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Blog: Karmenka desde los Polos

  • Por el paso Roballo cruzamos de Argentina a Chile

    Comienza nuestra andadura en busca del Campo de Hielo Norte en Chile y para ello, aprovechando la extensa y llana pampa argentina, dejamos El Chaltén junto al Fitz Roy y subimos hacia el Norte. Os dejo aquí el trocito de mapa por el que nos estamos moviendo estos días y así podéis seguirnos con más facilidad y ver por donde andamos. Os dejo uno más general donde tenéis los Campos de Hielo y ubicáis el Fitz Roy abajo y otro con más detalle del Campo de Hielo Norte por donde nos vamos a mover.

    Decidimos tomar la pista 40 en Argentina y subir por ella hasta Bajo Caracoles a la altura del Campo de Hielo Norte. A partir de ahí por la 41 entramos en Chile a través del Paso Roballo. Os diré que esto que se ve así tan fácil en el mapa, ha sido complicado, dos días de conducción continua porque la pista 40 de Argentina, no es que sea de ripio… está además en obras, casi en su totalidad. Y, ¿qué es lo que han hecho? Han abierto una pequeñita al lado, que va cruzando continuamente las obras, pero está en muy malas condiciones. Para que os hagáis una idea, nos obliga a tener que ir a una media de 40 km/hora. Mientras estamos en ruta vamos durmiendo por el camino, en el coche con los sacos de dormir. No es lo más confortable, pero sí lo más operativo.

    En las proximidades del Paso Roballo, vamos dejando por fin la extensa pampa y el paisaje nos comienza a dejar disfrutar de lo espectacular que es el adentrarse en la Cordillera Andina tras estas enormes planicies.

    Entramos por fin en Chile por la frontera en el Paso Roballo. Los caminos que vamos a recorrer durante todos estos días, ya os advierto que son todo pistas de ripio. Todas esas carreteras que veis marcadas en el mapa son todas  pistas.

    La entrada en Chile nos saluda con lluvia que pronto se transforma en nieve, la temperatura que cae hasta los 3ºC, pero con unas bonitas estampas de los guanacos y los ñandús.



    Una vez en Chile, por el Cordón Chacabuco llegamos a Cochrane y con ello el final de un día más. Ojalá mañana tengamos buen tiempo y las nubes se retiren para dejarnos vernos el entorno tan espectacular que nos rodea.

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  • En España, tremendo contraste…

    Os escribo ya desde Salamanca. Un paso rápido por Punta Arenas, a la salida de la Antártida, para despedimos de los amigos que allí tenemos. Seguimos coordinando el posible trabajo para el futuro en el glaciar Contramaestre de Tierra del Fuego. En este sentido avanzamos algo tras nuestras conversaciones con el departamento de glaciología del INACH (Instituto Antártico Chileno), con la sección de Meteorología de la Armada y con la Dirección de Aguas. Parece que hay intereses comunes en el estudio de ese glaciar y posiblemente podamos llegar a trabajar en él.



    Después, como en un abrir y cerrar de ojos, todo se acaba. Cinco horas de avión de Punta Arenas a Santiago. Una espera de casi 9 horas en el aeropuerto de la capital chilena. Estiramos las piernas, paseando un poco por el entorno del aeropuerto. Al salir  nos sorprende una tremenda bocanada de contaminación. Se veía desde el aire antes de aterrizar, la ciudad de Santiago se encontraba cubierta por una bóveda de polución. Al parecer llevan mucho tiempo sin lluvias y ahora en el invierno hay menos viento que en época estival, lo que favorece que la contaminación se vaya quedando acumulada en la ciudad, ya que la cercana cordillera actúa de enorme barrera. Acostumbrados a respirar el aire puro de Patagonia y la Antártida, nos da la impresión de estar sumergidos en una piscina de polución.



    Inmediata ya la hora de salida de nuestro próximo avión, entramos en el aeropuerto y nos dirigimos a la zona de embarques. ¡Vaya, un verdadero caos! Está todo abarrotado de gente, sentada, echada y paseando por todos los rincones. ¿Qué ocurre? ¡Anda, es debido a la ceniza del complejo volcánico Puyehue-Cordón Caulle! Con los vientos predominantes de Oeste a Este, llevan ya varios días con cierre del espacio aéreo en Argentina y Uruguay. Todos los vuelos que salen de Santiago rumbo a Buenos Aires y Montevideo están siendo cancelados.



