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Blog: Karmenka desde los Polos

  • Condiciones muy difíciles. El invierno antártico está entrando a toda velocidad

    Una vez que descargan mi mochila del Hércules, Roberto -el Capitán- y Alfonso –el Segundo- me llevan hasta Capitanía de Puerto Bahía Fildes. Un rápido saludo a los demás miembros de la dotación y sin más demoras nos ponemos rumbo al glaciar, donde tenemos ubicadas las sondas de nuestra estación de registro de descarga glaciar.



    Delante, abriendo el paso va Alfonso en una moto. Detrás me lleva Roberto en la otra. Siempre dos motos por seguridad, tanto más con las condiciones meteorológicas que tenemos hoy y con la distancia que hay que recorrer hasta el glaciar.

    Con sólo las 6 horas de luz que hay ahora, esta oscuridad se incrementa los días que como hoy, están completamente cubiertos y con ventisca de nieve. Tengo la sensación de que en todo momento vamos a dejar de ver. En estas condiciones es difícil elegir el lugar por el que avanzar con las motos. El viento es muy fuerte y nos azota con dureza, acompañado de una cellisca helada que nos golpea intensamente.

    Las nevadas en las zonas frías son así, partículas muy finitas de nieve seca que van cubriendo todo. Como suelen venir acompañadas de fuertes vientos, como es este el caso, se forman verdaderos remolinos de estos copitos duros de nieve que se van acumulando en algunas zonas más que en otras, según la orografía del terreno. Formándose así los llamados ventisqueros, en los que puedes encontrar varios metros de nieve acumulada.

    Con paciencia vamos avanzando. Alfonso y Roberto se manejan muy bien con las motos en estas condiciones. Se han hecho unos verdaderos expertos. Llegamos a una zona en la que el ventisquero es de tal magnitud que nos quedamos con los motos atascadas. Estamos como a mitad de camino. Nos faltan unos 3 kilómetros para llegar a la estación. “Déjanos a nosotros liberándolas y vete avanzando. Si logramos pasar esta zona te alcanzamos por el camino, en caso contrario te recogemos aquí” me dicen. Por precaución antes de salir habíamos cogido unas raquetas, para que en caso de un atasco o dificultad de continuar con las motos, pudiera avanzar yo andando sobre la nieve.

    A pesar de las raquetas paso la enorme pendiente llena de nieve con gran dificultad y continúo mi camino a un ritmo bastante más lento del que desearía, debido a la cantidad de nieve que se va acumulando. Ocupada en ir eligiendo el mejor lugar para avanzar, de repente soy consciente que las condiciones meteorológicas han empeorado casi, en un abrir y cerrar de ojos. Lo que decía la predicción para las 17:00 de la tarde, se ha adelantado unas horas y está ya entrando.

    Viento mucho más fuerte, más cantidad de nieve, la temperatura por supuesto mucho más baja… En esas condiciones la sensación térmica la debemos tener próxima a los -35ºC. Pero lo peor es la visión, que ya casi es imposible ver nada. “No lo voy a conseguir…, no voy a lograr llegar a la estación y regresar antes de quedarme sin luz”. Preocupada, pero controlando las condiciones externas para saber en qué momento tengo que renunciar a mi intento y comenzar con mi regreso para no quedarme por allí perdida, me parece oír algo… Justo me giro hacia atrás para ver de que se trata y aparecen a mi lado Roberto y Alfonso con las motos. “Sube, conseguimos pasar. Vamos rápido que se está cerrando a toda velocidad”, me dice Roberto. Sonrío y ahora ya tengo la seguridad de que llegaremos hasta la estación.



