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Blog: Karmenka desde los Polos

  • Complicación tras complicación

    Emilio pendiente de que todo esté en orden por seguridad

    (Crónica recibida por teléfono satelitario)

    Nuevo día y nuevo intento con el sistema que había propuesto Emilio el día anterior. El ánimo de todos en el desayuno me llega dentro y pienso de nuevo que quizás lo podemos conseguir.

    Cada uno tiene una misión. Por un lado hay que leer los datos de nivel que marcan las sondas que tenemos instaladas en la estación, tanto al inicio del aforo como al final del mismo.

    Tato y Jose estarán cada uno en un extremo de la cuerda de seguridad que instalamos transversalmente en el río. Con un perfecto sistema que ha preparado Emilio combinando poleas, Tato me arrastrará hacia la otra orilla, tirando con fuerza contra corriente y Jose desde el otro extremo irá recuperando cuerda para irme ubicando encima de cada una de las marcas donde tendré que medir. Emilio, aprovechando una entrada de la orilla aguas arriba de donde estoy, me mantiene atada con una nueva cuerda de seguridad de 100 metros y con fuerza tira de mi contra corriente para mantenerme en cada punto deseado y poder trabajar. Adolfo irá apuntando todos los valores que le vaya pasando de las profundidades del río y para cada una de ellas y según el protocolo de aforos, me irá dando los valores en los cuales debo colocar la hélice para medir la velocidad. Obtenidas las vueltas se las iré pasando a Adolfo para irlas apuntando en cada planilla de aforo. Gaby buscando los puntos más adecuados para las diferentes grabaciones irá recogiendo profesionalmente esta misión que parece imposible.

    Primera prueba, me meto sólo con la barra y la hélice, sin el cuentavueltas, a ver si soy capaz de medir así. Enganchada por las diferentes cuerdas me arrastran a lo largo de la sección transversal del río junto a la cuerda de aforos. En las zonas más profundas con 1,45 metros (y menos mal que este primer intento es con caudal bajo) quedo flotando cara a la corriente y el agua me entra por la boca. Resulta un poco complicado operar así para las mediciones. Con la cabeza y en nuestro código de señales que nos habíamos preparado les indico de nuevo que me saquen. Así no aguanto. Fuera de nuevo.

    Emilio me mejora el enganche para que queden mis hombros fuera del agua. ¡Ahora ya es otra cosa! En uno de los peores sitios, intento mantener la hélice apuntando a la corriente. La varilla en la que debo sujetar la hélice es muy finita, un centímetro de sección. Mis manos con los guantes de neopreno están ya mojadas, el agua con poco más de 1ºC de temperatura me las va enfriando sin darme cuenta mientras intento apretar la varilla con fuerza para que la corriente no gire la hélice al golpear contra ella. No soy consciente del tiempo que paso así. Fue más de una hora. Desde fuera deciden sacarme, ven que estoy congelada. “¡No puedo, no puedo, no soy capaz!” voy pensando mientras arrastrada sobre el agua me sacan a la orilla.

    De nuevo una propuesta de Emilio, “voy a prepararte una empuñadura para que puedas agarrar bien la varilla y no te gire”. Un atisbo de esperanza surge de nuevo en mi cabeza sobre un cuerpo casi congelado. Llevo un traje seco, pero lo de seco es sólo en teoría. Está mal hecho y por las costuras le entra agua, de manera que al estar quieta tanto tiempo y con esta agua más bien “fresquilla”, el frío incrementa mi dificultad en los aforos.

    Empuñadura preparada, frío sacudido de encima con unas carreritas por la tundra y tras haber tomado un tazón de leche calentita. Con ganas de meterme de nuevo al río, esta vez ya con el cuentavueltas colgado del cuello y unido a la varilla y la hélice para contar las vueltas. “Tenemos que conseguirlo. Después de lo que están haciendo todos para que esto salga adelante, tengo que ser capaz de aforar ahora”.

