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Blog: Karmenka desde los Polos

  • Entrevista a Denis Ferreira, Cocinero de la Base Artigas

    Denis en la Base Artigas

    Continúo con las entrevistas a los miembros de la dotación ANTARKOS XXVII, que ya hace una semana dejaron la Base Artigas. ¡Qué sensación tan extraña al ser consciente de que ya fue hace una semana! Voy a tratar de explicárosla, a ver si soy capaz. Está relacionada con lo que os comentaba en el último artículo sobre la noción de tiempo que tenemos aquí, con esa libertad del tiempo que todo lo impregna.

    Al ser consciente de que hace una semana salieron de la Antártida los componentes de la anterior dotación de la Base Uruguaya, surgen dentro de mí dos sensaciones, que en un principio parecen contradictorias, pero no lo son.

    Por un lado, percibo que dejaron el Continente Blanco hace muchísimo tiempo, en la escala del mundo civilizado podría decirse que equivalente a un año. Por otro lado, la sensación es cómo si tan sólo hace unas horas hubieran dejado estas tierras. Parece contradictorio, pero no lo es. Son tantas las vivencias que se suceden aquí, todas ellas nuevas, profundas, llenas de sensaciones, que parece que tenga que haber pasado un año entero de los de la civilización para que todas tengan cabida. Y por otro lado, los momentos compartidos con los verdaderos amigos antárticos son tan intensos, tan verdaderos, tan inolvidables, que siguen todavía presentes en nuestro interior, lo cual da ese matiz en la escala de tiempo, que parece acabasen de salir hace tan sólo unas horas.

    Con estas reflexiones que se han agolpado en mi mente según comenzaba a haceros la presentación de este vídeo os dejo con la entrevista. En este caso se trata de Denis Ferreira, el que ha sido el Cocinero de la Base durante todo este año. Cuando veáis el vídeo, fijaros en un detalle. El tener presentes a los demás, a los que rodean a uno, hasta en el hecho de tratar de preparar comidas que gusten a todos, en tratar de buscar que cada uno se encuentre como en su casa. Esto hace que el espíritu antártico envuelva estos lugares. Ojalá el mundo civilizado se contagiara un poco de estos pequeños detalles, olvidando la competitividad que cada vez está más a la orden del día.

    Denis, estarás disfrutando ya con los tuyos, tras un año de lejanía de tu hogar. Estarás saboreando unas merecidas vacaciones. Desde aquí te deseo lo mejor. ¡¡Muchas gracias por la entrevista!!

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  • Nochebuena en la Base Artigas y Navidad en la pingüinera de Ardley

    Nidos de pinguinos en Ardley

    Casi sin darnos cuenta llegaron las fiestas navideñas. En estos lugares se pierde por completo la noción de tiempo, ni se sabe el día del mes en el que se está y mucho menos si es lunes, martes, miércoles… o qué otro día de la semana. Se llega a olvidar uno hasta del mes en el que se está, así que imaginaros. Da igual. Es otra noción diferente.

    Ahora que escribo esta realidad soy consciente de que ese es seguramente el secreto por el que el tiempo parece pararse en estos lugares. No lo contamos, no lo encasillamos, apenas miramos el reloj… de alguna manera el tiempo es libre, no ha conseguido el hombre etiquetarlo, catalogarlo, y por eso la libertad que el tiempo lleva de forma natural, te envuelve y te sientes libre. No te sientes estresado y sin embargo no paras de hacer cosas. ¡Ojalá en el mundo civilizado se pudiera volver a esto!

    Con esta noción tan especial del tiempo, llegó la Navidad y la nueva dotación de la Base Artigas, nos invita a pasarla con ellos. Fue una blanca navidad como en el invierno del hemisferio norte, pues se pasó todo el 24 nevando hasta la mañana del 25. Tas hacer un muñeco de nieve, llega Papa Noel con regalos para todos. Como en familia pasamos la tarde juntos, se termina de preparar la cena, se hace un picoteo para aguantar hasta la hora de la cena que es más tarde de lo habitual. Cenamos todos juntos, brindamos… Es una nueva dotación entre la que se empiezan a establecer los lazos de una verdadera familia para pasar todo el año juntos y no han dudado por un instante en acogernos entre ellos en estos días tan especiales.  

