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Blog: Karmenka desde los Polos

  • Siempre hay algo positivo

    En Punta Arenas con mi ojo y mi dedo sin mejorar, decido acudir a un médico. No estoy acostumbrada a ir a hospitales o médicos y se me hace más costoso que recorrer los 30 kilómetros de la caminata a la estación del Tyndall. Y, ¿dónde voy? Ni idea… me encuentro como pez fuera del agua. “Bueno, lo dejo, ya mejorará” pienso para mis adentros. “Pero, mañana puede que tenga la opción de cruzar a la Antártida, tengo que encontrarme en condiciones…” siguen mis pensamientos.

    Llamo a Sergio, gerente de Agencias Marítimas Broom y amigo nuestro aquí en Punta Arenas. Desde esta agencia, llevan ya un par de años apoyándonos para conseguir que  llegue el material enviado por cargo tanto aquí como a la Antártida. Sin perder un instante, me viene a buscar junto con Marcela -también trabajadora de la citada agencia- y me llevan en primer lugar al Hospital Naval. Hay una larga cola de espera y deciden probar en otro lugar. Nos vamos a la Clínica Magallanes, con la que también tiene un convenio la Agencia Broom. Me encontraba arropada entre Sergio y Marcela que hablaban con unos y otros para ver cuál era la mejor opción de ser atendida.

    En la consulta, el médico nada más ver el ojo y el dedo, confirma sin duda que se trata de una picadura. Le conté cómo habíamos limpiado en el campamento la enorme ampolla que se formaba en el dedo: -como no teníamos otra cosa, desinfectamos un cuchillo al fuego y Agustín me abrió esa especie de enorme ampolla que se formaba en el dedo.

    Entonces el médico, sonriendo, pero serio, me dice: - Nooo… eso se hacía antes en la guerra. No teníais que haberlo abierto así. ¿No lleváis botiquín?

    Le explico: - En mis primeras expediciones había preparado un botiquín muy completo, que llevaba siempre. Pero, ¿qué ocurría? Nunca utilizábamos nada, las medicinas se caducaban y tenía que andar renovándolas, así que decidí no volver a llevarlo.

    Me argumenta el médico y con razón: - Basta que una vez te haya sido útil, para que haya merecido la pena llevarlo diez veces sin utilizarlo.

    Realmente tiene razón, a partir de ahora, me volveré a preparar un botiquín para las expediciones. Está claro que aunque no pase nunca nada, no quiere decir que no pueda pasar. Lección aprendida.

    Al final se nos pasa las mañana con estas gestiones. Al finalizar, tomando un café en la cafetería del hospital, Sergio saluda a otro de sus muchos conocidos. En este caso se trata de Patricio, médico del Hospital Naval de Punta Arenas. Sergio, que es un seguidor de lo que hacemos en GLACKMA, le comienza a explicar que venimos de una expedición del glaciar Tyndall y le habla de todo lo que hacemos. Le cuenta también lo contenta que quedó la gente con nuestro entusiasmo en la conferencia divulgativa que impartimos en Punta Arenas en marzo, al terminar nuestra anterior campaña antártica.

    Patricio, encandilado con lo que le estábamos contando, nos pide si sería posible dar una conferencia divulgativa en el Hospital Naval. “Por supuesto, no sólo es posible, para nosotros sería un verdadero placer” le explicamos. “De hecho estamos muy agradecidos a la Armada por el apoyo prestado durante nuestra pasada campaña antártica, a través de la Estación Marítima de Bahía Fildes”.

    Siempre hay algo positivo. Esas picaduras ya han valido para algo.

    Como un buen cierre os dejo esta foto del amanecer ayer en nuestra caminata  de vuelta del Tyndall.

     
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  • Zarpamos en el Lautaro rumbo a Punta Arenas

    Nuestro plan inicial era salir de la Antártida a Punta Arenas en un vuelo de las Fuerzas Aéreas Chilenas que estaba previsto hacia el 20-23 de febrero. Después desde Punta Arenas dirigirnos a la Patagonia Chilena, al glaciar Tyndall donde tenemos más trabajo de campo previsto para realizar. Finalmente regresar a España el 4-5 de marzo.

