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Blog: Karmenka desde los Polos

  • Condiciones muy difíciles. El invierno antártico está entrando a toda velocidad

    Una vez que descargan mi mochila del Hércules, Roberto -el Capitán- y Alfonso –el Segundo- me llevan hasta Capitanía de Puerto Bahía Fildes. Un rápido saludo a los demás miembros de la dotación y sin más demoras nos ponemos rumbo al glaciar, donde tenemos ubicadas las sondas de nuestra estación de registro de descarga glaciar.



    Delante, abriendo el paso va Alfonso en una moto. Detrás me lleva Roberto en la otra. Siempre dos motos por seguridad, tanto más con las condiciones meteorológicas que tenemos hoy y con la distancia que hay que recorrer hasta el glaciar.

    Con sólo las 6 horas de luz que hay ahora, esta oscuridad se incrementa los días que como hoy, están completamente cubiertos y con ventisca de nieve. Tengo la sensación de que en todo momento vamos a dejar de ver. En estas condiciones es difícil elegir el lugar por el que avanzar con las motos. El viento es muy fuerte y nos azota con dureza, acompañado de una cellisca helada que nos golpea intensamente.

    Las nevadas en las zonas frías son así, partículas muy finitas de nieve seca que van cubriendo todo. Como suelen venir acompañadas de fuertes vientos, como es este el caso, se forman verdaderos remolinos de estos copitos duros de nieve que se van acumulando en algunas zonas más que en otras, según la orografía del terreno. Formándose así los llamados ventisqueros, en los que puedes encontrar varios metros de nieve acumulada.

    Con paciencia vamos avanzando. Alfonso y Roberto se manejan muy bien con las motos en estas condiciones. Se han hecho unos verdaderos expertos. Llegamos a una zona en la que el ventisquero es de tal magnitud que nos quedamos con los motos atascadas. Estamos como a mitad de camino. Nos faltan unos 3 kilómetros para llegar a la estación. “Déjanos a nosotros liberándolas y vete avanzando. Si logramos pasar esta zona te alcanzamos por el camino, en caso contrario te recogemos aquí” me dicen. Por precaución antes de salir habíamos cogido unas raquetas, para que en caso de un atasco o dificultad de continuar con las motos, pudiera avanzar yo andando sobre la nieve.

    A pesar de las raquetas paso la enorme pendiente llena de nieve con gran dificultad y continúo mi camino a un ritmo bastante más lento del que desearía, debido a la cantidad de nieve que se va acumulando. Ocupada en ir eligiendo el mejor lugar para avanzar, de repente soy consciente que las condiciones meteorológicas han empeorado casi, en un abrir y cerrar de ojos. Lo que decía la predicción para las 17:00 de la tarde, se ha adelantado unas horas y está ya entrando.

    Viento mucho más fuerte, más cantidad de nieve, la temperatura por supuesto mucho más baja… En esas condiciones la sensación térmica la debemos tener próxima a los -35ºC. Pero lo peor es la visión, que ya casi es imposible ver nada. “No lo voy a conseguir…, no voy a lograr llegar a la estación y regresar antes de quedarme sin luz”. Preocupada, pero controlando las condiciones externas para saber en qué momento tengo que renunciar a mi intento y comenzar con mi regreso para no quedarme por allí perdida, me parece oír algo… Justo me giro hacia atrás para ver de que se trata y aparecen a mi lado Roberto y Alfonso con las motos. “Sube, conseguimos pasar. Vamos rápido que se está cerrando a toda velocidad”, me dice Roberto. Sonrío y ahora ya tengo la seguridad de que llegaremos hasta la estación.



    Efectivamente así es. Os cuento que el cañón en el que instalamos las sondas está irreconocible. Los tubos que protegen a los lectores están cubiertos de hielo. Tras romperlo y apartarlo, logro conectar primero una sonda y después la otra con la agenda PDA, pero con bastante dificultad en estas duras condiciones. No es nada sencillo. En medio de esta maniobra se oye el ruido del Hércules al despegar. Adelantó su salida debido a las malas condiciones meteorológicas que han entrado para evitar quedar bloqueado en el aeropuerto. “Crucemos los dedos y esperemos que mañana entre otro vuelo para poder regresar a Punta Arenas”.



