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Blog: Karmenka desde los Polos

  • Continúa el fuerte viento

    (crónica recibida por el teléfono satelital, fotos: Archivo GLACKMA)

    Tras el aterrizaje, nos localiza Jim, que nos ha traído el coche 4x4 que vamos a alquilar para estos días. Ya nos conoce de otras ocasiones. Para campañas largas en verano solemos viajar con un todoterreno desde España, aprovechando así para traer todo el material necesario. Pero para cortas campañas, solemos combinar viaje en avión, avioneta y coche alquilado -como realizamos en esta ocasión-, de manera que Jim ya es un conocido nuestro.

    Nos acercamos en primer lugar hasta la pequeña ciudad –son en torno a 1000 los habitantes- que aquí en Islandia es una población considerable. Necesitamos comprar víveres para los próximos días, ya que después hacia el glaciar donde vamos tenemos que ser completamente autónomos.

    Nos ponemos rumbo al casquete glaciar Vatnajökull, por el sur, para alcanzar nuestro glaciar. Está bastante nublado y las capas de nubes son bajas, pero en ocasiones nos dejan ver que está todo cubierto de nieve en cuanto se asciende algunos metros sobre el nivel del mar. La carretera la tenemos bien, ya que va justo por la costa, bordeando el sur de la isla. Se trata de la única carretera que circunvala el país, quedando algunos tramos todavía sin asfaltar. El resto son pistas –sin asfaltar, por supuesto- y teniendo que vadear ríos en su recorrido, por lo que aquí es fundamental un 4x4.

    Al final del día llegamos a nuestro glaciar, pero no nos detenemos, continuamos avanzando unos kilómetros más, hasta una granja donde nos tienen recogido parte del material. Tenemos ahí la tienda de campaña, material de campamento y algunas herramientas. Todavía no se han ido a dormir, los saludamos, subimos nuestro material almacenado al coche y regresamos a nuestro glaciar.

    Empieza ya a anochecer. Tendremos el tiempo justo para montar la tienda y prepararemos algo para cenar. Algún bocadillo será. Ya mañana con el día, sacaremos todo lo de cocinar para hacer un desayuno caliente.

    Entramos con el coche en la tundra, donde conocemos un lugar recogido de otros años, para montar el campamento. El viento continua soplando con fuerza. Nos ha venido acompañando todo el camino desde Höfn y no ha cesado. De hecho, había que prestar mucha atención en la conducción, ya que fuertes rachas, bamboleaban el coche cada poco.

    ¡Imposible montar la tienda! Saldría volando y nos quedaríamos sin ella. Ni siquiera en el lugar protegido que conocemos. Es fortísimo y racheado. No tenemos otra alternativa más que dormir en el coche. Sacamos los sacos de dormir para no quedarnos fríos, reclinamos lo que podemos los asientos delanteros y nos acomodamos para pasar la noche.

    A las 2 ó 3 horas, me despierto de golpe y preocupada. Estaba soñando que navegaba, cruzando un mar con enormes olas que bamboleaban el barco… No, no es la realidad, pero casi. Estaba dentro del coche, pero el viento lo movía y sacudía con tal fuerza que parecía que iba a volcar. Inmediatamente recordé el vuelo unas horas antes, en lo que parecía una avioneta de papel. Se me vino a la mente también, allá en el camarote del Lautaro, agarrada a la litera para no salir despedida mientras atravesábamos el Drake. Y de repente recordé lo que algunos amigos islandeses nos han contado, que aquí en ocasiones el viento es tan fuerte que llega a volcar los coches.

    Con todos estos pensamientos estuvo mi mente entretenida unas horas, hasta que el cansancio y seguramente el acostumbrarme al bamboleo del vehículo, hicieron que pudiera dormir un rato más.
  • Una frágil avioneta de papel

    (Crónica recibida por teléfono satelital, fotos: Archivo GLACKMA)

    Subimos a una avioneta Cesna en el pequeño aeropuerto interno de Reykiavik. Está nublado, no vamos a poder ver mucho desde el aire. En cuanto nos alejamos de la zona costera y entramos algo al interior, entre nube y nube observamos que hay bastante nieve todavía. Cruzamos desde la capital islandesa situada al suroeste de la isla hasta Höfn, al sureste.