    Efectivamente así es. Os cuento que el cañón en el que instalamos las sondas está irreconocible. Los tubos que protegen a los lectores están cubiertos de hielo. Tras romperlo y apartarlo, logro conectar primero una sonda y después la otra con la agenda PDA, pero con bastante dificultad en estas duras condiciones. No es nada sencillo. En medio de esta maniobra se oye el ruido del Hércules al despegar. Adelantó su salida debido a las malas condiciones meteorológicas que han entrado para evitar quedar bloqueado en el aeropuerto. “Crucemos los dedos y esperemos que mañana entre otro vuelo para poder regresar a Punta Arenas”.



    Tras tener los datos en mi poder y dejar de nuevo las sondas en marcha, en la Base Uruguaya Artigas que queda próxima al lugar de trabajo, tomamos algo caliente para reaccionar del frío y poder emprender el camino de regreso. Longino, el jefe de Base y el resto de la dotación de Artigas, se llevan una verdadera sorpresa al verme de nuevo por estas tierras antárticas.

    Sin muchas demoras regresamos, nos queda de nuevo todo el camino por recorrer hasta llegar a Bahía Fildes y las condiciones son cada vez más difíciles. Logramos llegar anocheciendo ya, apenas son las 14:30… ¡Sí, se me hace extraño tan pocas horas de luz! Recogidas las motos en el hangar, no tengo palabras para agradecerles el apoyo que me han dado.

    • Condiciones muy difíciles. El invierno antártico está entrando a toda velocidad
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  • A la tercera va la vencida. Pisando el Continente Blanco

    De nuevo tengo que estar en el aeropuerto de las FACH (Fuerzas Aéreas Chilenas), a las 7:00 toca hoy. A esas horas apenas hay tráfico y llego unos 10 minutos antes. Tras la parada en las barreras iniciales para el control de los que entramos, el taxi recorre todo lo largo de este recinto militar. A estas horas todavía tenemos noche cerrada y no hay ni una sola luz encendida en todo el lugar, de manera que cuando el taxi me deja al fondo, junto a la pista de aviación, quedo en completa oscuridad.

    Saco mi luz frontal y me la coloco en la cabeza, por lo menos para que me vean. Subo mi capucha para protegerme un poco, ha habido una fuerte helada y se nota el ambiente fresco. Allí en medio de la oscuridad, sola, mirando hacia el Hércules -que está en la pista y donde se ve movimiento de carga y alguna lucecita parcial- mi mente se abstrae y comienza a cuestionarse preguntas que sólo al finalizar el día tendrán su respuesta adecuada. ¿Saldremos hoy finalmente o tendré que regresar a la ciudad y descartar definitivamente mi viaje a la Antártida? ¿Cómo estarán las condiciones meteorológicas allá? ¿Me permitirán poder hacer mi vaciado de datos de las sondas instaladas el pasado verano junto al glaciar y poder regresar en el mismo avión a Punta Arenas?

    Aunque parece que quedan pendientes dos viajes más a la Antártida en los próximos días -antes de que el Hércules C130 regrese a Santiago- quiero poder regresar en el mismo vuelo. No me gustaría arriesgarme a tener que invernar en el Continente Blanco. No es que no me agrade la idea, es que mi trabajo en España me espera. El avión ha estado en Punta Arenas una semana y sólo ha podido realizar un vuelo… si la meteorología empeora, podrían cancelar los últimos cruces. Adolfo me advirtió y recordó este riesgo antes de salir. “Hazlo rápido y regresa en el mismo cruce” me insistió al despedirme en Punta Arenas.

    Ensimismada en mis pensamientos, unos focos intensos me alumbran. Llegan los otros tres pasajeros chilenos que intentan realizar el mismo vuelo que yo, acompañados de un militar que abre la última nave, enciende alguna luz allí dentro y nos invita a pasar mientras nos avisan para embarcar.

    A las 7:40 nos vienen a buscar para entrar en el Hércules. Nos atamos en una especie de redes rojas que tienen extendidas a modo de asientos, nos abrigamos… ya que la temperatura en el interior es fresquita, y nos vamos habituando al fuerte ruido de los motores que nos acompañará durante el viaje.

