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Blog: Karmenka desde los Polos

  • ¿Qué hacemos en GLACKMA?

    Sobre el casquete glaciar

    ¿Sabéis? Reconozco que hemos tenido una gran suerte con la emisión del programa de Al Filo de lo Imposible sobre GLACKMA el pasado domingo, aconteciendo mientras nosotros seguíamos en nuestra expedición antártica. Sí, es verdad, hemos perdido la emoción del directo, pero nos la habéis transmitido muy bien vosotros. Y además, ha sido muy oportuno el programa, porque ahora os quería hablar de cómo medimos, dónde medimos, qué medimos, para qué medimos… y de todas estas cuestiones se ha hablado -y además con imágenes- en el programa de Al Filo. ¿Os ha quedado alguna duda de algo?, ¿seríais capaces de hacer un resumen de nuestro objetivo fundamental en GLACKMA?

    Sabéis por tanto ya, que no sólo es esta estación de la Antártida la que tenemos, sino que son ocho en total. Cuatro de ellas están en las regiones polares Árticas (Islandia, Ártico sueco, Norte de los Urales y Svalbard) y otras cuatro en el Sur (Patagonia Chilena, Patagonia Argentina, Antártida Insular y Peninsular). Y todas ellas están registrando datos cada hora… ¡Imaginaros qué cantidad de información nos están dando! Con la red de estaciones de GLACKMA, lo que estamos haciendo es registrar la evolución en tiempo presente del calentamiento global.

    Cuando se trata de un glaciar de montaña tenemos el hielo encajado en un valle. El hielo que se funde sale en forma de agua por el frente de dicho glaciar. Y aunque se generan varios ríos de fusión en el frente del mismo, buscamos glaciares donde se junten todos en uno sólo para poder instalar ahí nuestras sondas y medir todo esa agua procedente de la fusión glaciar.

    Pero, ¿qué ocurre en la Antártida? Aquí lo que tenemos es un casquete glaciar. No se trata de un glaciar encajado en un valle, todo lo contrario, es una especie de caparazón enorme de hielo, que cubre todo. Si recorremos la isla King George en su contorno, ¿con qué nos encontramos? Casi toda la costa está cubierta por un casquete glaciar de algo más de 1300 kilómetros cuadrados, llegando al mar enormes acantilados de hielo.

    ¿Qué ocurre entonces con el hielo que se funde en el glaciar? Los ríos generados en su interior, debido a la fusión, terminan saliendo al exterior, alcanzando directamente el mar. Algunos caen a modo de cascadas desde esos acantilados de hielo y otros salen directamente al mar, en la parte del hielo que queda bajo sus aguas. En cualquiera de los dos casos no podemos medir esa cantidad de  agua. ¿Qué hacemos entonces?

    Buscamos alguna zona donde ese enorme casquete glaciar se haya retirado ya y nos haya dejado al descubierto la tierra, el lecho rocoso bajo el glaciar. De manera que cuando sale el agua por el frente del glaciar, hasta que llega al mar tenga que hacer un pequeño recorrido fluvial por tierra.  Y en ese recorrido del río buscamos algún posible lugar para fijar nuestras sondas de medidas. En este caso, tenemos un cañón por el que pasa el río y ahí es donde tenemos instalados los instrumentos de medida, de esta estación que está registrando datos cada hora desde enero del 2002. ¡Fijaros cuánta información registrada!

    Os dejo para esta semana la siguiente unidad de Pingüi, donde os habla sobre los diferentes tipos de nubes. Ya veréis qué actividades tan interesantes os propone. A ver si os convertís en unos buenos “cazadores de nubes”. Y para los más mayores os pido trabajar con la Ficha 3 del Cuaderno del Joven Científico, a ver qué descubrís sobre algunas de las características más peculiares de la Antártida.

    ¡A trabajar todos, expedicionarios virtuales! A ver qué tal va la semana.

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  • De nuevo en casa... Bellingshausen

    Base Rusa Bellingshausen

    La ventana meteorológica se abrió y el mismo 19 pudimos llegar a la Antártida, en concreto a King George, que es una de las islas de las Shetland del Sur, formando la llamada Antártida insular.