    Atravesamos por tanto la parte sur de Islandia, sobrevolando cerca del casquete glaciar Eyjafjallajökull –bajo el que tuvo lugar la erupción del volcán Eyjafjalla el año pasado-. Este casquete glaciar es pequeño, apenas tiene una superficie de 100 km2, y justo a su lado hacia el este se encuentra el Myrdalsjökull algo mayor, unos 300 km2. Pero si seguimos avanzando hacia el noreste nos encontramos con el gran Vatnajökull, que como os decía ayer tiene una extensión de unos 8300 km2 y es el glaciar más grande de Europa. Al sureste de este enorme casquete es donde tenemos seleccionada nuestra lengua glaciar Kviarjökull de 13 km2, en el que está instalada la estación de registro de descarga glaciar. Una ayudita aquí, veteranos expedicionarios, contadle a los demás porqué hemos seleccionado una lengua glaciar pequeña y no trabajamos en todo el Vatnajökull.

    Habitualmente la pequeña avioneta sobrevuela el sur de este enorme casquete glaciar en su ruta a Höfn, pero en esta ocasión lo bordeamos, dejándolo a nuestra izquierda y avanzando justo sobre la costa del sur de la isla. ¿Por qué razón? Vientos muy fuertes dominan toda la superficie del Vatnajökull. Son los llamados vientos catabáticos. Este tipo de viento, que puede llegar a alcanzar velocidades altísimas y racheadas, es propio de los glaciares. El aire más frío, que sabéis que es más denso, va adquiriendo velocidad por la pendiente del glaciar y como no encuentra ningún obstáculo, llega a alcanzar velocidades muy altas. Esta velocidad la mantiene mientras siga en contacto con el hielo, pues continua frío y por tanto más denso.

    Al estar ya próximos a Höfn, la pequeña avioneta tiene que adentrarse hacia el interior, abandonando la costa… y ¿qué ocurrió? El viento a su capricho nos bamboleaba hacia todos lados. Tenía la sensación de estar subida a una frágil avioneta de papel, que parecía iba a rasgarse en cualquier momento o a ser tragada por los vientos hacia no sé dónde. Rápidamente a mi mente regresaron las sensaciones de tan sólo hace un mes, cruzando el temido Drake en el pequeño Lautaro, al regreso de la Antártida.

    Tras unos cuantos minutos con esta sensación, en la que se palpa el peligro, vamos bajando cota y aparece ante nosotros la pequeña pista de aterrizaje. ¡Puff! ¡Qué tremendo!, ¡Qué bamboleos! Parece de papel, una avioneta de papel… ¡qué frágil! Directos hacia fuera de la pista, parece que nos vamos a estrellar… Sudores fríos recorren mi cuerpo completamente. Me temo lo peor… Nos aproximamos y entramos en la pista de lado. El piloto logra controlarla. ¡Conseguido! Fantástico aterrizaje en tan duras condiciones. Estamos a salvo, podemos continuar con la expedición.
  • Ya en Islandia. Hoy hablamos de su clima y población

    Completamos ayer el viaje hasta Reykiavik, la capital islandesa, sin novedad. ¡Fantástico recibimiento: la nieve nos vino a saludar! Hoy trataremos de llegar hasta nuestro glaciar o aproximarnos a él lo más posible. Primero será con una avioneta hasta Höfn, una pequeña ciudad ubicada al sureste de la isla. Después, una vez en Höfn con un todoterreno nos desplazaremos hasta nuestro glaciar.

    Si estuviera despejado podríamos disfrutar del paisaje durante el vuelo, pero de momento por aquí llueve. Tenemos 3ºC y lluvia…Me estoy empezando a acordar de las mojaduras interminables de la última campaña antártica y patagónica. ¡Ojalá cambie y podamos hacer más confortables el trabajo!



    Mientras completamos hoy nuestro viaje, aprovechad vosotros para aprender alguna cosa más de Islandia. “¿Qué clima tiene?”, os estaréis preguntando. Para entenderlo bien pensemos que se encuentra ubicada en el Océano Atlántico, justo al sur del Círculo Polar Ártico, como os contaba ayer. Esta zona norte se ve afectada por las corrientes árticas, sin embargo las costas del sur debido a la corriente cálida del Atlántico Norte tienen un clima con veranos suaves y breves e inviernos también suaves -a pesar de una latitud tan elevada-. Esta es la razón que hace que sus temperaturas medias sean mayores que las que se presentan en latitudes similares en otros lugares de la tierra. Si queréis os voy a dar algunos datos para que os hagáis una idea más exacta de las temperaturas. En el sur la media en inviernos es de -3ºC en las zonas costeras y de -10ºC en las montañosas. Mientras en el norte encontramos valores entre -25ºC y -30ºC. Y la media en el mes de julio en la parte meridional es de 10-13ºC.

    Por tanto las costas islandesas son un entorno habitable a pesar de su cercanía al Ártico. Las tierras del interior de Islandia son las más frías de toda la isla, ya que pierden ese efecto de la corriente cálida. Comparando la costa sur y la norte encontramos que la primera es más cálida, húmeda y ventosa que la segunda.



