Últimos comentarios

Selecciona una categoría:

Blog: Karmenka desde los Polos

  • Rachas de viento de 113 km por hora azotan nuestro campamento

    La predicción meteorológica ya lo alertaba, de manera que no nos pilló de sorpresa. Se anunciaban vientos fortísimos con rachas que alcanzarían los 60 nudos. Efectivamente llegamos a tener 61, es decir 113 kilómetros por hora. Es casi imposible andar sin tambalearse y tienes que buscar con tu cuerpo la inclinación adecuada par no caer. Hasta ahí todo va bien. Pero temíamos por el campamento, por las tiendas de campaña. Esa era nuestra verdadera preocupación.

    Empezó a soplar y soplar y cada vez con más intensidad. Cuando nos quisimos dar cuenta, estábamos envueltos en plena tormenta. Las tiendas comenzaban a sentir los efectos del viento tan intenso y de las rachas tan tremendas. Seguíamos asegurándolas por precaución. En primer lugar revisamos todos los tensores y añadimos piedras pesadas en los faldones por toda la parte de abajo, tratando de evitar así que el viento se cuele por debajo y nos las arranque.

    Prácticamente todo el día estamos en torno a las tiendas, controlándolas y evitando quedarnos sin ellas. Llega la hora de dormir, a pesar de retrasarla evitando así bajar la guardia. Pero el cansancio va haciendo huella y apetece también meterse en el saco de dormir y sacudirse el frío de encima. Porque aunque tengamos temperaturas cálidas pues es verano y estamos en la periferia antártica, el fuerte viento nos baja la sensación térmica considerablemente.

    Fijaros, os dejo esta tabla que relaciona la temperatura ambiente y la velocidad del viento, obteniendo la sensación térmica que es -como su nombre indica- la temperatura que se siente. Os decía que ahora hace calor, tenemos entre -3ºC y 0ºC, pero observad en esa tabla que sólo viene tabulado hasta los 64 kilómetros por hora de velocidad de viento. Os podéis imaginar las duras condiciones que teníamos.

    Tras estar todo el día aquí pegados al campamento, casi sin movernos para estar pendientes de que no se nos vuelen las tiendas, y con esa sensación térmica, seguramente me entenderéis cuando digo que apetecía ya meterse en el saco de dormir y buscar un poco de calorcito.

    La primera sensación que tienes al entrar dentro es que el viento se ha calmado. No es esa la realidad, lo que pasa que es tan fuerte el ruido que produce fuera, que al entrar a cobijo de la tienda sientes como si hubiera una gran calma. Tras acomodarme en el saco de dormir, me percato que el viento empuja con muchísima fuerza las telas -exterior e interior-, que las junta y además las mete para dentro, ocupando parte del habitáculo interior. No hay prácticamente hueco para la cabeza y creo que va a ser imposible dormir en estas condiciones.

    Sin embargo el cansancio es tan grande y el calorcito que se empieza a sentir al enroscarse en el saco, hacen que el sueño me invada… Hasta que de repente un tremendo ruido y una fuerte agitación de la tienda me despiertan. Se ha incrementado el viento, parece que ahora sí, de verdad, las tiendas se van a echar a volar.

    Nos vemos obligados a poner una serie de tensores extras, unos más cortos por toda la parte baja de las tiendas, y otros desde el extremo superior sujetándolos al suelo con una enorme piedra que además hace falta enterrar para que el viento no la desplace. Menos mal que no tenemos noche debido a la latitud a la que nos encontramos y la época de verano en la que estamos, de manera que al menos, podemos ver bien lo que hacemos.

    Una vez así afianzadas, de nuevo a intentar conciliar el sueño… Ya no me enteré de más, hasta que me despierto por la mañana, completamente descansada. Lo primero que se me viene a la mente es el fuerte viento… “¿fue un sueño o fue realidad?”. Según me voy despertando, voy siendo consciente que fue todo real… y estoy dentro de la tienda… “bueno, al menos una no ha volado”, pienso rápidamente.

    Es una magnifica sensación despertarse en el saco de dormir, dentro de la tienda de campaña. Se descansa increíblemente bien. Sólo ser consciente que fuera de tu pequeño entorno hay otras condiciones totalmente desapacibles y tú estás ahí resguardado en un habitáculo tan cómodo, te hace sentir francamente bien.               

    • Tabla de sensacion termica

    Etiquetas:

  • Viaje en zodiac a la Base Coreana King Sejong

    En Caleta Marian I

    Lo que os voy a narrar ocurrió en un día, digamos que descanso de nuestro trabajo, aprovechando una de esas esperas que la naturaleza te brinda intercaladas entre las etapas de mediciones y toma de datos.

