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Blog: Karmenka desde los Polos

  • ¿Por qué?

    El hoyo en la nieve helada avanza y por fin empieza a aparecer algo…

    ¿Qué es? Un tornillo de expansión comúnmente llamado bolt, de los que clavamos en la roca para sujetar la barra metálica a la que fijamos las sondas. ¡Eh! ¡¡Pero no está la barra!! ¿Qué pasa? Seguimos avanzando con el agujero en la nieve y aparece un segundo… y un tercero… y así llegamos hasta un sexto. Según va apareciendo cada bolt, dentro de mí recibo una especie de golpe, de sacudida.

    Parece que no está la estación y todo apunta a que haya sido una labor humana, no un efecto producido por la naturaleza. Si hubiera sido por una crecida importante del río, se hubieran aflojado los tornillos clavados para posteriormente soltarse la barra. Pero no, los bolts están ahí, completamente fijos. Siguen anclados en la roca porque estaban muy bien instalados. Da la sensación de que con una llave desenroscaron las tuercas y sacaron la barra metálica y con ella las sondas instaladas en el fondo del cauce del río.

    El tiempo se para. Tengo la sensación de estar atrapada en un silencio absoluto. Si tuviera que explicar qué es la nada, describiría este momento. A continuación es todo lo contrario, recorren mi mente en cuestión de segundos y a velocidad de la luz, un sinfín de imágenes que captan en un abrir y cerrar de ojos, todo el esfuerzo personal y económico que durante años ha supuesto el mantener esta estación que ya no existe y el trabajar en ella. Sacrificios, condiciones duras, muy duras a veces. Casi inhumanas en ocasiones, en serio, ¡creedme!. No me apetece ahora describirlas. Quién sabe, a lo mejor algún día, cuando el tiempo siga su avance imparable, me siente ante el ordenador y os narre algunas de las anécdotas de esta estación, que ya forma parte del pasado… Pero, ¿qué importa ahora?

    Datos perdidos desde el 2009, medidas cada hora registradas desde entonces… ¡¡Todo eso desaparecido!! ¿Por qué? ¿Por qué no nos han contactado antes? ¿Por qué? ¿Por qué?... No entiendo al mundo. No entiendo a la gente. A nadie le importa nada. Qué más da que el hielo se funda a toda velocidad…

    Cambiamos de planes. Ya no reinstalamos esta estación. No tiene sentido. Sin datos desde el 2009… No merece la pena seguir midiendo con esa laguna tan grande de datos. Con el teléfono satelital contactamos al helicóptero. Adelantamos nuestra salida. Mañana por la mañana nos viene a recoger.

    Tarde-noche preparando y embalando todo el material de nuevo para tenerlo listo a la llegada del helicóptero a la mañana siguiente. A pesar del ajetreo entre bolsas, equipo y cajas, ya no lo puedo ocultar más, ni mantener dentro de mí por más tiempo. Tengo que liberar del interior esa presión que a modo de latidos me sacude con fuerza. Esas lágrimas cómplices resbalando por mis mejillas son las encargadas de favorecerme ese escape … Me siento triste. Ya me animaré. Pero en este momento necesito entenderme a solas con esa desazón e impotencia. Claro que pasará y seguiremos adelante con nuevos planes y pensando en positivo, pero eso no implica que no pueda sentirme triste… La resiliencia está ahí y me empujará a seguir proyectando hacia el futuro, como no puede ser de otra manera. Esto terminará pasando a ser solo un desafío más. Pero en este momento toca mirar cara a cara a ese sentimiento de tristeza que en mi interior se ha generado.

    • No está la estación del Ártico Sueco

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  • Incertidumbre en pleno paraíso Ártico

    Aterrizamos en el lugar que habíamos indicado inicialmente al piloto en el hangar del helicóptero. Conocíamos muy bien la zona y preveíamos que dada la cantidad de nieve que había, iba a ser el mejor lugar. Protegido de los vientos más fuertes por el final de una morrena y al mismo tiempo con menos nieve sobre la tundra, lo que implica menos trabajo a la hora de retirar ese manto blanco antes de poner las tiendas sobre el suelo.

    En cuanto nos deja el helicóptero, nos ponemos manos a la obra Carlos y yo para retirar esa nieve del suelo, evitando así que se nos funda bajo las tiendas y genere un charco de agua. No hay tiempo que perder, de momento todo está tranquilo, frío pero en calma, no obstante unos nubarrones tremendamente oscuros nos adelantan que esta situación poco va a durar. Lo primero es instalar la tienda grande para poner a resguardo todo el material y efectivamente en medio de la maniobra comienza a soplar un fuerte viento, la nieve empieza a caer racheada y casi sin darnos cuenta estamos terminando de instalar la tienda en medio de una ventisca en toda regla. Condiciones duras habíamos pasado ya en Islandia durante la instalación de las tiendas, viento y agua en aquel caso, y la coordinación que teníamos Carlos y yo para estos quehaceres, era perfecta, así que por muy incómodas que se pusieron las condiciones, nada impidió que casi en un abrir y cerrar de ojos tuviéramos nuestro “hogar” perfecto, allí en medio de la soledad y dureza Ártica.