    Y, ¿cómo está repartida la población? Esto es muy curioso, ¡escuchad! Imaginémonos Islandia, esta gran isla con una extensión de 103.000 kilómetros cuadrados (algo mayor que  nuestra Andalucía), y sin embargo su población es de poco más de 300.000 habitantes, de los que más de 200.000 se encuentran en la capital Reykiavik y su entorno metropolitano. Akureyri, una ciudad costera en el norte de la isla, alcanza casi los 20.000 habitantes y tras ella sólo cinco ciudades más pasan los 10.000. El resto de población se encuentra distribuida por la isla en pequeñas ciudades, pueblos y granjas. Hay grandes áreas prácticamente deshabitadas, por lo que Islandia es una especie de paraíso para los amantes de la naturaleza.

    La agricultura está muy condicionada por el clima. Los principales cultivos son las patatas y los cereales, que se utilizan para alimentación humana y para elaborar heno y piensos destinados al ganado ovino y bovino. Pero la actividad más destacada y la base de la economía de la isla es la pesca. Las principales capturas son de bacalao, arenque, abadejo y pescadilla y en las aguas interiores hay salmones y truchas. Además el procesamiento de la pesca constituye la base de la industria islandesa.



    La obtención de la energía de las aguas termales, que sirve para la calefacción y la producción de electricidad, constituye la segunda industria del país. Es lógico pensar al ver la descripción geológica de Islandia que la naturaleza volcánica marque buena parte de la vida económica y social del país.



    • Ya en Islandia. Hoy hablamos de su clima y población
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  • Islandia, un verdadero contraste entre el hielo y fuego

    Estamos en el aeropuerto de Ámsterdam en Holanda, a la espera de nuestro siguiente vuelo que nos llevará hasta Reykiavik. Aprovecho estas horas de espera para hablaros un poco de Islandia, este país tan peculiar. Vamos a ver porqué.

    Es una especie de enorme meseta con una altitud media de 500 metros. Una gran cantidad de fiordos recortan su costa, sobre todo al noroeste. Pero, ¿qué es lo que hace que Islandia sea tan especial? Esta isla se encuentra entre la  separación de las placas tectónicas Euroasiática y Norteamericana, en lo que se llama rift. En concreto, forma parte de la llamada Dorsal Mesoatlántica, que es la cordillera a lo largo de la cual la corteza oceánica se forma y se propaga. Además la isla se ubica sobre una gigantesca caldera magmática, donde se va acumulando el magma bajo la corteza terrestre. Es por tanto una isla de origen volcánico y hay una alta actividad geológica. Por otro lado, debido a la latitud elevada, tiene una gran extensión cubierta por glaciares, en concreto el 12% de la totalidad de la isla. ¿Os imagináis los efectos tan brutales que se producen cuando se enfrentan los dos elementos: fuego y hielo? Os hablaré de ello alguno de estos días.



    Este rift o separación de las dos placas continentales cruza a Islandia de suroeste a noreste. ¿Sabéis que se separa 3,5 centímetros al año? Muy significativo y asociado al rift son los volcanes activos que hay. En Islandia tiene lugar una erupción volcánica como media, cada cuatro años. La última, la del Eyjafjalla la primavera del año pasado.

    Los volcanes más importantes son el Hekla con 1477 metros de altitud y Laki. Este último es el volcán de fisura más largo del mundo, tiene 25 kilómetros de longitud y más de cien cráteres.



    En el interior de Islandia hay grandes extensiones desérticas de basalto, de coladas de lavas petrificadas procedentes de diferentes erupciones, de cenizas y en general de todo tipo de rocas volcánicas. Podéis observar todos estos elementos en estas fotos que os dejo: subiendo al Hekla veis la cantidad de cenizas volcánicas que cubren todo, en la panorámica de Laki comprobáis como se pierde la vista con esta extensión kilométrica del volcán de fisura, y en la de detalle observáis cómo son las coladas de lava. Fijaros que aquí todo es… podríamos decir que “a lo grande”. Iros acostumbrando a eso por estas tierras.





