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Blog: Karmenka desde los Polos

  • Terminada la navegación, en ruta a nuestro glaciar

    (Crónica recibida por teléfono satelitario) 

    Prácticamente los días que duró la travesía los hicimos bajo condiciones de niebla bastante densa. Así que fue una verdadera sorpresa esta mañana, temprano, cuando al alcanzar Islandia descubrimos al sol, con esa luz rasante propia de altas latitudes, iluminando de forma tan cálida el paisaje.

    Se termina la navegación que tanto adoro y comienza una nueva etapa. Primero con paciencia desembarcar del ferry. Tengo unas tremendas ganas de perder de vista a tanta gente deambulando a mi alrededor. No os lo podéis imaginar…

    Después hace falta una nueva dosis de paciencia y la verdad que también de suerte. Como os había dicho en el artículo anterior, el turismo en Islandia se ha incrementado mucho en los últimos años y ello ocasiona cambios, como no puede ser de otra manera. La normativa en cuanto al tipo y la cantidad de comida a introducir en el país, se ha modificado por completo. Lo que antes era totalmente libre ahora tiene una serie de restricciones. No fue fácil pasar la aduana con toda la carga que llevábamos en el Defender, pero finalmente con el apoyo de Sigurdur, islandés amigo nuestro que trabaja en el Ente de la Energía y sabe de nuestras investigaciones en este lugar desde 1997, lo conseguimos.

    Una vez realizados todos los trámites, nos ponemos en ruta desde Seydisfjördur al Este de Islandia donde llegamos con el ferry, hasta nuestro glaciar al Sureste. El día está maravilloso, despejado, el sol brillando en el cielo, algo de viento pero poco y nada de lluvia. Una verdadera suerte.

    Aunque tengo ya una buena colección de fotografías de este país, me apetecía parar casi a cada instante para ir haciendo vídeos, que es en lo que ando ahora metida. Pero tuve que dominar mi deseo de detener el vehículo y ser consciente de que merece la pena poder llegar a nuestro glaciar y empezar a instalar el campamento con la compañía del sol. Las condiciones meteorológicas cambian muy rápidamente y la lluvia puede aparecer en cualquier momento.  Y menuda diferencia de poder instalar las tiendas en seco a tenerlo que hacer bajo la lluvia.

    Así que fue un recorrido en coche, disfrutando del paisaje, pero sin paradas. Con eso conseguimos llegar por la tarde a nuestro destino, el glaciar Kviarjökull. ¡Qué hermoso está!

    Montamos un par de tiendas en la tundra, próximas al río que viene del glaciar y en el que nos tocará trabajar durante los próximos días. Comenzamos a sacar del coche lo más básico para el campamento. Habrá que ir poco a poco organizando todo en los próximos días, según vayan llegando los demás expedicionarios.

    ¿Sabéis? Fue una sensación extraña. Al parar el coche en este lugar habitual en el que solemos acampar cuando venimos a trabajar aquí, me sentía como si llegara a casa. Pero no hay nada, la explanada de tundra, el río al lado, la estación de medida en frente y el glaciar imponente al fondo. ¡Qué paz me invadió y que tranquilidad! Parece que a mi alrededor, el tiempo comienza a pararse de nuevo…  

    • Glaciar Kviarjökull con su río de drenaje
    • Detalle del glaciar Kviarjökull

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  • En el ferry, navegando hacia Islandia

    (Crónica recibida por teléfono satelitario) 

    Martes a las 6:30 de la mañana nos acercamos al puerto, en el muelle desde el que sale el ferry a Islandia en Hirtshals. Ya es posible facturar y así lo hacemos, colocándonos con el Defender en la fila de vehículos que nos indican, pues los van clasificando por tamaños para realizar más rápido y ordenado el embarque de los mismos.

    Ahora que todavía hay poca gente, cojo mi cámara y el trípode y desaparezco en el extremo del muelle, buscando un lugar idóneo para poder filmar la entrada de ferry. Llega a las 7:00 y para entonces hay bastante muchedumbre que intenta aproximarse al extremo del muelle y poder hacer fotos, pero ¡claro!, en seguida lo evitan los vigilantes y mandan a la gente hacia atrás. ¡Vaya, parece que he tenido suerte con mi estrategia! Una vez logrado mi objetivo, dejo discretamente mi lugar “privilegiado” de primera línea y regreso junto a Adolfo al coche.