    Una vez el campamento estuvo listo y todo en orden, avanzando entre la nieve nos acercamos al lugar donde teníamos instalada la estación. Me había parecido, al sobrevolar la zona desde el aire, que las barras que sujetan los lectores en el exterior no estaban… Una punzada había dejado huella en mi interior, pero la curiosidad tuvo que esperar a que le tocara su turno. Aquí y bajo estas condiciones, lo primero es estar protegidos con todo el material a salvo. Después ya irán viniendo el resto de quehaceres…  

    Efectivamente comprobamos al llegar al lugar de la estación, que no asomaban nuestras barras sobre la nieve con las correspondientes protecciones de los lectores. El lugar es extraño con tanta nieve, no hay nada, ni río, ni laguna… no hay relieves que ayuden a identificar el punto en concreto y poco a poco, bajo una observación concisa empiezas a reconocer algún detalle y te vas ubicando. “La verdad es que esta nieve tardía no nos favorece nada el trabajo en esta segunda parte de la expedición” , pienso para mis adentros. Pero así es la naturaleza, no podemos cambiar nada, sólo adaptarnos y acomodarnos a lo que hay. Es lo bueno y lo malo del trabajo a la intemperie en las zonas polares.

    La estación había quedado tremendamente robusta en su nueva versión que reinstalamos en el 2009. No es posible que le hubiera pasado nada a esa parte del exterior que no está en contacto ni con el río, ni tiene que soportar la fuerza de su corriente en las épocas estivales de deshielo. Sólo se nos ocurre pensar que la hayan retirado. Hay una estación científica próxima, que son los que atienden la estación meteorológica que hay en la zona -en este valle de Tarfala- y tiene uno de los registros más antiguos de Europa. Y aunque desde 1961 está oficialmente incorporada como Estación de Investigación en la Universidad de Estocolmo, sin embargo sus primeros registros datan de 1945/46. 

    Nuestra imaginación empieza a buscar argumentos, a tratar de entender qué ha podido pasar. Claramente un científico no realiza este vandalismo, y más si es un científico que trabaja en las zonas polares, pues es consciente de la dificultad que ya de por sí conlleva el mantener equipos funcionando durante todo el año bajo estas condiciones tan sumamente duras. ¿Habrá sido algún logístico de los que atienden la estación? Pero, ¿por qué? No podemos hablar con ellos ahora pues no hay nadie. La estación solo la abren en el verano, cuando las condiciones aquí son más llevaderas…

    La tremenda positividad de Carlos inunda el ambiente de preocupación. A lo mejor sólo han quitado la parte del exterior, la de los lectores. Si fuera así, las sondas que se instalaron en el lecho del río, estarán bien y habrán seguido registrando datos. No podremos acceder a ellos, pero si las sacamos y las enviamos a la casa de fabricación alemana, allí sí podrán conseguir extraer toda esa información. No habremos perdido todos esos datos almacenados desde el 2009. Insiste Carlos que es lo más probable, que la parte ubicada bajo el río no es tan fácil de sacar y que no la habrán tocado.

    Dada la cantidad de nieve y la dureza de ésta por las temperaturas tan bajas que tenemos en estos días, es imposible retirar ahora esta nieve helada aquí en medio de la nada, para buscar las sondas del interior. Llegamos a los -16ºC y en las horas centrales de más calor nos aproximamos a los -9ºC. ¡¡Sí, todo el tiempo bajo cero!! Nuestra única comunicación es el teléfono satelital, así que vamos a llamar a Empar, afiliada a GLACKMA y apasionada de la climatología, para irle pidiendo la predicción meteorológica cada par de días e ir viendo cómo se nos presenta el panorama y cómo podemos irnos organizando según van pasando los días.

    Aunque algo dentro de mi interior me dice que no vamos a tener las sondas y me voy haciendo a la idea poco a poco de una pérdida tan brutal de datos, el optimismo de Carlos me contagia y al menos logro que la tristeza se esfume de mi interior y ser consciente de que estamos en medio de un paraíso Ártico...

    • Karmenka y Carlos limpiando nieve

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  • Libertad indescriptible en el glaciar

    Tras llevar cuatro años sin realizar expediciones por falta de financiación, el primer día de entrada a nuestro glaciar Kviarjökull, la ilusión que siento es desbordante. Para ubicároslo en el tiempo, esto tiene lugar justo el día anterior de conseguir extraer los datos en nuestra estación, después de llevar dos días con intentos fallidos. Yo creo que ayudó a descargar mi mente y obsequiarme con la solución del problema.