    Os tengo que presentar a dos amigos antárticos que hicieron posible este día tan especial. Son Nancy y Nelson, quienes trabajan dentro de la estructura del INACH (Instituto Antártico Chileno) y están al cargo del mantenimiento de la Base Escudero, una pequeña base científica chilena. Se encuentra al lado de Frei, otra Base Chilena, pero en este caso perteneciente a las Fuerzas Aéreas. Bueno, no os cuento más, pues ya os las había localizado en la zona.

    Escudero, -la Base Científica- está abierta sólo en periodo de verano. Verano austral, por supuesto. Es decir en estos días. Pero fijaros que incluso ha estado cerrado durante las fiestas navideñas. Pues bien, Nancy y Nelson son los encargados de mantener operativa la base y ellos sí que pasan aquí el invierno entero. De hecho realizan este trabajo ya por tres años, ¡sí, tres años! Ellos son antárticos de verdad.

    Se les presenta la necesidad de tener que ir hasta la Base Coreana King Sejong, para llevarles a unos investigadores japoneses -que están estos días en la Base-, unas cajas que habían llegado con material para ellos. Nos invitaron a acompañarles y sin dudarlo un instante la aceptación por nuestra parte es inmediata. ¡A King Sejong!, ¡en zodiac!, ¡por supuesto! De nuevo se enciende en mí esa llama de aventurera que no se ha logrado apagar nunca.

    Recorremos primero Adolfo y yo los 5 kilómetros que nos separan de Escudero y en la playa de Bahía Fildes nos juntamos con ellos. Preparamos entre todos la zodiac, el material para llevar y embarcamos rumbo a la Base Coreana. El mar está muy tranquilo ya que apenas hay viento. Nelson es el timonel y Nancy la proel. La navegación es tranquila y disfruto una enormidad mientras hago algunas grabaciones de vídeo, apañándomelas con las ondulaciones de la pequeña zodiac para que no salgan demasiado movidas.

    Al aproximarnos a King Sejong, Caleta Marian donde se encuentra ubicada, nos sorprende con una sorpresa que al mismo tiempo supone una pequeña complicación. Hay bastantes fragmentos de hielo flotando que se han desprendido del acantilado glaciar del fondo de la bahía y el viento los acumula frente a la costa de la Base. Son un verdadero peligro para la navegación en la zodiac, pueden pincharla en un abrir y cerrar de ojos. Es fundamental aquí la orientación del proel, que va pendiente de indicar al timonel qué rumbo tomar en todo momento para ir esquivando estos hielos.

    Cuando los frentes de los glaciares llegan directamente al mar, se van desprendiendo fragmentos de hielo. ¿Sabéis que flota siempre en torno a un octavo? Es decir, que la mayor parte del bloque de hielo se encuentra bajo las aguas. Estos hielos navegan por las aguas arrastrados por las corrientes marinas o por el viento y según el tamaño quedan varados hasta que se van extinguiendo. Hablando del tamaño, existe una clasificación según sea éste. Así encontramos los “icebergs”, los “growlers” y el “brass”.

    Los “icebergs” o témpanos tienen forma tabular y son los más grandes, pueden tener desde 1 kilómetro cuadrado hasta varios miles de kilómetros cuadrados, ¡sí, sí, he dicho varios miles!

    Los “growlers” son de forma variada y poseen un tamaño intermedio, desde unos 50 metros cúbicos hasta un kilómetro cuadrado. ¿Sabéis? “Growler” significa gruñón. Y es que cuando se acumulan en las bahías, el sonido que producen es similar al de un tren lejano que no llega nunca.

    Finalmente, los más pequeños se conocen como “brass” y pueden tener cualquier forma. Su tamaño oscila entre el medio metro cúbico hasta los 50 metros cúbicos. Lo que significa la palabra “brass” es escombro. ¡Clarísimo, por tanto!

    Aquí, al aproximarnos a la Base Coreana, los fragmentos que veréis en el vídeo son de este último tipo, del llamado “brass”. En el vídeo también podréis ver la amabilidad de los coreanos y la gran alegría y emoción que sentí al ver la bandera de España izada en su mástil, debido a nuestra visita. Esos pequeños gestos, en estos lugares, te hacen sentir muy bien.

    Por cierto, una curiosidad que se desveló en el transcurso de nuestra conversación con los coreanos. Esta Base King Sejong se inauguró a principios de marzo de 1988, y por casualidad Adolfo estuvo presente. ¡Sí!, recién regresaba de participar en el montaje de la Base Española Juan Carlos I. Los coreanos al escuchar esto se quedaron muy sorprendidos. ¡Fue un hecho que ocurrió ya hace 24 años!

    Comienza a levantarse viento y tenemos que regresar antes de que las condiciones empeoren y eviten la navegación en la pequeña zodiac. Fue un maravilloso viaje de regreso, bueno… digo “maravilloso” porque para mí fue así, pero soy consciente que la mayor parte de la gente pensaría otra cosa.