    Cada uno a su puesto de nuevo. Con la varilla en la mano y el cuentavueltas colgado al cuello, compruebo su funcionamiento en la orilla del río. ¡No va! No puede ser. Revisamos las conexiones. Está todo en su sitio… pero no funciona. Probamos, probamos, probamos y nada. No marca las vueltas. Cancelamos el aforo.

    Tato, conocedor ya de este glaciar de expediciones anteriores, organiza junto con Emilio y Gaby una aproximación al glaciar para localizar el mejor lugar para entrar este año. Con los cambios tan grandes que están ocurriendo y a la velocidad a la que se pierde el hielo, el acceso varía mucho de un año para otro.  

    Mientras tanto, el resto trataremos de ver qué le pasa a la conexión del cuentavueltas. Ahora sí que nos vamos a tener que olvidar de esto. No me gusta darme por vencida, pero esto parece una misión imposible de verdad.   

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  • Misión imposible

    Campamento GLACKMA

    (Crónica recibida por teléfono satelitario) 

    El mismo día de llegada al campamento de Jose, Tato, Emilio y Gaby, teníamos ya nosotros todo preparado para empezar a instalar el sistema de aforos y realizar el primero.

    Ya os he contado alguna vez de qué se trata esto de aforar. Es medir directamente el caudal que fluye por el río en un momento determinado para un nivel en concreto. Tenemos que realizar varios aforos –entre 10 y 20 suelen ser necesarios- para poder determinar con precisión la relación entre el nivel del río que lo obtenemos con las sondas instaladas y el caudal que medimos directamente en el río.

    ¿Cómo hacemos ese aforo? A lo largo de una sección transversal adecuada del río, creamos secciones más pequeñas y en cada una de ellas medimos profundidad -es decir el calado del río- y la velocidad que lleva el agua. Así con sección y velocidad podemos calcular el caudal en cada uno de esos tramos a lo largo del perfil transversal del río. Integrando todo eso después, obtenemos el caudal.

    Sólo me queda deciros cómo medimos esa velocidad. Lo hacemos con una hélice, contamos las vueltas que gira en un determinado tiempo y después con el algoritmo correspondiente de la hélice utilizada, obtenemos la velocidad.

    Una persona lleva todo este equipo consigo y a lo largo de ese perfil transversal del río va realizando las mediciones. Esa es la razón por la que este tipo de aforos se llama “por vadeo”. La máxima profundidad que es posible aforar por vadeo es de 1,20 metros, y para velocidades de agua no muy grandes. Mayores profundidades o grandes velocidades, hacen imposible mantenerse en pie en el río y realizar buenas mediciones.

    Una vez que os he recordado lo básico de los aforos, retomo la narración. Llegados todos los expedicionarios nos disponemos a preparar el lugar de aforos. Como este río lleva mucho caudal y las profundidades andan al límite de poder realizar el aforo por vadeo, lo primero es fijar una cuerda de seguridad a lo largo de ese perfil transversal seleccionado en el río.

    La estrategia que seguimos fue buscar aguas arriba un lugar más ancho y con menos velocidad de agua. Desde una orilla me eché a nadar para llegar a la otra, seleccionando la trayectoria adecuada para que el resultado entre mi nado y la velocidad de la corriente, me permitiesen alcanzar el lugar deseado.

    Estaba totalmente tranquila pues Emilio estaba aguas abajo con todo preparado por si la corriente me arrastraba para poder detenerme. Sujetando  una cuerda en el extremo de partida, me eché a nadar con el otro extremo atada a mi cuerpo y así logramos pasar una primera cuerda más fina, tras las que vino otra de más sección para poder  utilizarla posteriormente de seguridad.

    Una vez fijada esa cuerda, mi intención es regresar ayudándome con la misma a la orilla inicial. Nada más alejarme un metro de la orilla, la altura y velocidad del agua levantan mis piernas y no me queda más remedio que cruzar el río sujeta con una mano a la cuerda, braceando con el otro brazo y aleteando con los pies.

