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Blog: Karmenka desde los Polos

  • Soledad ártica vivida con intensidad

    Paisaje

    Los días se van sucediendo en un entorno tan bello como inhóspito. Prácticamente no tenemos noche, debido a los 68ºN de latitud y a la época del año. Que no exista noche no quiere decir que el sol no lo veamos ocultar tras el horizonte, sobre todo porque estamos rodeados de altas cumbres por todos los flancos. El astro luminoso se oculta por muy poco tiempo y ello hace que se fundan el atardecer y el amanecer en casi un mismo fenómeno mágico. La luna también la podemos contemplar con bastante claridad durante el día, e incluso las estrellas. ¿Os imagináis? Y todo ello sin perder la luz.

    Durante esas horas de claridad pero sin noche, el frío se hace más intenso… Os voy a contar alguna anécdota. Los primeros días para cocinar tenemos que coger nieve y fundirla, tarea complicada y pesada para preparar la comida y hacer agua para beber. Después, según va avanzando la semana, el río que proviene de los glaciares de la zona, empieza a querer ponerse en marcha y bajo la espesa y compacta capa de nieve comienza a dibujar su perfil en algunos lugares de su cauce. Aprovechamos este privilegio que nos brinda la naturaleza para picar el hielo de la capa que lo cubre en tres puntos diferentes, uno para coger agua para cocinar, otro para fregar los cacharros de la cocina y otro para bañarnos. Pero lo que así contado suena tan fácil, no lo es. Cada día tenemos que volver a picar el hielo en esos tres puntos, pues durante esas horas de las noches claras, cuando las temperaturas bajan con intensidad, se nos vuelve a congelar el agua generando una buena capa de varios centímetros de hielo. De hecho, el agua que tenemos recogida en botellas en las tiendas, amanece congelada…

    Tengo que reconocer que alguna noche me he tenido que poner ropa extra dentro del saco de dormir, pues no entraba en calor. Y cuando nuestros organismos se acostumbran a esas temperaturas y éstas comienzan a ascender y aproximarse a los 0ºC, la sensación de calor que sufrimos es impresionante. Empezamos a quitarnos capas de ropa y aún así tenemos calor. El preparar la comida en el exterior con el hornillo, ya no resulta una tarea complicada que hay que tratar de hacer a toda velocidad, disfrutamos cocinando y comiendo aquí fuera en la nieve, en medio de nuestro paraíso ártico.

    Otra tarea que los días de más frío hay que hacer a toda velocidad, es bañarse en esas pocitas de agua que abrimos bajo el hielo. No creáis que se pasa mal. La única cuestión es no pensarlo, ni dudar y por supuesto, disfrutar del momento. Otro secreto es realizar el aseo en esos ratos en los que el sol brilla en el cielo y no hay viento. Desnudarse en medio de la nieve, zambullirse en el agua fresquita, lavarse y secarse… te proporciona tal sensación de libertad, de ser consciente de que es muy poco lo que necesitamos para vivir, de saber disfrutar de las pequeñas cosas, de llenarse de felicidad con estos momentos tan bellos, que si no se ha experimentado alguna vez, es muy difícil que me entendáis.  

    El piloto del helicóptero se acercó a sobrevolar la zona donde estábamos, sobre todo los primeros días que tuvimos que soportar ventiscas con condiciones un poco complicadas. Con señas nos entendíamos, el piloto desde el aire, nosotros desde la nieve, todo bien, perfecto, muchas gracias… ¡¡Inolvidable el detalle!!

    Mientras seguimos a la espera de que llegue la mejora del tiempo que nos anuncia Empar -a través del teléfono satelital- con su predicción tan acertada, y poder ponernos a apartar la nieve del lugar donde habíamos hecho la instalación de la estación, Carlos estruja al máximo los días con sus grabaciones. Como ya sabéis, hace de todo. Vuela con el dron, trabaja con la cámara en tierra, bueno… en la nieve, realiza entrevistas, participa delante y detrás de la cámara, trabaja la técnica de los time-lapse… ¡Vamos!, que está rentabilizando al máximo el tiempo. Siempre que puedo le echo una mano, es mucho el material que tiene que acarrear de un lugar a otro para realizar su trabajo y no es nada fácil avanzar en medio de este manto blanco que nos envuelve. Soy consciente del trabajo tan sacrificado que supone realizar unas buenas grabaciones, sobre todo en estos lugares fríos y con condiciones de intemperie tan complicadas. Perder el tacto de las manos o de los pies es habitual debido al frío que nos acompaña. El calor del resto del cuerpo es más fácil de mantener, moviéndonos, corriendo, o haciendo una tabla de ejercicios, pero las manos y los pies siempre son lo más delicado.