    Por fin a las 8:00 despegamos. Durante el recorrido mi mente…, digamos que sueña despierta, tratando de imaginar como será en invierno esta zona antártica que tan bien conozco en la estación estival. Me hace una tremenda ilusión este viaje tan fugaz.



    A las 11:00 aterrizamos, salgo del avión, ¡guaaauuuu!... ¡qué bonito está todo! Las zonas descubiertas de hielo donde éste se ha ido retirando, están ahora cubiertas de nieve y además casi helada. Comienzo a hacer algunas fotos del entorno, está divino. Mis manos desnudas aguantan poco a la intemperie. La temperatura debe estar baja, calculo que en torno a los -11ºC, lo que acompañada del fuerte viento hará que tengamos una baja sensación térmica. Guardo mi cámara y me protejo con los guantes mientras avanzo hacia las naves que se utiliza de lugar de llegada.



    Allí me encuentro con el personal de la Armada, de la Estación Marítima Bahía Fildes, que han venido a esperarme con las motos. Roberto, el Capitán, acompañado del Segundo, Alfonso. Una tremenda alegría volver a verlos de nuevo. Me han ofrecido apoyo logístico para esta operación si lograba cruzar a la Antártida. ¡Qué buena gente son y qué profesionales! ¿Recordáis nuestra reciente expedición a este lugar el pasado verano austral? Fue este grupo de la Armada en Bahía Fildes quienes nos brindaron apoyo continuamente en todas las necesidades que tuvimos. ¡Inolvidables!



    Ahora, ¡manos a la obra! Las condiciones meteorológicas son durillas, está nevando algo y el viento es fuerte, pero tenemos unas horas antes de que empeore según la predicción meteorológica. El cambio se espera para las 17:00, y la noche aquí entra a las 15:00, de manera que será la falta de luz la marque el rasero para que el avión despegue. Puede ser quizás hacia las 14:00. A ver si todo se da bien y estoy de regreso a tiempo para poder embarcarme de nuevo en el Hércules y regresar hoy mismo a Punta Arenas.

     
    • A la tercera va la vencida. Pisando el Continente Blanco
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  • Otro vuelo cancelado

    Ayer os estaba escribiendo justo en el momento en el que llegaron Gaby y Pepe. Como se reflejaba en sus caras y ya os anuncié, les ha ido muy bien. Durante los días que estuvieron en el Parque de Torres del Paine, aprovecharon estupendamente el tiempo. Tuvieron uno completamente cerrado y lluvioso, pero el segundo les cundió y Gaby pudo conseguir bastante buen material para su trabajo.

    Después cruzaron a la Patagonia Argentina, con base en Calafate, donde tuvieron mucha suerte con el tiempo. Les acompañó el sol en su recorrido por los frentes de los glaciares Perito Moreno, Upsala… Vienen realmente felices de su viaje.

    Os cuento también que Adolfo ya está recuperado totalmente. Ahora sólo le queda coger los kilitos que ha perdido durante estos días.

    Y sobre mi cruce a la Antártida… todavía en espera. Las instrucciones para hoy fueron estar lista desde las 7:00 de la mañana, pero en el hostal. Mejor que estar esperando en el aeropuerto militar. Van pasando las horas y me hago a la idea de no volar, no ya sólo hoy… sino abandonar la idea del cruce ahora a la Antártida.

    A las 10:00 me suena el teléfono. Debo presentarme de inmediato en el aeropuerto militar. “¡Vaya! No me lo puedo creer.” Una sonrisa asoma a mi cara, reflejando la alegría interior que me invade de golpe.

    Una vez en el aeropuerto, observo que completan la carga del Hércules. Pero estamos a la espera, al parecer hoy no es la niebla como ayer, sino los fuertes vientos cruzados que atraviesan allí la pista de aterrizaje. Con todo preparado se espera una oportunidad.

