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Blog: Karmenka desde los Polos

  • El alma de Los Jarales

    Querer describiros con detalle la jornada que viví en el Centro Rural Agrupado Los Jarales -que abarca las localidades de San Miguel de Valero, San Esteban de la Sierra y Valero en la provincia de Salamanca- es imposible. Cualquier escrito no reflejará jamás lo allí vivido. He pensado mucho qué podía hacer para compartir con vosotros la magia que nos envolvió y creo que de esta manera elegida vais a poder percibir algo. Os dejo en imágenes una galería de fotos de las distintas actividades realizadas y en este texto os las describo un poco. 

    Comienza un fantástico recibimiento en el patio del colegio de San Miguel de Valero, donde se juntaron los pequeños entre 3 y 11 años de los diferentes pueblos con los profesores que los acompañaban. Todos a mi alrededor me regalan un abrazo gigantesco e inolvidable. Emotiva bienvenida, mis lágrimas tuvieron vía libre, no pude hacer nada para retenerlas. Me habían pillado por sorpresa… 

    Una primera proyección con el ordenador en la que los llevo conmigo a explorar el interior de un glaciar. Equipados con sus cascos y equipos de verticales -la imaginación en los pequeños es fantástica, no me costó nada vestirlos así-, entramos en los conductos que se generan en el interior del hielo azul. Hicieron una fantástica exploración llena de aventuras, nos mojamos con el agua que nos caía a 0ºC de las cascadas de ese hielo que se funde, clavábamos con fuerza nuestros crampones en el hielo, descendimos por los pozos del glaciar hasta que el más pequeño de ellos no cabía por los conductos que se iban haciendo cada vez más angostos… y al final, salimos todos a la superficie otra vez, dejando ese hermoso color azul del interior de los glaciares allá abajo. 

    En el cole tienen la bandera de la paz, en la que cada visitante que puede añade esa palabra en un idioma diferente. De los que yo algo controlo y en los que no la tenían todavía escrita, fue en ruso y en holandés. Así que las incorporé en la bandera, les hablé del alfabeto cirílico para el ruso, y aprendieron a pronunciarla en esos dos idiomas. Una vez más, se dan cuenta que lo de hablar varios idiomas es fundamental. 

    Me acompañó una mochila mágica, de la que empecé a sacar algunas cosillas polares de la vestimenta que allí empleo, así como algunos minerales de aquellas zonas. Pudieron tocar todo aquello e incluso probar para ver cómo les quedaba, tanto los pequeños como los grandes… 

    El sol brillaba en el cielo con fuerza y nos acompañó durante la excursión a la cantera, que es un batolito de granito de los muchos que afloran en esa zona. Allí, sentados en una lona multicolor que contagia alegría, continuaron los pequeños resolviendo sus dudas, preguntas y curiosidades. 

    Y después… construimos entre todos un hito. Cada uno colocó su piedra. Bonito símbolo, el hito, esa señal permanente que permite indicar una dirección, que ayuda a marcar el rumbo en la montaña. A ese hito lo bautizaron como Karmenka. Otro momento emotivo…

    Regresamos al cole y cada uno de ellos me hace un dibujo, escribe mi nombre en él y me lo firma. Terminamos reunidos otra vez en un coro en el patio, tal y como empezamos la jornada. Ahora cada pequeño me iba dando las gracias… y como no puede ser de otra manera, yo a ellos también. 

    Os imagináis que a lo largo de la jornada la cercanía con los jóvenes expedicionarios fue tremenda y la cantidad de anécdotas vividas ha sido increíble. Yo llevé una mochila llena de objetos para enseñarles, pero me vine con una mochila llena del alma de Los Jarales. 

    ¡¡Millón de gracias!! Y no os olvidéis nunca de los “deberes” que os puse… 

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  • Cuando los vientos empiezan a cambiar

    Describo uno de esos momentos en los que sientes que estás ante un obstáculo infranqueable. Te has entregado en cuerpo y alma para intentar conseguir un sueño, y no sabes qué pasa al final, cuando ya casi está… ¿por qué el último tramo se presenta imposible?