    Para el día de Navidad, el 25, quería algo especial. Llevaba tiempo con una idea en la mente, que por cuestiones del trabajo y la meteorología todavía no había podido llegar a realizarlo. Tenía el deseo de ir hasta la pingüinera de Ardley. Es un verdadero paraíso. Se trata de una isla que está unida a la de King George -en la que estamos- por un istmo. De manera que conociendo las tablas de mareas, en bajamar se puede cruzar sin necesidad de zodiac. Desde Capitanía de Puerto Bahía Fildes, el segundo -Felipe-, me pasa esta información. Tengo 4 horas a mediodía del 25 para poder cruzar por el istmo y regresar a pie antes de que la marea suba y cubra esta unión entre las dos islas.

    Al levantarme el 25 por la mañana, lo primero que hago es observar el cielo, fijarme en el viento… Está nublado y parece que va a caer algo de nieve, pero tengo que intentarlo. Preparo mi mochila con el equipo fotográfico, las bolsas estancas para protección en caso de que nieve, mi ropa de abrigo y me pongo en marcha. Tengo un largo camino por recorrer hasta llegar al istmo.

    Aunque no hace mucho frío, la sensación térmica baja por causa del viento, que es bastante fuerte. Sin embargo no soy consciente de ello, mi mente durante todo el camino va ya flotando en otro mundo, pensando sólo en el paraíso natural en el que me voy a inmiscuir en breve.

    Y así es. Llego a Ardley, cruzo por el istmo. ¡Qué buena y certera información me pasó Felipe con los datos de la bajamar y la franja horaria en la que podría atravesar a pie!

    Es un verdadero santuario de pingüinos. Miles de estas simpáticas aves habitan la isla. Habitualmente se pasan la mayor parte del tiempo en el mar, donde muestran sus fantásticas habilidades, sin embargo ahora están prácticamente todas en sus nidos, cuidando y dando calor a sus crías. ¿Sabéis? Se han adelantado con las crías… otro signo de que el calentamiento global está haciendo mella. En esta época esperaba encontrarlos incubando y si acaso alguno un poco más adelantado con las crías recién nacidas. Y sin embargo me encuentro con los polluelos en todos los nidos y ya algo grandecitos.

    ¿Sabéis que los pingüinos son gregarios y muy sociables? La especie que abunda en esta isla es el papúa, hay algunos riscos con el adelia y de vez en cuando aparece algún barbijo. Todas ellas alcanzan un tamaño aproximado de 70 cm., y durante el invierno emigran a regiones donde el mar está descongelado ya que se alimentan de peces, pequeños crustáceos y cefalópodos. Regresan a las pingüineras a mediados de octubre. Ponen dos huevos y la incubación se realiza por los dos integrantes de la pareja, alternándose. Las crías de los adelia siempre van algo más adelantadas y son algo más grandes.

    Es todo un privilegio avanzar entre los nidos, por las zonas más despejadas para no molestarlos, siempre muy despacio, en medio de riscos próximos al mar y con el casquete glaciar de la isla Nelson como telón de fondo por un lado y nuestro glaciar Collins por el otro.

    Adentrarte en este paraje tan espectacular, rodeado de ellos, viendo que no los perturbas, escuchando sus cánticos,… hace que te sientas como en otro pequeño paraíso. Observándolos y observándolos me quedo ensimismada, el tiempo se pasa volando y cuando me quiero dar cuenta, queda el tiempo justo para regresar cruzando el istmo antes de la subida de marea.

    Hago un montón de fotografías y grabaciones. No me ha dado tiempo ahora a editaros un video con las tomas que realicé, pero lo tendréis… Probablemente regresaremos a España y continúe preparados vídeos y subiéndoos al blog una gran cantidad de cosas que no me da tiempo ahora a mostraros. De momento os dejo unas fotos para que disfrutéis de este entorno.