    Mi desolación al alcanzar la orilla inicial donde estaban todos, saltaba a la vista. “No podemos aforar por vadeo. ¡No podemos! El río lleva demasiada velocidad y profundidad” Todo eso pensaba mientras los miraba uno a uno al llegar de nuevo junto al equipo, pero no era capaz de pronunciar palabra. Sólo me quedaba energía para mover la cabeza negativamente.

    Según los miraba me iba dando cuenta que cada uno en su interior estaba pensando alguna solución alternativa. Tras escucharlos me llega de nuevo algo de ánimo. Intentamos probar en algún otro punto del río, que aunque quizás no sea tan idóneo como este para las mediciones, pero que la velocidad y profundidad del mismo nos permita aforar.

    Intento tras intento. Siempre ellos pendientes de mi seguridad y yo sin miedo alguno de meterme donde fuera con tal de encontrar donde poder medir. Intento fallido tras intento fallido. De todos los posibles puntos que intentamos  ninguno fue válido, el río me arrastraba en sus caudalosas aguas.

    ¡Qué desolación! No nos queda más remedio que olvidarnos de este objetivo tan fundamental de la expedición. Esperemos que los otros salgan adelante. Gaby con su cámara ha ido grabando todo, así que con el tiempo terminaréis viviendo estos intentos fallidos como si hubierais estado con nosotros.

    Emilio me pregunta exactamente cómo son las mediciones que debo de hacer y con todo detalle le explico la operación. Según lo voy haciendo, soy consciente que está pensando alguna estrategia nueva. Con su voz tranquila y la seguridad que transmite en los momentos complicados, propone para  mañana preparar un sistema que permita que yo pueda ir flotando sobre el río, atravesando así ese perfil transversal para poder hacer las mediciones. Sólo quedaría por ver que yo flotando así, puedo sujetar con fuerza y sin movimiento, la hélice en la varilla mientras aforo.

    Nos acostamos ya tarde tras todos esos intentos fallidos y aunque cansada no logro dormirme, mi mente sigue en el río alternando entre dos pensamientos, lo peligroso que está el río para trabajar en él y lo imposible que va a ser aforar en esta ocasión. Así, en calma ya, dentro del saco y bajo la tienda de campaña, soy consciente que ha sido una suerte no haberme encontrado sola realizando los intentos de esta tarde, pues creo que hubiera arriesgado más de la cuenta.    Me reconforta pensar en el apoyo de todos los que me rodean y el buen trabajo en equipo.

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  • Una rápida integración en el entorno

    (Crónica recibida por teléfono satelitario) 

    Es increíble lo rápido que uno se adapta a vivir en plena naturaleza y lo que cuesta esa adaptación cuando toca habituarse de nuevo al mundo civilizado.

    Dormir en el saco bajo la tienda de campaña en semejante paraíso que nos rodea, produce un efecto relajante completo. Te levantas al día siguiente y ya has olvidado por completo en qué día del mes estás, no te importa ni siquiera la hora que es. Te olvidas por completo de mirar el reloj. No te hace falta para nada. No puede ser de otra manera si al abrir la puerta de la tienda de campaña, lo primero que ves es un hermoso glaciar en el que se te queda perdida la mirada. Realizas una respiración profunda y según exhalas despacio el aire, eres consciente de que por una temporada este entorno de paz te va a envolver por completo.

    Lo que hacemos Adolfo y yo durante estos primeros días es reconocer bien la zona. Pero primero y antes de nada, como os podéis imaginar, nos acercamos a la estación que tenemos aquí instalada en el río proveniente del glaciar y nos disponemos a chequear el estado de la misma y extraer todos los datos almacenados.

    Está todo funcionando perfectamente, eso nos da una cierta tranquilidad. La última vez que estuvimos aquí fue en abril de 2011 y tuvimos que acudir casi de inmediato al sospechar que pudiera haber un problema con la sonda instalada y que hubiera acabado ya su vida o estuviera a punto de hacerlo. Así que sin pensarlo dos veces, aprovechando las vacaciones de Semana Santa, nos acercamos para realizar una nueva instalación renovando las sondas de medida. La alegría entonces fue tremenda porque la instalación quedó perfecta y lo mejor de todo fue comprobar que la sonda antigua todavía funcionaba, así que conseguimos salvar la serie de datos registrada sin laguna alguna en el registro.