    Os hablaba más arriba sobre la latitud elevada de este país. Fijaros que la parte más septentrional de la isla, casi toca el Círculo Polar Ártico que es el paralelo ubicado a latitud 66º 33’ N. En verano, en latitudes superiores a dicho paralelo hay luz durante las 24 horas del día… luego en invierno noche durante las 24 horas. De alguna manera se dice que la duración del día es de 6 meses y la de la noche otros tantos. Aquí, como prácticamente alcanzamos dicho círculo Polar, no son 24 horas con luz, pero casi. Eso es en verano, ahora estamos en la primavera, así que tendremos algunas horas de noche, ya que estamos en el cambio de la noche casi completa al día total.
    • Islandia, un verdadero contraste entre el hielo y fuego
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  • Hemisferio sur, hemisferio norte


    Hoy en día tenemos el GPS para poder orientarnos perfectamente en campo, además de un montón de aplicaciones muy útiles que dispone para los que lo tenemos que utilizar como apoyo de trabajo. Antes del GPS se utilizaba más la brújula… pero lo que sí está claro es que debemos de tener unas nociones mínimas de orientación. Os hablo un poquito de ello.

    Por la noche, guiarnos por las estrellas es fácil. Si estamos en el hemisferio norte, tenemos la ventaja de contar con la estrella Polar, que indica siempre el norte. Esta estrella es la cola de la Osa Menor. Podemos localizarla así directamente o utilizando la Osa Mayor. Para ello tomamos la distancia que hay entre las dos estrellas frontales de la Osa Mayor y la prolongamos cuatro veces hacia Casiopea. Así se encontraría la cola de la Osa Menor, por tanto nuestra estrella Polar.

    En el hemisferio sur lo que hacemos es utilizar la Cruz del Sur y las Guardas. La Cruz del Sur es una constelación con forma de rombo y las Gurdas son un par de estrellas muy brillantes que tiene próximas. Para buscar el sur, se traza la diagonal principal del rombo que forman las cuatro estrellas de la Cruz del Sur, se busca el punto de intersección con la perpendicular trazada en el punto medio de la recta que une las dos Guardas... y ahí está el Sur.

    Hablando de la noche y los dos hemisferios, ¿sabéis que la luna en el hemisferio sur “no es mentirosa”? Cuando tiene forma de C es creciente y cuando dibuja una D es decreciente, a diferencia de lo que ocurre en el Hemisferio Norte.

    Durante el día nuestro gran aliado para orientarnos es el Sol. Sabéis que es La Tierra la que gira, pero como nuestro punto de observación está en La Tierra, nuestra sensación es que el Sol es el que se desplaza. Una vez que hemos recordado esto, pensamos que el Sol lo vemos salir por el Este y ponerse por el Oeste. Siempre, hemisferio Norte y hemisferio Sur. Somos conscientes también que los puntos por los que sale y se pone van variando a lo largo de las estaciones.

    La diferencia en el recorrido de Este a Oeste en ambos hemisferios es que en el Norte esta trayectoria la vemos por el Sur, proyectando las sombras por tanto hacia el Norte, mientras que en el hemisferio Sur vemos al Sol moverse de Este a Oeste por el Norte. En este caso las sombras se proyectan hacia el Sur. Por eso en el hemisferio Norte las calles más frías en la ciudad, las zonas de los troncos de los árboles y piedras donde sale el musgo con mayor facilidad son las que quedan al Norte, mientras que en el Sur son las orientadas al Sur.

    Esa aparente diferencial en la trayectoria vista desde los dos hemisferios, podemos expresarla de esta otra manera: en el hemisferio norte mirando hacia el sur, vemos al sol salir desde nuestra izquierda y meterse por nuestra derecha. En el hemisferio sur, mirando al sol en su trayectoria por el norte, lo vemos salir por nuestra derecha y ponerse por nuestra izquierda. Pero no os olvidéis que en ambos casos, sale por el Este y se pone siempre por el Oeste.

    Cuando amanece las sombras son largas y según transcurre el día se van acortando, hasta alcanzar su menor proyección que corresponde a mediodía, pues es cuando el sol está en su posición más alta. A partir de ahí, de nuevo las sombras comienzan a alargarse hasta la puesta de sol.

    Os propongo un juego. En un día que tengáis despajado, clavad un palo en el suelo y observad estas diferencias que os digo de la sombra a lo largo del día. Tratad de localizar el norte y sur, cuando tengáis la sombra más corta. Tomadas estas referencias en el lugar en el que vivís, a ver si al andar por la calle y con la observación de las sombras, sois capaces de saber hacia dónde se ubican los puntos cardinales.

    Y cuando salgáis al campo de noche –porque en la ciudad con las luces no es posible- ayudados de las estrellas localizáis el norte y como consecuencia el resto de los puntos cardinales. Contadme después que tal os manejáis con la orientación, tanto de día como de noche.

    Expedicionarios, una pregunta tengo para vosotros, ¿por qué al ver este árbol caído sabemos que estamos en el hemisferio Sur?


    • Hemisferio sur, hemisferio norte

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