    Observando los movimientos de los militares en torno al avión, deduzco que el cruce de nuevo es cancelado. Así es, efectivamente, al cabo de unos minutos nos informan de ello. Me baja a Punta Arenas el Jefe de la División Antártica de las FACH (Fuerzas Aéreas Chilenas). Durante el recorrido en coche charlamos un buen rato y percibo a una persona vocacional con su trabajo. “Mañana a las 7:00 en el aeropuerto” me recuerda al dejarme frente al hostal. “Un atisbo de nuevo de esperanza” pienso para mis adentros. Veremos…

    La ventaja de esta cancelación es que me he podido unir a la comida de despedida con Adolfo, Gaby y Pepe. Sí, estos dos últimos regresan mañana a España. Tenemos una velada muy agradable y estamos felices por lo exitosa que ha sido la expedición al Tyndall.

    Al regresar al hostal nos enteramos de la reciente entrada en erupción del volcán Puyehue en la Cordillera de Los Andes, en la Provincia de Osorno. Nuestros dos expedicionarios se alertan: “¿Impedirá la nube de cenizas la salida de nuestro primer vuelo hasta Santiago de Chile?” Adolfo los tranquiliza: “En principio no parece, pues en la zona hay vientos predominantes del oeste al este. Argentina será principalmente la que sufra la caída de ceniza”.

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  • Un día de espera. Vuelo cancelado

    A primera hora de la mañana me solicitaron estar en el aeropuerto militar… donde comenzó una larga espera. Debido a las condiciones meteorológicas allá en la Antártida, el vuelo no llegó a salir, quedó cancelado para el día de hoy. Regreso de nuevo a Punta Arenas, cansada de la espera y un poco triste… me imaginaba estar ya pisando nieve del otro lado del Drake.

     Mañana hay un nuevo intento. Yo creo que será ya mi última oportunidad, si se vuelve a cancelar, tendré que olvidarme del cruce. No quiero arriesgarme a cruzar y tener que quedarme allí a invernar.

     Acaban de llegar a Punta Arenas nuestros otros dos expedicionarios, Gaby y Pepe, vienen muy contentos de lo que han podido ver. Ya os contaré…

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  • Una tremenda alegría y una gran ilusión… la Antártida está más cerca

    Os escribo en breve, es ya tarde y tengo que preparar todavía mi mochila para cruzar mañana a la Antártida.

    Adolfo sigue mejorando a pasos agigantados. Siguen las muestras de cariño de todos los amigos, más próximos y más lejanos, de todos los lugares.

     Yo me paso todo el día en el almacén de la Dirección de Aguas (DGA), que es una gran nave ubicada a las afueras de la ciudad. El lugar está fresquito, a temperatura ambiente, y hoy es un día despejado aquí en Punta Arenas y frío, los charcos se mantienen congelados durante todo el día.

    Hago un descanso para comer, más que nada por ver cómo va recuperándose Adolfo y cómo va tomando la primera comida después de salir del Hospital. A mí me viene muy bien el descanso y tomar algo caliente. Comemos en el Restaurante Asturias, un buen lugar en Punta Arenas, os lo aconsejo cuando vengáis por estas tierras. El dueño es asturiano… me encantó encontrar a un paisano de mi maravillosa tierra por estas latitudes. Preparan una comidita especial para Adolfo… todo son mimos, ¡no se puede quejar!

    Hay mucho material que limpiar, separar, clasificar, listar y recoger. Cuanto más ordenado quede, más fácil será en la próxima salida seleccionar lo necesario. ¿Sabéis? Al prepararlo para salir de expedición es todo un placer, porque estás a punto de partir… Pero recogerlo al regreso se hace cuesta arriba, ya que acabó la aventura.

    Sin embargo en esta ocasión, la ilusión que me acompañó todo el día, ¿sabéis cuál es? Que mañana probablemente salga para la Antártida!!! Hoy tuvo lugar el primer cruce -el que iba lleno de gente importante- mañana está programado el segundo que irá sobre todo, abarrotado de carga.

