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Blog: Karmenka desde los Polos

  • Estoy bloqueada. No soy capaz de escribir

    (Crónica recibida por teléfono satelitario)   

    Tantos años viniendo a este país y nunca habíamos tenido una experiencia similar entre los islandeses. Siendo conscientes además de lo segura que es la isla nos sorprende más todavía. Incluso sabiendo que es extraño que vuelva a ocurrir, no somos capaces de instalar la tienda de campaña junto al coche para dormir. Todos han sido intentos fallidos. Cualquier ruido, el viento, las ovejas, cualquier cosa nos hace salir a mirar, a ver qué pasa o quién anda ahí. La desconfianza se ha apoderado de nosotros. Tenemos que terminar dormitando encogidos en los asientos que quedan libres en el Defender, tras estar de nuevo el coche cargado con todo el material para regresar a España.  

    Noto mi interior completamente agitado, como en nebulosa. Con una metáfora creo que me resultará más fácil transmitiros como me veo por dentro. Imaginaros una laguna de esas que tanto me gustan, con el agua clara, limpia, fresca… Ahora imaginaros una gran cantidad de sedimentos recién vertidos en ella, enturbiando por completo el agua, unos más grandes otros más pequeños, pero todo lleno sin permitir ver nada debido a su opacidad. Con el tiempo se irán decantando, primero caerán los más pesados al fondo, tardarán más los ligeros… pero poco a poco esa agua volverá a estar limpia, transparente y fresca. Estoy segura de ello.

    Llevo varios días sin poder escribir nada para el Blog. Tengo atrasado mucho por contar, desde que empezamos a cruzar por el interior de Islandia. Iba ya con un considerable retraso en las narraciones por la cantidad de trabajo e imprevistos durante la primera parte de la expedición, en la que ni quitando horas de dormir, conseguía escribir todo lo que acontecía. A eso le añadimos el tema del robo y rengancharme con los artículos para el Blog se me hace una tremenda cuesta arriba.

    Necesito calma para escribir. Cuando estoy bien, me brota sólo. No tengo más que ponerme delante del ordenador y dejar que mis manos se muevan a capricho por el teclado. Pero sólo puedo describir mis sensaciones, transmitir lo que percibo de verdad, lo que siento… no soy capaz de contar otra cosa.

    Y ahora me veo bloqueada. Al abrir el ordenador y tratar de pensar en ese hermosos recorrido atravesando el desierto interior de Islandia, lo único que me salía es algo así cómo: “Atravesamos el impresionante desierto interior de Islandia, continuamos nuestro recorrido por la isla del noreste al noroeste y al aproximarnos a la capital islandesa sufrimos un tremendo robo que rompe con mi toda inspiración para contaros más detalles.”

    Pero no, no puedo limitarme a esa narración. Os merecéis otra cosa, fieles seguidores del Blog. Tengo que superar ese bloqueo y poder brindaros con la realidad, con los sentimientos que en cada momento pulularon por mi interior.

    ¿Cómo lo voy a conseguir? Mi mente activa se pone a tratar de buscar una solución. Lo primero que tengo que conseguir es un entorno en el que me sienta cómoda, para mí eso es muy importante. Decidimos entonces Adolfo y yo perdernos estos pocos días que nos quedan hasta tomar el ferry para dejar Islandia, por los glaciares del Este del Vatnajökull. Los tenemos sin explorar y puede ser buen momento para hacerlo.

    De esta manera nos adentramos en el Hoffellsjökull, el Fláajökull, el Heinabergsjökull y el Skálafellsjökull. El entorno de los glaciares, la exploración de lugares nuevos, la aventura asociada y el fabuloso buen tiempo que atípicamente nos sigue acompañando en esta expedición, crearon ese entorno mágico a mi alrededor. Según avanzaban las horas, los días, iba percibiendo que la magia y la energía del entorno me ayudaban a clarificar ese interior mío, que se encontraba agitado y en nebulosa como os describía más arriba. La inspiración llegó de nuevo y empezaron a salir artículo tras artículo, recordando y reviviendo para cada uno las sensaciones que en su momento iba experimentando. 

    • Islandia invernal. En medio de la larga noche, un rayito de sol anuncia las dos horas de luz del día
  • Proyección de futuro

    (Crónica recibida por teléfono satelitario) 

    En cuanto abren el banco al día siguiente nos acercamos a él para recoger el dinero enviado desde España. Lo que debiera ser inmediato, se complica de nuevo y Margrét se personaliza en el propio banco para ayudarnos con la gestión. 

    Nos despedimos de ella, agradeciéndole todo lo que nos ha ayudado y además con una importante proyección de futuro. En cuanto le hablamos de GLACKMA, de lo que hacemos, de la estación de medida que tenemos en el glaciar Kviarjökull… en seguida pensó en lo interesante que sería establecer algún tipo de convenio, de colaboración entre Islandia y España. Ella, en su mundo de relaciones internacionales, ve opciones y es consciente de lo importante que sería tanto para unos como para otros. “Bueno, quizás haya sido una suerte que nos hayan robado”, le digo mientras sonrío. 