    Tras tener los datos en mi poder y dejar de nuevo las sondas en marcha, en la Base Uruguaya Artigas que queda próxima al lugar de trabajo, tomamos algo caliente para reaccionar del frío y poder emprender el camino de regreso. Longino, el jefe de Base y el resto de la dotación de Artigas, se llevan una verdadera sorpresa al verme de nuevo por estas tierras antárticas.

    Sin muchas demoras regresamos, nos queda de nuevo todo el camino por recorrer hasta llegar a Bahía Fildes y las condiciones son cada vez más difíciles. Logramos llegar anocheciendo ya, apenas son las 14:30… ¡Sí, se me hace extraño tan pocas horas de luz! Recogidas las motos en el hangar, no tengo palabras para agradecerles el apoyo que me han dado.

    • Condiciones muy difíciles. El invierno antártico está entrando a toda velocidad
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  • A la tercera va la vencida. Pisando el Continente Blanco

    De nuevo tengo que estar en el aeropuerto de las FACH (Fuerzas Aéreas Chilenas), a las 7:00 toca hoy. A esas horas apenas hay tráfico y llego unos 10 minutos antes. Tras la parada en las barreras iniciales para el control de los que entramos, el taxi recorre todo lo largo de este recinto militar. A estas horas todavía tenemos noche cerrada y no hay ni una sola luz encendida en todo el lugar, de manera que cuando el taxi me deja al fondo, junto a la pista de aviación, quedo en completa oscuridad.

    Saco mi luz frontal y me la coloco en la cabeza, por lo menos para que me vean. Subo mi capucha para protegerme un poco, ha habido una fuerte helada y se nota el ambiente fresco. Allí en medio de la oscuridad, sola, mirando hacia el Hércules -que está en la pista y donde se ve movimiento de carga y alguna lucecita parcial- mi mente se abstrae y comienza a cuestionarse preguntas que sólo al finalizar el día tendrán su respuesta adecuada. ¿Saldremos hoy finalmente o tendré que regresar a la ciudad y descartar definitivamente mi viaje a la Antártida? ¿Cómo estarán las condiciones meteorológicas allá? ¿Me permitirán poder hacer mi vaciado de datos de las sondas instaladas el pasado verano junto al glaciar y poder regresar en el mismo avión a Punta Arenas?

    Aunque parece que quedan pendientes dos viajes más a la Antártida en los próximos días -antes de que el Hércules C130 regrese a Santiago- quiero poder regresar en el mismo vuelo. No me gustaría arriesgarme a tener que invernar en el Continente Blanco. No es que no me agrade la idea, es que mi trabajo en España me espera. El avión ha estado en Punta Arenas una semana y sólo ha podido realizar un vuelo… si la meteorología empeora, podrían cancelar los últimos cruces. Adolfo me advirtió y recordó este riesgo antes de salir. “Hazlo rápido y regresa en el mismo cruce” me insistió al despedirme en Punta Arenas.

    Ensimismada en mis pensamientos, unos focos intensos me alumbran. Llegan los otros tres pasajeros chilenos que intentan realizar el mismo vuelo que yo, acompañados de un militar que abre la última nave, enciende alguna luz allí dentro y nos invita a pasar mientras nos avisan para embarcar.

    A las 7:40 nos vienen a buscar para entrar en el Hércules. Nos atamos en una especie de redes rojas que tienen extendidas a modo de asientos, nos abrigamos… ya que la temperatura en el interior es fresquita, y nos vamos habituando al fuerte ruido de los motores que nos acompañará durante el viaje.

    Por fin a las 8:00 despegamos. Durante el recorrido mi mente…, digamos que sueña despierta, tratando de imaginar como será en invierno esta zona antártica que tan bien conozco en la estación estival. Me hace una tremenda ilusión este viaje tan fugaz.



    A las 11:00 aterrizamos, salgo del avión, ¡guaaauuuu!... ¡qué bonito está todo! Las zonas descubiertas de hielo donde éste se ha ido retirando, están ahora cubiertas de nieve y además casi helada. Comienzo a hacer algunas fotos del entorno, está divino. Mis manos desnudas aguantan poco a la intemperie. La temperatura debe estar baja, calculo que en torno a los -11ºC, lo que acompañada del fuerte viento hará que tengamos una baja sensación térmica. Guardo mi cámara y me protejo con los guantes mientras avanzo hacia las naves que se utiliza de lugar de llegada.



