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Blog: Karmenka desde los Polos

  • Compartiendo un asado uruguayo con la dotación chilena de Fildes

    Mapa King George, bases antarticas

    En la isla de Rey Jorge donde estamos, es la mayor de las Shetland del Sur, con una superficie de 1150 kilómetros cuadrados, 95 kilómetros el largo máximo y 25 kilómetros el ancho máximo. Está prácticamente cubierta por un glaciar de casquete, toda una enorme masa de hielo. Si observáis con detalle el mapa que os dejo de la isla, veréis algunas pequeñas partes en las que el glaciar ya se ha retirado (aparecen de color oscuro en el mapa, el glaciar está señalado con el blanco).

    Fijaros cómo las bases antárticas están ubicadas en esos lugares donde el hielo ya se ha retirado. En ese mapa tenéis dos chilenas: Frei (que llevan las fuerzas Aéreas Chilenas) y Escudero (la científica). Faltaría marcar otra chilena: Capitanía de Puerto de Bahía Fildes que pertenece a la Armada. Está ubicada entre Escudero y la costa. La bahía de esta zona que veis en el mapa se llama Bahía Fildes.  

    Próximas a estas bases chilenas, observáis la China Great Wall, la Rusa Bellingshausen y ya más próxima al glaciar la Uruguaya Artigas. El día de nuestra llegada en el Hércules C-130, en el vehículo oruga uruguayo recorrimos el paso entre la chilena Frey (donde se ubica el aeropuerto) hasta Artigas, próxima al glaciar y al lugar donde posteriormente hemos acampado.

    En otras bahías observáis las bases: Coreana King Sejong, Argentina Jubany, Polaca Artowski, Brasileña Comandante Ferraz. El resto que aparecen no son bases abiertas todo el año, son sólo refugios de verano.

    Con toda esta descripción en vuestras mentes, ahora os voy a hablar de dos Bases, la Uruguaya Artigas y la Chilena de la Armada Capitanía de Puerto de Bahía Fildes. En esta época del inicio del verano es cuando las dotaciones de las bases hacen los relevos y se sustituyen las dotaciones. Fijaros que pasan aquí manteniendo las bases operativas durante todo el año, lejos de sus familias. Y así como las condiciones en el verano son más fáciles, en el invierno alcanzan casi los -30ºC (bajo cero) con fuertes y continuas ventiscas. Otra gran diferencia es que ahora tenemos luz las 24 horas, pero en el invierno es al revés, cuentan con una larga noche invernal.

    Estas condiciones hacen que la gente que decide venir a trabajar un año entero a la Antártida, es por lo general gente muy especial. Los integrantes de una dotación terminan formando una gran familia, pero no sólo ellos, sino con sus compañeros de bases más próximas. Se crean unos vínculos muy especiales de amistad. ¿Sabéis como lo llamamos por aquí? Espíritu antártico. Y realmente es algo que no puede ser descrito, hay que sentirlo dentro de uno para entender su significado. Es algo tan especial que parece venir de otro mundo diferente. Basta muchas veces con encontrarte con alguien un par de veces y ya se han entrelazado esos vínculos de amistad antártica que de antemano sabes que perdurarán para siempre… Si los que venimos sólo una temporada corta, llegamos a percibirlo con fuerza, me imagino lo hermoso que será para todos los que pasan aquí un año entero.

    En mi descripción anterior en particular os ubicaba dos de las Bases, la Uruguaya Artigas y la  Chilena de la Armada Bahía Fildes. Las dotaciones de ambas están a punto de salir. De hecho, en la de Fildes ya está la dotación nueva y ya han realizado el relevo, aunque los anteriores todavía no han podido salir. El relevo de la uruguaya está a punto de llegar.

    Como despedida hicieron en Artigas un asado uruguayo para compartir con los amigos chilenos de Fildes, al que también estuvimos invitados nosotros. Aprovechando que estaban juntas las dos dotaciones que en la campaña pasada nos habían ayudado tanto, Adolfo y yo les hicimos entrega de unos pequeños obsequios, como recuerdo de GLACKMA. El espíritu antártico del que os hablaba antes, estaba presente entre nosotros. Teniéndolos a todos reunidos, quise dirigirles unas breves palabras para agradecerles todo el apoyo y cariño que nos habían dado, pero… me fue imposible. Me emocioné completamente… Todavía ahora, algunos días después, cuando estoy escribiendo esto y recordando aquellos momentos, me invade la emoción de nuevo. Así es el espíritu antártico… ¿os dais cuenta cómo no es posible describirlo? Hay que sentirlo…

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  • Instalando el campamento base de GLACKMA en la Antártida

    Gracias al apoyo logístico de los uruguayos en su Base Artigas, podemos realizar una búsqueda tranquila del lugar idóneo para instalar nuestras tiendas de campaña.

    La zona seleccionada tiene que ser, por descontado, fuera del casquete glaciar que cubre casi en su totalidad a la isla Rey Jorge. No sería confortable tener bajo las tiendas -durante prácticamente dos meses- el hielo glaciar. Sería un perfecto conductor del frío a nuestras espaldas cuando nos echásemos a dormir.

    Por otro lado, en las zonas libres de hielo glaciar -que conocemos ya perfectamente de años anteriores-, nos encontramos ahora todavía con partes cubiertas con nieve. Falta menos ya para el verano y la nieve se va fundiendo poco a poco, pero hay zonas que debido a las ventiscas invernales, ésta se ha ido acumulando y ha quedado más compacta. Ahora con las temperaturas primaverales en las que alcanzamos ya los 0ºC o incluso en algunos momentos centrales del día los 2ºC, esa nieve se va fundiendo.