    Subimos Carlos y yo para hacer una primera exploración, buscar ríos en el interior del hielo, cuevas, encontrar zonas donde poder grabar una buena descripción del drenaje en el interior del glaciar. Adolfo se queda en el campamento. Desde el incremento tan brutal de turismo y tras haber sufrido el violento robo hace cuatro años cuando estuvimos por última vez, no nos quedamos tranquilos dejando todo el material solo. Según estamos preparando el equipo básico para el glaciar, mi corazón se acelera y siento que la sangre circula a velocidad por mis venas. La emoción está a flor de piel… Tantos años sin tocar un glaciar…

    Comenzamos acercándonos por el centro de la morrena frontal, atravesando las más antiguas, ya sin hielo de años anteriores. Sabemos que el paso para entrar en el glaciar no es por aquí, pero interesa filmar lo más posible toda esta parte del glaciar también. Una vez hecho el trabajo de imagen de esta parte frontal, abordamos el remonte del cañón de la margen lateral izquierda. Cuando vemos que la correspondiente morrena lateral nos permitirá el paso, dejamos el avance cómodo por la tundra en esa parte alta del cañón y nos proponemos atravesar dicha morrena.

    Ya sabéis que las morrenas están formadas por todos esos materiales de roca, piedras, sedimentos que va transportando la masa helada del glaciar en su avance y los va acumulando a modo de barreras en diferentes posiciones del mismo. Está así la frontal, que se ubica horizontalmente en el frente del glaciar, las laterales que como su nombre indican se encuentran longitudinalmente en las márgenes del mismo, y además, según la orografía del terreno, podemos encontrar otras centrales posicionadas en el interior del glaciar. Estas morrenas aunque superficialmente las vemos como montañas de piedras, cascotes y barro, en realidad tienen hielo en su interior, y el avance por ellas suele ser bastante complicado debido a la inestabilidad de las mismas.

    Una vez atravesada nuestra morrena lateral y ya en el hielo glaciar, no pude menos que golpear con fuerza mis botas -con los crampones atados- sobre este hielo. Era una especie de saludo, de reencuentro con el glaciar, como un “choca esas cinco, amigo”… Cuatro años sin tener esta maravillosa sensación al pisar sobre el hielo. ¡Cuánto lo había echado de menos! Allí en medio del glaciar, mi mochila pesada a mis espaldas parecía haberse aligerado, me sentía feliz, una intensa sensación de libertad invadió mi interior y me emocionó. Miré a Carlos, un súper compañero expedicionario -es difícil encontrar a personas tan válidas para estas aventuras polares-. Percibí también su felicidad y emoción de adentrarnos sobre el glaciar. Con esa sensación de paz inmensa, de que el tiempo se ha detenido o de que nunca ha existido el cómputo que hacemos de él, nos adentramos hacia el centro del glaciar.

    Lo que vamos viendo según nos acercamos es desolador, todavía más de lo que percibíamos desde lejos. El glaciar ha perdido una considerable masa en estos casi cinco años sin visitarlo. No solamente su frente glaciar ha retrocedido una barbaridad, el espesor de hielo perdido es increíble. Tanto que no es posible encontrar ya cuevas en su interior, ni esos enormes conductos por los que circula el agua en sus entrañas… Casi no queda hielo en su parte frontal para albergar todas estas formaciones. Poco a poco, el glaciar va perdiendo su lengua glaciar en el frente y va quedando cada vez más colgado en el valle, con sus innumerables grietas o seracs, generados en el hielo debido a los cambios de pendiente en ese descenso por las paredes del valle frontal.

    Absortos con el ambiente tan desolador que tenemos bajos nuestros pies, perdemos la mirada casi en el infinito, hacia el mar, allá en la lejanía tenemos el campamento, no lo vemos por la distancia, pero sabemos donde ubicarlo. Grabaciones de Carlos con la cámara fija y algunos vuelos con el dron. Consigue hacer una perfecta radiografía del estado actual del glaciar. Le gustará verla a Adolfo. ¡Qué pena no haber contado con esta herramienta, años antes, cuando empezamos a trabajar aquí!