    Con el nuestro no hay problema, ya que dejará las cenizas al Este y podremos continuar la ruta al Norte. Sólo nos tocan varios cambios de puerta de embarque, pero salimos bastante puntuales. Un largo recorrido de casi 14 horas hasta Madrid en el que mi mente revive una y otra vez las situaciones tan intensas vividas en estas últimas semanas. ¡Ha sido todo un verdadero éxito! ¡Qué afortunada me siento!



    España… ¡qué tremendo contraste ahora! De repente la temperatura la tenemos 40ºC más alta que de dónde venimos allá en la Antártida. Y la luz… los días son ahora interminables, no se acaban nunca. Pasamos de tener apenas 5 horas de luz con una continua ventisca a algo más de 15 horas de luz y sol brillando con intensidad en el cielo. Al cuerpo le cuesta asimilar un cambio tan grande en tan sólo unas horas…   



    A parte de ese enorme contraste natural, me meto de bruces en el mundo…, en el mundo, ¿cómo llamarlo? “civilizado” suelen decir. Pero sinceramente, no me gusta nada esa palabra porque no refleja la realidad. Prefiero denominarlo Vorágine y Torbellino, ambas con mayúscula, para darles más fuerza. Todo son prisas, premuras, urgencias. Cantidad de papeleos y formalismos que consumen el tiempo y no valen para nada o para muy poco… Tremendo contraste.



    No puedo dejarme impregnar por esta locura, tengo que escaparme antes de que inconscientemente quede atrapada y prisionera en sus redes. Un fin de semana en el campo, en la montaña, en la hermosa sierra -que por suerte, tan ceca tenemos en Salamanca-. Disfrutar con la familia, impregnarse de la naturaleza que está ahora tan preciosa y llena de vida. Todo verde, frondoso, los cerezos con sus frutas madurando, los castaños en flor, los pájaros trinando en continuo. Una mezcla de aromas que te impulsan a respirar profundamente y purgar el aire del interior.



    Y cómo no, en medio de esta naturaleza llena de vida, no podía faltar el deporte. Paseos por los robledales, caminatas, baños en las aguas frescas de los ríos de montaña y la bici… Me encanta este deporte sobre todo cuando puedo hacerlo en la montaña. Son horas en las que la mente queda libre para evadirse por donde lo desee. Esta vez, ha sido inevitablemente por la reciente expedición. Subir puertos con tu única energía y… la bici, ¡claro!, percibir el cansancio, el creer que uno ya no puede más… y entonces la mente actúa, toma el mando y consigue que el cuerpo siga pedaleando y llegue a la cumbre. ¡Es genial!    



    Una maravillosa naturaleza que ha sido capaz de llenarme de nuevo de vida. Ahora, la semana en la selva del cemento, será mucho más llevadera.

    • En España, tremendo contraste…
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  • Siempre hay algo positivo

    En Punta Arenas con mi ojo y mi dedo sin mejorar, decido acudir a un médico. No estoy acostumbrada a ir a hospitales o médicos y se me hace más costoso que recorrer los 30 kilómetros de la caminata a la estación del Tyndall. Y, ¿dónde voy? Ni idea… me encuentro como pez fuera del agua. “Bueno, lo dejo, ya mejorará” pienso para mis adentros. “Pero, mañana puede que tenga la opción de cruzar a la Antártida, tengo que encontrarme en condiciones…” siguen mis pensamientos.

    Llamo a Sergio, gerente de Agencias Marítimas Broom y amigo nuestro aquí en Punta Arenas. Desde esta agencia, llevan ya un par de años apoyándonos para conseguir que  llegue el material enviado por cargo tanto aquí como a la Antártida. Sin perder un instante, me viene a buscar junto con Marcela -también trabajadora de la citada agencia- y me llevan en primer lugar al Hospital Naval. Hay una larga cola de espera y deciden probar en otro lugar. Nos vamos a la Clínica Magallanes, con la que también tiene un convenio la Agencia Broom. Me encontraba arropada entre Sergio y Marcela que hablaban con unos y otros para ver cuál era la mejor opción de ser atendida.

    En la consulta, el médico nada más ver el ojo y el dedo, confirma sin duda que se trata de una picadura. Le conté cómo habíamos limpiado en el campamento la enorme ampolla que se formaba en el dedo: -como no teníamos otra cosa, desinfectamos un cuchillo al fuego y Agustín me abrió esa especie de enorme ampolla que se formaba en el dedo.

