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Blog: Karmenka desde los Polos

  • ¿Queréis inmiscuiros en el Campo de Hielo Norte Chileno?

    Al terminar nuestra campaña antártica y antes de regresar a España, ¿sabéis por dónde estuvimos? Completando la exploración del campo de Hielo Norte Chileno -que habíamos iniciado un año antes, también al finalizar la correspondiente campaña antártica-. Fijaros que como la logística antártica es tan impredecible y es muy difícil que coincida exacta la coordinación de los vuelos regulares desde España hasta Punta Arenas con el cruce a la Antártida, o viceversa al dejar el Continente Blanco, siempre aprovechamos esas esperas para trabajar en Patagonia, bien en la parte chilena o en la argentina. Sabéis ya, que en cada una de ellas tenemos una estación registrando datos de descarga glaciar, dentro de esta red de estaciones de GLACKMA.

    El año anterior lo que comenzamos fue a explorar el Campo de Hielo Norte, que está en la Patagonia Chilena pero a una latitud más baja que cualquiera de esas dos estaciones que os mencionaba antes. Lo que buscábamos es un nuevo glaciar que cumpliera los requisitos necesarios para poder llegar a instalar otra estación. Ya sabéis que cuantas más estaciones tengamos en la red -variando las latitudes- mucho mejor, ya que tendremos más información de la evolución del calentamiento global.

    Con nuestra exploración del año anterior, encontramos en una primera aproximación un glaciar candidato a ser explorado con más detalle en una segunda fase, en la que habría que corroborar que se cumplen todos los requisitos que necesitamos. Debido a la gran extensión del Campo de Hielo Norte, no nos fue posible terminar por completo el recorrido. Y antes de realizar esa segunda fase exploratoria para descartar o no el glaciar candidato, es necesario completar la exploración general de los diferentes glaciares del Campo de Hielo Norte, por si alguno presenta características más optimas que el hasta entonces localizado.

    De manera que al terminar nuestra campaña antártica en esta ocasión, nos propusimos rematar la faena, a ver si lográbamos completar esa primera exploración más general del Campo de Hielo Norte.

    Sin apenas descanso, llegando a Punta Arenas del Continente Blanco, tomamos un nuevo avión que nos lleva hasta Coyhaique, la capital de la Región de Aysen en Chile. El nombre de Coyhaique viene del término tehuelche “Koy Aike”, que significa laguna-campamento. ¿Y sabéis por qué? Porque el objetivo fundamental cuando se fundó en 1929 era facilitar la tarea de colonización de la zona.

    Tras alquilar un vehículo y sin pérdida de tiempo, pues no son muchos los días que tenemos, nos ponemos en ruta…  

    • Vista panoramica de Coyhaique
  • En España, tremendo contraste…

    Os escribo ya desde Salamanca. Un paso rápido por Punta Arenas, a la salida de la Antártida, para despedimos de los amigos que allí tenemos. Seguimos coordinando el posible trabajo para el futuro en el glaciar Contramaestre de Tierra del Fuego. En este sentido avanzamos algo tras nuestras conversaciones con el departamento de glaciología del INACH (Instituto Antártico Chileno), con la sección de Meteorología de la Armada y con la Dirección de Aguas. Parece que hay intereses comunes en el estudio de ese glaciar y posiblemente podamos llegar a trabajar en él.



    Después, como en un abrir y cerrar de ojos, todo se acaba. Cinco horas de avión de Punta Arenas a Santiago. Una espera de casi 9 horas en el aeropuerto de la capital chilena. Estiramos las piernas, paseando un poco por el entorno del aeropuerto. Al salir  nos sorprende una tremenda bocanada de contaminación. Se veía desde el aire antes de aterrizar, la ciudad de Santiago se encontraba cubierta por una bóveda de polución. Al parecer llevan mucho tiempo sin lluvias y ahora en el invierno hay menos viento que en época estival, lo que favorece que la contaminación se vaya quedando acumulada en la ciudad, ya que la cercana cordillera actúa de enorme barrera. Acostumbrados a respirar el aire puro de Patagonia y la Antártida, nos da la impresión de estar sumergidos en una piscina de polución.