    Ya me empiezo a poner nerviosa… así que probablemente sí que pueda pisar mañana tierras antárticas. Será la primera vez que voy tan tarde, entrando ya casi en el invierno. Según os estoy escribiendo y dejando atrás el ajetreo de estos últimos días, empiezo a ser consciente que de nuevo, ya está casi al alcance de mi mano el Continente Blanco. Me va invadiendo una tremenda alegría y una gran ilusión. Los nervios parecen despertar…

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  • Viento en popa a toda vela

    A primera hora de la mañana me junto en el Hospital Naval con Patricio -el médico, amigo nuestro ya- para poder entrar a ver cómo va Adolfo, pues el horario de visitas no empieza hasta el mediodía.

    Tiene otro aspecto ya, completamente diferente. La mejoría es evidente. Faltan todavía los resultados de unos últimos análisis y Patricio –quien tiene el día libre- se queda esperando hasta verlos. Volverá por la noche y si sigue todo bien, al finalizar el día le darán el alta. “Es la primera vez que me entuban y me ponen gotero”, comenta Adolfo con ganas ya de salir del Hospital.

    El día es de todo menos aburrido y me sorprende la cantidad de amigos que tenemos ya en Punta Arenas, por donde pasamos anualmente para nuestras expediciones a la Antártida. Comienzan las visitas de unos y otros, las llamadas telefónicas… todos interesándose por el estado de salud de Adolfo. Mostrándole y transmitiéndole todo el cariño posible, y de forma totalmente sincera. ¡Son geniales!

    Unos se enteran de que está ingresado por llamadas telefónicas, otros –para mi enorme sorpresa- por el Blog, que van siguiendo para saber de nuestras aventuras y por dónde andamos. El resultado es que no está sólo en un país extranjero y eso –para los que andamos viajando tanto- es muy conmovedor.

    El trato en el Hospital Naval es también muy agradable, tremendamente cercano y atento. De hecho no sólo al enfermito, sino al acompañante. A la hora de la comida me vino a buscar el Jefe del Hospital, Julio, y en la cámara de oficiales me invitó a comer con él. Una persona tremendamente cordial y observadora. Hasta el detalle de preparar una comida rica en verduras y frutas variadas, pensando que tendría necesidad de ellas después de la expedición al Tyndall.

    De nuestros otros dos expedicionarios, Gaby y Pepe, os puedo contar que se enteraron también por el Blog del ingreso de Adolfo en el Hospital y querían venirse para acá. “No, no hace falta” les convencí, “ya está mejor”. Os puedo decir de ellos que han estado dos días por el Parque de Torres del Paine, uno les tocó con mucha lluvia, pero el otro no. Y lo han aprovechado muy bien, Gaby ha conseguido bastante material para su trabajo. Y hoy, ¿sabéis donde se fueron? Cruzaron a Calafate, en Argentina. A Gaby le tiró su tierra… Sí, ella vive en España, pero es de la Patagonia Argentina.



    Más cosas. El primer cruce a la Anártida que estaba planeado para hoy no se pudo llevar a cabo por mal tiempo, así que se pospone para mañana. Por tanto, el segundo –en el que estoy considerada yo- se corre para el viernes. Tanteé la opción de que me metieran mañana en ese primer cruce, pero dicen que va lleno. Transportan mucha carga… pero yo poco ocupo. Lo que ocurre es que llevan algunas personalidades… y ¡claro! una es tan poca cosa que no tiene esa categoría… Bueno, a esperar otro día más. Si veo que se complica o retrasa demasiado, abandono la idea de cruzar ahora al Continente Blanco. Hace unos días ya me había hecho la idea de olvidarme de ello, cuando tuve el ojo y dedo tan malos, así que no me será muy difícil volverme a hacer a la idea. Una cosa es lo que uno desea y otra la realidad.