    Margrét, desde estas líneas quiero agradecerte una vez más, no sólo por las gestiones encadenadas unas tras otras que nos ayudaste a ir resolviendo, sino por esa onda tan positiva que nos transmitiste, por ese saber comprender desde el primer momento, por esa solidaridad impagable, por la suerte que hemos tenido de cruzarnos en el camino contigo. ¡Gracias Margrét!

    Abandonamos así Adolfo y yo la capital islandesa. Nos ponemos en ruta hacia nuestro glaciar, todavía aturdidos. Asimilando lo asimilable y sabiendo que el tiempo curará las heridas. Es una conducción tranquila la de ese día y también la del día siguiente.

    Llegamos a casa de Aaron y Einar, vecinos próximos a nuestro glaciar, quienes nada más conocernos nos permitieron guardar en su casa todo el material de la expedición que no necesitábamos mientras hacíamos este recorrido por Islandia. Sencillos, amantes de la naturaleza, se sienten incómodos con el suceso del robo: “¡Vaya, qué mala suerte! Y justamente lo que necesitan las personas como vosotros es apoyo y ayuda… y os va a tocar esto, que será seguramente el robo del año en Islandia. Si os podemos ayudar en algo, aquí estamos”. La solidaridad es grande, ni los mismos islandeses entienden ni quieren aceptar estos hechos. 

    • Regresamos a nuestra zona
  • Solidaridad de los islandeses

    La iglesia de Hallgrímur en Reykjavík es el edificio más alto de la ciudad, con 74 metros de altura

    (Crónica recibida por teléfono satelitario)   

    Es ya pasado el mediodía cuando logramos alcanzar la capital islandesa. La conducción ha sido tranquila debido a las dos ventanas delanteras que no tenemos y al esfuerzo por realizar un consumo mínimo de combustible que nos permita llegar y movernos por la ciudad hasta que consigamos algo de dinero para volver a echar gasóleo al Defender.

    Buscamos en primer lugar el Consulado de España en Islandia. La experiencia de Adolfo en embajadas y consulados al moverse por el mundo a lo largo de su vida, es que lo resolutivos que sean depende totalmente de la persona que está a cargo. Así que con ayuda de una de las guías de información que tenemos y con un mapa buscamos la ubicación del Consulado y nos ponemos rumbo al lugar una vez que alcanzamos Reikiavik.

    Llegados al lugar indicado, descubrimos que allí no está. Al preguntar a los vecinos nos indican que efectivamente allí ha estado ubicado, pero que ha cambiado de lugar. No dudan ni un instante en ayudarnos, buscando la posición actual del Consulado e indicándonos en el mapa, cómo llegar.

    Nos movemos despacio por la ciudad, deseando que el combustible nos llegue. Logramos encontrarlo está abierto y en él conocemos a Margrét, la vicecónsul. Desde el primer momento, sentí en su mirada que transmitía mucha solidaridad. La sentí muy cercana y ello me lleno de nuevo de tranquilidad.

    Las primeras gestiones a las que nos ayudó fueron a tratar de que nos enviase nuestro banco dinero desde España, por la vía de emergencia, para poder disponer de él en el mismo día. Es casi la hora de cierre de los bancos en España, así que hay que actuar con rapidez. Margrét tiene una reunión importante a la que ya llega tarde por dejarnos estas gestiones avanzadas.

    A partir de ahí, ¿que os puedo decir? Resumido, muy resumido, pero entresacando lo importante y más significativo, os puedo contar que el apoyo de Margrét fue continuo, que necesitamos de su ayuda para varias gestiones a lo largo de ese día y del siguiente y siempre estuvo dispuesta y lo que es más importante, por delante del problema.

    Gildo desde España gestiona alojamiento en Reikiavik para Cris e Irene. Eso me deja tranquila pues Adolfo y yo nos podremos apañar de cualquier manera y en cualquier lugar en el coche, esté ya cerrado con las ventanas o no. Al despedirnos de ellas me invade una tristeza profunda. Hoy quería que hubiera sido el día de Cristina, viéndola disfrutar entre los géiseres y sin embargo en un santiamén todo cambio su rumbo. “Cris, tratad de olvidaros del día de hoy cuanto antes, recordad todo lo positivo del viaje y disfrutad estos dos últimos días en la capital islandesa”. Un fuerte abrazo de Cristina me confirma que así será. Irene, espero que una vez cesen esas molestias musculares, puedas guardar en tu recuerdo una bonita travesía por este país tan especial.

    Problemas de nuevo en el envío del dinero de emergencia, hacen que no nos llegue hoy. Tendremos que esperar a mañana. Margrét nos deja suyo, personalmente de su propio bolsillo para que podamos echar combustible al Defender y comer algo. Nos localiza el taller de Rover para poder ir a poner las ventanas. Aquí también percibimos la solidaridad de los islandeses, para todos es inconcebible el robo que nos han hecho. Islandia es un país muy seguro. No están acostumbrados a estos percances.  

    En el taller se quedan hasta el final del día, sobrepasando las horas de trabajo, hasta que consiguen darnos una solución. En la isla no hay ventanas para el mismo modelo y mismo año del vehículo, pero nos adaptan de forma provisional las más parecidas para que podamos regresar a España. Son flexibles también con el pago, permitiendo que desde España se haga la transferencia al día siguiente.