    Pero todos nuestros planes desaparecieron como un azucarillo en el café, al moverse la fecha del Hércules C-130 chileno. La semana pasada vino de visita el Presidente de Chile acompañado del de Ecuador, y se han modificado todos los planes de vuelo. El nuestro, en concreto, se retrasa algunas semanas… eso nos hace cambiar todos los planes iniciales.

    En nuestra estancia en Bahía Fildes aprovechamos para poder indagar qué otras posibles alternativas tenemos para regresar a Punta Arenas. Parece que habrá un vuelo uruguayo (también un Hércules C-130) a finales de febrero o principios de marzo. Esos son los planes iniciales, después cualquier retraso obligado por la meteorología haría que no llegásemos a tiempo de nuestro vuelo en los primeros días de marzo a España.

    Parece que también habrá un vuelo brasileño para finales de febrero, pero todavía no hay calendario fijo. Esa opción haría que pudiéramos salvar nuestros billetes de regreso a España, pero no tendríamos tiempo de trabajar en la Patagonia Chilena, lo cual implicaría tener que regresar a estas latitudes en algún otro momento en los próximos meses.

    Habíamos regresado a nuestro campamento para terminar con el trabajo en el río, pensando cómo superar esta nueva dificultad. El trabajo está muy avanzado, prácticamente está listo ya que la ventaja de estar acampados en el lugar de trabajo es que nos permite un control total para seleccionar los momentos idóneos en los cuales realizar las mediciones.

    Con estas incertidumbres en la cabeza, aparece la solución como por arte de magia. De nuevo el protagonista, Roberto, el jefe de Bahía Fildes, que se ha convertido en esta expedición en una especie de ángel de la guarda para nosotros. Nos consigue poder regresar en barco a Punta Arenas, con el chileno Lautaro. Se trata de una Patrulla Naval Antártica Combinada entre Chile y Argentina, que recorre estas zonas antárticas durante el verano austral. Por parte de la Armada Chilena está el Lautaro y por parte de la Armada Argentina es el Castillo. Cubren los cuatro meses estivales con turnos de un mes, de manera que cada uno viene a esta región antártica por dos veces.

    Esta Patrulla Naval Antártica Combinada se realiza conjuntamente por ambas Armadas desde 1998, mediante un acuerdo que establece la operación de buques de otros países en aguas antárticas durante la temporada estival, y tiene por objeto salvaguardar la vida humana en el mar, el control y combate a la contaminación y el mutuo apoyo para enfrentar emergencias marítimas en dicha zona.

    Con nuestro trabajo terminado, recogemos el campamento, secando, listando, clasificando y empaquetando todo el material. Parte quedará aquí recogido hasta otra campaña. En esta ocasión el almacén estará en la Base Uruguaya Artigas, en lugar de en la Rusa Bellingshausen. El resto de material lo llevaremos con nosotros en el barco hasta Punta Arenas, ya que es del que tenemos guardado en los almacenes de la Dirección de Aguas de Magallanes, con quienes trabajamos en Patagonia.



    Embarcaremos en el Lautaro mañana, domingo 13. Desde ahí nos dirigiremos a Caleta Potter, frente a la Base Argentina Jubany, donde llegará el Castillo y harán el relevo… Después rumbo a Punta Arenas.

    ¿Cómo tendremos el paso del Drake? La navegación durará 3 días si el tiempo es favorable o 5 días horribles si el mar está bravo. Crucemos los dedos para que tengamos el mar más o menos calmado…

    Gildo, nuestro enlace en España os irá colgando algunos artículos que le he dejado preparados para estos días mientras navegamos. Y puntualmente os irá informando de cómo va la navegación, ya que estaremos en contacto con él con el teléfono satelitario.

    Como me han quedado muchas cosas por contaros todavía, seguiré preparando artículos sobre la Antártida. He hecho unas cuantas tomas de videos y fotos de la fauna de la zona, para poder describiros las hermosas playas antárticas… aunque algo ya sabéis por la lectura que habéis hecho en ese resumen del 2000.

    Hasta que estemos de nuevo en tierra firme, ¡amigos expedicionarios!

    • Zarpamos en el Lautaro rumbo a Punta Arenas

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