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Blog: Karmenka desde los Polos

  • ¿Cómo medimos en Caleta Potter?

    Al explicaros de qué se trata el proyecto europeo IMCOAST en el que estamos participando, os conté nuestra labor en el mismo.

    Por un lado aportamos todos los datos que en continuo estamos registrando desde enero del 2002 en la estación CPE-KG-62ºS, que ya sabéis que registra cada hora datos de la descarga glaciar, es decir el hielo que se funde en forma de agua.

    Por otro lado y en Caleta Potter -en la que se encuentra la Base Argentina Carlini (ex Jubany)- registramos el grado de aporte de los sedimentos sólidos en tiempo presente, para poder estimar la variación de la radiación solar en los ecosistemas marinos. Medimos también las características geoquímicas del agua proveniente de la descarga glaciar, además de la temperatura del agua y conductividad para conocer la capacidad de hidrólisis de las rocas subglaciares y su posible generación de nutrientes. Toda esta información es valiosísima para los grupos de biólogos marinos que investigan en esta caleta.

    Para hacer estas mediciones en Potter, seleccionamos un riachuelo que provenga del glaciar y ubicamos en el mejor lugar una sonda multiparamétrica para registrar una decena de parámetros. Debido a que los sensores de esta sonda son extremadamente delicados, este equipo no puede permanecer todo el año en el exterior. Lo debemos instalar cuando el río ya está definido y retirar antes de que queden los sensores al aire cuando disminuya su caudal, pues sino se estropearían. Como es muy inestable la zona en la que se encuentran los posibles riachuelos que salen en esta caleta del glaciar, la instalación exige un control diario para ir reacomodando la sonda.

    Os dejo un vídeo en el que podéis ver cómo nos las hemos ingeniado para fabricar un soporte y poder instalar la sonda en este lugar. Fijaros también la diferencia de caudal del riachuelo en los días más fríos o cuando sube algo la temperatura. ¿Veis qué rápido responde el glaciar a cualquier variación de la temperatura ambiente? Por eso nos hemos centrado nosotros en medir la descarga glaciar, es un perfecto indicador de la evolución del calentamiento global.   

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  • Y tenemos ya… ¡Una red de estaciones en ambas regiones polares!

    Ahora que ya sabéis lo básico sobre esta estación de registro de descarga glaciar en la que hemos estado trabajando en esta última campaña Antártica, os diré, que no es la única. ¡No, no!, tenemos ya ocho estaciones funcionando. Cuatro de ellas están en el Hemisferio Norte y otras cuatro en el Hemisferio Sur. Y todas ellas están registrando datos cada hora… ¡Imaginaros qué cantidad de información nos están dando!

    Además de estar ubicadas en las regiones polares de los dos hemisferios, están distribuidas a diferentes latitudes de la Tierra. ¿Por qué? Un día, os adelantaba este concepto con una pregunta que me habíais hecho. Os hacía una comparación con las estaciones meteorológicas. Se emplazan en diferentes lugares del mundo, de manera que sus mediciones sean significativas y representen a una zona más amplia, y con todas ellas podemos conocer la meteorología en nuestro planeta.

    Con la red de estaciones de GLACKMA, lo que estamos haciendo es registrar la evolución en el tiempo del calentamiento global. Fijaros donde las tenemos ubicadas: Islandia, Ártico sueco, Norte de los Urales y Svalbard en el Norte; Patagonia Chilena, Patagonia Argentina, Antártida Insular y Peninsular, en el Sur. (Os dejo unas fotos de los trabajos en algunas de estas estaciones)

    A lo largo de esta expedición habéis podido constatar la cantidad de problemas que surgen casi cada día en estas regiones polares… Y os digo, que lo que habéis visto, es una pequeñita parte de todos los imprevistos que hemos tenido que superar año tras año, campaña tras campaña, expedición tras expedición, para conseguir poner en marcha y mantener operativa esta red de estaciones de descarga glaciar.