    Margrét nos dio permiso para que pudiéramos dejar el Defender en el patio de atrás del Consulado y nos ofreció ir a poner la tienda en el jardín de su casa. Esa era nuestra idea y nuestra intención al ver que el Defender quedaba cerrado de nuevo.

    Pero, ¿sabéis? No fuimos capaces de dejar sólo el vehículo e irnos a poner la tienda a otro lugar. La desconfianza se había apegado a nosotros. Así que como pudimos, Adolfo y yo, encogidos en los asientos del coche, dormitamos un poco esa noche que fue tremendamente larga y en la que mi mente no hacía más que revivir una y otra vez las imágenes del Defender con las ventanas rotas, las puertas abiertas y el interior completamente revuelto y caótico.

    En el silencio de la noche, me invade de nuevo la tristeza. De nuevo regresa esa cadena de porqués a mi mente, quedando todos sin contestación.

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  • Tremendo robo con agresividad

    (Crónica recibida por teléfono satelitario)   

    El primero en empezar a levantarse es Adolfo. Antes de que terminase de salir de la tienda se oye cercano cómo un coche con un motor potente se pone en marcha y acelera casi a tope en pocos segundos. “¡Nos han robado!, seguro” digo en voz alta, tras escucharlo.

    Adolfo es el primero en ver el Defender, tras subir un pequeño desnivel de apenas 6 metros en el que protegidas habíamos instalado las tiendas de campaña. “¡Nos han robado, está el coche abierto y un montón de cosas esparcidas alrededor!” dice Adolfo en voz alta.

    Mi corazón comienza a latir con fuerza, quiero pensar que no es real, que estoy soñando… Islandia es un país tremendamente seguro en este sentido. Los propios islandeses tienen por costumbre dejar las casas abiertas e incluso las llaves en los coches. No puede ser…, no puede ser cierto.

    Tremenda imagen contemplo. Las cuatro puertas del Defender abiertas, las dos delanteras con los cristales rotos. Un barullo de cosas revueltas por el suelo completa la estampa. Adolfo ya está junto al coche analizando tranquilo la situación. Su tranquilidad me llega y me hace ser consciente de la realidad, tenemos que hacernos con la situación con calma.

    Al aproximarme observo que el revoltijo de cosas en el exterior no es nada en comparación con el caos que hay en el interior. Han abierto prácticamente todas las bolsas y vaciado su interior, buscando lo que les interesaba, el resto está mezclado con los cristales… parece que una bomba hubiera explotado en el interior del vehículo.

    Aparecen las chicas, su cara refleja también el impacto por lo que tenemos delante. Todo lo teníamos en el coche, se habrán llevado todo lo que hayan deseado. Sólo les han quedado por abrir una bolsa de ropa y las cajas de comida e utensilios de cocina. Seguro que eso es lo que les faltaba cuando sintieron a Adolfo levantarse y se pusieron en marcha a toda velocidad, temerosos seguramente de que pudiéramos ver el vehículo en el que huían.

    En seguida pienso en el ordenador, los datos de la estación están todos en él. Siempre hago una copia de seguridad y la dejo enviada por internet, por si acaso ocurre algo para no perder la información. En esta ocasión todavía no lo había hecho. ¡Vaya, vaya, vaya! Información irrecuperable, son los datos horarios desde abril del 2011. Un año y medio de datos… ¡perdidos! Catastrófico para la expedición, un verdadero caos. Me invade una tremenda tristeza e impotencia… ¿Por qué?

    Ojeando un poco por encima en medio del caos del interior, descubro el ordenador. “¡No se lo han llevado, no se lo han llevado! Tenemos todos los datos”, grito sonriente. Ya no me parece todo tan caótico, ya no siento que sea una catástrofe tan grande. Tenemos lo irrecuperable… el resto poco a poco iremos reponiendo según haya posibilidades. Nos ha salvado que se trataba de un ordenador un poco extraño, robusto, de campo, pesado… poco normal y difícil de vender… Eso nos ha salvado.

    En un primer análisis confirmamos lo que era de esperar, nos han robado las carteras con todo el dinero, las tarjetas bancarias, la documentación, las cámaras de fotos, de vídeo, GPS, teléfonos móviles… lista que se va incrementando según vamos separando y ordenando el revoltijo caótico entre los cristales. Es una tremenda pérdida económica, pero al menos los datos de la estación los tenemos con nosotros.

    Se ha salvado el teléfono de Cristina -que tenía con ella en la tienda- y comienza a hacer las gestiones para que nos cancelen todas las tarjetas y después a la policía local para avisar del suceso.

    Sabiendo que está avanzando en este sentido, me despreocupo de esos temas y me centro en ir habilitando cuanto antes el Defender y poniendo orden a las cosas. Nos espera un día muy largo y tenemos que tratar de salir de aquí cuanto antes para poder empezar a solucionar algo en Reikiavik. Adolfo con paciencia va quitando los cristalitos del interior del coche y recogiendo del suelo antes de que vuelen, los tickets, comprobantes y facturas de los gastos que llevamos, e Irene tratando de separar y ordenar sus cosas.

