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Blog: Karmenka desde los Polos

  • Al Filo y la parte humana

    Carmen, directora de Al Filo de lo Imposible

    (Crónica recibida por teléfono satelitario) 

    Se van sucediendo los días y con ellos la nueva tónica de trabajo con la gente de “Al Filo de lo Imposible”. Se han mostrado muy cercanos desde el primer momento y ello nos está facilitando mucho la labor.

    Además, en esta serie nueva de programas que están preparando de “Viviendo al filo con…”, buscan sobre todo la parte humana de los protagonistas, transmitir su vida, sus actividades sin ningún tipo de exageración. Me encanta el nuevo estilo que Carmen -como directora- ha dado a la serie.

    Ya me vais conociendo un poquito y no os extrañaréis si os digo que observo todo lo que puedo y trato de aprender al máximo, a ver si logro mejorar los  pequeños vídeos de divulgación para sucesivas expediciones.

    Con estas observaciones me he percatado fácilmente que cada uno en el equipo tiene su labor, su función, su trabajo. Funcionan perfectamente como equipo. Todos tienen un mismo objetivo final y cada uno aporta su conocimiento y especialidad para conseguir ese objetivo común.   

    Nuestro grupo GLACKMA estaba funcionando también perfectamente coordinado como equipo. De manera que ha sido muy sencillo el acople de los dos equipos desde el primer momento. Como si fueran dos ruedas de un engranaje, que sin problema alguno han encajado en un abrir y cerrar de ojos. Esto es una gran ventaja, pues nos ha permitido aprovechar el tiempo al máximo desde el inicio. Y es una gozada trabajar en equipo, sentirte una parte del todo y constatar cómo entre todos se va obteniendo lo buscado. Es una forma de aunar fuerzas, experiencias, conocimientos y habilidades.

    Se suceden los escenarios del rodaje: aforando en el río, trabajando en el campamento… al mismo tiempo que se complementan con recursos en diferentes lugares y paisajes.

    Disfruto como una enana con estas actividades, pero más todavía con una hermosa sorpresa que nos tenía preparada Antxon. Para no desvelaros de que se trata, esperaré a que se emita el programa y entonces os hablaré de ella. Esta serie que están grabando consta de seis capítulos, y uno de ellos es el que nos dedican a GLACKMA. Los empezarán a emitir semanalmente a partir de noviembre, quizás mediados de noviembre. Así que estad pendientes de cuando lo televisen.

    Os adelanto solamente que fue una sorpresa súper emocionante, tanto que sentí las lágrimas escaparse de mis ojillos. En el escenario confluyen dos medios, uno muy cercano a Antxon y el otro a Adolfo y a mí. ¡Inolvidable! Viajamos los tres en el tiempo… a un mundo mágico. Y… ya no puedo deciros más, hasta que se emita el programa.  

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  • Comienzan las grabaciones

    Antxon preparado en el primer escenario de rodaje

    (Crónica recibida por teléfono satelitario) 

    Nuestro primer día, nuestra primera grabación… empezamos en la estación de medida que tenemos instalada en el río que viene del glaciar y está registrando en continuo datos de la descarga y nos permite medir así la fusión del hielo glaciar.

    El equipo de “Al filo” trabaja perfectamente coordinado. Cada uno tiene su misión, su labor, su papel y funcionan perfectamente coordinados. Una vez seleccionado el primer escenario, Toñín como realizador, elige los puntos desde los que van a grabar. Mientras Luismi busca los enfoques correspondientes en los lugares seleccionados, Toñín nos indica el camino a seguir y las acciones a realizar. Patricia nos recuerdas los temas y diálogos a realizar en este escenario, tanto a Adolfo y a mí, como a Antxon, que es el que nos va a ir entrevistando.   

    Una vez todo listo y coordinado, Luismi con una cámara, Toñín con otra para tomar diferentes planos de la acción y los “actores” en sus puestos. “Grabando” indica Luismi, “¡Acción!” anuncia con determinación Toñín y… comenzamos.

    Es nuestro mundo, nuestro campo de acción, nuestra vida…, por tanto no tenemos que actuar, simplemente ser cómo somos y hacer lo que habitualmente hacemos. Nos resulta sencillo, completamente natural.