    Zarpamos rumbo a Islandia. La última vez que cruzamos en ferry fue en 2006, desde entonces hasta el momento presente, las sucesivas campañas que hemos realizado a nuestro glaciar islandés, habíamos viajado en avión. Y mi primera vez a Islandia y en ferry fue en 1997. De hecho fue mi primera expedición a glaciares. Por eso mi mente viaja ahora entre aquel año y el momento presente, y no deja de observar las diferencias que hay en el ferry.

    En los últimos años se ha incrementado mucho el turismo a Islandia y con ello la capacidad del ferry es mucho mayor. Para que os hagáis una idea, el actual tiene una eslora de 164 metros, manga de 30 metros, 4300 toneladas y una velocidad punta de 21 nudos. Su capacidad es de 1482 pasajeros, 800 coches o 130 tráiler y 118 tripulantes. Además tiene helipuerto. ¡Vamos, que es inmenso!

    La velocidad media que llevamos es de 15 nudos y las condiciones que de momento hemos encontrado en el mar oscilan entre los 6 y 8 de Beafort, pero con los estabilizadores que tiene el ferry, apenas se nota movimiento.

    Al tumbarme esta noche pasada en la litera, mi mente viajó casi instantáneamente en el tiempo y en el espacio. Hace dos campañas antárticas, embarcábamos en el Lautaro -un pequeño remolcador de altura chileno- con el cruzábamos el mar del Drake para dejar la Antártida y regresar a Punta Arenas, al sur de Chile.

    Fue en concreto el 13 de febrero del año pasado, estábamos en Capitanía de Puerto Bahía Fildes cuando desde el Lautaro nos solicitan embarcar casi de inmediato por la mañana, las condiciones del mar estaban emporando muy rápidamente y temían no poder recogernos con la zodiac para acercarnos al barco. Las condiciones para el cruce del Drake fueron tan duras que al final retrasaron un día el zarpar rumbo a Punta Arenas, y allí estuvimos en la bahía a bordo del Lautaro durante ese día completo y al siguiente que hasta la tarde no nos pusimos en marcha al Sur de Chile.

    Fueron condiciones complicadas las que tuvimos en aquella ocasión en la navegación, el pequeño Lautaro se movía a capricho de las temidas aguas del Drake, y no llegó la calma hasta que alcanzamos los canales fueguinos.

    ¡Sí!, anoche mi mente se escapó del tiempo presente para revivir de nuevo aquella aventura, que a pesar de haber acontecido hace ya casi año y medio, la recordaba con tanta frescura, que parecía estar viviéndola de nuevo, con todos los detalles, con cada una de las sensaciones... 

    • Navegando
    • Desembarcando  los vehículos que llegan

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  • Comienza nuestra Campaña Boreal…

    ¡¡Sí, sí, sí!!! Llegó por fin nuestra Campaña Boreal. Alejarse de estos 40ºC que secan nuestro país para trabajar más fresquitos en dos de las estaciones de medida de GLACKMA. Primero en Islandia y después en Svalbard.

    A Islandia salimos ya, pero ya, ¡¡¡¡ya!!! Vamos, que si me descuido un poco, nos ponemos en ruta sin avisaros antes. Regresamos pasado ya el ecuador de agosto y en menos de una semana estamos volando a Svalbard, hasta mediados de septiembre.

    A ver, por partes. De momento nos centramos en Islandia, que lo de Svalbard suena muy lejano todavía. En Islandia planeamos varias actividades que os iré detallando sobre la marcha. Ya lo sabéis.

    Os adelanto que tenemos que hacer una completa campaña de aforos para la estación nueva que instalamos en la primavera del año pasado. Vendrá también Gaby con su cámara, que tras la expedición del año pasado a Patagonia, vuelve con nosotros para continuar trabajando en el documental de divulgación de GLACKMA. Nos acompaña Jose, que ha empezado a realizar su tesis doctoral con los datos de esta estación de descarga glaciar que tenemos en Islandia. Emilio y Tato nos darán apoyo técnico para la parte exploratoria de glaciar y de apoyo logístico.

    Pero todavía hay más: ocho afiliados de GLACKMA vienen a hacer un curso de aforos y de descarga glaciar, a la vez que recorrerán una buena parte de Islandia. Además un grupo de cinco personas del equipo de “Al Filo de lo Imposible” que dirige Carmen Portilla, estarán con nosotros para grabar con GLACKMA uno de los programas de “Viviendo al Filo con” que se emitirán a finales del año.