    Has hecho todo lo humano y podría decir que casi, hasta con ciertos matices inhumanos. Esfuerzo y pasión a raudales… y paciencia, mucha paciencia. Entendiendo que no es esa paciencia de aguantarse, sino de adaptarse al ritmo natural del proceso. Esos han sido los bártulos que llevabas en la mochila durante todo el tiempo.  

    A lo largo de este camino te has encontrado con una lista innumerable de obstáculos. Has aprendido a verlos como desafíos que te han ayudado a crecer, a evolucionar, a confiar en tus capacidades.

    ¿Por qué este final tan empinado? Yo creía que alcanzaba ya la cumbre y sin embargo la cima se hace inconquistable. Surge una frustración que te hace creer que esa meta se va alejando conforme te has ido acercando a ella. Llegas ya extenuado al último tramo y estás a una milésima de tirar la toalla.

    Hasta aquí está claro el proceso, a partir de este momento no lo entiendo. Hay algo dentro de ti que te ayuda a cambiar esa frustración inicial por un “seguir creyendo en tus posibilidades”. ¿Por qué y cómo? No lo sé.

    Y entonces algo mágico ocurre, de la noche a la mañana los vientos empiezan a cambiar y poco a poco los vas teniendo favorables. De repente visualizas tu sueño hecho realidad, lo visualizas de verdad, y una tremenda confianza surge en tu interior. Ahora sabes con toda seguridad que lo vas a lograr.

    Esta última parte no sé porqué ocurre, pero es así. Mi experiencia -a lo más que ha llegado- es a percibir que si eres capaz de visualizarlo en tu mente y de sentirlo en tu corazón, tu fuerza es imparable.

    Termino con una frase de Patrick Overton: “Cuando te asomes a los límites de lo que te parece posible y tengas que dar un paso en la oscuridad de lo desconocido, ten fe en que dos cosas pueden ocurrir. O encuentras algo sólido en lo que apoyarte o se te enseñará a volar”.

    • Cuando los vientos empiezan a cambiar

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  • Fortaleza y confianza dentro de uno mismo

    Os dejo una de esas reflexiones que se hacen evidentes en mi mente de vez en cuando, y se pueden aplicar a muchas facetas de la vida:

    Ante la incertidumbre y los cambios, no tenemos por qué vivir asustados, ya que dentro de nosotros existe todo lo que se necesita para ser feliz.

    Me gusta esta frase de Anna Freud: “Siempre busqué fuera de mí la fortaleza y la confianza que necesitaba, hasta que comprendí que siempre habían estado en mi interior.”

    El futuro no nos lo encontramos definido, lo creamos nosotros. Así que pongámonos siempre, manos a la obra.

    • Fortaleza y confianza dentro de uno mismo

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  • Inolvidable regalo en la conferencia de La Zubia en Granada

    Como siempre, escribo porque siento algo dentro de mí que me empuja a hacerlo. Es una necesidad de expresar con palabras los sentimientos que rondan mi mente. Y como siempre, este artículo va para todos los que queráis leerlo, pero en especial os lo dedico con mucho cariño a vosotros, los que me habéis acompañado en la inolvidable conferencia de La Zubia en Granada, inaugurando esas jornadas tan especiales sobre “Mujer y Medio Ambiente”.

    La charla y lo que allí conté, no lo voy a escribir ahora. No, no se trata de eso. Ni siquiera de describir cómo fue, ni qué pasó, pues todo eso lo vivimos juntos. Quiero simplemente compartir con vosotros las sensaciones tan hermosas que me habéis regalado.