    En cuanto a las entrevistas con Antxon, el presentador-conductor, ¿qué puedo deciros? Hemos congeniado muy bien con él desde el primer momento, derrocha cariño, cercanía. Es un hombre de una fortaleza mental impresionante, realmente envidiable. Con un presentador así, lo que temíamos que fuera más complicado, el hablar a cámara, se nos presenta totalmente natural. Simplemente tenemos que hablar con un amigo y dejarnos llevar por sus preguntas. ¡Más fácil no nos lo podían poner!

    Tras las grabaciones en el primer escenario, Adolfo y yo nos quedamos tranquilos, va a ser mucho más sencillo de lo que pensábamos. Nos sentimos naturales y muy cómodos, tanto hablando como trabajando en lo que habitualmente hacemos en nuestras expediciones.

    Ojalá el tiempo nos siga acompañando cuando nos toque grabar explorando en el glaciar.    

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  • Llega el equipo de “Al Filo de lo Imposible”

    Rodeados de belleza

    (Crónica recibida por teléfono satelitario) 

    Una vez solucionado el problema de los aforos con este río en el que casi la totalidad de las mediciones debemos de hacerlas con fuertes velocidades y con profundidades entre 1,20 y 1,50 metros, tengo la sensación de que todo marcha sobre ruedas.

    Nos sigue acompañando el buen tiempo. Sol, mucho sol, sin lugar a dudas es demasiado. Además hace calor, más de lo normal en esta zona. Los expedicionarios que nos acompañan no dejan de decirnos: “¿no decíais que era una zona en la que probablemente tendríamos lluvia prácticamente todos los días?”.

    Las jornadas se suceden llenas de actividades y acompañadas de esa hermosa sensación en la que no existe la hora de hacer esto o aquello, no es necesario mirar el reloj para nada. Simplemente la meteorología y el trabajo que hay que sacar adelante nos marcan las pautas cada día.

    Con esta tónica y casi sin darnos cuenta, llega el día en que se incorpora el grupo de los de “Al Filo de lo Imposible”. Con las referencias que les habíamos pasado, llegan sin problema alguno a nuestro campamento. Seguimos con el sol como compañero inseparable, iluminado la tupida alfombra natural de tundra que tenemos.

    En estas condiciones la primera impresión del grupo de “Al Filo” sobre el lugar que hemos seleccionado para el campamento, es muy positiva. Hermoso lugar: la tundra con sus múltiples tonalidades de verdes cubriendo todo el suelo, pequeñas colinas que dan un aspecto ondulado al terreno, que no son otra cosa que antiguas morrenas del glaciar colonizadas por esta vegetación casi ártica. Y como telón de fondo nuestro hermoso glaciar, con sus brillos, con sus luces, con sus enormes seracs o grietas que contribuyen a crear un juego de luces y sombras indescriptible en los cambios de pendiente del hielo.

    Os presento al equipo de las cinco personas de “Al Filo” que han venido a grabar el programa: Carmen que es la directora, Antxon el presentador-conductor, Toñín el realizador, Patricia la guionista y Luismi el reportero gráfico.

    Esa tarde de su llegada les ayudamos entre todos a transportar su material desde el vehículo en que han venido desde Reikiavik y les ayudamos con la instalación de las tiendas. Emilio como siempre, tiene a punto la cena… casi nada, ¡hoy para 12 personas!   

    Carmen nos cuenta los planes generales para esta semana de grabación, que iremos detallando y adaptando cada día en función de la meteorología y del material que se vaya obteniendo. Patricia nos da el guion que ha preparado con el objetivo que lo tengamos leído para mañana por la mañana, cuando empecemos con el trabajo.

    Después de la cena y antes de ir a dormir, Adolfo y yo nos vamos a leer el guion. Patricia lo había escrito tras unas entrevistas que nos había hecho estando en Madrid, en las que tengo que reconocer me sorprendió muy agradablemente porque las preguntas que planteaba eran un claro indicador que se había leído un montón de cosas nuestras y había indagado bastante sobre lo que hacemos en GLACKMA.

    Tras la lectura del guion, Adolfo se queda preocupado: “Yo no voy a poder seguirlo, las respuestas me salen siempre espontáneamente, pero nunca si las preparo con antelación”. Lo tranquilizo: “No te preocupes, esto es sólo un guion, una referencia, una organización y estructuración sobre las tomas que hay que ir haciendo… ya verás como es más fácil de lo que crees”.

