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Blog: Karmenka desde los Polos

  • Cuando los vientos empiezan a cambiar

    Describo uno de esos momentos en los que sientes que estás ante un obstáculo infranqueable. Te has entregado en cuerpo y alma para intentar conseguir un sueño, y no sabes qué pasa al final, cuando ya casi está… ¿por qué el último tramo se presenta imposible?

    Has hecho todo lo humano y podría decir que casi, hasta con ciertos matices inhumanos. Esfuerzo y pasión a raudales… y paciencia, mucha paciencia. Entendiendo que no es esa paciencia de aguantarse, sino de adaptarse al ritmo natural del proceso. Esos han sido los bártulos que llevabas en la mochila durante todo el tiempo.  

    A lo largo de este camino te has encontrado con una lista innumerable de obstáculos. Has aprendido a verlos como desafíos que te han ayudado a crecer, a evolucionar, a confiar en tus capacidades.

    ¿Por qué este final tan empinado? Yo creía que alcanzaba ya la cumbre y sin embargo la cima se hace inconquistable. Surge una frustración que te hace creer que esa meta se va alejando conforme te has ido acercando a ella. Llegas ya extenuado al último tramo y estás a una milésima de tirar la toalla.

    Hasta aquí está claro el proceso, a partir de este momento no lo entiendo. Hay algo dentro de ti que te ayuda a cambiar esa frustración inicial por un “seguir creyendo en tus posibilidades”. ¿Por qué y cómo? No lo sé.

    Y entonces algo mágico ocurre, de la noche a la mañana los vientos empiezan a cambiar y poco a poco los vas teniendo favorables. De repente visualizas tu sueño hecho realidad, lo visualizas de verdad, y una tremenda confianza surge en tu interior. Ahora sabes con toda seguridad que lo vas a lograr.

    Esta última parte no sé porqué ocurre, pero es así. Mi experiencia -a lo más que ha llegado- es a percibir que si eres capaz de visualizarlo en tu mente y de sentirlo en tu corazón, tu fuerza es imparable.

    Termino con una frase de Patrick Overton: “Cuando te asomes a los límites de lo que te parece posible y tengas que dar un paso en la oscuridad de lo desconocido, ten fe en que dos cosas pueden ocurrir. O encuentras algo sólido en lo que apoyarte o se te enseñará a volar”.

    • Cuando los vientos empiezan a cambiar

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  • Inolvidable regalo en la conferencia de La Zubia en Granada

    Como siempre, escribo porque siento algo dentro de mí que me empuja a hacerlo. Es una necesidad de expresar con palabras los sentimientos que rondan mi mente. Y como siempre, este artículo va para todos los que queráis leerlo, pero en especial os lo dedico con mucho cariño a vosotros, los que me habéis acompañado en la inolvidable conferencia de La Zubia en Granada, inaugurando esas jornadas tan especiales sobre “Mujer y Medio Ambiente”.

    La charla y lo que allí conté, no lo voy a escribir ahora. No, no se trata de eso. Ni siquiera de describir cómo fue, ni qué pasó, pues todo eso lo vivimos juntos. Quiero simplemente compartir con vosotros las sensaciones tan hermosas que me habéis regalado.

    Desde el minuto uno sentí una conexión especial con vosotros. Me fijaba en vuestras caras, percibía que lo que contaba os llegaba, os gustaba. Viajasteis conmigo durante la hora que duró la conferencia, sin rechistar aguantéis el frío glaciar, os maravillasteis de la belleza de las zonas polares, quedasteis hechizados con ese azul indescriptible del hielo en el interior de los glaciares, percibía vuestros ánimos cuando os hablaba de los momentos duros, fuisteis testigos de cómo hay que perseguir los sueños que cada uno tiene, de hacerlos realidad. En ese viaje que realizamos juntos, sentí un fluir de energía en el ambiente que es muy difícil de describir. Soy consciente de que el resultado fue hermoso, y lo conseguimos juntos: todos vosotros y yo.

    Vuestro aplauso infinito en la forma y en tiempo, me acarició el alma… No sabéis de qué manera, no os imagináis qué esfuerzo para contener las consecuencias de la emoción que me invadía y poder tener voz para despedirme. Vuestra apreciación que me repetíais unos y otros al finalizar, se ha quedado grabada en mi interior: “Es un paquete completo de conferencia: ciencia, aventura, deporte, investigación, exploración, filosofía de la vida, torrente de valores personales… y además humilde, risueña y con una gran capacidad de transmitir”. Yo, que soy consciente de ser un diminuto personajillo, me sentí súper halagada por todo eso que percibisteis.

