedar atrás una larga temporada.

Al mismo tiempo, mi mente se iba liberando poco a poco de todos esos “residuos” que se le pegan a uno al andar unos meses seguidos, por lo que ya sabéis que yo llamo el mundo civilizado, aunque de “civilizado” tiene poco…

¿Sabéis? Intenté en las ocasiones en las que yo iba de copiloto, tratar de ponerme a hacer alguna cosilla en la que mi mente tenía ganas de meterse y tiene pendiente de hace tiempo… Pero no fui capaz. Me sentía todavía saturada, como sin posibilidad de movimiento en los engranajes del cerebro para avanzar con el pensamiento e ideas. Es esa especie de ungüento pegajoso del que poco a poco, kilómetro a kilómetro, voy siendo consciente de cómo se queda atrás.

En nuestro paso por Burdeos, pillamos un poco de atasco y me sorprendieron varios vehículos franceses que al ver nuestro coche, fijarse en la matrícula y descubrir nuestra procedencia de Hispania, nos sonreían, levantaban el pulgar y nos decía: “¡España campeona!”. Vaya, que poder tiene el fútbol, me sorprendí de nuevo.

Así, sin más novedades, llegó el final del día, por lo que nos apartamos de la carretera aprovechando las ventajas de llevar un todoterreno y bajo unos árboles que nos cubrieron a modo de techo, nos tumbamos a dormir con los sacos, en lo que fue el primer vivaqueo de esta expedición. ¡Qué gusto, estirar las piernas!

Hoy repetimos nuestra estrategia de levantarnos temprano, recoger los sacos y ponemos en ruta pronto. Sigue nublado y nos toca algo de lluvia. Creo que definitivamente nos hemos liberado del calor asfixiante que pasamos en España estos días pasados. 

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