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Blog: Karmenka desde los Polos

  • Una tremenda alegría y una gran ilusión… la Antártida está más cerca

    Os escribo en breve, es ya tarde y tengo que preparar todavía mi mochila para cruzar mañana a la Antártida.

    Adolfo sigue mejorando a pasos agigantados. Siguen las muestras de cariño de todos los amigos, más próximos y más lejanos, de todos los lugares.

     Yo me paso todo el día en el almacén de la Dirección de Aguas (DGA), que es una gran nave ubicada a las afueras de la ciudad. El lugar está fresquito, a temperatura ambiente, y hoy es un día despejado aquí en Punta Arenas y frío, los charcos se mantienen congelados durante todo el día.

    Hago un descanso para comer, más que nada por ver cómo va recuperándose Adolfo y cómo va tomando la primera comida después de salir del Hospital. A mí me viene muy bien el descanso y tomar algo caliente. Comemos en el Restaurante Asturias, un buen lugar en Punta Arenas, os lo aconsejo cuando vengáis por estas tierras. El dueño es asturiano… me encantó encontrar a un paisano de mi maravillosa tierra por estas latitudes. Preparan una comidita especial para Adolfo… todo son mimos, ¡no se puede quejar!

    Hay mucho material que limpiar, separar, clasificar, listar y recoger. Cuanto más ordenado quede, más fácil será en la próxima salida seleccionar lo necesario. ¿Sabéis? Al prepararlo para salir de expedición es todo un placer, porque estás a punto de partir… Pero recogerlo al regreso se hace cuesta arriba, ya que acabó la aventura.

    Sin embargo en esta ocasión, la ilusión que me acompañó todo el día, ¿sabéis cuál es? Que mañana probablemente salga para la Antártida!!! Hoy tuvo lugar el primer cruce -el que iba lleno de gente importante- mañana está programado el segundo que irá sobre todo, abarrotado de carga.

    Ya me empiezo a poner nerviosa… así que probablemente sí que pueda pisar mañana tierras antárticas. Será la primera vez que voy tan tarde, entrando ya casi en el invierno. Según os estoy escribiendo y dejando atrás el ajetreo de estos últimos días, empiezo a ser consciente que de nuevo, ya está casi al alcance de mi mano el Continente Blanco. Me va invadiendo una tremenda alegría y una gran ilusión. Los nervios parecen despertar…

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  • Viento en popa a toda vela

    A primera hora de la mañana me junto en el Hospital Naval con Patricio -el médico, amigo nuestro ya- para poder entrar a ver cómo va Adolfo, pues el horario de visitas no empieza hasta el mediodía.

    Tiene otro aspecto ya, completamente diferente. La mejoría es evidente. Faltan todavía los resultados de unos últimos análisis y Patricio –quien tiene el día libre- se queda esperando hasta verlos. Volverá por la noche y si sigue todo bien, al finalizar el día le darán el alta. “Es la primera vez que me entuban y me ponen gotero”, comenta Adolfo con ganas ya de salir del Hospital.

    El día es de todo menos aburrido y me sorprende la cantidad de amigos que tenemos ya en Punta Arenas, por donde pasamos anualmente para nuestras expediciones a la Antártida. Comienzan las visitas de unos y otros, las llamadas telefónicas… todos interesándose por el estado de salud de Adolfo. Mostrándole y transmitiéndole todo el cariño posible, y de forma totalmente sincera. ¡Son geniales!

    Unos se enteran de que está ingresado por llamadas telefónicas, otros –para mi enorme sorpresa- por el Blog, que van siguiendo para saber de nuestras aventuras y por dónde andamos. El resultado es que no está sólo en un país extranjero y eso –para los que andamos viajando tanto- es muy conmovedor.

