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Blog: Karmenka desde los Polos

  • Reconfortante…

    La vida está llena de pequeños detalles que son tremendamente reconfortantes. Sólo hay que ver y saber mirar al mismo tiempo, oír y ser capaces de escuchar lo que oímos. Cuando miramos y escuchamos, intentamos entender y comprender la armonía de nuestro entorno.

    Hoy os voy a contar uno de estos detalles y para ello primero os pongo en situación. Llegada a Punta Arenas tras la expedición de la Antártida, es decir, en un abrir y cerrar de ojos “aterrizaje forzoso en el mundo civilizado”. Sinsabor interno por no haber conseguido nuestro objetivo principal de la expedición, tristeza en el corazón por la despedida en la Base Rusa Bellingshausen, melancolía por alejarse de la paz y tranquilidad infinitas del Continente Blanco… ¡¡Tremendo popurrí en lo más profundo de mi ser!! ¿Os imagináis?

    Llegamos al pequeño hostal donde solemos alojarnos en Punta Arenas en nuestras idas y venidas antárticas y donde ya somos como de casa. Es un negocio familiar y la verdad es que nos sentimos tratados como si fuéramos de esa familia. Rocío, una de las hijas de los dueños, en cuanto se entera que hemos regresado, nos busca. Un fuerte abrazo, un enorme beso y una sonrisa gigantesca. Tiene unas tremendas ganas de saber cómo nos ha ido…

    Con sus 11 añitos me cuenta que se va toda la familia a ver el glaciar Perito Moreno, que irá al Museo de Hielo que hay en Calafate donde se explica la formación de los glaciares, que le encantan los glaciares por su inmensidad y por el color azul del hielo… ¡¡jaja, coincidimos en gustos!!

    Hablando con ella, le comento que todos los expedicionarios virtuales que de España están acompañándonos en la expedición, estarían encantados de poder ir con ella en realidad -y no virtualmente como los llevo yo- a ver el inmenso glaciar Perito Moreno. Con una gran madurez me dice: “Sí, a mí me fascina la naturaleza y me considero muy afortunada de vivir en este lugar. Estoy muy agradecida de poder tener los glaciares tan cerca…”

    Como son unos cuantos años ya, yendo y viniendo al Sur, conocemos a Rocío desde que era mucho más pequeña. Recuerdo con emoción cómo hace unos 3 ó 4 años, habiendo regresado de la Antártida y a punto de salir a Patagonia, se acerca a Adolfo y a mí y nos regala unos dibujos que nos había hecho. Cada uno con su mochila preparada, nuestras ropas de campo y nuestros rasgos característicos que nos sacó a la perfección. “Un recuerdo, para que tengáis suerte en Patagonia”, nos dijo.

    ¿No es verdad que la vida nos está continuamente brindando y regalando motivos para ser felices? Sólo tenemos que saber mirar cuando vemos y escuchar cuando oímos. 

    • Rocio y Karmenka

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  • Y por fin llega el día esperado

    El viaje desde España fue realmente una paliza. Parecía que todo iba bien, primero el largo recorrido hasta Lima donde nos vino estupendamente la espera para caminar de un lado para otro en el aeropuerto y estirar las piernas. Después otro cruce hasta Santiago de Chile, otra espera en el aeropuerto y finalmente el último salto hasta Punta Arenas… Ese fue matador, se notaban las horas interminables de los vuelos anteriores y os confieso que no sabía ya ni cómo sentarme en la butaca. Me dolía todo, estaba agotaba, y aunque muerta de sueño el inmenso cansancio no me dejó ni dar una pequeña cabezada para lograr descansar.

    Sin embargo la ventaja de todo ese cansancio es que nos hemos acostumbrado rápidamente a la diferencia horaria. En este momento son 4 horas con España. Hay épocas del año en que la diferencia es de 6 horas, cuando coincide el horario de verano en España y el de invierno en Chile y viceversa. Por cierto, esas 4 horas que tenemos de diferencia, ¿cómo son?, ¿con adelanto o con retraso con respecto a vosotros? Y, ¿por qué son así?... Pensad un poco en el sentido del giro de la Tierra.

    Estos días en Punta Arenas se nos han pasado volando. Tenemos un montón de conocidos y amigos por estas tierras australes. Fijaros que cada año desde el 2000 estamos viniendo a la Antártida y salvo uno que cruzamos desde Ushuaia, el resto hemos salido desde el Sur de Chile. Por cierto, me imagino que tenéis ubicado en el mapa estas dos capitales australes, la chilena y la argentina, ¿verdad?

