Últimos comentarios

Selecciona una categoría:

Blog: Karmenka desde los Polos

Complicación tras complicación

(Crónica recibida por teléfono satelitario)

Nuevo día y nuevo intento con el sistema que había propuesto Emilio el día anterior. El ánimo de todos en el desayuno me llega dentro y pienso de nuevo que quizás lo podemos conseguir.

Cada uno tiene una misión. Por un lado hay que leer los datos de nivel que marcan las sondas que tenemos instaladas en la estación, tanto al inicio del aforo como al final del mismo.

Tato y Jose estarán cada uno en un extremo de la cuerda de seguridad que instalamos transversalmente en el río. Con un perfecto sistema que ha preparado Emilio combinando poleas, Tato me arrastrará hacia la otra orilla, tirando con fuerza contra corriente y Jose desde el otro extremo irá recuperando cuerda para irme ubicando encima de cada una de las marcas donde tendré que medir. Emilio, aprovechando una entrada de la orilla aguas arriba de donde estoy, me mantiene atada con una nueva cuerda de seguridad de 100 metros y con fuerza tira de mi contra corriente para mantenerme en cada punto deseado y poder trabajar. Adolfo irá apuntando todos los valores que le vaya pasando de las profundidades del río y para cada una de ellas y según el protocolo de aforos, me irá dando los valores en los cuales debo colocar la hélice para medir la velocidad. Obtenidas las vueltas se las iré pasando a Adolfo para irlas apuntando en cada planilla de aforo. Gaby buscando los puntos más adecuados para las diferentes grabaciones irá recogiendo profesionalmente esta misión que parece imposible.

Primera prueba, me meto sólo con la barra y la hélice, sin el cuentavueltas, a ver si soy capaz de medir así. Enganchada por las diferentes cuerdas me arrastran a lo largo de la sección transversal del río junto a la cuerda de aforos. En las zonas más profundas con 1,45 metros (y menos mal que este primer intento es con caudal bajo) quedo flotando cara a la corriente y el agua me entra por la boca. Resulta un poco complicado operar así para las mediciones. Con la cabeza y en nuestro código de señales que nos habíamos preparado les indico de nuevo que me saquen. Así no aguanto. Fuera de nuevo.

Emilio me mejora el enganche para que queden mis hombros fuera del agua. ¡Ahora ya es otra cosa! En uno de los peores sitios, intento mantener la hélice apuntando a la corriente. La varilla en la que debo sujetar la hélice es muy finita, un centímetro de sección. Mis manos con los guantes de neopreno están ya mojadas, el agua con poco más de 1ºC de temperatura me las va enfriando sin darme cuenta mientras intento apretar la varilla con fuerza para que la corriente no gire la hélice al golpear contra ella. No soy consciente del tiempo que paso así. Fue más de una hora. Desde fuera deciden sacarme, ven que estoy congelada. “¡No puedo, no puedo, no soy capaz!” voy pensando mientras arrastrada sobre el agua me sacan a la orilla.

De nuevo una propuesta de Emilio, “voy a prepararte una empuñadura para que puedas agarrar bien la varilla y no te gire”. Un atisbo de esperanza surge de nuevo en mi cabeza sobre un cuerpo casi congelado. Llevo un traje seco, pero lo de seco es sólo en teoría. Está mal hecho y por las costuras le entra agua, de manera que al estar quieta tanto tiempo y con esta agua más bien “fresquilla”, el frío incrementa mi dificultad en los aforos.

Empuñadura preparada, frío sacudido de encima con unas carreritas por la tundra y tras haber tomado un tazón de leche calentita. Con ganas de meterme de nuevo al río, esta vez ya con el cuentavueltas colgado del cuello y unido a la varilla y la hélice para contar las vueltas. “Tenemos que conseguirlo. Después de lo que están haciendo todos para que esto salga adelante, tengo que ser capaz de aforar ahora”.

Cada uno a su puesto de nuevo. Con la varilla en la mano y el cuentavueltas colgado al cuello, compruebo su funcionamiento en la orilla del río. ¡No va! No puede ser. Revisamos las conexiones. Está todo en su sitio… pero no funciona. Probamos, probamos, probamos y nada. No marca las vueltas. Cancelamos el aforo.

Tato, conocedor ya de este glaciar de expediciones anteriores, organiza junto con Emilio y Gaby una aproximación al glaciar para localizar el mejor lugar para entrar este año. Con los cambios tan grandes que están ocurriendo y a la velocidad a la que se pierde el hielo, el acceso varía mucho de un año para otro.  

Mientras tanto, el resto trataremos de ver qué le pasa a la conexión del cuentavueltas. Ahora sí que nos vamos a tener que olvidar de esto. No me gusta darme por vencida, pero esto parece una misión imposible de verdad.   

  • Emilio pendiente de que todo esté en orden por seguridad
  • Vista desde la posición de Emilio, manteniendo la cuerda de seguridad
  • Gaby con su camara

Etiquetas:

Compartir:

Comentarios:

Escribe un comentario:

*:
*:
*: