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Blog: Karmenka desde los Polos

  • Nos ponemos en ruta

    (Crónica recibida por teléfono satelital, Fotos: Archivo GLACKMA)

    Concluida la instalación de la nueva estación, las sondas antiguas funcionando perfectamente, la serie de datos -almacenados durante el año- extraída con éxito, llenos de felicidad por lo conseguido, con unos días de margen hasta nuestro regreso, un coche en las manos y en medio de este país con una naturaleza tan espectacular… ¿qué otra cosa podemos hacer sino es recorrer algunos lugares de la isla?


    Prácticamente conocemos todas las carreteras, pistas, caminos… ya que llevamos haciendo expediciones a este país durante años, y cuando nos ha quedado tiempo disponible hemos aprovechado para recorrer y aprender. Porque andar por Islandia es cómo ir pasando página tras página de un maravilloso libro de geología. Observando, teniendo interés, curiosidad y leyendo se puede aprender un montón aquí.


    Os confieso que ha sido viajando por este país, donde me he aficionado a la geología. De pequeña era ya una verdadera amante de la naturaleza, de las exploraciones, de lo desconocido… pero con Islandia aprendí a leer en campo y a aficionarme por la geología. Adolfo fue un gran maestro en esta faceta. Recuerdo que le pedía siempre que todo lo que viese o analizase o pensase -según iba observando lo que tenía delante- que lo fuera contando en voz alta. Mi interés fue tal que siendo ya profesora de matemáticas en la universidad, realicé varios cursos en la licenciatura de geología primero e ingeniería geológica después. De esta manera logré completar mi formación para la investigación que actualmente llevo a cabo en el mundo de la glaciología.


     Os decía más arriba que conocemos prácticamente todos los rincones, pero siempre ha sido en verano. Sólo una vez estuvimos en pleno invierno, cuando las condiciones de nieve, hielo y noche polar no permitían moverse demasiado. Y ahora, es la primera vez que estamos en este país en la primavera. Es por tanto muy interesante para nosotros explorar en esta estación alguna de las zonas que tanto conocemos por aquí.


    Comenzamos nuestra ruta ascendiendo hacia el norte por el este. Una parte del recorrido la hacemos por la carretera de circunvalación asfaltada, pero en cuanto podemos nos metemos por las pistas interiores. La primera gran diferencia que encontramos es la nieve que hay todavía. Y es que realmente el país queda completamente cubierto de blanco en invierno y ahora va fundiéndose poco a poco. De hecho, lo que en verano es hierba y tundra cubriendo todo con una especie de tapiz de tonos verdosos, ahora es completamente marrón. Según se va fundiendo la nieve aparece debajo la vegetación, quemada por el frío. Se irá recuperando poco a poco hasta volver a adquirir en la época estival, ese tono verdoso típico de Islandia.


    La carretera de circunvalación como va prácticamente a nivel del mar, está libre de nieve, pero en cuanto ganamos unas decenas de metros de cota ya está todo cubierto de nieve e incluso hielo. En las ruedas del coche tenemos clavos, así con el hielo no hay problema. Con lo que tenemos que tener cuidado son con las zonas de nieve acumulada, los ventisqueros y en los puntos donde la nieve se va fundiendo. De manera que la precaución habitual que hay que tener en verano con los vadeos de ríos –algunos muy caudalosos-, ahora hay que completarla en otras facetas. De hecho en muchas de las pistas, nos encontramos con el cartel de “cortado o intransitable”.

    Hablando de ríos os adelanto que son muy numerosos y bastante caudalosos debido a las importantes precipitaciones y al deshielo de los glaciares. Sin embargo ninguno es navegable debido a las rápidas corrientes. Casi todos son turbios ya que van cargados de detritos y el color de las aguas es lechoso –el típico de las aguas provenientes de glaciares-.


    Intentamos transitar por una pista que avanza junto al Jökulsá Á Fjöllum, que es el segundo río más largo de Islandia -206 kilómetros- y cuenta con la mayor cuenca -7.750 kilómetros cuadrados-. A pesar de ello no es más que el cuarto más caudaloso, ya que la región que recorre es una de las más secas del interior de Islandia. Tiene una impresionante cascada, Dettifoss, de 45 metros de altura y 100 metros de ancho, con una media anual de caudal de 193 metros cúbicos por segundo. ¡Son cifras impresionantes!

    No logramos llegar hasta ella ahora, todo queda en un intento fallido. La pista está cortada por grandes acumulaciones de nieve en las zonas más altas y por enormes torrentes que la atraviesan. Pero al menos disfrutamos del paisaje primaveral islandés, que para nosotros en España sería más que invernal. Las fotografías que os dejo son de la época de verano, de una de nuestras expediciones anteriores.

