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Blog: Karmenka desde los Polos

  • Nos dirigimos a la Patagonia Argentina

    Un par de días muy ajetreados en Punta Arenas, pero todo conseguido. Dejamos cerrada nuestra logística para cruzar a la Antártida el 1 de diciembre con un Hércules C-130 de Brasil. Parte del material que tenemos que llevar allí -casi 100 kilitos- se encarga el INACH (Instituto Antártico Chileno) de transportárnoslo hasta la Antártida con su carga durante la próxima semana en unos vuelos de la FACH (Fuerza Aérea Chilena). El resto de material, casi 150 kilos más, los tenemos ya en la Antártida, en una de las Bases, donde nos los dejan recogidos año tras año para no tener que andar moviendo tanto peso cada campaña.

    Y ahora, nos ponemos rumbo a la Patagonia Argentina con un 4x4. ¿Os venís con nosotros? ¡Va a ser genial! ¡Ya lo veréis!

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  • Viaje tan breve y fugaz como hermoso… propio de los sueños

    Efectivamente amanece un día fantástico en la Antártida. El cielo completamente despejado, ni una sola nube. Debido a su proximidad con el estrecho del Drake, es una zona tremendamente complicada para la meteorología y es muy extraño poder observar el cielo completamente azul. De hecho, creo, que con todas las campañas antárticas que tengo en verano, es la primera vez que lo veo así de luminoso.



    Tras el desayuno, me preparo para salir al exterior y poder hacer unas cuantas fotografías del entorno en estas condiciones. A pesar del sol seguimos con temperaturas bajas de -12ºC, pero la ventaja es que el viento apenas llega a los 15 nudos, y por tanto no nos hace descender exageradamente la sensación térmica.

    Roberto, el Capitán de Fildes, me informa que el Hércules C-130 chileno ha salido de Punta Arenas y viene hacia acá. Ha confirmado también que estoy considerada como pasajera para regresar a Punta Arenas, y me indica que me solicitan estar a las 10:40 en el aeropuerto. Sonrío, al final parece que todo va a salir bien.



    Todavía con algo de penumbra abandono Fildes, quiero subir alguna colina próxima para tener unas buenas vistas de la zona y poder hacer alguna foto bonita, cuando salga el sol e ilumine la zona. No tengo mucho tiempo al solicitarme estar tan pronto en el aeropuerto. ¡Vaya, podían haber esperado un poco…!

    Debo llevar la cámara envuelta y protegida del frío, para que me permita trabajar con ella. La mantengo además próxima a mi cuerpo para pasarle algo de mi calor corporal. A pesar de los cuidados, tengo que tener precaución cada vez que la saco al exterior, pues no aguanta mucho tiempo a la intemperie.



    Ando ligera, a medio carrera en las zonas que el hielo me lo permite. La nieve está helada de la noche y es muy fácil resbalar. ¡Qué maravilla de paisajes! Poco a poco voy ganando altura y sorprendiéndome a mí misma de lo espectacular de este día. El sol va saliendo poco a poco y las luces, según cobran intensidad, cambian por completo el entorno.

    Tengo una magnífica vista panorámica de la Base Rusa Bellingshausen y las chilenas Frei y Fildes al fondo. La bahía que en verano sostiene tanta vida, ahora tiene helada ya una buena parte. La barcaza de los rusos “Anderma”, en la costa, marca muy bien el inicio de lo que era antes agua… Ahora, todo hielo.

    El sol, debido a la latitud elevada y la época invernal en la que estamos, hace su recorrido muy cerca del horizonte. Sí, tenemos la desventaja de las pocas horas de luz, pero al mismo tiempo cuando -como hoy amanece un día así de despejado- la luz es muy hermosa. Al ser tan rasante, parece cubrir todo con un baño de oro líquido. Voy haciendo alguna fotografía, recogiendo la cámara de vez en cuando para protegerla del frío, esperando a que siga ascendiendo un poco el sol y me cambie las luces del paisaje y volviéndola a sacar con cuidado, para continuar captando con las imágenes la maravilla que tengo ante mí.