    Allí me encuentro con el personal de la Armada, de la Estación Marítima Bahía Fildes, que han venido a esperarme con las motos. Roberto, el Capitán, acompañado del Segundo, Alfonso. Una tremenda alegría volver a verlos de nuevo. Me han ofrecido apoyo logístico para esta operación si lograba cruzar a la Antártida. ¡Qué buena gente son y qué profesionales! ¿Recordáis nuestra reciente expedición a este lugar el pasado verano austral? Fue este grupo de la Armada en Bahía Fildes quienes nos brindaron apoyo continuamente en todas las necesidades que tuvimos. ¡Inolvidables!



    Ahora, ¡manos a la obra! Las condiciones meteorológicas son durillas, está nevando algo y el viento es fuerte, pero tenemos unas horas antes de que empeore según la predicción meteorológica. El cambio se espera para las 17:00, y la noche aquí entra a las 15:00, de manera que será la falta de luz la marque el rasero para que el avión despegue. Puede ser quizás hacia las 14:00. A ver si todo se da bien y estoy de regreso a tiempo para poder embarcarme de nuevo en el Hércules y regresar hoy mismo a Punta Arenas.

     
    • A la tercera va la vencida. Pisando el Continente Blanco
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  • Un día de espera. Vuelo cancelado

    A primera hora de la mañana me solicitaron estar en el aeropuerto militar… donde comenzó una larga espera. Debido a las condiciones meteorológicas allá en la Antártida, el vuelo no llegó a salir, quedó cancelado para el día de hoy. Regreso de nuevo a Punta Arenas, cansada de la espera y un poco triste… me imaginaba estar ya pisando nieve del otro lado del Drake.

     Mañana hay un nuevo intento. Yo creo que será ya mi última oportunidad, si se vuelve a cancelar, tendré que olvidarme del cruce. No quiero arriesgarme a cruzar y tener que quedarme allí a invernar.

     Acaban de llegar a Punta Arenas nuestros otros dos expedicionarios, Gaby y Pepe, vienen muy contentos de lo que han podido ver. Ya os contaré…

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  • Una tremenda alegría y una gran ilusión… la Antártida está más cerca

    Os escribo en breve, es ya tarde y tengo que preparar todavía mi mochila para cruzar mañana a la Antártida.

    Adolfo sigue mejorando a pasos agigantados. Siguen las muestras de cariño de todos los amigos, más próximos y más lejanos, de todos los lugares.

     Yo me paso todo el día en el almacén de la Dirección de Aguas (DGA), que es una gran nave ubicada a las afueras de la ciudad. El lugar está fresquito, a temperatura ambiente, y hoy es un día despejado aquí en Punta Arenas y frío, los charcos se mantienen congelados durante todo el día.

    Hago un descanso para comer, más que nada por ver cómo va recuperándose Adolfo y cómo va tomando la primera comida después de salir del Hospital. A mí me viene muy bien el descanso y tomar algo caliente. Comemos en el Restaurante Asturias, un buen lugar en Punta Arenas, os lo aconsejo cuando vengáis por estas tierras. El dueño es asturiano… me encantó encontrar a un paisano de mi maravillosa tierra por estas latitudes. Preparan una comidita especial para Adolfo… todo son mimos, ¡no se puede quejar!

    Hay mucho material que limpiar, separar, clasificar, listar y recoger. Cuanto más ordenado quede, más fácil será en la próxima salida seleccionar lo necesario. ¿Sabéis? Al prepararlo para salir de expedición es todo un placer, porque estás a punto de partir… Pero recogerlo al regreso se hace cuesta arriba, ya que acabó la aventura.

    Sin embargo en esta ocasión, la ilusión que me acompañó todo el día, ¿sabéis cuál es? Que mañana probablemente salga para la Antártida!!! Hoy tuvo lugar el primer cruce -el que iba lleno de gente importante- mañana está programado el segundo que irá sobre todo, abarrotado de carga.

    Ya me empiezo a poner nerviosa… así que probablemente sí que pueda pisar mañana tierras antárticas. Será la primera vez que voy tan tarde, entrando ya casi en el invierno. Según os estoy escribiendo y dejando atrás el ajetreo de estos últimos días, empiezo a ser consciente que de nuevo, ya está casi al alcance de mi mano el Continente Blanco. Me va invadiendo una tremenda alegría y una gran ilusión. Los nervios parecen despertar…

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