    Ahora buscamos refuerzos, apoyos, voluntarios, ayudas… ¡todo es poco! Con un granito de arena de cada uno, tendremos una montaña. Queremos que esta red de GLACKMA siga siempre operativa, queremos implementarlas con envío de datos por satélite, queremos instalar más estaciones de registro…

    Queremos dejar un legado de datos registrados y de estaciones funcionando a las generaciones venideras. Y no queremos hacerlo solos. Queremos que cada uno de vosotros que seguís este Blog participéis, que os involucréis en esta tarea, que la sintáis vuestra y nos ayudéis a extenderla a más y más personas. Queremos que todos sintáis la necesidad de respetar más a la Tierra, al hermoso Planeta en el que vivimos. Queremos hacer que la mayor cantidad de personas posibles “se” (“os” para vosotros que nos leéis) sensibilicen con estos temas y sean conscientes que es una tarea solidaria, una labor de todos y de cada uno de nosotros.

    Vamos todos en el mismo barco… y todos tenemos que remar. 

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  • La instalación y mantenimiento de las sondas de medida… no es tarea fácil

    Casquete glaciar, con circulación de rios procedentes del hielo fundido

    Continuando con la forma de medir la descarga glaciar aquí en la Antártida, os contaré hoy algo que algunos de vosotros ya sabéis por la campaña anterior, pero para muchos otros es cosa nueva, así que vamos a ello.

    Quedamos ya el otro día que seleccionábamos un punto en la zona, donde confluye todo el agua procedente del hielo que se funde de una parte de ese enorme casquete glaciar, y es en ese punto donde medimos. Vimos en el vídeo que os había dejado, el buen lugar que encontramos en el cañón, donde pasa toda el agua integrada y además las paredes de roca nos permiten fijar las sondas.

    Como muy bien habéis observado en el vídeo, tenemos varios instrumentos midiendo. Pero, esos equipos, ¿se instalaron ellos solitos?, ¿qué miden?, ¿cada cuánto tiempo miden?, ¿desde cuándo están midiendo? Tranquilos, tranquilos, que os voy a responder a todas estas preguntas.

    Las sondas de medida están recogiendo datos cada hora y durante todo el año. No sólo eso, sino que año tras año. Y, ¿desde cuándo? Pues fijaros, estamos midiendo en este lugar desde inicio de febrero del 2002. Sí, he dicho bien, no me he confundido, ¡¡¡desde el 2002!!! Cada sonda mide varios parámetros y con cada uno de ellos tenemos ese registro horario y continuo desde entonces. ¿Os imagináis cuántos datos, cuánta información? Ahora me entenderéis perfectamente cuando os digo que conocemos muy bien cómo está evolucionando este glaciar durante la última década.

    Esos equipos de medida los hemos tenido que reinstalar en varias ocasiones a lo largo de esta década. Pensad que quedan todo el año ahí a la intemperie y las condiciones en el invierno son durillas. Tienen, por tanto, una caducidad. Así que nos hemos encargado de que antes de que dejasen de funcionar, tuvieran otros al lado para sustituirlos. No es tarea fácil.

    A lo largo de estos años, como toda la electrónica ha avanzado mucho, hemos podido ir mejorando con cada reinstalación, la robustez de los equipos. Ahora resisten mucho mejor a las condiciones de intemperie y además tienen una mayor memoria para almacenar esos datos que almacenan.

    La última de estas reinstalaciones de las sondas de medida, la realizamos la campaña anterior. En su día en el Blog os expliqué con detalle cómo lo hicimos, además de enseñaros fotos y prepararos algunas tomas de vídeo.

    Sobre la cuestión planteada al principio, de ¿qué miden? De momento os quedáis con la idea de que son varios parámetros, como os decía más arriba, con los que buscamos conocer la cantidad de agua qué pasa por ese río, pues es el hielo fundido… Pero de esto lo dejamos para otro artículo, ¡que os lo tengo que explicar bien! 

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  • Alcanzamos el glaciar Huemul

    Al sonar el despertador a las 4:30 de la mañana, observo por la ventana que está completamente cubierto. No se alcanza a ver ni el propio Fitz Roy… Bueno, me quedo sin poder filmar el amanecer en estas cumbres… Otra vez será. Retomo el sueño hasta las 7:00, hora en que nos levantamos y nos ponemos en camino hacia el glaciar Huemul. Son 37 kilómetros.

