Últimos comentarios

Selecciona una categoría:

Blog: Karmenka desde los Polos

  • Un astillero en toda regla

    En el último artículo que os hablaba del velero, corté la narración porque se hacia ya demasiado largo. Terminé transmitiéndoos mi sensación de falta de energía que percibía para continuar con las labores de rehabilitación del Tornado 31, una vez que llegó el final del verano y fui consciente de que todavía me quedaba trabajo para fines de semana de, al menos, otro año más. Y lo peor, el invierno se acercaba y el trabajo a la intemperie me iba a quedar muy limitado… Lo dejaba tapado con unos toldos, pero tan pronto empezaron las primeras lluvias un poco serias, me di cuenta de que no iba a ser suficiente.

    Mi sensación era similar a la que sientes en una carrera de fondo cuando te faltan fuerzas para continuar. Te has esforzado al máximo, pero tienes esa percepción de haberte desfondado antes de la llegada…

    A mediados ya de octubre, subía uno de los fines de semana para continuar trabajando en mi “astillero” particular. Era la primera vez desde que me zambullí en esta aventura, que iba sin llevar en mente planificadas las tareas que intentaría sacar adelante esos dos días. Siempre preparaba una lista “interminable”, de la cuál iba afrontando uno u otro trabajo en función de la meteorología y de los problemas e imprevistos que me iban surgiendo.

    Me encontraba extraña… por primera vez no fui capaz de proponerme nada de esa lista inacabable de tareas. “Huy, huy, huy… realmente la energía se me disipó”, pensaba para mis adentros. “No es normal… Y, ¿si no recupero esa fuerza para terminar la rehabilitación?”. Estas reflexiones pululaban por mi mente, cuando de repente me encuentro en la costa, junto al velero apuntalado en tierra… ¡¡¡Y no podía creer lo que veía!!!

    ¡¡¡Tremenda sorpresa!!! , ¡¡¡subidón de energía, de ganas de trabajar!!! De repente, se amontonaron en mi mente cien mil tareas para tratar de hacer ese fin de semana. ¿¿¿Qué había pasado???

    Aquí os tengo que hablar de Jero, un nuevo amigo, amante de la navegación, a quien había conocido tan sólo unos meses antes, cuando andaba tratando de encontrar a alguien que me pudiera ayudar con todo lo que es el tema de la maniobra y acastillaje del velero. Este experto navegante en solitario vio que el verano se me acababa y que me iba a meter en el invierno con el barco “abierto”, y me propuso preparar una especie de techado protegiéndolo un poco de las lluvias. Trabaja en creación e instalación de invernaderos y yo sabía que me lo proponía de verdad, pero sinceramente sentía apuro que se tuviera que meter en ese “fregado” y no me pareció correcto aceptarle la propuesta.

    Con este inciso, supongo que ya os habéis imaginado la sorpresa con la que me encontré ese fin de semana: los pilares alrededor del velero para la instalación del cierre; invernadero; astillero en toda regla; o como a mí me gusta llamar a esa magnífica estructura ingenieril: “casita”, porque realmente es posible trabajar dentro con unas condiciones muy favorables cuando fuera las inclemencias del tiempo me recuerdan constantemente que estamos en invierno.

    ¿Y sabéis una cosa más? Está hecho aprovechando y reciclando materiales. ¿No es increíble? Una vez todas las piezas preparadas y transportadas hasta el velero para la instalación de la estructura, contamos con la ayuda de Adolfo y de Charrán. Éste último, otro navegante del Cantábrico, gracias a quien conocí a Jero.

    Ya veis que he tenido una tremenda suerte. En este mundo acelerado del siglo XXI en el que todos parecen estar compitiendo contra todos, es reconfortante encontrarse de vez en cuando con personas que desinteresadamente te brindan su ayuda. Me recuerda al ambiente de equipo que se crea en las expediciones polares, donde todos necesitamos de todos. ¡Realmente soy una afortunada!