    Entonces el médico, sonriendo, pero serio, me dice: - Nooo… eso se hacía antes en la guerra. No teníais que haberlo abierto así. ¿No lleváis botiquín?

    Le explico: - En mis primeras expediciones había preparado un botiquín muy completo, que llevaba siempre. Pero, ¿qué ocurría? Nunca utilizábamos nada, las medicinas se caducaban y tenía que andar renovándolas, así que decidí no volver a llevarlo.

    Me argumenta el médico y con razón: - Basta que una vez te haya sido útil, para que haya merecido la pena llevarlo diez veces sin utilizarlo.

    Realmente tiene razón, a partir de ahora, me volveré a preparar un botiquín para las expediciones. Está claro que aunque no pase nunca nada, no quiere decir que no pueda pasar. Lección aprendida.

    Al final se nos pasa las mañana con estas gestiones. Al finalizar, tomando un café en la cafetería del hospital, Sergio saluda a otro de sus muchos conocidos. En este caso se trata de Patricio, médico del Hospital Naval de Punta Arenas. Sergio, que es un seguidor de lo que hacemos en GLACKMA, le comienza a explicar que venimos de una expedición del glaciar Tyndall y le habla de todo lo que hacemos. Le cuenta también lo contenta que quedó la gente con nuestro entusiasmo en la conferencia divulgativa que impartimos en Punta Arenas en marzo, al terminar nuestra anterior campaña antártica.

    Patricio, encandilado con lo que le estábamos contando, nos pide si sería posible dar una conferencia divulgativa en el Hospital Naval. “Por supuesto, no sólo es posible, para nosotros sería un verdadero placer” le explicamos. “De hecho estamos muy agradecidos a la Armada por el apoyo prestado durante nuestra pasada campaña antártica, a través de la Estación Marítima de Bahía Fildes”.

    Siempre hay algo positivo. Esas picaduras ya han valido para algo.

    Como un buen cierre os dejo esta foto del amanecer ayer en nuestra caminata  de vuelta del Tyndall.

     
    • Siempre hay algo positivo
    • Siempre hay algo positivo

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  • Comenzamos a recoger el campamento

    (crónica recibida por teléfono satelital,  Fotos: Archivo GLACKMA)

    Otro día intenso de actividad. Nublado, con viento y algún chubasco, pero no ya la constante lluvia como tuvimos ayer.

    Por la mañana extraemos los datos -almacenados durante estos días- tanto de las sondas de la estación nueva como de la antigua. Nos tocará trabajar con ellos junto con los aforos realizados en el río, una vez regresemos a España. Gaby continúa con su trabajo de grabación, aprovechando cualquier pequeño rayito de sol que nos brinda con sus luces suaves.

    Retornamos al campamento, hacemos una última comida caliente y empezamos a clasificar, recoger y empaquetar todo el material. Una vez que está todo listo y la tienda grande de campamento vacía, la retiramos. Tenemos suerte, no nos llueve durante la maniobra y el viento nos deja realizarla tranquilamente.

    Nos quedan solamente las tiendas de dormir y en ellas los sacos. Mañana nos levantaremos a las 6:00, recogeremos y empaquetaremos estas tiendas y dejaremos todo el material así listo para que vengan los baquianos con los caballos a recogerlo. Nosotros nos pondremos en marcha, deshaciendo la caminata del primer día, para retornar a la guardería Grey donde tenemos los vehículos.

    Al final, el balance de esta primera parte de la expedición es muy positivo: los instrumentos antiguos funcionando, la serie de datos en nuestro poder sin laguna alguna en los casi 10 años que aquí estamos midiendo, la nueva estación perfectamente instalada con sondas más robustas e incluso varios aforos realizados con valores de caudal mínimos que son los que no podremos tomar cuando vengamos en el verano. Además de todo esto, el cometido y el objetivo de la participación de Gaby en la expedición, también están muy bien cubiertos en lo que llevamos hasta ahora. Le espera una segunda parte que promete ser también un buen complemento de su trabajo.

