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Blog: Karmenka desde los Polos

  • En el ferry, navegando hacia Islandia

    (Crónica recibida por teléfono satelitario) 

    Martes a las 6:30 de la mañana nos acercamos al puerto, en el muelle desde el que sale el ferry a Islandia en Hirtshals. Ya es posible facturar y así lo hacemos, colocándonos con el Defender en la fila de vehículos que nos indican, pues los van clasificando por tamaños para realizar más rápido y ordenado el embarque de los mismos.

    Ahora que todavía hay poca gente, cojo mi cámara y el trípode y desaparezco en el extremo del muelle, buscando un lugar idóneo para poder filmar la entrada de ferry. Llega a las 7:00 y para entonces hay bastante muchedumbre que intenta aproximarse al extremo del muelle y poder hacer fotos, pero ¡claro!, en seguida lo evitan los vigilantes y mandan a la gente hacia atrás. ¡Vaya, parece que he tenido suerte con mi estrategia! Una vez logrado mi objetivo, dejo discretamente mi lugar “privilegiado” de primera línea y regreso junto a Adolfo al coche.

    Zarpamos rumbo a Islandia. La última vez que cruzamos en ferry fue en 2006, desde entonces hasta el momento presente, las sucesivas campañas que hemos realizado a nuestro glaciar islandés, habíamos viajado en avión. Y mi primera vez a Islandia y en ferry fue en 1997. De hecho fue mi primera expedición a glaciares. Por eso mi mente viaja ahora entre aquel año y el momento presente, y no deja de observar las diferencias que hay en el ferry.

    En los últimos años se ha incrementado mucho el turismo a Islandia y con ello la capacidad del ferry es mucho mayor. Para que os hagáis una idea, el actual tiene una eslora de 164 metros, manga de 30 metros, 4300 toneladas y una velocidad punta de 21 nudos. Su capacidad es de 1482 pasajeros, 800 coches o 130 tráiler y 118 tripulantes. Además tiene helipuerto. ¡Vamos, que es inmenso!

    La velocidad media que llevamos es de 15 nudos y las condiciones que de momento hemos encontrado en el mar oscilan entre los 6 y 8 de Beafort, pero con los estabilizadores que tiene el ferry, apenas se nota movimiento.

    Al tumbarme esta noche pasada en la litera, mi mente viajó casi instantáneamente en el tiempo y en el espacio. Hace dos campañas antárticas, embarcábamos en el Lautaro -un pequeño remolcador de altura chileno- con el cruzábamos el mar del Drake para dejar la Antártida y regresar a Punta Arenas, al sur de Chile.

    Fue en concreto el 13 de febrero del año pasado, estábamos en Capitanía de Puerto Bahía Fildes cuando desde el Lautaro nos solicitan embarcar casi de inmediato por la mañana, las condiciones del mar estaban emporando muy rápidamente y temían no poder recogernos con la zodiac para acercarnos al barco. Las condiciones para el cruce del Drake fueron tan duras que al final retrasaron un día el zarpar rumbo a Punta Arenas, y allí estuvimos en la bahía a bordo del Lautaro durante ese día completo y al siguiente que hasta la tarde no nos pusimos en marcha al Sur de Chile.

    Fueron condiciones complicadas las que tuvimos en aquella ocasión en la navegación, el pequeño Lautaro se movía a capricho de las temidas aguas del Drake, y no llegó la calma hasta que alcanzamos los canales fueguinos.

    ¡Sí!, anoche mi mente se escapó del tiempo presente para revivir de nuevo aquella aventura, que a pesar de haber acontecido hace ya casi año y medio, la recordaba con tanta frescura, que parecía estar viviéndola de nuevo, con todos los detalles, con cada una de las sensaciones... 

    • Navegando
    • Desembarcando  los vehículos que llegan

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  • Trabajito quincenal: “Nos comprometemos de verdad”

    El lema de este trabajito es la frase con la que terminé el artículo anterior: “Vamos todos en el mismo barco… y todos tenemos que remar”.

    Hacía tiempo que no os ponía un trabajito, pues soy consciente de que andáis con los exámenes de esta temporada, pero ahora que se aproximan las vacaciones, os dejo encargado algo muy especial.

