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Blog: Karmenka desde los Polos

  • ¡Qué tristes son las despedidas!

    Tratar de describiros cómo fue nuestra despedida en la Antártida, me llena de nuevo de emoción. No tengo casi palabras para este artículo, está lleno de sentimientos. Fue tremendamente conmovedor.

    Las despedidas de la Antártida son siempre muy difíciles, pues alejarse de lo que significa “la tranquilidad antártica” a todos los niveles es muy complicado. Eres consciente que en breve estarás de nuevo inmerso en el “alocado mundo civilizado”… ¡Tremendo contraste!

    Por mucho que pueda contaros, narraros, describiros… ¡creedme!, está a años luz de lo que se siente interiormente. Sólo si se ha vivido esta experiencia antártica se entiende de verdad.

    A toda esta realidad, añadid que hemos estado viviendo en nuestra casa, la Base Rusa Bellingshausen. No hemos sido unos extranjeros, hemos formado parte de una gran familia integrada por una veintena de personas. ¡Cómo no va ser triste la despedida!

    Siempre que está Oleg como jefe, consigue un equipo muy unido. Tiene esa habilidad para crear un grupo que se mueve en una verdadera atmósfera de familia. A algunos conocíamos de otras campañas, pero muchos fueron en esta ocasión la primera en la que nos encontramos y ¿sabéis la magia del entorno? A los pocos días, éramos ya todos como amigos de siempre.

    Una inolvidable fiesta con barbacoa incluida preparan en nuestro honor para la despedida. Cada uno te entrega un pequeño obsequio, muchos hechos por ellos mismos empleando sus habilidades. ¡Qué detalle tan agradable!

    El día de nuestro vuelo, todos estábamos tristes. Nosotros porque nos íbamos y ellos por nuestra partida. Eran conscientes además de que su estancia en el Continente Blanco también se acercaba a su fin. Está próximo a llegar el barco que lleva a la nueva dotación con todos los víveres y materiales que necesitan para un año más. La dotación de Oleg está cerrando su estancia de un año en la Base.

    Llega el día… el avión aterriza y todo se precipita. El final ha llegado de verdad. De nuevo esa sensación extraña del tiempo: parece haber sido un año entero en la Antártida, gracias a la cantidad de vivencias de estas semanas.

    No podemos detener más el tiempo, hay que subirse al avión ya. Abrazo tras abrazo, nos vamos despidiendo de cada uno. Un nudo se me instala en la garganta, no soy capaz de articular palabra… y mucho menos de detener las lágrimas. Quedan libres, resbalando por las mejillas… hasta que manos amigas las retiran.

    El avión con un viaje que parece un túnel en el tiempo, una aproximación al “mundo civilizado”. Llegada a Punta Arenas, atontada, desubicada, viajó mi cuerpo pero mi mente parece haberse quedado todavía deambulando por la Antártida… Le costará unos días alcanzar a mi cuerpo.

    Tengo que haceros un balance de lo que fue nuestra expedición antártica, lo que logramos hacer y lo que fue imposible, los planes de futuro… pero será en otro artículo. Ahora tenemos una etapa intermedia entre la “tranquilidad antártica” y el “alocado mundo civilizado” que es en el Campo de Hielo Norte chileno… y gracias a ella ese “salto” no será tan duro.

    • Preparando para la barbacoa

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  • La quietud del otoño

    Dejamos el caluroso verano y el otoño nos prepara para el inverno. Inicialmente semanas de calor que parecen prolongar el verano se van alternando con otras más frescas y así poco a poco y sin darnos casi cuenta, alcanzamos el verdadero otoño. Las primeras nieves cubren las zonas más altas en las montañas y esa evidencia de que el invierno entrará nos hace ser conscientes que tenemos que aprovechar al máximo esta etapa de tránsito otoñal, que ha sido capaz de envolvernos en su magia casi sin darnos cuenta.

    Los árboles caducifolios toman la decisión más adecuada cuando las condiciones externas dificultan el trabajo de sus raíces. Conseguir agua y nutrientes es cada vez más complicado con menos horas de luz, una radiación solar que disminuye considerablemente y suelos que comienzan a helarse. Mantener el follaje se hace complicado, la acertada estrategia es perderlo. La savia se retira y las hojas abandonadas a su suerte caen con el viento y la lluvia.

    En los días soleados de noches frías, los colores intensos resaltan la gran gamma que nos brinda la naturaleza. Las heladas todavía no han quemado las hojas y el espectáculo es magnífico.

    Quizás sea esta estrategia de los árboles la que nosotros seguimos, sin ser a lo mejor conscientes de ello. De alguna manera nos despojamos del estrés que nos produce este mundo acelerado y competitivo que hemos creado, nos sacudimos los sinsabores, las preocupaciones,… de la misma manera que los árboles abandonan sus hojas. El cuerpo nos pide salir al campo, a la montaña, disfrutar del hermoso paisaje otoñal, identificarnos con la naturaleza mientras nos envuelve una gran quietud y tranquilidad y nos vamos quedando con lo intrínseco, con lo que nos caracteriza a cada uno de nosotros, con lo que realmente merece la pena. Es la quietud del otoño. 

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  • Refugio ruso Priroda: un paraíso antártico

    Pingüino papúa

    Un día de trabajo duro y largo en el glaciar. El viento no nos abandona durante toda la jornada y hace bajar la sensación térmica bastante. Estamos alejados de la zona del campamento, pero próximos a un lugar mágico. Propongo a Adolfo acercarnos a Priroda, propuesta que es rápidamente aceptada. ¿Sabéis que es Priroda (Природа)? Es un refugio ruso que está próximo a la costa, bajo unos acantilados, pero ya en la zona del Drake. Una zona donde siempre el viento sopla con gran intensidad, convirtiéndola en una costa tremendamente inhóspita.