    Como os decía, los encuentros y reuniones de estos días no han cesado. Además hemos tenido que preparar más material. Sí, sí, aparte de todo el que habéis visto en el vídeo del artículo anterior. Resulta que nosotros no sólo trabajamos en la Antártida donde vamos ahora, tenemos ocho estaciones en las zonas polares de los dos hemisferios. Todas estas estaciones están registrando datos de la descarga glaciar, es decir el hielo que se funde. Y esos registros se realizan cada hora. A instalar estas estaciones comenzamos en el 2001, cuando iniciamos lo que llamamos el proyecto GLACKMA. ¡Imaginaros cuántos datos tenemos ya! A ver, dejemos de imaginar lo que se puede contar, ¿me decís vosotros cuántos datos (de ese parámetro que hemos mencionado de la descarga glaciar) tenemos por año en cada una de las estaciones?

    En este diseño de investigación que hemos puesto en marcha es muy importante esa distribución a diferentes latitudes y en ambos hemisferios de las estaciones de Glackma, así como el registro continuo y plurianual de datos. No son valores puntuales, aislados que pueden dar lugar a equivocaciones. Son registros continuos que nos indican la evolución temporal del calentamiento global.

    Y, ¿por qué os empecé a hablar de las ocho estaciones al deciros que tuvimos que preparar aquí más material? Porque como habéis visto en el enlace de las estaciones a nuestra web, una de ellas se encuentra en la Patagonia Chilena, en concreto en el glaciar Tyndall. ¡Venga, localizadlo también en el mapa! ¿A qué distancia está de Punta Arenas?

    Para trabajar en esa estación tenemos un convenio con la Dirección de Aguas de la Región de Magallanes al Sur de Chile y en la colaboración que llevamos a cabo, entre otras cosas nos permiten guardar en sus almacenes material nuestro. Esta estrategia nos sirve para ahorrar mucho en los viajes, pues no debemos de andar moviendo grandes cantidades de material, que además es muy pesado.

    Os he puesto como título al artículo “Y por fin llega el día esperado”, y ¿por qué? Je, je, porque mañana cruzamos por fin a la Antártida. Acaban de informarme que parece que habrá ventana meteorológica que permita el cruce y nos piden estar en el aeropuerto a las 8:00 de la mañana. El avión no es uno cualquiera, es un Hércules C-130 de Brasil, cuatrimotor de hélice, de los especiales de carga muy comunes en logística militar. Nosotros vamos sentados en unas especies de redes que hacen las veces de asientos. Y, ¿sabéis por qué es necesaria la ventana meteorológica? Porque donde aterrizamos en la Antártida, no es un aeropuerto habitual y por supuesto que no hay radar de cabecera de pista. Los pilotos tienen que tener visibilidad para aterrizar, esa es la razón por la que se necesita la ventana meteorológica. Por eso es muy habitual que estos cruces se cancelen, se retrasen o incluso que lleguen a estar sobrevolando el lugar a la espera de poder aterrizar y si no se dan las condiciones deben regresar a origen. Por tanto tienen que llevar una buena reserva de combustible.  

    Cómo veis la emoción está asegurada. Crucemos los dedos y esperemos que mañana podamos ya dormir en nuestra deseada Antártida.

    En cuanto a la Unidad Didáctica que os presenté la semana pasada, no sé si habéis podido trabajar con ella. Decidme cómo vais. En caso de que hayáis hecho ya la actividad final propuesta del “viaje de la gota del agua”, podéis elegir 2 ó 3 de los mejores de la clase y escribirlos aquí en el Blog. Os diría que podéis escribir todos, pero eso no depende de mí, sino de vuestros profesores. Lo dejo en vuestras manos, vosotros decidís.

    Y con respecto a los de Secundaria, no sé si estáis trabajando algún grupo, si es así, si habéis solucionado las cuestiones de la Ficha 1 del Cuaderno del Joven Científico nos las podéis escribir también en el Blog.

    ¡Espero vuestros trabajos, expedicionarios virtuales!

    • Karmenka en el puerto de Punta Arenas
    • Interior de un Hercules C-130

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  • Emprendemos el viaje rumbo al Sur…

    Últimos días que están siendo una verdadera locura. ¡Sí!, siempre pasa igual. Parece que lo llevo todo encaminando, cerrando poco a poco cosas, dejando otras apuntadas y ordenadas para resolver a mi regreso en una lista de espera… casi interminable, y al final, no sé cómo, pero surgen tal cantidad de imprevistos que me obligan a estar ocupada las casi 24 horas que tiene cada día. Este ajetreo no hace sino incrementar mis ganas de “escaparme” de lo que suelo llamar “este mundo civilizado” y desear inmiscuirme pronto en la nueva aventura polar científica. ¿Quién dijo que la ciencia y la aventura están separadas?

    ¿Queréis conocer nuestro plan de viaje? Salimos al inicio del 13, y ¡tan al comienzo del día!, a las 00:35. Volamos a Santiago de Chile, pero no directos, tenemos que pasar por Lima, donde nos tocará esperar algunas horas en el aeropuerto, pero que serán bienvenidas para estirar las piernas después de casi 14 horas en ese primer vuelo. En Santiago de Chile otra espera, hasta embarcar en el último avión que nos llevará a Punta Arenas, donde llegaremos a la madrugada, pero del día siguiente. Por cierto, ¿ubicáis todos estos lugares en Sudamérica, verdad?  