    En medio de este caos pero con la felicidad de tener los datos con nosotros, el impacto de la agresión y lo caótico de la situación parecen quedar en un segundo plano. Mientras clasifico y ordeno, trato de comprender… pero no puedo. ¿Por qué?, ¿Por qué lo han hecho?, ¿Por qué nos ha pillado tan confiados?, ¿Por qué hemos parado a acampar en esta zona turística si nunca lo hacemos?, ¿Por qué no puedo dar marcha atrás al tiempo?, ¿Por qué no puedo cambiar la historia? Una gran cadena de porqués se agolpa en mi mente sin ser capaz de ubicarlos, de darles una respuesta…

    Sin nada de dinero con nosotros soy consciente que el combustible que tenemos en el Defender debemos de estirarlo al máximo para poder llegar a Reikiavik… Y allí, ¿a dónde?, ¿qué nos deparará el día?  

  • En un mundo azul... (por Telmo Losada)

    Blanco. Así es como describiría el paraíso polar de tundra y glaciares al que llegamos los ocho exploradores de Glackma  dispuestos a todo. El aterrizaje en Reykjavík se produjo en una luminosa noche de julio sobre las 3 de la mañana, en donde ya pudimos probar el tiempo fresco que nos acompañaría durante el viaje.

    Recorrimos la parte sur de la isla en dirección Este durante varios días hasta alcanzar el campamento donde Adolfo y Karmenka nos esperaban, y durante ese viaje no hacíamos más que descubrir Islandia, un país que es como un libro de geología en directo: géiseres, cascadas, valles, planicies y estructuras, de las que me llamaron especialmente la atención las basálticas y de las que pudimos ver buenas muestras tanto en la fría costa como en el interior, en la cascada de Skaftafell por ejemplo.

    Una de las primeras sensaciones del viaje es la tranquilidad que se respira en el ambiente y que tan bien ha descrito Karmenka en más de una ocasión. El contraste con el ritmo urbano. El extenso territorio y la baja población hicieron que apenas nos cruzáramos con gente en algunas zonas, lo cual nos permitió disfrutar todavía más del momento.

    Si con algo me quedo de todo lo que vimos y experimentamos es con el hielo. A medida que avanzaba nuestro viaje lo íbamos viendo más y más cerca. Parecía que le costaba llegar a nosotros hasta que por fin lo tuvimos delante. Es un momento imborrable la parada a la islandesa que hicimos para llegar a la primera laguna glaciar que visitábamos y en la que pudimos ver un impresionante frente del glaciar Vatnajökull y multitud de icebergs de diferentes tamaños y formas.

    Tras ésa hicimos una nueva parada en la siguiente laguna, Jökulsárlón, escenario hollywoodiense en el que recorrimos un tramo a bordo de un barco haciendo multitud de fotos y disfrutando a pesar de la lluvia que nos sorprendió en mitad de trayecto. Aquí pudimos observar de cerca los icebergs y sus cambios cromáticos, evolucionando desde el blanco de la superficie, a veces ennegrecida, hasta el intenso azul del interior.

    Por suerte el hielo no quedó limitado a esas dos visitas. Fue un marco perfecto para la tarde que pasamos viendo cómo Karmenka realizaba los aforos, agua al cuello y sujeta con cuerdas, en donde también nos metimos nosotros, en una zona mucho menos profunda, apenas hasta las rodillas, pero igual de fría. Como broche final del día nos quedamos todos a cenar una deliciosa y energética sopa que buena falta nos hacía.

    También lo tuvimos en primerísimo plano en dos trekkings. El primero la mañana del día de los aforos, acompañados por Cherri, nuestro guía, en el que quedé asombrado por la belleza del inmenso campo de hielo en el que nos encontrábamos y en el que nos entretuvimos buscando algunos de los indicadores que marcan la ruta para poder continuar.

    Y el segundo, la mañana del día siguiente y liderado por Adolfo, hasta un punto de un pedregal, sobre el que ya hacía rato que caminábamos, en el que nos dividimos en dos grupos por escasez de crampones. Ahí Emilio, artífice de la deliciosa cena de la noche anterior, nos dio un breve e interesante curso sobre los diferentes tipos de nudos que se utilizan en la montaña y Adolfo, ya sobre el glaciar, nos explicó detalles del comportamiento del mismo y de su estructura en una charla muy amena que se ha convertido en la mejor clase que he tenido hasta la fecha.

    Al regreso de esta excursión comenzaba nuestro retorno a la capital islandesa hasta la que aún nos quedaban un par de días en los que, si bien el hielo siguió siendo una constante del paisaje, la fauna ártica de esta remota isla adquirió un papel importante ya desde el propio momento del regreso del segundo trekking al campamento de Glackma, en el que una skúa alzó el vuelo para atacarnos por pasar demasiado cerca de su nido.

    La mañana siguiente nos dirigimos desde Vík hasta la zona más al sur de la isla. Quedé encantado con el lugar. El blanco quedaba ya lejos y dejaba paso al negro de una playa que se pierde en el horizonte. Los acantilados repletos de gaviotas y frailecillos y las golondrinas árticas en el llano completaban el escenario en el que también pudimos acercarnos a una pequeña y rocosa playa a oír el oleaje.