    Nos toca algo de lluvia de vez en cuando, pero no es continua así que es bastante llevadera. La temperatura es de 6ºC y en algunas ocasiones baja algo, pues el agua se convierte en agua-nieve. Pensad que andamos por el Hemisferio Sur, por tanto estamos en el final de la primavera y en zona de montaña.



    El último ascenso para alcanzar el glaciar lo tenemos que realizar a través de un bosque precioso de lengas. Cuando llegamos a nuestra estación de medida, lo primero que tenemos que hacer es cruzar un pequeño río de apenas 3 metros de ancho, pues las sondas de medida las tenemos en el otro margen del río. En una mochila preparo el ordenador de campo, los cables para conectar con las diferentes sondas de la estación… y me quito las botas, calcetines y pantalones para cruzarlo.



    Podía haber traído unas botas, pero eran necesarias unas un poco altas y ocupan su volumen en la mochila, que ya viene suficientemente cargada y pesada. Además ahora no precisamos realizar ningún trabajo adicional de mediciones en el río, sólo se utilizarían para cruzarlo hasta la estación. El agua viene directamente del glaciar y… no está a 0ºC, pero no llega a 1ºC. Poniendo en la balanza todas esas circunstancias, decidí no traerme las botas.

    Así que con las piernas y pies desnudos cruzo el río con mucho cuidado de no ser arrastrada por la corriente en el punto de más caudal, pues a pocos metros agua abajo tengo una cascada. ¿Sabéis que pienso cada vez que me toca andar descalza sobre las piedras de un río? Que está muy bien eso de llevar calzado, pero que nos hemos hecho a nosotros mismo “blandengues” con tantas comodidades. Pienso en estos momentos en todos los que acostumbrados a andar descalzados son capaces de caminar sobre estas piedras del río sin sentir el menor daño…

    Una vez alcanzado el otro extremo del río, enciendo el ordenador, abro las tapas de los cabezales que protegen los lectores de las sondas y me dispongo a tratar de vaciar los datos almacenados en las mismas. Como sabéis los que nos seguís de campañas anteriores, sois conscientes del momento tan tenso… ¿por qué? Porque no siempre ha sido posible hacer la conexión entre el ordenador y las sondas, porque en ocasiones los aparatos se han dañado y han dejado de registrar datos, porque en ocasiones descubres que todo el trabajo y el esfuerzo realizado durante años se pierden en un segundo al encontrarnos algún daño o mal funcionamiento en los aparatos que dejamos midiendo año tras año en el lugar.



    Pero en esta ocasión, el momento de tensión e incertidumbre antes de conectarme con los aparatos, fue sólo un momento pasajero y pronto la sonrisa ilumina mi cara al comprobar que está todo funcionando perfectamente y que tengo ya en mi poder las series de datos continuas de los dos últimos años. Son datos que quedan registrados cada hora… seguro que sabéis calcular cuántos datos por parámetro medido he bajado al ordenador, desde la última vez que estuvimos aquí el 18 de febrero de 2010.

    Pero… os estaréis preguntando, ¿qué estamos midiendo con estos datos?, ¿por qué tanto esfuerzo para conseguir estas series continuas con mediciones registradas cada hora?... Os resuelvo todas estas incógnitas mañana, compañeros expedicionarios.

    • Alcanzamos el glaciar Huemul
    • Alcanzamos el glaciar Huemul
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  • Comenzamos a recoger el campamento

    (crónica recibida por teléfono satelital,  Fotos: Archivo GLACKMA)

    Otro día intenso de actividad. Nublado, con viento y algún chubasco, pero no ya la constante lluvia como tuvimos ayer.

    Por la mañana extraemos los datos -almacenados durante estos días- tanto de las sondas de la estación nueva como de la antigua. Nos tocará trabajar con ellos junto con los aforos realizados en el río, una vez regresemos a España. Gaby continúa con su trabajo de grabación, aprovechando cualquier pequeño rayito de sol que nos brinda con sus luces suaves.

    Retornamos al campamento, hacemos una última comida caliente y empezamos a clasificar, recoger y empaquetar todo el material. Una vez que está todo listo y la tienda grande de campamento vacía, la retiramos. Tenemos suerte, no nos llueve durante la maniobra y el viento nos deja realizarla tranquilamente.