  • Yo no me doy por vencida…

    (crónica recibida por teléfono satelital, Fotos: Archivo Glackma)

    Al meterme en el saco, calentita, seca y confortable, mi mente va quedando preparada para hacer un poco de introspección antes de dormir y analizar el día. Lo primero que percibo son sentimientos enfrentados, por un lado la alegría de tener la nueva estación ya instalada funcionando perfectamente y además muy bien instalada. Por otro lado la profunda tristeza de no tener las sondas antiguas funcionando. Hay tanto esfuerzo continuo -año tras año- detrás de cada una de las estaciones que tenemos en GLACKMA… Hay mucho trabajo detrás, mucho sacrificio personal… Y es tan importante para lo que estamos haciendo, no tener laguna de datos en las series temporales que registramos… Me va invadiendo poco a poco una tristeza demasiado oscura, fría… la percibo agarrada en lo más profundo de mi corazón, como si fuera  interminable. ¡No, no puedo consentir quedarme dormida con esas sensaciones! 

    Empiezo entonces a dirigir mi mente hacia sentimientos positivos. Ha sido una verdadera suerte el haber venido ahora para hacer la reinstalación. Si hubiéramos esperado hasta la próxima primavera –tal y como estaba previsto inicialmente- la laguna de datos hubiera sido mucho mayor. El esfuerzo y sacrifico realizados al tomar la rápida determinación de venir ya –sin haber podido descansar de las campañas antártica y patagónica- han merecido la pena. La estación que hemos puesto ha quedado perfecta, las sondas son mucho más resistentes a las inclemencias del tiempo, la memoria de almacenaje de datos es muchísimo mayor y nos va a permitir poder distanciar las salidas de campo. Lo que repercutirá directamente en el trabajo acumulado de gabinete, que lo vamos a poder ir actualizando poco a poco.

    Con respecto a la estación antigua, trataremos de soltarla mañana y la llevaremos con nosotros. Se la mandaremos después a la fábrica alemana y a lo mejor pueden salvar datos almacenados. Quizás está funcionando y el problema es sólo de la conexión con el ordenador. De todas maneras mañana –ya con la luz del día- voy a hacer un montón de intentos. Cambiaré el software para la sonda en el ordenador, reinstalaré el programa, probaré con la PDA, buscaré una pila nueva para el cable de conexión… Agotaré todas las opciones. Si en Patagonia fui capaz de recorrer 60 kilómetros en un día para intentar otras alternativas, aquí que lo tengo todo al lado, os podéis imaginar que agotaré todas las opciones imaginables y casi diría yo, inimaginables.

    Con esos sentimientos positivos, me quedo tranquila y dormida. Al día siguiente, comienzan mis pruebas… sin resultado alguno. Sólo me queda pendiente la última alternativa, cambiar la pila del cable de conexión. Cogemos el coche y nos vamos hasta Höfn a buscar la pila necesaria. Regresamos y ya casi al oscurecer estamos de nuevo junto a nuestra estación. Saco el ordenador, pruebo de nuevo… y ¡nada!, la sonda no funciona o sigo sin poder hacer la conexión entre ella y el ordenador.

    Así como estas sondas alemanas son muy resistentes a las inclemencias de tiempo a las que están expuestas, el software lo he encontrado siempre muy débil, muchos puntos mejorables he ido encontrando a lo largo de todos estos años. A modo de robot -siguiendo el protocolo imaginario que establecí anoche, para agotar todas las posibles alternativas- comienzo de nuevo a cambiar el programa, reinstalando las diversas versiones que han ido sacando a lo largo de estos años. ¡No logro nada! Me siento como una hormiguita tratando de derribar un muro enorme.

    Siguiendo mi esquema, dejo el ordenador y trabajo con la PDA. ¡Nada, nada, nada! Cierro el programa, lo abro de nuevo, apago la PDA, la enciendo… no os podéis imaginar la cantidad de intentos realizados y por tanto la cantidad de resultados fallidos acumulados… Y de repente, ¡conseguido!, ¡sí, sí!, hago conexión… Trabajando con un cuidado exquisito, como si se me fuera a romper lo que tengo entre mis manos, miro a ver si hay datos almacenados… ¡sí, está la serie completa! Mis ojos se abren al máximo, mi respiración casi se detiene. “¿Lo conseguiste?”, me pregunta Adolfo. “Puede que sí…, espera”, le digo. Casi temblando, doy la orden para extraer todos los datos almacenados en la sonda. Mientras tiene lugar la operación noto que mi corazón casi se va a salir del tórax… No puedo describir la alegría que sentí cuando el fichero de datos estaba bajado por completo en mi agenda. “¡Sí, sí, sí, lo tenemos! Conseguido. No hay laguna de datos” grito con fuerza. No me lo podía creer. En mi cara se dibuja una sonrisa enorme, si existiera diría que es una sonrisa infinita…

    Buscando alguna foto para acompañaros este artículo, os dejo dos paisajes invernales islandeses (son de hace dos años en diciembre). En medio del frío, del hielo, de la noche polar, una tenue luz de amanecer nos anuncia que un nuevo día comienza con cuatro horas de luz por delante… toda una esperanza. De la misma manera os puedo asegurar, que en medio de todos los contratiempos, de todas las adversidades… yo no me doy por vencida.
  • Reinstalada la estación CPE-KVIA-64ºN

    (Crónica recibida por teléfono satelital, Fotos: Archivo GLACKMA)

    Tenemos suerte y el río viene con menos caudal del que podría llevar. Sí, fijaros que aún así os decía ayer, que el agua en el punto de la instalación me llega a la altura de los hombros. Un poco más y no podría trabajar aquí. En verano lleva muchísimo más caudal y ahora en primavera es más aleatorio.