    Gracias a mis intentos de videos sencillitos que he estado haciendo durante la última campaña antártica, entiendo bastante bien la estrategia de trabajo que proponen. Sin embargo mi preocupación es otra, “¿estaremos a la altura de lo que persigue este equipo de profesionales?”

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  • Exploración de moulins en el glaciar

    Vista del frente del glaciar

    (Crónica recibida por teléfono satelitario)

    Os comentaba en el artículo anterior que Tato y yo nos dirigimos al glaciar con una misión en concreto. ¿De qué se trata? De explorar el estado del glaciar en su zona de ablación para ver qué posibles moulins tenemos este año, que nos permitan hacer algunas tomas de vídeo para Gaby y el grupo de los de “Al Filo de lo Imposible”.

    Escribo “moulin”, pero no sé si os acordáis en qué consiste. Se trata de pozos generados en el hielo glaciar, semejantes a las simas y dolinas en terrenos rocosos. Lo he comentado en varias ocasiones en el blog, el criokarst es el equivalente al karst pero en hielo, no en calizas y otras rocas solubles.

    El karst o la formación de cuevas en terrenos rocosos se produce por  disolución, mientras que en el hielo glaciar las cuevas en su interior -es decir el criokarst- se genera por fusión friccional. ¿Qué es esto de la fusión friccional? Se trata de que el calor generado al fluir por el interior de los conductos en el hielo, se transforma en fundir el hielo que va teniendo en su contacto. En el karst por el contrario, el calor generado por el flujo del agua hace subir la temperatura de la misma.

    Cuando hablamos de criokarst nos referimos por tanto a todas estas formaciones de conductos, cuevas y pozos que existen en el interior de los glaciares. Todo ello configura el drenaje del glaciar desde el  punto de vista hidrogeológico y su exploración nos ayuda a entender este proceso.

    En las exploraciones que hemos realizado en este glaciar hace una década, teníamos registros de moulins que pasaban los 50 metros de profundidad en vertical, a los que les seguía un complejo sistema de conductos sinuosos por los que circulaba el agua.

    ¿Sabéis que tenemos ahora? Un glaciar que está claramente en retroceso, pero perdiendo una gran cantidad de hielo. Un proceso muy acelerado en la última década, tal y como estamos registrando en las ocho estaciones de GLACKMA distribuidas en ambos hemisferios y a diferentes latitudes.

    Ya en la exploración visual que habíamos hecho Adolfo y yo antes de que fueran llegando el resto de expedicionarios, habíamos observado el panorama. Nos desplazamos por la cima de las morrenas antiguas a 200 metros de cota sobre el glaciar y el panorama realmente era desolador. Se ha perdido muchísimo hielo, no sólo el frente del mismo ha retrocedido a velocidades casi inimaginables, sino que el espesor también ha disminuido considerablemente.

    Tato y yo comenzamos a andar con un paso ligero, los dos teníamos unas tremendas ganas de realizar esta exploración. Los dos habíamos participado en esas etapas anteriores de exploración y topografía de las cuevas de este glaciar. Los dos hemos explorado con Adolfo nuestra primera cueva en hielo, no en roca como es más habitual, y yo creo que por esa razón los dos tenemos esa llamita dentro encendida, de la exploración en el interior de los glaciares.

    Cuando preparamos el material en el campamento antes de partir a cumplir nuestra misión, nos echamos lo más básico por si nos sobraba tiempo y podíamos explorar alguno. Emilio se cercioró de que llevábamos lo suficiente para trabajar sin riesgo. La cara de Tato brillaba de ilusión por la tarea que teníamos para el día de hoy. Yo me sentía igual de desbordada de ese entusiasmo que nos acompañó todo el día.

    Os diré que ya sabíamos que iba a ser difícil encontrar algún moulin que fuera “aceptable” para poder hacer las grabaciones. Al ir disminuyendo el espesor del hielo las formaciones, a la fuerza, van siendo más reducidas. Se ha perdido también mucha parte del frente glaciar, que es donde abundaban estas cuevas en el hielo, y ahora en seguida se llega a la pared de seracs o grietas en las que ya no se encuentra lo que buscamos.

