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Blog: Karmenka desde los Polos

  • La puna, el soroche o el mal de altura

    Volcán Parinacota, de 6330 metros de altitud

    (Crónica enviada por teléfono satelitario)

    De nuevo 48 horas desde mi último artículo en el Blog y de nuevo gran cantidad de cosas para contaros. Para darle continuidad en el tiempo os diré que ese último escrito que os mandé, me costó escribirlo, me costó terminarlo y un último esfuerzo para poder hacer la conexión con el teléfono satelital. No quería demorar el escribiros porque ya iban dos días de nuestra salida de Punta Arenas y me gusta manteneros al día. Así que la verdad, no sé de donde me salió la fuerza, pero conseguí hacerlo.

    Al poco de terminarlo me iba encontrando cada vez peor. Al principio pensaba que era simplemente cansancio por el viaje a la madrugada, por los imprevistos con el 4x4 a nuestra llegada y por nuestra puesta en ruta inmediatamente hacia el Altiplano.

    Eso pensaba hasta que empecé a devolver, aumentó mi malestar, un tremendo dolor de cabeza que me la oprimía como si tuviera una losa encima, por las cervicales y por la frente… Era horroroso. Según pasaban las horas aumentaba mi malestar, mi dolor de cabeza, continuaba devolviendo… me iba quedando sin fuerzas para nada, casi no podía ni hablar, ni mover una mano… nada, no valía para nada.

    Recuerdo la noche, metida en el saco de dormir, con escalofríos, el tremendo dolor de cabeza no me dejaba conciliar el sueño y cada poco tenía que levantarme a devolver. Para el dolor de cabeza había tomado alguna medicina, pero ni por esas me dejaba. Pensamos que había tomado algo que me sentó mal.

    Al día siguiente continuamos avanzando por la pista por el Altiplano alcanzando los 5000 metros de altitud, pasamos junto a la antigua mina de oro de Choquelimpie, y después llegamos a las termas de Churiguaya. En la planificación de la ruta del día anterior no os podéis imaginar la ilusión que tenía de pasar por unas termas naturales y darme un bañito relajante. Pero fijaros que mal me encontraba que al llegar al lugar no tenía ninguna gana.

    Con un esfuerzo tremendo salgo del coche, tomo mi cámara y hago algún vídeo del lugar… pero con un esfuerzo inimaginable, parecía una muñequina de trapo. “Me voy a arrepentir de no meterme en estas termas”, pienso para mis adentros. Así que finalmente decido darme un bañito.

    La temperatura en el exterior era de unos 3ºC, así que al irme quitando la ropa me voy espabilando un poco. Trato de meterme en una primera poza, pero el agua era demasiado caliente, así que voy a una segunda, algo más pequeña pero con el agua ya un poco más asequible. Fantástico el bañito, me unté todo el cuerpo con la arcilla volcánica, me limpié con las aguas termales y al salir, el fresquito del exterior me hizo sentir perfectamente. Era como si se me hubiera quitado una losa de encima.

    Tras mi mejoría, continuamos con la ruta y llegamos al lago Chungará, a 4570 metros de altura, que ocupa 2150 hectáreas, con aguas que reflejan las imponentes cimas nevadas de los volcanes Parinacota, Pomerape y Sajama, todos de más de 6000 metros. Os diré que para entonces mi malestar había aparecido de nuevo, se ve que el efecto reponedor de las aguas termales ya pasó.

    Continuamos y llegamos al pueblo de Parinacota, ubicado a los pies del volcán que os nombraba anteriormente. Su origen es prehispánico, pero fue ocupado por los españoles por estar en la ruta a Potosí. Por cierto, ¿os apetece investigar un poco sobre Potosí?

    Parinacota cuenta con apenas 25 habitantes, es un pueblo ritual, cuya población aymara vive en los lugares de pastoreo y sólo acude a su hogar para las fiestas religiosas. Cuenta con una preciosa iglesia de la que os dejo algunas imágenes para que disfrutéis de ella.

    Traté de hacer algunas grabaciones en el pueblo, a la hermosa iglesia y… ¿qué me ocurrió entonces? De ese esfuerzo tuve de nuevo ganas de devolver, pero ahora sólo echaba líquido pues llevaba ya más de 24 horas sin poder comer nada. “No, algo no va bien”, pensé. Tenemos que bajar cota.

    Así que emprendimos camino directo bajando altitud y al poco de pasar Putre, llegamos a Maillku, pueblecito formado por una única familia con sus hijos, que conocimos en nuestra subida. Es una familia encantadora, han construido su propia casa a 3000 metros de altitud, justo antes de empezar la Precordillera. Llevan ya más de 20 años viviendo aquí, alejados del mundo moderno, civilizado, estresante… Ambos en el matrimonio, tienen estudios y han estado viviendo en el mundo civilizado hasta que hartos de él, decidieron llevar una vida más natural y próxima a la tierra, donde han criado y educado a sus hijos.

    Nada más llegar y verme, Andrea, -la señora, que es médico-, me dijo que lo que tenía era la puna. Sí, el mal de altura. Nos dijo que no teníamos que haber subido tan rápido de cota. Lo mejor sería aclimatarse durante 5-6 días a 3000 metros y después cada 500 ó 1000 metros más de ascenso, otros 5-6 días de aclimatación. Es decir, que habíamos hecho en tan sólo dos días lo que debíamos de haber realizado en 15 días. Me miró el oxígeno que tenía en sangre y al ver que era bajo me puso algo de oxígeno. “No es realmente necesario, pero así te recuperas antes”, me dijo. Alexi, su marido, me preparo una infusión de coca. Y efectivamente, poco a poco me fui encontrando mejor. Me cambió el color de la cara, podía volver a hablar, a reírme, me sentía con fuerzas para caminar, para echarme a correr. En definitiva, volvía a ser yo.