    El mar de fondo y sus olas se notaban con intensidad e iban aumentando con bastante rapidez. Esto nos obliga a agarrarnos con fuerza para no salir disparados y por supuesto estar pendientes de las olas que vienen para conocer la intensidad de cada una antes de zarandear el bote. A ello se une nieve casi helada que golpea nuestras caras… ¡es genial!

    Entrando ya en la zona protegida de la bahía se termina el combustible de la zodiac y Nelson tiene que dejar el timón para realizar la carga con uno de los depósitos de reserva. No me faltó ni un segundo para salir disparada y ofrecerme de voluntaria a manejar la zodiac y ejercer por primera vez aquí en aguas antárticas mi reciente título de Patrona de Embarcación de Recreo.

    Con la caña en la mano, gobernando la embarcación y pensando para mis adentros “ojalá se hiciera interminable este momento…”, me lleno de una alegría que no os podría describir. En mi cara se debió de dibujar una sonrisa de oreja a oreja que no se borró durante todo el tiempo que ejercí de timonel, según me dijeron cuando desembarcamos.     

    Un día inolvidable en mi registro antártico. ¡Muchas gracias Nancy, muchas gracias Nelson, muchas gracias amigos antárticos!

    Ver galería

    Etiquetas:

  • Momentos mágicos llenos de paz

    He estado pensando mucho cómo retomar la narración antártica, cómo zambullirme en aquella historia reciente y que al mismo tiempo parece que ha quedado atrás en un pasado remotísimo.

    Se me ha ocurrido algo especial, que confío nos transporte a todos en el tiempo y en el espacio, y seamos capaces de inmiscuirnos de nuevo en el Continente Blanco.

    Se trata de un precioso atardecer que sin llegar a la oscuridad, pasa a ser un  maravilloso amanecer. Verano y a la latitud a la que estábamos, ya sabéis que no hay noche.

    Fue mágico, las nubes jugaron con el Sol en su trayectoria, el viento cesó, el tiempo se detuvo por completo. Sentada en la orilla de la playa, al lado de la Base Artigas, mi mente voló, voló muy alto, a años luz y se impregnó de paz y magia…

    Os dejo este pequeño vídeo, a ver si soy capaz de compartir un poco con vosotros aquella quietud y armonía. Cuando lo veáis, olvidaros de todo, alejad de vuestra mente cualquier otra cosa, a ver si lográis embeberos un poco de la magia antártica. ¡Ya me diréis!         

    • Playa de Artigas al atardecer-amanecer

    Etiquetas:

  • Tercer trabajito quincenal: Es de analizar mucho…

    Os cuento en primer lugar que ya me voy ubicando. Cuesta, pero no queda más remedio. El contraste de vida es realmente grande: el entorno, la forma de vida, la gente, el ambiente... Poco a poco y sin perder esa burbujita a mi alrededor -que me ayuda a conservar todo aquello-, me voy ubicando de nuevo en lo que llaman “mundo civilizado y de bienestar”…  

    En segundo lugar os anuncio que seguimos con lo que nos traíamos entre manos. Continúo narrándoos todo lo que me quedó sin poder hacerlo durante nuestra expedición. Vais a quedar asombrados de cómo lo que se vive allí es muy intenso y variado. Cada día es nuevo y diferente a cualquier otro. Fijaros que de lo que pasó en aquellos meses, no he podido escribiros todo en el tiempo presente en el que acontecía, y seguramente necesitaremos otra temporada igual para terminar de hacerlo. Y eso que lo que os escribo es siempre un resumen, pequeñito resumen de lo que ocurre. ¡Así que imaginaros! Y sin más preámbulos, ¡continuamos adelante, expedicionarios virtuales! 

    En tercer lugar, toca “trabajito”… que no me he olvidado de ello. Este es muy especial. No vais a tener que buscar información en ninguna enciclopedia, ni en ningún libro, ni en ninguna página de internet… ¡no, no! ¿Sabéis dónde vais a tener que buscar? Dentro de vosotros, en el interior de cada uno está toda la información que hace falta. No va a ser fácil, os va a tocar hurgar bastante en lo más recóndito de vuestros pensamientos. Pero seguro que lo vais a conseguir.

    “¿Qué nos mandará está vez Karmenka?”, os estáis preguntando. ¡Voy, voy! A ver si os lo explico bien.

    Os vais a poner en el caso de realizar vosotros una expedición de este tipo que terminamos de llevar a cabo. Os lo tenéis que imaginar muy bien y muy real si queréis hacer un buen trabajo. Y se trata de responder a dos preguntas, como si miraseis desde dos lados diferentes:

    1- Estando allí en la Antártida, tal y como hemos vivido nosotros, ¿echaríais de menos “algo” que tengáis habitualmente aquí?