    El trato en el Hospital Naval es también muy agradable, tremendamente cercano y atento. De hecho no sólo al enfermito, sino al acompañante. A la hora de la comida me vino a buscar el Jefe del Hospital, Julio, y en la cámara de oficiales me invitó a comer con él. Una persona tremendamente cordial y observadora. Hasta el detalle de preparar una comida rica en verduras y frutas variadas, pensando que tendría necesidad de ellas después de la expedición al Tyndall.

    De nuestros otros dos expedicionarios, Gaby y Pepe, os puedo contar que se enteraron también por el Blog del ingreso de Adolfo en el Hospital y querían venirse para acá. “No, no hace falta” les convencí, “ya está mejor”. Os puedo decir de ellos que han estado dos días por el Parque de Torres del Paine, uno les tocó con mucha lluvia, pero el otro no. Y lo han aprovechado muy bien, Gaby ha conseguido bastante material para su trabajo. Y hoy, ¿sabéis donde se fueron? Cruzaron a Calafate, en Argentina. A Gaby le tiró su tierra… Sí, ella vive en España, pero es de la Patagonia Argentina.



    Más cosas. El primer cruce a la Anártida que estaba planeado para hoy no se pudo llevar a cabo por mal tiempo, así que se pospone para mañana. Por tanto, el segundo –en el que estoy considerada yo- se corre para el viernes. Tanteé la opción de que me metieran mañana en ese primer cruce, pero dicen que va lleno. Transportan mucha carga… pero yo poco ocupo. Lo que ocurre es que llevan algunas personalidades… y ¡claro! una es tan poca cosa que no tiene esa categoría… Bueno, a esperar otro día más. Si veo que se complica o retrasa demasiado, abandono la idea de cruzar ahora al Continente Blanco. Hace unos días ya me había hecho la idea de olvidarme de ello, cuando tuve el ojo y dedo tan malos, así que no me será muy difícil volverme a hacer a la idea. Una cosa es lo que uno desea y otra la realidad.

    Concluye un buen día. A las 22:00, Adolfo sale del Hospital. Las secuelas de mis picaduras están mucho mejor. A Gaby y a Pepe les está cundiendo el tiempo. Y además de todo esto, me doy cuenta de la cantidad de amigos que tenemos por estas latitudes. Como dirían los marinos: “viento en popa a toda vela”.
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  • Hoy… un día extraño

    El cruce para la Antártida se ha retrasado y en lugar de hoy como estaba previsto inicialmente, saldré para el Continente Blanco el jueves día 2. El Hércules C-130 de las Fuerzas Aéreas Chilenas (FACH) en lugar de venir ayer a Punta Arenas desde Santiago, aterrizó hoy. El primer cruce se espera para mañana día 1, pero va lleno y estoy admitida en el segundo, que será al día siguiente. Estaría regresando de allá el viernes 3… Pero como siempre que se habla de la Antártida, una cosa son los planes iniciales y otro los finales, que toca siempre adaptar según las condiciones meteorológicas.

    Amanecía hoy por tanto un día que iba a ser bastante tranquilo, gestiones de coordinación por un lado y trabajo con el material que trajimos de la expedición por otro. Hay que continuar limpiando y secándolo, comenzando a listarlo y guardarlo en el almacén de la DGA, donde nos permiten dejarlo durante el año.

    Adolfo ayer no había pasado muy buen día, una continua diarrea desde que llegamos del Tyndall no lo dejaba tranquilo. Pasa la noche en las mismas condiciones y por la mañana continua igual. Lo que le pedí en la farmacia para combatir esa diarrea no parece dar resultado.

    Tenemos cita con Sergio, el Capitán del Bahía Azul, para ver opciones de acercarnos al glaciar Contramaestre en Tierra de Fuego. Queda Adolfo tratando de recuperarse y me acerco yo hasta el puerto, subo al Bahía Azul que estaba allí atracado y hablo con el Capitán.

    Me comenta que no han podido hacer la batimetría de la zona para ver donde desembarcamos, que han tenido unas condiciones meteorológicas que no se lo han permitido. Me dice también que hasta la primavera no podrán realizarlo, pues ahora el tiempo en la zona está cada vez más complicado. También me indica que no parece fácil el desembarco y que quizás debiéramos hablarlo con la Armada, para ver si ellos nos apoyan con esta logística, pues tiene más medios en este sentido.

