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Blog: Karmenka desde los Polos

  • Una verdadera odisea

    Apenas duermo tres horas en toda la noche, muchas sensaciones y emociones experimentadas en un solo día. Con seguridad sé que recordaré esta jornada a lo largo de mi vida. En el exterior, el tremendo vendaval y la cellisca son mis compañeros inseparables que a modo de música de fondo en un película, me hacen sentir con más intensidad todo lo recientemente acontecido.

    Por fin es hora de levantarse. ¡Qué ganas de ponerme manos a la obra! Fuera todavía hay completa oscuridad. Tras el desayuno y según va aclarando el día, Roberto comienza con sus investigaciones para tratar de ayudarme. Lo primero es confirmar la meteorología para hoy. Efectivamente el parte que dieron ayer como predicción se está confirmando, e incluso con rachas de viento más fuertes todavía. El siguiente paso es corroborar que no hay plan de vuelo para hoy. De momento todo perfecto…

    Otra observación que Roberto ha ido haciendo desde ayer es controlar la evolución de la presión atmosférica. Parece que ahora comienza a subir un poco… Quizás tengamos un ratito no tan complicado y las condiciones del exterior nos dejen llegar a la estación. Realmente sabe manejar la situación en un lugar con tan difíciles condiciones.

    A continuación organiza la expedición: en una moto delante irá Alfonso llevándome, que ya conoce el camino de ayer, una segunda moto con otros dos compañeros vendrá detrás por seguridad. Yo llevaré las raquetas y donde no podamos continuar avanzando, saldré andando hacia el lugar acompañada de Jaime, otro miembro de la dotación que viene en la segunda moto.

    Tengo todo mi equipo listo y hacia las 10:00 que parece no estar tan cerrado, nos ponemos en ruta. Avisan a la Base Uruguaya Artigas de que salimos hacia la zona, para que estén informados del movimiento por si necesitamos algún tipo de ayuda. Parece que algo más tarde, ellos van a venir hacia acá con un vehículo oruga. De manera que si tenemos algún problema por el camino nos encontrarán y podrán echarnos una mano.

    Nada más recorrer unas decenas de metros es fácil comprobar que las condiciones nada tienen que ver con las de ayer. El recorrido parece estar infranqueable, la tormenta prolongada durante la tarde, la noche y ahora por la mañana, ha acumulado grandes cantidades de nieve en cada pequeño recoveco del camino.

    Alfonso se maneja de manera espectacular con la moto y rápidamente nos coordinamos para evitar que se atasque cada poco, inclinándonos sobre ella, dando pequeños saltitos y demás estrategias que vamos aprendiendo sobre la marcha. En otras ocasiones, nada más que la moto queda bloqueada y atrapada en la nieve, me bajo yo sin perder un solo instante, él pone marcha atrás, le ayudo empujando el vehículo y logramos liberarla.

    Los otros dos compañeros que nos siguen en la otra moto, tienen más problemas, se nota que no han tenido el “entrenamiento” de ayer. Cuando se les queda atascada acudimos a echarles una mano para liberarla, empleando para ello las palas que llevan las motos con el fin de apartar la nieve.



    Las condiciones un poco menos malas duran realmente poco, comienza de nuevo a cerrarse. El viento nos azota con fuerza, acompañado de nieve helada. Con dificultad podemos ir eligiendo el lugar por el cual hay menos nieve acumulada para pasar. En ocasiones tenemos que apartarnos incluso las gafas de ventisca para tratar de ver algo… Está realmente complicado.

    La temperatura es baja y con el viento y el movimiento en la moto, la sensación térmica estará por los -40ºC, pero con tanta actividad para lograr avanzar unos metros, no nos damos cuenta de ello. Es una verdadera odisea, pero voy disfrutando de ella. ¡Está genial tanto esfuerzo para ir superando poco a poco las dificultades! Al ver el trabajo en equipo tan bien coordinado y teniendo todos en mente el objetivo a cumplir, ya estoy completamente segura de que al menos a la estación llegaremos. Otra cosa será lo que encuentre allí con las sondas, pero ya sé que voy a llegar a ellas.



    Estando en medio de uno de estos atascos con las motos, en un tremendo ventisquero, aparece el vehículo oruga de los uruguayos. ¡Genial, a tiempo! Dan varias pasadas hacia delante y hacia atrás por la zona, para tratar de compactar un poco la nieve, pero aún así las motos no suben la cuesta llena de nieve. Las atamos con una cuerda a la oruga y así suben la pendiente… Ahora ya, los dos kilómetros que nos quedan por recorrer son más sencillos.