    Concluye un buen día. A las 22:00, Adolfo sale del Hospital. Las secuelas de mis picaduras están mucho mejor. A Gaby y a Pepe les está cundiendo el tiempo. Y además de todo esto, me doy cuenta de la cantidad de amigos que tenemos por estas latitudes. Como dirían los marinos: “viento en popa a toda vela”.
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  • Hoy… un día extraño

    El cruce para la Antártida se ha retrasado y en lugar de hoy como estaba previsto inicialmente, saldré para el Continente Blanco el jueves día 2. El Hércules C-130 de las Fuerzas Aéreas Chilenas (FACH) en lugar de venir ayer a Punta Arenas desde Santiago, aterrizó hoy. El primer cruce se espera para mañana día 1, pero va lleno y estoy admitida en el segundo, que será al día siguiente. Estaría regresando de allá el viernes 3… Pero como siempre que se habla de la Antártida, una cosa son los planes iniciales y otro los finales, que toca siempre adaptar según las condiciones meteorológicas.

    Amanecía hoy por tanto un día que iba a ser bastante tranquilo, gestiones de coordinación por un lado y trabajo con el material que trajimos de la expedición por otro. Hay que continuar limpiando y secándolo, comenzando a listarlo y guardarlo en el almacén de la DGA, donde nos permiten dejarlo durante el año.

    Adolfo ayer no había pasado muy buen día, una continua diarrea desde que llegamos del Tyndall no lo dejaba tranquilo. Pasa la noche en las mismas condiciones y por la mañana continua igual. Lo que le pedí en la farmacia para combatir esa diarrea no parece dar resultado.

    Tenemos cita con Sergio, el Capitán del Bahía Azul, para ver opciones de acercarnos al glaciar Contramaestre en Tierra de Fuego. Queda Adolfo tratando de recuperarse y me acerco yo hasta el puerto, subo al Bahía Azul que estaba allí atracado y hablo con el Capitán.

    Me comenta que no han podido hacer la batimetría de la zona para ver donde desembarcamos, que han tenido unas condiciones meteorológicas que no se lo han permitido. Me dice también que hasta la primavera no podrán realizarlo, pues ahora el tiempo en la zona está cada vez más complicado. También me indica que no parece fácil el desembarco y que quizás debiéramos hablarlo con la Armada, para ver si ellos nos apoyan con esta logística, pues tiene más medios en este sentido.

    En vistas de esto, nos olvidamos por ahora de la posible estación de GLACKMA en el glaciar Contramaestre de Tierra del Fuego, y trataremos de continuar su gestión con unos u otros, para tratar de sacarlo adelante en el verano austral.



    Regreso al hostal y me encuentro que Adolfo continua empeorando, e incluso ha comenzado con fuertes vómitos. En un abrir y cerrar de ojos, con el apoyo de la Agencia Marítima Broom, estamos en el Hospital Naval de Punta Arenas. El doctor Patricio -a quien conocí ayer y quien nos pidió una conferencia-, comienza a atender a Adolfo.

    Parece que es salmonelosis, al parecer hay una epidemia estos días en Punta Arenas. Adolfo ha quedado muy deshidratado y el médico decide ingresarlo. Con suero, glucosa y antibiótico a través del gotero, finaliza el día con mejor cara que con la que amaneció. Pasará en el Hospital esta noche y posiblemente mañana.

    Coincidencias de la vida. Tanto Adolfo como yo, prácticamente no hemos pisado hospitales, ni necesitado atención médica y ahora en un abrir y cerrar de ojos y fuera de nuestro país, los dos caemos en ellos. Todo esto hace recordar a uno lo vulnerable que es el ser humano…
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  • Siempre hay algo positivo

    En Punta Arenas con mi ojo y mi dedo sin mejorar, decido acudir a un médico. No estoy acostumbrada a ir a hospitales o médicos y se me hace más costoso que recorrer los 30 kilómetros de la caminata a la estación del Tyndall. Y, ¿dónde voy? Ni idea… me encuentro como pez fuera del agua. “Bueno, lo dejo, ya mejorará” pienso para mis adentros. “Pero, mañana puede que tenga la opción de cruzar a la Antártida, tengo que encontrarme en condiciones…” siguen mis pensamientos.