    Desde el minuto uno sentí una conexión especial con vosotros. Me fijaba en vuestras caras, percibía que lo que contaba os llegaba, os gustaba. Viajasteis conmigo durante la hora que duró la conferencia, sin rechistar aguantéis el frío glaciar, os maravillasteis de la belleza de las zonas polares, quedasteis hechizados con ese azul indescriptible del hielo en el interior de los glaciares, percibía vuestros ánimos cuando os hablaba de los momentos duros, fuisteis testigos de cómo hay que perseguir los sueños que cada uno tiene, de hacerlos realidad. En ese viaje que realizamos juntos, sentí un fluir de energía en el ambiente que es muy difícil de describir. Soy consciente de que el resultado fue hermoso, y lo conseguimos juntos: todos vosotros y yo.

    Vuestro aplauso infinito en la forma y en tiempo, me acarició el alma… No sabéis de qué manera, no os imagináis qué esfuerzo para contener las consecuencias de la emoción que me invadía y poder tener voz para despedirme. Vuestra apreciación que me repetíais unos y otros al finalizar, se ha quedado grabada en mi interior: “Es un paquete completo de conferencia: ciencia, aventura, deporte, investigación, exploración, filosofía de la vida, torrente de valores personales… y además humilde, risueña y con una gran capacidad de transmitir”. Yo, que soy consciente de ser un diminuto personajillo, me sentí súper halagada por todo eso que percibisteis.

    Al día siguiente, haciendo el viaje de regreso en las diferentes combinaciones de autobús, tren y autobús, tuve tiempo de continuar asimilando lo vivido. A modo de metáfora para poder expresarme más fácilmente, os diré que mi impresión es la de haberme sumergido en las aguas de un mar especial, de ser mecida plácidamente por las olas y relajada por torrentes de burbujas generadas al deshacerse esas olas.

    Pero no solo eso. Soy consciente de que en mi interior ha quedado guardada una especie de luz concentrada sanadora, que sé que la podré utilizar como bálsamo en esos momentos complicados, en esas ocasiones que tan difíciles son de superar y en las que llegas a pensar incluso en tirar la toalla. Lo sé. Me habéis entregado una esencia concentrada colmada de energía para cuando sea necesario aliviar, consolar y calmar.

    Imposible agradeceros ese regalo tan especial. Os debo una… Tendré que volver…

    Para los que no estuvisteis os dejo unas fotos con las que podéis tener unas pocas pinceladas del cuadro. Aparecen en ellas también dos personas claves que hicieron esto posible: Ana y Jaime. Este último es el presidente de la Asociación cultural y deportiva “Al borde de lo inconcebible”. Enhorabuena amigos, mantener una asociación tan viva y activa durante tanto tiempo, no es fácil. ¡¡A seguir adelante!!

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  • La magia de ser siempre niño

    Me he inspirado para escribir este artículo, en las sensaciones que me llegan de muchas personas adultas. Son como grises. No se conforman con lo que tienen en ningún momento. Siempre buscan más, pero buceando y adentrándose en el mundo material. A los demás los ven siempre como sus enemigos y jamás como sus compañeros. De esta manera nunca son felices. 

    Por otro lado, el número de gente deprimida en la actualidad sigue aumentando de manera vertiginosa. Estamos en un mundo alocado que se mueve a toda velocidad y no deja tiempo para pararnos y analizar y observar y reflexionar y meditar. Aunque en realidad no es el mundo el que “no deja tiempo”, somos muchas veces los humanos quienes no queremos hacer esas paradas. En medio de esa vorágine que no me apetece describir más porque es demasiado triste, siento que esos individuos grises han olvidado a su niño interior, lo han dejado prisionero.