    Un último atasco a tan sólo unos 400 metros de nuestro objetivo. Se quedan ellos liberando los vehículos mientras salgo yo con las raquetas a la estación. Una vez que logro alcanzarla, poso mi mochila en el suelo sobre la nieve, buscando protegerla un poco de la ventisca. Comienzo a preparar todo lo que me hace falta, mientras siento con fuerza el latir de mi corazón. Entre mis nervios y la lentitud de los movimientos a causa del frío, me siento realmente torpe. ¿Podré solucionar algo? Al menos que pueda dejar las sondas funcionando a partir de ahora…
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  • Una profunda tristeza, tan oscura y fría como la larga noche invernal antártica

    Al llegar a Bahía Fildes comienzo a sacar las cosas de mi mochila, para irlas secando. Se me había llenado todo de la cellisca y ahora con el calor del interior se está fundiendo. Una vez seca la agenda-PDA con la que había extraído los datos, la enciendo para analizar los ficheros de datos que descargué en la estación de registro del glaciar. Allí me fue imposible ver nada debido a las condiciones tan complicadas que tuvimos.



    Miro una y otra vez sin dar crédito a lo que tenía ante mí. ¡No puede ser! Los ficheros que he bajado de las sondas se terminan el 23 de febrero… ¿dónde está el resto de datos?, ¿se pararon las sondas?, ¿están ahora funcionando? ¡No, no puede ser! La estación está recién equipada del pasado verano, había hecho una última extracción de datos a principios de febrero, antes de dejar la Antártida en el Lautaro. Quedaron funcionando perfectamente, eran sondas nuevas, se supone que más robustas… ¿Qué ha pasado?, ¿Qué he hecho mal?

    Tengo que volver allí, tengo que ir otra vez. Y en lugar de utilizar la agenda-PDA emplear un ordenadorcito pequeñito de campo que tengo. Es uno especial para la intemperie, tiene un calefactor para aguantar temperaturas hasta -20ºC, resiste golpes, lluvia, la pantalla se ve bien en el exterior… Realmente es especial para el trabajo de campo. Lo había llevado antes junto con la agenda, pero decidí utilizar esta última porque es mucho más rápida la operación con ella, y las condiciones de intemperie exigían hacer algo en el menor tiempo posible. La operación con el ordenador es más lenta, pero hay más comunicación con las sondas, se pueden transmitir mayor número de órdenes a los aparatos.

    Me encuentro con Alfonso y le comento lo ocurrido. “Me voy a preparar y parto para allá andando, tengo toda la noche por delante hasta que mañana entre el avión”, le digo con seguridad. Con cara de asombro el Segundo me comenta: “Ya sé que eres muy porfiada, pero, ¿has visto cómo está fuera?”

    Me asomo por la ventana, a pesar de ser todavía el inicio de la tarde, la noche está cerrada completamente, el viento sopla con una fuerza tremenda, la cellisca sigue cada vez con más fuerza. Continua diciéndome: “Yo no sería partidario de que fueras en estas condiciones, pero ¿quieres preguntarle al Capitán?, ¿lo llamo?” Pienso en todo lo que han hecho ya por apoyarme y le digo: “No, no le molestes, cuando termine su trabajo ya le contaré”.



    Regreso a mi cuarto y vuelvo a observar una y otra vez los datos que horas antes había bajado de las sondas, tratando de entender algo que no tenía lógica ninguna. Pero, ¿qué ha pasado?, ¿cuál es el problema? Miro por la ventana, todo es negro salvo alguna pequeña luz encendida en el exterior que ilumina la trayectoria completamente horizontal de la cellisca. El rugido del viento indica la intensidad del mismo… “Sí, puede que sea una locura salir ahora al glaciar en estas condiciones”.

    Me siento tremendamente triste, abatida. Todo el esfuerzo para nada. No tenía que haber cruzado… Y encima como siga el tiempo malo y no entren más vuelos, tendré que quedarme a invernar aquí. Además con la entrada en erupción del volcán Cordón Caulle, puede que precisen el Hércules para allá y abandone Punta Arenas. ¡Vaya!, creo que no he sido consciente de donde metía. Esto es muy diferente del verano al invierno. No tiene nada que ver. Siento mi interior tan oscuro y frío como la larga noche antártica.

    Hablo con unos y otros de la dotación, contándoles sobre nuestras actividades tras habernos despedido de ellos a mediados de febrero cuando salimos de la Antártida, tratando de apartar mi mente de esa tristeza que me ha invadido. Cuando veo a Roberto, el Capitán, poco tardo en contarle lo que ha pasado con la extracción de datos. “A ver, espera, vamos a ver la predicción para mañana”, me dice con voz tranquilizadora.

    El informe meteorológico dice: “Nublado variando a cubierto, nevadas y ventisca. Viento sureste, 40 nudos con rachas de 60 nudos. Temperatura mínima -12ºC, máxima -10ºC y sensación térmica de -37ºC.”



