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Blog: Karmenka desde los Polos

Exploración de moulins en el glaciar

(Crónica recibida por teléfono satelitario)

Os comentaba en el artículo anterior que Tato y yo nos dirigimos al glaciar con una misión en concreto. ¿De qué se trata? De explorar el estado del glaciar en su zona de ablación para ver qué posibles moulins tenemos este año, que nos permitan hacer algunas tomas de vídeo para Gaby y el grupo de los de “Al Filo de lo Imposible”.

Escribo “moulin”, pero no sé si os acordáis en qué consiste. Se trata de pozos generados en el hielo glaciar, semejantes a las simas y dolinas en terrenos rocosos. Lo he comentado en varias ocasiones en el blog, el criokarst es el equivalente al karst pero en hielo, no en calizas y otras rocas solubles.

El karst o la formación de cuevas en terrenos rocosos se produce por  disolución, mientras que en el hielo glaciar las cuevas en su interior -es decir el criokarst- se genera por fusión friccional. ¿Qué es esto de la fusión friccional? Se trata de que el calor generado al fluir por el interior de los conductos en el hielo, se transforma en fundir el hielo que va teniendo en su contacto. En el karst por el contrario, el calor generado por el flujo del agua hace subir la temperatura de la misma.

Cuando hablamos de criokarst nos referimos por tanto a todas estas formaciones de conductos, cuevas y pozos que existen en el interior de los glaciares. Todo ello configura el drenaje del glaciar desde el  punto de vista hidrogeológico y su exploración nos ayuda a entender este proceso.

En las exploraciones que hemos realizado en este glaciar hace una década, teníamos registros de moulins que pasaban los 50 metros de profundidad en vertical, a los que les seguía un complejo sistema de conductos sinuosos por los que circulaba el agua.

¿Sabéis que tenemos ahora? Un glaciar que está claramente en retroceso, pero perdiendo una gran cantidad de hielo. Un proceso muy acelerado en la última década, tal y como estamos registrando en las ocho estaciones de GLACKMA distribuidas en ambos hemisferios y a diferentes latitudes.

Ya en la exploración visual que habíamos hecho Adolfo y yo antes de que fueran llegando el resto de expedicionarios, habíamos observado el panorama. Nos desplazamos por la cima de las morrenas antiguas a 200 metros de cota sobre el glaciar y el panorama realmente era desolador. Se ha perdido muchísimo hielo, no sólo el frente del mismo ha retrocedido a velocidades casi inimaginables, sino que el espesor también ha disminuido considerablemente.

Tato y yo comenzamos a andar con un paso ligero, los dos teníamos unas tremendas ganas de realizar esta exploración. Los dos habíamos participado en esas etapas anteriores de exploración y topografía de las cuevas de este glaciar. Los dos hemos explorado con Adolfo nuestra primera cueva en hielo, no en roca como es más habitual, y yo creo que por esa razón los dos tenemos esa llamita dentro encendida, de la exploración en el interior de los glaciares.

Cuando preparamos el material en el campamento antes de partir a cumplir nuestra misión, nos echamos lo más básico por si nos sobraba tiempo y podíamos explorar alguno. Emilio se cercioró de que llevábamos lo suficiente para trabajar sin riesgo. La cara de Tato brillaba de ilusión por la tarea que teníamos para el día de hoy. Yo me sentía igual de desbordada de ese entusiasmo que nos acompañó todo el día.

Os diré que ya sabíamos que iba a ser difícil encontrar algún moulin que fuera “aceptable” para poder hacer las grabaciones. Al ir disminuyendo el espesor del hielo las formaciones, a la fuerza, van siendo más reducidas. Se ha perdido también mucha parte del frente glaciar, que es donde abundaban estas cuevas en el hielo, y ahora en seguida se llega a la pared de seracs o grietas en las que ya no se encuentra lo que buscamos.

El día está maravilloso, un cielo completamente despejado, el sol brillando en el cielo y prácticamente nada de viento. En cuanto encontramos el primer moulin con un desarrollo aceptable, Tato y yo nos miramos con una cara y una sonrisa que lo expresaba todo: “¿lo exploramos?”. Pero la responsabilidad de ambos por cumplir el objetivo que teníamos encomendado nos da la respuesta: “dejémoslo para el final, si nos sobra tiempo lo equipamos y bajamos”.

Fue un día espectacular, inolvidable. Marcando con el GPS el recorrido realizado, pudimos establecer un buen plan para movernos y explorar toda la zona de ablación del glaciar. Íbamos marcando y fotografiando cada moulin válido. Al final, tras una exploración de 11 horas, no nos quedó tiempo para bajar ni tan siquiera uno de ellos, pero estábamos súper felices de lo que habíamos encontrado y del maravilloso día que habíamos tenido.

A nuestra salida del glaciar, en la morrena lateral izquierda, allí estaba Emilio, con Jose y Gaby, quien aprovechaba también el buen día de luces para sus fotos y vídeos. Hasta que no nos vio fuera del glaciar quitándonos los crampones, Emilio no empezó el regreso al campamento. Una vez más, su profesionalidad sobre el tema de seguridad se hace palpable.

¿Sabéis de que nos sorprendimos Tato y yo al llegar al campamento y cerrar el ciclo del recorrido? El GPS nos mostraba que habíamos hecho 18,2 kilómetros. Realmente no dejamos rincón sin explorar en el glaciar.

  • Vista del frente del glaciar
  • Marcando en GPS la posicion del moulin
  • Interior de un moulin con su cascada de agua
  • Tato junto a un moulin
  • Pared de seracs al fondo

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