    Seguimos a la espera de la mejora de las condiciones meteorológicas para poder empezar a quitar la nieve del lugar de la estación, y como os decía en el artículo anterior, aprendí de la actitud positiva de Carlos y logré apartar de mi mente cualquier preocupación de por si tenemos o no estación. Me inmiscuí en este paraíso ártico, sabiendo lo afortunada que soy, lo afortunados que somos estos expedicionarios y aventureros polares, aislados, perdidos en medio de esta inmensidad. Disfruto y vivo a tope cada momento, registrando una infinidad de ellos en mi interior, en esa parte de la memoria imborrable para recordarlos y revivirlos cuando me encuentre sumergida de nuevo en el mundo civilizado. ¡Qué hermosa es la soledad ártica vivida con intensidad!

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  • Con cariño para los jóvenes expedicionarios

    Queridos expedicionarios, nos sentimos súper orgullosos de todos vosotros. Hemos pasado muchas dificultades pero con vuestro apoyo continuo, hemos sentido vuestra presencia a nuestro lado y vuestra juventud e ilusión nos han llenado de fuerza. Os habréis dado cuenta ya, de que en una expedición se vive tan intensamente y ocurren tantas cosas en tan poco tiempo, que tan solo un par de meses de aventura parecen ser dos años enteros de vida “civilizada”.

    Os quiero explicar otra realidad que es muy diferente con vuestro mundo que conocéis, con vuestro entorno. Todo lo que os estamos enviando lo hacemos utilizando internet -nuestra conexión con los teléfonos- pero tenemos que tener cobertura, cosa que no es siempre posible. Nos movemos a buscar lugares donde conseguirlo y al mismo tiempo sin abandonar nuestro trabajo de campo. Nos vamos organizando y sacando tiempo para prepararos vídeos, escribiros los artículos… Nos gustaría hacer mucho más, pero nos faltan horas a los días, a pesar de que escatimamos muchas de dormir para poder disponer de más tiempo.

    “Y, ¿por qué nos cuentas esto ahora, Karmenka?”, se estarán preguntando vuestras cabecitas. Pues mirad, si juntáis las dos realidades que os he contado en los párrafos anteriores, entenderéis mejor lo que os voy a decir ahora. Hemos dejado ya Islandia, alcanzamos de nuevo el Norte de Dinamarca con el ferry y desde allí hemos recorrido otros 2.000 kilómetros para alcanzar Kiruna, al Norte de Suecia. Desde aquí nos quedan por recorrer tan solo 70 kilómetros y alcanzar un pequeño lugar llamado Nikkaluokta (bonitos nombres, ¿verdad?, suenan un poco a esquimales). Eso lo haremos esta tarde. Y desde allí, mañana en helicóptero, alcanzaremos la estación de descarga glaciar que tenemos en el Ártico Sueco, a latitud 68ºN. Ya estamos dentro del Círculo Polar, por cierto ¿sabéis a que latitud se encuentra este círculo?

    En ese lugar al que vamos no tenemos nada de cobertura. Tendremos únicamente un teléfono satelital para comunicar en caso de que ocurra alguna emergencia. Eso significa que durante los próximos días no os podremos subir nada al Blog, así que como tengo unos cuantos artículos escritos, relatándoos aventuras del tiempo que hemos estado en Islandia, os los voy a dejar subidos hoy antes de perder esa conexión. Vuestros profesores os los irán dosificando a lo largo de las próximas dos semanas, ¿os parece?

    Ahora os dejo este vídeo que os hemos preparado -entre Carlos, Adolfo y yo misma- especialmente para vosotros pues queremos ayudaros a entender nuestro trabajo en los glaciares, nuestras mediciones y esa labor que cómo hormiguitas, año tras año, realizamos en GLACKMA.

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  • ¿Queréis entrevistarnos por el teléfono satelital?

    Para la próxima semana vais a ser vosotros, los jóvenes expedicionarios, los encargados de escribir a todos los demás en el Blog. ¿Queréis saber cómo?

    Vais a hacernos una entrevista en directo. Os contactaremos por medio del teléfono satelital. Vosotros tendréis las preguntas preparadas y debéis de tomar buena nota de las respuestas que os demos, pues después escribiréis la entrevista completa a todos los demás seguidores del Blog. Además de la entrevista (preguntas y respuestas), debéis de contarnos vuestras sensaciones con la experiencia.