    ¿Dónde estamos en esta ocasión, acampados al raso o en alguna base antártica?, os preguntareis los que nos seguís en el blog durante los últimos años. Los nuevos expedicionarios virtuales no sabréis por qué planteo esa cuestión. Así que os voy a contar algo que os aclarará a todos.

    Nosotros empezamos a trabajar en este lugar en el año 2000, en concreto en enero de ese año. A partir de entonces hemos estado viniendo cada año, uno tras otro en diferentes épocas. Hace ya casi trece años, aquella primera vez (primera para mí, Adolfo había estado con anterioridad) estuvimos viviendo en la Base Rusa Bellingshausen. El resto de las expediciones a este lugar se sucedieron con estancias en la Base Rusa  y en la Base Uruguaya Artigas, salvo los dos últimos años en los que tuvimos que instalar nuestras propias tiendas de campaña y vivir acampados. Si alguien tiene curiosidad y quiere indagar más, no tiene más que buscar en este Blog, pues está narrado con todo detalle.

    Pero, ¿sabéis dónde estamos ahora? Nada de tiendas de campaña a la intemperie, estamos viviendo en la Base Rusa Bellingshausen. Desde luego para el trabajo que tenemos que hacer aquí y con las condiciones que tenemos en este lugar, es mucho más confortable estar en una base. Pero, ¿sabéis qué es lo mejor? Sentirse de nuevo en casa. Es esa maravillosa sensación que a pesar de estar a miles de kilómetros de toda tu gente, te sientes en casa. No eres un extraño, eres uno más en el grupo. Tenemos muy buenos amigos entre la gente de esta dotación rusa. Amistades que se forjaron aquí en tierras antárticas y son por tanto muy especiales y se mantienen vivas por mucho tiempo que pase.

    Ayer llegó el Hespérides y nos desembarcó el material que habíamos embalado y cargado en Cartagena en los primeros días de Noviembre. ¿Os acordáis de los casi 200 kilos que os mostré en el vídeo de bienvenida? Pues ya lo tenemos todo con nosotros.

    ¿Sabéis? Sólo han pasado tres días desde nuestra llegada y la sensación que tengo es que llevamos aquí una larga temporada por la cantidad de situaciones nuevas y diferentes que se suceden día tras día. Son vivencias tan intensas que… ¡creedme!, llenan por completo el día a día en este paraíso, alejados ya a años luz del estresante mundo civilizado. 

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  • ¿Cómo medimos en Caleta Potter?

    Al explicaros de qué se trata el proyecto europeo IMCOAST en el que estamos participando, os conté nuestra labor en el mismo.

    Por un lado aportamos todos los datos que en continuo estamos registrando desde enero del 2002 en la estación CPE-KG-62ºS, que ya sabéis que registra cada hora datos de la descarga glaciar, es decir el hielo que se funde en forma de agua.

    Por otro lado y en Caleta Potter -en la que se encuentra la Base Argentina Carlini (ex Jubany)- registramos el grado de aporte de los sedimentos sólidos en tiempo presente, para poder estimar la variación de la radiación solar en los ecosistemas marinos. Medimos también las características geoquímicas del agua proveniente de la descarga glaciar, además de la temperatura del agua y conductividad para conocer la capacidad de hidrólisis de las rocas subglaciares y su posible generación de nutrientes. Toda esta información es valiosísima para los grupos de biólogos marinos que investigan en esta caleta.

    Para hacer estas mediciones en Potter, seleccionamos un riachuelo que provenga del glaciar y ubicamos en el mejor lugar una sonda multiparamétrica para registrar una decena de parámetros. Debido a que los sensores de esta sonda son extremadamente delicados, este equipo no puede permanecer todo el año en el exterior. Lo debemos instalar cuando el río ya está definido y retirar antes de que queden los sensores al aire cuando disminuya su caudal, pues sino se estropearían. Como es muy inestable la zona en la que se encuentran los posibles riachuelos que salen en esta caleta del glaciar, la instalación exige un control diario para ir reacomodando la sonda.

    Os dejo un vídeo en el que podéis ver cómo nos las hemos ingeniado para fabricar un soporte y poder instalar la sonda en este lugar. Fijaros también la diferencia de caudal del riachuelo en los días más fríos o cuando sube algo la temperatura. ¿Veis qué rápido responde el glaciar a cualquier variación de la temperatura ambiente? Por eso nos hemos centrado nosotros en medir la descarga glaciar, es un perfecto indicador de la evolución del calentamiento global.   