    En aquel entonces fue un viaje breve, justo para realizar dicha instalación. Así que nos queda pendiente ahora toda la campaña de aforos y tratar de definir con el menor error posible, la relación entre el nivel del río que marca la estación y el caudal real que fluye. Siendo éste uno de los cometidos de esta expedición, estudiamos con detalle -a lo largo del recorrido del río- el lugar más adecuado para esta campaña de aforos.

    Una vez confirmado el lugar nos dedicaremos a explorar primero, los cambios generales del glaciar. Trabajo que sin riesgo alguno, podemos ir realizando nosotros solos, hasta que vayan llegando el resto de expedicionarios. 

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  • Terminada la navegación, en ruta a nuestro glaciar

    (Crónica recibida por teléfono satelitario) 

    Prácticamente los días que duró la travesía los hicimos bajo condiciones de niebla bastante densa. Así que fue una verdadera sorpresa esta mañana, temprano, cuando al alcanzar Islandia descubrimos al sol, con esa luz rasante propia de altas latitudes, iluminando de forma tan cálida el paisaje.

    Se termina la navegación que tanto adoro y comienza una nueva etapa. Primero con paciencia desembarcar del ferry. Tengo unas tremendas ganas de perder de vista a tanta gente deambulando a mi alrededor. No os lo podéis imaginar…

    Después hace falta una nueva dosis de paciencia y la verdad que también de suerte. Como os había dicho en el artículo anterior, el turismo en Islandia se ha incrementado mucho en los últimos años y ello ocasiona cambios, como no puede ser de otra manera. La normativa en cuanto al tipo y la cantidad de comida a introducir en el país, se ha modificado por completo. Lo que antes era totalmente libre ahora tiene una serie de restricciones. No fue fácil pasar la aduana con toda la carga que llevábamos en el Defender, pero finalmente con el apoyo de Sigurdur, islandés amigo nuestro que trabaja en el Ente de la Energía y sabe de nuestras investigaciones en este lugar desde 1997, lo conseguimos.

    Una vez realizados todos los trámites, nos ponemos en ruta desde Seydisfjördur al Este de Islandia donde llegamos con el ferry, hasta nuestro glaciar al Sureste. El día está maravilloso, despejado, el sol brillando en el cielo, algo de viento pero poco y nada de lluvia. Una verdadera suerte.

    Aunque tengo ya una buena colección de fotografías de este país, me apetecía parar casi a cada instante para ir haciendo vídeos, que es en lo que ando ahora metida. Pero tuve que dominar mi deseo de detener el vehículo y ser consciente de que merece la pena poder llegar a nuestro glaciar y empezar a instalar el campamento con la compañía del sol. Las condiciones meteorológicas cambian muy rápidamente y la lluvia puede aparecer en cualquier momento.  Y menuda diferencia de poder instalar las tiendas en seco a tenerlo que hacer bajo la lluvia.

    Así que fue un recorrido en coche, disfrutando del paisaje, pero sin paradas. Con eso conseguimos llegar por la tarde a nuestro destino, el glaciar Kviarjökull. ¡Qué hermoso está!

    Montamos un par de tiendas en la tundra, próximas al río que viene del glaciar y en el que nos tocará trabajar durante los próximos días. Comenzamos a sacar del coche lo más básico para el campamento. Habrá que ir poco a poco organizando todo en los próximos días, según vayan llegando los demás expedicionarios.