    Antes de venir, estuvimos analizando con detalle las series de datos de años anteriores, para seleccionar un buen momento que nos permitiera hacer la instalación. A la única conclusión a la que llegamos es que debía ser la primavera, sabiendo que después íbamos a necesitar un factor de suerte. Y es que analizando las series anuales con detalle, en esta época puede pasar de menos a más caudal en tan sólo unos días. Y a continuación volver a disminuir y aumentar de nuevo. Es una época con muchas oscilaciones.

    Evidente que mucho menos caudal hay en invierno. En esta estación estuvimos en una ocasión, el problema ahí es la cantidad de hielo que hay que dificultaría mucho nuestro trabajo en el borde del río, pero sobre todo las pocas horas de luz. Teníamos solamente 4 horas contando la penumbra del atardecer y del amanecer.

    La mejor opción por tanto, venir en la primavera con días suficientes para tratar de encontrar algún momento con un caudal más bajo que nos permita el trabajo. De momento parece que está a nuestro favor. A ver si nos da tiempo a hacer la instalación antes de que suba el nivel. 

    El agua que me ha entrado en el traje está fría y siento como -sobre todo mis pies- poco a poco van perdiendo la sensibilidad. Tenemos una ventaja a la hora de fijar el carril metálico a la pared, y es que al ser de hormigón –recordemos que es un antiguo pilón del viejo puente- es bastante regular. De manera que los problemas que nos encontramos habitualmente al trabajar en paredes de roca, aquí no los tenemos.

    Avanzamos bastante bien con el trabajo. Realmente se nota la experiencia que vamos cogiendo con este tipo de instalaciones. Metida en el río con el agua hasta los hombros, los pies sin tacto alguno, la taladradora en las manos y todas las herramientas frente a mí, pienso que cualquiera diría que soy profesora de matemáticas. Os puedo asegurar que una de las cosas que he aprendido en las expediciones, es que tienes que ser una especie de todo-terreno, tienes que ser capaz de tener autonomía en todas las facetas posibles, cuanto más variadas mejor.

    ¡Vaya! El viento vuelve a soplar con fuerza. Una racha que comienza con gran violencia, me lleva mis guantes de trabajo al río. Puedo salvar uno, el otro no logro alcanzarlo a tiempo, ha sido ya arrastrado por la corriente del río. Los había sacado mientras tenía que trabajar con las manos bajo el agua, para evitar tenerlos mojados… y ahora ni mojados, ni secos, uno ya no lo tengo. Con el frío, el viento y el polvillo de las perforaciones en la pared las manos sufren bastante y la protección de los guantes me ayuda mucho.

    Adolfo, desde arriba del pilón, protege todas las herramientas y el material de instalación, parece que el viento va adquiriendo cada vez más fuerza. Nos vemos obligados a disminuir el ritmo de trabajo, pero tenemos que continuar, por lo menos hasta dejar la estación medio presentada.

    Una de las veces en las que estaba en el borde del pilón -fuera del río, haciendo una sujeción- surgió una racha violenta de viento que me hizo perder el equilibrio. Por salvar una de las herramientas, caigo yo al agua. Menos mal que conocía bien como es el fondo del río en la zona de trabajo y gracias a eso evito golpearme con las piedras del fondo. Recordad que a través del agua –completamente opalina- no se llega a ver nada. 

    Termina el día y lo más fundamental de la nueva instalación queda hecho. Al día siguiente completamos el trabajo y los detalles más delicados. Se nos mantiene también sin llover y el viento ha aflojado un poco. El río ha comenzado a subir de nivel, pero ya nuestro trabajo es sobre el pilón. Finaliza el día y ya tenemos funcionando la nueva estación CPE-KVIA-64ºN de GLACKMA, que reemplaza a la anterior.

    Ya casi en penumbra ha llegado el momento de la verdad. Mirar a ver si la antigua estación está funcionando. Cojo el ordenador, el cable de conexión, abro la tapa para acceder al lector de una de las sondas antiguas y… En mi mente pasó rápidamente a modo de película todo lo vivido recientemente en Patagonia: la sonda con la que no pudimos conectar, la caminata después por la montaña de 60 kilómetros para tratar de hacer otra prueba cambiando el software del ordenador… y la tristeza al ver que no era posible. Todos los medios y el esfuerzo personal para nada… Percibí de nuevo cercana la tristeza que me invadió entonces. Cuando tenía que regresar los 30 kilómetros de camino, después de no haber conseguido nada, teniendo que sacar fuerzas de donde no había… Todo esto pasó en unos minutos por mi mente mientras el ordenador se encendía.

