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Blog: Karmenka desde los Polos

  • Entrevista a Patricia Correa, Doctora de la Base Artigas

    Para que sigáis conociendo el funcionamiento interno de una base antártica, hoy os dejo con la entrevista realizada a la Doctora de la Base, Patricia Correa.  

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  • Entrevista a Longino Sosa, Jefe de la Base Artigas

    Os había dicho hace ya algunos días que os iba a contar con más detalle cómo es el funcionamiento de las bases antárticas y llegó el momento. Pero como los protagonistas son los que viven aquí todo el año, van a ser ellos los encargados de hacerlo.

    He tomado como ejemplo la Base Antártica Artigas de Uruguay. Fijaros el esfuerzo de este país que con apenas 3 millones de habitantes, tiene una Base Antártica abierta todo el año, verano e invierno. Como contraste y para que comprendáis lo que os digo, en España somos 46 millones de habitantes y no tenemos una Base Antártica abierta todo el año. ¿Os dais cuenta del esfuerzo tan grande de Uruguay en este sentido?

    La dotación que lleva la base está formada por ocho personas que están distribuidas entre las tres fuerzas militares: al Ejército de Tierra pertenecen el jefe de la base (Longino), el mecánico (Ruben) y el cocinero (Denis); a la Fuerza Aérea el radio operador (Arturo); a la Armada el electricista (José) y el buzo (Pedro). El médico puede ser de cualquiera de las tres y en este caso, Patricia, pertenece al Ejército de Tierra. Completamos la dotación con el meteorólogo, que es civil.     

    En este preciso momento están esperando que entre el Hércules C-130 uruguayo, que no pudo hacerlo ayer por falta de ventana meteorológica. En este avión viene la gente de la nueva dotación que relevará a la actual y regresará a su país. Os dejo aquí la foto oficial de la dotación que decidieron hacerla con las camisetas de la selección, en honor a la coronación de Uruguay como Campeón de la Copa de América 2011. Me imagino la tremenda celebración que habrán realizado aquí en la Base, en pleno invierno antártico…

    Os decía arriba que como los protagonistas son ellos, va a ser la propia dotación quien va a explicaros cómo funciona su Base Artigas. Les he ido haciendo una serie de entrevistas para que os cuenten la misión de cada uno. Os las iré subiendo poco a poco en el blog, intercalando con el resto de artículos que describan el curso de nuestra expedición por estas tierras antárticas.

    Desde aquí quiero agradecerles a todos ellos su colaboración y disposición para estas entrevistas. Valoro más todavía su esfuerzo en dedicarme su tiempo, tan valioso en medio de estos últimos días de su estancia en la Antártida… en los que andan a cien por hora. ¡¡Muchas gracias, dotación de Artigas 2011!!

    Comenzamos con la entrevista de Longino Sosa, el Jefe de la Base. 

    • Dotación de Artigas 2011
  • Compartiendo un asado uruguayo con la dotación chilena de Fildes

    Mapa King George, bases antarticas

    En la isla de Rey Jorge donde estamos, es la mayor de las Shetland del Sur, con una superficie de 1150 kilómetros cuadrados, 95 kilómetros el largo máximo y 25 kilómetros el ancho máximo. Está prácticamente cubierta por un glaciar de casquete, toda una enorme masa de hielo. Si observáis con detalle el mapa que os dejo de la isla, veréis algunas pequeñas partes en las que el glaciar ya se ha retirado (aparecen de color oscuro en el mapa, el glaciar está señalado con el blanco).

    Fijaros cómo las bases antárticas están ubicadas en esos lugares donde el hielo ya se ha retirado. En ese mapa tenéis dos chilenas: Frei (que llevan las fuerzas Aéreas Chilenas) y Escudero (la científica). Faltaría marcar otra chilena: Capitanía de Puerto de Bahía Fildes que pertenece a la Armada. Está ubicada entre Escudero y la costa. La bahía de esta zona que veis en el mapa se llama Bahía Fildes.  

    Próximas a estas bases chilenas, observáis la China Great Wall, la Rusa Bellingshausen y ya más próxima al glaciar la Uruguaya Artigas. El día de nuestra llegada en el Hércules C-130, en el vehículo oruga uruguayo recorrimos el paso entre la chilena Frey (donde se ubica el aeropuerto) hasta Artigas, próxima al glaciar y al lugar donde posteriormente hemos acampado.

