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Blog: Karmenka desde los Polos

  • Viento en popa a toda vela

    A primera hora de la mañana me junto en el Hospital Naval con Patricio -el médico, amigo nuestro ya- para poder entrar a ver cómo va Adolfo, pues el horario de visitas no empieza hasta el mediodía.

    Tiene otro aspecto ya, completamente diferente. La mejoría es evidente. Faltan todavía los resultados de unos últimos análisis y Patricio –quien tiene el día libre- se queda esperando hasta verlos. Volverá por la noche y si sigue todo bien, al finalizar el día le darán el alta. “Es la primera vez que me entuban y me ponen gotero”, comenta Adolfo con ganas ya de salir del Hospital.

    El día es de todo menos aburrido y me sorprende la cantidad de amigos que tenemos ya en Punta Arenas, por donde pasamos anualmente para nuestras expediciones a la Antártida. Comienzan las visitas de unos y otros, las llamadas telefónicas… todos interesándose por el estado de salud de Adolfo. Mostrándole y transmitiéndole todo el cariño posible, y de forma totalmente sincera. ¡Son geniales!

    Unos se enteran de que está ingresado por llamadas telefónicas, otros –para mi enorme sorpresa- por el Blog, que van siguiendo para saber de nuestras aventuras y por dónde andamos. El resultado es que no está sólo en un país extranjero y eso –para los que andamos viajando tanto- es muy conmovedor.

    El trato en el Hospital Naval es también muy agradable, tremendamente cercano y atento. De hecho no sólo al enfermito, sino al acompañante. A la hora de la comida me vino a buscar el Jefe del Hospital, Julio, y en la cámara de oficiales me invitó a comer con él. Una persona tremendamente cordial y observadora. Hasta el detalle de preparar una comida rica en verduras y frutas variadas, pensando que tendría necesidad de ellas después de la expedición al Tyndall.

    De nuestros otros dos expedicionarios, Gaby y Pepe, os puedo contar que se enteraron también por el Blog del ingreso de Adolfo en el Hospital y querían venirse para acá. “No, no hace falta” les convencí, “ya está mejor”. Os puedo decir de ellos que han estado dos días por el Parque de Torres del Paine, uno les tocó con mucha lluvia, pero el otro no. Y lo han aprovechado muy bien, Gaby ha conseguido bastante material para su trabajo. Y hoy, ¿sabéis donde se fueron? Cruzaron a Calafate, en Argentina. A Gaby le tiró su tierra… Sí, ella vive en España, pero es de la Patagonia Argentina.



    Más cosas. El primer cruce a la Anártida que estaba planeado para hoy no se pudo llevar a cabo por mal tiempo, así que se pospone para mañana. Por tanto, el segundo –en el que estoy considerada yo- se corre para el viernes. Tanteé la opción de que me metieran mañana en ese primer cruce, pero dicen que va lleno. Transportan mucha carga… pero yo poco ocupo. Lo que ocurre es que llevan algunas personalidades… y ¡claro! una es tan poca cosa que no tiene esa categoría… Bueno, a esperar otro día más. Si veo que se complica o retrasa demasiado, abandono la idea de cruzar ahora al Continente Blanco. Hace unos días ya me había hecho la idea de olvidarme de ello, cuando tuve el ojo y dedo tan malos, así que no me será muy difícil volverme a hacer a la idea. Una cosa es lo que uno desea y otra la realidad.

    Concluye un buen día. A las 22:00, Adolfo sale del Hospital. Las secuelas de mis picaduras están mucho mejor. A Gaby y a Pepe les está cundiendo el tiempo. Y además de todo esto, me doy cuenta de la cantidad de amigos que tenemos por estas latitudes. Como dirían los marinos: “viento en popa a toda vela”.
    • Viento en popa a toda vela

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  • Hoy… un día extraño

    El cruce para la Antártida se ha retrasado y en lugar de hoy como estaba previsto inicialmente, saldré para el Continente Blanco el jueves día 2. El Hércules C-130 de las Fuerzas Aéreas Chilenas (FACH) en lugar de venir ayer a Punta Arenas desde Santiago, aterrizó hoy. El primer cruce se espera para mañana día 1, pero va lleno y estoy admitida en el segundo, que será al día siguiente. Estaría regresando de allá el viernes 3… Pero como siempre que se habla de la Antártida, una cosa son los planes iniciales y otro los finales, que toca siempre adaptar según las condiciones meteorológicas.

    Amanecía hoy por tanto un día que iba a ser bastante tranquilo, gestiones de coordinación por un lado y trabajo con el material que trajimos de la expedición por otro. Hay que continuar limpiando y secándolo, comenzando a listarlo y guardarlo en el almacén de la DGA, donde nos permiten dejarlo durante el año.

    Adolfo ayer no había pasado muy buen día, una continua diarrea desde que llegamos del Tyndall no lo dejaba tranquilo. Pasa la noche en las mismas condiciones y por la mañana continua igual. Lo que le pedí en la farmacia para combatir esa diarrea no parece dar resultado.

    Tenemos cita con Sergio, el Capitán del Bahía Azul, para ver opciones de acercarnos al glaciar Contramaestre en Tierra de Fuego. Queda Adolfo tratando de recuperarse y me acerco yo hasta el puerto, subo al Bahía Azul que estaba allí atracado y hablo con el Capitán.