    Al día siguiente, haciendo el viaje de regreso en las diferentes combinaciones de autobús, tren y autobús, tuve tiempo de continuar asimilando lo vivido. A modo de metáfora para poder expresarme más fácilmente, os diré que mi impresión es la de haberme sumergido en las aguas de un mar especial, de ser mecida plácidamente por las olas y relajada por torrentes de burbujas generadas al deshacerse esas olas.

    Pero no solo eso. Soy consciente de que en mi interior ha quedado guardada una especie de luz concentrada sanadora, que sé que la podré utilizar como bálsamo en esos momentos complicados, en esas ocasiones que tan difíciles son de superar y en las que llegas a pensar incluso en tirar la toalla. Lo sé. Me habéis entregado una esencia concentrada colmada de energía para cuando sea necesario aliviar, consolar y calmar.

    Imposible agradeceros ese regalo tan especial. Os debo una… Tendré que volver…

    Para los que no estuvisteis os dejo unas fotos con las que podéis tener unas pocas pinceladas del cuadro. Aparecen en ellas también dos personas claves que hicieron esto posible: Ana y Jaime. Este último es el presidente de la Asociación cultural y deportiva “Al borde de lo inconcebible”. Enhorabuena amigos, mantener una asociación tan viva y activa durante tanto tiempo, no es fácil. ¡¡A seguir adelante!!

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  • La magia de ser siempre niño

    Me he inspirado para escribir este artículo, en las sensaciones que me llegan de muchas personas adultas. Son como grises. No se conforman con lo que tienen en ningún momento. Siempre buscan más, pero buceando y adentrándose en el mundo material. A los demás los ven siempre como sus enemigos y jamás como sus compañeros. De esta manera nunca son felices. 

    Por otro lado, el número de gente deprimida en la actualidad sigue aumentando de manera vertiginosa. Estamos en un mundo alocado que se mueve a toda velocidad y no deja tiempo para pararnos y analizar y observar y reflexionar y meditar. Aunque en realidad no es el mundo el que “no deja tiempo”, somos muchas veces los humanos quienes no queremos hacer esas paradas. En medio de esa vorágine que no me apetece describir más porque es demasiado triste, siento que esos individuos grises han olvidado a su niño interior, lo han dejado prisionero.

    Detengámonos un poco. Contemplemos a los niños. Su sonrisa ilumina de continuo su cara porque sienten la alegría de vivir. Están envueltos en una cándida inocencia. Tienen una imaginación que es su mejor entretenimiento. Están continuamente explorando y no pierden el tiempo juzgando. Si los adultos grises observasen más a estos pequeños, se darían cuenta de que lo que han perdido en el camino es justamente ese niño interior, que debería ser su compañero inseparable durante toda la vida. Si lo mantuvieran a su lado, desaparecerían tantos desánimos…

    Los niños nos recuerdan que explorar, reír, ser alegres y escuchar, son los secretos para superarnos. Estos pequeños nos invitan a confiar porque su ilusión es fruto de que perciben que lo mejor está aún por llegar. Decía el escritor Víctor Hugo: “Seamos por un instante como ese pajarito, subido a su pequeña y frágil ramita mientras canta. Aunque siente que su rama se dobla y puede llegar a quebrarse, sigue cantando porque en el fondo sabe que tiene alas y puede volar”.

    Pensemos en grande, busquemos nuestros sueños, lancemos el corazón bien alto para que sea nuestra brújula marcándonos siempre el rumbo a través de la pasión, la confianza y el entusiasmo. De esta manera tendremos fuerzas para saltar al vacío, con una clara estrategia del camino a seguir, actuando en pequeño, con metas cortas, de paso en paso, pero sin abandonar jamás.

    En pocas palabras: La magia de ser siempre niño. Asombrarse e ilusionarse con las cosas. Creer lo increíble...

    • La magia de ser siempre niño

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  • Lo imposible no existe

    Un momento en el tiempo pero una aventura inmensa en la mente. Eso es lo que guarda el instante de la fotografía de este artículo. Os cuento y me entendéis.

    En las diferentes facetas de la rehabilitación del velero a lo largo de estos cuatro años, han pasado una gran variedad de sensaciones por mi interior. Una de ellas la recoge esta imagen. Era ya historia la etapa del lijado completo del velero, del desarme de todo el interior y exterior, de los trabajos de fibra, del pintado del exterior, de la fontanería y alguna cosilla más. Me enfrentaba a la etapa de la carpintería de ribera. Lo mismo que con todos los oficios anteriores, no tenía ni la más mínima idea.