    Y de allí a Reykjavík de nuevo, para subirnos al avión del día siguiente y regresar a casa.

    Ha sido un viaje simplemente perfecto del que podría decir que incluso ha superado expectativas que ni llevaba en mente.

    Telmo Losada González

  • Vant, una gota de agua en Islandia (Por Diana Serrano)

    Érase una vez una gota de agua, se llamaba Vant. Vivía en una nube junto a sus hermanos, dos hermanas y un hermano. No se acordaban de como habían llegado allí pero las gotas de más edad hablaban de aventuras increíbles a través de esa isla que podían ver desde el aire, a sus pies. Se movían sin apenas esfuerzo, libres, felices, ligeras, casi ingrávidas.

    Sin embargo los días soleados se estaban acabando porque su nube cada vez estaba más atestada de gotas y ya no tenían tantas energías, se sentían pesadas y cansadas. Llegó el día en que la entropía era demasiado alta, solo había confusión y desorden, y decidieron que aquel ya no era el lugar donde querían vivir.

    Se cogieron de la mano y se lanzaron a lo desconocido. Al exterior de la nube, al vacío. Justo cuando iban a llegar a tierra firme un viento frío las empujó tan fuerte que no pudieron mantenerse unidas, se soltaron las manos y sus caminos se separaron.

    La hermana menor, Foss, cayó en unas aguas turbulentas, agitadas, donde sus compañeras la empujaban bruscamente de un lado para otro. Al principio luchó con todas sus fuerzas contra la corriente pero minutos después, agotada, se dejó arrastrar impotente. Unos metros delante de ella se oían unos gritos que ensordecían el ambiente, uaaaaaaa. De repente, una grieta se abrió ante sus pies y cayó durante lo que le pareció una eternidad. Cuando tocó otra vez suelo no se lo podía creer, nunca lo había pasado tan bien. Se acordó de sus hermanos y deseó que estuvieran pasándolo todos igual de bien.

    Mientras, el hermano de Vant, Geysir cayó en un charco lleno de gotas de agua que estaban un poco frías para lo que estaba acostumbrado en su nube. Se quedó muy quieto, a la expectativa y entonces  notó como se movía de arriba y abajo, era como si la tierra estuviera respirando, latiendo, y de repente, zas! notó un empujón, una fuerza que le elevó al menos diez metros, yuhuuuuuuu. La fuerza que le impulsó desde abajo estaba ardiendo y notó como a él también le subía la temperatura. Al caer se encontró atravesando las fisuras de la rocas para poder llegar al origen de esa fuerza, había nacido para explorar, ¡ahora lo sabia!

    Lon era la hermana mediana de Vant y como ella era la más ligera estuvo más tiempo en manos de aquel frío viento. Lon fue a caer en un lago. Allí nadó con los peces  y las focas, y al desembocar en el mar descubrió las ballenas y la arena, ¡le encantaba la arena! Ese era su sitio, mecer a los granos de arena según el vaivén de sus compañeras.

    A todo esto Vant había caído en un glaciar. Estaba en la superficie y notaba como se formaban cristales afilados a sus pies. Había multitud de formas nuevas allí. Los rayos de sol calentaban la superficie del glaciar provocando corrientes de gotas de agua que iban pendiente abajo. Se adentró unos metros en el interior del glaciar y pudo ver como sus compañeras apretadas y frías formaban unas paredes rígidas y de un color increíble, ¡eran azules!

    De repente una corriente la empujo con fuerza y cogió velocidad. Cuando habían transcurrido ya algunas horas se encontró pasando por la hélice de Karmenka. Se asomó al pasarla y mirando hacia atrás pudo ver como Adolfo apuntaba los caudales que Karmenka desde el agua a 1 grado le cantaba. Se sentía muy orgullosa de haber formado parte de este proyecto y llena de ilusión siguió su camino pendiente abajo.

  • El curso de Islandia (por Empar Landete)

    Todo comenzó una cálida tarde de mayo, a orillas del Mediterráneo, cuando decidí mirar por internet, que hacían los compis de la AEC (Asociac. Española de  Climatología ), y de repente vi:

    “GLACKMA te invita a conocer los aforos de los Glaciares Islandeses con Carmen Domínguez y Adolfo Eraso  etccccccccccccccc……………..  “

    Los ojos se me abrieron como platos , y pensé :  Islandia = frío, Tavernes de Valldigna (mi pueblo) = calor a manta ;  Karmenka + Adolfo  = conocimientos climatológicos  en pleno glaciar …..

    A las 2 horas de haber visto esto, me había apuntado al curso de Aforo en Islandia, había pagado la mitad del viaje, me había asociado a GLACKMA; Vaya: ¡cómo pueden cundir dos horas!.

    La sangre me hervía de emoción, estaba que no cabía en mi piel, pensando en las experiencias que podría tener………….