    “Karmenka, en estas condiciones el vuelo mañana seguro que estará cancelado. A primera hora pediremos información sobre el plan de vuelo”, me dice Roberto. “Aprovecharemos en algún momento que esté un poco mejor e intentaremos la maniobra con las motos como hicimos hoy. Habrá más nieve debido a toda la que está cayendo, pero combinaremos motos y raquetas, seguro que puedes llegar a la estación”.

    Su manejo de la situación me tranquilizó, su voz segura me transmitió un atisbo de esperanza y comencé a sentirme más confortable. Si llego a la estación, quizá pueda conseguir algo con el ordenador. Al menos, si las sondas están paradas, ponerlas a funcionar para no seguir con la laguna de datos. Ojalá pueda hacer algo, no puede terminar esto de forma tan triste. Todo el esfuerzo personal y económico tiene que valer para algo, no puede esfumarse en medio de la fría noche antártica.
    • Una profunda tristeza, tan oscura y fría como la larga noche invernal antártica
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  • Condiciones muy difíciles. El invierno antártico está entrando a toda velocidad

    Una vez que descargan mi mochila del Hércules, Roberto -el Capitán- y Alfonso –el Segundo- me llevan hasta Capitanía de Puerto Bahía Fildes. Un rápido saludo a los demás miembros de la dotación y sin más demoras nos ponemos rumbo al glaciar, donde tenemos ubicadas las sondas de nuestra estación de registro de descarga glaciar.



    Delante, abriendo el paso va Alfonso en una moto. Detrás me lleva Roberto en la otra. Siempre dos motos por seguridad, tanto más con las condiciones meteorológicas que tenemos hoy y con la distancia que hay que recorrer hasta el glaciar.

    Con sólo las 6 horas de luz que hay ahora, esta oscuridad se incrementa los días que como hoy, están completamente cubiertos y con ventisca de nieve. Tengo la sensación de que en todo momento vamos a dejar de ver. En estas condiciones es difícil elegir el lugar por el que avanzar con las motos. El viento es muy fuerte y nos azota con dureza, acompañado de una cellisca helada que nos golpea intensamente.

    Las nevadas en las zonas frías son así, partículas muy finitas de nieve seca que van cubriendo todo. Como suelen venir acompañadas de fuertes vientos, como es este el caso, se forman verdaderos remolinos de estos copitos duros de nieve que se van acumulando en algunas zonas más que en otras, según la orografía del terreno. Formándose así los llamados ventisqueros, en los que puedes encontrar varios metros de nieve acumulada.

    Con paciencia vamos avanzando. Alfonso y Roberto se manejan muy bien con las motos en estas condiciones. Se han hecho unos verdaderos expertos. Llegamos a una zona en la que el ventisquero es de tal magnitud que nos quedamos con los motos atascadas. Estamos como a mitad de camino. Nos faltan unos 3 kilómetros para llegar a la estación. “Déjanos a nosotros liberándolas y vete avanzando. Si logramos pasar esta zona te alcanzamos por el camino, en caso contrario te recogemos aquí” me dicen. Por precaución antes de salir habíamos cogido unas raquetas, para que en caso de un atasco o dificultad de continuar con las motos, pudiera avanzar yo andando sobre la nieve.

    A pesar de las raquetas paso la enorme pendiente llena de nieve con gran dificultad y continúo mi camino a un ritmo bastante más lento del que desearía, debido a la cantidad de nieve que se va acumulando. Ocupada en ir eligiendo el mejor lugar para avanzar, de repente soy consciente que las condiciones meteorológicas han empeorado casi, en un abrir y cerrar de ojos. Lo que decía la predicción para las 17:00 de la tarde, se ha adelantado unas horas y está ya entrando.

    Viento mucho más fuerte, más cantidad de nieve, la temperatura por supuesto mucho más baja… En esas condiciones la sensación térmica la debemos tener próxima a los -35ºC. Pero lo peor es la visión, que ya casi es imposible ver nada. “No lo voy a conseguir…, no voy a lograr llegar a la estación y regresar antes de quedarme sin luz”. Preocupada, pero controlando las condiciones externas para saber en qué momento tengo que renunciar a mi intento y comenzar con mi regreso para no quedarme por allí perdida, me parece oír algo… Justo me giro hacia atrás para ver de que se trata y aparecen a mi lado Roberto y Alfonso con las motos. “Sube, conseguimos pasar. Vamos rápido que se está cerrando a toda velocidad”, me dice Roberto. Sonrío y ahora ya tengo la seguridad de que llegaremos hasta la estación.



    Efectivamente así es. Os cuento que el cañón en el que instalamos las sondas está irreconocible. Los tubos que protegen a los lectores están cubiertos de hielo. Tras romperlo y apartarlo, logro conectar primero una sonda y después la otra con la agenda PDA, pero con bastante dificultad en estas duras condiciones. No es nada sencillo. En medio de esta maniobra se oye el ruido del Hércules al despegar. Adelantó su salida debido a las malas condiciones meteorológicas que han entrado para evitar quedar bloqueado en el aeropuerto. “Crucemos los dedos y esperemos que mañana entre otro vuelo para poder regresar a Punta Arenas”.



