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Blog: Karmenka desde los Polos

  • Viaje tan breve y fugaz como hermoso… propio de los sueños

    Efectivamente amanece un día fantástico en la Antártida. El cielo completamente despejado, ni una sola nube. Debido a su proximidad con el estrecho del Drake, es una zona tremendamente complicada para la meteorología y es muy extraño poder observar el cielo completamente azul. De hecho, creo, que con todas las campañas antárticas que tengo en verano, es la primera vez que lo veo así de luminoso.



    Tras el desayuno, me preparo para salir al exterior y poder hacer unas cuantas fotografías del entorno en estas condiciones. A pesar del sol seguimos con temperaturas bajas de -12ºC, pero la ventaja es que el viento apenas llega a los 15 nudos, y por tanto no nos hace descender exageradamente la sensación térmica.

    Roberto, el Capitán de Fildes, me informa que el Hércules C-130 chileno ha salido de Punta Arenas y viene hacia acá. Ha confirmado también que estoy considerada como pasajera para regresar a Punta Arenas, y me indica que me solicitan estar a las 10:40 en el aeropuerto. Sonrío, al final parece que todo va a salir bien.



    Todavía con algo de penumbra abandono Fildes, quiero subir alguna colina próxima para tener unas buenas vistas de la zona y poder hacer alguna foto bonita, cuando salga el sol e ilumine la zona. No tengo mucho tiempo al solicitarme estar tan pronto en el aeropuerto. ¡Vaya, podían haber esperado un poco…!

    Debo llevar la cámara envuelta y protegida del frío, para que me permita trabajar con ella. La mantengo además próxima a mi cuerpo para pasarle algo de mi calor corporal. A pesar de los cuidados, tengo que tener precaución cada vez que la saco al exterior, pues no aguanta mucho tiempo a la intemperie.



    Ando ligera, a medio carrera en las zonas que el hielo me lo permite. La nieve está helada de la noche y es muy fácil resbalar. ¡Qué maravilla de paisajes! Poco a poco voy ganando altura y sorprendiéndome a mí misma de lo espectacular de este día. El sol va saliendo poco a poco y las luces, según cobran intensidad, cambian por completo el entorno.

    Tengo una magnífica vista panorámica de la Base Rusa Bellingshausen y las chilenas Frei y Fildes al fondo. La bahía que en verano sostiene tanta vida, ahora tiene helada ya una buena parte. La barcaza de los rusos “Anderma”, en la costa, marca muy bien el inicio de lo que era antes agua… Ahora, todo hielo.

    El sol, debido a la latitud elevada y la época invernal en la que estamos, hace su recorrido muy cerca del horizonte. Sí, tenemos la desventaja de las pocas horas de luz, pero al mismo tiempo cuando -como hoy amanece un día así de despejado- la luz es muy hermosa. Al ser tan rasante, parece cubrir todo con un baño de oro líquido. Voy haciendo alguna fotografía, recogiendo la cámara de vez en cuando para protegerla del frío, esperando a que siga ascendiendo un poco el sol y me cambie las luces del paisaje y volviéndola a sacar con cuidado, para continuar captando con las imágenes la maravilla que tengo ante mí.



    En estos ratos de espera, me dedico a contemplar el paisaje que me rodea. Tras haber conocido la dura ventisca de estos días pasados, me quedo realmente absorta del fabuloso día de hoy. Mi mente desconecta por un momento de la realidad y tengo la sensación de estar viajando por el espacio, llegando a un lugar hermoso, de esos que sólo existen en los sueños, e impregnándome de una luz dorada, limpia, pura, que me llena de una energía tremendamente positiva. Despierto de mi sueño… ¡no, no era un sueño! Esta vez ha sido todo real. Me encuentro tremendamente feliz y soy consciente de lo afortunada que he sido. Han tardado meses en tener este día aquí en la Antártida, y yo he tenido la suerte de vivirlo en mi viaje tan efímero a la zona. Tremendamente afortunada. Respiro profundamente, me lleno de nuevo de la belleza del entorno y otra vez una inmensa sensación de paz y armonía se instala en mi interior. Sé que será un recuerdo imborrable en mi vida.



    Es hora de regresar a Fildes. Una vez allí recojo mi mochila -que ya había dejado preparada- me despido de la gente de la dotación y Roberto me sube en moto al aeropuerto. El Hércules todavía no ha llegado, pero en la normativa de FACH nos exigen siempre estar antes de su aterrizaje, si vamos a tomar el avión. No pierdo el tiempo, como la zona del aeropuerto es también una parte elevada, continúo con mis fotos. El sol sigue subiendo y las luces cobrando intensidad.



    Consigo fotografiar la entrada del Hércules y continua la espera mientras proceden a la descarga de todo lo que traen y cargan lo que sacan de estas tierras antárticas. Son las 13:30 cuando me piden subir al avión. Por seguridad y aunque el día está con visibilidad, parten antes de que se meta la noche en la zona. Me despido de Roberto y me siento torpe con las palabras para poder expresarle el agradecimiento por todo el apoyo que me han brindado. Hay acontecimientos en la vida para los que no hemos sido capaces de crear el lenguaje adecuado…



    En el Hércules -sentada en esas redes rojas- mi cuerpo viaja a Punta Arenas mientras mi mente recorre una y otra vez las odiseas, aventuras, peripecias, incidentes y anécdotas de los últimos días. Es increíble que un viaje tan corto me deje completamente llena de vivencias de tanta intensidad.

    De repente una tremenda sacudida me vuelve a la realidad. Estamos aterrizando en Punta Arenas bajo condiciones muy fuertes de viento. Al levantarme, un par de chilenos que tenía sentados frente a mí y que regresan también a esta capital austral, me dicen: “Pareces la felicidad personificada. Durante todo el viaje tu cara reflejaba una inmensa alegría”. Sonrío, “no puede ser de otra manera, fue un viaje tan breve y fugaz como hermoso”.

    • Viaje tan breve y fugaz como hermoso… propio de los sueños
    • Viaje tan breve y fugaz como hermoso… propio de los sueños
    • Viaje tan breve y fugaz como hermoso… propio de los sueños
    • Viaje tan breve y fugaz como hermoso… propio de los sueños
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