    Detengámonos un poco. Contemplemos a los niños. Su sonrisa ilumina de continuo su cara porque sienten la alegría de vivir. Están envueltos en una cándida inocencia. Tienen una imaginación que es su mejor entretenimiento. Están continuamente explorando y no pierden el tiempo juzgando. Si los adultos grises observasen más a estos pequeños, se darían cuenta de que lo que han perdido en el camino es justamente ese niño interior, que debería ser su compañero inseparable durante toda la vida. Si lo mantuvieran a su lado, desaparecerían tantos desánimos…

    Los niños nos recuerdan que explorar, reír, ser alegres y escuchar, son los secretos para superarnos. Estos pequeños nos invitan a confiar porque su ilusión es fruto de que perciben que lo mejor está aún por llegar. Decía el escritor Víctor Hugo: “Seamos por un instante como ese pajarito, subido a su pequeña y frágil ramita mientras canta. Aunque siente que su rama se dobla y puede llegar a quebrarse, sigue cantando porque en el fondo sabe que tiene alas y puede volar”.

    Pensemos en grande, busquemos nuestros sueños, lancemos el corazón bien alto para que sea nuestra brújula marcándonos siempre el rumbo a través de la pasión, la confianza y el entusiasmo. De esta manera tendremos fuerzas para saltar al vacío, con una clara estrategia del camino a seguir, actuando en pequeño, con metas cortas, de paso en paso, pero sin abandonar jamás.

    En pocas palabras: La magia de ser siempre niño. Asombrarse e ilusionarse con las cosas. Creer lo increíble...

    • La magia de ser siempre niño

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  • Lo imposible no existe

    Un momento en el tiempo pero una aventura inmensa en la mente. Eso es lo que guarda el instante de la fotografía de este artículo. Os cuento y me entendéis.

    En las diferentes facetas de la rehabilitación del velero a lo largo de estos cuatro años, han pasado una gran variedad de sensaciones por mi interior. Una de ellas la recoge esta imagen. Era ya historia la etapa del lijado completo del velero, del desarme de todo el interior y exterior, de los trabajos de fibra, del pintado del exterior, de la fontanería y alguna cosilla más. Me enfrentaba a la etapa de la carpintería de ribera. Lo mismo que con todos los oficios anteriores, no tenía ni la más mínima idea.

    Sentada en la bañera del velero -protegido con telas para no estropear su reluciente pintura nueva-, subo los primeros listones de madera que había encargado, ya de diferentes tamaños según a lo que pensaba destinarlos. Así sentada, saco esta fotografía, observándolos de frente y preguntándome “¿y ahora qué?, ¿puedo con esto?”. En aquel momento no sabía que esta imagen, un año después, me movería tantas cosas por dentro.

    Lo que os describo ahora no solo me ocurrió esta vez y no solo aquí en el barco, es una constante a lo largo de mi vida. No exclusivamente de adulta, ya desde niña me han acompañado estos retos que sin ser del todo consciente de ello, me autoimpongo. Ahora he comprendido que al actuar así desde pequeña, sin saberlo entonces, me he ido entrenando. Son esas circunstancias en las que afrontas retos que “parecen” imposibles.

    Según voy evolucionando y aprendiendo en la vida, cada vez estoy más convencida de que “lo imposible se puede hacer posible”. ¿Cómo? Es algo que tenemos dentro de nosotros. Un pensar y convencernos de que en realidad es posible, de que lo vamos a conseguir. Un visionarlo con todo detalle.

    Muchas veces son nuestros propios pensamientos y creencias los que nos limitan. En ese momento de la fotografía que ahora recuerdo con tranquilidad, me invadió un torrente de sentimientos de incapacidad, impotencia y desesperanza. Como mi sentir es tan intenso, me emocioné profundamente. ¡No pasa nada! Soy así y me conozco. También era consciente de que tenía que ser capaz de enfrentarme a esos sentimientos. Mi válvula de escape en situaciones así, es dejarlo todo e irme a hacer deporte. Darme una buena paliza de ejercicio físico, y si puede ser en plena naturaleza, los efectos benéficos que ello produce en mí se duplican.

    En esa ocasión de mi inicio con los trabajos de carpintería en el velero, al regresar “fresca” mentalmente de mi carrera y nado por la playa, volví a sentarme en el mismo lugar frente a la madera y la pregunta ya no fue: “¿Puedo con esto?”, sino: “¿Cómo puedo con esto?”.