    Por seguridad, Andrea le comprobó el oxígeno a Adolfo y él estaba perfectamente y eso que conforme avanza la edad es más fácil de sufrir la puna, según nos explicó Andrea. Me dijo también que no estaba tan mal para lo que es habitual y teniendo en cuenta lo que habíamos hecho. Nos comentó de casos muy problemáticos que le tocó atender y habiendo ascendido menos. Nos dijeron incluso que ellos, viviendo a 3000 metros de altitud, tienen que tener cuidado cuando ascienden y van poco a poco aclimatándose con el tiempo necesario. Han visto incluso muertes por un ascenso muy rápido… “¡Vaya!, así que después de todo, no puedo quejarme”, pensé para mis adentros.

    Yo creo, por propia experiencia que esto de la puna o el soroche, depende también de cómo se encuentre el organismo y creo que en esta ocasión me ha pillado un poco débil. ¿Por qué os digo esto? Hace 4 años, subiendo también del nivel del mar a casi los 5000 metros de altitud en tan sólo dos días, me sentía como una rosa. Y como tenía ganas de saber qué era el soroche, me eché una carrera cuesta arriba y a toda velocidad… Fue genial, porque iba notando como poco a poco mi organismo se paraba, iba como a cámara lenta hasta ver que no avanzaba. Me recordó a los sueños esos que a veces todos tenemos, en los que corres y no avanzas nada. Y así fui perdiendo las fuerzas, no podía respirar, hasta que tuve que tirarme al suelo y recuperar. Eso tuve que hacer para sentir la puna y ahora de sorpresa me viene a saludar ella solita. Por eso, yo creo, que me pilló un poco débil después de la expedición antártica. 

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  • Arica y el Altiplano

    Panorámica en la Precordillera

    (Crónica enviada por teléfono satelitario)

    Se suceden tan sólo un par de días desde que os escribí la última vez y tengo la sensación de que ya ha sido un mes entero. Es increíble lo que puede vivir uno en tan sólo 48 horas.

    Para no alargaros demasiado este artículo y poder manteneros al corriente de nuestro mini-viaje por el Altiplano, os diré que la partida fue un poco accidentada, pero que de momento volvemos a tener todo en marcha y sobre ruedas y nunca mejor dicho pues ahora mismo estamos en un 4x4 en pleno Altiplano.

    Salíamos de Punta Arenas a las 3:00 de madrugada en un vuelo a Santiago de Chile, donde enlazábamos con otro que nos llevaba directos a Arica, la región más la Norte de Chile, que tiene frontera por el norte con Perú y por el Este con Bolivia. ¿Qué tal está vuestra geografía sudamericana?

    ¿Qué nos ocurrió en primer lugar? Ese primer vuelo se retrasó bastante y nos tocó esperar en el aeropuerto de Punta Arenas, una verdadera pena después del madrugón. Evidente que perdemos nuestro segundo vuelo y nos tienen que buscar otra opción.

    Una vez que alcanzamos el aeropuerto de Arica, hay un desaguisado con el 4x4 que habíamos reservado. A última hora les surge un problema y no nos lo tienen disponible. Nos ofrecen un turismo… pero, ¿qué vamos a hacer nosotros con un turismo si lo que queremos es perdernos por el Altiplano?

    Cuando ya casi damos por perdido nuestro viaje y estamos empezando a considerar un plan C, o D… o Z, un local nos ofrece una solución y nos permite alquilar un 4x4 para movernos estos días por el Altiplano.

    Asfixiados de calor en Arica con 30ºC y justo en la costa, lo único que hacemos es comprar comida en un supermercado para ser autónomos durante estos días y salimos de allá para ir ganando altitud y con ello frescor.

    Como buenos expedicionarios y exploradores que sois ya, os voy a pedir que ubiquéis donde está Arica y después hacia el Este, busquéis Putre. Se encuentra en la carretera que saliendo desde Arica va a Bolivia. De momento es esa subida al Altiplano la que hemos tomado.

    Fijaros que Arica está a orillas del mar y Putre se encuentra a 3500 metros sobre el nivel del mar, justo antes de alcanzar el Altiplano. Y la distancia que las separa por la carretera es de poco más de 100 kilómetros, así que fijaros el desnivel tan grande que tiene dicha carretera. No todo vehículo es capaz de subir por estos lugares.

    Pasado Putre, hemos tomado una pista que continua avanzando hacia el Este y estamos ya en pleno Altiplano, hemos pasado ya lo que denominan la Precordillera y estamos en plena Cordillera, ya en el Altiplano, en este momento a 4535 metros de altitud. Nos está nevando y fijaros que es de tormenta con relámpagos y rayos… ¡Increíble!

    Os voy a hablar un poquito del clima para que conozcáis esta zona tan maravillosa. Empezamos en la costa con la ciudad de Arica, que aunque se encuentra en una zona tropical, tiene un clima templado debido a la influencia de la corriente marítima de Humboldt, cuyas aguas moderan la temperatura (abro aquí un pequeño paréntesis para pediros que investiguéis un poquito sobre esta corriente).

    La corriente origina además nubosidad costera durante las mañanas -fenómeno que aquí es conocido como “camanchaca”- y tarde soleadas durante todo el año. Las temperaturas casi no varían, 18º-28ºC en verano y 13º-19ºC en invierno. Es tremendamente seco, fijaros que el promedio máximo de precipitaciones es de tan sólo 0,2 mm en agosto y 2 mm lo acumulado en todo el año!!

    Sin embargo, hacia los valles interiores, la cordillera de la costa actúa como un biombo que frena las neblinas y aparece el desierto de Atacama, donde la humedad relativa del aire no supera el 40%, jamás llueve y los días de gran calor contrastan con noches muy frías.