    Todo positivo. Una única nubecita es mi ojo… que sigue un poco raro. Pero ya mejorará.
  • Concluida la instalación

    (crónica recibida por teléfono satelital.  Fotos: Archivo GLACKMA)

    La noche fue larga para mí… apenas pude dormir un par de horas debido a una molestia en uno de mis ojos. El otro día debió de picarme algún insecto y se me ha ido poniendo peor con el paso del tiempo. También me han aparecido unas picaduras en el dedo corazón de la mano derecha, y todas ellas no hacen más que hincharse y molestar, sobre todo de noche cuando estoy calentita en el saco de dormir.

    En mi larga noche en vela tuve la compañía del ruido de la lluvia al golpear con la tienda. A lo que se sumó después un fuerte viento que me mantenía en vilo, pensando si la tienda grande nos la levantaba y llevaba, qué haríamos con todo el material allí guardado.

    Agotada ya de cansancio y habiéndome acostumbrado a las incomodidades de las picaduras e hinchazones, logro coger el sueño cuando me suena el reloj a las 7:00 de la mañana. Todavía plena noche, la lluvia sigue cayendo y con el cansancio de no haber dormido, tengo que sacar toda mi fuerza de voluntad para salir del saco, dejar la tienda y afrontar la nueva jornada.

    Desayunamos y bajo la lluvia nos ponemos en marcha hacia la estación de trabajo, dejando atrás el campamento. No son agradables las condiciones de trabajo con el viento y la lluvia, pero tenemos que seguir con la instalación. Sin embargo un grupo unido, centrado en un objetivo es capaz de sacarlo adelante a pesar de las dificultades que puedan surgir.

    Se suceden las horas, termina la luz del día y conseguimos finalizar la instalación de la nueva estación que además queda perfecta. E incluso podemos comenzar con la campaña de aforos. Si alguno de los que nos va siguiendo en el Blog puede explicar a todos los nuevos que se han ido incorporando, qué es esto de la campaña de aforos y su relación con los valores que registramos en la estación recién instalada, os lo agradecería. Estoy realmente agotada y no me queda mucha energía para escribiros más.

    Aparte del cansancio estamos todos felices por el trabajo bien hecho. Una gran satisfacción se refleja en las caras de todos mis compañeros. Además gracias al teléfono satelital hemos tenido información sobre el cruce a la Antártida en los próximos días. ¡Va a ser genial! Ya os iré contando cómo vamos a hacer para sacar todos nuestros objetivos adelante.
  • Un buen trabajo en equipo

    (crónica recibida por teléfono satelital, Fotos: Archivo GLACKMA)

    Aprovechamos bien las horas de luz que tenemos, así que comenzamos a levantarnos y preparar el desayuno, todavía en penumbra. De esta manera cuando comienza la luz estamos ya caminando hacia la estación, llevando con nosotros el resto de material.

    Es un día muy intenso de trabajo para todos y tenemos suerte con el tiempo que nos acompaña. Entre sol y nubes, a veces más densas, pero nada de lluvia ni nieve como los días anteriores.

    Trabajamos muy bien en equipo, Adolfo, Agustín y yo ya nos conocíamos trabajando juntos en campo durante campañas anteriores en este glaciar. Agustín es oro puro para el trabajo en equipo y un perfecto todoterreno en todos los sentidos. Congeniamos muy bien los tres desde la vez que coincidimos en la primera campaña al Tyndall, hace ya casi diez años.

    Pero no sólo esto, sino que los nuevos, Gaby y Pepe, se han integrado perfectamente en la expedición. Gaby saca adelante su trabajo de realizadora, filmando y grabando, pero sin interferir para nada en el trabajo de la expedición. Además tanto ella como Pepe, se han integrado muy bien en el equipo, pendientes de cómo ayudar, qué hacer, cómo colaborar, cómo echar una mano… Está siendo una expedición ejemplar en cuanto a trabajo en equipo, hay un magnífico ambiente entre los cinco y de esta manera vamos juntos superando todas las dificultades que nos van apareciendo.

    Comenzamos con la instalación de las sondas nuevas en el río. Tenemos suerte y el nivel está bajo, ha sido una buena época la que seleccionamos para venir. Aún así en el lugar de anclaje de las sondas, el agua nos llega por el pecho. Estamos Agustín y yo metidos en el río haciendo los anclajes para fijar la estructura. Desde el exterior tenemos el apoyo indispensable de Adolfo y Pepe. Mientras, Gaby aprovecha para realizar una buena cantidad de tomas para ir teniendo material para el futuro documental.

