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Blog: Karmenka desde los Polos

  • Reinstalada la estación CPE-KVIA-64ºN

    (Crónica recibida por teléfono satelital, Fotos: Archivo GLACKMA)

    Tenemos suerte y el río viene con menos caudal del que podría llevar. Sí, fijaros que aún así os decía ayer, que el agua en el punto de la instalación me llega a la altura de los hombros. Un poco más y no podría trabajar aquí. En verano lleva muchísimo más caudal y ahora en primavera es más aleatorio.

    Antes de venir, estuvimos analizando con detalle las series de datos de años anteriores, para seleccionar un buen momento que nos permitiera hacer la instalación. A la única conclusión a la que llegamos es que debía ser la primavera, sabiendo que después íbamos a necesitar un factor de suerte. Y es que analizando las series anuales con detalle, en esta época puede pasar de menos a más caudal en tan sólo unos días. Y a continuación volver a disminuir y aumentar de nuevo. Es una época con muchas oscilaciones.

    Evidente que mucho menos caudal hay en invierno. En esta estación estuvimos en una ocasión, el problema ahí es la cantidad de hielo que hay que dificultaría mucho nuestro trabajo en el borde del río, pero sobre todo las pocas horas de luz. Teníamos solamente 4 horas contando la penumbra del atardecer y del amanecer.

    La mejor opción por tanto, venir en la primavera con días suficientes para tratar de encontrar algún momento con un caudal más bajo que nos permita el trabajo. De momento parece que está a nuestro favor. A ver si nos da tiempo a hacer la instalación antes de que suba el nivel. 

    El agua que me ha entrado en el traje está fría y siento como -sobre todo mis pies- poco a poco van perdiendo la sensibilidad. Tenemos una ventaja a la hora de fijar el carril metálico a la pared, y es que al ser de hormigón –recordemos que es un antiguo pilón del viejo puente- es bastante regular. De manera que los problemas que nos encontramos habitualmente al trabajar en paredes de roca, aquí no los tenemos.

    Avanzamos bastante bien con el trabajo. Realmente se nota la experiencia que vamos cogiendo con este tipo de instalaciones. Metida en el río con el agua hasta los hombros, los pies sin tacto alguno, la taladradora en las manos y todas las herramientas frente a mí, pienso que cualquiera diría que soy profesora de matemáticas. Os puedo asegurar que una de las cosas que he aprendido en las expediciones, es que tienes que ser una especie de todo-terreno, tienes que ser capaz de tener autonomía en todas las facetas posibles, cuanto más variadas mejor.

    ¡Vaya! El viento vuelve a soplar con fuerza. Una racha que comienza con gran violencia, me lleva mis guantes de trabajo al río. Puedo salvar uno, el otro no logro alcanzarlo a tiempo, ha sido ya arrastrado por la corriente del río. Los había sacado mientras tenía que trabajar con las manos bajo el agua, para evitar tenerlos mojados… y ahora ni mojados, ni secos, uno ya no lo tengo. Con el frío, el viento y el polvillo de las perforaciones en la pared las manos sufren bastante y la protección de los guantes me ayuda mucho.

    Adolfo, desde arriba del pilón, protege todas las herramientas y el material de instalación, parece que el viento va adquiriendo cada vez más fuerza. Nos vemos obligados a disminuir el ritmo de trabajo, pero tenemos que continuar, por lo menos hasta dejar la estación medio presentada.

    Una de las veces en las que estaba en el borde del pilón -fuera del río, haciendo una sujeción- surgió una racha violenta de viento que me hizo perder el equilibrio. Por salvar una de las herramientas, caigo yo al agua. Menos mal que conocía bien como es el fondo del río en la zona de trabajo y gracias a eso evito golpearme con las piedras del fondo. Recordad que a través del agua –completamente opalina- no se llega a ver nada. 

    Termina el día y lo más fundamental de la nueva instalación queda hecho. Al día siguiente completamos el trabajo y los detalles más delicados. Se nos mantiene también sin llover y el viento ha aflojado un poco. El río ha comenzado a subir de nivel, pero ya nuestro trabajo es sobre el pilón. Finaliza el día y ya tenemos funcionando la nueva estación CPE-KVIA-64ºN de GLACKMA, que reemplaza a la anterior.