    El día está maravilloso, un cielo completamente despejado, el sol brillando en el cielo y prácticamente nada de viento. En cuanto encontramos el primer moulin con un desarrollo aceptable, Tato y yo nos miramos con una cara y una sonrisa que lo expresaba todo: “¿lo exploramos?”. Pero la responsabilidad de ambos por cumplir el objetivo que teníamos encomendado nos da la respuesta: “dejémoslo para el final, si nos sobra tiempo lo equipamos y bajamos”.

    Fue un día espectacular, inolvidable. Marcando con el GPS el recorrido realizado, pudimos establecer un buen plan para movernos y explorar toda la zona de ablación del glaciar. Íbamos marcando y fotografiando cada moulin válido. Al final, tras una exploración de 11 horas, no nos quedó tiempo para bajar ni tan siquiera uno de ellos, pero estábamos súper felices de lo que habíamos encontrado y del maravilloso día que habíamos tenido.

    A nuestra salida del glaciar, en la morrena lateral izquierda, allí estaba Emilio, con Jose y Gaby, quien aprovechaba también el buen día de luces para sus fotos y vídeos. Hasta que no nos vio fuera del glaciar quitándonos los crampones, Emilio no empezó el regreso al campamento. Una vez más, su profesionalidad sobre el tema de seguridad se hace palpable.

    ¿Sabéis de que nos sorprendimos Tato y yo al llegar al campamento y cerrar el ciclo del recorrido? El GPS nos mostraba que habíamos hecho 18,2 kilómetros. Realmente no dejamos rincón sin explorar en el glaciar.

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  • Curso de aforos para los afiliados de GLACKMA

    Llegan los participantes en el curso

    (Crónica recibida por teléfono satelitario) 

    Finalizando ese primer aforo, llegaron los 8 afiliados a GLACKMA que vienen a realizar el curso de aforos en glaciares. Se retrasaron un poco en su llegada y se perdieron el aforo, pero bueno, a lo mejor por la tarde tenemos suerte y con un nuevo valor de nivel podemos realizar otro aforo para que entiendan perfectamente todo lo que explicaremos teóricamente antes.

    Llevan ya varios días en Islandia y vienen felices, encantados de lo que van viendo y maravillados de este país, de estos paisajes tan impresionantes y tan diversos. Casualidades de la vida, Javier -el guía que los está llevando- es amigo de Mercedes, una buena amiga nuestra de GLACKMA que nos ha ayudado a organizar ya varias conferencias.

    Según llegan los van recibiendo todos los demás de nuestro equipo. Yo, hasta no haber tomado algo caliente y empezar a quitarme de encima el frío, no soy persona. Había comenzado ya Adolfo a explicarles la técnica de aforos en glaciares cuando me incorporo yo al grupo, todavía un poco aturdida de las casi tres horas de frío en el río.

    Tras las explicaciones teóricas, viene la práctica. Para ello seleccionamos una pequeñita rama que oscila entre 20 y 30 centímetros de profundidad y con muy poca velocidad. Ahí, descalzándose y remangándose los pantalones, van poniendo en práctica las técnicas de aforos que les hemos explicado.

    El sol sigue calentando con fuerza y como era de esperar el caudal del río sigue subiendo y se nos presenta una nueva medida para poder aforar. Así que todos preparados y manos a la obra, ¡un nuevo aforo! Aquí colaboran todos, a cada uno de los que han llegado les buscamos una misión, incluso al guía.

    Terminado el aforo, nos juntamos todos en nuestro campamento para cenar. Hay muy buen ambiente entre los 16 que nos hemos llegado a juntar.

    Al día siguiente otra actividad tenemos preparada para el grupo del curso. Se trata de llevarlos al glaciar y así sobre el terreno, que puedan recibir todas las explicaciones de cómo es el drenaje en un glaciar.

    Como no tienen crampones se hacen dos grupos de cuatro, dejándoles los de algunos de nuestro equipo. Mientras Adolfo entra con un grupo al glaciar, el otro está a pie de la morrena lateral -todavía sin pisar hielo- con Emilio, quien les cuenta técnicas de fortuna en progresión vertical. Después se intercalan las actividades. Es un grupo con una sensibilidad especial y tienen dos maestros, Adolfo y Emilio que disfrutan enseñando y transmitiendo lo que conocen y dominan, así que el resultado es fantástico y de gran satisfacción para todos.

    Tato y yo salimos con todos del campamento hacia el glaciar pero nos adelantamos, tenemos otra misión por cumplir que os la contaré en el próximo artículo.