    Os escribo ya al finalizar la jornada. Ha sido muy intensa pero terminamos todos satisfechos. Nosotros con la instalación y Gaby con el material grabado. En cuanto a la instalación se refiere, quedó ya la parte del río hecha, de manera que mañana continuaremos con todo el exterior, pera yo no tendremos que meternos en el agua fría.

    No me extiendo hoy más, estoy agotada y con ganas de irme al saco a dormir y recuperar. Mañana hay que volver a levantarse temprano para que seguir con el trabajo.

    Las fotos de archivo que os acompañan este texto son del final del verano. Como podéis, ver imposible entrar al río en esas condiciones.
  • Una buenísima noticia, no os lo vais a creer

    (crónica recibida por teléfono satelital.  Foto: Archivo GLACKMA)


    Amanecemos descansados y secos… pero tremendamente hambrientos. Ayer habíamos pasado todo el día sólo con unas barritas de cereales energéticas, ni desayuno, ni comida, ni cena… y eso que la jornada fue larga, de bastante desgaste y con el final durillo de la lluvia a la hora de montar las tiendas de dormir.


    Al levantarnos por la mañana, todavía tenemos que aguantar un poco más el hambre. Hay que montar la tienda grande en la que almacenaremos el material y la comida y nos permitirá cocinar y comer a pesar de los días que nos toquen con lluvia y viento. Sacamos fuerzas de donde ya casi no hay y con una perfecta colaboración de los cinco integrantes de la expedición montamos la tienda grande, a pesar del fuerte viento que nos obstaculiza un poco la tarea. Después, distribuimos el material dentro de ella y por fin clasificamos los víveres que traemos. Tenemos el estómago completamente vacío, así que decidimos hacer un café calentito y mientras lo tomamos y nos va entonando, preparamos una especie de comida-cena atrasada de ayer que pasa a ser nuestro desayuno de hoy. Con el estómago lleno, las energías renovadas, parecemos otros.


    Comenzamos a separar todo lo que es material de instalación, bastante pesado por cierto, al constar de una gran cantidad de estructuras metálicas. Nos lo repartimos entre todos, cada uno según sus posibilidades y lo vamos transportando hasta el lugar de la estación en el río, donde debemos hacer la nueva instalación. El lugar no está lejos del campamento, a unos 2 kilómetros, pero los caballos no pudieron continuar debido a una zona de piedras bastante grandes y a una destrepadita que hay que hacer en una pared.


    Alcanzamos el lugar, el río lleva poca agua en comparación con el verano, aún así en el punto seleccionado para realizar la instalación, el nivel nos llegará hasta el pecho cuando nos tengamos que meter en él a trabajar. Tenemos algunos ratos bastante agradables, en los que las nubes nos dejan disfrutar de unas espectaculares vistas de las Torres del Paine, así como de diversos glaciares.


    Una vez tenemos todo el material acarreado en el lugar de la estación, tras largos viajes, me dispongo a intentar de nuevo conseguir conexión con la sonda antigua instalada. Digo de nuevo, porque en la expedición pasada a este lugar, a principios de marzo al salir de la Antártida, lo intentamos de cien mil maneras posibles. E incluso llegamos a hacer otra caminata al lugar con ida y vuelta en un sólo día, cambiando el software del programa utilizado. Y todo el esfuerzo resultó en vano. Los que nos habéis ido siguiendo lo recordaréis perfectamente, ya que fue tremendamente desolador, y los que os habéis unido más recientemente podéis buscarlo en las entradas antiguas del Blog.


    Bueno, el caso es que me preparo con el ordenador, el nuevo cable de conexión, abro la tapa de protección del lector de la sonda, engancho el cable, abro el programa… y mi mente tranquiliza a mi corazón, que está nervioso. Muy nervioso. Algo me lleva a pensar –ya desde España así lo creía- que con el nuevo cable conseguiría hacer la conexión, pero algo también me quiere hacer ser realista y no ilusionarme demasiado para evitar la tristeza después. En medio de esa lucha interna, mi corazón palpita con fuerza y… casi se sale de mi interior cuando mis ojos abiertos de par en par, observan que sí consigo hacer conexión entre ordenador y sonda. Se acelera todavía más el pulso al comprobar que sí están todos los datos almacenados –más de 11.000- y en mi cara se dibuja una enorme sonrisa cuando logro descargarlos. “¡Sí, sí, sí, tenemos los datos, toda la serie, no hay laguna de datos en la información!” les digo a los demás a gritos. Los nuevos van a pensar que estoy loca, pero es que es la mejor noticia que me podían dar.