    ¿Sabéis? Fue una sensación extraña. Al parar el coche en este lugar habitual en el que solemos acampar cuando venimos a trabajar aquí, me sentía como si llegara a casa. Pero no hay nada, la explanada de tundra, el río al lado, la estación de medida en frente y el glaciar imponente al fondo. ¡Qué paz me invadió y que tranquilidad! Parece que a mi alrededor, el tiempo comienza a pararse de nuevo…  

    • Glaciar Kviarjökull con su río de drenaje
    • Detalle del glaciar Kviarjökull

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  • En el ferry, navegando hacia Islandia

    (Crónica recibida por teléfono satelitario) 

    Martes a las 6:30 de la mañana nos acercamos al puerto, en el muelle desde el que sale el ferry a Islandia en Hirtshals. Ya es posible facturar y así lo hacemos, colocándonos con el Defender en la fila de vehículos que nos indican, pues los van clasificando por tamaños para realizar más rápido y ordenado el embarque de los mismos.

    Ahora que todavía hay poca gente, cojo mi cámara y el trípode y desaparezco en el extremo del muelle, buscando un lugar idóneo para poder filmar la entrada de ferry. Llega a las 7:00 y para entonces hay bastante muchedumbre que intenta aproximarse al extremo del muelle y poder hacer fotos, pero ¡claro!, en seguida lo evitan los vigilantes y mandan a la gente hacia atrás. ¡Vaya, parece que he tenido suerte con mi estrategia! Una vez logrado mi objetivo, dejo discretamente mi lugar “privilegiado” de primera línea y regreso junto a Adolfo al coche.

    Zarpamos rumbo a Islandia. La última vez que cruzamos en ferry fue en 2006, desde entonces hasta el momento presente, las sucesivas campañas que hemos realizado a nuestro glaciar islandés, habíamos viajado en avión. Y mi primera vez a Islandia y en ferry fue en 1997. De hecho fue mi primera expedición a glaciares. Por eso mi mente viaja ahora entre aquel año y el momento presente, y no deja de observar las diferencias que hay en el ferry.

    En los últimos años se ha incrementado mucho el turismo a Islandia y con ello la capacidad del ferry es mucho mayor. Para que os hagáis una idea, el actual tiene una eslora de 164 metros, manga de 30 metros, 4300 toneladas y una velocidad punta de 21 nudos. Su capacidad es de 1482 pasajeros, 800 coches o 130 tráiler y 118 tripulantes. Además tiene helipuerto. ¡Vamos, que es inmenso!

    La velocidad media que llevamos es de 15 nudos y las condiciones que de momento hemos encontrado en el mar oscilan entre los 6 y 8 de Beafort, pero con los estabilizadores que tiene el ferry, apenas se nota movimiento.

    Al tumbarme esta noche pasada en la litera, mi mente viajó casi instantáneamente en el tiempo y en el espacio. Hace dos campañas antárticas, embarcábamos en el Lautaro -un pequeño remolcador de altura chileno- con el cruzábamos el mar del Drake para dejar la Antártida y regresar a Punta Arenas, al sur de Chile.

    Fue en concreto el 13 de febrero del año pasado, estábamos en Capitanía de Puerto Bahía Fildes cuando desde el Lautaro nos solicitan embarcar casi de inmediato por la mañana, las condiciones del mar estaban emporando muy rápidamente y temían no poder recogernos con la zodiac para acercarnos al barco. Las condiciones para el cruce del Drake fueron tan duras que al final retrasaron un día el zarpar rumbo a Punta Arenas, y allí estuvimos en la bahía a bordo del Lautaro durante ese día completo y al siguiente que hasta la tarde no nos pusimos en marcha al Sur de Chile.

    Fueron condiciones complicadas las que tuvimos en aquella ocasión en la navegación, el pequeño Lautaro se movía a capricho de las temidas aguas del Drake, y no llegó la calma hasta que alcanzamos los canales fueguinos.

    ¡Sí!, anoche mi mente se escapó del tiempo presente para revivir de nuevo aquella aventura, que a pesar de haber acontecido hace ya casi año y medio, la recordaba con tanta frescura, que parecía estar viviéndola de nuevo, con todos los detalles, con cada una de las sensaciones... 