    Con esperas incluidas será un viaje de 34 horas… ¡Un poco largo! Y todavía no estaremos en la Antártida, pero sí mucho más cerca. Después viene el cruce al Continente Blanco, que será en un avión brasileño, un Hércules C-130, cuando la ventana meteorológica nos lo permita… Pero, de todo esto os hablaré en el próximo artículo, ya desde Punta Arenas.

    Ahora os voy a dar una buenísima noticia, tanto para los expedicionarios que nos acompañáis en este viaje, como para los profesores que os guían. Vais a estrenar material de apoyo, ¡que os va a encantar! Aprenderéis muchas cosas que nos serán útiles y necesarias a lo largo de la expedición.

    Para los más jóvenes -que estáis en primaria- Pingüi os presenta unos cuadernos de meteorología con varios temas. Empezaréis con El Ciclo del Agua, en el que nuestro amigo Pingüi os contará los cambios de estado de la materia y cómo el agua tiene la particularidad de encontrarse en los tres: sólido (hielo), líquido (agua propiamente dicha) y gaseoso (vapor de agua). ¡Sí, es muy peculiar!

    Y fijaros bien, que nosotros lo que vamos a hacer a la Antártida es estudiar cómo se funde el hielo glaciar, es decir, que estamos estudiando uno de esos cambios de estado, el paso de sólido a líquido con aporte de calor, en este caso es la temperatura ambiente la que produce esa fusión, ese deshielo glaciar. Por cierto, vuestros profesores cuentan también con una guía de estos cuadernos, especial para ellos. 

    Los que estáis en secundaria disfrutareis con el Cuaderno del Joven Científico. Y, ¿qué es esto Karmenka?, me diréis. Es una guía que os va a iniciar en vuestros primeros pasos de la investigación, pero no de una manera teórica sino totalmente práctica, como os gusta a vosotros.

    Y, ¿cómo nos vamos a organizar? Tenemos esta semana y la próxima porque luego empezáis vuestras vacaciones de Navidad. A ver si para antes de iros de vacaciones, los más jóvenes habéis podido trabajar con ese primer cuaderno de El Ciclo del Agua, y los de secundaria, habéis leído la presentación (Mi aventura polar científica) que os he dedicado con mucho cariño en el cuaderno y habéis resuelto las cuestiones de la primera ficha, investigando un poco sobre las características más peculiares de la Antártida.

    Os quiero decir que todo este material que tenéis el privilegio de estrenar, ha sido preparado con mucha ilusión y de forma altruista por algunos de los voluntarios de GLACKMA, en concreto la Meteorología por Empar, el Cuaderno del Joven Científico por Alejandro y la maquetación en ambos casos por Susana. Ojalá que lo sepáis aprovechar, vuestros profesores también, y tened presente que lo que ha movido a estos voluntarios a trabajar de forma desinteresada es su ilusión por ayudarnos a transmitir y divulgar lo que hacemos. Todos nosotros confiamos en que tenéis el futuro del planeta en vuestras manos. Confiamos de verdad en vosotros y vuestras capacidades.    

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  • Colaboración con Uruguay

    Cuando os escribía el artículo anterior retomando la comunicación con todos vosotros -fieles seguidores de este Blog- tenía tras de mi una buenísima noticia, que fue la que me transmitió la energía suficiente para liberarme de ese remolino que me arrastraba a toda velocidad en el estresante mundo civilizado. 

    Tras varios meses de gestión -interrumpidos por nuestra reciente doble campaña al Ártico- hemos establecido una colaboración con el Instituto Antártico Uruguayo y el Servicio Geográfico Militar de dicho país.

    Nuestra próxima labor conjunta la llevaremos a cabo en la próxima campaña antártica y se trata de implementar en la estación de descarga glaciar que tenemos ubicada en la Antártida Insular, junto a la Base Uruguaya Artigas, un sistema de transmisión de datos vía radio. Será la primera de la red de estaciones que tiene GLACKMA en ambas regiones polares, que estará emitiendo datos en tiempo presente. ¡¡Todo un reto por las condiciones tan duras del invierno antártico!!

    Desde aquí queremos agradecer a ambas instituciones uruguayas su confianza depositada en nosotros y su interés por desarrollar el trabajo en conjunto. Una base antártica abierta y funcionando todo el año junto con una estación de medida funcionando en continuo y registrando datos también año tras año. ¡¡Una perfecta compaginación!! Estas pequeñas colaboraciones son las que contribuyen al avance de la ciencia.

    No puedo terminar el artículo sin agradecer a Waldemar su apoyo en esta colaboración. Waldemar es director de la Secretaría General del IAU, socio de GLACKMA, magnífico divulgador y además es un Antártico de verdad. Comparto algo en común con este gran amigo, coincidimos en la Antártida en el año 2000 por primera vez, siendo para ambos la primera inmersión en ese paraíso antártico. Pero no sólo eso, parece que los dos quedamos ensimismados por el Continente Blanco y durante esta década los dos hemos continuado “enganchados” a la Antártida y trabajando en esta línea.