    Llamo a Sergio, gerente de Agencias Marítimas Broom y amigo nuestro aquí en Punta Arenas. Desde esta agencia, llevan ya un par de años apoyándonos para conseguir que  llegue el material enviado por cargo tanto aquí como a la Antártida. Sin perder un instante, me viene a buscar junto con Marcela -también trabajadora de la citada agencia- y me llevan en primer lugar al Hospital Naval. Hay una larga cola de espera y deciden probar en otro lugar. Nos vamos a la Clínica Magallanes, con la que también tiene un convenio la Agencia Broom. Me encontraba arropada entre Sergio y Marcela que hablaban con unos y otros para ver cuál era la mejor opción de ser atendida.

    En la consulta, el médico nada más ver el ojo y el dedo, confirma sin duda que se trata de una picadura. Le conté cómo habíamos limpiado en el campamento la enorme ampolla que se formaba en el dedo: -como no teníamos otra cosa, desinfectamos un cuchillo al fuego y Agustín me abrió esa especie de enorme ampolla que se formaba en el dedo.

    Entonces el médico, sonriendo, pero serio, me dice: - Nooo… eso se hacía antes en la guerra. No teníais que haberlo abierto así. ¿No lleváis botiquín?

    Le explico: - En mis primeras expediciones había preparado un botiquín muy completo, que llevaba siempre. Pero, ¿qué ocurría? Nunca utilizábamos nada, las medicinas se caducaban y tenía que andar renovándolas, así que decidí no volver a llevarlo.

    Me argumenta el médico y con razón: - Basta que una vez te haya sido útil, para que haya merecido la pena llevarlo diez veces sin utilizarlo.

    Realmente tiene razón, a partir de ahora, me volveré a preparar un botiquín para las expediciones. Está claro que aunque no pase nunca nada, no quiere decir que no pueda pasar. Lección aprendida.

    Al final se nos pasa las mañana con estas gestiones. Al finalizar, tomando un café en la cafetería del hospital, Sergio saluda a otro de sus muchos conocidos. En este caso se trata de Patricio, médico del Hospital Naval de Punta Arenas. Sergio, que es un seguidor de lo que hacemos en GLACKMA, le comienza a explicar que venimos de una expedición del glaciar Tyndall y le habla de todo lo que hacemos. Le cuenta también lo contenta que quedó la gente con nuestro entusiasmo en la conferencia divulgativa que impartimos en Punta Arenas en marzo, al terminar nuestra anterior campaña antártica.

    Patricio, encandilado con lo que le estábamos contando, nos pide si sería posible dar una conferencia divulgativa en el Hospital Naval. “Por supuesto, no sólo es posible, para nosotros sería un verdadero placer” le explicamos. “De hecho estamos muy agradecidos a la Armada por el apoyo prestado durante nuestra pasada campaña antártica, a través de la Estación Marítima de Bahía Fildes”.

    Siempre hay algo positivo. Esas picaduras ya han valido para algo.

    Como un buen cierre os dejo esta foto del amanecer ayer en nuestra caminata  de vuelta del Tyndall.

     
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  • Finalizada con éxito la expedición al Tyndall

    Ayer la jornada fue larga. A las 6:00 nos levantamos, todavía noche cerrada. Recogemos los sacos y las tiendas de dormir. Dejamos todo el material que habíamos preparado de víspera, acumulado en el lugar donde vendrá el baquiano con los caballos. Y ya sin más, nos ponemos en ruta.