    El tiempo se nos pasa volando. Hay que regresar antes de que oscurezca, al menos salir del glaciar pues puede convertirse en algo peligroso sin luz. Rápido, pero con precaución, emprendemos el camino de regreso. Salimos del hielo glaciar, cruzamos la morrena y avanzando ya por la zona de tundra, nos relajamos, disminuimos la velocidad. Nuestras mentes siguen en el glaciar… Este avanzar más pausado por la espesa tundra, a modo de alfombra que amortigua cada paso y en la que descansan nuestros pies del trabajo que han tenido que realizar horas antes, provoca en ambos un cansancio que nos invade de golpe. Tenemos la sensación de no alcanzar nunca la zona del campamento…

    Casi 20 kilómetros hemos recorrido, subiendo y bajando morrenas, avanzando por el hielo buscando el camino en medio de un laberinto de grietas, clavando con fuerza los crampones en las crestas de las mismas. Las sensaciones en nuestro interior tienen dos vertientes, por un lado esa maravilla de libertad al pisar el hielo glaciar y por otro esa desolación al encontrarlo con un deshielo tan avanzado. Una balanza difícil de encajar…

    • KARMENKA GLACIAR

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  • El inolvidable azul del hielo

    Si os pregunto, ¿de qué color es la cerveza? Me diréis rápidamente: “amarilla”. Y os vuelvo a plantear una cuestión: ¿y su espuma? “Blanca” me diréis todos a coro.

    Y ¿qué es lo que ocurre? Es muy sencillo, el aire es el que le da ese color blanquecino.

    Con el hielo pasa lo mismo, su color es el azul. El hielo es azul. Pero en la superficie lo vemos blanco porque debido al llamado “efecto de borde” -que no es más que una relajación de tensiones en la masa helada- se forman pequeñas fisuras que se van llenando de aire y nos da ese aspecto más blanquecino. Por eso, por ejemplo, en un frente de un glaciar justo en el momento de producirse un desprendimiento, el hielo que queda en la pared -al descubierto- lo vemos azulado. Después, conforme va pasando el tiempo, y el aire va entrando en esas pequeñas fisuras generadas, adquiere el color blanquecino.

    De la misma manera en la superficie del glaciar vemos el tono más blanquecino y en el interior de las grietas, cuanto más recientes sean, más azuladas las veremos. Cuando descendemos en los moulins o sumideros en el glaciar, pasa lo mismo, del color blanquecino de la superficie vamos pasando gradualmente a un azul, cada vez más intenso… ¡Qué decir, qué es una verdadera maravilla internarse en las entrañas de un glaciar! Os lo estaréis imaginando…

    Como nos acompañáis expedicionarios de muy diversas edades, voy a dejar un enlace aquí para vuestros profesores y así ellos os puedan seleccionar más material según vuestro nivel de formación y os enseñen más cosas sobre el apasionante mundo del interior de los glaciares: Glaciares-Criokarst 

    • Ganando profundidad el hielo es cada vez mas azul

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  • El Snaefell en Islandia… del clásico Julio Verne

    Vosotros que sois unos verdaderos aventureros seguro que habéis leído a Julio Verne. Yo, de pequeña, devoraba sus novelas. Me apasionaban. Me imaginaba que era un personaje de ellas y hacía todos esos fantásticos viajes. Aprendí muchísimo mientras “soñaba despierta”.

    Una de sus novelas es “Viaje al centro de la Tierra”. En ella aparece el Snaefell en Islandia. Os adelanto que es un volcán, cubierto por un glaciar, el llamado Snaefellsjökull. Para que os comiencen a resultar familiares estos nombres islandeses os diré que “jökull” significa “glaciar”, por tanto analizando la etimología de la palabreja Snaefellsjökull, entendemos fácilmente porqué llaman así al glaciar que cubre el Snaefell.

    ¡Sí!, habéis leído bien, es un volcán cubierto por un glaciar. Esta situación es muy habitual en este país vikingo. Podemos decir que Islandia es una tierra de hielo y fuego. Ya os hablaré de ello otro día.

    Os dejo aquí una fotos del Snaefell y su glaciar. Y unas preguntas os planteo: ¿qué tiene que ver este volcán en la novela de Julio Verne?, ¿la habéis leído o conocéis alguna otra?, ¿qué novela os gusta más de Julio Verne?

    • Detalle del glaciar Snaefellsjökull

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  • Yo no me doy por vencida

    Asimilada la emoción primera ocasionada por el sinsabor de no conseguir la conexión con los equipos instalados en el río, toca establecer un plan B y después si es necesario un C y un D y así hasta agotar todas las opciones. En breve os cuento que estas sondas con las que trabajamos son alemanas. A lo largo de estos veinte años que estamos trabajando en GLACKMA con ellas, hemos podido comprobar que así como físicamente son muy robustas, el software que han generado está lleno de debilidades. Añadimos a esto que según van saliendo versiones nuevas tanto de sondas, como de programas y sistemas operativos en los ordenadores, los problemas que surgen en el sentido de compatibilidades entre ellos son cada vez mayores. Todo esto se resuelve mucho más fácil en casa o en la oficina que aquí en campo te ves limitado por este tipo de problemas.

    Ante este panorama toca buscar y rebuscar distintas habilidades informáticas y no perder la paciencia, ni el ánimo, ni el pensar que se va a conseguir. La actitud es muy importante ante cualquier situación en la vida. Nuevo día, tras algunos cambios en el ordenador, en el programa, en diferentes configuraciones, vuelta a la estación, plan B en marcha, nuevo intento, nueva decepción… “Esto empieza a no gustarme de verdad”.