    Si seguimos subiendo en altitud y nos adentramos en la Precordillera y el Altiplano, el clima vuelve a cambiar, acentuándose paulatinamente las oscilaciones térmicas diarias y la radiación solar. La altitud genera bajas presiones y poca concentración de oxígeno, lo que dificulta la respiración. Las estaciones climáticas son muy diferenciadas. De abril a agosto suele haber heladas, el aire es seco y la temperatura en el día fluctúa entre -5ºC y 15ºC, mientras en la noche hay mínimas que llegan a los -25ºC. De septiembre a noviembre la temperatura aumenta a unos 20ºC durante el día y -10ºC durante la noche.

    Bueno, pues ya veis por donde estamos. 

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  • Estación CPE-HUE-49ºS de registro de descarga glaciar

    Me quedó pendiente ayer contaros con algo más de detalle qué es lo que medimos en esas sondas que dejamos instaladas. Estamos registrando lo que llamamos descarga glaciar, que no es más que el hielo que se funde en forma de agua.

    Primero, debemos de seleccionar un glaciar que nos permita realizar esta investigación, son varias circunstancias que se deben dar, no creáis que es tan fácil. Aquí hicimos una expedición sólo exploratoria en el verano austral del 2009, recorriendo varios glaciares de la zona y uno de los posibles y de más fácil acceso fue este, el glaciar Huemul.



    El hielo que se va fundiendo en los glaciares, termina saliendo por su frente, formando diversos ríos. Como buscamos conocer todo el hielo que se funde en dicho glaciar, necesitamos medir todo esa agua. Por tanto, para facilitar el trabajo y reducir el error, es conveniente que todos los ríos generados en el frente del glaciar, se terminen juntando en uno sólo, para medir en dicho lugar. En este caso, van a parar todos a una laguna y tras ella sólo sale un único río, que es donde hemos instalado la estación. Por cierto, una laguna con unos colores preciosos.

    Necesitamos además tener alguna zona de roca en alguno de los márgenes del río, para poder fijar las sondas que quedarán todo el año midiendo y registrando datos. Con dichos instrumentos obtenemos datos de varios parámetros del río y con un complemento de trabajo que debemos realizar midiendo directamente en el agua, terminamos calculando el caudal en continuo, es decir, el agua que lleva el río cada hora y por lo tanto conocemos  el hielo que se funde. Cuando crucemos a la Antártida os explicaré estos trabajos que debemos realizar en el río para terminar conociendo el caudal. Ahora de momento quedaros con la idea que con esas sondas terminamos registrando datos de la descarga glaciar en continuo, es decir que conocemos el hielo que se funde en dicho glaciar durante todo el año y un año tras otro.

    Os decía más arriba que en el año 2009 realizamos una expedición exploratoria a la zona, seleccionamos este glaciar y posteriormente en febrero de 2010 regresamos con todo el material para realizar la instalación de la estación de medida. Desde entonces no habíamos regresado y por eso ahora hemos extraído de la memoria de las sondas los datos almacenados durante casi estos dos años.

    Para el trabajo en esta zona, habíamos comenzado una colaboración con la Unidad Académica de San Julián de la UNPA (Universidad Nacional de la Patagonia Austral). Nosotros nos encargábamos de instalar y mantener la estación de medida de descarga glaciar y ellos una estación meteorológica, pues precisamos también de datos meteorológicos para complementar la investigación. Ya que de esa manera podemos analizar qué relación existe entre los diferentes parámetros meteorológicos y el hielo que se funde.

    Bueno, ¿qué pasó con la UNPA? No sabemos. Nosotros cumplimos con nuestra parte del trabajo, pero la estación meteorológica no se ha instalado. Por eso, para tener al menos algunos parámetros de la meteorología, instalamos en esta ocasión un sensor que mide temperatura ambiente y humedad relativa.



    Pues bien, ya sabéis lo que medimos en esta estación, que llamamos CPE-HUE-49ºS. ¿Por qué ese nombre? Por las siglas de Cuenca Piloto Experimental ubicada en el glaciar Huemul de la Patagonia Argentina, a latitud 49ºS. Es una de las más recientes que tenemos en GLACKMA.

    Contentos porque todo queda bien en esta estación, regresamos a El Chaltén, nos despedimos de nuestros amigos y con el 4x4 de nuevo nos ponemos en ruta al Campo de Hielo Norte. Queremos explorar un poco los glaciares de esta zona, por si encontramos alguno donde poder instalar en el futuro una nueva estación de GLACKMA… cuando se consiga financiación para ello.

    El camino es largo, subiremos por Argentina para pasar después a Chile, pues es la única opción por tierra que tenemos de adentrarnos en el Campo de Hielo Norte. El paisaje promete ser espectacular… a ver si el tiempo nos acompaña.

    • Estación CPE-HUE-49ºS de registro de descarga glaciar
    • Estación CPE-HUE-49ºS de registro de descarga glaciar
    • Estación CPE-HUE-49ºS de registro de descarga glaciar

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  • Próximas expediciones… todavía nos falta un poquito

    Hemos establecido ya las próximas expediciones que realizará GLACKMA, salvo imprevistos, ¡claro!, que además éstos suelen ser muy habituales en temas polares. Os cuento el plan a ver qué os parece.

    De momento este verano no vamos a realizar ninguna. Teníamos pensado subir al Ártico -Svalbard en concreto-  al final de la época estival, para terminar de instalar las sondas que no pudimos la campaña anterior por complicaciones logísticas. Sólo nos dio tiempo a instalar un aparato de los tres que íbamos a fijar. ¡Hombre!, sería perfecto poder terminar la instalación este año, pero entran en juego no sólo ideales y apetencias, sino optimización del trabajo.