    En vistas de esto, nos olvidamos por ahora de la posible estación de GLACKMA en el glaciar Contramaestre de Tierra del Fuego, y trataremos de continuar su gestión con unos u otros, para tratar de sacarlo adelante en el verano austral.



    Regreso al hostal y me encuentro que Adolfo continua empeorando, e incluso ha comenzado con fuertes vómitos. En un abrir y cerrar de ojos, con el apoyo de la Agencia Marítima Broom, estamos en el Hospital Naval de Punta Arenas. El doctor Patricio -a quien conocí ayer y quien nos pidió una conferencia-, comienza a atender a Adolfo.

    Parece que es salmonelosis, al parecer hay una epidemia estos días en Punta Arenas. Adolfo ha quedado muy deshidratado y el médico decide ingresarlo. Con suero, glucosa y antibiótico a través del gotero, finaliza el día con mejor cara que con la que amaneció. Pasará en el Hospital esta noche y posiblemente mañana.

    Coincidencias de la vida. Tanto Adolfo como yo, prácticamente no hemos pisado hospitales, ni necesitado atención médica y ahora en un abrir y cerrar de ojos y fuera de nuestro país, los dos caemos en ellos. Todo esto hace recordar a uno lo vulnerable que es el ser humano…
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  • Siempre hay algo positivo

    En Punta Arenas con mi ojo y mi dedo sin mejorar, decido acudir a un médico. No estoy acostumbrada a ir a hospitales o médicos y se me hace más costoso que recorrer los 30 kilómetros de la caminata a la estación del Tyndall. Y, ¿dónde voy? Ni idea… me encuentro como pez fuera del agua. “Bueno, lo dejo, ya mejorará” pienso para mis adentros. “Pero, mañana puede que tenga la opción de cruzar a la Antártida, tengo que encontrarme en condiciones…” siguen mis pensamientos.

    Llamo a Sergio, gerente de Agencias Marítimas Broom y amigo nuestro aquí en Punta Arenas. Desde esta agencia, llevan ya un par de años apoyándonos para conseguir que  llegue el material enviado por cargo tanto aquí como a la Antártida. Sin perder un instante, me viene a buscar junto con Marcela -también trabajadora de la citada agencia- y me llevan en primer lugar al Hospital Naval. Hay una larga cola de espera y deciden probar en otro lugar. Nos vamos a la Clínica Magallanes, con la que también tiene un convenio la Agencia Broom. Me encontraba arropada entre Sergio y Marcela que hablaban con unos y otros para ver cuál era la mejor opción de ser atendida.

    En la consulta, el médico nada más ver el ojo y el dedo, confirma sin duda que se trata de una picadura. Le conté cómo habíamos limpiado en el campamento la enorme ampolla que se formaba en el dedo: -como no teníamos otra cosa, desinfectamos un cuchillo al fuego y Agustín me abrió esa especie de enorme ampolla que se formaba en el dedo.

    Entonces el médico, sonriendo, pero serio, me dice: - Nooo… eso se hacía antes en la guerra. No teníais que haberlo abierto así. ¿No lleváis botiquín?

    Le explico: - En mis primeras expediciones había preparado un botiquín muy completo, que llevaba siempre. Pero, ¿qué ocurría? Nunca utilizábamos nada, las medicinas se caducaban y tenía que andar renovándolas, así que decidí no volver a llevarlo.

    Me argumenta el médico y con razón: - Basta que una vez te haya sido útil, para que haya merecido la pena llevarlo diez veces sin utilizarlo.

    Realmente tiene razón, a partir de ahora, me volveré a preparar un botiquín para las expediciones. Está claro que aunque no pase nunca nada, no quiere decir que no pueda pasar. Lección aprendida.