    2- Una vez que regresáis de la expedición y volvéis de nuevo a este mundo civilizado, ¿pensaríais que “algo” de lo que habitualmente tenéis aquí es superfluo, prescindible?

    Entre comillas os escribo “algo” porque refleja todo lo que queráis: cosas, personas, objetos, algo natural, algo artificial, hábitos, costumbres, algo material, algo no tangible, sentimientos… ese “algo” es “todo”.

    No respondáis a la ligera, porque lo que quiero es que analicéis bien. Os voy a dejar suficiente tiempo, pongamos la fecha límite de subirlo al Blog el 23 de Febrero. Así podéis dedicar tiempo suficiente a analizar dentro de vosotros mismos esas cuestiones, luego las ponéis en común con los demás integrantes del grupo y finalmente les dais forma y las escribís en el Blog.

    Tenéis que analizar bien cada día desde que os levantáis hasta que os acostáis e incluso cuando dormís, cómo dormís… tenéis que analizar todo, todo, todo. Los días de clase, los días de descanso,… no perdáis detalle de todo lo que vivís, analizarlo, cualquier pequeño detalle va a ser muy significativo. Ya lo veréis.

    ¿Os atrevéis con este trabajito? Yo confío en vosotros y estoy segura de que no os vais a precipitar escribiendo y que vais a ser capaces de realizar un buen análisis en vuestro interior. ¡Ánimo expedicionarios! 

    • Llegada a España tras la campaña antartica I
    • Llegada a España tras la campaña antartica II

    Etiquetas:

  • En Salamanca, la nieve cayendo y mi mente... en el Hemisferio Sur

    Ya estoy en Salamanca. Desubicada, completamente desubicada. Tengo la sensación de acabar de despertarme de un sueño profundo y no saber todavía donde me encuentro, ni si el sueño ha sido real o ficción.

    Me siento de nuevo “diminuto personajillo”, aunque no os guste esa calificación, pero es mi percepción. Me han sacado de una aventura sin haberme consultado antes si quería continuar en ella o no… De golpe, me arrojan a otra historia y… aquí, ¡no entiendo nada! Es todo confusión, parece un mundo del revés. No percibo coherencia, ni solidaridad, no aflora esa amistad y camaradería antártica que rebosaban por todos los lugares en la anterior aventura de la que vengo. Me quiero iiiirrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr!!!!!!!!!!!!  

    La familia, los amigos, todos están bien, bonitos encuentros después de esta larga temporada… y tras habernos visto de nuevo, haber compartido tiempo juntos otra vez… pienso que ya está todo hecho en esta nueva historia, quiero volver a la anterior!!!!

    Hoy caen unos pequeños copos de nieve en Salamanca, tengo la sensación de que es una bienvenida que me da la ciudad pues al parecer, el invierno de momento, ha sido tremendamente seco y ni la nieve, ni casi la lluvia han hecho todavía acto de presencia.

    Miro un poco la previsión para los próximos días, la máxima será de 7ºC y tendremos mínimas por la noche de -2, -3 y -4ºC. Me alegro de vivir en Salamanca y poder encontrar ahora estas temperaturas un poco más asequibles a lo que se ha acostumbrado mi organismo. Aunque casi no hay viento, apenas 5, 10, 15 km/h… y así la sensación es casi de bocanadas de calor… ¿dónde quedaron esas rachas fuertes que hacían bajar la sensación térmica un montón de grados en la escala?

    Me chocan los comentarios de la gente: “¡qué frío!”. No digo nada, sólo pienso para mis adentros que se mueven en coche, o andan un poquito por la calle, después el resto del tiempo van a estar protegidos en sus casas o en los lugares de trabajo, con la calefacción puesta… No saben lo que es trabajar a la intemperie todo el día y con condiciones mucho más complicadas meteorológicamente hablando. Pienso que como sociedad nos estamos debilitando…

    Leo el reciente boletín de GLACKMA, el nº 2 , me sorprende a mí misma como vamos creciendo como Asociación. Observo todos los afiliados que ya pertenecen a GLACKMA. Y no puedo menos que daros las gracias a los que os habéis incorporado en la Asociación, a todos los que estáis participando activamente en ella, a todos los seguidores del Blog y por supuesto, a todos los jóvenes expedicionarios que nos estáis acompañando en esta segunda edición de “Ven a la Antártida”. ¡Un millón de gracias!

    Me termino de ubicar este fin de semana, manteniendo esa burbujita en mi entorno con el aire fresco y puro antártico, y para la próxima seguimos con la historia que ha quedado truncada y a medio narrar. ¿De acuerdo?