    Mi mano hace la conexión del cable y el lector, “¿qué ocurrirá ahora? Esta sonda es de la misma hornada que la de Patagonia. Son las dos estaciones que nos quedaban por reinstalar para sustituir las sondas más antiguas. En principio les quedaban unos 3 años de vida… Pero, ¿por qué aquella falló?, ¿estará esta igual?” Todos esos pensamientos pululan por mi cabeza, mientras el corazón late con fuerza, se me acelera el pulso… y de repente toda la alegría de tener la nueva estación reinstalada se disipa, como si una racha de viento la arrancara de mi interior. ¡No puedo hacer conexión con el ordenador y la sonda! ¡No puedo! De repente un silencio hondo me invade, mientras intento e intento. ¡No es posible, no lo es!
  • Comenzamos la instalación

    (Crónica recibida por teléfono satelital, Fotos: Archivo GLACKMA)

    Durante el primer día el viento continúa soplando con fuerza y nos impide ponernos con los trabajos de instalación. En principio tenemos margen de días, así que podemos esperar a tener mejores condiciones. De hecho, al organizar el viaje desde España, ya consideramos poder andar holgados con los días, para no llevarnos la desagradable sorpresa de -apurando en tiempo- comprobar después que cualquier pequeño imprevisto no nos deja terminar adecuadamente el trabajo.

    Al día siguiente el viento amaina un poco, y decidimos comenzar a preparar el material, mientras vemos cómo va evolucionando según avanzan las horas. A pesar de que es más flojo, continúa soplando con fuerza y tenemos que ser muy cuidadosos al desembalar y preparar el material de trabajo y las herramientas. Cualquier pequeño descuido haría que salieran volando.

    Tenemos todo listo para comenzar. Aunque amaneció bastante despejado se ha ido cubriendo poco a poco y parece que antes de que finalice el día la lluvia vendrá a saludarnos. Sin embargo, como parece que aún tendremos unas cuantas horas, decidimos comenzar la instalación.

    Llevamos todo el material hasta el borde del río donde vamos a trabajar, y ahí lo vamos dejando a mano, pero a la vez protegido del viento. Se trata de un bloque de hormigón de un antiguo pilón del puente de la vieja carretera. Es justo en el lugar donde tenemos la actual estación instalada. Es un lugar muy bueno ya que se trata de un punto aguas abajo del río, una vez que se han integrado las diversas salidas de agua que hay en el frente del glaciar. Se trata de un glaciar de valle muy bien encajado en él, de manera que tenemos perfectamente definida la cuenca de hielo que drena a nuestro río.

    Además es un lugar idóneo, ya que es una zona en la que el río está encajado en su lecho y por tanto se asegura la circulación de agua por este lugar en años sucesivos. Imaginaros que instalamos la estación en un lugar del río y al cabo de los años, el agua cambia su curso y la estación nos queda fuera del agua. ¡No nos valdría de nada! Y esto pasa muy frecuentemente en ríos provenientes de glaciares. Son muchas cosas a tener en cuenta a la hora de seleccionar un lugar.

    Otro factor importante a la hora de fijarla es que las sondas deben de estar ubicadas en una zona lo más profunda posible, de manera que cuando disminuya el nivel del río en el invierno, no se queden fuera. Y algo también fundamental, que tengamos roca o algo sólido donde poder sujetarla para que no se mueva ni un milímetro, sino nos daría medidas falsas de caudal.

    Realmente no es fácil encontrar un lugar que cumpla todos los requisitos, y por eso al inicio de empezar a trabajar en uno, antes de seleccionar un posible glaciar como estación de medida en GLACKMA, hay una etapa previa de exploración muy importante.

     Comenzamos con la instalación, ¡a ver qué tal se nos da! Me pongo un traje seco para meterme en el río. En la zona donde fijamos las sondas al pilón, el agua me llega por la altura de los hombros. Menos mal que el pilón evita que me dé la corriente del río, sino evidentemente no podría estar ahí metida con esa altura de agua, me arrastraría. Tengo que, con mucha maña, utilizar mis piernas para apartar las piedras del lecho en el lugar donde vamos a fijar el carril metálico con las sondas sujetas.

    La zona por la que entro al río y tengo que recorrer por él hasta aproximarme al lugar donde vamos a fijar la estación, no es nada cómoda. El fondo es muy irregular, hay enormes piedras que han sido arrastradas por la corriente y ello hace que tan pronto me cubra el agua, como pueda apoyarme en alguna y logre sacar parte del tronco fuera. Primero, con ayuda de las piernas, hago un tanteo de la zona bajo el agua, para ver cual va a ser mi entorno de trabajo. No me queda más remedio que utilizar mis piernas tanteando, porque no se ve nada a través del agua. Ni tan siquiera a cinco centímetros por debajo de la superficie se logra ver. El agua es totalmente opalina, debido a la cantidad de materiales de tamaño fino -que arrastra el río- provenientes de la roca de fondo del lecho glaciar.