    Al final se nos pasa las mañana con estas gestiones. Al finalizar, tomando un café en la cafetería del hospital, Sergio saluda a otro de sus muchos conocidos. En este caso se trata de Patricio, médico del Hospital Naval de Punta Arenas. Sergio, que es un seguidor de lo que hacemos en GLACKMA, le comienza a explicar que venimos de una expedición del glaciar Tyndall y le habla de todo lo que hacemos. Le cuenta también lo contenta que quedó la gente con nuestro entusiasmo en la conferencia divulgativa que impartimos en Punta Arenas en marzo, al terminar nuestra anterior campaña antártica.

    Patricio, encandilado con lo que le estábamos contando, nos pide si sería posible dar una conferencia divulgativa en el Hospital Naval. “Por supuesto, no sólo es posible, para nosotros sería un verdadero placer” le explicamos. “De hecho estamos muy agradecidos a la Armada por el apoyo prestado durante nuestra pasada campaña antártica, a través de la Estación Marítima de Bahía Fildes”.

    Siempre hay algo positivo. Esas picaduras ya han valido para algo.

    Como un buen cierre os dejo esta foto del amanecer ayer en nuestra caminata  de vuelta del Tyndall.

     
    • Siempre hay algo positivo
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  • Finalizada con éxito la expedición al Tyndall

    Ayer la jornada fue larga. A las 6:00 nos levantamos, todavía noche cerrada. Recogemos los sacos y las tiendas de dormir. Dejamos todo el material que habíamos preparado de víspera, acumulado en el lugar donde vendrá el baquiano con los caballos. Y ya sin más, nos ponemos en ruta.

    El río próximo al lugar donde hemos estado acampados nos toca cruzarlo todavía de noche, pero ahora es más sencillo que cuando vinimos, ya que lleva bastante menos agua. A nuestra llegada iba con mucho caudal debido a las nevadas que habían caído en días anteriores y se estaban fundiendo, y también al agua de lluvia. Ahora el paso es sencillo, nos descalzamos para mantener las botas secas, y basta que nos remanguemos los pantalones, no es necesario quitárnoslos como a nuestra llegada. Ahora el agua sólo nos llega por las rodillas.

    Una vez estamos todos en la otra orilla nos ponemos en marcha, rastreando el camino y todavía en plena oscuridad. Son las 7:30. La caminata de los 30 kilómetros es agradable, como hemos comenzado tan tempranito nos cunde el día. Además no nos llueve en todo el camino. Vamos saboreando los buenos resultados que hemos conseguido entre todos, trabajando como un verdadero equipo y disfrutando con el buen ambiente que hemos tenido. ¡Ha sido genial!



    Llegando a la guardería Grey, cargamos en los vehículos la carga que nos transportaron los caballos y nos ponemos en ruta hasta Puerto Natales. Ahí nos separamos en dos grupos, Gaby y Pepe quedarán unos días por la zona con la furgoneta de Agustín, para desplazarse por el Parque de Torres del Paine. Es una forma de que disfruten de estos bonitos paisajes y conozcan el Parque, al mismo tiempo que Gaby pueda complementar su trabajo con más paisajes y algo de fauna.

    Agustín, Adolfo y yo, con todo el material cargado en el vehículo de la DGA, continuamos nuestra ruta hasta Punta Arenas, donde llegamos a las 23:00. La idea inicial era que Adolfo se quedase en el Parque con Gaby y Pepe, pero decide acompañarme a Punta Arenas para ver cómo va evolucionando lo de mi ojo y mi dedo. Tiene toda la pinta de ser una picadura de araña. Esperemos que no me impida poder cruzar a la Antártida, en esa plaza disponible… Os mantengo informados.
    • Finalizada con éxito la expedición al Tyndall

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  • Comenzamos a recoger el campamento

    (crónica recibida por teléfono satelital,  Fotos: Archivo GLACKMA)

    Otro día intenso de actividad. Nublado, con viento y algún chubasco, pero no ya la constante lluvia como tuvimos ayer.

