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Blog: Karmenka desde los Polos

Casi, casi en el Círculo Polar Ártico

(Crónica recibida por teléfono satelitario)  

Continuamos nuestra ruta subiendo hacia el Norte por la península Melrakkaslétta. Hacemos una paradita en un pequeño pueblo Kópasker, que adoramos Adolfo y yo, para mostrárselo a Cristina e Irene. De tan bonito y cuidado que está todo, al entrar en él tienes la sensación de que te zambulles en la imagen de un libro, o en un cuadro o en una postal irreal.

Avanzamos por la pista 85, subiendo más y más en latitud. Alcanzamos el extremo más septentrional de la isla en el faro Hraunhafnartangi. ¿Qué tiene de peculiar este punto? Está casi, casi en el Círculo Polar Ártico, que ya sabéis que es el paralelo ubicado a latitud 66º 33’ N.

Me encanta este lugar, el extremo más norte de la isla, justo en el punto donde está ubicado el faro. Desde allí mirar hacia el mar y alcanzar con la vista ese punto imaginario donde pasa el Círculo Polar, me remueven sensaciones antes vividas en este mismo lugar. Fue en el 97 cuando por primera vez vine a Islandia y al terminar el trabajo en el glaciar nos dimos un recorrido por la isla. En este viaje, rápidamente había localizado este punto en el mapa y al ver su proximidad al Círculo Polar, pedí tímidamente meterlo en la ruta. Recuerdo al llegar al lugar cómo miraba al mar con intención de echarme a nadar esos dos kilómetros que me separaban de él y cruzarlo… Quien me diría entonces que aquello fue sólo el inicio de continuas inmersiones -no sólo al límite de los Círculos Polares- sino a latitudes más elevadas, tanto en el Ártico como en la Antártida. 

Montamos nuestro campamento en este lugar. El sol sigue acompañándonos con sus rayos y nos permite un magnífico atardecer. De esos atardeceres tan especiales de latitudes elevadas, donde el sol parece no querer ponerse nunca. Su luz rasante, hora tras hora, crea un ambiente mágico en el entorno. Es una playa plagada de aves, de manera que después del desierto interior, Irene, la bióloga, puede encontrar su “mundo”. Llevo unos días percibiendo un cambio en su humor que no me deja tranquila. Quizás hayan sido demasiados por el desierto islandés interior mientras ella esperaba encontrar lugares con más vida. Hoy por fin, podrá sentirse feliz en su entorno, dorado además por esta luz mágica del interminable atardecer.

Me despierto temprano, seguramente por los cánticos de las aves que al no tener casi oscuridad, parecen empezar muy pronto su actividad matinal. Dejo la tienda de campaña suponiendo que encontraré a Irene disfrutando ya de esta mañana por la playa, rodeada de vida, pero descubro que no se ha levantado nadie todavía. Me imagino que ya sabéis lo que hago, mi toallita y mi jabón y me acerco a una laguna gigante que tenemos cerca. Llena también de aves, me acompañan en mi baño matinal. Al terminar, miro hacia el campamento y al ver que no ha salido nadie, decido rodear la enorme laguna, en un paseo lleno de tranquilidad, sin prisa, sosegado.

Concluido el mismo, aparece Adolfo. Paseamos entonces por la playa, haciendo tiempo para que se levanten las chicas. De nuevo una luz suave -en este caso del amanecer- envuelve todo con esos colores mágicos que te transportan en el tiempo y en el espacio. Los sonidos del mar y de las aves en plena actividad completan el entorno que es realmente indescriptible. Después nos sentamos en un tronco de madera, uno de tantos que llegan a estas costas viajando en el mar. Nos habían explicado una vez como hace unos cuantos años, las casas de madera que construían aquí en Islandia, las hacían aprovechando estos troncos que el mar les “regalaba”.

¿Os podéis creer que la mañana se escurre entre mis pensamientos que van y vienen? ¿Por dónde viaja mi mente? No lo sé, simplemente se siente libre, tranquila, sosegada en un mundo lleno de paz y percibo que se escapa de mi control. Parece tan sólo un breve instante y sin embargo fueron algo más de cuatro horas hasta que salen Cristina e Irene para desayunar. Mi sensación es de haber guardado dentro de mí en una especie de almacén, una bola mágica, brillante, llena de vida y energía. Sé que la tendré en mi interior para siempre y me estará proyectando esta vida mágica, dorada, casi de ensueño en todo momento que inmersa en el mundo civilizado y estresante, necesite un segundo de paz.    

  • Acampamos en el entorno del faro
  • Adolfo infatigable con sus enseñanzas
  • Aproximándonos al faro Hraunhafnartangi
  • Atardecer interminable
  • Cría de Charrán
  • Los troncos de madera que trae el mar a las costas islandesas
  • Tjaldur o Eurasian Oystercatcher

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