    Mientras continuamos con otros trabajos en el glaciar, la cabeza descansa del problema, lo aborda en perspectiva, maquina nuevos planes y sigue con la esperanza de que a lo mejor es posible. Una dormida de 8 horas tras llevar casi una semana en la que de media salían al día tan solo 4 horas, completa el estado óptimo para afrontar de nuevo el problema.

    Tras dos horas de pelearme en la tienda con el ordenador, el software, los puertos de salida, los controladores, el cable interface, etc. etc. etc., cargo los bártulos en la mochila y me pongo en ruta hacia la estación en el río. Mis botas avanzan sobre la hermosa y espesa tundra, acomodándose a un paso más bien lento para lo que soy yo. Por un lado quiero llegar pronto para probar el nuevo plan C, pero por otro no, pues no me apetece tener que abordar otra derrota. Es una especie de contradicción interna que no merece la pena de ser abordada, pues aunque sea el paso tan lento, llegará el momento de alcanzar la estación.

    Ya está ante mis ojos, el corazón palpita con fuerza. A modo de relámpagos pasan por mi mente los momentos tan duros vividos en esta estación. Aforos en el río con el agua hasta el pecho, salvada de ser arrastrada y tragada por su cauce en un par de ocasiones, frío helador instalado en los huesos después de la hora que dura cada medida, instalación de las distintas versiones de las sondas siempre en invierno para poder acceder más fácilmente al fondo del lecho del río cuando éste lleva poco agua. Trabajo, trabajo y trabajo, esfuerzo regalado a esta investigación, sacrificio tanto personal como económico … ¿Habrá merecido la pena? Siento ante mis espaldas una responsabilidad casi infinita, ayuda de los afiliados a GLACKMA y de los que habéis hecho donaciones para aliviarnos un poco el peso económico de esta expedición ante la falta de financiación. Casi me asfixia tanta responsabilidad…

    Toca repetir la maniobra, abrir la tapa del recinto protector, encender el ordenador, conectar el cable interface, abrir el programa, intentar conectar con la sonda y esperar, esperar…, el tiempo se me hace infinito, no quiero ver el recuadro otra vez en la pantalla, ese acceso denegado con el equipo… ¡¡¡Conexión, conexión, conexión!!! ¡¡¡Lo conseguí!!!, ¡¡¡Sí, sí, sí!!! Como si fuera una explosión fortísima imposible de contener, un torrente de emoción me sacude, me bambolea, se apodera de mí. Un río de lágrimas que no cesa y parece no tener fin, me ayuda a relajarme y concentrarme en la extracción de datos. Por cada parámetro medido en cada una de las sondas, descargo 42.000 datos… Valiosísima información, es oro puro, un magnífico tesoro. La serie de datos que empezamos en este glaciar en el 2002 y con registro cada hora, no se ha detenido. Siento mis lágrimas -secas ya por el viento- en las mejillas, en las que se dibuja una sonrisa infinita y en mi interior se instalan y agarran con fuerza una gran satisfacción y felicidad infinitas. ¡Sí, merece la pena todo este esfuerzo! Millones de gracias a todos los que habéis colaborado para sacar adelante esta expedición, el logro conseguido es vuestro también. Este tesoro recogido os pertenece, habéis puesto vuestro granito de arena para que esto sea posible.

    • Karmenka emocionada tras obtener conectar con las sondas

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  • Mágicos momentos de tregua

    Son cinco días sin tregua alguna con el viento y la lluvia continua. Sin la tienda grande de campamento -rota desde la primera noche- donde poder refugiarnos y cocinar, las condiciones para estar a la intemperie se endurecen. Eso no nos preocupa demasiado, nos hemos habituado ya a ello y hemos aprendido a convivir con estas mojaduras interminables. Lo que no nos agrada tanto es que no podemos avanzar en el trabajo que hemos venido a hacer, ni la parte científica que desarrollamos Adolfo y yo, ni la parte de filmaciones que desarrolla Carlos para darnos apoyo con la divulgación. Pero es la naturaleza y no la podemos cambiar, así que no merece la pena preocuparse por ello, nos iremos reorganizando y ajustando los quehaceres según vengan las condiciones meteorológicas, que son quienes mandan aquí en el trabajo de campo.

    En ocasiones durante los inviernos islandeses tienen lugar estos vientos tan extremadamente fuertes, que les obligan a cortar las carreteras como en estos días, ya que son capaces de hacer volcar a los vehículos. Sin embargo es la primera vez que esta violencia en los vientos tiene lugar en mayo, ya tan avanzada la primavera. Esta es otra consecuencia del calentamiento global que hemos provocado en la Tierra. De alguna manera, hay más energía en la atmósfera y eso se traduce en fenómenos violentos que los podemos percibir de una u otra forma, según la latitud a la que nos encontremos.