    Salimos del glaciar, atravesamos la morrena perimetral, que por cierto es bastante inestable y nos lleva más tiempo del previsto y finalmente salimos a un  gran valle, próximo ya  al refugio ruso. Finales de diciembre y aunque ya es verano en estas latitudes, queda todavía algo de nieve en el valle.

    Según vamos avanzando, tenemos cada vez más cerca los témpanos próximos a la costa, que veíamos antes alejados desde lo alto del glaciar. Nuestro paso va disminuyendo según nos aproximamos a la playa… la magia del entorno nos empieza a envolver.

    Playa de arena fina y negra. Un grupo de elefantes marinos descansando, lentos y torpes en tierra pero agilísimos en el mar. Olas golpeando con furia los témpanos que se desgajan en pedazos cada vez más pequeños. El agua del mar moldeándolos a su capricho. Las olas, perdiendo su energía llegan a la costa, y ahí se quedan remolonas jugando con los fragmentos pequeñitos de hielo que han logrado capturar y arrastrar a la orilla…

    Percibes que poco a poco el entorno te envuelve, se apodera de ti… o logras inmiscuirte tú perfectamente en él. No sé cuál es la realidad. Tu mente viaja a, a… a no sé donde, ni, ni… cuándo. No existió el ayer, ni existirá el mañana. Sólo hay presente. Se acabó por completo la noción del tiempo. Es ahora, es este preciso instante, que te llena, te transporta.

    Siento como si el fuerte viento me llevara de un lado a otro, a su capricho. Sin oponer resistencia alguna me dejo guiar y zarandear, recorriendo por completo cada detalle del entorno que me envuelve. Me siento como en otra dimensión… Me percibo integrada en este entorno, en este mundo que es mágico de verdad.  

    Puf!!! Noto frío de repente. ¿Dónde estoy? ¿Qué me ha pasado? Miro alrededor. Adolfo me llama: “¿Seguimos? Te vas a quedar helada ahí quieta”  Como si despertara de un profundo y hermosos sueño, me pongo de nuevo en camino. “¿Dónde he estado? ¿Por dónde ha estado viajando mi mente?”, me cuestiono interiormente mientras, todavía atontada, avanzo.

    Dejamos la playa y tras una pequeña trepada por un acantilado alcanzamos el refugio ruso. ¿Sabéis que significa Priroda? “Naturaleza”. Un nombre perfectamente elegido para este lugar. Es muy pequeñito el refugio, pero es tremendamente acogedor. Fuera, el viento siempre soplando con esa gran intensidad en esta zona que da al estrecho del Drake, y sin embargo dentro, te encuentras perfectamente protegido. Es como un remanso de paz y de tranquilidad en medio del vendaval, de la tormenta. Es como un recuperar fuerzas para salir de nuevo al exterior.

    En el libro de visitas escribimos una notita y firmamos… Cada año, desde el 2000 que estamos viniendo a esta zona de la Antártida, es ya un ritual para nosotros, pasar al menos una vez por aquí y dejar nuestra firma en el libro de visitas.

    Presta estar aquí dentro sentados, sintiendo la intemperie dura y antártica en el exterior… Pero de repente hay que decir: “¡hasta la próxima, Priroda!”, y emprender el viaje de regreso.

    El camino de vuelta es lento… la mente está todavía medio perdida, medio viajando, medio remolona por un mundo mágico en el que ha logrado inmiscuirse completamente. Hay que ir asimilando y guardando dentro de uno todo este encanto del que se ha llenado y sabe que quedará dentro para siempre. Allá en el “mundo civilizado”, cuando la velocidad casi de vértigo a la que se mueve todo, te quiera empujar, tú sabes que tienes un tesoro dentro de ti. Sólo tienes que saber hacer una “paradita”, regresar a él, zambullirte de nuevo en ese mundo mágico, embeberte de su encanto… y estás listo de nuevo para salir a la intemperie.   

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  • Segundo trabajito quincenal

    Para esta ocasión os voy a proponer un trabajito original. ¡Sí!, cuanto más inédito sea, mucho mejor. Sólo os voy a proponer el tema, que será “La Antártida”. Ahora vuestra imaginación se pondrá en marcha y decidiréis hacia donde enfocarlo y con qué estilo. Es totalmente libre.

    Sin saberlo me habéis dado vosotros la idea. ¿Sabéis por qué? Vuestra frescura en los comentarios me ha hecho pensar que realmente vais a poder hacer un original trabajo sobre la Antártida si os dejo la vía libre completamente. Así que, ¡todo vuestro!

    Como tendréis las vacaciones de navidad dentro de poco y andaréis ahora con exámenes y mucho trabajo en el colegio, para que os salga bien lo que os pido, vamos a dejar el plazo de presentación abierto hasta vuestro regreso después de Reyes. De esta manera lo podéis ir perfilando a ratitos en las vacaciones. Pongamos por ejemplo, el 11 de enero. ¿Os parece bien?

    Os dejo hoy un pequeño video para que ahora que comenzará el barullo de las compras navideñas por esos lugares civilizados, tengáis presente que en otros lugares se disfrutan con gran intensidad, momentos llenos de tranquilidad. Son instantes repletos de paz que en medio de la soledad antártica, uno es capaz de capturar consigo para siempre.    

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