    Es en esos momentos cuando se valora la efectividad de una fortaleza mental y emocional. Recordad que un ganador es un perdedor que jamás se dio por vencido. Lo primero que hay que hacer es convertir lo imposible en improbable y después lo improbable en posible. Todo ello sin perder ni la ilusión ni la confianza en uno mismo, y creyendo en nuestras propias posibilidades.

    ¡Claro! Después de esta historia, os apetecerá saber qué fue de esas maderas y otras muchas que fueron llegando a lo largo de un año… Pero el resultado os lo enseñaré, cuando ya en breve, os desvele el velero en su totalidad. ¡Creedme!, merecen la pena la paciencia y la espera…

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  • ¿Queréis acompañar a mi mente en el río?

    Concentración. Primero que el río no me lleve. Precaución en los puntos donde la corriente empuja más y la profundidad es mayor. Las piernas siempre en tensión aguantando la fuerza del agua y los golpetazos de las piedras que arrastra en tantas ocasiones. El agua está más bien “fresquilla”, no llega a los 0ºC, pero no sube por encima de 1ºC. Viene directamente del glaciar, es ese hielo que se está fundiendo.

    El equipo para realizar estos aforos (mediciones de caudal instantáneo en los ríos) es muy delicado. Hay que trabajar muy fino con él. Es de mucha precisión. Hélice, cuentavueltas electrónico, sujeción correcta de la varilla, altura adecuada del punto de medición... Cuando la profundidad es grande, mantener la orientación correcta de la hélice es tarea complicada. La fuerza del agua es impresionante.

    Al principio las manos trabajan decentemente, pero según se van quedando frías, se incrementa la incomodidad para sujetar con fuerza y realizar correctas las mediciones. Mantente en esa posición, sin mover un solo músculo durante un minuto mientras la hélice gira según la velocidad del agua y el cuentavueltas hace eso: “contar las vueltas”. Repite medición para comprobar que no hay error en la medida. Avanza 30, 40 ó 50 centímetros -según sea la anchura del río-, con cuidado de que el agua no te envuelva en su cauce. Vuelve a prepararte para otra medición. Primero mide profundidad y después acorde con ella, recoloca la hélice en la varilla. Vuelve a contar vueltas de la hélice girando según velocidad… Y así, hasta alcanzar la otra orilla. Suelen ser unos 45-60 minutos en total, lo que dura uno de estos aforos en el río.

    No sé cuándo, pero llega un momento en que el frío ya se ha apoderado de ti, por fuera y por dentro. Y con ello la fatiga muscular. Eres consciente de que tienes que dejar la mente alejada de esa sensación y concentrarte en la medición. No puede haber error. Es como un entrenamiento. Las primeras veces me costaba más. Después le fui “cogiendo el truco”. Aún así, en ocasiones es difícil. La mente te quiere traicionar. Tremendamente caprichosa, la muy pilla aprovecha esos momentos para preguntarte: “¿Por qué estás haciendo esto?”; “Y si en lugar de estar aquí congelada estuvieras tumbada, relajada, leyendo, al calorcito…”; “Piensa que además tienes que autofinanciar el proyecto en muchas ocasiones”; “¿Y tú crees que la gente valora este trabajo?”; “¿Servirá para algo tanto esfuerzo?”; “Si la sociedad parece haber perdido el rumbo, tú no puedes hacer nada”...

    ¡¡¡Puf!!! Llegados a ese punto, te das cuenta de que el cuerpo está temblando de frío. ¡¡Calma, calma!! Concentración. Lo que importa ahora son las medidas. Fuera pensamientos. No les prestas atención. Los dejas ir, como si observases a un tren con sus vagones pasar delante de ti. Abstracción de esos razonamientos. Toca centrarse en el trabajo. Comienzas a mover los músculos interiormente para generar calor. Descubres con agrado que estás venciendo al tembleque y poco a poco se va esfumando. Te sumerges en tu tarea.