    • En el avion, de regreso

    Etiquetas:

  • Ahora sí, ¡llegó el final!

    Toda historia tiene un inicio y… tarde o temprano, le llega el final. No puede ser de otra manera. Y ahora, ¡sí que sí!, llegó el final a nuestra expedición y sus mini expediciones complementarias.

    En unas horas comienza nuestro retorno desde el Hemisferio Sur al Norte. A la madrugada tomamos nuestro primer avión desde Punta Arenas a Santiago de Chile y después el “saltito” de las casi 14 horas con el que alcanzaremos Madrid. Por carretera hasta Salamanca… y… y… no sé… cambiar la mentalidad para adaptarme al mundo estresante, pero conservando una burbuja a mi alrededor para no perder la tranquilidad y libertad antártica.

    Comenzaba diciendo que llegó el final de la expedición, pero… es fantástico pensar que nuestra expedición virtual continuará hasta que termine de transmitiros las aventuras vividas en la Antártida. Seguro que de esta manera la inmersión en el mundo civilizado me resulta mucho más fácil.   

    • Llego el final

    Etiquetas:

  • Arica y el Valle de Azapa

    Arica

    Última etapa en nuestra mini expedición al Norte de Chile. Un paso rápido por la ciudad de Arica, porque después de tantos meses de tranquilidad, meterse en una ciudad es de locura para nosotros. Y más todavía con el calor que hace en Arica.

    Me llama especialmente la atención, la antigua Estación de Ferrocarril Arica-La Paz, que había sido inaugurada en 1913 y con un recorrido de 457 kilómetros de vía férrea unía ambas capitales. Se construyó de acuerdo al Tratado de Paz, Amistad y Comercio que celebraron Chile y Bolivia en 1904.

    Me gustó la Catedral de San Marcos que se inauguró en 1876 y fue diseñada por Gustave Eiffel con su característico estilo gótico. Tremenda curiosidad: se prefabricó íntegramente en hierro, sus muros y cielos están revestidos en planchas metálicas y lo único que es de madera, ¿sabéis qué es? La puerta, sólo la puerta de entrada.

    Dejamos en seguida la ciudad pues realmente nos encontrábamos fuera de lugar, aturdidos, aplanados por el sol, el calor, andando lentamente con nuestras botonas y ropa de campo mientras a nuestro alrededor la gente vestía tan solo alpargatas y ropas tremendamente ligeras. ¡Evidente, llegamos casi a los 30ºC! 

    Tomamos una pista hacia el Este que empieza a ganar algo de cota, adentrándose por el verde Valle de Azapa. Este valle ha sido creado por el llamado río San José y permite el cultivo en unas 3.200 hectáreas, rodeadas siempre por secos y yermos cerros. ¡Es tremendo el contraste! Y como en todos los lugares donde el agua escasea, siempre el ingenio para aprovechar este bien escaso. Gracias a ello tienen importantes cultivos de frutas y verduras, y sobre todo de… ¿a qué no sabéis de qué? Poseen grandes extensiones de olivos. ¡Sí!, cultivan la famosa “aceituna de Azapa”.

    Pero no sólo es conocido este valle por la agricultura que desarrollan en medio de este desierto, sino que importantes etapas del desarrollo histórico quedaron estampadas en estas tierras.

    Destacan los geoglifos, que son testimonios culturales del hombre del pasado. Son dibujos realizados en las faldas de algunos cerros, utilizando piedras apiladas y raspando tierra. Los realizaban conjuntamente diversos pueblos ancestrales. Se cree que fueron creadas para marcar el paso de los caminos entre la sierra y la costa, aunque por las características de su simbología, también se cree que cumplieron funciones rituales o de culto. ¡Sí!, también de todo esto he recogido abundante material de grabación y esta aprendiz de reportera-documentalista  os editará un video.

    Y llegó el final de verdad. Durante la noche del domingo al lunes emprendemos nuestro regreso a Punta Arenas. Dos “saltitos de avión” que nos llevarán del extremo más septentrional al más meridional de este país, tan variado como hermoso. ¡Chile! Sería bueno disponer de un año sabático para recorrerlo por completo. A lo mejor cuando me jubile, bueno… si llego a ello y existe para entonces jubilación… 

    Ver galería

    Etiquetas:

  • Por el desierto y las sierras de la Precordillera

    Lupica a 3000  metros de altitud

    Haber aguantado en el Altiplano, ya en plena Cordillera, a pesar del soroche que por primera vez tuve que soportar, nos permitió sacar adelante el mínimo de los objetivos que veníamos a cubrir.

    Tras ese esfuerzo personal acompañado de la recompensa del trabajo cumplido, realizamos un hermoso recorrido por el desierto y las sierras de la Precordillera, sin superar ya los 3.700 metros de altitud…  “¡Fácil ya para esta débil Karmenka!”, es lo primero que se me viene a la mente al escribiros estas líneas.