    En otras bahías observáis las bases: Coreana King Sejong, Argentina Jubany, Polaca Artowski, Brasileña Comandante Ferraz. El resto que aparecen no son bases abiertas todo el año, son sólo refugios de verano.

    Con toda esta descripción en vuestras mentes, ahora os voy a hablar de dos Bases, la Uruguaya Artigas y la Chilena de la Armada Capitanía de Puerto de Bahía Fildes. En esta época del inicio del verano es cuando las dotaciones de las bases hacen los relevos y se sustituyen las dotaciones. Fijaros que pasan aquí manteniendo las bases operativas durante todo el año, lejos de sus familias. Y así como las condiciones en el verano son más fáciles, en el invierno alcanzan casi los -30ºC (bajo cero) con fuertes y continuas ventiscas. Otra gran diferencia es que ahora tenemos luz las 24 horas, pero en el invierno es al revés, cuentan con una larga noche invernal.

    Estas condiciones hacen que la gente que decide venir a trabajar un año entero a la Antártida, es por lo general gente muy especial. Los integrantes de una dotación terminan formando una gran familia, pero no sólo ellos, sino con sus compañeros de bases más próximas. Se crean unos vínculos muy especiales de amistad. ¿Sabéis como lo llamamos por aquí? Espíritu antártico. Y realmente es algo que no puede ser descrito, hay que sentirlo dentro de uno para entender su significado. Es algo tan especial que parece venir de otro mundo diferente. Basta muchas veces con encontrarte con alguien un par de veces y ya se han entrelazado esos vínculos de amistad antártica que de antemano sabes que perdurarán para siempre… Si los que venimos sólo una temporada corta, llegamos a percibirlo con fuerza, me imagino lo hermoso que será para todos los que pasan aquí un año entero.

    En mi descripción anterior en particular os ubicaba dos de las Bases, la Uruguaya Artigas y la  Chilena de la Armada Bahía Fildes. Las dotaciones de ambas están a punto de salir. De hecho, en la de Fildes ya está la dotación nueva y ya han realizado el relevo, aunque los anteriores todavía no han podido salir. El relevo de la uruguaya está a punto de llegar.

    Como despedida hicieron en Artigas un asado uruguayo para compartir con los amigos chilenos de Fildes, al que también estuvimos invitados nosotros. Aprovechando que estaban juntas las dos dotaciones que en la campaña pasada nos habían ayudado tanto, Adolfo y yo les hicimos entrega de unos pequeños obsequios, como recuerdo de GLACKMA. El espíritu antártico del que os hablaba antes, estaba presente entre nosotros. Teniéndolos a todos reunidos, quise dirigirles unas breves palabras para agradecerles todo el apoyo y cariño que nos habían dado, pero… me fue imposible. Me emocioné completamente… Todavía ahora, algunos días después, cuando estoy escribiendo esto y recordando aquellos momentos, me invade la emoción de nuevo. Así es el espíritu antártico… ¿os dais cuenta cómo no es posible describirlo? Hay que sentirlo…

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  • Una verdadera odisea en el aire… pero llegamos a la Antártida

    Un día entero de espera en Punta Arenas. Coincidió además con el primer simulacro de tsunami y terremoto que hacían en la ciudad. Nos juntaron a los que volábamos en el Hércules C-130 en el INACH (Instituto Antártico Chileno) y solicitaron no tener que ser evacuados. Pues sería realmente perder la oportunidad de volar, en caso de abrirse una ventana meteorológica y estar “atrapados” en medio del desalojo de los edificios, durante el simulacro.

    Fue una espera de todo el día… Se hace pesado y largo y según avanzan las horas la esperanza de volar se va perdiendo. A media tarde, nos suben al aeropuerto a todos juntos en un autobús. A los brasileiros que forman parte de la tripulación del Hércules, a una decena de científicos chilenos, cuatro japonés y nosotros dos. No está claro que se pueda volar, las condiciones meteorológicas no son muy buenas allá en la Antártida, pero existe una posibilidad de que se abra una ventana, algunas horas más tardes.