    Por la mañana extraemos los datos -almacenados durante estos días- tanto de las sondas de la estación nueva como de la antigua. Nos tocará trabajar con ellos junto con los aforos realizados en el río, una vez regresemos a España. Gaby continúa con su trabajo de grabación, aprovechando cualquier pequeño rayito de sol que nos brinda con sus luces suaves.

    Retornamos al campamento, hacemos una última comida caliente y empezamos a clasificar, recoger y empaquetar todo el material. Una vez que está todo listo y la tienda grande de campamento vacía, la retiramos. Tenemos suerte, no nos llueve durante la maniobra y el viento nos deja realizarla tranquilamente.

    Nos quedan solamente las tiendas de dormir y en ellas los sacos. Mañana nos levantaremos a las 6:00, recogeremos y empaquetaremos estas tiendas y dejaremos todo el material así listo para que vengan los baquianos con los caballos a recogerlo. Nosotros nos pondremos en marcha, deshaciendo la caminata del primer día, para retornar a la guardería Grey donde tenemos los vehículos.

    Al final, el balance de esta primera parte de la expedición es muy positivo: los instrumentos antiguos funcionando, la serie de datos en nuestro poder sin laguna alguna en los casi 10 años que aquí estamos midiendo, la nueva estación perfectamente instalada con sondas más robustas e incluso varios aforos realizados con valores de caudal mínimos que son los que no podremos tomar cuando vengamos en el verano. Además de todo esto, el cometido y el objetivo de la participación de Gaby en la expedición, también están muy bien cubiertos en lo que llevamos hasta ahora. Le espera una segunda parte que promete ser también un buen complemento de su trabajo.

    Todo positivo. Una única nubecita es mi ojo… que sigue un poco raro. Pero ya mejorará.
  • Concluida la instalación

    (crónica recibida por teléfono satelital.  Fotos: Archivo GLACKMA)

    La noche fue larga para mí… apenas pude dormir un par de horas debido a una molestia en uno de mis ojos. El otro día debió de picarme algún insecto y se me ha ido poniendo peor con el paso del tiempo. También me han aparecido unas picaduras en el dedo corazón de la mano derecha, y todas ellas no hacen más que hincharse y molestar, sobre todo de noche cuando estoy calentita en el saco de dormir.

    En mi larga noche en vela tuve la compañía del ruido de la lluvia al golpear con la tienda. A lo que se sumó después un fuerte viento que me mantenía en vilo, pensando si la tienda grande nos la levantaba y llevaba, qué haríamos con todo el material allí guardado.

    Agotada ya de cansancio y habiéndome acostumbrado a las incomodidades de las picaduras e hinchazones, logro coger el sueño cuando me suena el reloj a las 7:00 de la mañana. Todavía plena noche, la lluvia sigue cayendo y con el cansancio de no haber dormido, tengo que sacar toda mi fuerza de voluntad para salir del saco, dejar la tienda y afrontar la nueva jornada.

    Desayunamos y bajo la lluvia nos ponemos en marcha hacia la estación de trabajo, dejando atrás el campamento. No son agradables las condiciones de trabajo con el viento y la lluvia, pero tenemos que seguir con la instalación. Sin embargo un grupo unido, centrado en un objetivo es capaz de sacarlo adelante a pesar de las dificultades que puedan surgir.

    Se suceden las horas, termina la luz del día y conseguimos finalizar la instalación de la nueva estación que además queda perfecta. E incluso podemos comenzar con la campaña de aforos. Si alguno de los que nos va siguiendo en el Blog puede explicar a todos los nuevos que se han ido incorporando, qué es esto de la campaña de aforos y su relación con los valores que registramos en la estación recién instalada, os lo agradecería. Estoy realmente agotada y no me queda mucha energía para escribiros más.