    Pasamos por unos parajes y pequeños poblados de una gran belleza. Me llamó mucho la atención la Central Hidroeléctrica del pequeño poblado Chapiquiña. Me resultó original dicha central pues ubicada a 3.317 metros de altitud, recibe el agua del río Lauca, que llega a ella de una cota superior, pues viene del Altiplano a 4.300 metros de altitud. De esta manera y con una ingeniosa red de canales, llevan el agua a lo largo de todo el valle que convierten en fértil en medio de un verdadero desierto de precordillera.

    Avanzando por la pista alcanzamos un pueblito de unos 150 habitantes con el nombre de Belén, que es el único del altiplano fundado por españoles. Se instalaron aquí hacia 1.625, como lugar estratégico entre la ruta de Arica a Potosí, atraídos por el excelente clima que tiene, a pesar de los 3.240 metros de altitud.      

    Otros poblados que encontramos a lo largo de nuestro recorrido fueron Lupica, Saxamar, Tignamar, Codpa… Todos ellos con impresionantes huertas en su entorno, siempre en contraste con el desierto de precordillera que los rodea. Aprovechan siempre el agua de algún río mediante ingeniosos canales. ¿Sabéis? He estado haciendo unas cuantas grabaciones, narrándoos y mostrando lo más significativo de cada uno de ellos, de manera que cuando llegue a España y el estresante mundo moderno me deje un ratito, os iré preparando vídeos de todos estos lugares.

    ¡Ya veréis!, entre todo lo que me queda por contaros de la Antártida y mostraros de esta zona tan curiosa del Norte de Chile, vamos a estar en contacto durante unas cuantas semanas más. Siempre que os apetezca seguir en este mundo virtual de expediciones que hemos creado. ¡Claro está!    

    Ver galería

    Etiquetas:

  • La puna, el soroche o el mal de altura

    Volcán Parinacota, de 6330 metros de altitud

    (Crónica enviada por teléfono satelitario)

    De nuevo 48 horas desde mi último artículo en el Blog y de nuevo gran cantidad de cosas para contaros. Para darle continuidad en el tiempo os diré que ese último escrito que os mandé, me costó escribirlo, me costó terminarlo y un último esfuerzo para poder hacer la conexión con el teléfono satelital. No quería demorar el escribiros porque ya iban dos días de nuestra salida de Punta Arenas y me gusta manteneros al día. Así que la verdad, no sé de donde me salió la fuerza, pero conseguí hacerlo.

    Al poco de terminarlo me iba encontrando cada vez peor. Al principio pensaba que era simplemente cansancio por el viaje a la madrugada, por los imprevistos con el 4x4 a nuestra llegada y por nuestra puesta en ruta inmediatamente hacia el Altiplano.

    Eso pensaba hasta que empecé a devolver, aumentó mi malestar, un tremendo dolor de cabeza que me la oprimía como si tuviera una losa encima, por las cervicales y por la frente… Era horroroso. Según pasaban las horas aumentaba mi malestar, mi dolor de cabeza, continuaba devolviendo… me iba quedando sin fuerzas para nada, casi no podía ni hablar, ni mover una mano… nada, no valía para nada.

    Recuerdo la noche, metida en el saco de dormir, con escalofríos, el tremendo dolor de cabeza no me dejaba conciliar el sueño y cada poco tenía que levantarme a devolver. Para el dolor de cabeza había tomado alguna medicina, pero ni por esas me dejaba. Pensamos que había tomado algo que me sentó mal.

    Al día siguiente continuamos avanzando por la pista por el Altiplano alcanzando los 5000 metros de altitud, pasamos junto a la antigua mina de oro de Choquelimpie, y después llegamos a las termas de Churiguaya. En la planificación de la ruta del día anterior no os podéis imaginar la ilusión que tenía de pasar por unas termas naturales y darme un bañito relajante. Pero fijaros que mal me encontraba que al llegar al lugar no tenía ninguna gana.

    Con un esfuerzo tremendo salgo del coche, tomo mi cámara y hago algún vídeo del lugar… pero con un esfuerzo inimaginable, parecía una muñequina de trapo. “Me voy a arrepentir de no meterme en estas termas”, pienso para mis adentros. Así que finalmente decido darme un bañito.

    La temperatura en el exterior era de unos 3ºC, así que al irme quitando la ropa me voy espabilando un poco. Trato de meterme en una primera poza, pero el agua era demasiado caliente, así que voy a una segunda, algo más pequeña pero con el agua ya un poco más asequible. Fantástico el bañito, me unté todo el cuerpo con la arcilla volcánica, me limpié con las aguas termales y al salir, el fresquito del exterior me hizo sentir perfectamente. Era como si se me hubiera quitado una losa de encima.