    Nos quedan solamente las tiendas de dormir y en ellas los sacos. Mañana nos levantaremos a las 6:00, recogeremos y empaquetaremos estas tiendas y dejaremos todo el material así listo para que vengan los baquianos con los caballos a recogerlo. Nosotros nos pondremos en marcha, deshaciendo la caminata del primer día, para retornar a la guardería Grey donde tenemos los vehículos.

    Al final, el balance de esta primera parte de la expedición es muy positivo: los instrumentos antiguos funcionando, la serie de datos en nuestro poder sin laguna alguna en los casi 10 años que aquí estamos midiendo, la nueva estación perfectamente instalada con sondas más robustas e incluso varios aforos realizados con valores de caudal mínimos que son los que no podremos tomar cuando vengamos en el verano. Además de todo esto, el cometido y el objetivo de la participación de Gaby en la expedición, también están muy bien cubiertos en lo que llevamos hasta ahora. Le espera una segunda parte que promete ser también un buen complemento de su trabajo.

    Todo positivo. Una única nubecita es mi ojo… que sigue un poco raro. Pero ya mejorará.
  • Concluida la instalación

    (crónica recibida por teléfono satelital.  Fotos: Archivo GLACKMA)

    La noche fue larga para mí… apenas pude dormir un par de horas debido a una molestia en uno de mis ojos. El otro día debió de picarme algún insecto y se me ha ido poniendo peor con el paso del tiempo. También me han aparecido unas picaduras en el dedo corazón de la mano derecha, y todas ellas no hacen más que hincharse y molestar, sobre todo de noche cuando estoy calentita en el saco de dormir.

    En mi larga noche en vela tuve la compañía del ruido de la lluvia al golpear con la tienda. A lo que se sumó después un fuerte viento que me mantenía en vilo, pensando si la tienda grande nos la levantaba y llevaba, qué haríamos con todo el material allí guardado.

    Agotada ya de cansancio y habiéndome acostumbrado a las incomodidades de las picaduras e hinchazones, logro coger el sueño cuando me suena el reloj a las 7:00 de la mañana. Todavía plena noche, la lluvia sigue cayendo y con el cansancio de no haber dormido, tengo que sacar toda mi fuerza de voluntad para salir del saco, dejar la tienda y afrontar la nueva jornada.

    Desayunamos y bajo la lluvia nos ponemos en marcha hacia la estación de trabajo, dejando atrás el campamento. No son agradables las condiciones de trabajo con el viento y la lluvia, pero tenemos que seguir con la instalación. Sin embargo un grupo unido, centrado en un objetivo es capaz de sacarlo adelante a pesar de las dificultades que puedan surgir.

    Se suceden las horas, termina la luz del día y conseguimos finalizar la instalación de la nueva estación que además queda perfecta. E incluso podemos comenzar con la campaña de aforos. Si alguno de los que nos va siguiendo en el Blog puede explicar a todos los nuevos que se han ido incorporando, qué es esto de la campaña de aforos y su relación con los valores que registramos en la estación recién instalada, os lo agradecería. Estoy realmente agotada y no me queda mucha energía para escribiros más.

    Aparte del cansancio estamos todos felices por el trabajo bien hecho. Una gran satisfacción se refleja en las caras de todos mis compañeros. Además gracias al teléfono satelital hemos tenido información sobre el cruce a la Antártida en los próximos días. ¡Va a ser genial! Ya os iré contando cómo vamos a hacer para sacar todos nuestros objetivos adelante.
  • Un buen trabajo en equipo

    (crónica recibida por teléfono satelital, Fotos: Archivo GLACKMA)

    Aprovechamos bien las horas de luz que tenemos, así que comenzamos a levantarnos y preparar el desayuno, todavía en penumbra. De esta manera cuando comienza la luz estamos ya caminando hacia la estación, llevando con nosotros el resto de material.

    Es un día muy intenso de trabajo para todos y tenemos suerte con el tiempo que nos acompaña. Entre sol y nubes, a veces más densas, pero nada de lluvia ni nieve como los días anteriores.