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  • Relevo de dotaciones en la Base Artigas

    Llegó el final para unos y el inicio para otros. En el mismo instante en que una nueva etapa comienza para un grupo, termina la etapa del otro. El pasado lunes 19 con el finalizar del día tenía lugar el cambio de relevo de las dotaciones de la Base Antártica Artigas.

    “¡Misión cumplida!” tienen en sus mentes los 8 integrantes de la dotación ANTARKOS XXVII, mientras que la nueva dotación con ilusión y expectativa toma el relevo para hacerse cargo de la Base Uruguaya Artigas, durante un nuevo año.

    Este artículo está dedicado a esta dotación saliente, ANTARKOS XXVII, con la que hemos compartido momentos muy especiales y significativos, tanto en enero y febrero en nuestra anterior campaña, como en una breve inmersión en el Continente Blanco a principios de junio -pleno invierno antártico- y como ahora, desde hace unas semanas en esta nueva campaña. Como hace algunos días os describí lo que es el Espíritu Antártico, entenderéis perfectamente ahora, los lazos de amistad y camaradería tan fuertes y especiales que nos unen a esta dotación.

    Quiero también desde aquí, desear suerte a la nueva ANTARKOS XXVIII, que ya hemos tenido el gusto de conocer y podremos seguir haciéndolo durante nuestra estancia en esta campaña antártica. Os queda un año por delante, lleno de vivencias que jamás olvidaréis. ¡Mucha suerte!

    Y regreso de nuevo a vosotros, ANTARKOS XXVII, dotación saliente. Vivimos junto a vosotros la pérdida de vuestro camarada Diego Ayala, el pasado enero. Son hechos que nos marcan a todos para siempre. Os he preparado un video del homenaje que le habéis realizado y del relevo del pasado 19. Os lo he hecho con todo el cariño del mundo y lo mejor que he podido, para que os lo llevéis con vosotros de recuerdo.

    Termino agradeciéndoos otra vez todo el apoyo que nos habéis dado durante estas temporadas. La acogida, el cobijo, la aceptación, el aprecio, el cariño, el “estar ahí”, el integrarnos entre vosotros como si fuéramos dos más de la dotación. Son tantas cosas que nos llevamos guardadas dentro para siempre... Un millón de gracias ANTARKOS XXVII. Ahora llega el tiempo de rencuentro con los vuestros, de disfrutar con vuestras familias las fiestas que se aproximan. Os deseo lo mejor de lo mejor, amigos inolvidables.      

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  • Instalando el campamento base de GLACKMA en la Antártida

    Gracias al apoyo logístico de los uruguayos en su Base Artigas, podemos realizar una búsqueda tranquila del lugar idóneo para instalar nuestras tiendas de campaña.

    La zona seleccionada tiene que ser, por descontado, fuera del casquete glaciar que cubre casi en su totalidad a la isla Rey Jorge. No sería confortable tener bajo las tiendas -durante prácticamente dos meses- el hielo glaciar. Sería un perfecto conductor del frío a nuestras espaldas cuando nos echásemos a dormir.

    Por otro lado, en las zonas libres de hielo glaciar -que conocemos ya perfectamente de años anteriores-, nos encontramos ahora todavía con partes cubiertas con nieve. Falta menos ya para el verano y la nieve se va fundiendo poco a poco, pero hay zonas que debido a las ventiscas invernales, ésta se ha ido acumulando y ha quedado más compacta. Ahora con las temperaturas primaverales en las que alcanzamos ya los 0ºC o incluso en algunos momentos centrales del día los 2ºC, esa nieve se va fundiendo.



    Buscamos una pequeña loma en la que ya asoma el suelo bajo la nieve y queda un poco elevada al mismo tiempo, evitando así que la nieve de alrededor al fundirse, venga a parar a nuestras tiendas. Debido al proceso de gelifracción, las piedras son tremendamente cortantes y otra tarea obligada -si queremos estar luego confortables- es retirarlas un poco y tratar de allanar en lo posible el lugar seleccionado.