    Tras mi mejoría, continuamos con la ruta y llegamos al lago Chungará, a 4570 metros de altura, que ocupa 2150 hectáreas, con aguas que reflejan las imponentes cimas nevadas de los volcanes Parinacota, Pomerape y Sajama, todos de más de 6000 metros. Os diré que para entonces mi malestar había aparecido de nuevo, se ve que el efecto reponedor de las aguas termales ya pasó.

    Continuamos y llegamos al pueblo de Parinacota, ubicado a los pies del volcán que os nombraba anteriormente. Su origen es prehispánico, pero fue ocupado por los españoles por estar en la ruta a Potosí. Por cierto, ¿os apetece investigar un poco sobre Potosí?

    Parinacota cuenta con apenas 25 habitantes, es un pueblo ritual, cuya población aymara vive en los lugares de pastoreo y sólo acude a su hogar para las fiestas religiosas. Cuenta con una preciosa iglesia de la que os dejo algunas imágenes para que disfrutéis de ella.

    Traté de hacer algunas grabaciones en el pueblo, a la hermosa iglesia y… ¿qué me ocurrió entonces? De ese esfuerzo tuve de nuevo ganas de devolver, pero ahora sólo echaba líquido pues llevaba ya más de 24 horas sin poder comer nada. “No, algo no va bien”, pensé. Tenemos que bajar cota.

    Así que emprendimos camino directo bajando altitud y al poco de pasar Putre, llegamos a Maillku, pueblecito formado por una única familia con sus hijos, que conocimos en nuestra subida. Es una familia encantadora, han construido su propia casa a 3000 metros de altitud, justo antes de empezar la Precordillera. Llevan ya más de 20 años viviendo aquí, alejados del mundo moderno, civilizado, estresante… Ambos en el matrimonio, tienen estudios y han estado viviendo en el mundo civilizado hasta que hartos de él, decidieron llevar una vida más natural y próxima a la tierra, donde han criado y educado a sus hijos.

    Nada más llegar y verme, Andrea, -la señora, que es médico-, me dijo que lo que tenía era la puna. Sí, el mal de altura. Nos dijo que no teníamos que haber subido tan rápido de cota. Lo mejor sería aclimatarse durante 5-6 días a 3000 metros y después cada 500 ó 1000 metros más de ascenso, otros 5-6 días de aclimatación. Es decir, que habíamos hecho en tan sólo dos días lo que debíamos de haber realizado en 15 días. Me miró el oxígeno que tenía en sangre y al ver que era bajo me puso algo de oxígeno. “No es realmente necesario, pero así te recuperas antes”, me dijo. Alexi, su marido, me preparo una infusión de coca. Y efectivamente, poco a poco me fui encontrando mejor. Me cambió el color de la cara, podía volver a hablar, a reírme, me sentía con fuerzas para caminar, para echarme a correr. En definitiva, volvía a ser yo.

    Por seguridad, Andrea le comprobó el oxígeno a Adolfo y él estaba perfectamente y eso que conforme avanza la edad es más fácil de sufrir la puna, según nos explicó Andrea. Me dijo también que no estaba tan mal para lo que es habitual y teniendo en cuenta lo que habíamos hecho. Nos comentó de casos muy problemáticos que le tocó atender y habiendo ascendido menos. Nos dijeron incluso que ellos, viviendo a 3000 metros de altitud, tienen que tener cuidado cuando ascienden y van poco a poco aclimatándose con el tiempo necesario. Han visto incluso muertes por un ascenso muy rápido… “¡Vaya!, así que después de todo, no puedo quejarme”, pensé para mis adentros.

    Yo creo, por propia experiencia que esto de la puna o el soroche, depende también de cómo se encuentre el organismo y creo que en esta ocasión me ha pillado un poco débil. ¿Por qué os digo esto? Hace 4 años, subiendo también del nivel del mar a casi los 5000 metros de altitud en tan sólo dos días, me sentía como una rosa. Y como tenía ganas de saber qué era el soroche, me eché una carrera cuesta arriba y a toda velocidad… Fue genial, porque iba notando como poco a poco mi organismo se paraba, iba como a cámara lenta hasta ver que no avanzaba. Me recordó a los sueños esos que a veces todos tenemos, en los que corres y no avanzas nada. Y así fui perdiendo las fuerzas, no podía respirar, hasta que tuve que tirarme al suelo y recuperar. Eso tuve que hacer para sentir la puna y ahora de sorpresa me viene a saludar ella solita. Por eso, yo creo, que me pilló un poco débil después de la expedición antártica. 

