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Blog: Karmenka desde los Polos

  • Viaje en zodiac a la Base Coreana King Sejong

    En Caleta Marian I

    Lo que os voy a narrar ocurrió en un día, digamos que descanso de nuestro trabajo, aprovechando una de esas esperas que la naturaleza te brinda intercaladas entre las etapas de mediciones y toma de datos.

    Os tengo que presentar a dos amigos antárticos que hicieron posible este día tan especial. Son Nancy y Nelson, quienes trabajan dentro de la estructura del INACH (Instituto Antártico Chileno) y están al cargo del mantenimiento de la Base Escudero, una pequeña base científica chilena. Se encuentra al lado de Frei, otra Base Chilena, pero en este caso perteneciente a las Fuerzas Aéreas. Bueno, no os cuento más, pues ya os las había localizado en la zona.

    Escudero, -la Base Científica- está abierta sólo en periodo de verano. Verano austral, por supuesto. Es decir en estos días. Pero fijaros que incluso ha estado cerrado durante las fiestas navideñas. Pues bien, Nancy y Nelson son los encargados de mantener operativa la base y ellos sí que pasan aquí el invierno entero. De hecho realizan este trabajo ya por tres años, ¡sí, tres años! Ellos son antárticos de verdad.

    Se les presenta la necesidad de tener que ir hasta la Base Coreana King Sejong, para llevarles a unos investigadores japoneses -que están estos días en la Base-, unas cajas que habían llegado con material para ellos. Nos invitaron a acompañarles y sin dudarlo un instante la aceptación por nuestra parte es inmediata. ¡A King Sejong!, ¡en zodiac!, ¡por supuesto! De nuevo se enciende en mí esa llama de aventurera que no se ha logrado apagar nunca.

    Recorremos primero Adolfo y yo los 5 kilómetros que nos separan de Escudero y en la playa de Bahía Fildes nos juntamos con ellos. Preparamos entre todos la zodiac, el material para llevar y embarcamos rumbo a la Base Coreana. El mar está muy tranquilo ya que apenas hay viento. Nelson es el timonel y Nancy la proel. La navegación es tranquila y disfruto una enormidad mientras hago algunas grabaciones de vídeo, apañándomelas con las ondulaciones de la pequeña zodiac para que no salgan demasiado movidas.

    Al aproximarnos a King Sejong, Caleta Marian donde se encuentra ubicada, nos sorprende con una sorpresa que al mismo tiempo supone una pequeña complicación. Hay bastantes fragmentos de hielo flotando que se han desprendido del acantilado glaciar del fondo de la bahía y el viento los acumula frente a la costa de la Base. Son un verdadero peligro para la navegación en la zodiac, pueden pincharla en un abrir y cerrar de ojos. Es fundamental aquí la orientación del proel, que va pendiente de indicar al timonel qué rumbo tomar en todo momento para ir esquivando estos hielos.

    Cuando los frentes de los glaciares llegan directamente al mar, se van desprendiendo fragmentos de hielo. ¿Sabéis que flota siempre en torno a un octavo? Es decir, que la mayor parte del bloque de hielo se encuentra bajo las aguas. Estos hielos navegan por las aguas arrastrados por las corrientes marinas o por el viento y según el tamaño quedan varados hasta que se van extinguiendo. Hablando del tamaño, existe una clasificación según sea éste. Así encontramos los “icebergs”, los “growlers” y el “brass”.

    Los “icebergs” o témpanos tienen forma tabular y son los más grandes, pueden tener desde 1 kilómetro cuadrado hasta varios miles de kilómetros cuadrados, ¡sí, sí, he dicho varios miles!

    Los “growlers” son de forma variada y poseen un tamaño intermedio, desde unos 50 metros cúbicos hasta un kilómetro cuadrado. ¿Sabéis? “Growler” significa gruñón. Y es que cuando se acumulan en las bahías, el sonido que producen es similar al de un tren lejano que no llega nunca.

    Finalmente, los más pequeños se conocen como “brass” y pueden tener cualquier forma. Su tamaño oscila entre el medio metro cúbico hasta los 50 metros cúbicos. Lo que significa la palabra “brass” es escombro. ¡Clarísimo, por tanto!

    Aquí, al aproximarnos a la Base Coreana, los fragmentos que veréis en el vídeo son de este último tipo, del llamado “brass”. En el vídeo también podréis ver la amabilidad de los coreanos y la gran alegría y emoción que sentí al ver la bandera de España izada en su mástil, debido a nuestra visita. Esos pequeños gestos, en estos lugares, te hacen sentir muy bien.

    Por cierto, una curiosidad que se desveló en el transcurso de nuestra conversación con los coreanos. Esta Base King Sejong se inauguró a principios de marzo de 1988, y por casualidad Adolfo estuvo presente. ¡Sí!, recién regresaba de participar en el montaje de la Base Española Juan Carlos I. Los coreanos al escuchar esto se quedaron muy sorprendidos. ¡Fue un hecho que ocurrió ya hace 24 años!

    Comienza a levantarse viento y tenemos que regresar antes de que las condiciones empeoren y eviten la navegación en la pequeña zodiac. Fue un maravilloso viaje de regreso, bueno… digo “maravilloso” porque para mí fue así, pero soy consciente que la mayor parte de la gente pensaría otra cosa.

    El mar de fondo y sus olas se notaban con intensidad e iban aumentando con bastante rapidez. Esto nos obliga a agarrarnos con fuerza para no salir disparados y por supuesto estar pendientes de las olas que vienen para conocer la intensidad de cada una antes de zarandear el bote. A ello se une nieve casi helada que golpea nuestras caras… ¡es genial!

    Entrando ya en la zona protegida de la bahía se termina el combustible de la zodiac y Nelson tiene que dejar el timón para realizar la carga con uno de los depósitos de reserva. No me faltó ni un segundo para salir disparada y ofrecerme de voluntaria a manejar la zodiac y ejercer por primera vez aquí en aguas antárticas mi reciente título de Patrona de Embarcación de Recreo.

    Con la caña en la mano, gobernando la embarcación y pensando para mis adentros “ojalá se hiciera interminable este momento…”, me lleno de una alegría que no os podría describir. En mi cara se debió de dibujar una sonrisa de oreja a oreja que no se borró durante todo el tiempo que ejercí de timonel, según me dijeron cuando desembarcamos.     

    Un día inolvidable en mi registro antártico. ¡Muchas gracias Nancy, muchas gracias Nelson, muchas gracias amigos antárticos!

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