    Aparte del cansancio estamos todos felices por el trabajo bien hecho. Una gran satisfacción se refleja en las caras de todos mis compañeros. Además gracias al teléfono satelital hemos tenido información sobre el cruce a la Antártida en los próximos días. ¡Va a ser genial! Ya os iré contando cómo vamos a hacer para sacar todos nuestros objetivos adelante.
  • Un buen trabajo en equipo

    (crónica recibida por teléfono satelital, Fotos: Archivo GLACKMA)

    Aprovechamos bien las horas de luz que tenemos, así que comenzamos a levantarnos y preparar el desayuno, todavía en penumbra. De esta manera cuando comienza la luz estamos ya caminando hacia la estación, llevando con nosotros el resto de material.

    Es un día muy intenso de trabajo para todos y tenemos suerte con el tiempo que nos acompaña. Entre sol y nubes, a veces más densas, pero nada de lluvia ni nieve como los días anteriores.

    Trabajamos muy bien en equipo, Adolfo, Agustín y yo ya nos conocíamos trabajando juntos en campo durante campañas anteriores en este glaciar. Agustín es oro puro para el trabajo en equipo y un perfecto todoterreno en todos los sentidos. Congeniamos muy bien los tres desde la vez que coincidimos en la primera campaña al Tyndall, hace ya casi diez años.

    Pero no sólo esto, sino que los nuevos, Gaby y Pepe, se han integrado perfectamente en la expedición. Gaby saca adelante su trabajo de realizadora, filmando y grabando, pero sin interferir para nada en el trabajo de la expedición. Además tanto ella como Pepe, se han integrado muy bien en el equipo, pendientes de cómo ayudar, qué hacer, cómo colaborar, cómo echar una mano… Está siendo una expedición ejemplar en cuanto a trabajo en equipo, hay un magnífico ambiente entre los cinco y de esta manera vamos juntos superando todas las dificultades que nos van apareciendo.

    Comenzamos con la instalación de las sondas nuevas en el río. Tenemos suerte y el nivel está bajo, ha sido una buena época la que seleccionamos para venir. Aún así en el lugar de anclaje de las sondas, el agua nos llega por el pecho. Estamos Agustín y yo metidos en el río haciendo los anclajes para fijar la estructura. Desde el exterior tenemos el apoyo indispensable de Adolfo y Pepe. Mientras, Gaby aprovecha para realizar una buena cantidad de tomas para ir teniendo material para el futuro documental.

    Os escribo ya al finalizar la jornada. Ha sido muy intensa pero terminamos todos satisfechos. Nosotros con la instalación y Gaby con el material grabado. En cuanto a la instalación se refiere, quedó ya la parte del río hecha, de manera que mañana continuaremos con todo el exterior, pera yo no tendremos que meternos en el agua fría.

    No me extiendo hoy más, estoy agotada y con ganas de irme al saco a dormir y recuperar. Mañana hay que volver a levantarse temprano para que seguir con el trabajo.

    Las fotos de archivo que os acompañan este texto son del final del verano. Como podéis, ver imposible entrar al río en esas condiciones.
  • Una buenísima noticia, no os lo vais a creer

    (crónica recibida por teléfono satelital.  Foto: Archivo GLACKMA)


    Amanecemos descansados y secos… pero tremendamente hambrientos. Ayer habíamos pasado todo el día sólo con unas barritas de cereales energéticas, ni desayuno, ni comida, ni cena… y eso que la jornada fue larga, de bastante desgaste y con el final durillo de la lluvia a la hora de montar las tiendas de dormir.


    Al levantarnos por la mañana, todavía tenemos que aguantar un poco más el hambre. Hay que montar la tienda grande en la que almacenaremos el material y la comida y nos permitirá cocinar y comer a pesar de los días que nos toquen con lluvia y viento. Sacamos fuerzas de donde ya casi no hay y con una perfecta colaboración de los cinco integrantes de la expedición montamos la tienda grande, a pesar del fuerte viento que nos obstaculiza un poco la tarea. Después, distribuimos el material dentro de ella y por fin clasificamos los víveres que traemos. Tenemos el estómago completamente vacío, así que decidimos hacer un café calentito y mientras lo tomamos y nos va entonando, preparamos una especie de comida-cena atrasada de ayer que pasa a ser nuestro desayuno de hoy. Con el estómago lleno, las energías renovadas, parecemos otros.


