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Blog: Karmenka desde los Polos

  • La quietud del otoño

    Dejamos el caluroso verano y el otoño nos prepara para el inverno. Inicialmente semanas de calor que parecen prolongar el verano se van alternando con otras más frescas y así poco a poco y sin darnos casi cuenta, alcanzamos el verdadero otoño. Las primeras nieves cubren las zonas más altas en las montañas y esa evidencia de que el invierno entrará nos hace ser conscientes que tenemos que aprovechar al máximo esta etapa de tránsito otoñal, que ha sido capaz de envolvernos en su magia casi sin darnos cuenta.

    Los árboles caducifolios toman la decisión más adecuada cuando las condiciones externas dificultan el trabajo de sus raíces. Conseguir agua y nutrientes es cada vez más complicado con menos horas de luz, una radiación solar que disminuye considerablemente y suelos que comienzan a helarse. Mantener el follaje se hace complicado, la acertada estrategia es perderlo. La savia se retira y las hojas abandonadas a su suerte caen con el viento y la lluvia.

    En los días soleados de noches frías, los colores intensos resaltan la gran gamma que nos brinda la naturaleza. Las heladas todavía no han quemado las hojas y el espectáculo es magnífico.

    Quizás sea esta estrategia de los árboles la que nosotros seguimos, sin ser a lo mejor conscientes de ello. De alguna manera nos despojamos del estrés que nos produce este mundo acelerado y competitivo que hemos creado, nos sacudimos los sinsabores, las preocupaciones,… de la misma manera que los árboles abandonan sus hojas. El cuerpo nos pide salir al campo, a la montaña, disfrutar del hermoso paisaje otoñal, identificarnos con la naturaleza mientras nos envuelve una gran quietud y tranquilidad y nos vamos quedando con lo intrínseco, con lo que nos caracteriza a cada uno de nosotros, con lo que realmente merece la pena. Es la quietud del otoño. 

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