    En esta ocasión el trabajo tiene tres partes, y se basa en las reflexiones que os hice en mi último artículo, así que si os hace falta volverlo a leer:

    1-    Cada uno de vosotros durante estas vacaciones vais a tener que actuar y hacer algo concreto. Primero pensar “¿cómo vais vosotros a remar en este barco en el que vamos todos?” y después hacerlo, ponerlo en práctica. Aquí no nos vale decir: “somos conscientes”, aquí hay que actuar, con objetivos concretos. Decíamos que entre todos, granito a granito de arena vamos a construir una montaña, y quiero que a la vuelta de vacaciones me digáis que granitos de arena habéis movido cada uno de vosotros.

    2-    En la segunda parte del trabajito… también tenéis que seguir pensando y después actuando. Se trata en este caso de “mover alguna piedra más grande”, pero en grupo. Me diréis qué habéis hecho en estas vacaciones para involucrar en esta tarea de todos a vuestra familia, a vuestros amigos… a un grupo con el que tengáis cierta relación.

    3-    Y finalmente a la vuelta de vacaciones vais a hacer una puesta en común en clase de lo que habéis hecho cada uno. Entre todos y con el bombardeo de acciones que traeréis, me escribís las conclusiones a las que habéis llegado.

    Como las vacaciones escolares no os coinciden en tiempo a todos igual, según en el lugar de España en el que estéis, vamos a dejar la fecha de entrega de este trabajo para el viernes 20 de abril. Además así tenéis más tiempo para “actuar”, que es de lo que se trata en esta ocasión, bien en vacaciones o bien en vuestro día a día.

    ¡¡¡A ver cómo me sorprendéis, jóvenes expedicionarios!!!

    Recordad: “Vamos todos en el mismo barco… y todos tenemos que remar”. Y no nos vale ser conscientes de que vamos en un barco… tenemos que moverlo entre todos y salir adelante de todas las tempestades y tormentas que nos encontremos en nuestra ruta.  

    • Barcaza rusa Anderma en la Antártida

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  • Ya en Punta Arenas

    Pisando tierra firme en Punta Arenas. Todavía sintiendo el bamboleo del barco. Sentada en una silla con el portátil sobre las piernas para escribiros estas líneas, tengo la sensación de continuar navegando. De hecho mi cuerpo todavía sigue acompañando el movimiento del barco, imaginario ya. Eso quiere decir, que realmente me había hecho a la navegación.

    El resto del día por los canales fue divino. Desde que me levante a las 4:30 todo el día en el puente de mando y en cubierta. Estuvo muy nublado, llovió en ocasiones, pero la belleza de estos parajes no se podía ocultar. Ya os prepararé unas cuantas fotos y videos.

    Ahora, atontada, aturdida… Punta Arenas, la civilización, ruidos, coches, gente… ¡Puf, qué contraste! Y gracias a los 5 días de barco me ha dado tiempo a ir asimilando el final de la campaña antártica, sino el contraste sé que hubiera sido mucho peor.

    Ahora, viernes ya, sin un respiro, tenemos que ir a las oficinas de la División de Aguas, para coordinar con ellos nuestro trabajo en Patagonia. No quede tiempo ni para descansar. Tan sólo he parado estos minutejos para escribiros estas líneas.

    Con todo coordinado y la llegada un poco más asimilada, os escribiré después. Tengo ganas de leer todos los comentarios que nos habéis ido escribiendo en estos días. Son una verdadera infusión de ánimo y disfruto mucho con vuestras notas.

    ¡Hasta luego, incondicionales seguidores!

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  • Zarpamos en el Lautaro rumbo a Punta Arenas

    Nuestro plan inicial era salir de la Antártida a Punta Arenas en un vuelo de las Fuerzas Aéreas Chilenas que estaba previsto hacia el 20-23 de febrero. Después desde Punta Arenas dirigirnos a la Patagonia Chilena, al glaciar Tyndall donde tenemos más trabajo de campo previsto para realizar. Finalmente regresar a España el 4-5 de marzo.