    Trabajamos muy bien en equipo, Adolfo, Agustín y yo ya nos conocíamos trabajando juntos en campo durante campañas anteriores en este glaciar. Agustín es oro puro para el trabajo en equipo y un perfecto todoterreno en todos los sentidos. Congeniamos muy bien los tres desde la vez que coincidimos en la primera campaña al Tyndall, hace ya casi diez años.

    Pero no sólo esto, sino que los nuevos, Gaby y Pepe, se han integrado perfectamente en la expedición. Gaby saca adelante su trabajo de realizadora, filmando y grabando, pero sin interferir para nada en el trabajo de la expedición. Además tanto ella como Pepe, se han integrado muy bien en el equipo, pendientes de cómo ayudar, qué hacer, cómo colaborar, cómo echar una mano… Está siendo una expedición ejemplar en cuanto a trabajo en equipo, hay un magnífico ambiente entre los cinco y de esta manera vamos juntos superando todas las dificultades que nos van apareciendo.

    Comenzamos con la instalación de las sondas nuevas en el río. Tenemos suerte y el nivel está bajo, ha sido una buena época la que seleccionamos para venir. Aún así en el lugar de anclaje de las sondas, el agua nos llega por el pecho. Estamos Agustín y yo metidos en el río haciendo los anclajes para fijar la estructura. Desde el exterior tenemos el apoyo indispensable de Adolfo y Pepe. Mientras, Gaby aprovecha para realizar una buena cantidad de tomas para ir teniendo material para el futuro documental.

    Os escribo ya al finalizar la jornada. Ha sido muy intensa pero terminamos todos satisfechos. Nosotros con la instalación y Gaby con el material grabado. En cuanto a la instalación se refiere, quedó ya la parte del río hecha, de manera que mañana continuaremos con todo el exterior, pera yo no tendremos que meternos en el agua fría.

    No me extiendo hoy más, estoy agotada y con ganas de irme al saco a dormir y recuperar. Mañana hay que volver a levantarse temprano para que seguir con el trabajo.

    Las fotos de archivo que os acompañan este texto son del final del verano. Como podéis, ver imposible entrar al río en esas condiciones.
  • Una buenísima noticia, no os lo vais a creer

    (crónica recibida por teléfono satelital.  Foto: Archivo GLACKMA)


    Amanecemos descansados y secos… pero tremendamente hambrientos. Ayer habíamos pasado todo el día sólo con unas barritas de cereales energéticas, ni desayuno, ni comida, ni cena… y eso que la jornada fue larga, de bastante desgaste y con el final durillo de la lluvia a la hora de montar las tiendas de dormir.


    Al levantarnos por la mañana, todavía tenemos que aguantar un poco más el hambre. Hay que montar la tienda grande en la que almacenaremos el material y la comida y nos permitirá cocinar y comer a pesar de los días que nos toquen con lluvia y viento. Sacamos fuerzas de donde ya casi no hay y con una perfecta colaboración de los cinco integrantes de la expedición montamos la tienda grande, a pesar del fuerte viento que nos obstaculiza un poco la tarea. Después, distribuimos el material dentro de ella y por fin clasificamos los víveres que traemos. Tenemos el estómago completamente vacío, así que decidimos hacer un café calentito y mientras lo tomamos y nos va entonando, preparamos una especie de comida-cena atrasada de ayer que pasa a ser nuestro desayuno de hoy. Con el estómago lleno, las energías renovadas, parecemos otros.


    Comenzamos a separar todo lo que es material de instalación, bastante pesado por cierto, al constar de una gran cantidad de estructuras metálicas. Nos lo repartimos entre todos, cada uno según sus posibilidades y lo vamos transportando hasta el lugar de la estación en el río, donde debemos hacer la nueva instalación. El lugar no está lejos del campamento, a unos 2 kilómetros, pero los caballos no pudieron continuar debido a una zona de piedras bastante grandes y a una destrepadita que hay que hacer en una pared.


    Alcanzamos el lugar, el río lleva poca agua en comparación con el verano, aún así en el punto seleccionado para realizar la instalación, el nivel nos llegará hasta el pecho cuando nos tengamos que meter en él a trabajar. Tenemos algunos ratos bastante agradables, en los que las nubes nos dejan disfrutar de unas espectaculares vistas de las Torres del Paine, así como de diversos glaciares.