    Tras esta tremenda alegría, regresamos al campamento ya oscureciendo y de nuevo la lluvia nos viene a saludar. En el fondo, en el fondo, yo creo que se unió a compartir con nosotros la alegría de la noticia.


    La diferencia de hoy con respecto a ayer es que, aunque llegamos mojados, tenemos una tienda donde refugiarnos y donde poder cocinar y tomar algo caliente. Tras reponer fuerzas, terminamos de preparar el resto de material para llevar mañana y comenzar la instalación de las nuevas sondas.


    Mientras hacíamos todo esto -recogidos en la tienda- fuera una sorpresa se estaba preparando para brindar con nosotros esa buena noticia de hoy. Se había despejado parte de la bóveda celeste y atónitos nos quedamos un buen rato contemplando las estrellas que parecen tener hoy un brillo especial.

  • Una bonita jornada con un final durillo

    (Crónica recibida por teléfono satelital, Foto: archivo GLACKMA)

    Ayer al finalizar el día cuando estábamos en Puerto Natales, una intensísima lluvia nos recordó que la caminata podrá ser más o menos confortable según las condiciones meteorológicas que tengamos.
    Comienza nuestra jornada según los planes previstos. Tras levantarnos a las 6:00 de la mañana, abandonamos Puerto Natales para entrar en el Parque de Torres del Paine. Lo cruzamos en los dos vehículos hasta llegar al final de una de las pistas, junto a la guardería Grey. Ya están allí los dos baquianos con los cinco caballos. Bajamos el material y se hace la carga en las caballerías.
    Salen a paso ligero los caballos y nosotros nos ponemos en marcha. Tenemos por delante una caminata de 30 kilómetros, por zona de montaña media con sus subidas y bajadas. El día amanece nublado, pero sin lluvia por el momento.
    Vamos disfrutando de la caminata e incluso el sol con sus rayos nos acompaña en algunos momentos. Si para todos es espectacular el panorama que presenta esta zona del parque con sus zonas altas ya nevadas, más todavía lo es para Gaby y Pepe que lo contemplan por primera vez. Vamos haciendo alguna paradita para que Gaby pueda hacer su cometido de ir grabando algo de video.

    Según nos dijeron los guardabosques en la guardería Grey, ayer hubo por la zona lluvias muy intensas y continuas… ¡De buena nos hemos librado! Sólo sufrimos las condiciones del camino, que está en algunas zonas tremendamente empapado. Hay partes en las que parece avanzamos por ríos y otras en las que el barro se convierte en una continua compañía para las botas, produciendo algún resbalón de vez en cuando.
    Nos lleva todo el día la caminata y ya es casi de noche –las 17:00 horas- cuando nos toca atravesar un río que tenemos poco antes de alcanzar la zona donde vamos a instalar el campamento y donde esperamos nos hayan dejado todo el material los caballos. Bueno, todo, todo, no. Un par de barras metálicas de las que llevamos para hacer la instalación en el río, las encontramos por el camino. Se le debieron de caer al caballo que las llevaba… y menos mal que las vimos y las pudimos recoger con nosotros.
    El río que nos toca atravesar lleva bastante agua, debido a las lluvias intensas de los últimos días. ¿Cómo lo cruzamos? Quitándonos los pantalones para mantenerlos secos y para los pies optamos por varias versiones: utilizar unas zapatillas viejas para poder pisar las piedras del lecho, emplear unas segundas botas o sin nada. La corriente lleva bastante fuerza y hay que avanzar con una perfecta combinación de maña, equilibrio y fuerza… y lo más fundamental, la ayuda de unos con otros. Está algo más que fresquita el agua, de manera que nos refrigera los pies y piernas después de la larga caminata. Gabriela se siente orgullosa de haberlo podido cruzar llevando su mochila con el equipo de video a la espalda. “Después de esto, ¿dónde está el frío?” comenta sonriente.
    Llegamos al lugar donde vamos a instalar el campamento y efectivamente ahí tenemos el material transportado por los caballos. ¡Pero qué mala suerte, justo ahora se pone a llover! Y en un santiamén cobra fuerza la lluvia al mismo tiempo que la oscuridad completa se nos hecha encima.
    ¿Cómo termina nuestra jornada? Con ayuda de la luz de los frontales, montamos las tiendas para dormir bajo la cascada de lluvia que nos cae encima. El resto del material lo dejamos un poco protegido de la parte donde más azota la lluvia, mañana habrá que seguir montando el campamento, con esta lluvia no merece la pena, pues va a quedar todo empapado. Acomodamos los sacos dentro de las tiendas de dormir, nos quitamos las ropas mojadas y nos metemos dentro. Así nos quedamos al final de la larga jornada, sin cena ni nada. Mañana será otro día.
    Gaby manda un mensajito muy especial para su niñita Olivia: “Que no se te caigan esos dientes que se movían, a ver si aguantan un poco hasta mi regreso para ver al Ratoncito Pérez”.