    En estos ratos de espera, me dedico a contemplar el paisaje que me rodea. Tras haber conocido la dura ventisca de estos días pasados, me quedo realmente absorta del fabuloso día de hoy. Mi mente desconecta por un momento de la realidad y tengo la sensación de estar viajando por el espacio, llegando a un lugar hermoso, de esos que sólo existen en los sueños, e impregnándome de una luz dorada, limpia, pura, que me llena de una energía tremendamente positiva. Despierto de mi sueño… ¡no, no era un sueño! Esta vez ha sido todo real. Me encuentro tremendamente feliz y soy consciente de lo afortunada que he sido. Han tardado meses en tener este día aquí en la Antártida, y yo he tenido la suerte de vivirlo en mi viaje tan efímero a la zona. Tremendamente afortunada. Respiro profundamente, me lleno de nuevo de la belleza del entorno y otra vez una inmensa sensación de paz y armonía se instala en mi interior. Sé que será un recuerdo imborrable en mi vida.



    Es hora de regresar a Fildes. Una vez allí recojo mi mochila -que ya había dejado preparada- me despido de la gente de la dotación y Roberto me sube en moto al aeropuerto. El Hércules todavía no ha llegado, pero en la normativa de FACH nos exigen siempre estar antes de su aterrizaje, si vamos a tomar el avión. No pierdo el tiempo, como la zona del aeropuerto es también una parte elevada, continúo con mis fotos. El sol sigue subiendo y las luces cobrando intensidad.



    Consigo fotografiar la entrada del Hércules y continua la espera mientras proceden a la descarga de todo lo que traen y cargan lo que sacan de estas tierras antárticas. Son las 13:30 cuando me piden subir al avión. Por seguridad y aunque el día está con visibilidad, parten antes de que se meta la noche en la zona. Me despido de Roberto y me siento torpe con las palabras para poder expresarle el agradecimiento por todo el apoyo que me han brindado. Hay acontecimientos en la vida para los que no hemos sido capaces de crear el lenguaje adecuado…



    En el Hércules -sentada en esas redes rojas- mi cuerpo viaja a Punta Arenas mientras mi mente recorre una y otra vez las odiseas, aventuras, peripecias, incidentes y anécdotas de los últimos días. Es increíble que un viaje tan corto me deje completamente llena de vivencias de tanta intensidad.

    De repente una tremenda sacudida me vuelve a la realidad. Estamos aterrizando en Punta Arenas bajo condiciones muy fuertes de viento. Al levantarme, un par de chilenos que tenía sentados frente a mí y que regresan también a esta capital austral, me dicen: “Pareces la felicidad personificada. Durante todo el viaje tu cara reflejaba una inmensa alegría”. Sonrío, “no puede ser de otra manera, fue un viaje tan breve y fugaz como hermoso”.

    • Viaje tan breve y fugaz como hermoso… propio de los sueños
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  • A la tercera va la vencida. Pisando el Continente Blanco

    De nuevo tengo que estar en el aeropuerto de las FACH (Fuerzas Aéreas Chilenas), a las 7:00 toca hoy. A esas horas apenas hay tráfico y llego unos 10 minutos antes. Tras la parada en las barreras iniciales para el control de los que entramos, el taxi recorre todo lo largo de este recinto militar. A estas horas todavía tenemos noche cerrada y no hay ni una sola luz encendida en todo el lugar, de manera que cuando el taxi me deja al fondo, junto a la pista de aviación, quedo en completa oscuridad.