    Una vez tenemos todo el material acarreado en el lugar de la estación, tras largos viajes, me dispongo a intentar de nuevo conseguir conexión con la sonda antigua instalada. Digo de nuevo, porque en la expedición pasada a este lugar, a principios de marzo al salir de la Antártida, lo intentamos de cien mil maneras posibles. E incluso llegamos a hacer otra caminata al lugar con ida y vuelta en un sólo día, cambiando el software del programa utilizado. Y todo el esfuerzo resultó en vano. Los que nos habéis ido siguiendo lo recordaréis perfectamente, ya que fue tremendamente desolador, y los que os habéis unido más recientemente podéis buscarlo en las entradas antiguas del Blog.


    Bueno, el caso es que me preparo con el ordenador, el nuevo cable de conexión, abro la tapa de protección del lector de la sonda, engancho el cable, abro el programa… y mi mente tranquiliza a mi corazón, que está nervioso. Muy nervioso. Algo me lleva a pensar –ya desde España así lo creía- que con el nuevo cable conseguiría hacer la conexión, pero algo también me quiere hacer ser realista y no ilusionarme demasiado para evitar la tristeza después. En medio de esa lucha interna, mi corazón palpita con fuerza y… casi se sale de mi interior cuando mis ojos abiertos de par en par, observan que sí consigo hacer conexión entre ordenador y sonda. Se acelera todavía más el pulso al comprobar que sí están todos los datos almacenados –más de 11.000- y en mi cara se dibuja una enorme sonrisa cuando logro descargarlos. “¡Sí, sí, sí, tenemos los datos, toda la serie, no hay laguna de datos en la información!” les digo a los demás a gritos. Los nuevos van a pensar que estoy loca, pero es que es la mejor noticia que me podían dar.


    Tras esta tremenda alegría, regresamos al campamento ya oscureciendo y de nuevo la lluvia nos viene a saludar. En el fondo, en el fondo, yo creo que se unió a compartir con nosotros la alegría de la noticia.


    La diferencia de hoy con respecto a ayer es que, aunque llegamos mojados, tenemos una tienda donde refugiarnos y donde poder cocinar y tomar algo caliente. Tras reponer fuerzas, terminamos de preparar el resto de material para llevar mañana y comenzar la instalación de las nuevas sondas.


    Mientras hacíamos todo esto -recogidos en la tienda- fuera una sorpresa se estaba preparando para brindar con nosotros esa buena noticia de hoy. Se había despejado parte de la bóveda celeste y atónitos nos quedamos un buen rato contemplando las estrellas que parecen tener hoy un brillo especial.

  • Nos ponemos en ruta

    (Crónica recibida por teléfono satelital, Fotos: Archivo GLACKMA)

    Concluida la instalación de la nueva estación, las sondas antiguas funcionando perfectamente, la serie de datos -almacenados durante el año- extraída con éxito, llenos de felicidad por lo conseguido, con unos días de margen hasta nuestro regreso, un coche en las manos y en medio de este país con una naturaleza tan espectacular… ¿qué otra cosa podemos hacer sino es recorrer algunos lugares de la isla?


    Prácticamente conocemos todas las carreteras, pistas, caminos… ya que llevamos haciendo expediciones a este país durante años, y cuando nos ha quedado tiempo disponible hemos aprovechado para recorrer y aprender. Porque andar por Islandia es cómo ir pasando página tras página de un maravilloso libro de geología. Observando, teniendo interés, curiosidad y leyendo se puede aprender un montón aquí.


    Os confieso que ha sido viajando por este país, donde me he aficionado a la geología. De pequeña era ya una verdadera amante de la naturaleza, de las exploraciones, de lo desconocido… pero con Islandia aprendí a leer en campo y a aficionarme por la geología. Adolfo fue un gran maestro en esta faceta. Recuerdo que le pedía siempre que todo lo que viese o analizase o pensase -según iba observando lo que tenía delante- que lo fuera contando en voz alta. Mi interés fue tal que siendo ya profesora de matemáticas en la universidad, realicé varios cursos en la licenciatura de geología primero e ingeniería geológica después. De esta manera logré completar mi formación para la investigación que actualmente llevo a cabo en el mundo de la glaciología.