    Las entrevistas se realizarán entre el martes y el jueves de la próxima semana (5, 6 y 7) a partir de las 13:00 hora de la Península. La entrevista será de unos 5 minutos por grupo, así que pensaros muy bien las preguntas.

    Debéis de tener en cuenta que la conexión por el teléfono satelital va con un poco de retardo. Eso debemos de tenerlo bien presente para no solaparnos las voces. Tened en cuenta también que se nos puede cortar la comunicación por la pérdida momentánea de satélites. Si eso ocurre, os volvemos a llamar a continuación en cuanto recuperemos la señal, para terminar la entrevista.

    ¿Y sobre qué nos vais a entrevistar? Aquí os lo dejamos libre, para que vosotros elijáis o propongáis algún tema. Algunas posibilidades son: dudas que os hayan quedado de nuestro trabajo, o de lo que hacemos en GLACKMA, curiosidades que tengáis, o si queréis saber sobre nuestros inicios en esta investigación o sobre dificultades o problemas… Es a vuestra elección.

    Alejandro se pondrá en contacto con vosotros para coordinarnos a todos, que os podamos llamar y que no se repitan los temas. Y después ya sabéis, una buena redacción para escribirlo en el Blog y contárselo a todos los demás.  

    • Conducto endoglaciar

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  • Arica y el Altiplano

    Panorámica en la Precordillera

    (Crónica enviada por teléfono satelitario)

    Se suceden tan sólo un par de días desde que os escribí la última vez y tengo la sensación de que ya ha sido un mes entero. Es increíble lo que puede vivir uno en tan sólo 48 horas.

    Para no alargaros demasiado este artículo y poder manteneros al corriente de nuestro mini-viaje por el Altiplano, os diré que la partida fue un poco accidentada, pero que de momento volvemos a tener todo en marcha y sobre ruedas y nunca mejor dicho pues ahora mismo estamos en un 4x4 en pleno Altiplano.

    Salíamos de Punta Arenas a las 3:00 de madrugada en un vuelo a Santiago de Chile, donde enlazábamos con otro que nos llevaba directos a Arica, la región más la Norte de Chile, que tiene frontera por el norte con Perú y por el Este con Bolivia. ¿Qué tal está vuestra geografía sudamericana?

    ¿Qué nos ocurrió en primer lugar? Ese primer vuelo se retrasó bastante y nos tocó esperar en el aeropuerto de Punta Arenas, una verdadera pena después del madrugón. Evidente que perdemos nuestro segundo vuelo y nos tienen que buscar otra opción.

    Una vez que alcanzamos el aeropuerto de Arica, hay un desaguisado con el 4x4 que habíamos reservado. A última hora les surge un problema y no nos lo tienen disponible. Nos ofrecen un turismo… pero, ¿qué vamos a hacer nosotros con un turismo si lo que queremos es perdernos por el Altiplano?

    Cuando ya casi damos por perdido nuestro viaje y estamos empezando a considerar un plan C, o D… o Z, un local nos ofrece una solución y nos permite alquilar un 4x4 para movernos estos días por el Altiplano.

    Asfixiados de calor en Arica con 30ºC y justo en la costa, lo único que hacemos es comprar comida en un supermercado para ser autónomos durante estos días y salimos de allá para ir ganando altitud y con ello frescor.

    Como buenos expedicionarios y exploradores que sois ya, os voy a pedir que ubiquéis donde está Arica y después hacia el Este, busquéis Putre. Se encuentra en la carretera que saliendo desde Arica va a Bolivia. De momento es esa subida al Altiplano la que hemos tomado.

    Fijaros que Arica está a orillas del mar y Putre se encuentra a 3500 metros sobre el nivel del mar, justo antes de alcanzar el Altiplano. Y la distancia que las separa por la carretera es de poco más de 100 kilómetros, así que fijaros el desnivel tan grande que tiene dicha carretera. No todo vehículo es capaz de subir por estos lugares.

    Pasado Putre, hemos tomado una pista que continua avanzando hacia el Este y estamos ya en pleno Altiplano, hemos pasado ya lo que denominan la Precordillera y estamos en plena Cordillera, ya en el Altiplano, en este momento a 4535 metros de altitud. Nos está nevando y fijaros que es de tormenta con relámpagos y rayos… ¡Increíble!

    Os voy a hablar un poquito del clima para que conozcáis esta zona tan maravillosa. Empezamos en la costa con la ciudad de Arica, que aunque se encuentra en una zona tropical, tiene un clima templado debido a la influencia de la corriente marítima de Humboldt, cuyas aguas moderan la temperatura (abro aquí un pequeño paréntesis para pediros que investiguéis un poquito sobre esta corriente).