    Continuamos con la espera en el aeropuerto y finalmente deciden que embarquemos. El viaje dura dos horas y media. Sentados en esas redes que a modo de asientos colocan en el interior del Hércules cuando llevan pasajeros, porque este tipo de avión está diseñado sobre todo para carga. Hace unos años, viajamos en uno en el que transportaban al mismo tiempo un helicóptero en su interior… ¡Así que imaginaros!

    El ruido es ensordecedor, más bien está fresco el ambiente y uno al quedarse sentado y quieto todo ese tiempo, empieza a notar un poco de frío. Una vez que pasan las dos horas y media, observamos que el avión no baja altura y comenzamos a ver como el sol va alternando el flanco por el que entra a través de las pequeñas ventanitas altas del avión. Eso indica que estamos sobrevolando sobre el lugar del aterrizaje, dando vueltas y vueltas. El techo de nubes está muy bajo y al tener que operar sin radar de cabecera de pista, es imposible el aterrizaje en estas condiciones.



    Tras más de una hora sobrevolando sobre el lugar, ponemos de nuevo rumbo a Punta Arenas… ¡Vaya! Qué día más pesado. Me encuentro cansada. Ahora llegaremos tarde de regreso a la ciudad. Será ya de madrugada cuando pueda echarme a dormir y probablemente de nuevo temprano en la mañana, nos soliciten estar listos por si hay opción de volar mañana… Bueno, paciencia, no queda otra opción.

    Entonces, de repente, el sol que entra por la ventanuca allá arriba, indica un nuevo cambio de dirección. Invierte su sentido y nos dirigimos de nuevo hacia la Antártida. Se habrán decidido por probar con el aterrizaje. Me siento nerviosa, no son las mejores condiciones. Varios sobrevuelos, varios intentos, el corazón palpita con fuerza y casi se me corta la respiración. El ruido es ensordecedor… Hacen otro intento de aterrizaje… Boomm! Un tremendo bote en el suelo, que se va amortiguando con otros tres saltos en los que se va perdiendo la fuerza y finalmente se sienten las ruedas en su misión y el avión controlado. Pufff!!! Me había imaginado lo peor…

    En el vehículo oruga, los uruguayos nos recogen y nos transportan los 7 kilómetros que hay desde el aeropuerto hasta su base Artigas. Es una verdadera alegría volver a encontrar a los ocho integrantes de la dotación uruguaya que ha pasado aquí prácticamente un año. Los conocíamos del verano anterior. En unas semanas más hacen el relevo y regresan a sus casas.

    Os tengo que ir contando muchas cosas de la zona, de donde están ubicadas estas bases antárticas, de donde vamos a estar nosotros esta temporada…, pero, poco a poco. Terminareis conociendo perfectamente el lugar y la vida por estas tierras. ¡Ya lo veréis!

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  • Viaje tan breve y fugaz como hermoso… propio de los sueños

    Efectivamente amanece un día fantástico en la Antártida. El cielo completamente despejado, ni una sola nube. Debido a su proximidad con el estrecho del Drake, es una zona tremendamente complicada para la meteorología y es muy extraño poder observar el cielo completamente azul. De hecho, creo, que con todas las campañas antárticas que tengo en verano, es la primera vez que lo veo así de luminoso.



    Tras el desayuno, me preparo para salir al exterior y poder hacer unas cuantas fotografías del entorno en estas condiciones. A pesar del sol seguimos con temperaturas bajas de -12ºC, pero la ventaja es que el viento apenas llega a los 15 nudos, y por tanto no nos hace descender exageradamente la sensación térmica.

    Roberto, el Capitán de Fildes, me informa que el Hércules C-130 chileno ha salido de Punta Arenas y viene hacia acá. Ha confirmado también que estoy considerada como pasajera para regresar a Punta Arenas, y me indica que me solicitan estar a las 10:40 en el aeropuerto. Sonrío, al final parece que todo va a salir bien.



    Todavía con algo de penumbra abandono Fildes, quiero subir alguna colina próxima para tener unas buenas vistas de la zona y poder hacer alguna foto bonita, cuando salga el sol e ilumine la zona. No tengo mucho tiempo al solicitarme estar tan pronto en el aeropuerto. ¡Vaya, podían haber esperado un poco…!