    El río próximo al lugar donde hemos estado acampados nos toca cruzarlo todavía de noche, pero ahora es más sencillo que cuando vinimos, ya que lleva bastante menos agua. A nuestra llegada iba con mucho caudal debido a las nevadas que habían caído en días anteriores y se estaban fundiendo, y también al agua de lluvia. Ahora el paso es sencillo, nos descalzamos para mantener las botas secas, y basta que nos remanguemos los pantalones, no es necesario quitárnoslos como a nuestra llegada. Ahora el agua sólo nos llega por las rodillas.

    Una vez estamos todos en la otra orilla nos ponemos en marcha, rastreando el camino y todavía en plena oscuridad. Son las 7:30. La caminata de los 30 kilómetros es agradable, como hemos comenzado tan tempranito nos cunde el día. Además no nos llueve en todo el camino. Vamos saboreando los buenos resultados que hemos conseguido entre todos, trabajando como un verdadero equipo y disfrutando con el buen ambiente que hemos tenido. ¡Ha sido genial!



    Llegando a la guardería Grey, cargamos en los vehículos la carga que nos transportaron los caballos y nos ponemos en ruta hasta Puerto Natales. Ahí nos separamos en dos grupos, Gaby y Pepe quedarán unos días por la zona con la furgoneta de Agustín, para desplazarse por el Parque de Torres del Paine. Es una forma de que disfruten de estos bonitos paisajes y conozcan el Parque, al mismo tiempo que Gaby pueda complementar su trabajo con más paisajes y algo de fauna.

    Agustín, Adolfo y yo, con todo el material cargado en el vehículo de la DGA, continuamos nuestra ruta hasta Punta Arenas, donde llegamos a las 23:00. La idea inicial era que Adolfo se quedase en el Parque con Gaby y Pepe, pero decide acompañarme a Punta Arenas para ver cómo va evolucionando lo de mi ojo y mi dedo. Tiene toda la pinta de ser una picadura de araña. Esperemos que no me impida poder cruzar a la Antártida, en esa plaza disponible… Os mantengo informados.
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  • Comenzamos a recoger el campamento

    (crónica recibida por teléfono satelital,  Fotos: Archivo GLACKMA)

    Otro día intenso de actividad. Nublado, con viento y algún chubasco, pero no ya la constante lluvia como tuvimos ayer.

    Por la mañana extraemos los datos -almacenados durante estos días- tanto de las sondas de la estación nueva como de la antigua. Nos tocará trabajar con ellos junto con los aforos realizados en el río, una vez regresemos a España. Gaby continúa con su trabajo de grabación, aprovechando cualquier pequeño rayito de sol que nos brinda con sus luces suaves.

    Retornamos al campamento, hacemos una última comida caliente y empezamos a clasificar, recoger y empaquetar todo el material. Una vez que está todo listo y la tienda grande de campamento vacía, la retiramos. Tenemos suerte, no nos llueve durante la maniobra y el viento nos deja realizarla tranquilamente.

    Nos quedan solamente las tiendas de dormir y en ellas los sacos. Mañana nos levantaremos a las 6:00, recogeremos y empaquetaremos estas tiendas y dejaremos todo el material así listo para que vengan los baquianos con los caballos a recogerlo. Nosotros nos pondremos en marcha, deshaciendo la caminata del primer día, para retornar a la guardería Grey donde tenemos los vehículos.

    Al final, el balance de esta primera parte de la expedición es muy positivo: los instrumentos antiguos funcionando, la serie de datos en nuestro poder sin laguna alguna en los casi 10 años que aquí estamos midiendo, la nueva estación perfectamente instalada con sondas más robustas e incluso varios aforos realizados con valores de caudal mínimos que son los que no podremos tomar cuando vengamos en el verano. Además de todo esto, el cometido y el objetivo de la participación de Gaby en la expedición, también están muy bien cubiertos en lo que llevamos hasta ahora. Le espera una segunda parte que promete ser también un buen complemento de su trabajo.

    Todo positivo. Una única nubecita es mi ojo… que sigue un poco raro. Pero ya mejorará.