    La corriente origina además nubosidad costera durante las mañanas -fenómeno que aquí es conocido como “camanchaca”- y tarde soleadas durante todo el año. Las temperaturas casi no varían, 18º-28ºC en verano y 13º-19ºC en invierno. Es tremendamente seco, fijaros que el promedio máximo de precipitaciones es de tan sólo 0,2 mm en agosto y 2 mm lo acumulado en todo el año!!

    Sin embargo, hacia los valles interiores, la cordillera de la costa actúa como un biombo que frena las neblinas y aparece el desierto de Atacama, donde la humedad relativa del aire no supera el 40%, jamás llueve y los días de gran calor contrastan con noches muy frías.

    Si seguimos subiendo en altitud y nos adentramos en la Precordillera y el Altiplano, el clima vuelve a cambiar, acentuándose paulatinamente las oscilaciones térmicas diarias y la radiación solar. La altitud genera bajas presiones y poca concentración de oxígeno, lo que dificulta la respiración. Las estaciones climáticas son muy diferenciadas. De abril a agosto suele haber heladas, el aire es seco y la temperatura en el día fluctúa entre -5ºC y 15ºC, mientras en la noche hay mínimas que llegan a los -25ºC. De septiembre a noviembre la temperatura aumenta a unos 20ºC durante el día y -10ºC durante la noche.

    Bueno, pues ya veis por donde estamos. 

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  • El éxito es el fracaso superado por la perseverancia

    (crónica recibida por teléfono satelital, Fotos: Karmenka en directo)

    La nieve helada me golpea la cara con fuerza, tengo que quitarme las gafas ya que mi respiración acelerada hace que se me empañen. Los caprichosos copos arrastrados con fuerza por el viento me hacen entrecerrar los ojos.

    Quitar la protección de los cabezales que protegen los lectores de la sondas se convierte en una tarea casi interminable en estas condiciones de ventisca. Necesito operar con mis manos desnudas, ya que los guantes me impiden estas maniobras tan delicadas y precisas. Se me quedan heladas rápidamente, así que mi mente maquina una especie de alternativa. Una mano con guante y la otra no, intercambiando el papel de la protección antes de que la desnuda pierda el tacto. Sería catastrófico quedarme sin tacto, ya que tardaría mucho después en recuperarlas. Tengo que evitar esa situación.

    Una vez que los lectores de las sondas están al descubierto, tengo que emprender otra maniobra delicada. Sacar el ordenador de campo, encenderlo y preparar el programa, así como el cable de conexión. El ordenador es el robusto y especial para estas condiciones, del que os hablaba el otro día, pero es muy chiquito. La pantalla mide unos 12 cm. de ancho por 8 de alto. Imaginaros el tamaño de la letra.

    Para que os terminéis de hacer una idea, se me cubre continuamente de nieve que se queda helada y tengo que andar apartándola. Las gotas de agua que quedan del hielo fundido tras mi limpieza con la mano, hacen que esos tamaños de letra tan diminutos los distinga todavía con más dificultad. Para terminar de describir la situación imaginaros la cellisca golpeando mi cara y mis ojos.

    Con todo listo engancho un extremo del cable de conexión al ordenador y el otro a una de las sondas. Tardo un rato, mis manos se mueven lentamente por el frío. Hago conexión con el ordenador y la sonda… ¡Bien, y la sonda está funcionando! Algo es algo. Apartando una y otra vez la nieve helada de la pantalla, busco en el menú del programa la opción de descargar los datos antiguos. Bajo una serie de fichero… ¡Puf… algo tengo!

    Ahora debo convertirlos, ya que bajan en un formato máquina que no puedo leer. Me lleva un ratito…, aumentan mis nervios. Ficheros convertidos. Se acerca la hora de la verdad, tengo que abrirlos. De nuevo aparto la nieve helada de la pantalla. Cambio mi guante de mano. Mi corazón palpita a 200 por hora. ¡Sí, sí, sí…! Fichero de datos completo. No hay laguna de datos. Todo está bien. Seguramente al hacer la extracción de datos ayer con la agenda se cerró la comunicación debido al frío. Ahora con el ordenador ha sido posible extraer la serie completa gracias al calefactor que tiene. ¡Genial, genial, genial! Mi emoción es tan fuerte que se me escapa alguna lagrimita, pero se confunde con la nieve que se funde en mi cara.

    Ahora repito la operación con la otra sonda. Al aproximarme al extremo del cañón resbalo en el hielo que se ha formado en el borde y ¡zas!, un rápido movimiento –creo que instintivo al haber hecho la instalación en su día- me permite agarrarme a uno de los tubos que protegen los cabezales de la sonda. Quedo colgando de este agarre y con cautela me retiro hacia atrás hasta poner los pies firmes.