    Ya casi en penumbra ha llegado el momento de la verdad. Mirar a ver si la antigua estación está funcionando. Cojo el ordenador, el cable de conexión, abro la tapa para acceder al lector de una de las sondas antiguas y… En mi mente pasó rápidamente a modo de película todo lo vivido recientemente en Patagonia: la sonda con la que no pudimos conectar, la caminata después por la montaña de 60 kilómetros para tratar de hacer otra prueba cambiando el software del ordenador… y la tristeza al ver que no era posible. Todos los medios y el esfuerzo personal para nada… Percibí de nuevo cercana la tristeza que me invadió entonces. Cuando tenía que regresar los 30 kilómetros de camino, después de no haber conseguido nada, teniendo que sacar fuerzas de donde no había… Todo esto pasó en unos minutos por mi mente mientras el ordenador se encendía.

    Mi mano hace la conexión del cable y el lector, “¿qué ocurrirá ahora? Esta sonda es de la misma hornada que la de Patagonia. Son las dos estaciones que nos quedaban por reinstalar para sustituir las sondas más antiguas. En principio les quedaban unos 3 años de vida… Pero, ¿por qué aquella falló?, ¿estará esta igual?” Todos esos pensamientos pululan por mi cabeza, mientras el corazón late con fuerza, se me acelera el pulso… y de repente toda la alegría de tener la nueva estación reinstalada se disipa, como si una racha de viento la arrancara de mi interior. ¡No puedo hacer conexión con el ordenador y la sonda! ¡No puedo! De repente un silencio hondo me invade, mientras intento e intento. ¡No es posible, no lo es!
  • Comenzamos la instalación

    (Crónica recibida por teléfono satelital, Fotos: Archivo GLACKMA)

    Durante el primer día el viento continúa soplando con fuerza y nos impide ponernos con los trabajos de instalación. En principio tenemos margen de días, así que podemos esperar a tener mejores condiciones. De hecho, al organizar el viaje desde España, ya consideramos poder andar holgados con los días, para no llevarnos la desagradable sorpresa de -apurando en tiempo- comprobar después que cualquier pequeño imprevisto no nos deja terminar adecuadamente el trabajo.

    Al día siguiente el viento amaina un poco, y decidimos comenzar a preparar el material, mientras vemos cómo va evolucionando según avanzan las horas. A pesar de que es más flojo, continúa soplando con fuerza y tenemos que ser muy cuidadosos al desembalar y preparar el material de trabajo y las herramientas. Cualquier pequeño descuido haría que salieran volando.

    Tenemos todo listo para comenzar. Aunque amaneció bastante despejado se ha ido cubriendo poco a poco y parece que antes de que finalice el día la lluvia vendrá a saludarnos. Sin embargo, como parece que aún tendremos unas cuantas horas, decidimos comenzar la instalación.

    Llevamos todo el material hasta el borde del río donde vamos a trabajar, y ahí lo vamos dejando a mano, pero a la vez protegido del viento. Se trata de un bloque de hormigón de un antiguo pilón del puente de la vieja carretera. Es justo en el lugar donde tenemos la actual estación instalada. Es un lugar muy bueno ya que se trata de un punto aguas abajo del río, una vez que se han integrado las diversas salidas de agua que hay en el frente del glaciar. Se trata de un glaciar de valle muy bien encajado en él, de manera que tenemos perfectamente definida la cuenca de hielo que drena a nuestro río.

    Además es un lugar idóneo, ya que es una zona en la que el río está encajado en su lecho y por tanto se asegura la circulación de agua por este lugar en años sucesivos. Imaginaros que instalamos la estación en un lugar del río y al cabo de los años, el agua cambia su curso y la estación nos queda fuera del agua. ¡No nos valdría de nada! Y esto pasa muy frecuentemente en ríos provenientes de glaciares. Son muchas cosas a tener en cuenta a la hora de seleccionar un lugar.

    Otro factor importante a la hora de fijarla es que las sondas deben de estar ubicadas en una zona lo más profunda posible, de manera que cuando disminuya el nivel del río en el invierno, no se queden fuera. Y algo también fundamental, que tengamos roca o algo sólido donde poder sujetarla para que no se mueva ni un milímetro, sino nos daría medidas falsas de caudal.

    Realmente no es fácil encontrar un lugar que cumpla todos los requisitos, y por eso al inicio de empezar a trabajar en uno, antes de seleccionar un posible glaciar como estación de medida en GLACKMA, hay una etapa previa de exploración muy importante.