    Y así con paciencia resistes los 45-60 minutos del aforo… Es un triunfo alcanzar la otra orilla. ¡Bravo! Salgo del agua. ¡Conseguido! Una infusión caliente del termo, una caminata, unos saltos… hay que quitar el frío. Y ahora, ¿cuándo tocará medir otra vez? No se sabe, hay que estar pendiente del río, de las variaciones de su nivel. Él es el jefe para esta labor. Puede ser dentro de cinco horas, de diez o al día siguiente. Lo único seguro es que habrá que volver…

    Si por las condiciones meteorológicas existentes, el frío que se agarró a tu cuerpo no te abandona fácilmente, lo mejor es después de tomar algo caliente y moverte un poco, meterte en el saco dentro de la tienda de campaña. Viviendo a la intemperie es la opción más acertada. Si además coges un poco el sueño y duermes unos minutos, cuando abres los ojos y contemplas encima el techo de la tienda de campaña y a tu alrededor el saco, tu cara se ilumina con una sincera sonrisa, te llenas de un exquisito confort y te sientes tremendamente afortunada. ¡¡Ya estoy lista para volver al río!!

    • Karmenka aforando en el río glaciar

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  • Aquí y Ahora

    No pienses en las cosas que fueron y pasaron.

    Pensar en lo que fue, es añoranza inútil.

    Pensar en el futuro, es impaciencia vana.

    El lugar el AQUÍ

    El tiempo el AHORA

    AHORA y AQUÍ

    AQUÍ y AHORA

    • Aquí y Ahora

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  • 18/12/2017

    - sueño , ilusión , velero

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    El secreto del éxito

    Era agosto cuando os escribía el último artículo en el blog. Lo hice desde mi “astillero particular” creado en torno al velero que lleva parte de mi alma. Me faltaba muy poco ya para terminarlo y echarlo por fin al agua, tras cuatro años de trabajos intermitentes durante los fines de semana. Confiaba en que a principios de septiembre el velerito saborearía las aguas del Cantábrico y yo me llenaría de sensaciones inolvidables.

    No pudo ser, no me dio tiempo a terminarlo para entonces. Abriéndoos mi corazón os confieso que la desilusión me hizo una visita. Tenía tantas ganas ya… que lo veía en el agua, lo imaginaba surcando los mares, me imaginaba en la bañera del velero con la caña en la mano, oteando el horizonte y manejando el timón. ¡Qué ilusiones!, ¿verdad? Como una niña pequeña llena de ingenuidad…

    A partir de aquel momento se sucedieron las semanas, una tras otra, sin respiro alguno, ni siquiera para un ratito de sosiego y quietud conmigo misma. Los cuatro meses de septiembre a diciembre, vinieron y pasaron en un abrir y cerrar de ojos. Desbordada de trabajo y quehaceres, no pude dedicar ni cinco minutos a mi velerito. Según avanzaban los meses, mi sensaciones fueron variadas. De una primera etapa en la que creía que iba a poder volver a retomar los trabajos en breve, a una segunda en la que lo percibía lejos, como si fuera una historia de otra vida o se hubiera tratado de un sueño que finalizó de golpe al despertarme. Se sucedió una tercera etapa en la llegué a sentir que lo tenía abandonado… Y ahora estoy en la cuarta, más gratificante que las anteriores. Voy a poder retomar el trabajo en las vacaciones de Navidad.