    Tras tener los datos en mi poder y dejar de nuevo las sondas en marcha, en la Base Uruguaya Artigas que queda próxima al lugar de trabajo, tomamos algo caliente para reaccionar del frío y poder emprender el camino de regreso. Longino, el jefe de Base y el resto de la dotación de Artigas, se llevan una verdadera sorpresa al verme de nuevo por estas tierras antárticas.

    Sin muchas demoras regresamos, nos queda de nuevo todo el camino por recorrer hasta llegar a Bahía Fildes y las condiciones son cada vez más difíciles. Logramos llegar anocheciendo ya, apenas son las 14:30… ¡Sí, se me hace extraño tan pocas horas de luz! Recogidas las motos en el hangar, no tengo palabras para agradecerles el apoyo que me han dado.

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  • A la tercera va la vencida. Pisando el Continente Blanco

    De nuevo tengo que estar en el aeropuerto de las FACH (Fuerzas Aéreas Chilenas), a las 7:00 toca hoy. A esas horas apenas hay tráfico y llego unos 10 minutos antes. Tras la parada en las barreras iniciales para el control de los que entramos, el taxi recorre todo lo largo de este recinto militar. A estas horas todavía tenemos noche cerrada y no hay ni una sola luz encendida en todo el lugar, de manera que cuando el taxi me deja al fondo, junto a la pista de aviación, quedo en completa oscuridad.

    Saco mi luz frontal y me la coloco en la cabeza, por lo menos para que me vean. Subo mi capucha para protegerme un poco, ha habido una fuerte helada y se nota el ambiente fresco. Allí en medio de la oscuridad, sola, mirando hacia el Hércules -que está en la pista y donde se ve movimiento de carga y alguna lucecita parcial- mi mente se abstrae y comienza a cuestionarse preguntas que sólo al finalizar el día tendrán su respuesta adecuada. ¿Saldremos hoy finalmente o tendré que regresar a la ciudad y descartar definitivamente mi viaje a la Antártida? ¿Cómo estarán las condiciones meteorológicas allá? ¿Me permitirán poder hacer mi vaciado de datos de las sondas instaladas el pasado verano junto al glaciar y poder regresar en el mismo avión a Punta Arenas?

    Aunque parece que quedan pendientes dos viajes más a la Antártida en los próximos días -antes de que el Hércules C130 regrese a Santiago- quiero poder regresar en el mismo vuelo. No me gustaría arriesgarme a tener que invernar en el Continente Blanco. No es que no me agrade la idea, es que mi trabajo en España me espera. El avión ha estado en Punta Arenas una semana y sólo ha podido realizar un vuelo… si la meteorología empeora, podrían cancelar los últimos cruces. Adolfo me advirtió y recordó este riesgo antes de salir. “Hazlo rápido y regresa en el mismo cruce” me insistió al despedirme en Punta Arenas.

    Ensimismada en mis pensamientos, unos focos intensos me alumbran. Llegan los otros tres pasajeros chilenos que intentan realizar el mismo vuelo que yo, acompañados de un militar que abre la última nave, enciende alguna luz allí dentro y nos invita a pasar mientras nos avisan para embarcar.

    A las 7:40 nos vienen a buscar para entrar en el Hércules. Nos atamos en una especie de redes rojas que tienen extendidas a modo de asientos, nos abrigamos… ya que la temperatura en el interior es fresquita, y nos vamos habituando al fuerte ruido de los motores que nos acompañará durante el viaje.

    Por fin a las 8:00 despegamos. Durante el recorrido mi mente…, digamos que sueña despierta, tratando de imaginar como será en invierno esta zona antártica que tan bien conozco en la estación estival. Me hace una tremenda ilusión este viaje tan fugaz.



    A las 11:00 aterrizamos, salgo del avión, ¡guaaauuuu!... ¡qué bonito está todo! Las zonas descubiertas de hielo donde éste se ha ido retirando, están ahora cubiertas de nieve y además casi helada. Comienzo a hacer algunas fotos del entorno, está divino. Mis manos desnudas aguantan poco a la intemperie. La temperatura debe estar baja, calculo que en torno a los -11ºC, lo que acompañada del fuerte viento hará que tengamos una baja sensación térmica. Guardo mi cámara y me protejo con los guantes mientras avanzo hacia las naves que se utiliza de lugar de llegada.



    Allí me encuentro con el personal de la Armada, de la Estación Marítima Bahía Fildes, que han venido a esperarme con las motos. Roberto, el Capitán, acompañado del Segundo, Alfonso. Una tremenda alegría volver a verlos de nuevo. Me han ofrecido apoyo logístico para esta operación si lograba cruzar a la Antártida. ¡Qué buena gente son y qué profesionales! ¿Recordáis nuestra reciente expedición a este lugar el pasado verano austral? Fue este grupo de la Armada en Bahía Fildes quienes nos brindaron apoyo continuamente en todas las necesidades que tuvimos. ¡Inolvidables!