    Debo llevar la cámara envuelta y protegida del frío, para que me permita trabajar con ella. La mantengo además próxima a mi cuerpo para pasarle algo de mi calor corporal. A pesar de los cuidados, tengo que tener precaución cada vez que la saco al exterior, pues no aguanta mucho tiempo a la intemperie.



    Ando ligera, a medio carrera en las zonas que el hielo me lo permite. La nieve está helada de la noche y es muy fácil resbalar. ¡Qué maravilla de paisajes! Poco a poco voy ganando altura y sorprendiéndome a mí misma de lo espectacular de este día. El sol va saliendo poco a poco y las luces, según cobran intensidad, cambian por completo el entorno.

    Tengo una magnífica vista panorámica de la Base Rusa Bellingshausen y las chilenas Frei y Fildes al fondo. La bahía que en verano sostiene tanta vida, ahora tiene helada ya una buena parte. La barcaza de los rusos “Anderma”, en la costa, marca muy bien el inicio de lo que era antes agua… Ahora, todo hielo.

    El sol, debido a la latitud elevada y la época invernal en la que estamos, hace su recorrido muy cerca del horizonte. Sí, tenemos la desventaja de las pocas horas de luz, pero al mismo tiempo cuando -como hoy amanece un día así de despejado- la luz es muy hermosa. Al ser tan rasante, parece cubrir todo con un baño de oro líquido. Voy haciendo alguna fotografía, recogiendo la cámara de vez en cuando para protegerla del frío, esperando a que siga ascendiendo un poco el sol y me cambie las luces del paisaje y volviéndola a sacar con cuidado, para continuar captando con las imágenes la maravilla que tengo ante mí.



    En estos ratos de espera, me dedico a contemplar el paisaje que me rodea. Tras haber conocido la dura ventisca de estos días pasados, me quedo realmente absorta del fabuloso día de hoy. Mi mente desconecta por un momento de la realidad y tengo la sensación de estar viajando por el espacio, llegando a un lugar hermoso, de esos que sólo existen en los sueños, e impregnándome de una luz dorada, limpia, pura, que me llena de una energía tremendamente positiva. Despierto de mi sueño… ¡no, no era un sueño! Esta vez ha sido todo real. Me encuentro tremendamente feliz y soy consciente de lo afortunada que he sido. Han tardado meses en tener este día aquí en la Antártida, y yo he tenido la suerte de vivirlo en mi viaje tan efímero a la zona. Tremendamente afortunada. Respiro profundamente, me lleno de nuevo de la belleza del entorno y otra vez una inmensa sensación de paz y armonía se instala en mi interior. Sé que será un recuerdo imborrable en mi vida.



    Es hora de regresar a Fildes. Una vez allí recojo mi mochila -que ya había dejado preparada- me despido de la gente de la dotación y Roberto me sube en moto al aeropuerto. El Hércules todavía no ha llegado, pero en la normativa de FACH nos exigen siempre estar antes de su aterrizaje, si vamos a tomar el avión. No pierdo el tiempo, como la zona del aeropuerto es también una parte elevada, continúo con mis fotos. El sol sigue subiendo y las luces cobrando intensidad.



    Consigo fotografiar la entrada del Hércules y continua la espera mientras proceden a la descarga de todo lo que traen y cargan lo que sacan de estas tierras antárticas. Son las 13:30 cuando me piden subir al avión. Por seguridad y aunque el día está con visibilidad, parten antes de que se meta la noche en la zona. Me despido de Roberto y me siento torpe con las palabras para poder expresarle el agradecimiento por todo el apoyo que me han brindado. Hay acontecimientos en la vida para los que no hemos sido capaces de crear el lenguaje adecuado…



    En el Hércules -sentada en esas redes rojas- mi cuerpo viaja a Punta Arenas mientras mi mente recorre una y otra vez las odiseas, aventuras, peripecias, incidentes y anécdotas de los últimos días. Es increíble que un viaje tan corto me deje completamente llena de vivencias de tanta intensidad.