    Inmediata ya la hora de salida de nuestro próximo avión, entramos en el aeropuerto y nos dirigimos a la zona de embarques. ¡Vaya, un verdadero caos! Está todo abarrotado de gente, sentada, echada y paseando por todos los rincones. ¿Qué ocurre? ¡Anda, es debido a la ceniza del complejo volcánico Puyehue-Cordón Caulle! Con los vientos predominantes de Oeste a Este, llevan ya varios días con cierre del espacio aéreo en Argentina y Uruguay. Todos los vuelos que salen de Santiago rumbo a Buenos Aires y Montevideo están siendo cancelados.



    Con el nuestro no hay problema, ya que dejará las cenizas al Este y podremos continuar la ruta al Norte. Sólo nos tocan varios cambios de puerta de embarque, pero salimos bastante puntuales. Un largo recorrido de casi 14 horas hasta Madrid en el que mi mente revive una y otra vez las situaciones tan intensas vividas en estas últimas semanas. ¡Ha sido todo un verdadero éxito! ¡Qué afortunada me siento!



    España… ¡qué tremendo contraste ahora! De repente la temperatura la tenemos 40ºC más alta que de dónde venimos allá en la Antártida. Y la luz… los días son ahora interminables, no se acaban nunca. Pasamos de tener apenas 5 horas de luz con una continua ventisca a algo más de 15 horas de luz y sol brillando con intensidad en el cielo. Al cuerpo le cuesta asimilar un cambio tan grande en tan sólo unas horas…   



    A parte de ese enorme contraste natural, me meto de bruces en el mundo…, en el mundo, ¿cómo llamarlo? “civilizado” suelen decir. Pero sinceramente, no me gusta nada esa palabra porque no refleja la realidad. Prefiero denominarlo Vorágine y Torbellino, ambas con mayúscula, para darles más fuerza. Todo son prisas, premuras, urgencias. Cantidad de papeleos y formalismos que consumen el tiempo y no valen para nada o para muy poco… Tremendo contraste.



    No puedo dejarme impregnar por esta locura, tengo que escaparme antes de que inconscientemente quede atrapada y prisionera en sus redes. Un fin de semana en el campo, en la montaña, en la hermosa sierra -que por suerte, tan ceca tenemos en Salamanca-. Disfrutar con la familia, impregnarse de la naturaleza que está ahora tan preciosa y llena de vida. Todo verde, frondoso, los cerezos con sus frutas madurando, los castaños en flor, los pájaros trinando en continuo. Una mezcla de aromas que te impulsan a respirar profundamente y purgar el aire del interior.



    Y cómo no, en medio de esta naturaleza llena de vida, no podía faltar el deporte. Paseos por los robledales, caminatas, baños en las aguas frescas de los ríos de montaña y la bici… Me encanta este deporte sobre todo cuando puedo hacerlo en la montaña. Son horas en las que la mente queda libre para evadirse por donde lo desee. Esta vez, ha sido inevitablemente por la reciente expedición. Subir puertos con tu única energía y… la bici, ¡claro!, percibir el cansancio, el creer que uno ya no puede más… y entonces la mente actúa, toma el mando y consigue que el cuerpo siga pedaleando y llegue a la cumbre. ¡Es genial!    



    Una maravillosa naturaleza que ha sido capaz de llenarme de nuevo de vida. Ahora, la semana en la selva del cemento, será mucho más llevadera.

    • En España, tremendo contraste…
    • En España, tremendo contraste…
    • En España, tremendo contraste…
    • En España, tremendo contraste…
    • En España, tremendo contraste…
    • En España, tremendo contraste…
    • En España, tremendo contraste…
    • En España, tremendo contraste…
    • En España, tremendo contraste…

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