     Comenzamos con la instalación, ¡a ver qué tal se nos da! Me pongo un traje seco para meterme en el río. En la zona donde fijamos las sondas al pilón, el agua me llega por la altura de los hombros. Menos mal que el pilón evita que me dé la corriente del río, sino evidentemente no podría estar ahí metida con esa altura de agua, me arrastraría. Tengo que, con mucha maña, utilizar mis piernas para apartar las piedras del lecho en el lugar donde vamos a fijar el carril metálico con las sondas sujetas.

    La zona por la que entro al río y tengo que recorrer por él hasta aproximarme al lugar donde vamos a fijar la estación, no es nada cómoda. El fondo es muy irregular, hay enormes piedras que han sido arrastradas por la corriente y ello hace que tan pronto me cubra el agua, como pueda apoyarme en alguna y logre sacar parte del tronco fuera. Primero, con ayuda de las piernas, hago un tanteo de la zona bajo el agua, para ver cual va a ser mi entorno de trabajo. No me queda más remedio que utilizar mis piernas tanteando, porque no se ve nada a través del agua. Ni tan siquiera a cinco centímetros por debajo de la superficie se logra ver. El agua es totalmente opalina, debido a la cantidad de materiales de tamaño fino -que arrastra el río- provenientes de la roca de fondo del lecho glaciar.

    Fijaros en un detalle, que ni siquiera he mirado si puedo descargar los datos de la estación antigua. No he chequeado si está funcionando o no. Si lo hago y me ocurre como con la de Patagonia que no logro hacer la conexión, me voy a quedar triste por tener una laguna de datos en la serie temporal. Así que prefiero no pensar en ello ahora, centrarme en la instalación de la nueva, dejarla lo mejor posible y después... ya miraré si funciona o no la vieja. Ya me quedará tiempo de sentir esa tristeza, sin que ello me afecte ahora en el trabajo tan importante que tengo por delante.

    Lo primero que con desagrado compruebo es que el traje -que se suponía que era seco- no lo es. No es completamente seco. Le entra agua y está a casi 0ºC… ¿Aguantaré todo el tiempo trabajando aquí a la intemperie, mojada y encima con el viento soplando? Será fundamental la colaboración de Adolfo desde el exterior, sobre el pilón. Él no tendrá la mojadura del río, pero el viento le azotará más que a mí aquí abajo. Tengo que centrarme en el trabajo y conseguir que quede una buena instalación hecha.
  • Midiendo el caudal del río

    Volvemos a hablar de la estación CPE-KG-62ºS, la que hemos reinstalado con las nuevas sondas de medida. Os contaba la otra semana que lo que terminamos generando son series temporales horarias de descarga glaciar. Es decir que cada hora tenemos el valor del caudal del río seleccionado que proviene del hielo que se ha fundido.

    Pero no se trata simplemente de instalar una sonda que te da directamente ese valor que buscamos. ¡No!, hay un proceso largo y laborioso detrás. Las sondas nos miden el nivel del río y para poder conocer el caudal tenemos que hacer lo que llamamos una campaña de aforos.

    Aforar en un río, significa medir directamente el caudal, pero no os voy a contar todo este laborioso procedimiento. Simplemente quiero que recordéis que hay que llevar a cabo un preciso trabajo de campo, después procesar todos esos datos con herramientas matemáticas y algunos programas informáticos que hemos elaborado para agilizar los cálculos y finalmente obtenemos lo que buscamos, el caudal drenado por el glaciar.

    Cuanto mejor sea nuestro trabajo de campo, mejor será el procesado después de los datos, por eso debemos estar concentrados en el trabajo, aunque las condiciones que tenemos no sean las más cómodas, ni las más confortables. Debemos de estar muy pendientes del río, de las variaciones de nivel que experimenta para llevar a cabo nuestros aforos. En este río, con la precisión con la que trabajamos, cada aforo nos lleva unos 35-45 minutos, dependiendo del caudal que haya. Durante todo ese tiempo tenemos que estar midiendo dentro del río, con esa temperatura que lleva el agua que ya sabéis que fluctúa entre 0ºC y 0,6ºC. Además os diré que prácticamente debemos de estar quietos y que en esta zona sopla siempre un fuerte viento que viene encajonado en el cañón del río, y nos hace alcanzar unos valores de sensación térmica algo bajos. Por eso la concentración en el trabajo es fundamental, centrarse en lo que se está haciendo y olvidarse del resto.