    Comenzamos a separar todo lo que es material de instalación, bastante pesado por cierto, al constar de una gran cantidad de estructuras metálicas. Nos lo repartimos entre todos, cada uno según sus posibilidades y lo vamos transportando hasta el lugar de la estación en el río, donde debemos hacer la nueva instalación. El lugar no está lejos del campamento, a unos 2 kilómetros, pero los caballos no pudieron continuar debido a una zona de piedras bastante grandes y a una destrepadita que hay que hacer en una pared.


    Alcanzamos el lugar, el río lleva poca agua en comparación con el verano, aún así en el punto seleccionado para realizar la instalación, el nivel nos llegará hasta el pecho cuando nos tengamos que meter en él a trabajar. Tenemos algunos ratos bastante agradables, en los que las nubes nos dejan disfrutar de unas espectaculares vistas de las Torres del Paine, así como de diversos glaciares.


    Una vez tenemos todo el material acarreado en el lugar de la estación, tras largos viajes, me dispongo a intentar de nuevo conseguir conexión con la sonda antigua instalada. Digo de nuevo, porque en la expedición pasada a este lugar, a principios de marzo al salir de la Antártida, lo intentamos de cien mil maneras posibles. E incluso llegamos a hacer otra caminata al lugar con ida y vuelta en un sólo día, cambiando el software del programa utilizado. Y todo el esfuerzo resultó en vano. Los que nos habéis ido siguiendo lo recordaréis perfectamente, ya que fue tremendamente desolador, y los que os habéis unido más recientemente podéis buscarlo en las entradas antiguas del Blog.


    Bueno, el caso es que me preparo con el ordenador, el nuevo cable de conexión, abro la tapa de protección del lector de la sonda, engancho el cable, abro el programa… y mi mente tranquiliza a mi corazón, que está nervioso. Muy nervioso. Algo me lleva a pensar –ya desde España así lo creía- que con el nuevo cable conseguiría hacer la conexión, pero algo también me quiere hacer ser realista y no ilusionarme demasiado para evitar la tristeza después. En medio de esa lucha interna, mi corazón palpita con fuerza y… casi se sale de mi interior cuando mis ojos abiertos de par en par, observan que sí consigo hacer conexión entre ordenador y sonda. Se acelera todavía más el pulso al comprobar que sí están todos los datos almacenados –más de 11.000- y en mi cara se dibuja una enorme sonrisa cuando logro descargarlos. “¡Sí, sí, sí, tenemos los datos, toda la serie, no hay laguna de datos en la información!” les digo a los demás a gritos. Los nuevos van a pensar que estoy loca, pero es que es la mejor noticia que me podían dar.


    Tras esta tremenda alegría, regresamos al campamento ya oscureciendo y de nuevo la lluvia nos viene a saludar. En el fondo, en el fondo, yo creo que se unió a compartir con nosotros la alegría de la noticia.


    La diferencia de hoy con respecto a ayer es que, aunque llegamos mojados, tenemos una tienda donde refugiarnos y donde poder cocinar y tomar algo caliente. Tras reponer fuerzas, terminamos de preparar el resto de material para llevar mañana y comenzar la instalación de las nuevas sondas.


    Mientras hacíamos todo esto -recogidos en la tienda- fuera una sorpresa se estaba preparando para brindar con nosotros esa buena noticia de hoy. Se había despejado parte de la bóveda celeste y atónitos nos quedamos un buen rato contemplando las estrellas que parecen tener hoy un brillo especial.