     

    Ver galería

    Etiquetas:

  • Y, ¿el velero?... Una historia interminable

    Hace tiempo que no os cuento nada del velero. La última vez fue a principios de este año, cuando os narraba un poco los Trabajos de astillero. Y antes de eso, para los que no conozcáis la historia, tenéis el inicio en Un velero, una ilusión.

    Tras sacarlo de su “encierro” y subirlo a orillas del Cantábrico a principios de octubre del año pasado, mi primera idea era ponerlo a son de mar para la primavera. ¡Sí, la primavera que ya pasó! Al ir descubriendo poco a poco que el trabajo era mucho más del que inicialmente había pensado, alargué el plazo -porque no llegaba, ¡claro está!- para principios del verano. Tampoco concluí entonces. Prácticamente todos los fines de semana había estado con mis labores de armadora y no había sido suficiente… “Bueno, ahora con el verano por delante tendré tiempo de sobra”, pensaba de nuevo ingenuamente.

    ¿¿Podéis creerme?? ¡¡El velero sigue en tierra!! Sí, al lado del mar, pero en tierra. No he dejado de trabajar en él mis días libres. ¿Cuántas jornadas le habré echado?, ¿cuántas horas cada jornada?

    Inicialmente yo creía que sólo tendría que pintarlo. Sí, sólo pintarlo y al agua… En seguida aprendí que antes de ello tendría que lijarlo por completo. Lo de lijar se dice fácil, pero si nunca se ha hecho, no puede ser uno consciente de lo que significa lijar todo el casco, la obra viva, la obra muerta, la cubierta… cada rincón. En el exterior tengo que añadir el problema de ósmosis de la obra viva y la entrada de agua en la unión de casco con cubierta.

    El interior terminé desmontándolo también por completo, pues poco a poco fui comprobando que las faenas a realizar eran muchas: instalación eléctrica nueva; sistema de fontanería renovado; cambio del depósito de combustible pues estaba picado el antiguo; fuera el motor para su puesta a punto; todos los muebles de madera desarmados y lijados por completo para quitarles el barniz, protegerlos después con varias manos de aceite y cera; etc.

    Por si era poco todo lo que estaba haciendo, pensé que podía mejorar el interior, pues la fibra estaba ya muy estropeada, y empecé a “embellecerlo” recubriéndolo con vinilo… ¡¡Ingenua de mí!! De nuevo, fui descubriendo que en el velero no hay ninguna escuadra, ni simetría. Cada piececita que tengo que pegar, me lleva un montón de tiempo hasta sacarla con sus ángulos y medidas correspondientes.

    Llegó también la etapa de aprender a trabajar la fibra de vidrio, para cerrar la multitud de agujeros agrandados de tornillos que tenía, los huecos de la instrumentación antigua, las imperfecciones en el casco y cubierta, etc.

    Horas y horas y horas de trabajo. Termina el verano y por tercera vez me equivoco en el plazo “imaginativo” para echarlo al agua. Tras las vacaciones, regreso a Salamanca para continuar con mis labores universitarias y entre unas cosas y otras se esfumó el mes de septiembre sin poder subir ni un solo fin de semana a retomar las labores en mi “astillero”.

    ¡¡Entonces no sé qué pasó!! Se cumplía un año, -¡un año entero ya!- desde que había llevado “mi ilusión” al Cantábrico y todavía seguía en tierra. De repente me pareció que botar el velero iba a ser misión imposible. Mi energía para seguir actuando de armadora se esfumaba a la velocidad de la luz. Percibía que me había infiltrado en una historia interminable…

    Os seguiré desvelando el desarrollo de esta crónica, pero evitando alargarlo demasiado lo dejamos para otro artículo en el blog. Mientras, os dejo algunas fotos de los diferentes procesos en la rehabilitación del Tornado 31. Seguramente así, me entenderéis un poquito mejor.

    Ver galería

    Etiquetas:

  • Animaros a venir al encuentro de Cantabria

    Os escribo hoy a todos los seguidores de GLACKMA, grandes y pequeños, los que nos conocéis desde hace tiempo y los que habéis empezado a oír hablar de nosotros más recientemente. A todos os quiero animar a uniros al encuentro que vamos a realizar en Septiembre en Cantabria.