    Fijaros en un detalle, que ni siquiera he mirado si puedo descargar los datos de la estación antigua. No he chequeado si está funcionando o no. Si lo hago y me ocurre como con la de Patagonia que no logro hacer la conexión, me voy a quedar triste por tener una laguna de datos en la serie temporal. Así que prefiero no pensar en ello ahora, centrarme en la instalación de la nueva, dejarla lo mejor posible y después... ya miraré si funciona o no la vieja. Ya me quedará tiempo de sentir esa tristeza, sin que ello me afecte ahora en el trabajo tan importante que tengo por delante.

    Lo primero que con desagrado compruebo es que el traje -que se suponía que era seco- no lo es. No es completamente seco. Le entra agua y está a casi 0ºC… ¿Aguantaré todo el tiempo trabajando aquí a la intemperie, mojada y encima con el viento soplando? Será fundamental la colaboración de Adolfo desde el exterior, sobre el pilón. Él no tendrá la mojadura del río, pero el viento le azotará más que a mí aquí abajo. Tengo que centrarme en el trabajo y conseguir que quede una buena instalación hecha.
  • Continúa el fuerte viento

    (crónica recibida por el teléfono satelital, fotos: Archivo GLACKMA)

    Tras el aterrizaje, nos localiza Jim, que nos ha traído el coche 4x4 que vamos a alquilar para estos días. Ya nos conoce de otras ocasiones. Para campañas largas en verano solemos viajar con un todoterreno desde España, aprovechando así para traer todo el material necesario. Pero para cortas campañas, solemos combinar viaje en avión, avioneta y coche alquilado -como realizamos en esta ocasión-, de manera que Jim ya es un conocido nuestro.

    Nos acercamos en primer lugar hasta la pequeña ciudad –son en torno a 1000 los habitantes- que aquí en Islandia es una población considerable. Necesitamos comprar víveres para los próximos días, ya que después hacia el glaciar donde vamos tenemos que ser completamente autónomos.

    Nos ponemos rumbo al casquete glaciar Vatnajökull, por el sur, para alcanzar nuestro glaciar. Está bastante nublado y las capas de nubes son bajas, pero en ocasiones nos dejan ver que está todo cubierto de nieve en cuanto se asciende algunos metros sobre el nivel del mar. La carretera la tenemos bien, ya que va justo por la costa, bordeando el sur de la isla. Se trata de la única carretera que circunvala el país, quedando algunos tramos todavía sin asfaltar. El resto son pistas –sin asfaltar, por supuesto- y teniendo que vadear ríos en su recorrido, por lo que aquí es fundamental un 4x4.

    Al final del día llegamos a nuestro glaciar, pero no nos detenemos, continuamos avanzando unos kilómetros más, hasta una granja donde nos tienen recogido parte del material. Tenemos ahí la tienda de campaña, material de campamento y algunas herramientas. Todavía no se han ido a dormir, los saludamos, subimos nuestro material almacenado al coche y regresamos a nuestro glaciar.

    Empieza ya a anochecer. Tendremos el tiempo justo para montar la tienda y prepararemos algo para cenar. Algún bocadillo será. Ya mañana con el día, sacaremos todo lo de cocinar para hacer un desayuno caliente.

    Entramos con el coche en la tundra, donde conocemos un lugar recogido de otros años, para montar el campamento. El viento continua soplando con fuerza. Nos ha venido acompañando todo el camino desde Höfn y no ha cesado. De hecho, había que prestar mucha atención en la conducción, ya que fuertes rachas, bamboleaban el coche cada poco.

    ¡Imposible montar la tienda! Saldría volando y nos quedaríamos sin ella. Ni siquiera en el lugar protegido que conocemos. Es fortísimo y racheado. No tenemos otra alternativa más que dormir en el coche. Sacamos los sacos de dormir para no quedarnos fríos, reclinamos lo que podemos los asientos delanteros y nos acomodamos para pasar la noche.

    A las 2 ó 3 horas, me despierto de golpe y preocupada. Estaba soñando que navegaba, cruzando un mar con enormes olas que bamboleaban el barco… No, no es la realidad, pero casi. Estaba dentro del coche, pero el viento lo movía y sacudía con tal fuerza que parecía que iba a volcar. Inmediatamente recordé el vuelo unas horas antes, en lo que parecía una avioneta de papel. Se me vino a la mente también, allá en el camarote del Lautaro, agarrada a la litera para no salir despedida mientras atravesábamos el Drake. Y de repente recordé lo que algunos amigos islandeses nos han contado, que aquí en ocasiones el viento es tan fuerte que llega a volcar los coches.

    Con todos estos pensamientos estuvo mi mente entretenida unas horas, hasta que el cansancio y seguramente el acostumbrarme al bamboleo del vehículo, hicieron que pudiera dormir un rato más.
  • Una frágil avioneta de papel

    (Crónica recibida por teléfono satelital, fotos: Archivo GLACKMA)

    Subimos a una avioneta Cesna en el pequeño aeropuerto interno de Reykiavik. Está nublado, no vamos a poder ver mucho desde el aire. En cuanto nos alejamos de la zona costera y entramos algo al interior, entre nube y nube observamos que hay bastante nieve todavía. Cruzamos desde la capital islandesa situada al suroeste de la isla hasta Höfn, al sureste.