    Al dejar Ardley, tomo un atajo en el camino, por una trepada en una zona de acantilados en la costa. Con la marea baja es posible seguir este camino, que además me conduce directa a Capitanía de Puerto Bahía Fildes. Quería pasar a saludar a la gente de la Armada, a decirles un “Feliz Navidad” y agradecerles la información tan certera con la bajamar, que hizo posible este cruce a la pingüinera.

    Me ven helada y me sacan algo caliente… que terminó siendo una completa comida. Era ya media tarde y comí con ganas. Entonces me di cuenta que llevaba todo el día fuera, a la intemperie, que el recorrido total a pie supone unos 25 kilómetros, que no había desayunado, ni me había llevado nada de comer conmigo -de la ilusión que tenía por pasar el día de Navidad en el paraíso de la pingüinera-.

    Me sentía muy reconfortada, me iba llenando de energía y percibía el aprecio de la nueva dotación de Fildes. Una dotación se va, otra nueva llega y qué hermoso es ese cambio en el que no se pierde el espíritu antártico y mantiene su continuidad. Ese sentir y percibir que te encuentras en casa de nuevo. No eres un extraño. No estás sin hogar por estos lugares.

    Recuperada por completo retomo de nuevo el camino, me quedan todavía 6 kilómetros por recorrer para llegar al campamento. “¡Qué día más bonito de Navidad!”, voy pensando para mis adentros. Lejos del mundanal ruido del mundo civilizado, alejada por completo de ese mundo consumista que lo es más todavía en estas épocas navideñas.        

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  • Relevo de dotaciones en la Base Artigas

    Llegó el final para unos y el inicio para otros. En el mismo instante en que una nueva etapa comienza para un grupo, termina la etapa del otro. El pasado lunes 19 con el finalizar del día tenía lugar el cambio de relevo de las dotaciones de la Base Antártica Artigas.

    “¡Misión cumplida!” tienen en sus mentes los 8 integrantes de la dotación ANTARKOS XXVII, mientras que la nueva dotación con ilusión y expectativa toma el relevo para hacerse cargo de la Base Uruguaya Artigas, durante un nuevo año.

    Este artículo está dedicado a esta dotación saliente, ANTARKOS XXVII, con la que hemos compartido momentos muy especiales y significativos, tanto en enero y febrero en nuestra anterior campaña, como en una breve inmersión en el Continente Blanco a principios de junio -pleno invierno antártico- y como ahora, desde hace unas semanas en esta nueva campaña. Como hace algunos días os describí lo que es el Espíritu Antártico, entenderéis perfectamente ahora, los lazos de amistad y camaradería tan fuertes y especiales que nos unen a esta dotación.

    Quiero también desde aquí, desear suerte a la nueva ANTARKOS XXVIII, que ya hemos tenido el gusto de conocer y podremos seguir haciéndolo durante nuestra estancia en esta campaña antártica. Os queda un año por delante, lleno de vivencias que jamás olvidaréis. ¡Mucha suerte!

    Y regreso de nuevo a vosotros, ANTARKOS XXVII, dotación saliente. Vivimos junto a vosotros la pérdida de vuestro camarada Diego Ayala, el pasado enero. Son hechos que nos marcan a todos para siempre. Os he preparado un video del homenaje que le habéis realizado y del relevo del pasado 19. Os lo he hecho con todo el cariño del mundo y lo mejor que he podido, para que os lo llevéis con vosotros de recuerdo.

    Termino agradeciéndoos otra vez todo el apoyo que nos habéis dado durante estas temporadas. La acogida, el cobijo, la aceptación, el aprecio, el cariño, el “estar ahí”, el integrarnos entre vosotros como si fuéramos dos más de la dotación. Son tantas cosas que nos llevamos guardadas dentro para siempre... Un millón de gracias ANTARKOS XXVII. Ahora llega el tiempo de rencuentro con los vuestros, de disfrutar con vuestras familias las fiestas que se aproximan. Os deseo lo mejor de lo mejor, amigos inolvidables.      

