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Blog: Karmenka desde los Polos

  • Impresionados por la belleza del paisaje

    Como os podéis imaginar, dejamos la capital Coyhaique en un abrir y cerrar de ojos. Viniendo de la tranquilidad Antártida, las ciudades grandes resultan agobiantes… Nos iremos adaptando a la civilización poco a poco.

    Abandonamos enseguida la ruta que va a Puerto Aysen y tomamos la pista tranquila hacia Villa Ortega. El paisaje es increíble. Nos quedamos muy gratamente sorprendidos. No conocíamos esta parte chilena y tenemos la impresión de que vamos a quedar maravillados.

    Además, ¿sabéis que os digo? Después de vivir durante meses en el desierto blanco antártico, contemplar ahora vegetación frondosa cubriendo montañas que se suceden unas tras otras hasta perderse en la lejanía, es todo un contraste. Imposible no sorprenderse ante estas grandezas…

    Voy a compartir este recorrido con todos vosotros, os iré haciendo una selección de fotos del entorno y os las iré subiendo sucesivamente en el Blog. ¡Merece la pena! Y es además la mejor manera de que conozcáis un poquito la Región de Aysen, que es de una gran belleza natural. ¿Os parece?

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  • Alcanzamos Hirtshals, al Norte de Dinamarca

    Explorando los alrededores de Hirtshals

    Resultó una acertada estrategia la que elegimos al programar el viaje, saliendo con antelación de España. A partir del viernes por la tarde, todo el sábado y el domingo hasta que llegamos a nuestro destino, el tráfico realmente se incrementó. La coincidencia del fin de semana con el inicio del mes de julio y de las vacaciones para muchos, creó unas condiciones nada cómodas para la conducción. Tremendos atascos en torno a cualquier ciudad, fuera del país que fuera, nos hizo emplear más tiempo del calculado inicialmente. La paciencia fue nuestra gran aliada y nos permitió recorrer estos 3000 kilómetros del trayecto.

    Una vez llegado a nuestro destino, Hirtshals, al norte de Dinamarca, localizamos el lugar de salida del ferry, comprobamos que todo está en orden con nuestros billetes y nos disponemos a explorar los alrededores. Tenemos para ello la tarde del domingo y el lunes completo, pues hasta el día 3 por la mañana, a las 6:30, no es nuestra cita para embarcar en el ferry que nos llevará hasta Islandia.

    Descendiendo un poco por la costa oeste de Dinamarca, alejándonos de Hirtshals, nos aproximamos a una playa tranquila, kilométrica… ¡Perfecta para echar unas carreritas! Es lo primero que hago nada más localizarla. Necesito estirar las piernas y desentumecer mis articulaciones después de tantos días de coche, sentada al volante o de copiloto. ¡Qué gusto! Poco a poco me empiezo a encontrar mejor. Después algunos ejercicios en la arena para estirar y finalizar con un bañito en estas aguas fresquitas y agradables, que devuelven al organismo la tonicidad que había perdido con tantos kilómetros de coche. Me quedo como nueva.

    La tranquilidad nos acompaña y podemos seguir merodeando por el entorno de Hirtshals. El tiempo es agradable, nada del calorón que nos había asfixiado la última semana en España. Disfruto especialmente con estas playas inmensas e inacabables de toda la costa. Siendo asturiana, pero viviendo en el interior en Salamanca, le tengo un gran cariño al mar. Además la proximidad a los mares gélidos de la Antártida y el Ártico, cuando estamos trabajando en esas regiones, me ha dejado huella y de alguna manera, me siento especialmente cautivada por el mar. Por eso, ahora estas inmersiones a la costa norte de Dinamarca, me terminan de desconectar totalmente del ajetreo del mundo civilizado y poco a poco me voy preparando para la nueva etapa que comenzamos con nuestra campaña boreal. 

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