    Con los imprevistos que hemos tenido este año y esas campañas extras que hemos realizado a Islandia en la primavera boreal y a Patagonia en el otoño austral, nos hemos quedado a mínimos económicamente hablando. Como os habíamos comentado en alguna ocasión, ha sido cortada la subvención que recibíamos por parte del Ministerio de Medio Ambiente para el desarrollo de GLACKMA. Actualmente lo único que nos queda es un añito de presupuesto del proyecto europeo que tenemos activo, pero cubre sólo las campañas antárticas. Por eso las actividades extras de este año, las hemos tenido que cubrir personalmente para no perder la continuidad de los datos en los registros polares.





    Haciendo cálculos y siendo realistas, meternos ahora a cubrir económicamente el gasto de la expedición a Svalbard, no es posible. Intentaremos conseguir alguna subvención para el próximo año y si no fuera así, haber entonces ahorrado lo suficiente para llevarla a cabo. En principio con la sonda nueva que instalamos allí el año pasado, nos aguantaría hasta el verano del 2012.

    Por eso la próxima expedición no será hasta finales de año a la Antártida. Nos interesa en esta ocasión ir al principio del verano austral para ver el comportamiento de las sondas nuevas cuando comienza la descarga glaciar. Debemos además de completar la curva de ajuste entre nivel y caudal y necesitamos para ello, valores tanto mínimos como máximos del caudal en el río que viene del glaciar. A principios del verano  austral nos aseguramos los mínimos y según vaya adentrándose el verano podremos ir completando el registro de valores máximos.





    Por otro lado, debemos de cruzar a Caleta Potter –donde se encuentra la Base argentina Jubany- y volver a instalar allí la sonda multiparamétrica. Debido a su complejidad esta sonda no puede quedar a la intemperie en el invierno y por eso, cuánto antes vayamos para poder comenzar a registrar datos al inicio del verano, mejor. Nuestro objetivo será poder llegar al Continente Blanco en la segunda quincena de noviembre y regresar a finales de enero. Ahora todo dependerá de la logística.

    Y después, ¿cuáles son nuestras próximas expediciones? Lo siguiente sería acudir al Ártico y para ello planeamos trabajar en tres estaciones: la de Islandia, la del Ártico Sueco y la de Svalbard.





    Para las dos primeras haremos una logística combinada, saliendo desde España en un vehículo todoterreno. En ferry desde Dinamarca cruzaremos a Islandia, donde llegamos con el todoterreno que nos da movilidad allí. Al regreso, subimos hasta el Norte de Suecia y el último tramo donde ya no es posible avanzar con el vehículo, lo cubriremos en helicóptero. Nos acompañará Jose, otro socio de GLACKMA, quien está empezando a realizar su tesis doctoral en el glaciar de Islandia.





    Esta combinación la haríamos durante varias semanas de julio y agosto, para dejar libre la primera quincena de septiembre y subir a 79ºN a Svalbard, a terminar el trabajo de instalación del que os hablaba antes.

    A estas tres últimas expediciones -las del Ártico- nos acompañará otra vez Gabriela. A parte de la investigación y divulgación habituales que desarrollamos, ella desde Madrid Scientific Films debe seguir con el objetivo de sacar adelante el documental científico de GLACKMA. Además Gaby se integró perfectamente en el trabajo de equipo durante la pasada expedición… ¡así que repite con nosotros!

    Bueno, pues estas son de aquí a un año nuestras próximas expediciones marcadas en la agenda de GLACKMA. ¿Cómo lo veis?, ¿qué os parece?

    Sinceramente os digo… que a mí, hablar de todo ello ahora, cuando debo de pasar este verano sacando adelante una enorme cantidad de trabajo de gabinete acumulado, se me hace… ¿cómo diría yo?, dejémoslo simplemente en “tremendamente complicado y difícil”. ¡Seguro que me entendéis!

    • Próximas expediciones… todavía nos falta un poquito
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  • Viaje tan breve y fugaz como hermoso… propio de los sueños

    Efectivamente amanece un día fantástico en la Antártida. El cielo completamente despejado, ni una sola nube. Debido a su proximidad con el estrecho del Drake, es una zona tremendamente complicada para la meteorología y es muy extraño poder observar el cielo completamente azul. De hecho, creo, que con todas las campañas antárticas que tengo en verano, es la primera vez que lo veo así de luminoso.



    Tras el desayuno, me preparo para salir al exterior y poder hacer unas cuantas fotografías del entorno en estas condiciones. A pesar del sol seguimos con temperaturas bajas de -12ºC, pero la ventaja es que el viento apenas llega a los 15 nudos, y por tanto no nos hace descender exageradamente la sensación térmica.

    Roberto, el Capitán de Fildes, me informa que el Hércules C-130 chileno ha salido de Punta Arenas y viene hacia acá. Ha confirmado también que estoy considerada como pasajera para regresar a Punta Arenas, y me indica que me solicitan estar a las 10:40 en el aeropuerto. Sonrío, al final parece que todo va a salir bien.



    Todavía con algo de penumbra abandono Fildes, quiero subir alguna colina próxima para tener unas buenas vistas de la zona y poder hacer alguna foto bonita, cuando salga el sol e ilumine la zona. No tengo mucho tiempo al solicitarme estar tan pronto en el aeropuerto. ¡Vaya, podían haber esperado un poco…!

    Debo llevar la cámara envuelta y protegida del frío, para que me permita trabajar con ella. La mantengo además próxima a mi cuerpo para pasarle algo de mi calor corporal. A pesar de los cuidados, tengo que tener precaución cada vez que la saco al exterior, pues no aguanta mucho tiempo a la intemperie.



    Ando ligera, a medio carrera en las zonas que el hielo me lo permite. La nieve está helada de la noche y es muy fácil resbalar. ¡Qué maravilla de paisajes! Poco a poco voy ganando altura y sorprendiéndome a mí misma de lo espectacular de este día. El sol va saliendo poco a poco y las luces, según cobran intensidad, cambian por completo el entorno.