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  • Entrevista a Patricia Correa, Doctora de la Base Artigas

    Para que sigáis conociendo el funcionamiento interno de una base antártica, hoy os dejo con la entrevista realizada a la Doctora de la Base, Patricia Correa.  

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  • Entrevista a Longino Sosa, Jefe de la Base Artigas

    Os había dicho hace ya algunos días que os iba a contar con más detalle cómo es el funcionamiento de las bases antárticas y llegó el momento. Pero como los protagonistas son los que viven aquí todo el año, van a ser ellos los encargados de hacerlo.

    He tomado como ejemplo la Base Antártica Artigas de Uruguay. Fijaros el esfuerzo de este país que con apenas 3 millones de habitantes, tiene una Base Antártica abierta todo el año, verano e invierno. Como contraste y para que comprendáis lo que os digo, en España somos 46 millones de habitantes y no tenemos una Base Antártica abierta todo el año. ¿Os dais cuenta del esfuerzo tan grande de Uruguay en este sentido?

    La dotación que lleva la base está formada por ocho personas que están distribuidas entre las tres fuerzas militares: al Ejército de Tierra pertenecen el jefe de la base (Longino), el mecánico (Ruben) y el cocinero (Denis); a la Fuerza Aérea el radio operador (Arturo); a la Armada el electricista (José) y el buzo (Pedro). El médico puede ser de cualquiera de las tres y en este caso, Patricia, pertenece al Ejército de Tierra. Completamos la dotación con el meteorólogo, que es civil.     

    En este preciso momento están esperando que entre el Hércules C-130 uruguayo, que no pudo hacerlo ayer por falta de ventana meteorológica. En este avión viene la gente de la nueva dotación que relevará a la actual y regresará a su país. Os dejo aquí la foto oficial de la dotación que decidieron hacerla con las camisetas de la selección, en honor a la coronación de Uruguay como Campeón de la Copa de América 2011. Me imagino la tremenda celebración que habrán realizado aquí en la Base, en pleno invierno antártico…

    Os decía arriba que como los protagonistas son ellos, va a ser la propia dotación quien va a explicaros cómo funciona su Base Artigas. Les he ido haciendo una serie de entrevistas para que os cuenten la misión de cada uno. Os las iré subiendo poco a poco en el blog, intercalando con el resto de artículos que describan el curso de nuestra expedición por estas tierras antárticas.

    Desde aquí quiero agradecerles a todos ellos su colaboración y disposición para estas entrevistas. Valoro más todavía su esfuerzo en dedicarme su tiempo, tan valioso en medio de estos últimos días de su estancia en la Antártida… en los que andan a cien por hora. ¡¡Muchas gracias, dotación de Artigas 2011!!

    Comenzamos con la entrevista de Longino Sosa, el Jefe de la Base. 

    • Dotación de Artigas 2011
  • Segundo trabajito quincenal

    Para esta ocasión os voy a proponer un trabajito original. ¡Sí!, cuanto más inédito sea, mucho mejor. Sólo os voy a proponer el tema, que será “La Antártida”. Ahora vuestra imaginación se pondrá en marcha y decidiréis hacia donde enfocarlo y con qué estilo. Es totalmente libre.

    Sin saberlo me habéis dado vosotros la idea. ¿Sabéis por qué? Vuestra frescura en los comentarios me ha hecho pensar que realmente vais a poder hacer un original trabajo sobre la Antártida si os dejo la vía libre completamente. Así que, ¡todo vuestro!

    Como tendréis las vacaciones de navidad dentro de poco y andaréis ahora con exámenes y mucho trabajo en el colegio, para que os salga bien lo que os pido, vamos a dejar el plazo de presentación abierto hasta vuestro regreso después de Reyes. De esta manera lo podéis ir perfilando a ratitos en las vacaciones. Pongamos por ejemplo, el 11 de enero. ¿Os parece bien?

    Os dejo hoy un pequeño video para que ahora que comenzará el barullo de las compras navideñas por esos lugares civilizados, tengáis presente que en otros lugares se disfrutan con gran intensidad, momentos llenos de tranquilidad. Son instantes repletos de paz que en medio de la soledad antártica, uno es capaz de capturar consigo para siempre.    