    Los pasos siguientes: montar las tiendas de campaña protegiendo las bases con abundantes piedras, debido a los fuertes vientos que tendrán que soportar y después poco a poco ir llevando el material de trabajo, la ropa, los equipos, la comida… Toda esta tarea que podía ser pesada la hemos podido realizar muy cómoda y relajadamente al contar con el cobijo de los amigos uruguayos durante este proceso de instalación.

    ¡Fantástico! Ya tenemos instalado el campamento base de GLACKMA en la Antártida.

    ¡Ah!, por cierto. Os he hablado más arriba del proceso de gelifracción. ¿Sabéis lo qué es? Explicádmelo brevemente con vuestras palabras como habéis hecho tan bien en otras ocasiones. Así me quedo tranquila de que vais entendiendo lo os voy contando.
  • Viaje tan breve y fugaz como hermoso… propio de los sueños

    Efectivamente amanece un día fantástico en la Antártida. El cielo completamente despejado, ni una sola nube. Debido a su proximidad con el estrecho del Drake, es una zona tremendamente complicada para la meteorología y es muy extraño poder observar el cielo completamente azul. De hecho, creo, que con todas las campañas antárticas que tengo en verano, es la primera vez que lo veo así de luminoso.



    Tras el desayuno, me preparo para salir al exterior y poder hacer unas cuantas fotografías del entorno en estas condiciones. A pesar del sol seguimos con temperaturas bajas de -12ºC, pero la ventaja es que el viento apenas llega a los 15 nudos, y por tanto no nos hace descender exageradamente la sensación térmica.

    Roberto, el Capitán de Fildes, me informa que el Hércules C-130 chileno ha salido de Punta Arenas y viene hacia acá. Ha confirmado también que estoy considerada como pasajera para regresar a Punta Arenas, y me indica que me solicitan estar a las 10:40 en el aeropuerto. Sonrío, al final parece que todo va a salir bien.



    Todavía con algo de penumbra abandono Fildes, quiero subir alguna colina próxima para tener unas buenas vistas de la zona y poder hacer alguna foto bonita, cuando salga el sol e ilumine la zona. No tengo mucho tiempo al solicitarme estar tan pronto en el aeropuerto. ¡Vaya, podían haber esperado un poco…!

    Debo llevar la cámara envuelta y protegida del frío, para que me permita trabajar con ella. La mantengo además próxima a mi cuerpo para pasarle algo de mi calor corporal. A pesar de los cuidados, tengo que tener precaución cada vez que la saco al exterior, pues no aguanta mucho tiempo a la intemperie.



    Ando ligera, a medio carrera en las zonas que el hielo me lo permite. La nieve está helada de la noche y es muy fácil resbalar. ¡Qué maravilla de paisajes! Poco a poco voy ganando altura y sorprendiéndome a mí misma de lo espectacular de este día. El sol va saliendo poco a poco y las luces, según cobran intensidad, cambian por completo el entorno.

    Tengo una magnífica vista panorámica de la Base Rusa Bellingshausen y las chilenas Frei y Fildes al fondo. La bahía que en verano sostiene tanta vida, ahora tiene helada ya una buena parte. La barcaza de los rusos “Anderma”, en la costa, marca muy bien el inicio de lo que era antes agua… Ahora, todo hielo.

    El sol, debido a la latitud elevada y la época invernal en la que estamos, hace su recorrido muy cerca del horizonte. Sí, tenemos la desventaja de las pocas horas de luz, pero al mismo tiempo cuando -como hoy amanece un día así de despejado- la luz es muy hermosa. Al ser tan rasante, parece cubrir todo con un baño de oro líquido. Voy haciendo alguna fotografía, recogiendo la cámara de vez en cuando para protegerla del frío, esperando a que siga ascendiendo un poco el sol y me cambie las luces del paisaje y volviéndola a sacar con cuidado, para continuar captando con las imágenes la maravilla que tengo ante mí.