    Tengo una magnífica vista panorámica de la Base Rusa Bellingshausen y las chilenas Frei y Fildes al fondo. La bahía que en verano sostiene tanta vida, ahora tiene helada ya una buena parte. La barcaza de los rusos “Anderma”, en la costa, marca muy bien el inicio de lo que era antes agua… Ahora, todo hielo.

    El sol, debido a la latitud elevada y la época invernal en la que estamos, hace su recorrido muy cerca del horizonte. Sí, tenemos la desventaja de las pocas horas de luz, pero al mismo tiempo cuando -como hoy amanece un día así de despejado- la luz es muy hermosa. Al ser tan rasante, parece cubrir todo con un baño de oro líquido. Voy haciendo alguna fotografía, recogiendo la cámara de vez en cuando para protegerla del frío, esperando a que siga ascendiendo un poco el sol y me cambie las luces del paisaje y volviéndola a sacar con cuidado, para continuar captando con las imágenes la maravilla que tengo ante mí.



    En estos ratos de espera, me dedico a contemplar el paisaje que me rodea. Tras haber conocido la dura ventisca de estos días pasados, me quedo realmente absorta del fabuloso día de hoy. Mi mente desconecta por un momento de la realidad y tengo la sensación de estar viajando por el espacio, llegando a un lugar hermoso, de esos que sólo existen en los sueños, e impregnándome de una luz dorada, limpia, pura, que me llena de una energía tremendamente positiva. Despierto de mi sueño… ¡no, no era un sueño! Esta vez ha sido todo real. Me encuentro tremendamente feliz y soy consciente de lo afortunada que he sido. Han tardado meses en tener este día aquí en la Antártida, y yo he tenido la suerte de vivirlo en mi viaje tan efímero a la zona. Tremendamente afortunada. Respiro profundamente, me lleno de nuevo de la belleza del entorno y otra vez una inmensa sensación de paz y armonía se instala en mi interior. Sé que será un recuerdo imborrable en mi vida.



    Es hora de regresar a Fildes. Una vez allí recojo mi mochila -que ya había dejado preparada- me despido de la gente de la dotación y Roberto me sube en moto al aeropuerto. El Hércules todavía no ha llegado, pero en la normativa de FACH nos exigen siempre estar antes de su aterrizaje, si vamos a tomar el avión. No pierdo el tiempo, como la zona del aeropuerto es también una parte elevada, continúo con mis fotos. El sol sigue subiendo y las luces cobrando intensidad.



    Consigo fotografiar la entrada del Hércules y continua la espera mientras proceden a la descarga de todo lo que traen y cargan lo que sacan de estas tierras antárticas. Son las 13:30 cuando me piden subir al avión. Por seguridad y aunque el día está con visibilidad, parten antes de que se meta la noche en la zona. Me despido de Roberto y me siento torpe con las palabras para poder expresarle el agradecimiento por todo el apoyo que me han brindado. Hay acontecimientos en la vida para los que no hemos sido capaces de crear el lenguaje adecuado…



    En el Hércules -sentada en esas redes rojas- mi cuerpo viaja a Punta Arenas mientras mi mente recorre una y otra vez las odiseas, aventuras, peripecias, incidentes y anécdotas de los últimos días. Es increíble que un viaje tan corto me deje completamente llena de vivencias de tanta intensidad.

    De repente una tremenda sacudida me vuelve a la realidad. Estamos aterrizando en Punta Arenas bajo condiciones muy fuertes de viento. Al levantarme, un par de chilenos que tenía sentados frente a mí y que regresan también a esta capital austral, me dicen: “Pareces la felicidad personificada. Durante todo el viaje tu cara reflejaba una inmensa alegría”. Sonrío, “no puede ser de otra manera, fue un viaje tan breve y fugaz como hermoso”.

    • Viaje tan breve y fugaz como hermoso… propio de los sueños
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  • A la tercera va la vencida. Pisando el Continente Blanco

    De nuevo tengo que estar en el aeropuerto de las FACH (Fuerzas Aéreas Chilenas), a las 7:00 toca hoy. A esas horas apenas hay tráfico y llego unos 10 minutos antes. Tras la parada en las barreras iniciales para el control de los que entramos, el taxi recorre todo lo largo de este recinto militar. A estas horas todavía tenemos noche cerrada y no hay ni una sola luz encendida en todo el lugar, de manera que cuando el taxi me deja al fondo, junto a la pista de aviación, quedo en completa oscuridad.

    Saco mi luz frontal y me la coloco en la cabeza, por lo menos para que me vean. Subo mi capucha para protegerme un poco, ha habido una fuerte helada y se nota el ambiente fresco. Allí en medio de la oscuridad, sola, mirando hacia el Hércules -que está en la pista y donde se ve movimiento de carga y alguna lucecita parcial- mi mente se abstrae y comienza a cuestionarse preguntas que sólo al finalizar el día tendrán su respuesta adecuada. ¿Saldremos hoy finalmente o tendré que regresar a la ciudad y descartar definitivamente mi viaje a la Antártida? ¿Cómo estarán las condiciones meteorológicas allá? ¿Me permitirán poder hacer mi vaciado de datos de las sondas instaladas el pasado verano junto al glaciar y poder regresar en el mismo avión a Punta Arenas?

    Aunque parece que quedan pendientes dos viajes más a la Antártida en los próximos días -antes de que el Hércules C130 regrese a Santiago- quiero poder regresar en el mismo vuelo. No me gustaría arriesgarme a tener que invernar en el Continente Blanco. No es que no me agrade la idea, es que mi trabajo en España me espera. El avión ha estado en Punta Arenas una semana y sólo ha podido realizar un vuelo… si la meteorología empeora, podrían cancelar los últimos cruces. Adolfo me advirtió y recordó este riesgo antes de salir. “Hazlo rápido y regresa en el mismo cruce” me insistió al despedirme en Punta Arenas.