    De repente una tremenda sacudida me vuelve a la realidad. Estamos aterrizando en Punta Arenas bajo condiciones muy fuertes de viento. Al levantarme, un par de chilenos que tenía sentados frente a mí y que regresan también a esta capital austral, me dicen: “Pareces la felicidad personificada. Durante todo el viaje tu cara reflejaba una inmensa alegría”. Sonrío, “no puede ser de otra manera, fue un viaje tan breve y fugaz como hermoso”.

    • Viaje tan breve y fugaz como hermoso… propio de los sueños
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  • El éxito es el fracaso superado por la perseverancia

    (crónica recibida por teléfono satelital, Fotos: Karmenka en directo)

    La nieve helada me golpea la cara con fuerza, tengo que quitarme las gafas ya que mi respiración acelerada hace que se me empañen. Los caprichosos copos arrastrados con fuerza por el viento me hacen entrecerrar los ojos.

    Quitar la protección de los cabezales que protegen los lectores de la sondas se convierte en una tarea casi interminable en estas condiciones de ventisca. Necesito operar con mis manos desnudas, ya que los guantes me impiden estas maniobras tan delicadas y precisas. Se me quedan heladas rápidamente, así que mi mente maquina una especie de alternativa. Una mano con guante y la otra no, intercambiando el papel de la protección antes de que la desnuda pierda el tacto. Sería catastrófico quedarme sin tacto, ya que tardaría mucho después en recuperarlas. Tengo que evitar esa situación.

    Una vez que los lectores de las sondas están al descubierto, tengo que emprender otra maniobra delicada. Sacar el ordenador de campo, encenderlo y preparar el programa, así como el cable de conexión. El ordenador es el robusto y especial para estas condiciones, del que os hablaba el otro día, pero es muy chiquito. La pantalla mide unos 12 cm. de ancho por 8 de alto. Imaginaros el tamaño de la letra.

    Para que os terminéis de hacer una idea, se me cubre continuamente de nieve que se queda helada y tengo que andar apartándola. Las gotas de agua que quedan del hielo fundido tras mi limpieza con la mano, hacen que esos tamaños de letra tan diminutos los distinga todavía con más dificultad. Para terminar de describir la situación imaginaros la cellisca golpeando mi cara y mis ojos.

    Con todo listo engancho un extremo del cable de conexión al ordenador y el otro a una de las sondas. Tardo un rato, mis manos se mueven lentamente por el frío. Hago conexión con el ordenador y la sonda… ¡Bien, y la sonda está funcionando! Algo es algo. Apartando una y otra vez la nieve helada de la pantalla, busco en el menú del programa la opción de descargar los datos antiguos. Bajo una serie de fichero… ¡Puf… algo tengo!

    Ahora debo convertirlos, ya que bajan en un formato máquina que no puedo leer. Me lleva un ratito…, aumentan mis nervios. Ficheros convertidos. Se acerca la hora de la verdad, tengo que abrirlos. De nuevo aparto la nieve helada de la pantalla. Cambio mi guante de mano. Mi corazón palpita a 200 por hora. ¡Sí, sí, sí…! Fichero de datos completo. No hay laguna de datos. Todo está bien. Seguramente al hacer la extracción de datos ayer con la agenda se cerró la comunicación debido al frío. Ahora con el ordenador ha sido posible extraer la serie completa gracias al calefactor que tiene. ¡Genial, genial, genial! Mi emoción es tan fuerte que se me escapa alguna lagrimita, pero se confunde con la nieve que se funde en mi cara.

    Ahora repito la operación con la otra sonda. Al aproximarme al extremo del cañón resbalo en el hielo que se ha formado en el borde y ¡zas!, un rápido movimiento –creo que instintivo al haber hecho la instalación en su día- me permite agarrarme a uno de los tubos que protegen los cabezales de la sonda. Quedo colgando de este agarre y con cautela me retiro hacia atrás hasta poner los pies firmes.

    Después continúo con la operación en la segunda de las sondas. Oigo la voz de Alfonso llamarme preocupado. Asomo la cabeza de entre las rocas cubiertas de nieve y agito mi brazo. “Todo bien. Cinco minutos y listo.” Había venido a buscarme con la moto, los otros tras liberar las motos del último atasco se había ido a espera ya Artigas, para ir tomando algo caliente.