    En estos ratos de espera, me dedico a contemplar el paisaje que me rodea. Tras haber conocido la dura ventisca de estos días pasados, me quedo realmente absorta del fabuloso día de hoy. Mi mente desconecta por un momento de la realidad y tengo la sensación de estar viajando por el espacio, llegando a un lugar hermoso, de esos que sólo existen en los sueños, e impregnándome de una luz dorada, limpia, pura, que me llena de una energía tremendamente positiva. Despierto de mi sueño… ¡no, no era un sueño! Esta vez ha sido todo real. Me encuentro tremendamente feliz y soy consciente de lo afortunada que he sido. Han tardado meses en tener este día aquí en la Antártida, y yo he tenido la suerte de vivirlo en mi viaje tan efímero a la zona. Tremendamente afortunada. Respiro profundamente, me lleno de nuevo de la belleza del entorno y otra vez una inmensa sensación de paz y armonía se instala en mi interior. Sé que será un recuerdo imborrable en mi vida.



    Es hora de regresar a Fildes. Una vez allí recojo mi mochila -que ya había dejado preparada- me despido de la gente de la dotación y Roberto me sube en moto al aeropuerto. El Hércules todavía no ha llegado, pero en la normativa de FACH nos exigen siempre estar antes de su aterrizaje, si vamos a tomar el avión. No pierdo el tiempo, como la zona del aeropuerto es también una parte elevada, continúo con mis fotos. El sol sigue subiendo y las luces cobrando intensidad.



    Consigo fotografiar la entrada del Hércules y continua la espera mientras proceden a la descarga de todo lo que traen y cargan lo que sacan de estas tierras antárticas. Son las 13:30 cuando me piden subir al avión. Por seguridad y aunque el día está con visibilidad, parten antes de que se meta la noche en la zona. Me despido de Roberto y me siento torpe con las palabras para poder expresarle el agradecimiento por todo el apoyo que me han brindado. Hay acontecimientos en la vida para los que no hemos sido capaces de crear el lenguaje adecuado…



    En el Hércules -sentada en esas redes rojas- mi cuerpo viaja a Punta Arenas mientras mi mente recorre una y otra vez las odiseas, aventuras, peripecias, incidentes y anécdotas de los últimos días. Es increíble que un viaje tan corto me deje completamente llena de vivencias de tanta intensidad.

    De repente una tremenda sacudida me vuelve a la realidad. Estamos aterrizando en Punta Arenas bajo condiciones muy fuertes de viento. Al levantarme, un par de chilenos que tenía sentados frente a mí y que regresan también a esta capital austral, me dicen: “Pareces la felicidad personificada. Durante todo el viaje tu cara reflejaba una inmensa alegría”. Sonrío, “no puede ser de otra manera, fue un viaje tan breve y fugaz como hermoso”.

    • Viaje tan breve y fugaz como hermoso… propio de los sueños
    • Viaje tan breve y fugaz como hermoso… propio de los sueños
    • Viaje tan breve y fugaz como hermoso… propio de los sueños
    • Viaje tan breve y fugaz como hermoso… propio de los sueños
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    • Viaje tan breve y fugaz como hermoso… propio de los sueños
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    • Viaje tan breve y fugaz como hermoso… propio de los sueños
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  • A la tercera va la vencida. Pisando el Continente Blanco

    De nuevo tengo que estar en el aeropuerto de las FACH (Fuerzas Aéreas Chilenas), a las 7:00 toca hoy. A esas horas apenas hay tráfico y llego unos 10 minutos antes. Tras la parada en las barreras iniciales para el control de los que entramos, el taxi recorre todo lo largo de este recinto militar. A estas horas todavía tenemos noche cerrada y no hay ni una sola luz encendida en todo el lugar, de manera que cuando el taxi me deja al fondo, junto a la pista de aviación, quedo en completa oscuridad.

    Saco mi luz frontal y me la coloco en la cabeza, por lo menos para que me vean. Subo mi capucha para protegerme un poco, ha habido una fuerte helada y se nota el ambiente fresco. Allí en medio de la oscuridad, sola, mirando hacia el Hércules -que está en la pista y donde se ve movimiento de carga y alguna lucecita parcial- mi mente se abstrae y comienza a cuestionarse preguntas que sólo al finalizar el día tendrán su respuesta adecuada. ¿Saldremos hoy finalmente o tendré que regresar a la ciudad y descartar definitivamente mi viaje a la Antártida? ¿Cómo estarán las condiciones meteorológicas allá? ¿Me permitirán poder hacer mi vaciado de datos de las sondas instaladas el pasado verano junto al glaciar y poder regresar en el mismo avión a Punta Arenas?