    Os diré además que para la instalación y puesta a punto de todo el equipo, contaremos con todo un experto en radio, otro gran amigo nuestro, Oleg. Un ruso que lleva toda su vida llena de expediciones polares, árticas y antárticas. Tenemos también la suerte de contar con él entre los socios de GLACKMA, otro Antártico de verdad.  

    Como podéis ver vosotros mismos, con noticias como estas y la inyección de energía que provocan, una es capaz de continuar hacia adelante por muchos contratiempos que se presenten. 

    • Base Artigas Uruguaya con  el Vanguardia al fondo

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  • Entrevista a Jorge Nusa, Meteorólogo de la Base Artigas

    Os voy a confesar una cosa. Desde que regresamos de la Antártida y con respecto a los artículos que os he ido escribiendo, algunos habéis visto que iban acompañados de vídeo y otros no. Los vídeos que he ido utilizando los tenía ya editados durante mi campaña antártica. Aprovechaba siempre que podía para ir adelantando trabajo, porque había días que me era imposible dedicar tiempo a la edición de vídeo. Esto me permitía ir teniendo una especie de “almacén” con algunos ya listos, sólo necesitaban el acompañamiento de las palabras.

    Pues bien, este vídeo que veis hoy, es el primero que edito ya en España. Os comenté alguna vez ya, que es muy difícil la adaptación al mundo civilizado tras una expedición, y este es otro pequeño detalle que os lo confirma. ¡¡¡Con lo hilvanada que estaba yo con la edición!!!, que me quitaba tiempo de dormir o de donde fuera para poder sacar los vídeos adelante, y que no sea capaz hasta hoy –mes y medio después de la llegada- de volver a retomar esta tarea… ¡¡es tremendamente significativo!! 

    Hoy nos toca otra entrevista de los componentes de ANTARKOS XXVII de la Base Artigas. Os dejo con el Meteorólogo, ¡¡¡ya veréis todo lo que nos cuenta!!! Además es un gran divulgador y observaréis en el vídeo cómo se nota que está acostumbrado a dirigirse al público.

    Os termino revelando otra cosilla... Tuve un empujoncito para emprender de nuevo la tarea de editora, ¿sabéis cuál? Jorge, el protagonista del vídeo de hoy, me mandaba algún mensajito de vez en cuando y me preguntaba: “Karmenka, ¿cómo vas con mi entrevista?”… “Todavía no he podido empezarla” le tenía que decir. Pasaban los días y de nuevo: “Karmenka, ¿qué tal el vídeo del meteo?”… Sí, y así una y otra vez. Ya se me caía la cara de vergüenza, hasta que le dije: “el próximo artículo del Blog va con tu entrevista”. ¡Y dicho y hecho!

    A ver si ahora que he calentado motores, continúo editando algún que otro vídeo con el material que me he traído grabado de mi adorada Antártida, haciendo un huequillo en mi larga lista inacabable de cosas pendientes. 

    ¡Gracias amigo Jorge!

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  • Momentos mágicos llenos de paz

    He estado pensando mucho cómo retomar la narración antártica, cómo zambullirme en aquella historia reciente y que al mismo tiempo parece que ha quedado atrás en un pasado remotísimo.

    Se me ha ocurrido algo especial, que confío nos transporte a todos en el tiempo y en el espacio, y seamos capaces de inmiscuirnos de nuevo en el Continente Blanco.

    Se trata de un precioso atardecer que sin llegar a la oscuridad, pasa a ser un  maravilloso amanecer. Verano y a la latitud a la que estábamos, ya sabéis que no hay noche.

    Fue mágico, las nubes jugaron con el Sol en su trayectoria, el viento cesó, el tiempo se detuvo por completo. Sentada en la orilla de la playa, al lado de la Base Artigas, mi mente voló, voló muy alto, a años luz y se impregnó de paz y magia…

    Os dejo este pequeño vídeo, a ver si soy capaz de compartir un poco con vosotros aquella quietud y armonía. Cuando lo veáis, olvidaros de todo, alejad de vuestra mente cualquier otra cosa, a ver si lográis embeberos un poco de la magia antártica. ¡Ya me diréis!         

    • Playa de Artigas al atardecer-amanecer

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  • Una verdadera odisea en el aire… pero llegamos a la Antártida

    Un día entero de espera en Punta Arenas. Coincidió además con el primer simulacro de tsunami y terremoto que hacían en la ciudad. Nos juntaron a los que volábamos en el Hércules C-130 en el INACH (Instituto Antártico Chileno) y solicitaron no tener que ser evacuados. Pues sería realmente perder la oportunidad de volar, en caso de abrirse una ventana meteorológica y estar “atrapados” en medio del desalojo de los edificios, durante el simulacro.