    Al terminar me doy cuenta de que estoy casi congelada. Recojo todo, bajo con cuidado del cerro helado y recorro los 100 metros que me separan de Alfonso y la moto. Con una sonrisa de oreja a oreja le transmito mi infinita alegría. “Todo está bien. Tengo la serie de datos completa y las sondas están funcionando perfectamente. Muchas gracias, muchas gracias por el apoyo. Todo el esfuerzo mereció la pena”.

    Pasamos por Artigas para tomar un café caliente y sin más demoras de nuevo a las motos para emprender el recorrido de vuelta. Sigue empeorando el tiempo y nos queda un largo camino por recorrer.

    Regreso en la moto feliz, inmensamente feliz, con una alegría cándida e inocente. Al pasar frente a la Base Rusa Bellingshausen, compruebo que el cartelito de “Salamanca 12512 km” sigue en el indicador kilométrico que tienen frente al edificio principal. Allí está desde el año 2000. ¡Cuántos recuerdos!

    Al llegar a Bahía Fildes allí estaba el vehículo oruga de los uruguayos. Tras sus gestiones por la Base Chilena Frey, pasaron por Fildes para saludar a la dotación y ya estaban a punto de regresar a Artigas. Llevaban a un grupo de argentinos que habían cruzado el otro día desde Jubany hasta Artigas y ahora esperaban el buen tiempo para poder regresar a la Base Argentina. Los voy saludando y… ¡tremenda sorpresa!, entre ellos está Maxi, quien nos había ayudado durante el pasado verano con nuestro trabajo en el glaciar cuando estuvimos en Jubany. Una tremenda alegría volver a verlo.

    Pero mi alegría del día no queda ahí. Me dice Roberto que la predicción meteorológica para mañana es muy buena y casi con toda seguridad que podrá entrar el avión desde Punta Arenas.
  • ¿Cómo es la vida en las bases antárticas?

    Trataré de recogeros en este artículo, algunas de las dudas y curiosidades que os han ido surgiendo en estos días, aunque creo que de algunas ya sabéis las respuestas bien por algún comentario que os he hecho, bien por las fotos y videos que han ido apareciendo.
    La forma de llegar a esta zona, como estamos en la costa, es por barco o por avión. Por el comentario del otro día ya sabéis que lo que hay es una especie de aeropuerto de tierra compactada que está ubicado en una de las zonas donde el glaciar ya se ha retirado. También habíamos hablado de la ausencia de radar de cabecera de pista, por lo que ya sabéis que es necesario contar con unas mínimas condiciones meteorológicas que hacen que no siempre se pueda aterrizar. El tipo de avión más común para realizar estos cruces es el Hércules C-130, un cuatrimotor militar que es capaz de aterrizar y despegar en distancias relativamente cortas y además tienen una gran capacidad de carga, que es lo que principalmente traen. Aunque ahora con el turismo están empezando a meter algún otro tipo de avión para que vengan sentados cómodamente los señores turistas.

    Tanto los cruces por avión como las llegadas por barco, sólo son posibles en verano. Cuando llegan las nevadas y después las bajas temperaturas hielan todo, el aeropuerto queda fuera de uso hasta el próximo verano. Por mar ¿qué ocurre? Ahí el problema es la banquisa. ¿Os apetece investigar un poquito sobre la banquisa?
    Es por tanto durante la época de verano en la que las bases se abastecen de víveres, combustible y materiales que necesitan para todo el invierno. La ventaja de estos lugares es que las bajas temperaturas hacen que los alimentos frescos se conserven bien durante largos periodos de tiempo. Pero evidentemente el tipo de alimento que se consume no es el mismo que podéis comprar en una cuidad cada día. Los alimentos con fecha de caducidad más corta no se pueden utilizar en estos lugares.
    Os dejo aquí unas imágenes y unos fragmentos de video que hice pensando en vosotros cuando estaba el barco chileno Lautaro, descargando en Bahía Fildes. Para que os hagáis una idea, traía carga no sólo para las bases chilenas de la zona sino también para la coreana King Sejong, la china Great Wall y la uruguaya Artigas. Fijaros cómo transportan todo protegido del agua mediante esos bidones herméticos. El cruce que tienen que realizar desde el sur del continente americano, es el llamado estrecho del Drake.