    Después continúo con la operación en la segunda de las sondas. Oigo la voz de Alfonso llamarme preocupado. Asomo la cabeza de entre las rocas cubiertas de nieve y agito mi brazo. “Todo bien. Cinco minutos y listo.” Había venido a buscarme con la moto, los otros tras liberar las motos del último atasco se había ido a espera ya Artigas, para ir tomando algo caliente.

    Al terminar me doy cuenta de que estoy casi congelada. Recojo todo, bajo con cuidado del cerro helado y recorro los 100 metros que me separan de Alfonso y la moto. Con una sonrisa de oreja a oreja le transmito mi infinita alegría. “Todo está bien. Tengo la serie de datos completa y las sondas están funcionando perfectamente. Muchas gracias, muchas gracias por el apoyo. Todo el esfuerzo mereció la pena”.

    Pasamos por Artigas para tomar un café caliente y sin más demoras de nuevo a las motos para emprender el recorrido de vuelta. Sigue empeorando el tiempo y nos queda un largo camino por recorrer.

    Regreso en la moto feliz, inmensamente feliz, con una alegría cándida e inocente. Al pasar frente a la Base Rusa Bellingshausen, compruebo que el cartelito de “Salamanca 12512 km” sigue en el indicador kilométrico que tienen frente al edificio principal. Allí está desde el año 2000. ¡Cuántos recuerdos!

    Al llegar a Bahía Fildes allí estaba el vehículo oruga de los uruguayos. Tras sus gestiones por la Base Chilena Frey, pasaron por Fildes para saludar a la dotación y ya estaban a punto de regresar a Artigas. Llevaban a un grupo de argentinos que habían cruzado el otro día desde Jubany hasta Artigas y ahora esperaban el buen tiempo para poder regresar a la Base Argentina. Los voy saludando y… ¡tremenda sorpresa!, entre ellos está Maxi, quien nos había ayudado durante el pasado verano con nuestro trabajo en el glaciar cuando estuvimos en Jubany. Una tremenda alegría volver a verlo.

    Pero mi alegría del día no queda ahí. Me dice Roberto que la predicción meteorológica para mañana es muy buena y casi con toda seguridad que podrá entrar el avión desde Punta Arenas.
  • Comenzamos a recoger el campamento

    (crónica recibida por teléfono satelital,  Fotos: Archivo GLACKMA)

    Otro día intenso de actividad. Nublado, con viento y algún chubasco, pero no ya la constante lluvia como tuvimos ayer.

    Por la mañana extraemos los datos -almacenados durante estos días- tanto de las sondas de la estación nueva como de la antigua. Nos tocará trabajar con ellos junto con los aforos realizados en el río, una vez regresemos a España. Gaby continúa con su trabajo de grabación, aprovechando cualquier pequeño rayito de sol que nos brinda con sus luces suaves.

    Retornamos al campamento, hacemos una última comida caliente y empezamos a clasificar, recoger y empaquetar todo el material. Una vez que está todo listo y la tienda grande de campamento vacía, la retiramos. Tenemos suerte, no nos llueve durante la maniobra y el viento nos deja realizarla tranquilamente.

    Nos quedan solamente las tiendas de dormir y en ellas los sacos. Mañana nos levantaremos a las 6:00, recogeremos y empaquetaremos estas tiendas y dejaremos todo el material así listo para que vengan los baquianos con los caballos a recogerlo. Nosotros nos pondremos en marcha, deshaciendo la caminata del primer día, para retornar a la guardería Grey donde tenemos los vehículos.

    Al final, el balance de esta primera parte de la expedición es muy positivo: los instrumentos antiguos funcionando, la serie de datos en nuestro poder sin laguna alguna en los casi 10 años que aquí estamos midiendo, la nueva estación perfectamente instalada con sondas más robustas e incluso varios aforos realizados con valores de caudal mínimos que son los que no podremos tomar cuando vengamos en el verano. Además de todo esto, el cometido y el objetivo de la participación de Gaby en la expedición, también están muy bien cubiertos en lo que llevamos hasta ahora. Le espera una segunda parte que promete ser también un buen complemento de su trabajo.

    Todo positivo. Una única nubecita es mi ojo… que sigue un poco raro. Pero ya mejorará.
  • Concluida la instalación

    (crónica recibida por teléfono satelital.  Fotos: Archivo GLACKMA)

    La noche fue larga para mí… apenas pude dormir un par de horas debido a una molestia en uno de mis ojos. El otro día debió de picarme algún insecto y se me ha ido poniendo peor con el paso del tiempo. También me han aparecido unas picaduras en el dedo corazón de la mano derecha, y todas ellas no hacen más que hincharse y molestar, sobre todo de noche cuando estoy calentita en el saco de dormir.