    Sentada en la bañera del velero -protegido con telas para no estropear su reluciente pintura nueva-, subo los primeros listones de madera que había encargado, ya de diferentes tamaños según a lo que pensaba destinarlos. Así sentada, saco esta fotografía, observándolos de frente y preguntándome “¿y ahora qué?, ¿puedo con esto?”. En aquel momento no sabía que esta imagen, un año después, me movería tantas cosas por dentro.

    Lo que os describo ahora no solo me ocurrió esta vez y no solo aquí en el barco, es una constante a lo largo de mi vida. No exclusivamente de adulta, ya desde niña me han acompañado estos retos que sin ser del todo consciente de ello, me autoimpongo. Ahora he comprendido que al actuar así desde pequeña, sin saberlo entonces, me he ido entrenando. Son esas circunstancias en las que afrontas retos que “parecen” imposibles.

    Según voy evolucionando y aprendiendo en la vida, cada vez estoy más convencida de que “lo imposible se puede hacer posible”. ¿Cómo? Es algo que tenemos dentro de nosotros. Un pensar y convencernos de que en realidad es posible, de que lo vamos a conseguir. Un visionarlo con todo detalle.

    Muchas veces son nuestros propios pensamientos y creencias los que nos limitan. En ese momento de la fotografía que ahora recuerdo con tranquilidad, me invadió un torrente de sentimientos de incapacidad, impotencia y desesperanza. Como mi sentir es tan intenso, me emocioné profundamente. ¡No pasa nada! Soy así y me conozco. También era consciente de que tenía que ser capaz de enfrentarme a esos sentimientos. Mi válvula de escape en situaciones así, es dejarlo todo e irme a hacer deporte. Darme una buena paliza de ejercicio físico, y si puede ser en plena naturaleza, los efectos benéficos que ello produce en mí se duplican.

    En esa ocasión de mi inicio con los trabajos de carpintería en el velero, al regresar “fresca” mentalmente de mi carrera y nado por la playa, volví a sentarme en el mismo lugar frente a la madera y la pregunta ya no fue: “¿Puedo con esto?”, sino: “¿Cómo puedo con esto?”.

    Es en esos momentos cuando se valora la efectividad de una fortaleza mental y emocional. Recordad que un ganador es un perdedor que jamás se dio por vencido. Lo primero que hay que hacer es convertir lo imposible en improbable y después lo improbable en posible. Todo ello sin perder ni la ilusión ni la confianza en uno mismo, y creyendo en nuestras propias posibilidades.

    ¡Claro! Después de esta historia, os apetecerá saber qué fue de esas maderas y otras muchas que fueron llegando a lo largo de un año… Pero el resultado os lo enseñaré, cuando ya en breve, os desvele el velero en su totalidad. ¡Creedme!, merecen la pena la paciencia y la espera…

    • Lo imposible no existe

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  • 18/12/2017

    - sueño , ilusión , velero

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    El secreto del éxito

    Era agosto cuando os escribía el último artículo en el blog. Lo hice desde mi “astillero particular” creado en torno al velero que lleva parte de mi alma. Me faltaba muy poco ya para terminarlo y echarlo por fin al agua, tras cuatro años de trabajos intermitentes durante los fines de semana. Confiaba en que a principios de septiembre el velerito saborearía las aguas del Cantábrico y yo me llenaría de sensaciones inolvidables.

    No pudo ser, no me dio tiempo a terminarlo para entonces. Abriéndoos mi corazón os confieso que la desilusión me hizo una visita. Tenía tantas ganas ya… que lo veía en el agua, lo imaginaba surcando los mares, me imaginaba en la bañera del velero con la caña en la mano, oteando el horizonte y manejando el timón. ¡Qué ilusiones!, ¿verdad? Como una niña pequeña llena de ingenuidad…

    A partir de aquel momento se sucedieron las semanas, una tras otra, sin respiro alguno, ni siquiera para un ratito de sosiego y quietud conmigo misma. Los cuatro meses de septiembre a diciembre, vinieron y pasaron en un abrir y cerrar de ojos. Desbordada de trabajo y quehaceres, no pude dedicar ni cinco minutos a mi velerito. Según avanzaban los meses, mi sensaciones fueron variadas. De una primera etapa en la que creía que iba a poder volver a retomar los trabajos en breve, a una segunda en la que lo percibía lejos, como si fuera una historia de otra vida o se hubiera tratado de un sueño que finalizó de golpe al despertarme. Se sucedió una tercera etapa en la llegué a sentir que lo tenía abandonado… Y ahora estoy en la cuarta, más gratificante que las anteriores. Voy a poder retomar el trabajo en las vacaciones de Navidad.