    ¿Sabéis que el Drake es una de las peores zonas de navegación? En barco, yo sólo lo he cruzado una vez y tuve la suerte del novato, pues el mar parecía una balsa de aceite de lo tranquilo que estaba. Fue en el Vanguardia, un barco uruguayo. Pero ahí mismo me enseñaron imágenes del mismo en otros cruces y ¿sabéis qué me impresionó muchísimo?. Había unas olas tremendas que cubrían completamente la proa, entraba el agua por todos lados, parecía más que un barco un submarino, y en el interior a pesar de estar sujetas y atadas todas las cosas, parecía que había ocurrido un terremoto. Ingenua de mí, recuerdo haber preguntado a los marineros cómo hacían para no marearse… “En estas condiciones, prácticamente todos nos mareamos, quedan en pie los que les toca la guardia, los demás desaparecen a sus camarotes”, me dijeron.
    Más cosas… os cuento que las que son bases antárticas de verdad, es decir, las que están abiertas durante todo el año, tiene diferente ocupación en verano y en invierno. Evidentemente durante la época estival hay más ocupación y actividad, mientras que en el invierno éstas se reducen al máximo. En verano es cuando venimos los científicos y más personal de apoyo a las bases, pues casi todas las reparaciones, acondicionamientos y mantenimientos que necesitan realizar sólo son posibles llevarlos a cabo en esta época.
    La capacidad de las bases varía de unas a otras. Algunos ejemplos, la rusa Bellingshausen en verano suele tener unas 30-40 personas y en invierno en torno a 15. La uruguaya Artigas tiene unas 20 en verano y en inverno algo menos de 10. La argentina Jubany cuenta con unas 60 personas en verano y en torno a 30 en invierno. Como podéis ver hay variaciones de unas a otras, pero esa es la tónica.

    Algunos tipos de personal que no faltan en las bases son: el jefe, el médico, el cocinero, el mecánico, el electricista y el radio-operador. A partir de ahí, varían de unas a otras dependiendo de las necesidades de cada base. Pero una cosa debéis tener en cuenta, las personas antárticas de verdad se caracterizan porque son una especie de todo-terrenos, tienen que ser capaces de hacer un montón de cosas fuera de su propio ámbito u oficio. Entre todos hay que sacar la base adelante.
    Os he hecho algunos fragmentos de video cuando estábamos en la Base Argentina Jubany, para que podáis ver un poco cómo están ubicados los diferentes módulos. Fijaros que siempre están levantados del suelo, para evitar que las congelaciones del invierno los muevan y terminen destruyendo. Observad también que están todos los módulos separados, pues si ocurre un incendio en alguno no se transmite a los demás.


    En una base antártica hay unos horarios fijos para las horas de las comidas y éstas se realizan en un comedor común. Las tareas de limpieza se comparten entre todos los presentes, hay turnos establecidos. Siempre estamos con los equipos de radio para comunicarnos entre unos y otros dentro de la misma base y con las demás más próximas. Cuando sales fuera del entorno de la base, como nosotros que siempre andamos lejos trabajando en el glaciar –cuando hemos estado alojados en alguna base- debes mantener informado al jefe pues así están pendientes de cualquier necesidad que pudiera surgir.


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  • Mapa de las bases antárticas

    Muy buena información la que habéis recogido sobre el Tratado Antártico. Os aclaro la fecha de entrada en vigor, sí es el 23 de junio de 1961, y sobre los países actualmente reclamantes, sí, son tres: Argentina, Chile y Reino Unido.

    En la Base Uruguaya Artigas encontramos un mapa con la disposición de las bases antárticas. Está actualizado a 2006. Ahí podéis ver muy fácilmente los países que tienen bases, donde están ubicadas y si están abiertas permanentemente o sólo durante el verano.

    Os he preparado varios desgloses del póster para que podáis ver todo con precisión. Fijaros bien en la escala de los mapas, cuando os aparece la Antártida completa y después en las zonas de detalle que os dejo ampliadas.

    Observad también atentamente las bases que hay en King George y sus ubicaciones, ¿os suenan de algo?













    • Mapa de las bases antárticas
    • Mapa de las bases antárticas
    • Mapa de las bases antárticas
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    • Mapa de las bases antárticas

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