    Tras publicar la información en nuestra sección de noticias de la web, ya hemos formado un grupito que vamos a participar. La razón de pedir con antelación vuestro compromiso de asistencia no es otra que para poder reservar la Casa Rural seleccionada, a un buen precio.

    Si en los próximos días se animase más gente, podríamos intentar todavía tratar de gestionaros el alojamiento en el mismo lugar y al mismo precio. Pero ya, a posteriori, si queréis participar, tendréis que buscarlo y gestionarlo vosotros mismos. No está en nuestras manos.

    Podéis leer en el Blog del Afiliado, el artículo que os ha preparado Susana, planteando algunas posibles rutas que podemos realizar durante ese fin de semana. Veréis qué magníficas fotos y estupendo vídeo os ha preparado.

    Os confieso que me hace una tremenda ilusión este encuentro. Es muy reconfortante ver que algunos de vosotros hayáis decido venir. Es para nosotros un gran apoyo y una inyección de energía renovada, ver vuestro interés en GLACKMA. Va a ser inolvidable, ¡ya lo veréis!

    Como tenemos escrito en la web, “GLACKMA es de todos” y cada uno puede hacer su propia aportación de muchas maneras. Gracias a la ayuda de todos los que colaboráis como voluntarios, avanzamos con la Asociación.

    Gracias Susana por ayudarnos en la organización de este primer encuentro.

    • Encuentro GLACKMA- Cantabria 2014

    Etiquetas:

  • Un velero, una ilusión

    El mar, la mar… son palabras mayores. Desde pequeña fue una especie de misterio para mí y una búsqueda insaciable. Búsqueda, ¿de qué? No lo sé con certeza. Me atraía. Es mágico, inmenso, relajante, lleno de libertad, colmado de energía positiva y rebosante de aventuras.

    Ya sabéis que soy asturiana, pero desde que tenía cinco años estoy viviendo en Salamanca… ¡vaya, mi destino parecía alejarse de esa magia marina!

    Hace un año, me saqué el título del PER (Patrón de embarcación de Recreo) con la Habilitación a Vela. Os escribí algún artículo en este blog sobre ello, porque disfruté como una enana aprendiendo términos marineros y quería compartirlo con vosotros.

    Parecía un acercamiento a mi adorado mar…, pero no, todo quedaba en una especie de sueño, de ilusión óptica. El mar continuaba lejos, fuera de mi alcance.

    Sin embargo, algo inesperado se produce y soy consciente que, esta vez sí, me voy a acercar a mi adorado mar. La fecha es ya significativa, el 8 de marzo de este año, recibo un velero. Sí, “recibo”, he escrito bien. Por circunstancias de la vida, una familia amiga me lo pasa.

    El velero, de 9,25 metros de eslora y 3,05 de manga, está “prisionero” en el embalse de San Juan, en la provincia de Madrid. Lo primero que pienso es “liberarlo” de su encierro y devolverle la libertad en el mar. ¿En qué mar? En el Cantábrico, el de mi tierra asturiana, como no podía ser de otra manera.

    No fue tan sencillo ese transporte por una serie de factores que ahora no os voy a enumerar para no alargar demasiado el artículo. Pero si tenéis curiosidad y queréis que os escriba sobre ello, no tenéis más que decírmelo. Además tiene una historia iniciada en los países nórdicos, no lejos de alguna de nuestras estaciones de medida.

    La semana pasada fue una semana importantísima para el velero y para mi ilusión. Conseguimos hacer la maniobra y el velero ya esta en mi tierra. No os imagináis qué sonrisa se instaló en mi cara desde entonces. Está en el puerto, pero con el mar a la vista. Ahora me tocan fines de semana continuos de trabajo de astillero hasta que lo consiga preparar por completo y espero que para la primavera haya concluido y pueda por fin… ¡comenzar a navegar!

    No sé cuándo, pero el mar me enamoró y nunca más me dejó ir…

    Ver galería