    La previsión meteorológica indica que aunque se van a mantener estas condiciones durante unos cuantos días más, tendremos ocasionalmente algunos momentos sin lluvia e incluso podremos empezar a ver el sol en algunas ocasiones. Esta pequeña intermitencia no nos permite todavía meternos a fondo con el trabajo en nuestro glaciar, pero sí que Carlos comience a generar imágenes de los diferentes glaciares del entorno más cercano. Comenzamos a disfrutar, a maravillarnos de esta naturaleza tan fantástica. Aunque desde el año 1997 estamos trabajando por estas tierras y hemos venido en numerosas ocasiones y conocemos prácticamente cada rincón de este país, con la extensa naturaleza que nos brinda Islandia es imposible no fascinarse ante tanta grandeza.

    Con estos momentos de luces para filmar tan fugaces y condiciones tan extremadamente cambiantes, comienzo poco a poco a ejercer de ayudante de Carlos. Estoy atenta para prepararle el dron, las cámaras, el trípode, los filtros, cambiar baterías, quitar el sol de la pantalla de pilotaje de los vuelos, proteger los equipos cuando la lluvia nos sorprende o cualquier pequeño detalle que pueda agilizar las grabaciones. Al mismo tiempo, con mi observación innata imposible de detener, estoy aprendiendo de las habilidades de este gran filmmaker que tenemos la suerte de que nos acompañe en la expedición.

    Aprovechando así uno de estos momentos de tregua que nos regala la meteorología islandesa, el objetivo es filmar el glaciar Skaftafelljökull. Con el Defender nos acercamos por una pista para aproximarnos lo más posible. A continuación nos cargamos el material y vamos atravesando primero la zona de sandur -cubierta ya de tundra- y después parte de las antiguas morrenas frontales que marcan los diferentes episodios de deshielo de este glaciar. Viento en calma totalmente, silencio absoluto divino acompañado de los melódicos trinos de las aves, botas avanzando por una espesa tundra bañada en colores dorados generados por la luz rasante de estas latitudes, la inmensidad kilométrica que alcanza la vista en cualquier dirección es naturaleza… el glaciar cada vez más cerca.

    En un acantilado próximo de un centenar de metros, una pequeña pero larga cascada dibuja los escalones del escarpe. El sonido del agua cayendo te envuelve y te transporta rápidamente a un mundo especial. Mundo que completa su belleza y magia al llegar al frente del glaciar donde enormes paredones de hielo están moldeados por antiguos seracs o grietas. Mi mirada se dirige a modo de vuelo de dron -avanzando decenas de kilómetros por el glaciar hielo arriba- hasta la zona más elevada entre las montañas desde la que descuelga esta lengua glaciar.

    Ante tanta grandeza, una sensación inmensa de paz se instala en mi interior. El tiempo se detiene por completo. Es más que eso, percibo que la medida del tiempo, simplemente no existe. No tengo la sensación de ser una intrusa en este mágico lugar, me veo integrada por completo en él. Y en un abrir y cerrar de ojos, brota en mi interior una fuerte emoción… como la cascada que tengo delante. Llenarse de estos momentos mágicos en medio de la tregua que nos brinda la tormenta, es llenarse de vida. De esa vida auténtica que no cambiaré jamás por nada.

    Ojalá que con esta pequeña descripción que os he hecho y con ayuda de este vuelo de dron de Carlos, podáis llegar a sentir un poco esta belleza y grandeza de la naturaleza…

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  • Colmada de sensaciones

    Con el Defender arreglado salimos de Oviedo rumbo a Hirtshals, al norte de Dinamarca. Nos quedaban casi 3000 kilómetros por recorrer y ya no había tregua. El margen de seguridad que nos habíamos tomado en una distancia tan larga nos había venido bien para este problema de la bomba de gasóleo, pero se nos había consumido ya y ahora sin demora alguna, había que trabajar para alcanzar nuestro siguiente objetivo: no perder el ferry para cruzar a Islandia.

    Era labor de equipo el poderlo conseguir y los tres éramos conscientes de ello. Bueno, los cuatro, que el Defender es nuestro cuarto expedicionario e hizo también su parte correspondiente de trabajo en esta tarea. Teníamos que cruzar todo el norte de España, para pasar a Francia y atravesarla de sur a norte, cruzar después Bélgica, Holanda, Alemania y terminar atravesando Dinamarca completa de sur a norte.