    En mi larga noche en vela tuve la compañía del ruido de la lluvia al golpear con la tienda. A lo que se sumó después un fuerte viento que me mantenía en vilo, pensando si la tienda grande nos la levantaba y llevaba, qué haríamos con todo el material allí guardado.

    Agotada ya de cansancio y habiéndome acostumbrado a las incomodidades de las picaduras e hinchazones, logro coger el sueño cuando me suena el reloj a las 7:00 de la mañana. Todavía plena noche, la lluvia sigue cayendo y con el cansancio de no haber dormido, tengo que sacar toda mi fuerza de voluntad para salir del saco, dejar la tienda y afrontar la nueva jornada.

    Desayunamos y bajo la lluvia nos ponemos en marcha hacia la estación de trabajo, dejando atrás el campamento. No son agradables las condiciones de trabajo con el viento y la lluvia, pero tenemos que seguir con la instalación. Sin embargo un grupo unido, centrado en un objetivo es capaz de sacarlo adelante a pesar de las dificultades que puedan surgir.

    Se suceden las horas, termina la luz del día y conseguimos finalizar la instalación de la nueva estación que además queda perfecta. E incluso podemos comenzar con la campaña de aforos. Si alguno de los que nos va siguiendo en el Blog puede explicar a todos los nuevos que se han ido incorporando, qué es esto de la campaña de aforos y su relación con los valores que registramos en la estación recién instalada, os lo agradecería. Estoy realmente agotada y no me queda mucha energía para escribiros más.

    Aparte del cansancio estamos todos felices por el trabajo bien hecho. Una gran satisfacción se refleja en las caras de todos mis compañeros. Además gracias al teléfono satelital hemos tenido información sobre el cruce a la Antártida en los próximos días. ¡Va a ser genial! Ya os iré contando cómo vamos a hacer para sacar todos nuestros objetivos adelante.
  • Un buen trabajo en equipo

    (crónica recibida por teléfono satelital, Fotos: Archivo GLACKMA)

    Aprovechamos bien las horas de luz que tenemos, así que comenzamos a levantarnos y preparar el desayuno, todavía en penumbra. De esta manera cuando comienza la luz estamos ya caminando hacia la estación, llevando con nosotros el resto de material.

    Es un día muy intenso de trabajo para todos y tenemos suerte con el tiempo que nos acompaña. Entre sol y nubes, a veces más densas, pero nada de lluvia ni nieve como los días anteriores.

    Trabajamos muy bien en equipo, Adolfo, Agustín y yo ya nos conocíamos trabajando juntos en campo durante campañas anteriores en este glaciar. Agustín es oro puro para el trabajo en equipo y un perfecto todoterreno en todos los sentidos. Congeniamos muy bien los tres desde la vez que coincidimos en la primera campaña al Tyndall, hace ya casi diez años.

    Pero no sólo esto, sino que los nuevos, Gaby y Pepe, se han integrado perfectamente en la expedición. Gaby saca adelante su trabajo de realizadora, filmando y grabando, pero sin interferir para nada en el trabajo de la expedición. Además tanto ella como Pepe, se han integrado muy bien en el equipo, pendientes de cómo ayudar, qué hacer, cómo colaborar, cómo echar una mano… Está siendo una expedición ejemplar en cuanto a trabajo en equipo, hay un magnífico ambiente entre los cinco y de esta manera vamos juntos superando todas las dificultades que nos van apareciendo.

    Comenzamos con la instalación de las sondas nuevas en el río. Tenemos suerte y el nivel está bajo, ha sido una buena época la que seleccionamos para venir. Aún así en el lugar de anclaje de las sondas, el agua nos llega por el pecho. Estamos Agustín y yo metidos en el río haciendo los anclajes para fijar la estructura. Desde el exterior tenemos el apoyo indispensable de Adolfo y Pepe. Mientras, Gaby aprovecha para realizar una buena cantidad de tomas para ir teniendo material para el futuro documental.

    Os escribo ya al finalizar la jornada. Ha sido muy intensa pero terminamos todos satisfechos. Nosotros con la instalación y Gaby con el material grabado. En cuanto a la instalación se refiere, quedó ya la parte del río hecha, de manera que mañana continuaremos con todo el exterior, pera yo no tendremos que meternos en el agua fría.