    Telmo, Borja, Empar, Víctor, Diana, Cristian, José Julian, Susana y también tú, Javier -guía del grupo-, como os tuvisteis que ir antes de regresar Tato y yo, quiero ahora y desde aquí despedirme de vosotros. Fue un verdadero placer haberos tenido con nosotros, espero que estéis disfrutando de vuestra segunda parte del recorrido por Islandia y que hayáis aprendido y os hayáis sentido a gusto el tiempo que compartisteis con nosotros. Un abrazo muy fuerte y seguimos haciendo cosas juntos desde GLACKMA.    

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  • Inventado un nuevo sistema de aforos... ¡por necesidad!

    Todo listo antes de empezar el aforo

    (Crónica recibida por teléfono satelitario) 

    Localizamos el problema de la conexión entre el cuentavueltas y la varilla con la hélice. No hay expedición en que no surja un nuevo problema con los equipos de medida que utilizamos. Son de una empresa alemana, la verdad es que son muy resistentes pues aguantan condiciones muy duras a la intemperie y resisten… pero siempre, siempre surge algún problema ocasionado por mala calidad en los remates, que echa a perder lo bueno de los instrumentos. Y cualquier problema que en una ciudad puedes solucionar fácilmente, aquí se hace imposible.  

    Una vez arreglado, añadimos un cable prolongador de manera que el cuentavueltas no lo tenga yo colgado al cuello para manejar en el agua y lo operen ellos desde el exterior. Todavía da tiempo para ir a comprarlo hoy, así que sale Adolfo a la ciudad más cercana que la tenemos a 100 kilómetros. Yo me quedo en el campamento para cuando regresen los exploradores del glaciar contarles las novedades y aprovecho para escribir en el blog… pues no me ha quedado tiempo con tantos imprevistos.

    Termina así un nuevo día que había comenzado con una nueva esperanza por la posibilidad de aforar, se me desvaneció de nuevo con el problema de cuentavueltas y resurgió cuando al finalizar la jornada, regresa Adolfo con el cable para prolongarlo.

    Nada más desayunar al día siguiente, ocupamos cada uno nuestro puesto y nos ponemos todos manos a la obra. ¿Sabéis que pasó?, ¿qué nuevos problemas nos fueron surgiendo? Todos solucionables, pequeños ajustes, mejora de la técnica de la labor que a cada uno nos corresponde en cada momento, coordinación entre todos… y ¡primer aforo conseguido!

    Nos duró casi tres horas, salí helada del río, tiritando de frío, pero ¿sabéis cómo? Feliz completamente, una sonrisa de oreja a oreja, una gran alegría y emocionada por la labor tan buena de equipo. La labor de equipo es fundamental para conseguir transformar una cadena de problemas interminables en una nueva técnica de aforos, no por vadeo, sino por flotación.      

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  • Complicación tras complicación

    Emilio pendiente de que todo esté en orden por seguridad

    (Crónica recibida por teléfono satelitario)

    Nuevo día y nuevo intento con el sistema que había propuesto Emilio el día anterior. El ánimo de todos en el desayuno me llega dentro y pienso de nuevo que quizás lo podemos conseguir.

    Cada uno tiene una misión. Por un lado hay que leer los datos de nivel que marcan las sondas que tenemos instaladas en la estación, tanto al inicio del aforo como al final del mismo.

    Tato y Jose estarán cada uno en un extremo de la cuerda de seguridad que instalamos transversalmente en el río. Con un perfecto sistema que ha preparado Emilio combinando poleas, Tato me arrastrará hacia la otra orilla, tirando con fuerza contra corriente y Jose desde el otro extremo irá recuperando cuerda para irme ubicando encima de cada una de las marcas donde tendré que medir. Emilio, aprovechando una entrada de la orilla aguas arriba de donde estoy, me mantiene atada con una nueva cuerda de seguridad de 100 metros y con fuerza tira de mi contra corriente para mantenerme en cada punto deseado y poder trabajar. Adolfo irá apuntando todos los valores que le vaya pasando de las profundidades del río y para cada una de ellas y según el protocolo de aforos, me irá dando los valores en los cuales debo colocar la hélice para medir la velocidad. Obtenidas las vueltas se las iré pasando a Adolfo para irlas apuntando en cada planilla de aforo. Gaby buscando los puntos más adecuados para las diferentes grabaciones irá recogiendo profesionalmente esta misión que parece imposible.