    Ver galería

  • Arica y el Altiplano

    Panorámica en la Precordillera

    (Crónica enviada por teléfono satelitario)

    Se suceden tan sólo un par de días desde que os escribí la última vez y tengo la sensación de que ya ha sido un mes entero. Es increíble lo que puede vivir uno en tan sólo 48 horas.

    Para no alargaros demasiado este artículo y poder manteneros al corriente de nuestro mini-viaje por el Altiplano, os diré que la partida fue un poco accidentada, pero que de momento volvemos a tener todo en marcha y sobre ruedas y nunca mejor dicho pues ahora mismo estamos en un 4x4 en pleno Altiplano.

    Salíamos de Punta Arenas a las 3:00 de madrugada en un vuelo a Santiago de Chile, donde enlazábamos con otro que nos llevaba directos a Arica, la región más la Norte de Chile, que tiene frontera por el norte con Perú y por el Este con Bolivia. ¿Qué tal está vuestra geografía sudamericana?

    ¿Qué nos ocurrió en primer lugar? Ese primer vuelo se retrasó bastante y nos tocó esperar en el aeropuerto de Punta Arenas, una verdadera pena después del madrugón. Evidente que perdemos nuestro segundo vuelo y nos tienen que buscar otra opción.

    Una vez que alcanzamos el aeropuerto de Arica, hay un desaguisado con el 4x4 que habíamos reservado. A última hora les surge un problema y no nos lo tienen disponible. Nos ofrecen un turismo… pero, ¿qué vamos a hacer nosotros con un turismo si lo que queremos es perdernos por el Altiplano?

    Cuando ya casi damos por perdido nuestro viaje y estamos empezando a considerar un plan C, o D… o Z, un local nos ofrece una solución y nos permite alquilar un 4x4 para movernos estos días por el Altiplano.

    Asfixiados de calor en Arica con 30ºC y justo en la costa, lo único que hacemos es comprar comida en un supermercado para ser autónomos durante estos días y salimos de allá para ir ganando altitud y con ello frescor.

    Como buenos expedicionarios y exploradores que sois ya, os voy a pedir que ubiquéis donde está Arica y después hacia el Este, busquéis Putre. Se encuentra en la carretera que saliendo desde Arica va a Bolivia. De momento es esa subida al Altiplano la que hemos tomado.

    Fijaros que Arica está a orillas del mar y Putre se encuentra a 3500 metros sobre el nivel del mar, justo antes de alcanzar el Altiplano. Y la distancia que las separa por la carretera es de poco más de 100 kilómetros, así que fijaros el desnivel tan grande que tiene dicha carretera. No todo vehículo es capaz de subir por estos lugares.

    Pasado Putre, hemos tomado una pista que continua avanzando hacia el Este y estamos ya en pleno Altiplano, hemos pasado ya lo que denominan la Precordillera y estamos en plena Cordillera, ya en el Altiplano, en este momento a 4535 metros de altitud. Nos está nevando y fijaros que es de tormenta con relámpagos y rayos… ¡Increíble!

    Os voy a hablar un poquito del clima para que conozcáis esta zona tan maravillosa. Empezamos en la costa con la ciudad de Arica, que aunque se encuentra en una zona tropical, tiene un clima templado debido a la influencia de la corriente marítima de Humboldt, cuyas aguas moderan la temperatura (abro aquí un pequeño paréntesis para pediros que investiguéis un poquito sobre esta corriente).

    La corriente origina además nubosidad costera durante las mañanas -fenómeno que aquí es conocido como “camanchaca”- y tarde soleadas durante todo el año. Las temperaturas casi no varían, 18º-28ºC en verano y 13º-19ºC en invierno. Es tremendamente seco, fijaros que el promedio máximo de precipitaciones es de tan sólo 0,2 mm en agosto y 2 mm lo acumulado en todo el año!!

    Sin embargo, hacia los valles interiores, la cordillera de la costa actúa como un biombo que frena las neblinas y aparece el desierto de Atacama, donde la humedad relativa del aire no supera el 40%, jamás llueve y los días de gran calor contrastan con noches muy frías.

    Si seguimos subiendo en altitud y nos adentramos en la Precordillera y el Altiplano, el clima vuelve a cambiar, acentuándose paulatinamente las oscilaciones térmicas diarias y la radiación solar. La altitud genera bajas presiones y poca concentración de oxígeno, lo que dificulta la respiración. Las estaciones climáticas son muy diferenciadas. De abril a agosto suele haber heladas, el aire es seco y la temperatura en el día fluctúa entre -5ºC y 15ºC, mientras en la noche hay mínimas que llegan a los -25ºC. De septiembre a noviembre la temperatura aumenta a unos 20ºC durante el día y -10ºC durante la noche.

    Bueno, pues ya veis por donde estamos. 

    Ver galería