    En estos momentos estoy como en una cuenta atrás antes de lanzarme con fuerza a una carrera, y al mismo tiempo como una pequeña aprendiendo a restar con los dedos de las manos y esperando con una ilusión desbordante lo que anhela con toda su inocencia. Y yendo un poco más allá en la imaginación, sumergiéndome en la grandeza del Cosmos, del Universo, el velero parece representar una Nebulosa, brillante por esos gases y polvo estelar que la forman y con esa fantástica apariencia que nos encandila irremediablemente. Con su capacidad de generar nuevas estrellas… nuevas aventuras, proyectemos a la Tierra…

    Y en medio de tal amalgama de recuerdos y sensaciones, con este final -que en realidad es un inicio- cercano en potencia, y liberándome de la vorágine del mundo en estas semanas navideñas, me evocan un par de reflexiones que aquí os las dejo por si os aportan algo, igual que lo hacen habitualmente conmigo:

    “Los grandes logros requieren grandes riesgos”.

    “El éxito es la capacidad de ir de fracaso en fracaso sin perder entusiasmo”.

    • El secreto del éxito

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  • El velero que lleva parte de mi alma

    ¿Quién lo iba a decir? Aquí, en medio de lo que yo llamo civilización, me encuentro en plena expedición. Rodeada de gente en un entrono próximo, pero aislada en realidad; preparando comidas básicas de subsistencia; apañándome para las necesidad básicas de higiene o limpieza de utensilios de cocina y ropa, con algún río cuando de la sal del agua del mar ya estoy saturada. Pero todas esas tareas primordiales son sencillas, rápidas y reducidas al mínimo, lo justo para poder sacar adelante el objetivo fundamental: terminar el velero en este verano. Aquí en medio de la civilización, me siento felizmente aislada y concentrada en mi meta.

    Ultimísimos trabajos de astillero. Queda muy poco para terminar esta tarea que comencé hace casi cuatro años. Durante los fines de semana y las vacaciones. En Asturias, viniendo cada vez desde Salamanca. Restauración de un velero que prácticamente ha sido construirlo de nuevo, aprovechando el cascarón e incluso teniendo que realizar importantes reparaciones en el casco. ¿Misión imposible? Con esas pinceladas, así lo parece.

    Pero si además añadimos unos toques de perseverancia, tesón y paciencia, entonces el cuadro que vislumbramos es hermoso, único, inolvidable y… algo más. Es un sueño que está a punto de inmiscuirse en la realidad. Mejor dicho, el inicio de un sueño del que asoma solamente la puntita, como si se tratara de un iceberg flotando en el mar… El sueño completo o el eslabón siguiente en esa cadena entretejida de ilusiones necesita de este velero en libertad.

    Me resulta muy difícil describir las sensaciones que tengo en estas semanas. Es un periodo que jamás volverá porque ese tránsito del mundo de los sueños al mundo real, solo ocurrirá una vez. Será hermoso después tenerlo en el mundo real y poder seguir maquinando otros sueños a partir de éste. Pero ahora, el presente es una etapa mágica que resplandece con fuerza y hay que disfrutarla, saborearla, abstraerse de cualquier problema y vivirla a tope. Es un periodo de emocionarse día tras día, pensamiento tras pensamiento, logro tras logro, reto tras reto. Es muy intenso el sentir. Muy profundo. Cada sensación parece tatuar con fuerza mi alma. Un tatuaje que no se borrará jamás. Es una huella de identidad.

    Estos días que comparto ya con el velero no solo las horas de trabajo, sino la jornada completa de las 24 horas, aunque sea en tierra todavía, estamos creando una integración perfecta. Para vivir las aventuras que en la mar vamos a realizar juntos, tenemos que estar compenetrados. Superando las pruebas y dificultades que a modo de torrente continuo han ido apareciendo a lo largo de los cuatro años en esta etapa de astillero, he sido consciente de que el velero se ha quedado con parte de mi alma. Lo percibo, lo siento con toda claridad. Se la he identificado… Ahora, son esos retoques finales en este compartir que harán, que en breve, seamos una única esencia surcando la inmensidad de las aguas del Cantábrico en primer lugar. Alcanzaremos esa libertad tan ansiada. Compartiendo el alma es más fácil, es más coherente, es más hermoso ese tránsito del sueño a la realidad.    