    Fue una espera de todo el día… Se hace pesado y largo y según avanzan las horas la esperanza de volar se va perdiendo. A media tarde, nos suben al aeropuerto a todos juntos en un autobús. A los brasileiros que forman parte de la tripulación del Hércules, a una decena de científicos chilenos, cuatro japonés y nosotros dos. No está claro que se pueda volar, las condiciones meteorológicas no son muy buenas allá en la Antártida, pero existe una posibilidad de que se abra una ventana, algunas horas más tardes.

    Continuamos con la espera en el aeropuerto y finalmente deciden que embarquemos. El viaje dura dos horas y media. Sentados en esas redes que a modo de asientos colocan en el interior del Hércules cuando llevan pasajeros, porque este tipo de avión está diseñado sobre todo para carga. Hace unos años, viajamos en uno en el que transportaban al mismo tiempo un helicóptero en su interior… ¡Así que imaginaros!

    El ruido es ensordecedor, más bien está fresco el ambiente y uno al quedarse sentado y quieto todo ese tiempo, empieza a notar un poco de frío. Una vez que pasan las dos horas y media, observamos que el avión no baja altura y comenzamos a ver como el sol va alternando el flanco por el que entra a través de las pequeñas ventanitas altas del avión. Eso indica que estamos sobrevolando sobre el lugar del aterrizaje, dando vueltas y vueltas. El techo de nubes está muy bajo y al tener que operar sin radar de cabecera de pista, es imposible el aterrizaje en estas condiciones.



    Tras más de una hora sobrevolando sobre el lugar, ponemos de nuevo rumbo a Punta Arenas… ¡Vaya! Qué día más pesado. Me encuentro cansada. Ahora llegaremos tarde de regreso a la ciudad. Será ya de madrugada cuando pueda echarme a dormir y probablemente de nuevo temprano en la mañana, nos soliciten estar listos por si hay opción de volar mañana… Bueno, paciencia, no queda otra opción.

    Entonces, de repente, el sol que entra por la ventanuca allá arriba, indica un nuevo cambio de dirección. Invierte su sentido y nos dirigimos de nuevo hacia la Antártida. Se habrán decidido por probar con el aterrizaje. Me siento nerviosa, no son las mejores condiciones. Varios sobrevuelos, varios intentos, el corazón palpita con fuerza y casi se me corta la respiración. El ruido es ensordecedor… Hacen otro intento de aterrizaje… Boomm! Un tremendo bote en el suelo, que se va amortiguando con otros tres saltos en los que se va perdiendo la fuerza y finalmente se sienten las ruedas en su misión y el avión controlado. Pufff!!! Me había imaginado lo peor…

    En el vehículo oruga, los uruguayos nos recogen y nos transportan los 7 kilómetros que hay desde el aeropuerto hasta su base Artigas. Es una verdadera alegría volver a encontrar a los ocho integrantes de la dotación uruguaya que ha pasado aquí prácticamente un año. Los conocíamos del verano anterior. En unas semanas más hacen el relevo y regresan a sus casas.

    Os tengo que ir contando muchas cosas de la zona, de donde están ubicadas estas bases antárticas, de donde vamos a estar nosotros esta temporada…, pero, poco a poco. Terminareis conociendo perfectamente el lugar y la vida por estas tierras. ¡Ya lo veréis!

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  • Próximas expediciones… todavía nos falta un poquito

    Hemos establecido ya las próximas expediciones que realizará GLACKMA, salvo imprevistos, ¡claro!, que además éstos suelen ser muy habituales en temas polares. Os cuento el plan a ver qué os parece.

    De momento este verano no vamos a realizar ninguna. Teníamos pensado subir al Ártico -Svalbard en concreto-  al final de la época estival, para terminar de instalar las sondas que no pudimos la campaña anterior por complicaciones logísticas. Sólo nos dio tiempo a instalar un aparato de los tres que íbamos a fijar. ¡Hombre!, sería perfecto poder terminar la instalación este año, pero entran en juego no sólo ideales y apetencias, sino optimización del trabajo.







    Con los imprevistos que hemos tenido este año y esas campañas extras que hemos realizado a Islandia en la primavera boreal y a Patagonia en el otoño austral, nos hemos quedado a mínimos económicamente hablando. Como os habíamos comentado en alguna ocasión, ha sido cortada la subvención que recibíamos por parte del Ministerio de Medio Ambiente para el desarrollo de GLACKMA. Actualmente lo único que nos queda es un añito de presupuesto del proyecto europeo que tenemos activo, pero cubre sólo las campañas antárticas. Por eso las actividades extras de este año, las hemos tenido que cubrir personalmente para no perder la continuidad de los datos en los registros polares.





