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Blog: Karmenka desde los Polos

  • Refugio ruso Priroda: un paraíso antártico

    Pingüino papúa

    Un día de trabajo duro y largo en el glaciar. El viento no nos abandona durante toda la jornada y hace bajar la sensación térmica bastante. Estamos alejados de la zona del campamento, pero próximos a un lugar mágico. Propongo a Adolfo acercarnos a Priroda, propuesta que es rápidamente aceptada. ¿Sabéis que es Priroda (Природа)? Es un refugio ruso que está próximo a la costa, bajo unos acantilados, pero ya en la zona del Drake. Una zona donde siempre el viento sopla con gran intensidad, convirtiéndola en una costa tremendamente inhóspita.

    Salimos del glaciar, atravesamos la morrena perimetral, que por cierto es bastante inestable y nos lleva más tiempo del previsto y finalmente salimos a un  gran valle, próximo ya  al refugio ruso. Finales de diciembre y aunque ya es verano en estas latitudes, queda todavía algo de nieve en el valle.

    Según vamos avanzando, tenemos cada vez más cerca los témpanos próximos a la costa, que veíamos antes alejados desde lo alto del glaciar. Nuestro paso va disminuyendo según nos aproximamos a la playa… la magia del entorno nos empieza a envolver.

    Playa de arena fina y negra. Un grupo de elefantes marinos descansando, lentos y torpes en tierra pero agilísimos en el mar. Olas golpeando con furia los témpanos que se desgajan en pedazos cada vez más pequeños. El agua del mar moldeándolos a su capricho. Las olas, perdiendo su energía llegan a la costa, y ahí se quedan remolonas jugando con los fragmentos pequeñitos de hielo que han logrado capturar y arrastrar a la orilla…

    Percibes que poco a poco el entorno te envuelve, se apodera de ti… o logras inmiscuirte tú perfectamente en él. No sé cuál es la realidad. Tu mente viaja a, a… a no sé donde, ni, ni… cuándo. No existió el ayer, ni existirá el mañana. Sólo hay presente. Se acabó por completo la noción del tiempo. Es ahora, es este preciso instante, que te llena, te transporta.

    Siento como si el fuerte viento me llevara de un lado a otro, a su capricho. Sin oponer resistencia alguna me dejo guiar y zarandear, recorriendo por completo cada detalle del entorno que me envuelve. Me siento como en otra dimensión… Me percibo integrada en este entorno, en este mundo que es mágico de verdad.  

    Puf!!! Noto frío de repente. ¿Dónde estoy? ¿Qué me ha pasado? Miro alrededor. Adolfo me llama: “¿Seguimos? Te vas a quedar helada ahí quieta”  Como si despertara de un profundo y hermosos sueño, me pongo de nuevo en camino. “¿Dónde he estado? ¿Por dónde ha estado viajando mi mente?”, me cuestiono interiormente mientras, todavía atontada, avanzo.

    Dejamos la playa y tras una pequeña trepada por un acantilado alcanzamos el refugio ruso. ¿Sabéis que significa Priroda? “Naturaleza”. Un nombre perfectamente elegido para este lugar. Es muy pequeñito el refugio, pero es tremendamente acogedor. Fuera, el viento siempre soplando con esa gran intensidad en esta zona que da al estrecho del Drake, y sin embargo dentro, te encuentras perfectamente protegido. Es como un remanso de paz y de tranquilidad en medio del vendaval, de la tormenta. Es como un recuperar fuerzas para salir de nuevo al exterior.

    En el libro de visitas escribimos una notita y firmamos… Cada año, desde el 2000 que estamos viniendo a esta zona de la Antártida, es ya un ritual para nosotros, pasar al menos una vez por aquí y dejar nuestra firma en el libro de visitas.

    Presta estar aquí dentro sentados, sintiendo la intemperie dura y antártica en el exterior… Pero de repente hay que decir: “¡hasta la próxima, Priroda!”, y emprender el viaje de regreso.

    El camino de vuelta es lento… la mente está todavía medio perdida, medio viajando, medio remolona por un mundo mágico en el que ha logrado inmiscuirse completamente. Hay que ir asimilando y guardando dentro de uno todo este encanto del que se ha llenado y sabe que quedará dentro para siempre. Allá en el “mundo civilizado”, cuando la velocidad casi de vértigo a la que se mueve todo, te quiera empujar, tú sabes que tienes un tesoro dentro de ti. Sólo tienes que saber hacer una “paradita”, regresar a él, zambullirte de nuevo en ese mundo mágico, embeberte de su encanto… y estás listo de nuevo para salir a la intemperie.   

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