    No me extiendo hoy más, estoy agotada y con ganas de irme al saco a dormir y recuperar. Mañana hay que volver a levantarse temprano para que seguir con el trabajo.

    Las fotos de archivo que os acompañan este texto son del final del verano. Como podéis, ver imposible entrar al río en esas condiciones.
  • Una buenísima noticia, no os lo vais a creer

    (crónica recibida por teléfono satelital.  Foto: Archivo GLACKMA)


    Amanecemos descansados y secos… pero tremendamente hambrientos. Ayer habíamos pasado todo el día sólo con unas barritas de cereales energéticas, ni desayuno, ni comida, ni cena… y eso que la jornada fue larga, de bastante desgaste y con el final durillo de la lluvia a la hora de montar las tiendas de dormir.


    Al levantarnos por la mañana, todavía tenemos que aguantar un poco más el hambre. Hay que montar la tienda grande en la que almacenaremos el material y la comida y nos permitirá cocinar y comer a pesar de los días que nos toquen con lluvia y viento. Sacamos fuerzas de donde ya casi no hay y con una perfecta colaboración de los cinco integrantes de la expedición montamos la tienda grande, a pesar del fuerte viento que nos obstaculiza un poco la tarea. Después, distribuimos el material dentro de ella y por fin clasificamos los víveres que traemos. Tenemos el estómago completamente vacío, así que decidimos hacer un café calentito y mientras lo tomamos y nos va entonando, preparamos una especie de comida-cena atrasada de ayer que pasa a ser nuestro desayuno de hoy. Con el estómago lleno, las energías renovadas, parecemos otros.


    Comenzamos a separar todo lo que es material de instalación, bastante pesado por cierto, al constar de una gran cantidad de estructuras metálicas. Nos lo repartimos entre todos, cada uno según sus posibilidades y lo vamos transportando hasta el lugar de la estación en el río, donde debemos hacer la nueva instalación. El lugar no está lejos del campamento, a unos 2 kilómetros, pero los caballos no pudieron continuar debido a una zona de piedras bastante grandes y a una destrepadita que hay que hacer en una pared.


    Alcanzamos el lugar, el río lleva poca agua en comparación con el verano, aún así en el punto seleccionado para realizar la instalación, el nivel nos llegará hasta el pecho cuando nos tengamos que meter en él a trabajar. Tenemos algunos ratos bastante agradables, en los que las nubes nos dejan disfrutar de unas espectaculares vistas de las Torres del Paine, así como de diversos glaciares.


    Una vez tenemos todo el material acarreado en el lugar de la estación, tras largos viajes, me dispongo a intentar de nuevo conseguir conexión con la sonda antigua instalada. Digo de nuevo, porque en la expedición pasada a este lugar, a principios de marzo al salir de la Antártida, lo intentamos de cien mil maneras posibles. E incluso llegamos a hacer otra caminata al lugar con ida y vuelta en un sólo día, cambiando el software del programa utilizado. Y todo el esfuerzo resultó en vano. Los que nos habéis ido siguiendo lo recordaréis perfectamente, ya que fue tremendamente desolador, y los que os habéis unido más recientemente podéis buscarlo en las entradas antiguas del Blog.


    Bueno, el caso es que me preparo con el ordenador, el nuevo cable de conexión, abro la tapa de protección del lector de la sonda, engancho el cable, abro el programa… y mi mente tranquiliza a mi corazón, que está nervioso. Muy nervioso. Algo me lleva a pensar –ya desde España así lo creía- que con el nuevo cable conseguiría hacer la conexión, pero algo también me quiere hacer ser realista y no ilusionarme demasiado para evitar la tristeza después. En medio de esa lucha interna, mi corazón palpita con fuerza y… casi se sale de mi interior cuando mis ojos abiertos de par en par, observan que sí consigo hacer conexión entre ordenador y sonda. Se acelera todavía más el pulso al comprobar que sí están todos los datos almacenados –más de 11.000- y en mi cara se dibuja una enorme sonrisa cuando logro descargarlos. “¡Sí, sí, sí, tenemos los datos, toda la serie, no hay laguna de datos en la información!” les digo a los demás a gritos. Los nuevos van a pensar que estoy loca, pero es que es la mejor noticia que me podían dar.


    Tras esta tremenda alegría, regresamos al campamento ya oscureciendo y de nuevo la lluvia nos viene a saludar. En el fondo, en el fondo, yo creo que se unió a compartir con nosotros la alegría de la noticia.