    Ahora, ¡manos a la obra! Las condiciones meteorológicas son durillas, está nevando algo y el viento es fuerte, pero tenemos unas horas antes de que empeore según la predicción meteorológica. El cambio se espera para las 17:00, y la noche aquí entra a las 15:00, de manera que será la falta de luz la marque el rasero para que el avión despegue. Puede ser quizás hacia las 14:00. A ver si todo se da bien y estoy de regreso a tiempo para poder embarcarme de nuevo en el Hércules y regresar hoy mismo a Punta Arenas.

     
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  • Otro vuelo cancelado

    Ayer os estaba escribiendo justo en el momento en el que llegaron Gaby y Pepe. Como se reflejaba en sus caras y ya os anuncié, les ha ido muy bien. Durante los días que estuvieron en el Parque de Torres del Paine, aprovecharon estupendamente el tiempo. Tuvieron uno completamente cerrado y lluvioso, pero el segundo les cundió y Gaby pudo conseguir bastante buen material para su trabajo.

    Después cruzaron a la Patagonia Argentina, con base en Calafate, donde tuvieron mucha suerte con el tiempo. Les acompañó el sol en su recorrido por los frentes de los glaciares Perito Moreno, Upsala… Vienen realmente felices de su viaje.

    Os cuento también que Adolfo ya está recuperado totalmente. Ahora sólo le queda coger los kilitos que ha perdido durante estos días.

    Y sobre mi cruce a la Antártida… todavía en espera. Las instrucciones para hoy fueron estar lista desde las 7:00 de la mañana, pero en el hostal. Mejor que estar esperando en el aeropuerto militar. Van pasando las horas y me hago a la idea de no volar, no ya sólo hoy… sino abandonar la idea del cruce ahora a la Antártida.

    A las 10:00 me suena el teléfono. Debo presentarme de inmediato en el aeropuerto militar. “¡Vaya! No me lo puedo creer.” Una sonrisa asoma a mi cara, reflejando la alegría interior que me invade de golpe.

    Una vez en el aeropuerto, observo que completan la carga del Hércules. Pero estamos a la espera, al parecer hoy no es la niebla como ayer, sino los fuertes vientos cruzados que atraviesan allí la pista de aterrizaje. Con todo preparado se espera una oportunidad.

    Observando los movimientos de los militares en torno al avión, deduzco que el cruce de nuevo es cancelado. Así es, efectivamente, al cabo de unos minutos nos informan de ello. Me baja a Punta Arenas el Jefe de la División Antártica de las FACH (Fuerzas Aéreas Chilenas). Durante el recorrido en coche charlamos un buen rato y percibo a una persona vocacional con su trabajo. “Mañana a las 7:00 en el aeropuerto” me recuerda al dejarme frente al hostal. “Un atisbo de nuevo de esperanza” pienso para mis adentros. Veremos…

    La ventaja de esta cancelación es que me he podido unir a la comida de despedida con Adolfo, Gaby y Pepe. Sí, estos dos últimos regresan mañana a España. Tenemos una velada muy agradable y estamos felices por lo exitosa que ha sido la expedición al Tyndall.

    Al regresar al hostal nos enteramos de la reciente entrada en erupción del volcán Puyehue en la Cordillera de Los Andes, en la Provincia de Osorno. Nuestros dos expedicionarios se alertan: “¿Impedirá la nube de cenizas la salida de nuestro primer vuelo hasta Santiago de Chile?” Adolfo los tranquiliza: “En principio no parece, pues en la zona hay vientos predominantes del oeste al este. Argentina será principalmente la que sufra la caída de ceniza”.

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  • Un día de espera. Vuelo cancelado

    A primera hora de la mañana me solicitaron estar en el aeropuerto militar… donde comenzó una larga espera. Debido a las condiciones meteorológicas allá en la Antártida, el vuelo no llegó a salir, quedó cancelado para el día de hoy. Regreso de nuevo a Punta Arenas, cansada de la espera y un poco triste… me imaginaba estar ya pisando nieve del otro lado del Drake.

     Mañana hay un nuevo intento. Yo creo que será ya mi última oportunidad, si se vuelve a cancelar, tendré que olvidarme del cruce. No quiero arriesgarme a cruzar y tener que quedarme allí a invernar.

     Acaban de llegar a Punta Arenas nuestros otros dos expedicionarios, Gaby y Pepe, vienen muy contentos de lo que han podido ver. Ya os contaré…

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  • Una tremenda alegría y una gran ilusión… la Antártida está más cerca

    Os escribo en breve, es ya tarde y tengo que preparar todavía mi mochila para cruzar mañana a la Antártida.