    Turnos en la conducción continua. Siempre un copiloto despierto para acompañar al conductor, sobre todo en las horas de noche, que es más fácil que el sueño venza. Pequeñas paraditas para dar un respiro al todoterreno, llenar el depósito y estirar nosotros las piernas, ir al baño, prepararnos algún sándwich con las cosas que llevamos a mano para el viaje o tomar algún café para estar más despejados. Aunque lo de café, una vez dejada España, es solo el nombre. En el asiento de atrás del Defender con un saco de dormir abierto y unos cojines, habíamos hecho una especie de cama. Y aunque no podíamos estirar las piernas, nos valía para dormir un poco y desconectar de la carretera al piloto que dejaba el volante, mientras el siguiente le daba relevo. Qué maravilloso equipo, siempre pensando en los demás antes que en un mismo, tratando de favorecer a los otros… No sabéis lo que vale esta actitud en una expedición.

    Las ciudades más importantes de Europa las tuvimos que pasar todas con atascos, de hasta casi dos horas fue el más pesado que pillamos en el entorno de Hamburgo. Pero por fin, dejamos atrás Flensburg al norte de Alemania para cruzar la frontera con Dinamarca… ¡Venga equipo, que lo vamos a conseguir! Se nos hizo de noche de nuevo, no alcanzamos nuestro destino, pero esta noche sí, ya vimos que podíamos parar unas horas y descansar los tres. Así hicimos en un área de descanso de la autovía. Adolfo dentro del Defender, sin poder estirarse, pero el coche no queríamos dejarlo solo. Un robo sería catastrófico en la expedición. Carlos y yo preparamos nuestros vivacs, próximos al coche y qué placer más infinito, muerta de sueño y cansancio, meterme en el saco, estirada completamente en el suelo, y como techo de habitación un cielo estrellado magnífico, con la Polar brillando con fuerza y señalando con intensidad nuestro rumbo. Sonrío y casi en el momento me quedo dormida.

    Magnífico sueño reparador. El sol brillando ya con fuerza a las 6:00 de la mañana, nos indica que debemos proseguir nuestro camino. Llegamos a nuestro destino, Hirtshals, nos acercamos a reconocer el lugar del embarco al ferry… ¡Madre mía!, ha cambiado muchísimo. Las ampliaciones que están haciendo son impresionantes. Dejamos aquel lugar, buscando un entorno tranquilo para pasar la tarde que nos quedaba y después la noche.

    Cerca de una playa, en una praderita verde, paramos. La temperatura es agradable, el sol brilla con fuerza. Hemos logrado nuestro destino. Estamos felices. El tiempo parece haberse detenido. Con calma, bajamos un montón de material del Defender, hasta llegar a los contenedores que tienen la cafetera, el molinillo, el café, la leche liofilizada y uno de los hornillos. Ahora nuestra felicidad era total. Creo que los tres recordaremos siempre ese café, ese momento, ese lugar, esas sensaciones…

    Paseo en la playa, o baño o carrera, cada cual a su gusto, pero siempre quedando una custodia junto al Defender. Tarde de relax, maravillosa, de acomodo del material en el coche, de separación de lo que subiremos al ferry, de inmiscuirnos en la naturaleza, de disfrutar de un atardecer magnífico en este Mar del Norte. De invasión de sensaciones maravillosas porque somos conscientes de que hemos creado un equipo muy fuerte que va a ser capaz de conseguir cualquier objetivo que se proponga. Mi sensibilidad -que está siempre como a flor de piel- percibe esta realidad y en medio de esta tarde mágica y con la sensación de que el tiempo se ha detenido, crea una especie de cóctel dentro de mi interior, que termina generando un torrente de emoción. ¡Qué bonita la vida!, ¡qué hermosa la naturaleza!, ¡qué bellos estos sencillos pero intensos momentos!

     

    • En Dinamarca

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  • Con el tiempo justo

    No quiere andar y no quiere andar, ¡es así! Todos los intentos que se nos ocurrían realizamos, mientras aparecía la grúa. Comprobación de la batería, cambio de fusibles que pudieran tener cierta relación con el problema, tanto de la caja principal como de la secundaria, chequeo de la continuidad de los cables eléctricos que llegan a ellos… Pero el Defender seguía parado.

    Llega el taxi antes que la grúa. Le habían indicado desde el seguro de llevarnos a Luarca, pero conseguimos cambiar esa alternativa por la que veíamos más operativa, alcanzar la casa de Land Rover en Oviedo. Cualquier problema sería más fácilmente solucionable allí. Esperamos a que llegase la grúa y cargase el Defender con todo nuestro equipo para ponernos rumbo a mi ciudad natal.

    Os voy a contar una cosa, que la considero como un signo del futuro bonito que está por hacerse realidad. El lugar en Asturias en el que el Defender dijo “basta”, fue cerca de donde tengo rehabilitando mi gran sueño, ese velero al que le queda poco para surcar primero las aguas del Cantábrico y después entrar en la historia de GLACKMA, en un futuro no muy lejano… Pero dejemos eso, centrémonos ahora en Oviedo, en la casa de Land Rover, en nuestro todopoderoso Defender que es la primera avería que tiene desde 1999 y en tres expedicionarios polares que no pierden el buen humor.