    Haciendo cálculos y siendo realistas, meternos ahora a cubrir económicamente el gasto de la expedición a Svalbard, no es posible. Intentaremos conseguir alguna subvención para el próximo año y si no fuera así, haber entonces ahorrado lo suficiente para llevarla a cabo. En principio con la sonda nueva que instalamos allí el año pasado, nos aguantaría hasta el verano del 2012.

    Por eso la próxima expedición no será hasta finales de año a la Antártida. Nos interesa en esta ocasión ir al principio del verano austral para ver el comportamiento de las sondas nuevas cuando comienza la descarga glaciar. Debemos además de completar la curva de ajuste entre nivel y caudal y necesitamos para ello, valores tanto mínimos como máximos del caudal en el río que viene del glaciar. A principios del verano  austral nos aseguramos los mínimos y según vaya adentrándose el verano podremos ir completando el registro de valores máximos.





    Por otro lado, debemos de cruzar a Caleta Potter –donde se encuentra la Base argentina Jubany- y volver a instalar allí la sonda multiparamétrica. Debido a su complejidad esta sonda no puede quedar a la intemperie en el invierno y por eso, cuánto antes vayamos para poder comenzar a registrar datos al inicio del verano, mejor. Nuestro objetivo será poder llegar al Continente Blanco en la segunda quincena de noviembre y regresar a finales de enero. Ahora todo dependerá de la logística.

    Y después, ¿cuáles son nuestras próximas expediciones? Lo siguiente sería acudir al Ártico y para ello planeamos trabajar en tres estaciones: la de Islandia, la del Ártico Sueco y la de Svalbard.





    Para las dos primeras haremos una logística combinada, saliendo desde España en un vehículo todoterreno. En ferry desde Dinamarca cruzaremos a Islandia, donde llegamos con el todoterreno que nos da movilidad allí. Al regreso, subimos hasta el Norte de Suecia y el último tramo donde ya no es posible avanzar con el vehículo, lo cubriremos en helicóptero. Nos acompañará Jose, otro socio de GLACKMA, quien está empezando a realizar su tesis doctoral en el glaciar de Islandia.





    Esta combinación la haríamos durante varias semanas de julio y agosto, para dejar libre la primera quincena de septiembre y subir a 79ºN a Svalbard, a terminar el trabajo de instalación del que os hablaba antes.

    A estas tres últimas expediciones -las del Ártico- nos acompañará otra vez Gabriela. A parte de la investigación y divulgación habituales que desarrollamos, ella desde Madrid Scientific Films debe seguir con el objetivo de sacar adelante el documental científico de GLACKMA. Además Gaby se integró perfectamente en el trabajo de equipo durante la pasada expedición… ¡así que repite con nosotros!

    Bueno, pues estas son de aquí a un año nuestras próximas expediciones marcadas en la agenda de GLACKMA. ¿Cómo lo veis?, ¿qué os parece?

    Sinceramente os digo… que a mí, hablar de todo ello ahora, cuando debo de pasar este verano sacando adelante una enorme cantidad de trabajo de gabinete acumulado, se me hace… ¿cómo diría yo?, dejémoslo simplemente en “tremendamente complicado y difícil”. ¡Seguro que me entendéis!

    • Próximas expediciones… todavía nos falta un poquito
    • Próximas expediciones… todavía nos falta un poquito
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  • Viaje tan breve y fugaz como hermoso… propio de los sueños

    Efectivamente amanece un día fantástico en la Antártida. El cielo completamente despejado, ni una sola nube. Debido a su proximidad con el estrecho del Drake, es una zona tremendamente complicada para la meteorología y es muy extraño poder observar el cielo completamente azul. De hecho, creo, que con todas las campañas antárticas que tengo en verano, es la primera vez que lo veo así de luminoso.



    Tras el desayuno, me preparo para salir al exterior y poder hacer unas cuantas fotografías del entorno en estas condiciones. A pesar del sol seguimos con temperaturas bajas de -12ºC, pero la ventaja es que el viento apenas llega a los 15 nudos, y por tanto no nos hace descender exageradamente la sensación térmica.

    Roberto, el Capitán de Fildes, me informa que el Hércules C-130 chileno ha salido de Punta Arenas y viene hacia acá. Ha confirmado también que estoy considerada como pasajera para regresar a Punta Arenas, y me indica que me solicitan estar a las 10:40 en el aeropuerto. Sonrío, al final parece que todo va a salir bien.



    Todavía con algo de penumbra abandono Fildes, quiero subir alguna colina próxima para tener unas buenas vistas de la zona y poder hacer alguna foto bonita, cuando salga el sol e ilumine la zona. No tengo mucho tiempo al solicitarme estar tan pronto en el aeropuerto. ¡Vaya, podían haber esperado un poco…!

    Debo llevar la cámara envuelta y protegida del frío, para que me permita trabajar con ella. La mantengo además próxima a mi cuerpo para pasarle algo de mi calor corporal. A pesar de los cuidados, tengo que tener precaución cada vez que la saco al exterior, pues no aguanta mucho tiempo a la intemperie.