    Adolfo sigue mejorando a pasos agigantados. Siguen las muestras de cariño de todos los amigos, más próximos y más lejanos, de todos los lugares.

     Yo me paso todo el día en el almacén de la Dirección de Aguas (DGA), que es una gran nave ubicada a las afueras de la ciudad. El lugar está fresquito, a temperatura ambiente, y hoy es un día despejado aquí en Punta Arenas y frío, los charcos se mantienen congelados durante todo el día.

    Hago un descanso para comer, más que nada por ver cómo va recuperándose Adolfo y cómo va tomando la primera comida después de salir del Hospital. A mí me viene muy bien el descanso y tomar algo caliente. Comemos en el Restaurante Asturias, un buen lugar en Punta Arenas, os lo aconsejo cuando vengáis por estas tierras. El dueño es asturiano… me encantó encontrar a un paisano de mi maravillosa tierra por estas latitudes. Preparan una comidita especial para Adolfo… todo son mimos, ¡no se puede quejar!

    Hay mucho material que limpiar, separar, clasificar, listar y recoger. Cuanto más ordenado quede, más fácil será en la próxima salida seleccionar lo necesario. ¿Sabéis? Al prepararlo para salir de expedición es todo un placer, porque estás a punto de partir… Pero recogerlo al regreso se hace cuesta arriba, ya que acabó la aventura.

    Sin embargo en esta ocasión, la ilusión que me acompañó todo el día, ¿sabéis cuál es? Que mañana probablemente salga para la Antártida!!! Hoy tuvo lugar el primer cruce -el que iba lleno de gente importante- mañana está programado el segundo que irá sobre todo, abarrotado de carga.

    Ya me empiezo a poner nerviosa… así que probablemente sí que pueda pisar mañana tierras antárticas. Será la primera vez que voy tan tarde, entrando ya casi en el invierno. Según os estoy escribiendo y dejando atrás el ajetreo de estos últimos días, empiezo a ser consciente que de nuevo, ya está casi al alcance de mi mano el Continente Blanco. Me va invadiendo una tremenda alegría y una gran ilusión. Los nervios parecen despertar…

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  • Más objetivos se unen a esta expedición al Sur

    Hoy amaneció nevando en Punta Arenas y concluye el día de nuevo con la nieve cayendo sobre las calles de la ciudad. Con este finalizar de la jornada tranquila de hoy, me siento ante el ordenador para escribiros nuestras novedades y me doy cuenta que tengo algo pendiente. Os tengo que hablar de los otros objetivos que tenemos en lista para esta expedición, pero que dependen de la logística y de ciertas condiciones para que se puedan llevar a cabo.

    Comencemos por el que, tal y como os decía el otro día, tenemos medio “colgando”. Se trata de lo siguiente, ¡escuchad! Cuando regresamos de la reciente campaña de la Antártida en el buque Lautaro hasta Punta Arenas, después del temido paso del Drake y en la navegación por los canales, vimos algo que nos gustó. ¿Qué fue? Uno de los glaciares de Tierra del Fuego, el llamado Contramaestre. Es un posible candidato a entrar a la red de estaciones de registro de descarga glaciar de GLACKMA. Está situado a una latitud intermedia entre la estación que tenemos en la Antártida Insular y la de la Patagonia Chilena, de manera que es un candidato en potencia. Pero tenemos que explorarlo y comprobar si es válido para instalar una estación de registro. Son varios los requisitos que se tienen que cumplir para poder trabajar en él.

    La logística no es sencilla, pero encontramos una alternativa. Hay un trasbordador, el Bahía Azul, que realiza el recorrido por los canales de Tierra del Fuego entre Punta Arenas y Puerto Willians. El capitán aceptó colaborar con nosotros llevándonos en uno de sus viajes, desembarcándonos en la costa próxima al glaciar y recogernos a su regreso a los pocos días. Pero no es tan sencillo como suena así a primera vista. La zona está llena de bajíos, de hecho el barco en su recorrido pasa alejado del lugar. Necesitan realizar la batimetría de esta parte del canal para conocer el fondo y ver las opciones de acercarnos a la costa en zodiac. No sabemos todavía si la han podido realizar y si es posible nuestro desembarco. En caso de que en este sentido fuera favorable, quedan aún más incógnitas como son las condiciones meteorológicas… que por estas tierras ya están próximas al invierno. Otro inconveniente son las pocas horas de luz que ya hay en la zona, sólo son 8 y la hora del desembarco en zodiac coincidiría en plena oscuridad. Siendo el lugar con tantos bajíos, no tener luz para realizar esta operación no es lo más adecuado. Probablemente mañana lunes, antes de salir para Puerto Natales, tengamos algo de información sobre estos interrogantes.

