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Blog: Karmenka desde los Polos

  • Me siento como un personajillo al que han desgajado de su historia

    A la madrugada ya del viernes os escribo este artículo. Sólo para deciros que acabamos de pisar tierra en Punta Arenas. Todo se precipitó como nunca nos había ocurrido. Apenas cinco horas antes nos informan que podremos salir de la Antártida en un Hércules C-130 chileno que llega al Continente Blanco lleno de periodistas para la visita de los presidentes.

    Todavía no he asimilado que la Antártida quedó allá, lejos… hasta otra campaña. No, todavía no lo he asimilado. Llegamos a la madrugada a Punta Arenas y lo primero que me sorprende es la noche, la oscuridad. Por la latitud a la que nos encontrábamos y la época de verano, no teníamos oscuridad, tan sólo un breve crepúsculo.

    Durante todo el trayecto del aeropuerto al pequeño hostal donde nos alojamos, he tenido una sensación extraña. Todo lo que veía no lo asimilaba. Las imágenes de la ciudad, los coches, las casas no han entrado en mí todavía. No sé cómo, pero percibo que mi mente se ha quedado remolona allá en el Continente Blanco, como si se hubiera separado de mi cuerpo.

    Ya os contaré cómo nos vamos a organizar estos días que nos quedan hasta nuestro regreso a España, todavía no lo sé, pero está claro que no nos vamos a quedar quietos en la ciudad. Tengo muchísimas cosas todavía por contaros de la Antártida, tengo muchos vídeos todavía por editar y mostraros… Se vive con tanta intensidad en aquella tierra helada, que necesito al menos el doble de tiempo para contaros un mínimo de lo acontecido.

    Así que no sé cómo ni en qué orden… pero seguiré tras el Blog narrándoos las aventuras vividas. De momento sólo os puedo decir que me siento como un personajillo al que han desgajado de su historia, sin haberle consultado. 

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  • Viento a un largo

    Llegó la hora de la verdad. En el puerto de Alicante nos sale al encuentro, Juan  Mari, meteorólogo jubilado que ha participado en siete campañas antárticas. Por cierto, es muy amigo de Adolfo, estuvieron juntos en las primeras campañas españolas del montaje de la Base Juan Carlos I.

    Nada más verlo reconozco en él a otro aventurero científico… No sé, es algo especial que no sabría describir, pero que se siente. Nos acompaña hasta su barquito y embarcamos… Mis nervios a flor de piel.



    A la salida del puerto vemos el navío Santísima Trinidad, una réplica de un galeón del siglo XVIII. ¡Impresionante! Una vez que hemos salido del puerto, me dejan coger el timón. Es de caña en lugar de rueda, así que perfecto para aprender. Asimilo rápido que es muy sensible a cualquier movimiento y a la vez lento en la respuesta. Voy observando a los expertos y aprendiendo todo lo que puedo.   



    Titulo el artículo con “Viento a un largo”. Esta es una expresión que se utiliza en el ámbito marino para desear una buena navegación. ¿Por qué se dice eso? En un barco de vela, según el ángulo de navegación con respecto al viento, se navega en un rumbo determinado que tiene una denominación concreta. Navegar a un largo, se refiere cuando vamos abiertos a unos 120º al viento, entonces las velas van muy abiertas y se alcanza una gran velocidad.

    Experimenté también navegar de ceñida, que es cuando el viento entra abierto solamente unos 40º de la proa. En este caso se trata del rumbo más cerrado posible y es el que provoca mayor escora en la embarcación. ¡¡¡Me encantó!!! Creo que es el rumbo que más me ha gustado… ¡ahí al límite!, ¡espectacular!

    Aprendí y comprendí de verdad cómo se efectúan las viradas por avante y en redondo. Me aclaré con las diferentes denominaciones para la jarcia, según sea la firme o la de labor, con los diferentes tipos de vela y sus partes, con la arboladura…



    Durante los días de navegación supe que Juan Mari también soñó despierto con las lecturas de Julio Verne. En concreto recuerda “La esfinge de los hielos” que leyó a los nueve años y le marcó por completo. Según lo iba escuchando, recordaba cuando hablaba sobre Julio Verne a mis muchachos expedicionarios de Salamanca, durante la pasada expedición a Islandia.



    Me había llevado conmigo mi libro de estudio para continuar leyendo algo durante los días de navegación… Pero al final, opté por la más sabia opción: aprovechar a tope la navegación a vela real y dejar el estudio teórico para cuando no tenga barquito.

    Terminados los días de navegación regreso a Salamanca, con el gusanillo de la vela y el mar minándome por dentro… ¡Me ha encantado! He quedado realmente fascinada por la navegación a vela. ¿Cuándo podré volver a navegar?

     

    • Viento a un largo
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