    • Navegando
    • Desembarcando  los vehículos que llegan

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  • Conociendo Hirtshals

    Conociendo Hirtshals

    Un lunes tranquilo y relajado que dedicamos a callejear por Hirtshals, esta pequeña ciudad ubicada en el norte de Dinamarca. Recorremos el centro, el puerto y los alrededores. No conocíamos este lugar, siempre a Islandia cuando hemos viajado en ferry, habíamos salido desde más al sur, en concreto desde Esbjerg, ubicado en la costa oeste de la Península de Jutlandia. Han tenido que cambiar el lugar, debido a los bajíos que se van formando por el material arrastrado por las corrientes, lo que les obligaba a dragar muy a menudo. 

    Retomo mis grabaciones con la cámara de vídeo, que no había vuelto a tocar desde que terminamos la campaña antártica. Pero en esta ocasión para ver los resultados tocará esperar a octubre, una vez que estemos ya en España, tras la doble campaña boreal. Prácticamente los artículos para el Blog los mandaré a través del teléfono satelital y esta conexión no me permite enviar vídeos, así que la parte de edición quedará postergada para el otoño.

    Como os podéis imaginar, me doy una nueva sesión de deporte en las enormes playas del entorno y disfruto de nuevo del mar… Me siento completamente relajada, llena de energía, totalmente descansada, y lo que es mejor, con unas tremendas ganas de embarcar mañana en el ferry.

    Dejamos hoy preparado lo que subiremos mañana al embarcar. Debemos de estar preparados en el puerto a las 6:30. Así que mejor dejarlo todo listo esta tarde. Y pensando un poquito más allá, para cuando alcancemos Islandia, dejamos ya preparado el material y la ropa que necesitaremos al llegar, teniéndolo a mano en el coche. Es posible que al desembarcar en Islandia nos toque un fuerte viento o lluvia… y es mejor tenerlo a mano, evitando sacar a la intemperie el material, para elegir lo que nos haga falta.

    Nada más por el momento. Una ilusión enorme por embarcarme mañana y disfrutar de la travesía durante los próximos días.   

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  • Alcanzamos Hirtshals, al Norte de Dinamarca

    Explorando los alrededores de Hirtshals

    Resultó una acertada estrategia la que elegimos al programar el viaje, saliendo con antelación de España. A partir del viernes por la tarde, todo el sábado y el domingo hasta que llegamos a nuestro destino, el tráfico realmente se incrementó. La coincidencia del fin de semana con el inicio del mes de julio y de las vacaciones para muchos, creó unas condiciones nada cómodas para la conducción. Tremendos atascos en torno a cualquier ciudad, fuera del país que fuera, nos hizo emplear más tiempo del calculado inicialmente. La paciencia fue nuestra gran aliada y nos permitió recorrer estos 3000 kilómetros del trayecto.

    Una vez llegado a nuestro destino, Hirtshals, al norte de Dinamarca, localizamos el lugar de salida del ferry, comprobamos que todo está en orden con nuestros billetes y nos disponemos a explorar los alrededores. Tenemos para ello la tarde del domingo y el lunes completo, pues hasta el día 3 por la mañana, a las 6:30, no es nuestra cita para embarcar en el ferry que nos llevará hasta Islandia.

    Descendiendo un poco por la costa oeste de Dinamarca, alejándonos de Hirtshals, nos aproximamos a una playa tranquila, kilométrica… ¡Perfecta para echar unas carreritas! Es lo primero que hago nada más localizarla. Necesito estirar las piernas y desentumecer mis articulaciones después de tantos días de coche, sentada al volante o de copiloto. ¡Qué gusto! Poco a poco me empiezo a encontrar mejor. Después algunos ejercicios en la arena para estirar y finalizar con un bañito en estas aguas fresquitas y agradables, que devuelven al organismo la tonicidad que había perdido con tantos kilómetros de coche. Me quedo como nueva.