    Saco mi luz frontal y me la coloco en la cabeza, por lo menos para que me vean. Subo mi capucha para protegerme un poco, ha habido una fuerte helada y se nota el ambiente fresco. Allí en medio de la oscuridad, sola, mirando hacia el Hércules -que está en la pista y donde se ve movimiento de carga y alguna lucecita parcial- mi mente se abstrae y comienza a cuestionarse preguntas que sólo al finalizar el día tendrán su respuesta adecuada. ¿Saldremos hoy finalmente o tendré que regresar a la ciudad y descartar definitivamente mi viaje a la Antártida? ¿Cómo estarán las condiciones meteorológicas allá? ¿Me permitirán poder hacer mi vaciado de datos de las sondas instaladas el pasado verano junto al glaciar y poder regresar en el mismo avión a Punta Arenas?

    Aunque parece que quedan pendientes dos viajes más a la Antártida en los próximos días -antes de que el Hércules C130 regrese a Santiago- quiero poder regresar en el mismo vuelo. No me gustaría arriesgarme a tener que invernar en el Continente Blanco. No es que no me agrade la idea, es que mi trabajo en España me espera. El avión ha estado en Punta Arenas una semana y sólo ha podido realizar un vuelo… si la meteorología empeora, podrían cancelar los últimos cruces. Adolfo me advirtió y recordó este riesgo antes de salir. “Hazlo rápido y regresa en el mismo cruce” me insistió al despedirme en Punta Arenas.

    Ensimismada en mis pensamientos, unos focos intensos me alumbran. Llegan los otros tres pasajeros chilenos que intentan realizar el mismo vuelo que yo, acompañados de un militar que abre la última nave, enciende alguna luz allí dentro y nos invita a pasar mientras nos avisan para embarcar.

    A las 7:40 nos vienen a buscar para entrar en el Hércules. Nos atamos en una especie de redes rojas que tienen extendidas a modo de asientos, nos abrigamos… ya que la temperatura en el interior es fresquita, y nos vamos habituando al fuerte ruido de los motores que nos acompañará durante el viaje.

    Por fin a las 8:00 despegamos. Durante el recorrido mi mente…, digamos que sueña despierta, tratando de imaginar como será en invierno esta zona antártica que tan bien conozco en la estación estival. Me hace una tremenda ilusión este viaje tan fugaz.



    A las 11:00 aterrizamos, salgo del avión, ¡guaaauuuu!... ¡qué bonito está todo! Las zonas descubiertas de hielo donde éste se ha ido retirando, están ahora cubiertas de nieve y además casi helada. Comienzo a hacer algunas fotos del entorno, está divino. Mis manos desnudas aguantan poco a la intemperie. La temperatura debe estar baja, calculo que en torno a los -11ºC, lo que acompañada del fuerte viento hará que tengamos una baja sensación térmica. Guardo mi cámara y me protejo con los guantes mientras avanzo hacia las naves que se utiliza de lugar de llegada.



    Allí me encuentro con el personal de la Armada, de la Estación Marítima Bahía Fildes, que han venido a esperarme con las motos. Roberto, el Capitán, acompañado del Segundo, Alfonso. Una tremenda alegría volver a verlos de nuevo. Me han ofrecido apoyo logístico para esta operación si lograba cruzar a la Antártida. ¡Qué buena gente son y qué profesionales! ¿Recordáis nuestra reciente expedición a este lugar el pasado verano austral? Fue este grupo de la Armada en Bahía Fildes quienes nos brindaron apoyo continuamente en todas las necesidades que tuvimos. ¡Inolvidables!



    Ahora, ¡manos a la obra! Las condiciones meteorológicas son durillas, está nevando algo y el viento es fuerte, pero tenemos unas horas antes de que empeore según la predicción meteorológica. El cambio se espera para las 17:00, y la noche aquí entra a las 15:00, de manera que será la falta de luz la marque el rasero para que el avión despegue. Puede ser quizás hacia las 14:00. A ver si todo se da bien y estoy de regreso a tiempo para poder embarcarme de nuevo en el Hércules y regresar hoy mismo a Punta Arenas.

     
    • A la tercera va la vencida. Pisando el Continente Blanco
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