    Primera prueba, me meto sólo con la barra y la hélice, sin el cuentavueltas, a ver si soy capaz de medir así. Enganchada por las diferentes cuerdas me arrastran a lo largo de la sección transversal del río junto a la cuerda de aforos. En las zonas más profundas con 1,45 metros (y menos mal que este primer intento es con caudal bajo) quedo flotando cara a la corriente y el agua me entra por la boca. Resulta un poco complicado operar así para las mediciones. Con la cabeza y en nuestro código de señales que nos habíamos preparado les indico de nuevo que me saquen. Así no aguanto. Fuera de nuevo.

    Emilio me mejora el enganche para que queden mis hombros fuera del agua. ¡Ahora ya es otra cosa! En uno de los peores sitios, intento mantener la hélice apuntando a la corriente. La varilla en la que debo sujetar la hélice es muy finita, un centímetro de sección. Mis manos con los guantes de neopreno están ya mojadas, el agua con poco más de 1ºC de temperatura me las va enfriando sin darme cuenta mientras intento apretar la varilla con fuerza para que la corriente no gire la hélice al golpear contra ella. No soy consciente del tiempo que paso así. Fue más de una hora. Desde fuera deciden sacarme, ven que estoy congelada. “¡No puedo, no puedo, no soy capaz!” voy pensando mientras arrastrada sobre el agua me sacan a la orilla.

    De nuevo una propuesta de Emilio, “voy a prepararte una empuñadura para que puedas agarrar bien la varilla y no te gire”. Un atisbo de esperanza surge de nuevo en mi cabeza sobre un cuerpo casi congelado. Llevo un traje seco, pero lo de seco es sólo en teoría. Está mal hecho y por las costuras le entra agua, de manera que al estar quieta tanto tiempo y con esta agua más bien “fresquilla”, el frío incrementa mi dificultad en los aforos.

    Empuñadura preparada, frío sacudido de encima con unas carreritas por la tundra y tras haber tomado un tazón de leche calentita. Con ganas de meterme de nuevo al río, esta vez ya con el cuentavueltas colgado del cuello y unido a la varilla y la hélice para contar las vueltas. “Tenemos que conseguirlo. Después de lo que están haciendo todos para que esto salga adelante, tengo que ser capaz de aforar ahora”.

    Cada uno a su puesto de nuevo. Con la varilla en la mano y el cuentavueltas colgado al cuello, compruebo su funcionamiento en la orilla del río. ¡No va! No puede ser. Revisamos las conexiones. Está todo en su sitio… pero no funciona. Probamos, probamos, probamos y nada. No marca las vueltas. Cancelamos el aforo.

    Tato, conocedor ya de este glaciar de expediciones anteriores, organiza junto con Emilio y Gaby una aproximación al glaciar para localizar el mejor lugar para entrar este año. Con los cambios tan grandes que están ocurriendo y a la velocidad a la que se pierde el hielo, el acceso varía mucho de un año para otro.  

    Mientras tanto, el resto trataremos de ver qué le pasa a la conexión del cuentavueltas. Ahora sí que nos vamos a tener que olvidar de esto. No me gusta darme por vencida, pero esto parece una misión imposible de verdad.   

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  • Misión imposible

    Campamento GLACKMA

    (Crónica recibida por teléfono satelitario) 

    El mismo día de llegada al campamento de Jose, Tato, Emilio y Gaby, teníamos ya nosotros todo preparado para empezar a instalar el sistema de aforos y realizar el primero.

    Ya os he contado alguna vez de qué se trata esto de aforar. Es medir directamente el caudal que fluye por el río en un momento determinado para un nivel en concreto. Tenemos que realizar varios aforos –entre 10 y 20 suelen ser necesarios- para poder determinar con precisión la relación entre el nivel del río que lo obtenemos con las sondas instaladas y el caudal que medimos directamente en el río.

    ¿Cómo hacemos ese aforo? A lo largo de una sección transversal adecuada del río, creamos secciones más pequeñas y en cada una de ellas medimos profundidad -es decir el calado del río- y la velocidad que lleva el agua. Así con sección y velocidad podemos calcular el caudal en cada uno de esos tramos a lo largo del perfil transversal del río. Integrando todo eso después, obtenemos el caudal.