    Con respecto al nuevo objetivo que ha surgido de improviso y que tal y como os comentaba ayer si sale adelante será un verdadero broche de oro de la expedición, no os  podéis ni imaginar lo que es. Posiblemente en los primeros días de junio haya un par de cruces de un Hércules C-130 chileno a la Antártida… y existe la posibilidad de ir en uno y regresar en el segundo al día siguiente.

    ¿Qué supondría esto? Podría descargar los datos de la estación que tenemos allí y tendríamos el final de la onda de descarga de aquel glaciar en este año. Y justamente estamos, con un grupo de la Universidad de Zaragoza, trabajando en un modelo matemático que defina la descarga glaciar de esa estación, y si conseguimos poderlo validar con un año más de datos, sería estupendo. Es el momento idóneo para poder tener esos datos. ¡¡Sería genial!!

    Para este nuevo objetivo dependemos de varios factores también: que se aseguren los dos cruces del Hércules para poder regresar y no tener que quedarme a invernar en la Antártida, que por las fechas en las que tengan lugar los vuelos lo podamos coordinar con la expedición al Tyndall que es nuestro objetivo fundamental en este viaje y que las condiciones de nieve, allá en la Antártida, permitan alcanzar el lugar donde está instalada la estación de medida.

    Bueno, os iremos manteniendo al corriente de la información que vayamos recibiendo con respecto a las opciones de estos objetivos. Iréis sabiendo como nosotros si se van perfilando para poder llevarlos a cabo ahora o hay que postergarlos hasta el próximo verano austral.
    • Más objetivos se unen a esta expedición al Sur

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  • Una especie de válvula de escape: Islandia

    Os decía ayer en los comentarios del artículo anterior, que os iba a dar una buena noticia. Me preguntabais sobre la adaptación a la vida del mundo civilizado después de la expedición antártica y os comentaba que es duro. Es siempre duro el regreso. Lo más difícil es adaptarse de nuevo a vivir en un mundo lleno de egoísmos, donde se ha perdido totalmente el trabajo en equipo. Es tan bonita la camaradería…

    Lo que nuestra sociedad ha olvidado totalmente es un secreto, que es la clave para ser más feliz. Y es muy sencillo, pero de tan asequible que es, se ha dejado perdido. Se trata simplemente de pensar un poco en los demás, en los que nos rodean, de tratar de hacer a las personas de nuestro entorno felices. El resultado es inmediato, repercute directamente en nosotros y nos hará sentirnos mejor. Y en este ambiente es fácil desarrollar un trabajo en equipo, olvidarse de las individualidades y los egoísmos.

    El compañerismo y un buen trabajo en equipo generan mejores resultados, entusiasmo, satisfacción… A través de la solidaridad se expresa la cohesión, y cuanta más coherencia haya, mejor funcionará el equipo.

    Pero bueno…, no era esto lo que os iba a contar. Os decía que en medio de esta adaptación al mundo civilizado, tengo una pequeña ayudita que me va a favorecer a esta aclimatación. ¿Sabéis cuál es? ¡Nos vamos a Islandia! Unos poquitos días nada más, pero es una especie de válvula de escape para asimilar el brusco cambio.

    ¿Qué es lo que ha pasado? Os cuento. Recordáis que a la salida de la Antártida, estuvimos trabajando en la estación de medida que tenemos en Patagonia. Allí descubrimos que tenemos problemas con una de las sondas y decidimos ir en mayo a cambiarla, para no generar lagunas de datos en las series que estamos midiendo.

    Bien. Pensando, pensado…, ese equipo de Patagonia es de la misma antigüedad que los que tenemos instalados en Islandia (unos y otros son los que nos quedan más antiguos en las estaciones de GLACKMA). A Islandia pensábamos ir para el año próximo a hacer una reinstalación de los equipos de medida…, pero no queremos correr el riesgo de dejarlo para el próximo año y encontrarnos con la desagradable sorpresa de tener la estación sin funcionar. Queremos hacer todo lo que esté en nuestras manos para no perder la continuidad de las series temporales generadas.

    Así que hemos cambiado completamente los planes. En principio iba a ser una primavera tranquila, hasta el verano que saliéramos al Ártico. En mente teníamos poder disponer de tiempo para trabajar con los datos que estamos generando, preparar proyectos… porque necesitamos buscar financiación, y actualizar un montón de quehaceres acumulados durante nuestra ausencia.

    De la primavera “tranquilita” nos hemos pasado a una primavera sin un mínimo respiro. Salimos ahora para Islandia (del 6 al 19 de Abril), a principios de mayo tenemos un congreso en Alemania -con los participantes del proyecto Europeo con el que trabajamos en la estación de la Antártida-, y después de mediados de mayo a mediados de junio, regresamos a Patagonia para reponer la sonda que ha dejado de funcionar. ¡Vaya! En un abrir y cerrar de ojos, se acabó la tranquilidad.