    Aunque parece que quedan pendientes dos viajes más a la Antártida en los próximos días -antes de que el Hércules C130 regrese a Santiago- quiero poder regresar en el mismo vuelo. No me gustaría arriesgarme a tener que invernar en el Continente Blanco. No es que no me agrade la idea, es que mi trabajo en España me espera. El avión ha estado en Punta Arenas una semana y sólo ha podido realizar un vuelo… si la meteorología empeora, podrían cancelar los últimos cruces. Adolfo me advirtió y recordó este riesgo antes de salir. “Hazlo rápido y regresa en el mismo cruce” me insistió al despedirme en Punta Arenas.

    Ensimismada en mis pensamientos, unos focos intensos me alumbran. Llegan los otros tres pasajeros chilenos que intentan realizar el mismo vuelo que yo, acompañados de un militar que abre la última nave, enciende alguna luz allí dentro y nos invita a pasar mientras nos avisan para embarcar.

    A las 7:40 nos vienen a buscar para entrar en el Hércules. Nos atamos en una especie de redes rojas que tienen extendidas a modo de asientos, nos abrigamos… ya que la temperatura en el interior es fresquita, y nos vamos habituando al fuerte ruido de los motores que nos acompañará durante el viaje.

    Por fin a las 8:00 despegamos. Durante el recorrido mi mente…, digamos que sueña despierta, tratando de imaginar como será en invierno esta zona antártica que tan bien conozco en la estación estival. Me hace una tremenda ilusión este viaje tan fugaz.



    A las 11:00 aterrizamos, salgo del avión, ¡guaaauuuu!... ¡qué bonito está todo! Las zonas descubiertas de hielo donde éste se ha ido retirando, están ahora cubiertas de nieve y además casi helada. Comienzo a hacer algunas fotos del entorno, está divino. Mis manos desnudas aguantan poco a la intemperie. La temperatura debe estar baja, calculo que en torno a los -11ºC, lo que acompañada del fuerte viento hará que tengamos una baja sensación térmica. Guardo mi cámara y me protejo con los guantes mientras avanzo hacia las naves que se utiliza de lugar de llegada.



    Allí me encuentro con el personal de la Armada, de la Estación Marítima Bahía Fildes, que han venido a esperarme con las motos. Roberto, el Capitán, acompañado del Segundo, Alfonso. Una tremenda alegría volver a verlos de nuevo. Me han ofrecido apoyo logístico para esta operación si lograba cruzar a la Antártida. ¡Qué buena gente son y qué profesionales! ¿Recordáis nuestra reciente expedición a este lugar el pasado verano austral? Fue este grupo de la Armada en Bahía Fildes quienes nos brindaron apoyo continuamente en todas las necesidades que tuvimos. ¡Inolvidables!



    Ahora, ¡manos a la obra! Las condiciones meteorológicas son durillas, está nevando algo y el viento es fuerte, pero tenemos unas horas antes de que empeore según la predicción meteorológica. El cambio se espera para las 17:00, y la noche aquí entra a las 15:00, de manera que será la falta de luz la marque el rasero para que el avión despegue. Puede ser quizás hacia las 14:00. A ver si todo se da bien y estoy de regreso a tiempo para poder embarcarme de nuevo en el Hércules y regresar hoy mismo a Punta Arenas.

     
    • A la tercera va la vencida. Pisando el Continente Blanco
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  • Un día de espera. Vuelo cancelado

    A primera hora de la mañana me solicitaron estar en el aeropuerto militar… donde comenzó una larga espera. Debido a las condiciones meteorológicas allá en la Antártida, el vuelo no llegó a salir, quedó cancelado para el día de hoy. Regreso de nuevo a Punta Arenas, cansada de la espera y un poco triste… me imaginaba estar ya pisando nieve del otro lado del Drake.

     Mañana hay un nuevo intento. Yo creo que será ya mi última oportunidad, si se vuelve a cancelar, tendré que olvidarme del cruce. No quiero arriesgarme a cruzar y tener que quedarme allí a invernar.

     Acaban de llegar a Punta Arenas nuestros otros dos expedicionarios, Gaby y Pepe, vienen muy contentos de lo que han podido ver. Ya os contaré…

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