    Desde que regresamos de Jubany y estamos aquí acampados, no hacemos otra cosa que estar pendientes del río y de los aforos. No hay una hora fija, manda el río y sus variaciones de nivel, tan pronto nos toca por la mañana, por la tarde, a la madrugada, al terminar el día… no podemos tener horarios, el río es el que nos dirige. La ventaja de estar aquí acampados al lado del lugar de trabajo es que podemos estar muy pendientes con facilidad.

    Despertarse a la madrugada, salir del saco de dormir y su calorcito, abrir la puerta de la tienda de campaña e ir a mirar cómo está el río, está siendo la tónica general. Cuando después vuelves al saco porque no hay un nuevo valor para poder hacer un aforo… no está mal. Pero muchas de estas ocasiones tienes que de inmediato preparar todo el equipo y meterte en el río a medir. En fin, que como podéis observar estamos centrados en el trabajo y en sacarlo adelante lo mejor posible.

    En esta ocasión no os voy a pedir ninguna investigación, sólo quiero que seáis conscientes de que la mayor parte de las veces los mejores logros se consiguen con un gran esfuerzo detrás. Y ¿sabéis también que por lo general después no son muy apreciados, ni valorados? Sin embargo, os puedo asegurar que la tranquilidad que da el trabajo bien hecho es enorme. Y lo último que quiero que no se os olvide nunca, es que la fuerza la tenemos en la mente. Teniendo una mente poderosa se puede alcanzar prácticamente todo lo que uno se proponga, se superan con mucha más facilidad los obstáculos.


    • Midiendo el caudal del río
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  • Reinstalando la estación CPE-KG-62ºS

    La semana pasada cuando llegamos a la Antártida y estando todavía en la Base Rusa Bellingshausen, antes de cruzar para la Base Argentina Jubany, habíamos estado trabajando sin parar. Os voy a explicar ahora, con un poco más de calma qué es lo que estuvimos haciendo.

    En primer lugar tuvimos que clasificar los 340 kilos de material que juntamos en la Base Rusa y provenía de lo que teníamos guardado en esta base de las campañas antárticas anteriores, de lo que habíamos enviado por cargo desde España ya en noviembre y de lo que trajimos en el vuelo con nosotros.

    Después transportamos en mochilas el material necesario para esta primera etapa de la expedición, hasta la zona en el río de salida del glaciar donde tenemos la estación de medida de descarga glaciar. Fueron varios viajes los que tuvimos que dar con las mochilas cargadas a la espalda, recorriendo los 5 kilómetros de distancia desde Bellingshausen hasta la estación. Montamos al lado del lugar de trabajo una tienda de campaña, para poder tener todo el material recogido durante los días que nos llevó el trabajo de instalación.



    A ver si con estos vídeos y estas fotos que os dejo, podéis entender cómo nos las hemos tenido que ingeniar para hacer la instalación de las sondas nuevas en la estación de GLACKMA que llamamos CPE-KG-62ºS. Decidme a ver si lo entendéis.












    Esta estación la hemos llamado CPE-KG-62ºS, por las siglas de Cuenca Piloto Experimental ubicada en King George de la Antártida Insular, a latitud 62ºS. Es una de las más antiguas que tenemos en GLACKMA, en la que desde enero de 2002 estamos registrando datos horarios de descarga glaciar, es decir del hielo que se funde. ¡Sí, sí!, habéis leído bien, son datos horarios. Desde que la hemos puesto en marcha registramos series de datos con intervalos horarios. Es una tremenda cantidad de información la que tenemos ya, y muy valiosa para el estudio del cambio climático. No ha sido fácil el mantener esta continuidad de las series, pero con un gran esfuerzo personal lo hemos conseguido.

    En este momento estamos renovando las sondas que teníamos instaladas. Estas tareas de mantenimiento y renovación de instrumentos es necesario hacerlas de vez en cuando. Además las sondas que ahora instalamos, al ser más modernas, son mucho más robustas que las anteriores y aguantarán mejor las inclemencias del tiempo en invierno. Por otro lado tienen mayor memoria de almacenamiento de datos y nos permitirán poder distanciar las visitas a la estación para extracción de información. Con las antiguas, midiendo cada hora, la capacidad era de año y medio, y ahora con estas nuevas tenemos para varios años.

    Lo dicho, decidme a ver si habéis entendido el proceso de instalación que hemos llevado a cabo.

    ¡Hasta la próxima! Que tengáis un buen fin de semana. Nosotros seguiremos trabajando, aquí manda la meteorología y hay que aprovechar siempre que se pueda.
    • Reinstalando la estación CPE-KG-62ºS