    Aquí en el polígono del Espíritu Santo, frente a la puerta del taller, pasamos la noche acompañando a nuestro cuarto expedicionario, nuestro todoterreno. Adolfo sentado en el asiento del copiloto, y digo sentado porque estos asientos casi no se reclinan nada. Carlos estrenando su equipo de vivac fuera, flanqueando el costado derecho del Defender, bajo el orvallo asturiano. Y yo encogida en los asientos del medio, tratando de estirar un poco las piernas por encima del asiento del conductor, cuando se me quedaban dormidas.

    Así, ahí acurrucada con las luces del polígono iluminando el interior del vehículo, el ruido de los coches circulando en la carretera a tan solo unos metros de nuestro “hogar”, mi mente recorrió de nuevo lo acontecido durante el día. Pasó de la magia tan bonita de la salida en Ferrol, aquella ilusión sincera y contagiosa de los más pequeños, a vernos ahora con el coche parado en un día de fiesta y esperando… Sentí una emoción profunda al ser consciente del gran equipo que tenía a mi lado. En silencio dejé que mis lágrimas corrieran libres. Percibí la suerte de que no estuviéramos solos Adolfo y yo como en todos estos años anteriores. El contar con este fichaje estrella que hemos hecho con Carlos, me dejaba muy tranquila. Percibía que éramos invencibles luchando por nuestros sueños polares. La aventura comenzaba con fuerza, como debe ser, nunca conoces qué va a pasar mañana, ni siquiera qué va a acontecer unas horas más adelante.

    Amanece el día lleno de ilusiones e incertidumbres que según avanzan las horas, van buscando su realidad. El problema resultó ser la bomba de gasóleo, no tienen repuesto en Oviedo y llega mañana desde Guadalajara. Después cuatro horas de taller para el montaje y podremos continuar por la tarde nuestro camino rumbo a Hirtshals, al norte de Dinamarca. La media del Defender será de 90 km/hora, así que toca hacer relevos continuos en la conducción para alcanzar nuestro objetivo de embarcar en el ferry a tiempo. Somos un equipazo de verdad, y lo vamos a conseguir. Además, os confieso que vuestro apoyo durante el día de ayer y de hoy, tanto por el blog como por las redes sociales, dándonos ánimos y sabiendo que sois partícipes de nuestra aventura, nos está ayudando mucho.

    Entre todos lo vamos a conseguir. ¡¡Llegaremos a tiempo!!

    • Defender en Land Rover Oviedo

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  • Emotiva salida completamente arropados

    Llegó el día que tanto habíamos esperado, 1 de mayo a las 11:00 de la mañana, en Ferrol, es la salida oficial de la Expedición Científica Ártico 2017. Los nervios están a flor de piel y al llegar con el Defender cargado frente al Náutico de la Graña y encontrarnos a ese público tan entregado y apostando por esta expedición, percibí que ese manojo de nervios quedaban libres y salían a toda velocidad de mi interior.

    Sentir este apoyo tan cercano y sincero creó en cuestión de segundos un momento mágico e inolvidable. Fotos, vídeos, palabras de aliento, sonrisas… Todo inmensamente cercano y emotivo fue capaz de infundirnos una fuerza enorme. Percibíamos que compartíamos nuestra pasión por los glaciares con personas con una sensibilidad especial por la naturaleza.

    Dentro de esa magia lo más hermoso fue sentir la contagiosa ilusión de los más pequeños, sus sonrisas sinceras y llenas de futuro. Inolvidable detalle el momento de la fotografía de una niña con su hermano más pequeño y su sonrisa cómplice cuando me dice: “Tengo tu libro de Diario Polar en casa”. Nos miramos con una intensidad que parecía que nos conocíamos de toda la vida.

    Llega el final de ese baño de emociones encadenadas y los tres expedicionarios partimos rumbo en el Defender a nuestros hielos queridos. Según avanzamos por tierras gallegas -saboreando todavía la magia de la mañana- sentimos cómo nos liberamos del estrés, de la falta de tiempo, del cansancio y agotamiento de estas últimas semanas. Cada kilómetro que quedaba atrás significa un lastre menos en percibir de lleno esa libertad que te brinda siempre la aventura de este tipo de expediciones.

    Sigue el ánimo creciendo dentro del coche, pasamos a tierra asturiana, mi tierra asturiana… y el Defender ¡se para! Deja de funcionar. Nos tenemos que orillar en la autovía, avisar a la grúa y ¡vaya!, hoy es fiesta… ¿Llegaremos a tiempo al ferry que parte del Norte de Dinamarca para cruzar a Islandia? 

     

    • Emotiva salida completamente arropados

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