  • Llegamos encharcados a Punta Arenas


    De nuevo en Punta Arenas tras regresar del Hielo Patagónico Sur. Agua, agua y más agua… así fueron nuestros últimos días por el Parque de Torres del Paine. Días agotadores. Os escribo estas líneas antes de echarme a dormir tras una ducha y cena reconfortantes. Mañana será otro día y seguro que después de un sueño reparador se verán las cosas con mejores ojos.

    Descansada ya, leeré mañana todos los comentarios en el blog que nos habéis escrito esta semana. Recordaré con cariño las entrevistas que me hicisteis a través del teléfono satelital cuando lea los resúmenes que de ellas habéis escrito para compartirlas con los demás expedicionarios… Todo eso lo dejo para mañana, quiero estar descansada y disfrutar de la lectura.

    Nos quedan unas cuantas gestiones por realizar hasta que tomemos nuestro primer avión a Santiago de Chile la mañana del próximo viernes 4 de marzo, para llegar a España al día siguiente por la tarde.
    En lo que respecta al material, lo primero es ponerlo a secar, ya que traemos todo chorreando. Debemos limpiar y lavar lo que quedará en nuestro “nido de material” de la Dirección de Aguas (DGA) y listarlo cuidadosamente antes de recogerlo. Por otro lado tenemos que coordinar muy bien con el personal de la DGA nuestro regreso a estas tierras para la reinstalación de la estación del glaciar Tyndall. Hay que dejar preparado material y organizada la logística para transportar los 200 kilos –al menos- que tendremos que llevar para esa expedición. Tendremos también que coordinar muy bien, cómo enviaremos desde España todo ese material que necesitaremos.

    En otro orden de cosas, tenemos pendiente impartir una conferencia divulgativa aquí en Punta Arenas, que nos la están organizando diferentes organismos. Les parece un tema muy interesante para dar a conocer. Y finalmente nos iremos juntando con los diferentes grupos de amigos que aquí tenemos, para irnos despidiendo de ellos.

    Muchas cosas para pocos días. Pero de momento por hoy, se acabó la larga jornada. Nos habíamos levantado a las 5:00 de la madrugada para retirar, todo mojado, el campamento. Recorrer el camino también bajo la lluvia hasta alcanzar la guardería Grey, donde los colegas de la DGA nos recogieron con el vehículo. Y desde allá, directos a Punta Arenas, recorriendo los 450 kilómetros -no todos asfaltados- que los separan. Por fin, después de andar toda la semana encharcados, dormir en seco será todo un placer. Estoy completamente segura de ello.

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  • En medio de la adversidad es una tremenda ilusión escucharos

    (Crónica recibida por teléfono satelital, Imágenes: Archivo Glackma)

    Por suerte la lluvia nos dejó. Ayer hizo un día espléndido, el cielo se mantuvo azul durante todo el día, algo que no es muy habitual en esta zona montañosa. Las botas y la ropa hubo que ponerlas mojadas y se mantuvieron así durante parte del día ya que tenemos que andar por zonas con arbustos y hierbas muy altas que estaban empapados del día anterior. Con el sol del día la ropa se fue secando… con respecto a las botas, mejor no decir nada. Sólo os comento que al entrar hoy en la tienda sigo sacando los calcetines mojados y los pies reblandecidos de tantos días en calzado mojado.



    Hoy el día ha estado entre sol y nubes, alguna gota ha empezado a caer a última hora y nos tememos que mañana nos toque un día como el de llegada, completamente pasado por agua. Eso lo sospechamos por un tipo de nubes que hemos ido viendo aparecer por la mañana y la evolución que han tenido. Son ya muchos años por acá y nos gusta fijarnos en el entorno que nos rodea. Pero… ¡Ojalá nos confundamos!