    Y finalmente en la segunda mitad de la expedición, realizaremos un recorrido por Islandia.

    Adolfo y yo salimos en un todoterreno para allá con el fin de poder llevar todo el material y tener después allí el vehículo para desplazarnos. Recorreremos Europa hasta alcanzar el norte de Dinamarca, donde tomaremos un ferry que nos llevará hasta Islandia. El resto de participantes, irán llegando en avión, según sus actividades están enmarcadas en la expedición.

    Así que sin más… en un par de días nos ponemos en ruta!!!!

    • Glaciar Kviarjökull en Islandia, donde GLACKMA tiene la estación de medida

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  • Segunda edición del concurso: ¡VEN A LA ANTÁRTIDA!

    Está ya abierta la inscripción para la segunda edición del concurso: ¡Ven a la Antártida! Se trata de una actividad de divulgación que pusimos en marcha la pasada campaña antártica, dedicada en especial a lo más jóvenes. Podéis ver de qué se trata con más detalle en nuestra web, en la sección del concurso.



    Al salir el pasado 31 de diciembre de 2010 a la Antártida, comenzamos con esta nueva actividad de divulgación científica y concienciación ambiental. Fue una experiencia piloto que organizamos en colaboración con la Fundación Salamanca Ciudad de Saberes, quienes lo difundieron entre los centros salmantinos. Creamos el blog: Karmenka desde los Polos el 1 de Enero de este año, y desde él íbamos narrando a los jóvenes todas nuestras aventuras antárticas, en el día a día. Les propusimos actividades, les planteamos acertijos, les describíamos el lugar con ayuda de fotos y vídeos, nos animaban cuando andábamos faltos de fuerza y ánimo y las cosas se nos torcían, y se alegraban con nosotros cuando superábamos las dificultades y conseguíamos nuestros objetivos. Formamos un verdadero equipo, ellos desde aquí y nosotros desde allí.



    La idea inicial era trabajar con ellos durante la expedición de la Antártida. ¿Sabéis qué pasó? A nuestra salida del Continente Blanco, cruzamos a una de la estación que tenemos en la Patagonia Chilena y los expedicionarios virtuales se vinieron con nosotros, pues les había gustado la experiencia antártica.

    Regresamos a España, pero a las pocas semanas, tuvimos que salir a Islandia… y nuestros amigos expedicionarios nos seguían. Tras ello regresamos al sur a hacer una reinstalación de la estación de Patagonia y a sacar los datos de la Antártida, fue una doble campaña austral invernal… y nuestros expedicionarios virtuales nos volvieron a acompañar!!!

    Os puedo asegurar que disfrutaron y aprendieron con estas aventuras. Creo que ha sido una experiencia inolvidable para ellos. Y, ¿sabéis? Cuando nos juntamos con todos ellos para conocerlos personalmente y entregarles los premios, les dimos una pequeña charla y nos sorprendieron muy agradablemente por sus preguntas tan maduras y concretas sobre el tema. Habían aprendido sin darse cuenta, una barbaridad…



    Como la experiencia resultó tan positiva, la vamos a repetir este año y habiendo comprobado su funcionalidad y buenos resultados, la abrimos a todos los colegios, asociaciones, organizaciones, institutos y cualquier grupo que trabaje con jóvenes. Tenéis en nuestra web las instrucciones y el formulario para inscribirse.

    Podéis difundir esta actividad entre todos aquellos que veáis con interés para participar, de cualquier lugar de España y del mundo. Hay muchos países de habla hispanoamericana… y ojalá alguno se nos una a la actividad. No os vais a arrepentir. Cuantos más participantes haya, más enriquecedora será la actividad.

    ¡¡¡Os esperamos a todos los que queráis, nuevos expedicionarios virtuales!!! Ya falta menos para ponernos rumbo al Sur…

    • Segunda edición del concurso: ¡VEN A LA ANTÁRTIDA!
    • Segunda edición del concurso: ¡VEN A LA ANTÁRTIDA!
    • Segunda edición del concurso: ¡VEN A LA ANTÁRTIDA!
    • Segunda edición del concurso: ¡VEN A LA ANTÁRTIDA!