    La tranquilidad nos acompaña y podemos seguir merodeando por el entorno de Hirtshals. El tiempo es agradable, nada del calorón que nos había asfixiado la última semana en España. Disfruto especialmente con estas playas inmensas e inacabables de toda la costa. Siendo asturiana, pero viviendo en el interior en Salamanca, le tengo un gran cariño al mar. Además la proximidad a los mares gélidos de la Antártida y el Ártico, cuando estamos trabajando en esas regiones, me ha dejado huella y de alguna manera, me siento especialmente cautivada por el mar. Por eso, ahora estas inmersiones a la costa norte de Dinamarca, me terminan de desconectar totalmente del ajetreo del mundo civilizado y poco a poco me voy preparando para la nueva etapa que comenzamos con nuestra campaña boreal. 

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  • Segundo día de conducción

    Ayer el día de viaje nos fue muy bien. Mereció la pena madrugar y salir tempranito, pues cuando el sol se disponía a mostrar su poderío de nuevo, ya estábamos por el Norte de España. En San Sebastián encontramos niebla, y a partir de ahí al cruzar a Francia no volvimos a verlo más, una densa capa de nubes lo mantuvieron oculto todo el trayecto.

    Según avanzábamos iba teniendo una sensación muy agradable, voy a ver si soy capaz de describírosla. Me sentía como embadurnada con una capa gruesa de un fuerte pegamento, y según iban pasando los kilómetros era como si lograse poco a poco desprenderme de ese envoltorio pegajoso. Una sensación como de liberación del mundo civilizado. Sí, ya lo sé, todavía andamos en ese mundo, pero es cómo ver cada vez más cerca el momento en que va a quedar atrás una larga temporada.

    Al mismo tiempo, mi mente se iba liberando poco a poco de todos esos “residuos” que se le pegan a uno al andar unos meses seguidos, por lo que ya sabéis que yo llamo el mundo civilizado, aunque de “civilizado” tiene poco…

    ¿Sabéis? Intenté en las ocasiones en las que yo iba de copiloto, tratar de ponerme a hacer alguna cosilla en la que mi mente tenía ganas de meterse y tiene pendiente de hace tiempo… Pero no fui capaz. Me sentía todavía saturada, como sin posibilidad de movimiento en los engranajes del cerebro para avanzar con el pensamiento e ideas. Es esa especie de ungüento pegajoso del que poco a poco, kilómetro a kilómetro, voy siendo consciente de cómo se queda atrás.

    En nuestro paso por Burdeos, pillamos un poco de atasco y me sorprendieron varios vehículos franceses que al ver nuestro coche, fijarse en la matrícula y descubrir nuestra procedencia de Hispania, nos sonreían, levantaban el pulgar y nos decía: “¡España campeona!”. Vaya, que poder tiene el fútbol, me sorprendí de nuevo.

    Así, sin más novedades, llegó el final del día, por lo que nos apartamos de la carretera aprovechando las ventajas de llevar un todoterreno y bajo unos árboles que nos cubrieron a modo de techo, nos tumbamos a dormir con los sacos, en lo que fue el primer vivaqueo de esta expedición. ¡Qué gusto, estirar las piernas!

    Hoy repetimos nuestra estrategia de levantarnos temprano, recoger los sacos y ponemos en ruta pronto. Sigue nublado y nos toca algo de lluvia. Creo que definitivamente nos hemos liberado del calor asfixiante que pasamos en España estos días pasados. 

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  • Nos ponemos en ruta

    Con ganas de salir

    Qué sensación más agradable la de abandonar el mundo civilizado y estresante para acercarse poco a poco a la naturaleza. Cerrar el cuaderno con las listas de cosas por hacer y decir: “hasta aquí hemos llegado, a la vuelta se retomarán los quehaceres”. Qué maravilla ser consciente, pero realmente consciente que es imposible querer hacer todo. Y qué felicidad aceptar de verdad que no pasa nada, que lo que queda sin hacer ya se hará… cuando haya oportunidad, y si resulta que para entonces es tarde, ya surgirán otras ocasiones para sacar todos los planes adelante. Y si no fuera así… en el fondo da igual, pues el mundo seguirá su curso habitual.