    Al regreso debo  decir en honor a la verdad, que Islandia superó con creces las expectativas esperadas, cuando estaba allí no me lo podía creer,  estaba observando  ese Océano Atlántico Norte que tantas ocasiones había analizado en mapas satelitales;  las  temperaturas de sus aguas, sus presiones atmosféricas, en comparación con Ponta Delgada (Portugal )  para intentar deducir la evolución de la NAO, estaba allí donde se cuece  parte del Jet Stream,  los inviernos de nuestra latitud, qué flipe  para una climafriki  como yo, una súper-experiencia .

    Los hijos de Odín  que nos juntamos en este grupo, maravillosos, gracias a todos, en mi alma hay un gran salón para vosotros con bonitas vistas al Vätnajokull; me impresionó una barbaridad, que cantidad de nieve junta, hacía 15 años que no veía nieve (la última vez fue en la Sierra del Javalambre  y había un palmo).

    Conforme se iba acercando el día de llegar al campamento GLACKMA, hervía de emoción, pero el cansancio acumulado de días atrás  me  hacían mella, y en cuanto vi aquellos verdes sofás de la tundra junto al río de aforo, tomé posesión de varios de ellos, qué exquisitas vistas, ni en mis mejores sueños.

    Cuando comenzó Karmenka con sus aforos , pensé :  ¡levántate, so vaga! , ¡mira esa chica qué valiente es!. Era un esfuerzo titánico el que estaba haciendo Karmenka para mantener recto el tubo de la hélice, la coordinación de Tato y Emilio con las cuerdas que la sujetaban, ya que si no fuera así, a esta mujer ya la habrían recogido unas 3.000 veces en la desembocadura del río, pues la corriente hay momentos en que es muy fuerte. Dentro de mí se me removió el cerebro y pensé:

    “Esto es pasión y fe por lo que hacen y en lo que creen; merecen todo mi respeto y admiración.  ("son más forofos climatológicamente hablando que yo")

    Sobre el convite a cenar  en  el campamento Glackma, corramos un tupido velo, se me congelaron las manos  en el rio del glaciar, la próxima vez llevaré guantes de goma, jejejejeje.

    Y qué decir de la subida al glaciar con Míster Adolfo…: CHAPEAU!!  Qué gran honor fue para mí estar con LORD  ICE´S,  le hice un montón de preguntas  climatológicas, y sus respuestas fueron muy esclarecedoras.  Estoy deseando conocer los datos de las estaciones de aforos que tienen en la Antártida  para observar  las correlaciones que puedan existir con los eventos en el Pacífico Oriental y Central.

    Los conocimientos adquiridos sobre aforos, criokarst , hidrogeología glaciar, moulins , me han abierto otras puertas climatológicas .

    Solo tengo palabras de admiración y agradecimiento a las personas que han hecho posible que este  maravilloso viaje  se haya hecho realidad, pues ni en mi mejores sueños hubiese sido tan perfecto.

     Empar Landete Bermell

     Friklymatóloga

     Afiliada a GLACKMA y alumna del curso de descarga Glaciar 

  • Refugio ruso Priroda: un paraíso antártico

    Pingüino papúa

    Un día de trabajo duro y largo en el glaciar. El viento no nos abandona durante toda la jornada y hace bajar la sensación térmica bastante. Estamos alejados de la zona del campamento, pero próximos a un lugar mágico. Propongo a Adolfo acercarnos a Priroda, propuesta que es rápidamente aceptada. ¿Sabéis que es Priroda (Природа)? Es un refugio ruso que está próximo a la costa, bajo unos acantilados, pero ya en la zona del Drake. Una zona donde siempre el viento sopla con gran intensidad, convirtiéndola en una costa tremendamente inhóspita.

    Salimos del glaciar, atravesamos la morrena perimetral, que por cierto es bastante inestable y nos lleva más tiempo del previsto y finalmente salimos a un  gran valle, próximo ya  al refugio ruso. Finales de diciembre y aunque ya es verano en estas latitudes, queda todavía algo de nieve en el valle.

    Según vamos avanzando, tenemos cada vez más cerca los témpanos próximos a la costa, que veíamos antes alejados desde lo alto del glaciar. Nuestro paso va disminuyendo según nos aproximamos a la playa… la magia del entorno nos empieza a envolver.

    Playa de arena fina y negra. Un grupo de elefantes marinos descansando, lentos y torpes en tierra pero agilísimos en el mar. Olas golpeando con furia los témpanos que se desgajan en pedazos cada vez más pequeños. El agua del mar moldeándolos a su capricho. Las olas, perdiendo su energía llegan a la costa, y ahí se quedan remolonas jugando con los fragmentos pequeñitos de hielo que han logrado capturar y arrastrar a la orilla…

    Percibes que poco a poco el entorno te envuelve, se apodera de ti… o logras inmiscuirte tú perfectamente en él. No sé cuál es la realidad. Tu mente viaja a, a… a no sé donde, ni, ni… cuándo. No existió el ayer, ni existirá el mañana. Sólo hay presente. Se acabó por completo la noción del tiempo. Es ahora, es este preciso instante, que te llena, te transporta.

    Siento como si el fuerte viento me llevara de un lado a otro, a su capricho. Sin oponer resistencia alguna me dejo guiar y zarandear, recorriendo por completo cada detalle del entorno que me envuelve. Me siento como en otra dimensión… Me percibo integrada en este entorno, en este mundo que es mágico de verdad.  