    La diferencia de hoy con respecto a ayer es que, aunque llegamos mojados, tenemos una tienda donde refugiarnos y donde poder cocinar y tomar algo caliente. Tras reponer fuerzas, terminamos de preparar el resto de material para llevar mañana y comenzar la instalación de las nuevas sondas.


    Mientras hacíamos todo esto -recogidos en la tienda- fuera una sorpresa se estaba preparando para brindar con nosotros esa buena noticia de hoy. Se había despejado parte de la bóveda celeste y atónitos nos quedamos un buen rato contemplando las estrellas que parecen tener hoy un brillo especial.

  • Una bonita jornada con un final durillo

    (Crónica recibida por teléfono satelital, Foto: archivo GLACKMA)

    Ayer al finalizar el día cuando estábamos en Puerto Natales, una intensísima lluvia nos recordó que la caminata podrá ser más o menos confortable según las condiciones meteorológicas que tengamos.
    Comienza nuestra jornada según los planes previstos. Tras levantarnos a las 6:00 de la mañana, abandonamos Puerto Natales para entrar en el Parque de Torres del Paine. Lo cruzamos en los dos vehículos hasta llegar al final de una de las pistas, junto a la guardería Grey. Ya están allí los dos baquianos con los cinco caballos. Bajamos el material y se hace la carga en las caballerías.
    Salen a paso ligero los caballos y nosotros nos ponemos en marcha. Tenemos por delante una caminata de 30 kilómetros, por zona de montaña media con sus subidas y bajadas. El día amanece nublado, pero sin lluvia por el momento.
    Vamos disfrutando de la caminata e incluso el sol con sus rayos nos acompaña en algunos momentos. Si para todos es espectacular el panorama que presenta esta zona del parque con sus zonas altas ya nevadas, más todavía lo es para Gaby y Pepe que lo contemplan por primera vez. Vamos haciendo alguna paradita para que Gaby pueda hacer su cometido de ir grabando algo de video.

    Según nos dijeron los guardabosques en la guardería Grey, ayer hubo por la zona lluvias muy intensas y continuas… ¡De buena nos hemos librado! Sólo sufrimos las condiciones del camino, que está en algunas zonas tremendamente empapado. Hay partes en las que parece avanzamos por ríos y otras en las que el barro se convierte en una continua compañía para las botas, produciendo algún resbalón de vez en cuando.
    Nos lleva todo el día la caminata y ya es casi de noche –las 17:00 horas- cuando nos toca atravesar un río que tenemos poco antes de alcanzar la zona donde vamos a instalar el campamento y donde esperamos nos hayan dejado todo el material los caballos. Bueno, todo, todo, no. Un par de barras metálicas de las que llevamos para hacer la instalación en el río, las encontramos por el camino. Se le debieron de caer al caballo que las llevaba… y menos mal que las vimos y las pudimos recoger con nosotros.
    El río que nos toca atravesar lleva bastante agua, debido a las lluvias intensas de los últimos días. ¿Cómo lo cruzamos? Quitándonos los pantalones para mantenerlos secos y para los pies optamos por varias versiones: utilizar unas zapatillas viejas para poder pisar las piedras del lecho, emplear unas segundas botas o sin nada. La corriente lleva bastante fuerza y hay que avanzar con una perfecta combinación de maña, equilibrio y fuerza… y lo más fundamental, la ayuda de unos con otros. Está algo más que fresquita el agua, de manera que nos refrigera los pies y piernas después de la larga caminata. Gabriela se siente orgullosa de haberlo podido cruzar llevando su mochila con el equipo de video a la espalda. “Después de esto, ¿dónde está el frío?” comenta sonriente.
    Llegamos al lugar donde vamos a instalar el campamento y efectivamente ahí tenemos el material transportado por los caballos. ¡Pero qué mala suerte, justo ahora se pone a llover! Y en un santiamén cobra fuerza la lluvia al mismo tiempo que la oscuridad completa se nos hecha encima.
    ¿Cómo termina nuestra jornada? Con ayuda de la luz de los frontales, montamos las tiendas para dormir bajo la cascada de lluvia que nos cae encima. El resto del material lo dejamos un poco protegido de la parte donde más azota la lluvia, mañana habrá que seguir montando el campamento, con esta lluvia no merece la pena, pues va a quedar todo empapado. Acomodamos los sacos dentro de las tiendas de dormir, nos quitamos las ropas mojadas y nos metemos dentro. Así nos quedamos al final de la larga jornada, sin cena ni nada. Mañana será otro día.
    Gaby manda un mensajito muy especial para su niñita Olivia: “Que no se te caigan esos dientes que se movían, a ver si aguantan un poco hasta mi regreso para ver al Ratoncito Pérez”.