     Os decía más arriba que conocemos prácticamente todos los rincones, pero siempre ha sido en verano. Sólo una vez estuvimos en pleno invierno, cuando las condiciones de nieve, hielo y noche polar no permitían moverse demasiado. Y ahora, es la primera vez que estamos en este país en la primavera. Es por tanto muy interesante para nosotros explorar en esta estación alguna de las zonas que tanto conocemos por aquí.


    Comenzamos nuestra ruta ascendiendo hacia el norte por el este. Una parte del recorrido la hacemos por la carretera de circunvalación asfaltada, pero en cuanto podemos nos metemos por las pistas interiores. La primera gran diferencia que encontramos es la nieve que hay todavía. Y es que realmente el país queda completamente cubierto de blanco en invierno y ahora va fundiéndose poco a poco. De hecho, lo que en verano es hierba y tundra cubriendo todo con una especie de tapiz de tonos verdosos, ahora es completamente marrón. Según se va fundiendo la nieve aparece debajo la vegetación, quemada por el frío. Se irá recuperando poco a poco hasta volver a adquirir en la época estival, ese tono verdoso típico de Islandia.


    La carretera de circunvalación como va prácticamente a nivel del mar, está libre de nieve, pero en cuanto ganamos unas decenas de metros de cota ya está todo cubierto de nieve e incluso hielo. En las ruedas del coche tenemos clavos, así con el hielo no hay problema. Con lo que tenemos que tener cuidado son con las zonas de nieve acumulada, los ventisqueros y en los puntos donde la nieve se va fundiendo. De manera que la precaución habitual que hay que tener en verano con los vadeos de ríos –algunos muy caudalosos-, ahora hay que completarla en otras facetas. De hecho en muchas de las pistas, nos encontramos con el cartel de “cortado o intransitable”.

    Hablando de ríos os adelanto que son muy numerosos y bastante caudalosos debido a las importantes precipitaciones y al deshielo de los glaciares. Sin embargo ninguno es navegable debido a las rápidas corrientes. Casi todos son turbios ya que van cargados de detritos y el color de las aguas es lechoso –el típico de las aguas provenientes de glaciares-.


    Intentamos transitar por una pista que avanza junto al Jökulsá Á Fjöllum, que es el segundo río más largo de Islandia -206 kilómetros- y cuenta con la mayor cuenca -7.750 kilómetros cuadrados-. A pesar de ello no es más que el cuarto más caudaloso, ya que la región que recorre es una de las más secas del interior de Islandia. Tiene una impresionante cascada, Dettifoss, de 45 metros de altura y 100 metros de ancho, con una media anual de caudal de 193 metros cúbicos por segundo. ¡Son cifras impresionantes!

    No logramos llegar hasta ella ahora, todo queda en un intento fallido. La pista está cortada por grandes acumulaciones de nieve en las zonas más altas y por enormes torrentes que la atraviesan. Pero al menos disfrutamos del paisaje primaveral islandés, que para nosotros en España sería más que invernal. Las fotografías que os dejo son de la época de verano, de una de nuestras expediciones anteriores.

  • Yo no me doy por vencida…

    (crónica recibida por teléfono satelital, Fotos: Archivo Glackma)

    Al meterme en el saco, calentita, seca y confortable, mi mente va quedando preparada para hacer un poco de introspección antes de dormir y analizar el día. Lo primero que percibo son sentimientos enfrentados, por un lado la alegría de tener la nueva estación ya instalada funcionando perfectamente y además muy bien instalada. Por otro lado la profunda tristeza de no tener las sondas antiguas funcionando. Hay tanto esfuerzo continuo -año tras año- detrás de cada una de las estaciones que tenemos en GLACKMA… Hay mucho trabajo detrás, mucho sacrificio personal… Y es tan importante para lo que estamos haciendo, no tener laguna de datos en las series temporales que registramos… Me va invadiendo poco a poco una tristeza demasiado oscura, fría… la percibo agarrada en lo más profundo de mi corazón, como si fuera  interminable. ¡No, no puedo consentir quedarme dormida con esas sensaciones! 