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  • Compartiendo un asado uruguayo con la dotación chilena de Fildes

    Mapa King George, bases antarticas

    En la isla de Rey Jorge donde estamos, es la mayor de las Shetland del Sur, con una superficie de 1150 kilómetros cuadrados, 95 kilómetros el largo máximo y 25 kilómetros el ancho máximo. Está prácticamente cubierta por un glaciar de casquete, toda una enorme masa de hielo. Si observáis con detalle el mapa que os dejo de la isla, veréis algunas pequeñas partes en las que el glaciar ya se ha retirado (aparecen de color oscuro en el mapa, el glaciar está señalado con el blanco).

    Fijaros cómo las bases antárticas están ubicadas en esos lugares donde el hielo ya se ha retirado. En ese mapa tenéis dos chilenas: Frei (que llevan las fuerzas Aéreas Chilenas) y Escudero (la científica). Faltaría marcar otra chilena: Capitanía de Puerto de Bahía Fildes que pertenece a la Armada. Está ubicada entre Escudero y la costa. La bahía de esta zona que veis en el mapa se llama Bahía Fildes.  

    Próximas a estas bases chilenas, observáis la China Great Wall, la Rusa Bellingshausen y ya más próxima al glaciar la Uruguaya Artigas. El día de nuestra llegada en el Hércules C-130, en el vehículo oruga uruguayo recorrimos el paso entre la chilena Frey (donde se ubica el aeropuerto) hasta Artigas, próxima al glaciar y al lugar donde posteriormente hemos acampado.

    En otras bahías observáis las bases: Coreana King Sejong, Argentina Jubany, Polaca Artowski, Brasileña Comandante Ferraz. El resto que aparecen no son bases abiertas todo el año, son sólo refugios de verano.

    Con toda esta descripción en vuestras mentes, ahora os voy a hablar de dos Bases, la Uruguaya Artigas y la Chilena de la Armada Capitanía de Puerto de Bahía Fildes. En esta época del inicio del verano es cuando las dotaciones de las bases hacen los relevos y se sustituyen las dotaciones. Fijaros que pasan aquí manteniendo las bases operativas durante todo el año, lejos de sus familias. Y así como las condiciones en el verano son más fáciles, en el invierno alcanzan casi los -30ºC (bajo cero) con fuertes y continuas ventiscas. Otra gran diferencia es que ahora tenemos luz las 24 horas, pero en el invierno es al revés, cuentan con una larga noche invernal.

    Estas condiciones hacen que la gente que decide venir a trabajar un año entero a la Antártida, es por lo general gente muy especial. Los integrantes de una dotación terminan formando una gran familia, pero no sólo ellos, sino con sus compañeros de bases más próximas. Se crean unos vínculos muy especiales de amistad. ¿Sabéis como lo llamamos por aquí? Espíritu antártico. Y realmente es algo que no puede ser descrito, hay que sentirlo dentro de uno para entender su significado. Es algo tan especial que parece venir de otro mundo diferente. Basta muchas veces con encontrarte con alguien un par de veces y ya se han entrelazado esos vínculos de amistad antártica que de antemano sabes que perdurarán para siempre… Si los que venimos sólo una temporada corta, llegamos a percibirlo con fuerza, me imagino lo hermoso que será para todos los que pasan aquí un año entero.

    En mi descripción anterior en particular os ubicaba dos de las Bases, la Uruguaya Artigas y la  Chilena de la Armada Bahía Fildes. Las dotaciones de ambas están a punto de salir. De hecho, en la de Fildes ya está la dotación nueva y ya han realizado el relevo, aunque los anteriores todavía no han podido salir. El relevo de la uruguaya está a punto de llegar.