    Puf!!! Noto frío de repente. ¿Dónde estoy? ¿Qué me ha pasado? Miro alrededor. Adolfo me llama: “¿Seguimos? Te vas a quedar helada ahí quieta”  Como si despertara de un profundo y hermosos sueño, me pongo de nuevo en camino. “¿Dónde he estado? ¿Por dónde ha estado viajando mi mente?”, me cuestiono interiormente mientras, todavía atontada, avanzo.

    Dejamos la playa y tras una pequeña trepada por un acantilado alcanzamos el refugio ruso. ¿Sabéis que significa Priroda? “Naturaleza”. Un nombre perfectamente elegido para este lugar. Es muy pequeñito el refugio, pero es tremendamente acogedor. Fuera, el viento siempre soplando con esa gran intensidad en esta zona que da al estrecho del Drake, y sin embargo dentro, te encuentras perfectamente protegido. Es como un remanso de paz y de tranquilidad en medio del vendaval, de la tormenta. Es como un recuperar fuerzas para salir de nuevo al exterior.

    En el libro de visitas escribimos una notita y firmamos… Cada año, desde el 2000 que estamos viniendo a esta zona de la Antártida, es ya un ritual para nosotros, pasar al menos una vez por aquí y dejar nuestra firma en el libro de visitas.

    Presta estar aquí dentro sentados, sintiendo la intemperie dura y antártica en el exterior… Pero de repente hay que decir: “¡hasta la próxima, Priroda!”, y emprender el viaje de regreso.

    El camino de vuelta es lento… la mente está todavía medio perdida, medio viajando, medio remolona por un mundo mágico en el que ha logrado inmiscuirse completamente. Hay que ir asimilando y guardando dentro de uno todo este encanto del que se ha llenado y sabe que quedará dentro para siempre. Allá en el “mundo civilizado”, cuando la velocidad casi de vértigo a la que se mueve todo, te quiera empujar, tú sabes que tienes un tesoro dentro de ti. Sólo tienes que saber hacer una “paradita”, regresar a él, zambullirte de nuevo en ese mundo mágico, embeberte de su encanto… y estás listo de nuevo para salir a la intemperie.   

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  • Arica y el Altiplano

    Panorámica en la Precordillera

    (Crónica enviada por teléfono satelitario)

    Se suceden tan sólo un par de días desde que os escribí la última vez y tengo la sensación de que ya ha sido un mes entero. Es increíble lo que puede vivir uno en tan sólo 48 horas.

    Para no alargaros demasiado este artículo y poder manteneros al corriente de nuestro mini-viaje por el Altiplano, os diré que la partida fue un poco accidentada, pero que de momento volvemos a tener todo en marcha y sobre ruedas y nunca mejor dicho pues ahora mismo estamos en un 4x4 en pleno Altiplano.

    Salíamos de Punta Arenas a las 3:00 de madrugada en un vuelo a Santiago de Chile, donde enlazábamos con otro que nos llevaba directos a Arica, la región más la Norte de Chile, que tiene frontera por el norte con Perú y por el Este con Bolivia. ¿Qué tal está vuestra geografía sudamericana?

    ¿Qué nos ocurrió en primer lugar? Ese primer vuelo se retrasó bastante y nos tocó esperar en el aeropuerto de Punta Arenas, una verdadera pena después del madrugón. Evidente que perdemos nuestro segundo vuelo y nos tienen que buscar otra opción.

    Una vez que alcanzamos el aeropuerto de Arica, hay un desaguisado con el 4x4 que habíamos reservado. A última hora les surge un problema y no nos lo tienen disponible. Nos ofrecen un turismo… pero, ¿qué vamos a hacer nosotros con un turismo si lo que queremos es perdernos por el Altiplano?

    Cuando ya casi damos por perdido nuestro viaje y estamos empezando a considerar un plan C, o D… o Z, un local nos ofrece una solución y nos permite alquilar un 4x4 para movernos estos días por el Altiplano.

    Asfixiados de calor en Arica con 30ºC y justo en la costa, lo único que hacemos es comprar comida en un supermercado para ser autónomos durante estos días y salimos de allá para ir ganando altitud y con ello frescor.

    Como buenos expedicionarios y exploradores que sois ya, os voy a pedir que ubiquéis donde está Arica y después hacia el Este, busquéis Putre. Se encuentra en la carretera que saliendo desde Arica va a Bolivia. De momento es esa subida al Altiplano la que hemos tomado.

    Fijaros que Arica está a orillas del mar y Putre se encuentra a 3500 metros sobre el nivel del mar, justo antes de alcanzar el Altiplano. Y la distancia que las separa por la carretera es de poco más de 100 kilómetros, así que fijaros el desnivel tan grande que tiene dicha carretera. No todo vehículo es capaz de subir por estos lugares.

    Pasado Putre, hemos tomado una pista que continua avanzando hacia el Este y estamos ya en pleno Altiplano, hemos pasado ya lo que denominan la Precordillera y estamos en plena Cordillera, ya en el Altiplano, en este momento a 4535 metros de altitud. Nos está nevando y fijaros que es de tormenta con relámpagos y rayos… ¡Increíble!