    Ando ligera, a medio carrera en las zonas que el hielo me lo permite. La nieve está helada de la noche y es muy fácil resbalar. ¡Qué maravilla de paisajes! Poco a poco voy ganando altura y sorprendiéndome a mí misma de lo espectacular de este día. El sol va saliendo poco a poco y las luces, según cobran intensidad, cambian por completo el entorno.

    Tengo una magnífica vista panorámica de la Base Rusa Bellingshausen y las chilenas Frei y Fildes al fondo. La bahía que en verano sostiene tanta vida, ahora tiene helada ya una buena parte. La barcaza de los rusos “Anderma”, en la costa, marca muy bien el inicio de lo que era antes agua… Ahora, todo hielo.

    El sol, debido a la latitud elevada y la época invernal en la que estamos, hace su recorrido muy cerca del horizonte. Sí, tenemos la desventaja de las pocas horas de luz, pero al mismo tiempo cuando -como hoy amanece un día así de despejado- la luz es muy hermosa. Al ser tan rasante, parece cubrir todo con un baño de oro líquido. Voy haciendo alguna fotografía, recogiendo la cámara de vez en cuando para protegerla del frío, esperando a que siga ascendiendo un poco el sol y me cambie las luces del paisaje y volviéndola a sacar con cuidado, para continuar captando con las imágenes la maravilla que tengo ante mí.



    En estos ratos de espera, me dedico a contemplar el paisaje que me rodea. Tras haber conocido la dura ventisca de estos días pasados, me quedo realmente absorta del fabuloso día de hoy. Mi mente desconecta por un momento de la realidad y tengo la sensación de estar viajando por el espacio, llegando a un lugar hermoso, de esos que sólo existen en los sueños, e impregnándome de una luz dorada, limpia, pura, que me llena de una energía tremendamente positiva. Despierto de mi sueño… ¡no, no era un sueño! Esta vez ha sido todo real. Me encuentro tremendamente feliz y soy consciente de lo afortunada que he sido. Han tardado meses en tener este día aquí en la Antártida, y yo he tenido la suerte de vivirlo en mi viaje tan efímero a la zona. Tremendamente afortunada. Respiro profundamente, me lleno de nuevo de la belleza del entorno y otra vez una inmensa sensación de paz y armonía se instala en mi interior. Sé que será un recuerdo imborrable en mi vida.



    Es hora de regresar a Fildes. Una vez allí recojo mi mochila -que ya había dejado preparada- me despido de la gente de la dotación y Roberto me sube en moto al aeropuerto. El Hércules todavía no ha llegado, pero en la normativa de FACH nos exigen siempre estar antes de su aterrizaje, si vamos a tomar el avión. No pierdo el tiempo, como la zona del aeropuerto es también una parte elevada, continúo con mis fotos. El sol sigue subiendo y las luces cobrando intensidad.



    Consigo fotografiar la entrada del Hércules y continua la espera mientras proceden a la descarga de todo lo que traen y cargan lo que sacan de estas tierras antárticas. Son las 13:30 cuando me piden subir al avión. Por seguridad y aunque el día está con visibilidad, parten antes de que se meta la noche en la zona. Me despido de Roberto y me siento torpe con las palabras para poder expresarle el agradecimiento por todo el apoyo que me han brindado. Hay acontecimientos en la vida para los que no hemos sido capaces de crear el lenguaje adecuado…



    En el Hércules -sentada en esas redes rojas- mi cuerpo viaja a Punta Arenas mientras mi mente recorre una y otra vez las odiseas, aventuras, peripecias, incidentes y anécdotas de los últimos días. Es increíble que un viaje tan corto me deje completamente llena de vivencias de tanta intensidad.

    De repente una tremenda sacudida me vuelve a la realidad. Estamos aterrizando en Punta Arenas bajo condiciones muy fuertes de viento. Al levantarme, un par de chilenos que tenía sentados frente a mí y que regresan también a esta capital austral, me dicen: “Pareces la felicidad personificada. Durante todo el viaje tu cara reflejaba una inmensa alegría”. Sonrío, “no puede ser de otra manera, fue un viaje tan breve y fugaz como hermoso”.

    • Viaje tan breve y fugaz como hermoso… propio de los sueños
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  • El éxito es el fracaso superado por la perseverancia

    (crónica recibida por teléfono satelital, Fotos: Karmenka en directo)

    La nieve helada me golpea la cara con fuerza, tengo que quitarme las gafas ya que mi respiración acelerada hace que se me empañen. Los caprichosos copos arrastrados con fuerza por el viento me hacen entrecerrar los ojos.

    Quitar la protección de los cabezales que protegen los lectores de la sondas se convierte en una tarea casi interminable en estas condiciones de ventisca. Necesito operar con mis manos desnudas, ya que los guantes me impiden estas maniobras tan delicadas y precisas. Se me quedan heladas rápidamente, así que mi mente maquina una especie de alternativa. Una mano con guante y la otra no, intercambiando el papel de la protección antes de que la desnuda pierda el tacto. Sería catastrófico quedarme sin tacto, ya que tardaría mucho después en recuperarlas. Tengo que evitar esa situación.