    • Cocina del velero

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  • Hermoso baño de ilusión sincera

    Estamos ya por España con una asfixia de calor increíble, y aunque tengo que contaros todavía el final de la expedición -tarea pendiente para un siguiente artículo- quiero narraros, en el momento presente, las visitas que me han dado tiempo a realizar a los centros expedicionarios. El cole terminaba ya, así que había que apresurarse y aprovechar esos ultimísimos días antes de vacaciones.

    Por tiempo, por distancia y por economía -que la expedición me ha dejado en números rojos- solo he podido visitar a los centros participantes de Salamanca, tanto de la ciudad como de su provincia. También ha coincido que han sido los expedicionarios que más han participado en el blog, así que de alguna manera pueden considerarlo como un premio a su continuo apoyo y trabajo. La primera cosa que querían saber nada más verme, era qué había ocurrido con la sonda, “¿la encontrasteis?, ¿tenéis los datos?, ¿estaba bien?”... Ellos ya saben lo que ha pasado, los demás tendréis que esperar al siguiente post del blog.

    Comienzo con el Colegio San Estanislao de Kostka ubicado en la propia capital charra, son alumnos de 4º ESO, entre 15 y 16 años. Después me voy a la sierra y en Béjar, acudo a dar una sorpresa a los expedicionarios de 11-12 años, de 6º de primaria del Marqués de Valero.

    Tengo muchas anécdotas y no os puedo contar aquí todas, pero para que os hagáis una idea, os relato alguna. Me llama la atención que los expedicionarios más mayores del primer colegio, acudan a verme a las 8:30 de la mañana, no siendo obligatorio tener que estar esa hora y ese día en clase… La juventud tiene sus tesoros, nosotros tenemos que saber darles oportunidades que merezcan la pena y que ellos sean capaces de elegir. Me encantó la pregunta: “¿Cómo te has hecho expedicionaria?”

    En Béjar fue increíble porque entre su profesora Isabel y yo, preparamos un plan sorpresa que dio un magnífico resultado. Cuando aparecí se echaron todos sobre mí para darme un gigante abrazo y me sacaron fuera del pabellón por la energía con la que se lanzaron… Volví a entrar y completar los abrazos a los que habían quedado más distantes en ese hermoso e inolvidable abrazo grupal. Charlamos, jugamos, me regalaron una foto del grupo, me decoraron la pizarra. Hermosa pregunta: “¿Cómo haces para, después de recibir un contratiempo y otro y otro y otro, seguir siempre hacia adelante?”. Preciosa despedida bajando yo por la acera y ellos acompañándome desde el patio en todo el recorrido y a través de la verja coreando en grupo: “Karmeeeenka, Karmeeeennka… Karmenka te queremos mucho”.

    Segundo día de visitas y último día de cole -ya veis, apurando al límite-, empiezo a primera hora con otro centro en Salamanca, también de 6º de primaria en el José Herrero y de nuevo a la sierra, en este caso para ver a los expedicionarios entre 3 y 12 años de Los Jarales, juntando a los colegios de San Miguel de Valero, de San Esteban de la Sierra y de Valero, pues se trata de un Colegio Rural Agrupado.

    En el José Herrero es un grupito reducido pero súper cercano. Charlamos y charlamos y charlamos con una gran proximidad. El tiempo se me pasó volando, tenía que dejarlos para continuar mi ruta a la sierra. Me encantó el comentario que hicieron: “Era bonito veros sonrientes en los vídeos a pesar de las dificultades que estabais pasando”. Recibí unos regalos sorpresa que de forma espontanea unos expedicionarios me habían hecho… ¡Qué detalles! Hermosa despedida con abrazos muy cercanos y sinceros. Me dan las gracias por la visita y por haberlos hecho expedicionarios.