    Ensimismada en mis pensamientos, unos focos intensos me alumbran. Llegan los otros tres pasajeros chilenos que intentan realizar el mismo vuelo que yo, acompañados de un militar que abre la última nave, enciende alguna luz allí dentro y nos invita a pasar mientras nos avisan para embarcar.

    A las 7:40 nos vienen a buscar para entrar en el Hércules. Nos atamos en una especie de redes rojas que tienen extendidas a modo de asientos, nos abrigamos… ya que la temperatura en el interior es fresquita, y nos vamos habituando al fuerte ruido de los motores que nos acompañará durante el viaje.

    Por fin a las 8:00 despegamos. Durante el recorrido mi mente…, digamos que sueña despierta, tratando de imaginar como será en invierno esta zona antártica que tan bien conozco en la estación estival. Me hace una tremenda ilusión este viaje tan fugaz.



    A las 11:00 aterrizamos, salgo del avión, ¡guaaauuuu!... ¡qué bonito está todo! Las zonas descubiertas de hielo donde éste se ha ido retirando, están ahora cubiertas de nieve y además casi helada. Comienzo a hacer algunas fotos del entorno, está divino. Mis manos desnudas aguantan poco a la intemperie. La temperatura debe estar baja, calculo que en torno a los -11ºC, lo que acompañada del fuerte viento hará que tengamos una baja sensación térmica. Guardo mi cámara y me protejo con los guantes mientras avanzo hacia las naves que se utiliza de lugar de llegada.



    Allí me encuentro con el personal de la Armada, de la Estación Marítima Bahía Fildes, que han venido a esperarme con las motos. Roberto, el Capitán, acompañado del Segundo, Alfonso. Una tremenda alegría volver a verlos de nuevo. Me han ofrecido apoyo logístico para esta operación si lograba cruzar a la Antártida. ¡Qué buena gente son y qué profesionales! ¿Recordáis nuestra reciente expedición a este lugar el pasado verano austral? Fue este grupo de la Armada en Bahía Fildes quienes nos brindaron apoyo continuamente en todas las necesidades que tuvimos. ¡Inolvidables!



    Ahora, ¡manos a la obra! Las condiciones meteorológicas son durillas, está nevando algo y el viento es fuerte, pero tenemos unas horas antes de que empeore según la predicción meteorológica. El cambio se espera para las 17:00, y la noche aquí entra a las 15:00, de manera que será la falta de luz la marque el rasero para que el avión despegue. Puede ser quizás hacia las 14:00. A ver si todo se da bien y estoy de regreso a tiempo para poder embarcarme de nuevo en el Hércules y regresar hoy mismo a Punta Arenas.

     
    • A la tercera va la vencida. Pisando el Continente Blanco
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  • Un buen trabajo en equipo

    (crónica recibida por teléfono satelital, Fotos: Archivo GLACKMA)

    Aprovechamos bien las horas de luz que tenemos, así que comenzamos a levantarnos y preparar el desayuno, todavía en penumbra. De esta manera cuando comienza la luz estamos ya caminando hacia la estación, llevando con nosotros el resto de material.

    Es un día muy intenso de trabajo para todos y tenemos suerte con el tiempo que nos acompaña. Entre sol y nubes, a veces más densas, pero nada de lluvia ni nieve como los días anteriores.

    Trabajamos muy bien en equipo, Adolfo, Agustín y yo ya nos conocíamos trabajando juntos en campo durante campañas anteriores en este glaciar. Agustín es oro puro para el trabajo en equipo y un perfecto todoterreno en todos los sentidos. Congeniamos muy bien los tres desde la vez que coincidimos en la primera campaña al Tyndall, hace ya casi diez años.

    Pero no sólo esto, sino que los nuevos, Gaby y Pepe, se han integrado perfectamente en la expedición. Gaby saca adelante su trabajo de realizadora, filmando y grabando, pero sin interferir para nada en el trabajo de la expedición. Además tanto ella como Pepe, se han integrado muy bien en el equipo, pendientes de cómo ayudar, qué hacer, cómo colaborar, cómo echar una mano… Está siendo una expedición ejemplar en cuanto a trabajo en equipo, hay un magnífico ambiente entre los cinco y de esta manera vamos juntos superando todas las dificultades que nos van apareciendo.

    Comenzamos con la instalación de las sondas nuevas en el río. Tenemos suerte y el nivel está bajo, ha sido una buena época la que seleccionamos para venir. Aún así en el lugar de anclaje de las sondas, el agua nos llega por el pecho. Estamos Agustín y yo metidos en el río haciendo los anclajes para fijar la estructura. Desde el exterior tenemos el apoyo indispensable de Adolfo y Pepe. Mientras, Gaby aprovecha para realizar una buena cantidad de tomas para ir teniendo material para el futuro documental.

    Os escribo ya al finalizar la jornada. Ha sido muy intensa pero terminamos todos satisfechos. Nosotros con la instalación y Gaby con el material grabado. En cuanto a la instalación se refiere, quedó ya la parte del río hecha, de manera que mañana continuaremos con todo el exterior, pera yo no tendremos que meternos en el agua fría.

    No me extiendo hoy más, estoy agotada y con ganas de irme al saco a dormir y recuperar. Mañana hay que volver a levantarse temprano para que seguir con el trabajo.

    Las fotos de archivo que os acompañan este texto son del final del verano. Como podéis, ver imposible entrar al río en esas condiciones.
  • Una buenísima noticia, no os lo vais a creer

    (crónica recibida por teléfono satelital.  Foto: Archivo GLACKMA)


    Amanecemos descansados y secos… pero tremendamente hambrientos. Ayer habíamos pasado todo el día sólo con unas barritas de cereales energéticas, ni desayuno, ni comida, ni cena… y eso que la jornada fue larga, de bastante desgaste y con el final durillo de la lluvia a la hora de montar las tiendas de dormir.


