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Blog: Karmenka desde los Polos

  • Ayudadme con un título para este artículo

    Os decía el otro día que me sentía como un personajillo de un libro de aventuras al que hubieran arrebatado de su historia. Y sigo igual… A veces creo haber realizado un viaje en el tiempo. Otras, creo todavía vivir en un mundo mágico y de repente es como si un extraño y poderoso viento estelar me capturase y contra mi voluntad, me trajese aquí.

    La ciudad llena de coches, gente por todos lados. Un ruido infernal me aturde… atrás quedó el silencio. No se puede respirar, esto no deberíamos llamarlo aire… atrás quedó el abrir a tope los pulmones y llenarse de aire puro. Los ojos me escuecen… necesitan un tiempo para habituarse. Miro a lo lejos y… atrás quedó el poder ver paisajes a decenas de kilómetros con tanta claridad como si estuvieran justo delante.

    Es difícil vivir en este mundo. Lo llaman civilización. Dicen que hay calidad de vida.

    Al andar, miro al suelo. Ya no hay nada para recrear la vista delante. De mis pies han desaparecido las botas de montaña. El suelo asfaltado, liso, llano… pero ¿qué esto? Alrededor gente y gente… me siento invadida en mi entorno. Personas y personas caminando de prisa a todos lados. Observo las caras de la muchedumbre. Son más bien tristes, cansadas, estresadas, afligidas, apagadas… les falta vida, alegría…

    ¿Dónde estoy?

    Son pocos días por aquí y la sociedad ya deja ver de nuevo la falta de solidaridad y de trabajo en equipo, todo está invadido por un egoísmo exagerado y por un tratar de “ser el mejor, el único”. No importa si para conseguir ese fin se pisa o se aplasta a los demás, no parece que haya escrúpulos de ningún tipo. La falsedad es de nuevo la nota predominante… ¿Dónde se escondió la sinceridad? Esto es peor que estar en la jungla rodeados de fieras.

    La familia, la gente que quieres, los amigos… son un soporte fundamental para no escaparse de nuevo y salir corriendo de este mundo.

    Ya veis, se me hace muy cuesta arriba el regreso. No encuentro ni un título para esta nota. ¿Queréis ayudarme vosotros a ponerle uno?

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  • Ya en Punta Arenas

    Pisando tierra firme en Punta Arenas. Todavía sintiendo el bamboleo del barco. Sentada en una silla con el portátil sobre las piernas para escribiros estas líneas, tengo la sensación de continuar navegando. De hecho mi cuerpo todavía sigue acompañando el movimiento del barco, imaginario ya. Eso quiere decir, que realmente me había hecho a la navegación.

    El resto del día por los canales fue divino. Desde que me levante a las 4:30 todo el día en el puente de mando y en cubierta. Estuvo muy nublado, llovió en ocasiones, pero la belleza de estos parajes no se podía ocultar. Ya os prepararé unas cuantas fotos y videos.

    Ahora, atontada, aturdida… Punta Arenas, la civilización, ruidos, coches, gente… ¡Puf, qué contraste! Y gracias a los 5 días de barco me ha dado tiempo a ir asimilando el final de la campaña antártica, sino el contraste sé que hubiera sido mucho peor.

    Ahora, viernes ya, sin un respiro, tenemos que ir a las oficinas de la División de Aguas, para coordinar con ellos nuestro trabajo en Patagonia. No quede tiempo ni para descansar. Tan sólo he parado estos minutejos para escribiros estas líneas.

    Con todo coordinado y la llegada un poco más asimilada, os escribiré después. Tengo ganas de leer todos los comentarios que nos habéis ido escribiendo en estos días. Son una verdadera infusión de ánimo y disfruto mucho con vuestras notas.

    ¡Hasta luego, incondicionales seguidores!

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