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  • Una especie de válvula de escape: Islandia

    Os decía ayer en los comentarios del artículo anterior, que os iba a dar una buena noticia. Me preguntabais sobre la adaptación a la vida del mundo civilizado después de la expedición antártica y os comentaba que es duro. Es siempre duro el regreso. Lo más difícil es adaptarse de nuevo a vivir en un mundo lleno de egoísmos, donde se ha perdido totalmente el trabajo en equipo. Es tan bonita la camaradería…

    Lo que nuestra sociedad ha olvidado totalmente es un secreto, que es la clave para ser más feliz. Y es muy sencillo, pero de tan asequible que es, se ha dejado perdido. Se trata simplemente de pensar un poco en los demás, en los que nos rodean, de tratar de hacer a las personas de nuestro entorno felices. El resultado es inmediato, repercute directamente en nosotros y nos hará sentirnos mejor. Y en este ambiente es fácil desarrollar un trabajo en equipo, olvidarse de las individualidades y los egoísmos.

    El compañerismo y un buen trabajo en equipo generan mejores resultados, entusiasmo, satisfacción… A través de la solidaridad se expresa la cohesión, y cuanta más coherencia haya, mejor funcionará el equipo.

    Pero bueno…, no era esto lo que os iba a contar. Os decía que en medio de esta adaptación al mundo civilizado, tengo una pequeña ayudita que me va a favorecer a esta aclimatación. ¿Sabéis cuál es? ¡Nos vamos a Islandia! Unos poquitos días nada más, pero es una especie de válvula de escape para asimilar el brusco cambio.

    ¿Qué es lo que ha pasado? Os cuento. Recordáis que a la salida de la Antártida, estuvimos trabajando en la estación de medida que tenemos en Patagonia. Allí descubrimos que tenemos problemas con una de las sondas y decidimos ir en mayo a cambiarla, para no generar lagunas de datos en las series que estamos midiendo.

    Bien. Pensando, pensado…, ese equipo de Patagonia es de la misma antigüedad que los que tenemos instalados en Islandia (unos y otros son los que nos quedan más antiguos en las estaciones de GLACKMA). A Islandia pensábamos ir para el año próximo a hacer una reinstalación de los equipos de medida…, pero no queremos correr el riesgo de dejarlo para el próximo año y encontrarnos con la desagradable sorpresa de tener la estación sin funcionar. Queremos hacer todo lo que esté en nuestras manos para no perder la continuidad de las series temporales generadas.

    Así que hemos cambiado completamente los planes. En principio iba a ser una primavera tranquila, hasta el verano que saliéramos al Ártico. En mente teníamos poder disponer de tiempo para trabajar con los datos que estamos generando, preparar proyectos… porque necesitamos buscar financiación, y actualizar un montón de quehaceres acumulados durante nuestra ausencia.

    De la primavera “tranquilita” nos hemos pasado a una primavera sin un mínimo respiro. Salimos ahora para Islandia (del 6 al 19 de Abril), a principios de mayo tenemos un congreso en Alemania -con los participantes del proyecto Europeo con el que trabajamos en la estación de la Antártida-, y después de mediados de mayo a mediados de junio, regresamos a Patagonia para reponer la sonda que ha dejado de funcionar. ¡Vaya! En un abrir y cerrar de ojos, se acabó la tranquilidad.

    Os podéis imaginar que los preparativos en tan poco tiempo –y estando todavía con el cansancio de la campaña antártica- están siendo de locura. La intranquilidad interior aumenta al ver cómo las cosas atrasadas no se van a poder actualizar en los próximos meses, e incluso van a seguir aumentando. Como actualmente sólo tenemos vigente el proyecto europeo que cubre los gastos de la estación de la Antártida, nos toca a nosotros realizar la aportación económica correspondiente a estas salidas de improviso a Islandia y Patagonia. Por si fuera poco, ahora más que nunca que necesitaríamos dedicar tiempo y esfuerzo para buscar financiación, no podemos hacerlo. Nuestra conciencia nos empuja a salir a “arreglar” las estaciones, para no perder la continuidad de estas dos estaciones de medida.

    Como veis el panorama que tenemos delante no es el mejor. Pero como ya nos vais conociendo un poco de esta pasada expedición antártica, sabéis que no nos damos por vencido fácilmente. Y de todo, siempre nos gusta quedarnos con lo positivo. Y ¿qué es lo positivo ahora? Que disfrutaremos de nuestra mini-expedición a Islandia y la consideraremos como un pequeño escape para que la adaptación a la civilización sea menos durilla. Visto así, tampoco está tan mal, ¿verdad?