    Como despedida hicieron en Artigas un asado uruguayo para compartir con los amigos chilenos de Fildes, al que también estuvimos invitados nosotros. Aprovechando que estaban juntas las dos dotaciones que en la campaña pasada nos habían ayudado tanto, Adolfo y yo les hicimos entrega de unos pequeños obsequios, como recuerdo de GLACKMA. El espíritu antártico del que os hablaba antes, estaba presente entre nosotros. Teniéndolos a todos reunidos, quise dirigirles unas breves palabras para agradecerles todo el apoyo y cariño que nos habían dado, pero… me fue imposible. Me emocioné completamente… Todavía ahora, algunos días después, cuando estoy escribiendo esto y recordando aquellos momentos, me invade la emoción de nuevo. Así es el espíritu antártico… ¿os dais cuenta cómo no es posible describirlo? Hay que sentirlo…

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  • Instalando el campamento base de GLACKMA en la Antártida

    Gracias al apoyo logístico de los uruguayos en su Base Artigas, podemos realizar una búsqueda tranquila del lugar idóneo para instalar nuestras tiendas de campaña.

    La zona seleccionada tiene que ser, por descontado, fuera del casquete glaciar que cubre casi en su totalidad a la isla Rey Jorge. No sería confortable tener bajo las tiendas -durante prácticamente dos meses- el hielo glaciar. Sería un perfecto conductor del frío a nuestras espaldas cuando nos echásemos a dormir.

    Por otro lado, en las zonas libres de hielo glaciar -que conocemos ya perfectamente de años anteriores-, nos encontramos ahora todavía con partes cubiertas con nieve. Falta menos ya para el verano y la nieve se va fundiendo poco a poco, pero hay zonas que debido a las ventiscas invernales, ésta se ha ido acumulando y ha quedado más compacta. Ahora con las temperaturas primaverales en las que alcanzamos ya los 0ºC o incluso en algunos momentos centrales del día los 2ºC, esa nieve se va fundiendo.



    Buscamos una pequeña loma en la que ya asoma el suelo bajo la nieve y queda un poco elevada al mismo tiempo, evitando así que la nieve de alrededor al fundirse, venga a parar a nuestras tiendas. Debido al proceso de gelifracción, las piedras son tremendamente cortantes y otra tarea obligada -si queremos estar luego confortables- es retirarlas un poco y tratar de allanar en lo posible el lugar seleccionado.

    Los pasos siguientes: montar las tiendas de campaña protegiendo las bases con abundantes piedras, debido a los fuertes vientos que tendrán que soportar y después poco a poco ir llevando el material de trabajo, la ropa, los equipos, la comida… Toda esta tarea que podía ser pesada la hemos podido realizar muy cómoda y relajadamente al contar con el cobijo de los amigos uruguayos durante este proceso de instalación.

    ¡Fantástico! Ya tenemos instalado el campamento base de GLACKMA en la Antártida.

    ¡Ah!, por cierto. Os he hablado más arriba del proceso de gelifracción. ¿Sabéis lo qué es? Explicádmelo brevemente con vuestras palabras como habéis hecho tan bien en otras ocasiones. Así me quedo tranquila de que vais entendiendo lo os voy contando.
  • Una verdadera odisea en el aire… pero llegamos a la Antártida

    Un día entero de espera en Punta Arenas. Coincidió además con el primer simulacro de tsunami y terremoto que hacían en la ciudad. Nos juntaron a los que volábamos en el Hércules C-130 en el INACH (Instituto Antártico Chileno) y solicitaron no tener que ser evacuados. Pues sería realmente perder la oportunidad de volar, en caso de abrirse una ventana meteorológica y estar “atrapados” en medio del desalojo de los edificios, durante el simulacro.

    Fue una espera de todo el día… Se hace pesado y largo y según avanzan las horas la esperanza de volar se va perdiendo. A media tarde, nos suben al aeropuerto a todos juntos en un autobús. A los brasileiros que forman parte de la tripulación del Hércules, a una decena de científicos chilenos, cuatro japonés y nosotros dos. No está claro que se pueda volar, las condiciones meteorológicas no son muy buenas allá en la Antártida, pero existe una posibilidad de que se abra una ventana, algunas horas más tardes.

    Continuamos con la espera en el aeropuerto y finalmente deciden que embarquemos. El viaje dura dos horas y media. Sentados en esas redes que a modo de asientos colocan en el interior del Hércules cuando llevan pasajeros, porque este tipo de avión está diseñado sobre todo para carga. Hace unos años, viajamos en uno en el que transportaban al mismo tiempo un helicóptero en su interior… ¡Así que imaginaros!