    Nadie somos imprescindibles. Es una realidad que siempre tengo presente, pero en el fondo quiero hacer todo y un poco más. Por eso, estos momentos drásticos de decir: “hasta aquí hemos llegado” y cerrar con fuerza el cuaderno con las listas de cosas pendientes, me dibuja una sonrisa de oreja a oreja y me produce una gran alegría y tranquilidad. Me siento ligera…, casi con alas como para poder volar.

    Abro la puerta del Defender, una ojeada a su interior, ¡qué gusto verlo todo ya preparado! En el pasado quedan ya las últimas semanas correteando de aquí para allá, tratando de tenerlo todo listo al tiempo que continúan las actividades y el trabajo habitual. Me siento en el asiento del conductor.

    Comienzo yo la ruta. Una mirada por el retrovisor provoca una invasión de alegría en mí, al contemplar que el coche está hasta los topes de carga… y es que de nuevo soy consciente que salimos ya para Islandia. Adolfo de copiloto… ya le tocará volante, nos quedan varios días de conducción con este todoterreno, bueno para el campo, pero algo más incómodo para las carreteras europeas.

    La fecha idónea de salida es este fin de semana próximo, pero viendo que coincide justo con el cambio de mes y el inicio de las vacaciones de julio, hemos decidido adelantar la salida. Así entre el jueves y viernes nos quitaremos de encima España y Francia y cuando quiera empezar el tráfico a ser más denso, ya estaremos nosotros por el norte de Europa. Serán así algo más tranquilitos de conducción los últimos días antes de subir al ferry en el norte de Dinamarca, tempranito el 3 de julio.   

    Ahora kilómetros y kilómetros por delante en un Defender… con paciencia el camino se andará. 

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  • Comienza nuestra Campaña Boreal…

    ¡¡Sí, sí, sí!!! Llegó por fin nuestra Campaña Boreal. Alejarse de estos 40ºC que secan nuestro país para trabajar más fresquitos en dos de las estaciones de medida de GLACKMA. Primero en Islandia y después en Svalbard.

    A Islandia salimos ya, pero ya, ¡¡¡¡ya!!! Vamos, que si me descuido un poco, nos ponemos en ruta sin avisaros antes. Regresamos pasado ya el ecuador de agosto y en menos de una semana estamos volando a Svalbard, hasta mediados de septiembre.

    A ver, por partes. De momento nos centramos en Islandia, que lo de Svalbard suena muy lejano todavía. En Islandia planeamos varias actividades que os iré detallando sobre la marcha. Ya lo sabéis.

    Os adelanto que tenemos que hacer una completa campaña de aforos para la estación nueva que instalamos en la primavera del año pasado. Vendrá también Gaby con su cámara, que tras la expedición del año pasado a Patagonia, vuelve con nosotros para continuar trabajando en el documental de divulgación de GLACKMA. Nos acompaña Jose, que ha empezado a realizar su tesis doctoral con los datos de esta estación de descarga glaciar que tenemos en Islandia. Emilio y Tato nos darán apoyo técnico para la parte exploratoria de glaciar y de apoyo logístico.

    Pero todavía hay más: ocho afiliados de GLACKMA vienen a hacer un curso de aforos y de descarga glaciar, a la vez que recorrerán una buena parte de Islandia. Además un grupo de cinco personas del equipo de “Al Filo de lo Imposible” que dirige Carmen Portilla, estarán con nosotros para grabar con GLACKMA uno de los programas de “Viviendo al Filo con” que se emitirán a finales del año.

    Y finalmente en la segunda mitad de la expedición, realizaremos un recorrido por Islandia.

    Adolfo y yo salimos en un todoterreno para allá con el fin de poder llevar todo el material y tener después allí el vehículo para desplazarnos. Recorreremos Europa hasta alcanzar el norte de Dinamarca, donde tomaremos un ferry que nos llevará hasta Islandia. El resto de participantes, irán llegando en avión, según sus actividades están enmarcadas en la expedición.

    Así que sin más… en un par de días nos ponemos en ruta!!!!

    • Glaciar Kviarjökull en Islandia, donde GLACKMA tiene la estación de medida

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