    Sólo me queda deciros cómo medimos esa velocidad. Lo hacemos con una hélice, contamos las vueltas que gira en un determinado tiempo y después con el algoritmo correspondiente de la hélice utilizada, obtenemos la velocidad.

    Una persona lleva todo este equipo consigo y a lo largo de ese perfil transversal del río va realizando las mediciones. Esa es la razón por la que este tipo de aforos se llama “por vadeo”. La máxima profundidad que es posible aforar por vadeo es de 1,20 metros, y para velocidades de agua no muy grandes. Mayores profundidades o grandes velocidades, hacen imposible mantenerse en pie en el río y realizar buenas mediciones.

    Una vez que os he recordado lo básico de los aforos, retomo la narración. Llegados todos los expedicionarios nos disponemos a preparar el lugar de aforos. Como este río lleva mucho caudal y las profundidades andan al límite de poder realizar el aforo por vadeo, lo primero es fijar una cuerda de seguridad a lo largo de ese perfil transversal seleccionado en el río.

    La estrategia que seguimos fue buscar aguas arriba un lugar más ancho y con menos velocidad de agua. Desde una orilla me eché a nadar para llegar a la otra, seleccionando la trayectoria adecuada para que el resultado entre mi nado y la velocidad de la corriente, me permitiesen alcanzar el lugar deseado.

    Estaba totalmente tranquila pues Emilio estaba aguas abajo con todo preparado por si la corriente me arrastraba para poder detenerme. Sujetando  una cuerda en el extremo de partida, me eché a nadar con el otro extremo atada a mi cuerpo y así logramos pasar una primera cuerda más fina, tras las que vino otra de más sección para poder  utilizarla posteriormente de seguridad.

    Una vez fijada esa cuerda, mi intención es regresar ayudándome con la misma a la orilla inicial. Nada más alejarme un metro de la orilla, la altura y velocidad del agua levantan mis piernas y no me queda más remedio que cruzar el río sujeta con una mano a la cuerda, braceando con el otro brazo y aleteando con los pies.

    Mi desolación al alcanzar la orilla inicial donde estaban todos, saltaba a la vista. “No podemos aforar por vadeo. ¡No podemos! El río lleva demasiada velocidad y profundidad” Todo eso pensaba mientras los miraba uno a uno al llegar de nuevo junto al equipo, pero no era capaz de pronunciar palabra. Sólo me quedaba energía para mover la cabeza negativamente.

    Según los miraba me iba dando cuenta que cada uno en su interior estaba pensando alguna solución alternativa. Tras escucharlos me llega de nuevo algo de ánimo. Intentamos probar en algún otro punto del río, que aunque quizás no sea tan idóneo como este para las mediciones, pero que la velocidad y profundidad del mismo nos permita aforar.

    Intento tras intento. Siempre ellos pendientes de mi seguridad y yo sin miedo alguno de meterme donde fuera con tal de encontrar donde poder medir. Intento fallido tras intento fallido. De todos los posibles puntos que intentamos  ninguno fue válido, el río me arrastraba en sus caudalosas aguas.

    ¡Qué desolación! No nos queda más remedio que olvidarnos de este objetivo tan fundamental de la expedición. Esperemos que los otros salgan adelante. Gaby con su cámara ha ido grabando todo, así que con el tiempo terminaréis viviendo estos intentos fallidos como si hubierais estado con nosotros.

    Emilio me pregunta exactamente cómo son las mediciones que debo de hacer y con todo detalle le explico la operación. Según lo voy haciendo, soy consciente que está pensando alguna estrategia nueva. Con su voz tranquila y la seguridad que transmite en los momentos complicados, propone para  mañana preparar un sistema que permita que yo pueda ir flotando sobre el río, atravesando así ese perfil transversal para poder hacer las mediciones. Sólo quedaría por ver que yo flotando así, puedo sujetar con fuerza y sin movimiento, la hélice en la varilla mientras aforo.

    Nos acostamos ya tarde tras todos esos intentos fallidos y aunque cansada no logro dormirme, mi mente sigue en el río alternando entre dos pensamientos, lo peligroso que está el río para trabajar en él y lo imposible que va a ser aforar en esta ocasión. Así, en calma ya, dentro del saco y bajo la tienda de campaña, soy consciente que ha sido una suerte no haberme encontrado sola realizando los intentos de esta tarde, pues creo que hubiera arriesgado más de la cuenta.    Me reconforta pensar en el apoyo de todos los que me rodean y el buen trabajo en equipo.