    Sin perder un instante me pongo en ruta a Valero para poder ver a los expedicionarios de los tres pueblos antes de que se vayan. Es el último día de cole, último rato de la mañana… Por los pelos… Nada más llegar, Inés -la coordinadora de los tres colegios- me presenta a Álvaro, ese expedicionario de tres años que me había dicho en el blog que me quería mucho e insistía según avanzaba la expedición, que me quería mucho. No se podía creer que estuviera allí, Inés le decía: “Es Karmenka, es ella de verdad, de carne y hueso”. Qué abrazo más bonito Álvaro, jamás olvidaré tu carita emocionada… Habían estado utilizando el blog no solo para las clases de ciencias naturales, sino también como lecturas y aprendieron que una matemática no solo sabe de matemáticas. Y de nuevo la pregunta: “¿Cómo podéis hacer todas las cosas, aunque algunas sean tan difíciles?”. Después nos vamos a las piscinas naturales del río de Valero y nos damos un baño. Inés me había llevado un bañador -¡vaya detalle!-, así que pude meterme en el agua con todos estos expedicionarios.  

    A todos los participantes de todos los centros les habían encantado los vídeos, estaban maravillados y querían más… ¡Infinitas gracias Carlos por tanto trabajo y tan bien hecho! Ya ves que estos pequeños gigantes saben valorar el esfuerzo mucho mejor que algunos adultos. Seguro que estarán pendientes de los vídeos que vayas realizando en el futuro, con todo ese magnífico material que has grabado en esta expedición.

    Hablando de vídeo, aquí os dejo uno -si me permito el lujo de llamarlo así- que recoge algunos momentos de estas visitas. Está hecho con el teléfono, todo sin preparar, improvisando. Me da un poco de vergüenza dejaros esta “chapuza” de video en cuanto a calidad y más después de las maravillas que os ha brindado Carlos, pero miradlo solo con el sentir y con lo que os transmite, simplemente busco compartir un poco con vosotros esas sensaciones tan lindas que los expedicionarios me han regalado.

    A los profesores, Juan Antonio, Isabel, Carmen, Inés y a todos los demás que habéis participado pero no he podido ir a veros… ¡qué lujo de profesores! Infinitas gracias por hacer que vuestros alumnos hayan podido seguirnos en esta aventura polar científica.

    Y a todos los expedicionarios (los visitados y los no), infinitas gracias por tanta cercanía, por vuestro cariño sincero, vuestra ilusión, vuestra emoción, vuestro apoyo en los momentos complicados. Os voy a echar de menos… Yo también os quiero mucho…

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  • Y el velero… pronto a son de mar

    Os escribo este artículo, todavía con la emoción pululando por mi interior pues el último fin de semana que estuve trabajando en él, me dejó huella. Presiento que esa marca quedará impresa en esta última etapa de trabajos de astillero.

    Ahora creo que no erraré en los cálculos de previsión para verlo en aguas del Cantábrico. En la próxima primavera tened por seguro que ese velero, que parecía escribir una historia interminable, surcará las aguas que tan cerca ha tenido durante tres años completos. ¿Qué son ahora unos meses?

    Los que no habéis leído antes sobre esta aventura, os dejo los enlaces en orden cronológico para poneros al día, por si sentís curiosidad: Un velero, una ilusión;  Trabajos de astillero;  Y, ¿el velero?... Una historia interminable;  Un astillero en toda regla.

    Como ya sabéis los que vais siguiendo algo de lo que escribo, me gusta la sinceridad y transmitir lo que siento. Pues debo confesaros que al ir buscando esos enlaces del párrafo anterior, no pude menos que volver a leerlos… Emoción tras emoción. ¡Qué increíble historia! No me puedo creer que haya sido real, que sea real. Que haya sido un personajillo de ella, que sea todavía ese personajillo. Parece una historia inverosímil.

    El camino no ha sido fácil, no es sencillo. Junto con el desconocimiento inicial y por completo de todos los oficios relacionados con su rehabilitación, se unen problemillas que surgen en el club náutico a lo largo de este tiempo, por lo de siempre, porque las personas somos como somos… ¿qué os voy a decir? Juntad a ello el machismo que no terminamos de limpiar en nuestra sociedad y os podéis hacer una idea de las dificultades que se han añadido a los trabajos de astillero. Pero no es de eso de lo que os quería hablar. Simplemente soy consciente una vez más, de que con tenacidad, perseverancia y creencia en nuestros sueños, podemos lograr todo lo que nos propongamos. ¡Quedémonos con esa faceta humana!

    Además de emocionada, estoy muy feliz. Una parte de ese sueño está cada vez más próxima a ser real. Es esa magia que envuelve los momentos en los que casi has logrado inmiscuirte por completo en tu sueño y se funde con la realidad.

    ¡Qué ganas de sentir la mar, el avance del velero con el viento, el sonido del casco deslizándose por el agua! Llenarte de libertad, de soledad, de vida, de aventura… ¡Qué ganas más tremendas!

    • Pronto a son de mar

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