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Blog: Karmenka desde los Polos

  • Alcanzamos el glaciar Huemul

    Al sonar el despertador a las 4:30 de la mañana, observo por la ventana que está completamente cubierto. No se alcanza a ver ni el propio Fitz Roy… Bueno, me quedo sin poder filmar el amanecer en estas cumbres… Otra vez será. Retomo el sueño hasta las 7:00, hora en que nos levantamos y nos ponemos en camino hacia el glaciar Huemul. Son 37 kilómetros.

    Nos toca algo de lluvia de vez en cuando, pero no es continua así que es bastante llevadera. La temperatura es de 6ºC y en algunas ocasiones baja algo, pues el agua se convierte en agua-nieve. Pensad que andamos por el Hemisferio Sur, por tanto estamos en el final de la primavera y en zona de montaña.



    El último ascenso para alcanzar el glaciar lo tenemos que realizar a través de un bosque precioso de lengas. Cuando llegamos a nuestra estación de medida, lo primero que tenemos que hacer es cruzar un pequeño río de apenas 3 metros de ancho, pues las sondas de medida las tenemos en el otro margen del río. En una mochila preparo el ordenador de campo, los cables para conectar con las diferentes sondas de la estación… y me quito las botas, calcetines y pantalones para cruzarlo.



    Podía haber traído unas botas, pero eran necesarias unas un poco altas y ocupan su volumen en la mochila, que ya viene suficientemente cargada y pesada. Además ahora no precisamos realizar ningún trabajo adicional de mediciones en el río, sólo se utilizarían para cruzarlo hasta la estación. El agua viene directamente del glaciar y… no está a 0ºC, pero no llega a 1ºC. Poniendo en la balanza todas esas circunstancias, decidí no traerme las botas.

    Así que con las piernas y pies desnudos cruzo el río con mucho cuidado de no ser arrastrada por la corriente en el punto de más caudal, pues a pocos metros agua abajo tengo una cascada. ¿Sabéis que pienso cada vez que me toca andar descalza sobre las piedras de un río? Que está muy bien eso de llevar calzado, pero que nos hemos hecho a nosotros mismo “blandengues” con tantas comodidades. Pienso en estos momentos en todos los que acostumbrados a andar descalzados son capaces de caminar sobre estas piedras del río sin sentir el menor daño…

    Una vez alcanzado el otro extremo del río, enciendo el ordenador, abro las tapas de los cabezales que protegen los lectores de las sondas y me dispongo a tratar de vaciar los datos almacenados en las mismas. Como sabéis los que nos seguís de campañas anteriores, sois conscientes del momento tan tenso… ¿por qué? Porque no siempre ha sido posible hacer la conexión entre el ordenador y las sondas, porque en ocasiones los aparatos se han dañado y han dejado de registrar datos, porque en ocasiones descubres que todo el trabajo y el esfuerzo realizado durante años se pierden en un segundo al encontrarnos algún daño o mal funcionamiento en los aparatos que dejamos midiendo año tras año en el lugar.



    Pero en esta ocasión, el momento de tensión e incertidumbre antes de conectarme con los aparatos, fue sólo un momento pasajero y pronto la sonrisa ilumina mi cara al comprobar que está todo funcionando perfectamente y que tengo ya en mi poder las series de datos continuas de los dos últimos años. Son datos que quedan registrados cada hora… seguro que sabéis calcular cuántos datos por parámetro medido he bajado al ordenador, desde la última vez que estuvimos aquí el 18 de febrero de 2010.

    Pero… os estaréis preguntando, ¿qué estamos midiendo con estos datos?, ¿por qué tanto esfuerzo para conseguir estas series continuas con mediciones registradas cada hora?... Os resuelvo todas estas incógnitas mañana, compañeros expedicionarios.

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