    En estos momentos estoy como en una cuenta atrás antes de lanzarme con fuerza a una carrera, y al mismo tiempo como una pequeña aprendiendo a restar con los dedos de las manos y esperando con una ilusión desbordante lo que anhela con toda su inocencia. Y yendo un poco más allá en la imaginación, sumergiéndome en la grandeza del Cosmos, del Universo, el velero parece representar una Nebulosa, brillante por esos gases y polvo estelar que la forman y con esa fantástica apariencia que nos encandila irremediablemente. Con su capacidad de generar nuevas estrellas… nuevas aventuras, proyectemos a la Tierra…

    Y en medio de tal amalgama de recuerdos y sensaciones, con este final -que en realidad es un inicio- cercano en potencia, y liberándome de la vorágine del mundo en estas semanas navideñas, me evocan un par de reflexiones que aquí os las dejo por si os aportan algo, igual que lo hacen habitualmente conmigo:

    “Los grandes logros requieren grandes riesgos”.

    “El éxito es la capacidad de ir de fracaso en fracaso sin perder entusiasmo”.

    • El secreto del éxito

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  • El velero que lleva parte de mi alma

    ¿Quién lo iba a decir? Aquí, en medio de lo que yo llamo civilización, me encuentro en plena expedición. Rodeada de gente en un entrono próximo, pero aislada en realidad; preparando comidas básicas de subsistencia; apañándome para las necesidad básicas de higiene o limpieza de utensilios de cocina y ropa, con algún río cuando de la sal del agua del mar ya estoy saturada. Pero todas esas tareas primordiales son sencillas, rápidas y reducidas al mínimo, lo justo para poder sacar adelante el objetivo fundamental: terminar el velero en este verano. Aquí en medio de la civilización, me siento felizmente aislada y concentrada en mi meta.

    Ultimísimos trabajos de astillero. Queda muy poco para terminar esta tarea que comencé hace casi cuatro años. Durante los fines de semana y las vacaciones. En Asturias, viniendo cada vez desde Salamanca. Restauración de un velero que prácticamente ha sido construirlo de nuevo, aprovechando el cascarón e incluso teniendo que realizar importantes reparaciones en el casco. ¿Misión imposible? Con esas pinceladas, así lo parece.

    Pero si además añadimos unos toques de perseverancia, tesón y paciencia, entonces el cuadro que vislumbramos es hermoso, único, inolvidable y… algo más. Es un sueño que está a punto de inmiscuirse en la realidad. Mejor dicho, el inicio de un sueño del que asoma solamente la puntita, como si se tratara de un iceberg flotando en el mar… El sueño completo o el eslabón siguiente en esa cadena entretejida de ilusiones necesita de este velero en libertad.

    Me resulta muy difícil describir las sensaciones que tengo en estas semanas. Es un periodo que jamás volverá porque ese tránsito del mundo de los sueños al mundo real, solo ocurrirá una vez. Será hermoso después tenerlo en el mundo real y poder seguir maquinando otros sueños a partir de éste. Pero ahora, el presente es una etapa mágica que resplandece con fuerza y hay que disfrutarla, saborearla, abstraerse de cualquier problema y vivirla a tope. Es un periodo de emocionarse día tras día, pensamiento tras pensamiento, logro tras logro, reto tras reto. Es muy intenso el sentir. Muy profundo. Cada sensación parece tatuar con fuerza mi alma. Un tatuaje que no se borrará jamás. Es una huella de identidad.

    Estos días que comparto ya con el velero no solo las horas de trabajo, sino la jornada completa de las 24 horas, aunque sea en tierra todavía, estamos creando una integración perfecta. Para vivir las aventuras que en la mar vamos a realizar juntos, tenemos que estar compenetrados. Superando las pruebas y dificultades que a modo de torrente continuo han ido apareciendo a lo largo de los cuatro años en esta etapa de astillero, he sido consciente de que el velero se ha quedado con parte de mi alma. Lo percibo, lo siento con toda claridad. Se la he identificado… Ahora, son esos retoques finales en este compartir que harán, que en breve, seamos una única esencia surcando la inmensidad de las aguas del Cantábrico en primer lugar. Alcanzaremos esa libertad tan ansiada. Compartiendo el alma es más fácil, es más coherente, es más hermoso ese tránsito del sueño a la realidad.    

    • Cocina del velero

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