    Aunque no tengamos internet, os mantendremos al corriente de lo que hagamos a través del teléfono satelital, y Gildo -el socio de GLACKMA encargado de la comunicación- os irá subiendo al Blog las crónicas. ¡Así que estaremos en contacto!

    Llevo un ratito pensando con qué foto os puedo acompañar este artículo. De mi mesa llena de papeles o de mi mente con la inquietud de los trabajos pendientes… no tiene sentido. Se me ha ocurrido que podemos hacer como en el teatro. Vamos a cambiar de escenario, pues pasaremos de hablar de la Antártida a narrar el viaje a Islandia, por lo tanto necesitamos un telón. ¡Sí!, un telón de la naturaleza os voy a dejar. Es el cielo antártico al amanecer, unas horas antes de tener que embarcar en el Lautaro (os acordáis del barco con el que regresamos a Punta Arenas, ¿verdad?). Fue un amanecer espectacular que nos brindó la Antártida como despedida, ¡inolvidable! En aquel momento fue ya una especie de telón, anunciándonos un cambio de escenario. Ahora lo volvemos a utilizar aquí en el Blog.

    ¡Espero que os guste! Si eso sólo es un trocito de cielo… imaginaros lo espectacular que fue mi último amanecer antártico de esta pasada campaña.

    • Una especie de válvula de escape: Islandia

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  • Algunas situaciones de peligro

    Ángel, por fin te puedo responder a tu pregunta. Deseo que la espera haya merecido la pena. Ya me dirás.

    Antes de comentaros algunas situaciones de riesgo por la que hemos pasado, quiero que tengáis presente que una de las normas que tenemos en las expediciones que realizamos en GLACKMA es: “que el riesgo objetivo sea mínimo”. ¿Por qué? Sencillamente porque nos gusta mucho lo que hacemos y queremos seguir haciéndolo durante mucho tiempo más.

    Una de las situaciones de riesgo que con más intensidad recuerdo, ocurrió en el verano austral del 2005/06 en la Antártida, en el glaciar Collins donde trabajamos. Ese año habíamos llegado en diciembre a Rey Jorge, y estuvimos en la Base Rusa Bellingshausen. Pasamos después a trabajar a la Base Argentina Jubany y posteriormente en barco navegamos recorriendo la Península Antártica, hasta alcanzar Vernadsky, la Base de Ucrania.

    Diciembre de 2005 en el Collins. Había todavía mucha nieve en el glaciar. Estábamos terminando de tomar unos datos sobre el hielo antes de partir a nuestro próximo destino, Jubany. Esa zona del glaciar la conocíamos como la palma de la mano. Año tras años recorriendo cada rincón. En la cuenca que nosotros trabajamos no hay ni una sólo grieta, podemos andar con tranquilidad. Para poder terminar a tiempo, nos separamos, Adolfo quedó tomando unos datos en una zona y yo subía al Domo del casquete para tomar otros allá arriba.

    Nos separamos cada uno con nuestros objetivos. El día estaba nublado y comenzó a ponerse peor. Las nubes iban bajando de cota y pronto se convirtieron en niebla. Si la niebla es incómoda en la montaña, más todavía en el glaciar, ya que el blanco que te rodea por todos lados hace que pierdas totalmente la orientación.

    Sigo ascendiendo de cota. Pienso: “quizás debiera bajar, se está poniendo peor… Pero sería bueno tomar esos datos arriba, antes de la navegación a la Península Antártica”. Sigo subiendo. El hielo del glaciar no afloraba en ningún lado, estaba todavía cubierto con la nieve del invierno. Me detengo. Me parece querer ver en el suelo, como si existiera una grieta que estuviera cubierta por nieve. Observo bien. “¡La niebla!, qué lata, me complica todavía más la situación…”. Mi corazón comienza a latir con fuerza. No me atrevo a continuar subiendo de cota. Recorro hacia un lado y hacia el otro lo que me parece es la grieta… El problema de la nieve sobre el glaciar es que puede tapar las grietas del hielo, pero puede no estar lo suficientemente compacta para sustentarte si pisas sobre ella. “No puede ser, si es verdad que es una grieta, sería enorme… y en esta zona del glaciar no había nada en estos años anteriores”. Tras mis reflexiones y observaciones, decido seguir subiendo, no puede ser una grieta tan enorme que haya aparecido de la noche a la mañana… Regreso al punto en el que estaba realizando mis mediciones, para retomar el ascenso al domo del casquete glaciar. “No, no… Algo dentro de mí, me dice que no continúe”.