    Al levantarnos por la mañana, todavía tenemos que aguantar un poco más el hambre. Hay que montar la tienda grande en la que almacenaremos el material y la comida y nos permitirá cocinar y comer a pesar de los días que nos toquen con lluvia y viento. Sacamos fuerzas de donde ya casi no hay y con una perfecta colaboración de los cinco integrantes de la expedición montamos la tienda grande, a pesar del fuerte viento que nos obstaculiza un poco la tarea. Después, distribuimos el material dentro de ella y por fin clasificamos los víveres que traemos. Tenemos el estómago completamente vacío, así que decidimos hacer un café calentito y mientras lo tomamos y nos va entonando, preparamos una especie de comida-cena atrasada de ayer que pasa a ser nuestro desayuno de hoy. Con el estómago lleno, las energías renovadas, parecemos otros.


    Comenzamos a separar todo lo que es material de instalación, bastante pesado por cierto, al constar de una gran cantidad de estructuras metálicas. Nos lo repartimos entre todos, cada uno según sus posibilidades y lo vamos transportando hasta el lugar de la estación en el río, donde debemos hacer la nueva instalación. El lugar no está lejos del campamento, a unos 2 kilómetros, pero los caballos no pudieron continuar debido a una zona de piedras bastante grandes y a una destrepadita que hay que hacer en una pared.


    Alcanzamos el lugar, el río lleva poca agua en comparación con el verano, aún así en el punto seleccionado para realizar la instalación, el nivel nos llegará hasta el pecho cuando nos tengamos que meter en él a trabajar. Tenemos algunos ratos bastante agradables, en los que las nubes nos dejan disfrutar de unas espectaculares vistas de las Torres del Paine, así como de diversos glaciares.


    Una vez tenemos todo el material acarreado en el lugar de la estación, tras largos viajes, me dispongo a intentar de nuevo conseguir conexión con la sonda antigua instalada. Digo de nuevo, porque en la expedición pasada a este lugar, a principios de marzo al salir de la Antártida, lo intentamos de cien mil maneras posibles. E incluso llegamos a hacer otra caminata al lugar con ida y vuelta en un sólo día, cambiando el software del programa utilizado. Y todo el esfuerzo resultó en vano. Los que nos habéis ido siguiendo lo recordaréis perfectamente, ya que fue tremendamente desolador, y los que os habéis unido más recientemente podéis buscarlo en las entradas antiguas del Blog.


    Bueno, el caso es que me preparo con el ordenador, el nuevo cable de conexión, abro la tapa de protección del lector de la sonda, engancho el cable, abro el programa… y mi mente tranquiliza a mi corazón, que está nervioso. Muy nervioso. Algo me lleva a pensar –ya desde España así lo creía- que con el nuevo cable conseguiría hacer la conexión, pero algo también me quiere hacer ser realista y no ilusionarme demasiado para evitar la tristeza después. En medio de esa lucha interna, mi corazón palpita con fuerza y… casi se sale de mi interior cuando mis ojos abiertos de par en par, observan que sí consigo hacer conexión entre ordenador y sonda. Se acelera todavía más el pulso al comprobar que sí están todos los datos almacenados –más de 11.000- y en mi cara se dibuja una enorme sonrisa cuando logro descargarlos. “¡Sí, sí, sí, tenemos los datos, toda la serie, no hay laguna de datos en la información!” les digo a los demás a gritos. Los nuevos van a pensar que estoy loca, pero es que es la mejor noticia que me podían dar.


    Tras esta tremenda alegría, regresamos al campamento ya oscureciendo y de nuevo la lluvia nos viene a saludar. En el fondo, en el fondo, yo creo que se unió a compartir con nosotros la alegría de la noticia.


    La diferencia de hoy con respecto a ayer es que, aunque llegamos mojados, tenemos una tienda donde refugiarnos y donde poder cocinar y tomar algo caliente. Tras reponer fuerzas, terminamos de preparar el resto de material para llevar mañana y comenzar la instalación de las nuevas sondas.


    Mientras hacíamos todo esto -recogidos en la tienda- fuera una sorpresa se estaba preparando para brindar con nosotros esa buena noticia de hoy. Se había despejado parte de la bóveda celeste y atónitos nos quedamos un buen rato contemplando las estrellas que parecen tener hoy un brillo especial.

  • Una bonita jornada con un final durillo

    (Crónica recibida por teléfono satelital, Foto: archivo GLACKMA)

    Ayer al finalizar el día cuando estábamos en Puerto Natales, una intensísima lluvia nos recordó que la caminata podrá ser más o menos confortable según las condiciones meteorológicas que tengamos.
    Comienza nuestra jornada según los planes previstos. Tras levantarnos a las 6:00 de la mañana, abandonamos Puerto Natales para entrar en el Parque de Torres del Paine. Lo cruzamos en los dos vehículos hasta llegar al final de una de las pistas, junto a la guardería Grey. Ya están allí los dos baquianos con los cinco caballos. Bajamos el material y se hace la carga en las caballerías.
    Salen a paso ligero los caballos y nosotros nos ponemos en marcha. Tenemos por delante una caminata de 30 kilómetros, por zona de montaña media con sus subidas y bajadas. El día amanece nublado, pero sin lluvia por el momento.
    Vamos disfrutando de la caminata e incluso el sol con sus rayos nos acompaña en algunos momentos. Si para todos es espectacular el panorama que presenta esta zona del parque con sus zonas altas ya nevadas, más todavía lo es para Gaby y Pepe que lo contemplan por primera vez. Vamos haciendo alguna paradita para que Gaby pueda hacer su cometido de ir grabando algo de video.