    Atravesamos por tanto la parte sur de Islandia, sobrevolando cerca del casquete glaciar Eyjafjallajökull –bajo el que tuvo lugar la erupción del volcán Eyjafjalla el año pasado-. Este casquete glaciar es pequeño, apenas tiene una superficie de 100 km2, y justo a su lado hacia el este se encuentra el Myrdalsjökull algo mayor, unos 300 km2. Pero si seguimos avanzando hacia el noreste nos encontramos con el gran Vatnajökull, que como os decía ayer tiene una extensión de unos 8300 km2 y es el glaciar más grande de Europa. Al sureste de este enorme casquete es donde tenemos seleccionada nuestra lengua glaciar Kviarjökull de 13 km2, en el que está instalada la estación de registro de descarga glaciar. Una ayudita aquí, veteranos expedicionarios, contadle a los demás porqué hemos seleccionado una lengua glaciar pequeña y no trabajamos en todo el Vatnajökull.

    Habitualmente la pequeña avioneta sobrevuela el sur de este enorme casquete glaciar en su ruta a Höfn, pero en esta ocasión lo bordeamos, dejándolo a nuestra izquierda y avanzando justo sobre la costa del sur de la isla. ¿Por qué razón? Vientos muy fuertes dominan toda la superficie del Vatnajökull. Son los llamados vientos catabáticos. Este tipo de viento, que puede llegar a alcanzar velocidades altísimas y racheadas, es propio de los glaciares. El aire más frío, que sabéis que es más denso, va adquiriendo velocidad por la pendiente del glaciar y como no encuentra ningún obstáculo, llega a alcanzar velocidades muy altas. Esta velocidad la mantiene mientras siga en contacto con el hielo, pues continua frío y por tanto más denso.

    Al estar ya próximos a Höfn, la pequeña avioneta tiene que adentrarse hacia el interior, abandonando la costa… y ¿qué ocurrió? El viento a su capricho nos bamboleaba hacia todos lados. Tenía la sensación de estar subida a una frágil avioneta de papel, que parecía iba a rasgarse en cualquier momento o a ser tragada por los vientos hacia no sé dónde. Rápidamente a mi mente regresaron las sensaciones de tan sólo hace un mes, cruzando el temido Drake en el pequeño Lautaro, al regreso de la Antártida.

    Tras unos cuantos minutos con esta sensación, en la que se palpa el peligro, vamos bajando cota y aparece ante nosotros la pequeña pista de aterrizaje. ¡Puff! ¡Qué tremendo!, ¡Qué bamboleos! Parece de papel, una avioneta de papel… ¡qué frágil! Directos hacia fuera de la pista, parece que nos vamos a estrellar… Sudores fríos recorren mi cuerpo completamente. Me temo lo peor… Nos aproximamos y entramos en la pista de lado. El piloto logra controlarla. ¡Conseguido! Fantástico aterrizaje en tan duras condiciones. Estamos a salvo, podemos continuar con la expedición.
  • Expedicionarios de Salamanca, os encargo una misión

    (crónica recibida por teléfono satelital, Fotos: Archivo GLACKMA)

    Mis amigos expedicionarios de Salamanca, me vais a ayudar un poco en esta nueva expedición. Yo estoy ya “alejada” de la civilización y mi única comunicación con vosotros y con el Blog es a través del teléfono satelital. Eso significa que yo envío los textos para los nuevos artículos a Gildo –de quien virtualmente ya habéis oído hablar- y él acompañándolos con fotos del archivo de GLACKMA os los va subiendo.



    Evidentemente yo no podré ver nada del Blog hasta el regreso, no podré disfrutar de vuestros comentarios hasta entonces… Pero lo que me preocupa ahora es que durante estas últimas semanas se han ido incorporando al Blog una buena cantidad de usuarios, unos más jovencillos como vosotros y otros mayores. Me preocupa que durante estos días, yo no voy a poder aclarar las dudas que tengan con respecto al trabajo que hacemos. Sin embargo tenemos una ventaja, que vosotros sois ya unos expedicionarios con experiencia, pues venís de la Antártida y Patagonia. Os voy a pedir ayuda. Vais a trabajar en equipo conmigo.
    “¿Cómo?”, os estaréis preguntando. Vais a ir contestando vosotros a las dudas que tengan, a las preguntas que hagan, a sus curiosidades sobre nuestro trabajo. ¿Os parece? Para que os estrenéis os encargo la primera intervención. Vais a contarles a todos qué es lo que venimos a hacer a Islandia, qué mide la estación que tenemos aquí, cómo son esas mediciones, cuántas estaciones tenemos en GLACKMA, desde cuando llevamos trabajando, para que vale lo que hacemos… Lo dejo en vuestras manos, ayudantes, imaginaros que alguien se une por primera vez a esta expedición virtual… y no sabe nada. ¿Qué le diríais, qué presentación le haríais?