    Os podéis imaginar que los preparativos en tan poco tiempo –y estando todavía con el cansancio de la campaña antártica- están siendo de locura. La intranquilidad interior aumenta al ver cómo las cosas atrasadas no se van a poder actualizar en los próximos meses, e incluso van a seguir aumentando. Como actualmente sólo tenemos vigente el proyecto europeo que cubre los gastos de la estación de la Antártida, nos toca a nosotros realizar la aportación económica correspondiente a estas salidas de improviso a Islandia y Patagonia. Por si fuera poco, ahora más que nunca que necesitaríamos dedicar tiempo y esfuerzo para buscar financiación, no podemos hacerlo. Nuestra conciencia nos empuja a salir a “arreglar” las estaciones, para no perder la continuidad de estas dos estaciones de medida.

    Como veis el panorama que tenemos delante no es el mejor. Pero como ya nos vais conociendo un poco de esta pasada expedición antártica, sabéis que no nos damos por vencido fácilmente. Y de todo, siempre nos gusta quedarnos con lo positivo. Y ¿qué es lo positivo ahora? Que disfrutaremos de nuestra mini-expedición a Islandia y la consideraremos como un pequeño escape para que la adaptación a la civilización sea menos durilla. Visto así, tampoco está tan mal, ¿verdad?

    Aunque no tengamos internet, os mantendremos al corriente de lo que hagamos a través del teléfono satelital, y Gildo -el socio de GLACKMA encargado de la comunicación- os irá subiendo al Blog las crónicas. ¡Así que estaremos en contacto!

    Llevo un ratito pensando con qué foto os puedo acompañar este artículo. De mi mesa llena de papeles o de mi mente con la inquietud de los trabajos pendientes… no tiene sentido. Se me ha ocurrido que podemos hacer como en el teatro. Vamos a cambiar de escenario, pues pasaremos de hablar de la Antártida a narrar el viaje a Islandia, por lo tanto necesitamos un telón. ¡Sí!, un telón de la naturaleza os voy a dejar. Es el cielo antártico al amanecer, unas horas antes de tener que embarcar en el Lautaro (os acordáis del barco con el que regresamos a Punta Arenas, ¿verdad?). Fue un amanecer espectacular que nos brindó la Antártida como despedida, ¡inolvidable! En aquel momento fue ya una especie de telón, anunciándonos un cambio de escenario. Ahora lo volvemos a utilizar aquí en el Blog.

    ¡Espero que os guste! Si eso sólo es un trocito de cielo… imaginaros lo espectacular que fue mi último amanecer antártico de esta pasada campaña.

    • Una especie de válvula de escape: Islandia

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  • Icebergs, growlers y brass, ¿qué es esto?

    Por lo que habréis ido observando a lo largo de toda esta expedición ya sabéis que cuando el frente de los glaciares alcanza el mar, se van desprendiendo continuamente fragmentos, los llamados "growlers", que navegan por las aguas arrastrados por las corrientes marinas o por el viento, o según el tamaño quedan varados, hasta que se van extinguiendo.

    ¿Distinguimos los icebergs, “growlers” y “brass”? Todos son fragmentos de hielo en el mar pero se diferencian por su tamaño.

    - Los icebergs o témpanos tienen forma tabular y son los más grandes, pueden tener desde 1 kilómetro cuadrado hasta varios miles de kilómetros cuadrados, ¡sí, sí, he dicho varios miles! Aquí os dejo una foto de uno de ellos pequeño, y otra de un detalle al aproximarse… ¡Fijaros qué maravilla!





    - Los growlers son de forma variada y poseen un tamaño intermedio, desde unos 50 metros cúbicos hasta un kilómetro cuadrado. ¿Sabéis? Growler significa gruñón. Y es que cuando se acumulan en las bahías, el sonido que producen es similar al de un tren lejano que no llega nunca.



    - Finalmente, los más pequeños se conocen como brass y pueden tener cualquier forma. Su tamaño oscila entre el medio metro cúbico hasta los 50 metros cúbicos. Lo que significa la palabra brass es escombro. ¡Clarísimo, por tanto!, ya no se nos va a olvidar nunca.



    Pero los frentes de los glaciares no se quedan inmutables cuando han perdido un fragmento, un ruido ensordecedor resuena en toda la bahía, acompañado de un eco que prolonga su duración. Inmediatamente tratas de descubrir dónde se ha fragmentado, la pista es evidente: en el frente blanquecino del glaciar un tono azulado del hielo no puede ocultar el lugar del incidente. Este proceso es llamado “calving” en glaciología.

    Os propongo una especie de adivinanza para que la penséis en los próximos días y hagáis vuestras averiguaciones: ¿por qué queda ese tono azulado en el frente del glaciar dónde se ha producido recientemente un desprendimiento?
    • Icebergs, growlers y brass, ¿qué es esto?
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