    Según nos dijeron los guardabosques en la guardería Grey, ayer hubo por la zona lluvias muy intensas y continuas… ¡De buena nos hemos librado! Sólo sufrimos las condiciones del camino, que está en algunas zonas tremendamente empapado. Hay partes en las que parece avanzamos por ríos y otras en las que el barro se convierte en una continua compañía para las botas, produciendo algún resbalón de vez en cuando.
    Nos lleva todo el día la caminata y ya es casi de noche –las 17:00 horas- cuando nos toca atravesar un río que tenemos poco antes de alcanzar la zona donde vamos a instalar el campamento y donde esperamos nos hayan dejado todo el material los caballos. Bueno, todo, todo, no. Un par de barras metálicas de las que llevamos para hacer la instalación en el río, las encontramos por el camino. Se le debieron de caer al caballo que las llevaba… y menos mal que las vimos y las pudimos recoger con nosotros.
    El río que nos toca atravesar lleva bastante agua, debido a las lluvias intensas de los últimos días. ¿Cómo lo cruzamos? Quitándonos los pantalones para mantenerlos secos y para los pies optamos por varias versiones: utilizar unas zapatillas viejas para poder pisar las piedras del lecho, emplear unas segundas botas o sin nada. La corriente lleva bastante fuerza y hay que avanzar con una perfecta combinación de maña, equilibrio y fuerza… y lo más fundamental, la ayuda de unos con otros. Está algo más que fresquita el agua, de manera que nos refrigera los pies y piernas después de la larga caminata. Gabriela se siente orgullosa de haberlo podido cruzar llevando su mochila con el equipo de video a la espalda. “Después de esto, ¿dónde está el frío?” comenta sonriente.
    Llegamos al lugar donde vamos a instalar el campamento y efectivamente ahí tenemos el material transportado por los caballos. ¡Pero qué mala suerte, justo ahora se pone a llover! Y en un santiamén cobra fuerza la lluvia al mismo tiempo que la oscuridad completa se nos hecha encima.
    ¿Cómo termina nuestra jornada? Con ayuda de la luz de los frontales, montamos las tiendas para dormir bajo la cascada de lluvia que nos cae encima. El resto del material lo dejamos un poco protegido de la parte donde más azota la lluvia, mañana habrá que seguir montando el campamento, con esta lluvia no merece la pena, pues va a quedar todo empapado. Acomodamos los sacos dentro de las tiendas de dormir, nos quitamos las ropas mojadas y nos metemos dentro. Así nos quedamos al final de la larga jornada, sin cena ni nada. Mañana será otro día.
    Gaby manda un mensajito muy especial para su niñita Olivia: “Que no se te caigan esos dientes que se movían, a ver si aguantan un poco hasta mi regreso para ver al Ratoncito Pérez”.

  • En Puerto Natales, a la entrada del Parque de Torres del Paine

    La mañana del lunes se nos pasa con diferentes quehaceres distribuidos entre los cinco. Gaby acompañada de Pepe, aprovecha las luces que el sol nos brinda tras la nevada de ayer, para hacer algunas grabaciones de diferentes vistas de la ciudad. Agustín y Adolfo se encargan de buscar algunas herramientas que nos faltaban, entre otras una llave tubular especial para los anclajes que vamos a emplear y se me había olvidado empaquetar al preparar el material en Salamanca. Mientras tanto, yo me encargo de acoplar algunas últimas cosas de material.

    Nos juntamos todos y pasamos por el almacén de la DGA (Dirección de Aguas) donde tenemos el material preparado y embalado ya en bultos para la carga de los caballos. Lo distribuimos en dos vehículos, una furgoneta de la DGA y otra que pertenece a Agustín y nos la deja para poder realizar la expedición. Agustín sale en la de la DGA con Adolfo y casi todo el material, y la otra la llevo yo con Gaby y Pepe y el resto del material.

    Llegamos a Puerto Natales -capital de la provincia Última Esperanza- ya al final del día y evidentemente de noche, pues a las 17:00 ya oscurece. Mañana martes nos levantaremos a las 6:00 para dirigirnos directos hasta el Parque de Torres del Paine. Y una vez en él, nos acercaremos hasta la guardería Grey, al final de la pista. Ahí hemos quedado con los baquianos a las 8:30, haremos la carga en los caballos y nos pondremos en ruta hasta la estación que tenemos en el glaciar Tyndall a latitud 51ºS. Los caballos con la carga irán a su ritmo y… nosotros al nuestro.

    A ver si nos toca el día no muy cubierto y podemos contemplar a la llegada del parque, los majestuosos Cuernos y Torres del Paine. Y con un poco de suerte también tendremos en nuestro recorrido la posibilidad de ver el Gran Paine con sus 3050 metros.



    Esto de los Cuernos y las Torres se trata de una formación muy espectacular. ¿Sabéis cómo tuvo lugar? Hace unos 150 millones de años se formó una gruesa capa de roca sedimentaria (lutitas negras jurásicas con belemnites, amonites característicos de los terrenos jurásicos e ictitas, es decir, huellas de dinosaurios). Más tarde, durante la elevación de los Andes, tuvo lugar aquí una intrusión granítica que penetró en las citadas lutitas. Posteriormente, durante la época glaciar los campos de hielo cubrieron el macizo y, en su desplazamiento, erosionaron las rocas subyacentes. Al retirarse el hielo, quedó al descubierto el granito, de color claro, intercalado entre  las lutitas, de color oscuro, formando así el conjunto de nunataks tan característicos del Parque del Paine.

    Bueno, ahora a dormir que mañana nos toca una caminata de 30 kilómetros. Esperemos que no sea bajo la lluvia…
    • En Puerto Natales, a la entrada del Parque de Torres del Paine

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