Difícil seguir el camino

Difícil seguir el camino

De las matemáticas a los glaciares

Mientras realizaba mi tesis doctoral, en la primavera del 1996 tuve la suerte de asistir a una conferencia que sobre el glaciar Perito Moreno de Patagonia, impartía Adolfo en la Escuela de Minas de Madrid donde es profesor. Esa conferencia supuso un cambio en mi trayectoria profesional. Ya sabía donde iba a utilizar la “caja de herramientas” que había conseguido con mis estudios en Matemáticas.

La naturaleza me apasionaba desde pequeña, el mundo de los glaciares se presentaba ante mí como un mundo fascinante y yo disponía ya de una serie de herramientas a las que quería dar aplicación. El camino estaba claro y el tiempo lo iría perfilando. Mi primera expedición glaciológica es a Islandia en el año 1997, después se suceden una tras otra, al Ártico y a la Antártida. En el 2001 ponemos en marcha el llamado Proyecto GLACKMA… y a partir de ahí ya podéis leer en el resto de la página web lo que estoy haciendo.   

 

Obstáculos, obstáculos y más obstáculos

El camino a seguir lo tenía completamente identificado y decidido, pero poco a poco fui descubriendo que estaba lleno de obstáculos.  Con mi plaza de Profesora Titular de Universidad desde la primavera de 2001 y sabiendo a ciencia cierta en qué líneas quería investigar, a qué me quería dedicar, nunca pude imaginar que tuviera que pasar las dificultades que he encontrado.

Lo que comenzaron siendo unos simples comentarios, con caras más o menos largas: “Tú eres una matemática, ¿por qué tienes que ir tú a las campañas de campo?, ¡qué te traigan otros los datos!”, “Pero… ¿otra vez te quieres ir de expedición?”, “¡Esto se va acabar!”…, pronto se convirtieron en actuaciones más fuertes, llegando a bloquear mi participación en las expediciones polares con actuaciones que parecían ser más bien propias de antiguas usanzas en épocas pretéritas.

A veces creía estar en una cárcel o en un manicomio y cada año que pasaba la situación se hacía cada vez más insostenible. Fue bonito y al mismo tiempo interesante ver quienes decidieron apoyarme y ayudarme con paso firme y decidido. Tenían muy claro que la situación era injusta. Y no fue tan bonito descubrir con desilusión cómo aquellos que al final podían hacer algo, los que podían resolverlo, o… no sabían cómo o simplemente no quisieron. Fui consciente de que no podía seguir esperando a que la situación se arreglase, me di cuenta que tenía que tomar yo misma alguna decisión.

 

 De nuevo la Libertad

La solución que se me ocurría suponía una renuncia por mi parte, pero no me costó tomarla, tenía las cosas muy claras. Solicité un cambio de adscripción dentro del Departamento, pasando de la Facultad de Ciencias de Salamanca a la Escuela de Ingenieros de Béjar. Donde me incorporé al inicio del curso escolar 2005/06. Extraña elección para la mayor parte de la gente. Todo el mundo tiende a pasarse de Béjar a la capital charra, al contrario de lo que yo hacía.

Un sitio tranquilo en el que me sentí de nuevo libre. Saboreaba la libertad, respiraba el “aire puro y limpio”, y pude de nuevo compaginar la docencia y la investigación sin problema alguno. Continué adelante con el Proyecto GLACKMA, quizás con más fuerza que antes. Seguramente todas las dificultades que encontré para hacer lo que me gustaba durante los años de mi estancia en Salamanca, me reforzaron mi conciencia de que realmente es ésta mi línea de investigación.