    Una vez que los lectores de las sondas están al descubierto, tengo que emprender otra maniobra delicada. Sacar el ordenador de campo, encenderlo y preparar el programa, así como el cable de conexión. El ordenador es el robusto y especial para estas condiciones, del que os hablaba el otro día, pero es muy chiquito. La pantalla mide unos 12 cm. de ancho por 8 de alto. Imaginaros el tamaño de la letra.

    Para que os terminéis de hacer una idea, se me cubre continuamente de nieve que se queda helada y tengo que andar apartándola. Las gotas de agua que quedan del hielo fundido tras mi limpieza con la mano, hacen que esos tamaños de letra tan diminutos los distinga todavía con más dificultad. Para terminar de describir la situación imaginaros la cellisca golpeando mi cara y mis ojos.

    Con todo listo engancho un extremo del cable de conexión al ordenador y el otro a una de las sondas. Tardo un rato, mis manos se mueven lentamente por el frío. Hago conexión con el ordenador y la sonda… ¡Bien, y la sonda está funcionando! Algo es algo. Apartando una y otra vez la nieve helada de la pantalla, busco en el menú del programa la opción de descargar los datos antiguos. Bajo una serie de fichero… ¡Puf… algo tengo!

    Ahora debo convertirlos, ya que bajan en un formato máquina que no puedo leer. Me lleva un ratito…, aumentan mis nervios. Ficheros convertidos. Se acerca la hora de la verdad, tengo que abrirlos. De nuevo aparto la nieve helada de la pantalla. Cambio mi guante de mano. Mi corazón palpita a 200 por hora. ¡Sí, sí, sí…! Fichero de datos completo. No hay laguna de datos. Todo está bien. Seguramente al hacer la extracción de datos ayer con la agenda se cerró la comunicación debido al frío. Ahora con el ordenador ha sido posible extraer la serie completa gracias al calefactor que tiene. ¡Genial, genial, genial! Mi emoción es tan fuerte que se me escapa alguna lagrimita, pero se confunde con la nieve que se funde en mi cara.

    Ahora repito la operación con la otra sonda. Al aproximarme al extremo del cañón resbalo en el hielo que se ha formado en el borde y ¡zas!, un rápido movimiento –creo que instintivo al haber hecho la instalación en su día- me permite agarrarme a uno de los tubos que protegen los cabezales de la sonda. Quedo colgando de este agarre y con cautela me retiro hacia atrás hasta poner los pies firmes.

    Después continúo con la operación en la segunda de las sondas. Oigo la voz de Alfonso llamarme preocupado. Asomo la cabeza de entre las rocas cubiertas de nieve y agito mi brazo. “Todo bien. Cinco minutos y listo.” Había venido a buscarme con la moto, los otros tras liberar las motos del último atasco se había ido a espera ya Artigas, para ir tomando algo caliente.

    Al terminar me doy cuenta de que estoy casi congelada. Recojo todo, bajo con cuidado del cerro helado y recorro los 100 metros que me separan de Alfonso y la moto. Con una sonrisa de oreja a oreja le transmito mi infinita alegría. “Todo está bien. Tengo la serie de datos completa y las sondas están funcionando perfectamente. Muchas gracias, muchas gracias por el apoyo. Todo el esfuerzo mereció la pena”.

    Pasamos por Artigas para tomar un café caliente y sin más demoras de nuevo a las motos para emprender el recorrido de vuelta. Sigue empeorando el tiempo y nos queda un largo camino por recorrer.

    Regreso en la moto feliz, inmensamente feliz, con una alegría cándida e inocente. Al pasar frente a la Base Rusa Bellingshausen, compruebo que el cartelito de “Salamanca 12512 km” sigue en el indicador kilométrico que tienen frente al edificio principal. Allí está desde el año 2000. ¡Cuántos recuerdos!

    Al llegar a Bahía Fildes allí estaba el vehículo oruga de los uruguayos. Tras sus gestiones por la Base Chilena Frey, pasaron por Fildes para saludar a la dotación y ya estaban a punto de regresar a Artigas. Llevaban a un grupo de argentinos que habían cruzado el otro día desde Jubany hasta Artigas y ahora esperaban el buen tiempo para poder regresar a la Base Argentina. Los voy saludando y… ¡tremenda sorpresa!, entre ellos está Maxi, quien nos había ayudado durante el pasado verano con nuestro trabajo en el glaciar cuando estuvimos en Jubany. Una tremenda alegría volver a verlo.

    Pero mi alegría del día no queda ahí. Me dice Roberto que la predicción meteorológica para mañana es muy buena y casi con toda seguridad que podrá entrar el avión desde Punta Arenas.