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Blog: Karmenka desde los Polos

En un mundo azul... (por Telmo Losada)

Blanco. Así es como describiría el paraíso polar de tundra y glaciares al que llegamos los ocho exploradores de Glackma  dispuestos a todo. El aterrizaje en Reykjavík se produjo en una luminosa noche de julio sobre las 3 de la mañana, en donde ya pudimos probar el tiempo fresco que nos acompañaría durante el viaje.

Recorrimos la parte sur de la isla en dirección Este durante varios días hasta alcanzar el campamento donde Adolfo y Karmenka nos esperaban, y durante ese viaje no hacíamos más que descubrir Islandia, un país que es como un libro de geología en directo: géiseres, cascadas, valles, planicies y estructuras, de las que me llamaron especialmente la atención las basálticas y de las que pudimos ver buenas muestras tanto en la fría costa como en el interior, en la cascada de Skaftafell por ejemplo.

Una de las primeras sensaciones del viaje es la tranquilidad que se respira en el ambiente y que tan bien ha descrito Karmenka en más de una ocasión. El contraste con el ritmo urbano. El extenso territorio y la baja población hicieron que apenas nos cruzáramos con gente en algunas zonas, lo cual nos permitió disfrutar todavía más del momento.

Si con algo me quedo de todo lo que vimos y experimentamos es con el hielo. A medida que avanzaba nuestro viaje lo íbamos viendo más y más cerca. Parecía que le costaba llegar a nosotros hasta que por fin lo tuvimos delante. Es un momento imborrable la parada a la islandesa que hicimos para llegar a la primera laguna glaciar que visitábamos y en la que pudimos ver un impresionante frente del glaciar Vatnajökull y multitud de icebergs de diferentes tamaños y formas.

Tras ésa hicimos una nueva parada en la siguiente laguna, Jökulsárlón, escenario hollywoodiense en el que recorrimos un tramo a bordo de un barco haciendo multitud de fotos y disfrutando a pesar de la lluvia que nos sorprendió en mitad de trayecto. Aquí pudimos observar de cerca los icebergs y sus cambios cromáticos, evolucionando desde el blanco de la superficie, a veces ennegrecida, hasta el intenso azul del interior.

Por suerte el hielo no quedó limitado a esas dos visitas. Fue un marco perfecto para la tarde que pasamos viendo cómo Karmenka realizaba los aforos, agua al cuello y sujeta con cuerdas, en donde también nos metimos nosotros, en una zona mucho menos profunda, apenas hasta las rodillas, pero igual de fría. Como broche final del día nos quedamos todos a cenar una deliciosa y energética sopa que buena falta nos hacía.

También lo tuvimos en primerísimo plano en dos trekkings. El primero la mañana del día de los aforos, acompañados por Cherri, nuestro guía, en el que quedé asombrado por la belleza del inmenso campo de hielo en el que nos encontrábamos y en el que nos entretuvimos buscando algunos de los indicadores que marcan la ruta para poder continuar.

Y el segundo, la mañana del día siguiente y liderado por Adolfo, hasta un punto de un pedregal, sobre el que ya hacía rato que caminábamos, en el que nos dividimos en dos grupos por escasez de crampones. Ahí Emilio, artífice de la deliciosa cena de la noche anterior, nos dio un breve e interesante curso sobre los diferentes tipos de nudos que se utilizan en la montaña y Adolfo, ya sobre el glaciar, nos explicó detalles del comportamiento del mismo y de su estructura en una charla muy amena que se ha convertido en la mejor clase que he tenido hasta la fecha.

Al regreso de esta excursión comenzaba nuestro retorno a la capital islandesa hasta la que aún nos quedaban un par de días en los que, si bien el hielo siguió siendo una constante del paisaje, la fauna ártica de esta remota isla adquirió un papel importante ya desde el propio momento del regreso del segundo trekking al campamento de Glackma, en el que una skúa alzó el vuelo para atacarnos por pasar demasiado cerca de su nido.

La mañana siguiente nos dirigimos desde Vík hasta la zona más al sur de la isla. Quedé encantado con el lugar. El blanco quedaba ya lejos y dejaba paso al negro de una playa que se pierde en el horizonte. Los acantilados repletos de gaviotas y frailecillos y las golondrinas árticas en el llano completaban el escenario en el que también pudimos acercarnos a una pequeña y rocosa playa a oír el oleaje.

Y de allí a Reykjavík de nuevo, para subirnos al avión del día siguiente y regresar a casa.

Ha sido un viaje simplemente perfecto del que podría decir que incluso ha superado expectativas que ni llevaba en mente.

Telmo Losada González

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1 comentario:

  • Por Alejandro Alvarez Luque (10/08/2012, a las 16:57)

    Menos mal que con Telmo comienzan, espero, los relatos masculinos. Ya me temía que sólo las féminas se atrevían a contar sus impresiones. (A lo mejor ha sido una deferencia hacia las compañeras de grupo). Interesante relato de los recorridos y lugares que han impresionado a Telmo. A destacar la fascinación por el hielo: algo que se comprende al ver las bellas fotografías y los expertos cicerones. (La colada basáltica una maravilla: parece el conjunto de tubos de un inmenso órgano invertido. A buen seguro que con los vientos emitirá sonidos dignos de ser escuchados). Total: aumenta mi deseo por conocer Islandia. Que a todos os haya encantado no debe ser casualidad.
    Gracias Telmo por acercarnosla tanto y tan bien

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