    Empiezo entonces a dirigir mi mente hacia sentimientos positivos. Ha sido una verdadera suerte el haber venido ahora para hacer la reinstalación. Si hubiéramos esperado hasta la próxima primavera –tal y como estaba previsto inicialmente- la laguna de datos hubiera sido mucho mayor. El esfuerzo y sacrifico realizados al tomar la rápida determinación de venir ya –sin haber podido descansar de las campañas antártica y patagónica- han merecido la pena. La estación que hemos puesto ha quedado perfecta, las sondas son mucho más resistentes a las inclemencias del tiempo, la memoria de almacenaje de datos es muchísimo mayor y nos va a permitir poder distanciar las salidas de campo. Lo que repercutirá directamente en el trabajo acumulado de gabinete, que lo vamos a poder ir actualizando poco a poco.

    Con respecto a la estación antigua, trataremos de soltarla mañana y la llevaremos con nosotros. Se la mandaremos después a la fábrica alemana y a lo mejor pueden salvar datos almacenados. Quizás está funcionando y el problema es sólo de la conexión con el ordenador. De todas maneras mañana –ya con la luz del día- voy a hacer un montón de intentos. Cambiaré el software para la sonda en el ordenador, reinstalaré el programa, probaré con la PDA, buscaré una pila nueva para el cable de conexión… Agotaré todas las opciones. Si en Patagonia fui capaz de recorrer 60 kilómetros en un día para intentar otras alternativas, aquí que lo tengo todo al lado, os podéis imaginar que agotaré todas las opciones imaginables y casi diría yo, inimaginables.

    Con esos sentimientos positivos, me quedo tranquila y dormida. Al día siguiente, comienzan mis pruebas… sin resultado alguno. Sólo me queda pendiente la última alternativa, cambiar la pila del cable de conexión. Cogemos el coche y nos vamos hasta Höfn a buscar la pila necesaria. Regresamos y ya casi al oscurecer estamos de nuevo junto a nuestra estación. Saco el ordenador, pruebo de nuevo… y ¡nada!, la sonda no funciona o sigo sin poder hacer la conexión entre ella y el ordenador.

    Así como estas sondas alemanas son muy resistentes a las inclemencias de tiempo a las que están expuestas, el software lo he encontrado siempre muy débil, muchos puntos mejorables he ido encontrando a lo largo de todos estos años. A modo de robot -siguiendo el protocolo imaginario que establecí anoche, para agotar todas las posibles alternativas- comienzo de nuevo a cambiar el programa, reinstalando las diversas versiones que han ido sacando a lo largo de estos años. ¡No logro nada! Me siento como una hormiguita tratando de derribar un muro enorme.

    Siguiendo mi esquema, dejo el ordenador y trabajo con la PDA. ¡Nada, nada, nada! Cierro el programa, lo abro de nuevo, apago la PDA, la enciendo… no os podéis imaginar la cantidad de intentos realizados y por tanto la cantidad de resultados fallidos acumulados… Y de repente, ¡conseguido!, ¡sí, sí!, hago conexión… Trabajando con un cuidado exquisito, como si se me fuera a romper lo que tengo entre mis manos, miro a ver si hay datos almacenados… ¡sí, está la serie completa! Mis ojos se abren al máximo, mi respiración casi se detiene. “¿Lo conseguiste?”, me pregunta Adolfo. “Puede que sí…, espera”, le digo. Casi temblando, doy la orden para extraer todos los datos almacenados en la sonda. Mientras tiene lugar la operación noto que mi corazón casi se va a salir del tórax… No puedo describir la alegría que sentí cuando el fichero de datos estaba bajado por completo en mi agenda. “¡Sí, sí, sí, lo tenemos! Conseguido. No hay laguna de datos” grito con fuerza. No me lo podía creer. En mi cara se dibuja una sonrisa enorme, si existiera diría que es una sonrisa infinita…

    Buscando alguna foto para acompañaros este artículo, os dejo dos paisajes invernales islandeses (son de hace dos años en diciembre). En medio del frío, del hielo, de la noche polar, una tenue luz de amanecer nos anuncia que un nuevo día comienza con cuatro horas de luz por delante… toda una esperanza. De la misma manera os puedo asegurar, que en medio de todos los contratiempos, de todas las adversidades… yo no me doy por vencida.