    Pero todos nuestros planes desaparecieron como un azucarillo en el café, al moverse la fecha del Hércules C-130 chileno. La semana pasada vino de visita el Presidente de Chile acompañado del de Ecuador, y se han modificado todos los planes de vuelo. El nuestro, en concreto, se retrasa algunas semanas… eso nos hace cambiar todos los planes iniciales.

    En nuestra estancia en Bahía Fildes aprovechamos para poder indagar qué otras posibles alternativas tenemos para regresar a Punta Arenas. Parece que habrá un vuelo uruguayo (también un Hércules C-130) a finales de febrero o principios de marzo. Esos son los planes iniciales, después cualquier retraso obligado por la meteorología haría que no llegásemos a tiempo de nuestro vuelo en los primeros días de marzo a España.

    Parece que también habrá un vuelo brasileño para finales de febrero, pero todavía no hay calendario fijo. Esa opción haría que pudiéramos salvar nuestros billetes de regreso a España, pero no tendríamos tiempo de trabajar en la Patagonia Chilena, lo cual implicaría tener que regresar a estas latitudes en algún otro momento en los próximos meses.

    Habíamos regresado a nuestro campamento para terminar con el trabajo en el río, pensando cómo superar esta nueva dificultad. El trabajo está muy avanzado, prácticamente está listo ya que la ventaja de estar acampados en el lugar de trabajo es que nos permite un control total para seleccionar los momentos idóneos en los cuales realizar las mediciones.

    Con estas incertidumbres en la cabeza, aparece la solución como por arte de magia. De nuevo el protagonista, Roberto, el jefe de Bahía Fildes, que se ha convertido en esta expedición en una especie de ángel de la guarda para nosotros. Nos consigue poder regresar en barco a Punta Arenas, con el chileno Lautaro. Se trata de una Patrulla Naval Antártica Combinada entre Chile y Argentina, que recorre estas zonas antárticas durante el verano austral. Por parte de la Armada Chilena está el Lautaro y por parte de la Armada Argentina es el Castillo. Cubren los cuatro meses estivales con turnos de un mes, de manera que cada uno viene a esta región antártica por dos veces.

    Esta Patrulla Naval Antártica Combinada se realiza conjuntamente por ambas Armadas desde 1998, mediante un acuerdo que establece la operación de buques de otros países en aguas antárticas durante la temporada estival, y tiene por objeto salvaguardar la vida humana en el mar, el control y combate a la contaminación y el mutuo apoyo para enfrentar emergencias marítimas en dicha zona.

    Con nuestro trabajo terminado, recogemos el campamento, secando, listando, clasificando y empaquetando todo el material. Parte quedará aquí recogido hasta otra campaña. En esta ocasión el almacén estará en la Base Uruguaya Artigas, en lugar de en la Rusa Bellingshausen. El resto de material lo llevaremos con nosotros en el barco hasta Punta Arenas, ya que es del que tenemos guardado en los almacenes de la Dirección de Aguas de Magallanes, con quienes trabajamos en Patagonia.



    Embarcaremos en el Lautaro mañana, domingo 13. Desde ahí nos dirigiremos a Caleta Potter, frente a la Base Argentina Jubany, donde llegará el Castillo y harán el relevo… Después rumbo a Punta Arenas.

    ¿Cómo tendremos el paso del Drake? La navegación durará 3 días si el tiempo es favorable o 5 días horribles si el mar está bravo. Crucemos los dedos para que tengamos el mar más o menos calmado…

    Gildo, nuestro enlace en España os irá colgando algunos artículos que le he dejado preparados para estos días mientras navegamos. Y puntualmente os irá informando de cómo va la navegación, ya que estaremos en contacto con él con el teléfono satelitario.

    Como me han quedado muchas cosas por contaros todavía, seguiré preparando artículos sobre la Antártida. He hecho unas cuantas tomas de videos y fotos de la fauna de la zona, para poder describiros las hermosas playas antárticas… aunque algo ya sabéis por la lectura que habéis hecho en ese resumen del 2000.

    Hasta que estemos de nuevo en tierra firme, ¡amigos expedicionarios!

    • Zarpamos en el Lautaro rumbo a Punta Arenas

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