    Prácticamente cada día nos los pasamos andando. Tenemos que recorrer unos cuantos kilómetros por las montañas, para alcanzar los diferentes lugares de trabajo. Ayer estuvimos en la estación antigua que tenemos en un lóbulo glaciar del Tyndall, en concreto en el llamado Zapata Sur. La primera vez en este lugar fue en el 2000, en una expedición italiana que participamos. En aquella ocasión lo que hicimos fue explorar el glaciar y sus ríos interiores, las cuevas y sumideros en hielo (llamados moulins en glaciología). Fue todo trabajo de exploración en el interior del glaciar.

    Posteriormente en el 2002 instalamos la estación de medida de descarga glaciar. ¡Ya sabéis!, una de esas CPE (Cuenca Piloto Experimental) que llamamos y que registran datos cada hora, año tras año. Los glaciares de aquí de Patagonia están disminuyendo con bastante rapidez, debido al aumento de temperatura que se está registrando en los últimos años. Con el paso del tiempo, observando la evolución del glaciar seleccionado, nos dimos cuenta que en menos de una década nos íbamos a quedar sin un glaciar que fuera lo suficientemente representativo, pues iba disminuyendo con bastante rapidez

    ¿Sabéis cómo lo solucionamos? Elegimos otro lóbulo glaciar del Tyndall de mayores dimensiones. En este caso fue el llamado Zapata, y ahí en el 2006 instalamos una nueva estación de registro. De esta manera están las dos funcionando en paralelo durante algunos años, mientras dure la antigua, y así no perdemos continuidad de las series de datos generadas.


    Con la situación ya aclarada, os decía que ayer subimos a la estación antigua para extraer los datos de las sondas y nos encontramos con dos sorpresas. Una, que las sondas ya habían dejado de funcionar. Tenían 9 años de vida, así que era esperable que eso ocurriese pronto. Y la segunda sorpresa es que el río que venía del glaciar había disminuido considerablemente. Prácticamente no quedaba hielo en el Zapata Sur. Bueno, parece que el glaciar y nuestros equipos se han puesto de acuerdo en finalizar.

    Hoy hemos subido hasta la estación nueva, la que instalamos en el Zapata en el 2006. Aquí estábamos registrando 3 parámetros diferentes con varios equipos. Y para nuestra sorpresa nos hemos encontrado que uno de ellos ha dejado de funcionar. Y ahora ya no tenemos la estación antigua como respaldo, ahora si hay una laguna de datos tenemos que tratar de solucionar el problema lo antes posible.

    ¡Qué pena! Es tanto el esfuerzo que uno hace año tras año, a cada momento… son tantos los imprevistos y las dificultades que se presentan a cada momento y hay que ir solucionando con tanta perseverancia… que el encontrar uno de estos equipos sin funcionar, me deja triste. ¡Puf!

    Superada la primera bofetada, uno piensa cómo remediarlo. No nos queda más remedio que venir otra vez e instalar nuevos equipos. Debiera de ser este mismo año… y necesitamos que el río lleve poco agua para poder hacer una buena instalación, ya . Y este río no es como el que visteis en la Antártida, este río lleva un caudal grande. Tendremos que organizar una nueva expedición a este lugar en el otoño austral, es decir hacia mayo… Lo pensaremos más despacio y lo organizaremos con la gente de la DGA, pero parece que mayo sea una buena época. No habrán empezado las nevadas fuertes y los ríos de los glaciares traerán menos caudal.

    Regresando hacia el campamento, con todas estas cosas dando vueltas en la cabeza, comencé a recordar las entrevistas que nos estáis haciendo en estos días a través del teléfono satelital… Mi cara dibujó una sonrisa. La tristeza que tenía dentro por el fallo del equipo se iba difuminando para dar paso a la alegría y la ilusión enormes que nos transmitís. Escucharos en estas entrevistas, ver las preguntas tan interesantes que nos hacéis, hacernos partícipes de la curiosidad que os vamos despertando con lo que os contamos, leer vuestros comentarios cada vez que nos hemos podido conectar a Internet durante estos meses, saber que lo que escribíamos os iba llegando y lo ibais aprovechando… todo ello nos llena de energía de nuevo para seguir afrontando las dificultades.

    ¡Muchas gracias amigos expedicionarios que nos acompañáis en esta campaña del Sur!