    El ruido es ensordecedor, más bien está fresco el ambiente y uno al quedarse sentado y quieto todo ese tiempo, empieza a notar un poco de frío. Una vez que pasan las dos horas y media, observamos que el avión no baja altura y comenzamos a ver como el sol va alternando el flanco por el que entra a través de las pequeñas ventanitas altas del avión. Eso indica que estamos sobrevolando sobre el lugar del aterrizaje, dando vueltas y vueltas. El techo de nubes está muy bajo y al tener que operar sin radar de cabecera de pista, es imposible el aterrizaje en estas condiciones.



    Tras más de una hora sobrevolando sobre el lugar, ponemos de nuevo rumbo a Punta Arenas… ¡Vaya! Qué día más pesado. Me encuentro cansada. Ahora llegaremos tarde de regreso a la ciudad. Será ya de madrugada cuando pueda echarme a dormir y probablemente de nuevo temprano en la mañana, nos soliciten estar listos por si hay opción de volar mañana… Bueno, paciencia, no queda otra opción.

    Entonces, de repente, el sol que entra por la ventanuca allá arriba, indica un nuevo cambio de dirección. Invierte su sentido y nos dirigimos de nuevo hacia la Antártida. Se habrán decidido por probar con el aterrizaje. Me siento nerviosa, no son las mejores condiciones. Varios sobrevuelos, varios intentos, el corazón palpita con fuerza y casi se me corta la respiración. El ruido es ensordecedor… Hacen otro intento de aterrizaje… Boomm! Un tremendo bote en el suelo, que se va amortiguando con otros tres saltos en los que se va perdiendo la fuerza y finalmente se sienten las ruedas en su misión y el avión controlado. Pufff!!! Me había imaginado lo peor…

    En el vehículo oruga, los uruguayos nos recogen y nos transportan los 7 kilómetros que hay desde el aeropuerto hasta su base Artigas. Es una verdadera alegría volver a encontrar a los ocho integrantes de la dotación uruguaya que ha pasado aquí prácticamente un año. Los conocíamos del verano anterior. En unas semanas más hacen el relevo y regresan a sus casas.

    Os tengo que ir contando muchas cosas de la zona, de donde están ubicadas estas bases antárticas, de donde vamos a estar nosotros esta temporada…, pero, poco a poco. Terminareis conociendo perfectamente el lugar y la vida por estas tierras. ¡Ya lo veréis!

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  • El éxito es el fracaso superado por la perseverancia

    (crónica recibida por teléfono satelital, Fotos: Karmenka en directo)

    La nieve helada me golpea la cara con fuerza, tengo que quitarme las gafas ya que mi respiración acelerada hace que se me empañen. Los caprichosos copos arrastrados con fuerza por el viento me hacen entrecerrar los ojos.

    Quitar la protección de los cabezales que protegen los lectores de la sondas se convierte en una tarea casi interminable en estas condiciones de ventisca. Necesito operar con mis manos desnudas, ya que los guantes me impiden estas maniobras tan delicadas y precisas. Se me quedan heladas rápidamente, así que mi mente maquina una especie de alternativa. Una mano con guante y la otra no, intercambiando el papel de la protección antes de que la desnuda pierda el tacto. Sería catastrófico quedarme sin tacto, ya que tardaría mucho después en recuperarlas. Tengo que evitar esa situación.

    Una vez que los lectores de las sondas están al descubierto, tengo que emprender otra maniobra delicada. Sacar el ordenador de campo, encenderlo y preparar el programa, así como el cable de conexión. El ordenador es el robusto y especial para estas condiciones, del que os hablaba el otro día, pero es muy chiquito. La pantalla mide unos 12 cm. de ancho por 8 de alto. Imaginaros el tamaño de la letra.