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  • Jornadas y problemas interminables

    (Crónica recibida por teléfono satelitario) 

    No os lo vais a creer pero ni apurando las jornadas al máximo he podido sacar tiempo para escribiros en el Blog y manteneros al corriente de esta expedición. E incluso fijaros que ahora en estas latitudes casi no tenemos noche y nuestras jornadas se estiran aprovechando las horas de luz.

    Los expedicionarios fueron llegando todos sin problema alguno, inicialmente instalamos nosotros el resto de tiendas para que estuviera todo listo cuando llegasen los demás al día siguiente, Gaby, Emilio, Tato y Jose.

    Desde España hasta Reikiavik viajaron los afiliados de GLACKMA que se inscribieron en el curso de aforos: Empar, Diana, Susana, Telmo, Víctor, Borja, José Julián y Cristian. Ellos comenzaron su ruta para recorrer  varios lugares de Islandia hasta juntarse con nosotros más adelante.    

    No os podéis imaginar la cantidad de problemas técnicos que encadenados unos tras otros, intentan abortar nuestra campaña de aforos. ¡Es realmente increíble! En cuanto pueda ir sacando tiempo para escribiros más os lo iré contando. Pero parece una misión imposible, ya lo veréis.

    Os actualizo con la novedad de última hora y es que ya han llegado hoy a Reikiavik el equipo de las cinco personas de “Al Filo de lo Imposible” y mañana llegarán a nuestro campamento.

    Os dejo hasta la próxima, que espero sea en breve. 

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  • Una rápida integración en el entorno

    (Crónica recibida por teléfono satelitario) 

    Es increíble lo rápido que uno se adapta a vivir en plena naturaleza y lo que cuesta esa adaptación cuando toca habituarse de nuevo al mundo civilizado.

    Dormir en el saco bajo la tienda de campaña en semejante paraíso que nos rodea, produce un efecto relajante completo. Te levantas al día siguiente y ya has olvidado por completo en qué día del mes estás, no te importa ni siquiera la hora que es. Te olvidas por completo de mirar el reloj. No te hace falta para nada. No puede ser de otra manera si al abrir la puerta de la tienda de campaña, lo primero que ves es un hermoso glaciar en el que se te queda perdida la mirada. Realizas una respiración profunda y según exhalas despacio el aire, eres consciente de que por una temporada este entorno de paz te va a envolver por completo.

    Lo que hacemos Adolfo y yo durante estos primeros días es reconocer bien la zona. Pero primero y antes de nada, como os podéis imaginar, nos acercamos a la estación que tenemos aquí instalada en el río proveniente del glaciar y nos disponemos a chequear el estado de la misma y extraer todos los datos almacenados.

    Está todo funcionando perfectamente, eso nos da una cierta tranquilidad. La última vez que estuvimos aquí fue en abril de 2011 y tuvimos que acudir casi de inmediato al sospechar que pudiera haber un problema con la sonda instalada y que hubiera acabado ya su vida o estuviera a punto de hacerlo. Así que sin pensarlo dos veces, aprovechando las vacaciones de Semana Santa, nos acercamos para realizar una nueva instalación renovando las sondas de medida. La alegría entonces fue tremenda porque la instalación quedó perfecta y lo mejor de todo fue comprobar que la sonda antigua todavía funcionaba, así que conseguimos salvar la serie de datos registrada sin laguna alguna en el registro.

    En aquel entonces fue un viaje breve, justo para realizar dicha instalación. Así que nos queda pendiente ahora toda la campaña de aforos y tratar de definir con el menor error posible, la relación entre el nivel del río que marca la estación y el caudal real que fluye. Siendo éste uno de los cometidos de esta expedición, estudiamos con detalle -a lo largo del recorrido del río- el lugar más adecuado para esta campaña de aforos.

    Una vez confirmado el lugar nos dedicaremos a explorar primero, los cambios generales del glaciar. Trabajo que sin riesgo alguno, podemos ir realizando nosotros solos, hasta que vayan llegando el resto de expedicionarios. 

    • Una rápida integración en el entorno

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