    Me comenta que no han podido hacer la batimetría de la zona para ver donde desembarcamos, que han tenido unas condiciones meteorológicas que no se lo han permitido. Me dice también que hasta la primavera no podrán realizarlo, pues ahora el tiempo en la zona está cada vez más complicado. También me indica que no parece fácil el desembarco y que quizás debiéramos hablarlo con la Armada, para ver si ellos nos apoyan con esta logística, pues tiene más medios en este sentido.

    En vistas de esto, nos olvidamos por ahora de la posible estación de GLACKMA en el glaciar Contramaestre de Tierra del Fuego, y trataremos de continuar su gestión con unos u otros, para tratar de sacarlo adelante en el verano austral.



    Regreso al hostal y me encuentro que Adolfo continua empeorando, e incluso ha comenzado con fuertes vómitos. En un abrir y cerrar de ojos, con el apoyo de la Agencia Marítima Broom, estamos en el Hospital Naval de Punta Arenas. El doctor Patricio -a quien conocí ayer y quien nos pidió una conferencia-, comienza a atender a Adolfo.

    Parece que es salmonelosis, al parecer hay una epidemia estos días en Punta Arenas. Adolfo ha quedado muy deshidratado y el médico decide ingresarlo. Con suero, glucosa y antibiótico a través del gotero, finaliza el día con mejor cara que con la que amaneció. Pasará en el Hospital esta noche y posiblemente mañana.

    Coincidencias de la vida. Tanto Adolfo como yo, prácticamente no hemos pisado hospitales, ni necesitado atención médica y ahora en un abrir y cerrar de ojos y fuera de nuestro país, los dos caemos en ellos. Todo esto hace recordar a uno lo vulnerable que es el ser humano…
    • Hoy… un día extraño

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  • Siempre hay algo positivo

    En Punta Arenas con mi ojo y mi dedo sin mejorar, decido acudir a un médico. No estoy acostumbrada a ir a hospitales o médicos y se me hace más costoso que recorrer los 30 kilómetros de la caminata a la estación del Tyndall. Y, ¿dónde voy? Ni idea… me encuentro como pez fuera del agua. “Bueno, lo dejo, ya mejorará” pienso para mis adentros. “Pero, mañana puede que tenga la opción de cruzar a la Antártida, tengo que encontrarme en condiciones…” siguen mis pensamientos.

    Llamo a Sergio, gerente de Agencias Marítimas Broom y amigo nuestro aquí en Punta Arenas. Desde esta agencia, llevan ya un par de años apoyándonos para conseguir que  llegue el material enviado por cargo tanto aquí como a la Antártida. Sin perder un instante, me viene a buscar junto con Marcela -también trabajadora de la citada agencia- y me llevan en primer lugar al Hospital Naval. Hay una larga cola de espera y deciden probar en otro lugar. Nos vamos a la Clínica Magallanes, con la que también tiene un convenio la Agencia Broom. Me encontraba arropada entre Sergio y Marcela que hablaban con unos y otros para ver cuál era la mejor opción de ser atendida.

    En la consulta, el médico nada más ver el ojo y el dedo, confirma sin duda que se trata de una picadura. Le conté cómo habíamos limpiado en el campamento la enorme ampolla que se formaba en el dedo: -como no teníamos otra cosa, desinfectamos un cuchillo al fuego y Agustín me abrió esa especie de enorme ampolla que se formaba en el dedo.

    Entonces el médico, sonriendo, pero serio, me dice: - Nooo… eso se hacía antes en la guerra. No teníais que haberlo abierto así. ¿No lleváis botiquín?

    Le explico: - En mis primeras expediciones había preparado un botiquín muy completo, que llevaba siempre. Pero, ¿qué ocurría? Nunca utilizábamos nada, las medicinas se caducaban y tenía que andar renovándolas, así que decidí no volver a llevarlo.

    Me argumenta el médico y con razón: - Basta que una vez te haya sido útil, para que haya merecido la pena llevarlo diez veces sin utilizarlo.

    Realmente tiene razón, a partir de ahora, me volveré a preparar un botiquín para las expediciones. Está claro que aunque no pase nunca nada, no quiere decir que no pueda pasar. Lección aprendida.

    Al final se nos pasa las mañana con estas gestiones. Al finalizar, tomando un café en la cafetería del hospital, Sergio saluda a otro de sus muchos conocidos. En este caso se trata de Patricio, médico del Hospital Naval de Punta Arenas. Sergio, que es un seguidor de lo que hacemos en GLACKMA, le comienza a explicar que venimos de una expedición del glaciar Tyndall y le habla de todo lo que hacemos. Le cuenta también lo contenta que quedó la gente con nuestro entusiasmo en la conferencia divulgativa que impartimos en Punta Arenas en marzo, al terminar nuestra anterior campaña antártica.

    Patricio, encandilado con lo que le estábamos contando, nos pide si sería posible dar una conferencia divulgativa en el Hospital Naval. “Por supuesto, no sólo es posible, para nosotros sería un verdadero placer” le explicamos. “De hecho estamos muy agradecidos a la Armada por el apoyo prestado durante nuestra pasada campaña antártica, a través de la Estación Marítima de Bahía Fildes”.

    Siempre hay algo positivo. Esas picaduras ya han valido para algo.

    Como un buen cierre os dejo esta foto del amanecer ayer en nuestra caminata  de vuelta del Tyndall.

     
    • Siempre hay algo positivo
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