    Para que os terminéis de hacer una idea, se me cubre continuamente de nieve que se queda helada y tengo que andar apartándola. Las gotas de agua que quedan del hielo fundido tras mi limpieza con la mano, hacen que esos tamaños de letra tan diminutos los distinga todavía con más dificultad. Para terminar de describir la situación imaginaros la cellisca golpeando mi cara y mis ojos.

    Con todo listo engancho un extremo del cable de conexión al ordenador y el otro a una de las sondas. Tardo un rato, mis manos se mueven lentamente por el frío. Hago conexión con el ordenador y la sonda… ¡Bien, y la sonda está funcionando! Algo es algo. Apartando una y otra vez la nieve helada de la pantalla, busco en el menú del programa la opción de descargar los datos antiguos. Bajo una serie de fichero… ¡Puf… algo tengo!

    Ahora debo convertirlos, ya que bajan en un formato máquina que no puedo leer. Me lleva un ratito…, aumentan mis nervios. Ficheros convertidos. Se acerca la hora de la verdad, tengo que abrirlos. De nuevo aparto la nieve helada de la pantalla. Cambio mi guante de mano. Mi corazón palpita a 200 por hora. ¡Sí, sí, sí…! Fichero de datos completo. No hay laguna de datos. Todo está bien. Seguramente al hacer la extracción de datos ayer con la agenda se cerró la comunicación debido al frío. Ahora con el ordenador ha sido posible extraer la serie completa gracias al calefactor que tiene. ¡Genial, genial, genial! Mi emoción es tan fuerte que se me escapa alguna lagrimita, pero se confunde con la nieve que se funde en mi cara.

    Ahora repito la operación con la otra sonda. Al aproximarme al extremo del cañón resbalo en el hielo que se ha formado en el borde y ¡zas!, un rápido movimiento –creo que instintivo al haber hecho la instalación en su día- me permite agarrarme a uno de los tubos que protegen los cabezales de la sonda. Quedo colgando de este agarre y con cautela me retiro hacia atrás hasta poner los pies firmes.

    Después continúo con la operación en la segunda de las sondas. Oigo la voz de Alfonso llamarme preocupado. Asomo la cabeza de entre las rocas cubiertas de nieve y agito mi brazo. “Todo bien. Cinco minutos y listo.” Había venido a buscarme con la moto, los otros tras liberar las motos del último atasco se había ido a espera ya Artigas, para ir tomando algo caliente.

    Al terminar me doy cuenta de que estoy casi congelada. Recojo todo, bajo con cuidado del cerro helado y recorro los 100 metros que me separan de Alfonso y la moto. Con una sonrisa de oreja a oreja le transmito mi infinita alegría. “Todo está bien. Tengo la serie de datos completa y las sondas están funcionando perfectamente. Muchas gracias, muchas gracias por el apoyo. Todo el esfuerzo mereció la pena”.

    Pasamos por Artigas para tomar un café caliente y sin más demoras de nuevo a las motos para emprender el recorrido de vuelta. Sigue empeorando el tiempo y nos queda un largo camino por recorrer.

    Regreso en la moto feliz, inmensamente feliz, con una alegría cándida e inocente. Al pasar frente a la Base Rusa Bellingshausen, compruebo que el cartelito de “Salamanca 12512 km” sigue en el indicador kilométrico que tienen frente al edificio principal. Allí está desde el año 2000. ¡Cuántos recuerdos!

    Al llegar a Bahía Fildes allí estaba el vehículo oruga de los uruguayos. Tras sus gestiones por la Base Chilena Frey, pasaron por Fildes para saludar a la dotación y ya estaban a punto de regresar a Artigas. Llevaban a un grupo de argentinos que habían cruzado el otro día desde Jubany hasta Artigas y ahora esperaban el buen tiempo para poder regresar a la Base Argentina. Los voy saludando y… ¡tremenda sorpresa!, entre ellos está Maxi, quien nos había ayudado durante el pasado verano con nuestro trabajo en el glaciar cuando estuvimos en Jubany. Una tremenda alegría volver a verlo.

    Pero mi alegría del día no queda ahí. Me dice Roberto que la predicción meteorológica para mañana es muy buena y casi con toda seguridad que podrá entrar el avión desde Punta Arenas.