    Regreso, descendiendo cota, dirigiéndome hacia el punto de encuentro que había fijado con Adolfo. A mitad del camino de regreso, me detengo. “No, no puede ser una grieta tan enrome que se haya formado en un verano, tengo que regresar y terminar mi trabajo”. Cambio mi sentido de la marcha volviendo a ascender… Llego de nuevo al punto de las dudas y éstas me abordan de nuevo. El corazón comienza a latir con fuerza. Siento que estoy nerviosa. Pasitos a la derecha, a la izquierda… observo con atención… “No, no puede ser una grieta…”, pero “¿Y si lo es?” Siento la sangre con fuerza empujar en mis venas… Algo, dentro de mí me decía que no debía seguir. Una lucha interna entre lo que quiero hacer y lo que siento… Al final, decidí dejarme guiar por mi intuición y regresé.

    Pasó enero y febrero. Estuvimos en la base Argentina Jubany y entramos en la Península Antártica a la Base Vernadsky de Ucrania. A nuestro regreso, antes de dejar la Antártida, de nuevo en Rey Jorge, subimos al Collins para terminar de tomar esos datos que nos quedaban pendientes.

    Os dejo aquí una foto de lo que encontramos en el lugar de “mis dudas”. Para entonces, final ya del verano, la nieve del invierno se había fundido y el hielo del glaciar asomaba completamente. Me quedé paralizada al descubrir lo que había tenido a mi lado, y sin saberlo, unos meses antes. Me quedé muda, completamente muda de lo que podía haber pasado. Si en aquél momento no me hubiera dejado guiar por mi intuición, no estaría ahora escribiéndoos desde este Blog. De hecho ese año hubo un par de accidentes de caídas en grietas, uno con motos de nieve en el que murieron dos argentinos y otro fue un vehículo oruga, falleciendo tres chilenos.



    ¡Fijaros en el tamaño de la grieta! Y a partir de esa cota, había tantas que parecían las ramas de un árbol. Y contra todo lo “racional”, se generaron en un solo verano. Antes no existían. ¿A qué fue debido? Hubo una cantidad de descarga glaciar tan grande, es decir, se fundió una gran cantidad de hielo en tan poco tiempo, que el hielo del casquete glaciar deslizó en partes y en otras se agrietó. 

    Algunas otras situaciones de peligro hemos tenido en el Ártico, donde tenemos que llevar con nosotros el fusil, debido a la presencia del oso blanco. Para ellos somos comida. Trabajando en la intemperie y estando con tiendas de campaña, tenemos que estar en continua vigilancia… En alguna ocasión, del asentamiento más cercano a 11 kilómetros donde se encuentran las bases, se han acercado a avisarnos de que han avistado a un oso polar en la zona. En esos casos tenemos que aumentar al máximo la vigilancia.



    Otra situación de peligro, ocurrió también en la Antártida, hace un par de años. Viajábamos en pequeñas zodiacs desde la Base Argentina Jubany hasta la Base Rusa Bellingshausen. No eran muy buenas ni estaban indicadas para hacer esta travesía. Nos llevaban a 6 personas con bastante material. Tardaron más de media hora en poner en marcha la zodiac en la que yo viajaba. Allí en Caleta Potter esperando, salimos ya con agua en el fondo de la embarcación. Después el mar empezó a ponerse muy peligroso, las olas entraban por todos lados. En la que yo iba se llenó de agua, tuve que pasarme a otra en medio del mar abierto y un tremendo oleaje. En la que viajaba Adolfo se soltó el motor y el brusco giro que dio la zodiac casi les hace saltar por la borda. Pero eso no era todo, el viento había juntado un montón de fragmentos de hielo, que ha modo de barrera nos cerraban la ruta y había que andar buscando el camino con cuidado de no tocarlos. Al llegar por fin a Bellingshausen, nuestros amigos rusos se dan cuenta que veníamos sin traje de posición ni chaleco salvavidas… ¡Puf!, mejor no pensar lo que podía haber pasado… 

    En Islandia, aforando en un par de ocasiones en las que el río había crecido mucho… me llevó la corriente aguas abajo. Menos mal que Adolfo tenía instalado un sistema de seguridad y me sacó de allí antes de que llegase a tragar demasiada agua.

    Estos son algunos ejemplos, pero como os podéis imaginar hay más situaciones de peligro…, uno trata de olvidarse de ellas y de aprender para el futuro.
    • Algunas situaciones de peligro
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