  • Una bonita jornada con un final durillo

    (Crónica recibida por teléfono satelital, Foto: archivo GLACKMA)

    Ayer al finalizar el día cuando estábamos en Puerto Natales, una intensísima lluvia nos recordó que la caminata podrá ser más o menos confortable según las condiciones meteorológicas que tengamos.
    Comienza nuestra jornada según los planes previstos. Tras levantarnos a las 6:00 de la mañana, abandonamos Puerto Natales para entrar en el Parque de Torres del Paine. Lo cruzamos en los dos vehículos hasta llegar al final de una de las pistas, junto a la guardería Grey. Ya están allí los dos baquianos con los cinco caballos. Bajamos el material y se hace la carga en las caballerías.
    Salen a paso ligero los caballos y nosotros nos ponemos en marcha. Tenemos por delante una caminata de 30 kilómetros, por zona de montaña media con sus subidas y bajadas. El día amanece nublado, pero sin lluvia por el momento.
    Vamos disfrutando de la caminata e incluso el sol con sus rayos nos acompaña en algunos momentos. Si para todos es espectacular el panorama que presenta esta zona del parque con sus zonas altas ya nevadas, más todavía lo es para Gaby y Pepe que lo contemplan por primera vez. Vamos haciendo alguna paradita para que Gaby pueda hacer su cometido de ir grabando algo de video.

    Según nos dijeron los guardabosques en la guardería Grey, ayer hubo por la zona lluvias muy intensas y continuas… ¡De buena nos hemos librado! Sólo sufrimos las condiciones del camino, que está en algunas zonas tremendamente empapado. Hay partes en las que parece avanzamos por ríos y otras en las que el barro se convierte en una continua compañía para las botas, produciendo algún resbalón de vez en cuando.
    Nos lleva todo el día la caminata y ya es casi de noche –las 17:00 horas- cuando nos toca atravesar un río que tenemos poco antes de alcanzar la zona donde vamos a instalar el campamento y donde esperamos nos hayan dejado todo el material los caballos. Bueno, todo, todo, no. Un par de barras metálicas de las que llevamos para hacer la instalación en el río, las encontramos por el camino. Se le debieron de caer al caballo que las llevaba… y menos mal que las vimos y las pudimos recoger con nosotros.
    El río que nos toca atravesar lleva bastante agua, debido a las lluvias intensas de los últimos días. ¿Cómo lo cruzamos? Quitándonos los pantalones para mantenerlos secos y para los pies optamos por varias versiones: utilizar unas zapatillas viejas para poder pisar las piedras del lecho, emplear unas segundas botas o sin nada. La corriente lleva bastante fuerza y hay que avanzar con una perfecta combinación de maña, equilibrio y fuerza… y lo más fundamental, la ayuda de unos con otros. Está algo más que fresquita el agua, de manera que nos refrigera los pies y piernas después de la larga caminata. Gabriela se siente orgullosa de haberlo podido cruzar llevando su mochila con el equipo de video a la espalda. “Después de esto, ¿dónde está el frío?” comenta sonriente.
    Llegamos al lugar donde vamos a instalar el campamento y efectivamente ahí tenemos el material transportado por los caballos. ¡Pero qué mala suerte, justo ahora se pone a llover! Y en un santiamén cobra fuerza la lluvia al mismo tiempo que la oscuridad completa se nos hecha encima.
    ¿Cómo termina nuestra jornada? Con ayuda de la luz de los frontales, montamos las tiendas para dormir bajo la cascada de lluvia que nos cae encima. El resto del material lo dejamos un poco protegido de la parte donde más azota la lluvia, mañana habrá que seguir montando el campamento, con esta lluvia no merece la pena, pues va a quedar todo empapado. Acomodamos los sacos dentro de las tiendas de dormir, nos quitamos las ropas mojadas y nos metemos dentro. Así nos quedamos al final de la larga jornada, sin cena ni nada. Mañana será otro día.
    Gaby manda un mensajito muy especial para su niñita Olivia: “Que no se te caigan esos dientes que se movían, a ver si aguantan un poco hasta mi regreso para ver al Ratoncito Pérez”.