    Lo único que necesitáis saber para ello es que donde estamos trabajando en Islandia es en la lengua glaciar Kviarjökull, que pertenece al casquete glaciar Vatnajökull de una extensión de 8300 km2. La estación que tenemos aquí implementada está registrando datos en continuo desde el 2003, aunque de veranos anteriores tenemos también mediciones realizadas durante diversas expediciones. Posteriormente en el 2005 hicimos una reinstalación mejorando el instrumental empleado en la estación de medida.
    A partir de esa pequeña descripción… os toca a vosotros, mis colaboradores expedicionarios de Salamanca. Y después estar atentos a las dudas que les vayan surgiendo a los nuevos.


    ¡Muchas gracias! ¡Suerte en vuestra misión!

  • Ya en Islandia. Hoy hablamos de su clima y población

    Completamos ayer el viaje hasta Reykiavik, la capital islandesa, sin novedad. ¡Fantástico recibimiento: la nieve nos vino a saludar! Hoy trataremos de llegar hasta nuestro glaciar o aproximarnos a él lo más posible. Primero será con una avioneta hasta Höfn, una pequeña ciudad ubicada al sureste de la isla. Después, una vez en Höfn con un todoterreno nos desplazaremos hasta nuestro glaciar.

    Si estuviera despejado podríamos disfrutar del paisaje durante el vuelo, pero de momento por aquí llueve. Tenemos 3ºC y lluvia…Me estoy empezando a acordar de las mojaduras interminables de la última campaña antártica y patagónica. ¡Ojalá cambie y podamos hacer más confortables el trabajo!



    Mientras completamos hoy nuestro viaje, aprovechad vosotros para aprender alguna cosa más de Islandia. “¿Qué clima tiene?”, os estaréis preguntando. Para entenderlo bien pensemos que se encuentra ubicada en el Océano Atlántico, justo al sur del Círculo Polar Ártico, como os contaba ayer. Esta zona norte se ve afectada por las corrientes árticas, sin embargo las costas del sur debido a la corriente cálida del Atlántico Norte tienen un clima con veranos suaves y breves e inviernos también suaves -a pesar de una latitud tan elevada-. Esta es la razón que hace que sus temperaturas medias sean mayores que las que se presentan en latitudes similares en otros lugares de la tierra. Si queréis os voy a dar algunos datos para que os hagáis una idea más exacta de las temperaturas. En el sur la media en inviernos es de -3ºC en las zonas costeras y de -10ºC en las montañosas. Mientras en el norte encontramos valores entre -25ºC y -30ºC. Y la media en el mes de julio en la parte meridional es de 10-13ºC.

    Por tanto las costas islandesas son un entorno habitable a pesar de su cercanía al Ártico. Las tierras del interior de Islandia son las más frías de toda la isla, ya que pierden ese efecto de la corriente cálida. Comparando la costa sur y la norte encontramos que la primera es más cálida, húmeda y ventosa que la segunda.



    Y, ¿cómo está repartida la población? Esto es muy curioso, ¡escuchad! Imaginémonos Islandia, esta gran isla con una extensión de 103.000 kilómetros cuadrados (algo mayor que  nuestra Andalucía), y sin embargo su población es de poco más de 300.000 habitantes, de los que más de 200.000 se encuentran en la capital Reykiavik y su entorno metropolitano. Akureyri, una ciudad costera en el norte de la isla, alcanza casi los 20.000 habitantes y tras ella sólo cinco ciudades más pasan los 10.000. El resto de población se encuentra distribuida por la isla en pequeñas ciudades, pueblos y granjas. Hay grandes áreas prácticamente deshabitadas, por lo que Islandia es una especie de paraíso para los amantes de la naturaleza.

    La agricultura está muy condicionada por el clima. Los principales cultivos son las patatas y los cereales, que se utilizan para alimentación humana y para elaborar heno y piensos destinados al ganado ovino y bovino. Pero la actividad más destacada y la base de la economía de la isla es la pesca. Las principales capturas son de bacalao, arenque, abadejo y pescadilla y en las aguas interiores hay salmones y truchas. Además el procesamiento de la pesca constituye la base de la industria islandesa.



    La obtención de la energía de las aguas termales, que sirve para la calefacción y la producción de electricidad, constituye la segunda industria del país. Es lógico pensar al ver la descripción geológica de Islandia que la naturaleza volcánica marque buena parte de la vida económica y social del país.



    • Ya en Islandia. Hoy hablamos de su clima y población
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  • Islandia, un verdadero contraste entre el hielo y fuego

    Estamos en el aeropuerto de Ámsterdam en Holanda, a la espera de nuestro siguiente vuelo que nos llevará hasta Reykiavik. Aprovecho estas horas de espera para hablaros un poco de Islandia, este país tan peculiar. Vamos a ver porqué.