    Os voy a hablar un poquito del clima para que conozcáis esta zona tan maravillosa. Empezamos en la costa con la ciudad de Arica, que aunque se encuentra en una zona tropical, tiene un clima templado debido a la influencia de la corriente marítima de Humboldt, cuyas aguas moderan la temperatura (abro aquí un pequeño paréntesis para pediros que investiguéis un poquito sobre esta corriente).

    La corriente origina además nubosidad costera durante las mañanas -fenómeno que aquí es conocido como “camanchaca”- y tarde soleadas durante todo el año. Las temperaturas casi no varían, 18º-28ºC en verano y 13º-19ºC en invierno. Es tremendamente seco, fijaros que el promedio máximo de precipitaciones es de tan sólo 0,2 mm en agosto y 2 mm lo acumulado en todo el año!!

    Sin embargo, hacia los valles interiores, la cordillera de la costa actúa como un biombo que frena las neblinas y aparece el desierto de Atacama, donde la humedad relativa del aire no supera el 40%, jamás llueve y los días de gran calor contrastan con noches muy frías.

    Si seguimos subiendo en altitud y nos adentramos en la Precordillera y el Altiplano, el clima vuelve a cambiar, acentuándose paulatinamente las oscilaciones térmicas diarias y la radiación solar. La altitud genera bajas presiones y poca concentración de oxígeno, lo que dificulta la respiración. Las estaciones climáticas son muy diferenciadas. De abril a agosto suele haber heladas, el aire es seco y la temperatura en el día fluctúa entre -5ºC y 15ºC, mientras en la noche hay mínimas que llegan a los -25ºC. De septiembre a noviembre la temperatura aumenta a unos 20ºC durante el día y -10ºC durante la noche.

    Bueno, pues ya veis por donde estamos. 

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  • El Chaltén a los pies del Fitz Roy

    El camino que tenemos que recorrer desde Punta Arenas hasta El Chaltén es largo y nos lleva un día. Parte de las carreteras están asfaltadas, pero otros trayectos son todavía de ripio, lo que hace un avance más lento. El Chaltén, ¿dónde está? Es ya Argentina, pero se encuentra muy próximo a la frontera con Chile. Se trata de un pueblo que va creciendo de una manera muy notable, debido al turismo. ¿Sabéis por qué? Está en el flanco Este del Campo de Hielo Sur, al pie del impresionante Monte Fitz Roy y Cerro Torre, que con sus respectos 3405 y 3102 metros, son muy conocidos por las arriesgadas escaladas realizadas en sus paredes caracterizadas por su gran verticalidad. Es muy curioso el nacimiento de este pueblo, ya que es tremendamente reciente. Se fundó en 1985 y como os digo desde entonces va ampliándose a una gran velocidad. La última vez que habíamos estado en este lugar fue hace un par de años y el cambio que notamos es muy grande. Y, os estaréis preguntando, ¿por qué surgió este pueblo ahora tan recientemente?Os decía antes que estaba ubicado en tierras argentinas, pero casi en la frontera. Justamente ese es el motivo del nacimiento del pueblo, los argentinos quieren marcar claramente su presencia y hegemonía en la frontera con los chilenos. Pensad que la frontera entre ambos países pasa a través de la Cordillera Andina, y en las zonas cubiertas por los glaciares del Campo de Hielo se dificulta mucho dicha definición. Tenemos suerte a nuestra llegada a El Chaltén, ya que podemos contemplar toda la cordillera despejada con el imponente Fitz Roy. No es tan fácil contemplar una vista panorámica tan clara, pues habitualmente debido a la altitud de las montañas, los frentes de nubes suelen encubrirlos. Nos dirigimos al Hospedaje de La Guanaca, de nuestros amigos Victoria y Marcelo. Son encantadores, los conocimos hace tres años cuando estuvimos explorando esta zona y buscando un glaciar donde poder realizar nuestras investigaciones. Desde entonces, nos apoyan en todo lo que pueden cada vez que venimos. Una gran alegría volver a encontrarnos. Mañana tenemos que recorrer 37 kilómetros hasta el glaciar Huemul, en el que tenemos instalada una de las estaciones de medida de descarga glaciar de GLACKMA. Os contaré en el próximo artículo, que es lo que medimos en estas estaciones. Me acuesto pensando en levantarme tempranito mañana, a las 4:30 he puesto la alarma. Si amanece despejado, me alejaré del pueblo en un lugar que conozco y hay unas vistas impresionantes de la cordillera con el Fitz Roy y el Cerro Torre. Quiero hacer algunas grabaciones de vídeo. Justo al amanecer el sol las ilumina y cobran un color anaranjado que parece que están encendidas. Aquí os dejo una foto que tomé de este espectáculo hace un par de años… Bueno, por cierto, ¿la reconocéis en la cabecera del Blog que os puse en este inicio de expedición, verdad?

    • El Chaltén a los pies del Fitz Roy
    • El Chaltén a los pies del Fitz Roy
    • El Chaltén a los pies del Fitz Roy

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