    Es una especie de enorme meseta con una altitud media de 500 metros. Una gran cantidad de fiordos recortan su costa, sobre todo al noroeste. Pero, ¿qué es lo que hace que Islandia sea tan especial? Esta isla se encuentra entre la  separación de las placas tectónicas Euroasiática y Norteamericana, en lo que se llama rift. En concreto, forma parte de la llamada Dorsal Mesoatlántica, que es la cordillera a lo largo de la cual la corteza oceánica se forma y se propaga. Además la isla se ubica sobre una gigantesca caldera magmática, donde se va acumulando el magma bajo la corteza terrestre. Es por tanto una isla de origen volcánico y hay una alta actividad geológica. Por otro lado, debido a la latitud elevada, tiene una gran extensión cubierta por glaciares, en concreto el 12% de la totalidad de la isla. ¿Os imagináis los efectos tan brutales que se producen cuando se enfrentan los dos elementos: fuego y hielo? Os hablaré de ello alguno de estos días.



    Este rift o separación de las dos placas continentales cruza a Islandia de suroeste a noreste. ¿Sabéis que se separa 3,5 centímetros al año? Muy significativo y asociado al rift son los volcanes activos que hay. En Islandia tiene lugar una erupción volcánica como media, cada cuatro años. La última, la del Eyjafjalla la primavera del año pasado.

    Los volcanes más importantes son el Hekla con 1477 metros de altitud y Laki. Este último es el volcán de fisura más largo del mundo, tiene 25 kilómetros de longitud y más de cien cráteres.



    En el interior de Islandia hay grandes extensiones desérticas de basalto, de coladas de lavas petrificadas procedentes de diferentes erupciones, de cenizas y en general de todo tipo de rocas volcánicas. Podéis observar todos estos elementos en estas fotos que os dejo: subiendo al Hekla veis la cantidad de cenizas volcánicas que cubren todo, en la panorámica de Laki comprobáis como se pierde la vista con esta extensión kilométrica del volcán de fisura, y en la de detalle observáis cómo son las coladas de lava. Fijaros que aquí todo es… podríamos decir que “a lo grande”. Iros acostumbrando a eso por estas tierras.





    Os hablaba más arriba sobre la latitud elevada de este país. Fijaros que la parte más septentrional de la isla, casi toca el Círculo Polar Ártico que es el paralelo ubicado a latitud 66º 33’ N. En verano, en latitudes superiores a dicho paralelo hay luz durante las 24 horas del día… luego en invierno noche durante las 24 horas. De alguna manera se dice que la duración del día es de 6 meses y la de la noche otros tantos. Aquí, como prácticamente alcanzamos dicho círculo Polar, no son 24 horas con luz, pero casi. Eso es en verano, ahora estamos en la primavera, así que tendremos algunas horas de noche, ya que estamos en el cambio de la noche casi completa al día total.
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  • El Snaefell en Islandia… del clásico Julio Verne

    Vosotros que sois unos verdaderos aventureros seguro que habéis leído a Julio Verne. ¿Sabéis que yo cuando tenía vuestra edad ya me había leído todas sus novelas…? Me imaginaba que era un personaje de ellas y hacía todos esos fantásticos viajes. Aprendí muchísimo mientras “soñaba despierta”.

    Una de sus novelas es “Viaje al centro de la Tierra”. En ella aparece el Snaefell en Islandia. Os adelanto que es un volcán, cubierto por un glaciar, el llamado Snaefellsjökull. Para que os comiencen a resultar familiares estos nombres islandeses os diré que “jökull” significa “glaciar”, por tanto analizando la etimología de la palabreja Snaefellsjökull, entendemos fácilmente porqué llaman así al glaciar que cubre el Snaefell.

    ¡Sí!, habéis leído bien, es un volcán cubierto por un glaciar. Esta situación es muy habitual en este país vikingo. Podemos decir que Islandia es una tierra de hielo y fuego. Ya os hablaré de ello otro día.

    Os dejo aquí unas fotos del Snaefell y su glaciar. Y las preguntas de hoy: ¿qué tiene que ver este volcán en la novela de Julio Verne?, ¿la habéis leído o conocéis alguna otra?, ¿qué novela os gusta más de Julio Verne?





    ¡Ah!, por cierto, a vuestro regreso de vacaciones de Semana Santa, nos conoceremos. ¡Sí!, os conoceré personalmente a todos. Tengo muchas ganas de ver en persona a mis expedicionarios virtuales. Os habéis dado cuenta que habéis empezado con una expedición a la Antártida y termináis con una al Ártico, tras pasar por la Patagonia. No está nada mal para ser la primera vez, ¿verdad?

    ¿Sabéis que pasáis de latitud 62ºS a 64ºN? Hablando de esto…, completadme el trabajo de hoy, aprendiendo a manejaros con las coordenadas geográficas, la latitud, la longitud, y aclarándoos con los meridianos y los paralelos. Ya me contaréis qué tal.
    • El Snaefell en Islandia… del clásico Julio Verne
    • El Snaefell en Islandia… del clásico Julio Verne

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