    Buscamos una pequeña loma en la que ya asoma el suelo bajo la nieve y queda un poco elevada al mismo tiempo, evitando así que la nieve de alrededor al fundirse, venga a parar a nuestras tiendas. Debido al proceso de gelifracción, las piedras son tremendamente cortantes y otra tarea obligada -si queremos estar luego confortables- es retirarlas un poco y tratar de allanar en lo posible el lugar seleccionado.

    Los pasos siguientes: montar las tiendas de campaña protegiendo las bases con abundantes piedras, debido a los fuertes vientos que tendrán que soportar y después poco a poco ir llevando el material de trabajo, la ropa, los equipos, la comida… Toda esta tarea que podía ser pesada la hemos podido realizar muy cómoda y relajadamente al contar con el cobijo de los amigos uruguayos durante este proceso de instalación.

    ¡Fantástico! Ya tenemos instalado el campamento base de GLACKMA en la Antártida.

    ¡Ah!, por cierto. Os he hablado más arriba del proceso de gelifracción. ¿Sabéis lo qué es? Explicádmelo brevemente con vuestras palabras como habéis hecho tan bien en otras ocasiones. Así me quedo tranquila de que vais entendiendo lo os voy contando.
  • Una verdadera odisea en el aire… pero llegamos a la Antártida

    Un día entero de espera en Punta Arenas. Coincidió además con el primer simulacro de tsunami y terremoto que hacían en la ciudad. Nos juntaron a los que volábamos en el Hércules C-130 en el INACH (Instituto Antártico Chileno) y solicitaron no tener que ser evacuados. Pues sería realmente perder la oportunidad de volar, en caso de abrirse una ventana meteorológica y estar “atrapados” en medio del desalojo de los edificios, durante el simulacro.

    Fue una espera de todo el día… Se hace pesado y largo y según avanzan las horas la esperanza de volar se va perdiendo. A media tarde, nos suben al aeropuerto a todos juntos en un autobús. A los brasileiros que forman parte de la tripulación del Hércules, a una decena de científicos chilenos, cuatro japonés y nosotros dos. No está claro que se pueda volar, las condiciones meteorológicas no son muy buenas allá en la Antártida, pero existe una posibilidad de que se abra una ventana, algunas horas más tardes.

    Continuamos con la espera en el aeropuerto y finalmente deciden que embarquemos. El viaje dura dos horas y media. Sentados en esas redes que a modo de asientos colocan en el interior del Hércules cuando llevan pasajeros, porque este tipo de avión está diseñado sobre todo para carga. Hace unos años, viajamos en uno en el que transportaban al mismo tiempo un helicóptero en su interior… ¡Así que imaginaros!

    El ruido es ensordecedor, más bien está fresco el ambiente y uno al quedarse sentado y quieto todo ese tiempo, empieza a notar un poco de frío. Una vez que pasan las dos horas y media, observamos que el avión no baja altura y comenzamos a ver como el sol va alternando el flanco por el que entra a través de las pequeñas ventanitas altas del avión. Eso indica que estamos sobrevolando sobre el lugar del aterrizaje, dando vueltas y vueltas. El techo de nubes está muy bajo y al tener que operar sin radar de cabecera de pista, es imposible el aterrizaje en estas condiciones.



    Tras más de una hora sobrevolando sobre el lugar, ponemos de nuevo rumbo a Punta Arenas… ¡Vaya! Qué día más pesado. Me encuentro cansada. Ahora llegaremos tarde de regreso a la ciudad. Será ya de madrugada cuando pueda echarme a dormir y probablemente de nuevo temprano en la mañana, nos soliciten estar listos por si hay opción de volar mañana… Bueno, paciencia, no queda otra opción.

    Entonces, de repente, el sol que entra por la ventanuca allá arriba, indica un nuevo cambio de dirección. Invierte su sentido y nos dirigimos de nuevo hacia la Antártida. Se habrán decidido por probar con el aterrizaje. Me siento nerviosa, no son las mejores condiciones. Varios sobrevuelos, varios intentos, el corazón palpita con fuerza y casi se me corta la respiración. El ruido es ensordecedor… Hacen otro intento de aterrizaje… Boomm! Un tremendo bote en el suelo, que se va amortiguando con otros tres saltos en los que se va perdiendo la fuerza y finalmente se sienten las ruedas en su misión y el avión controlado. Pufff!!! Me había imaginado lo peor…

    En el vehículo oruga, los uruguayos nos recogen y nos transportan los 7 kilómetros que hay desde el aeropuerto hasta su base Artigas. Es una verdadera alegría volver a encontrar a los ocho integrantes de la dotación uruguaya que ha pasado aquí prácticamente un año. Los conocíamos del verano anterior. En unas semanas más hacen el relevo y regresan a sus casas.

    Os tengo que ir contando muchas cosas de la zona, de donde están ubicadas estas bases antárticas, de donde vamos a estar nosotros esta temporada…, pero, poco a poco. Terminareis conociendo perfectamente el lugar y la vida por estas tierras. ¡Ya lo veréis!

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  • Todavía en Punta Arenas, quizás mañana…

    Estamos todavía por la capital magallánica. Os cuento cómo van los planes:

    Brasil tenía planificados tres cruces a la Antártida, uno para el 30 de noviembre, el segundo para el día 1 de diciembre y el último para el 2. Nosotros estábamos considerados en el segundo.

    Ayer salió por la tarde el primero, pero una vez que alcanzó la Antártida y tras varios intentos de aterrizaje, ante las malas condiciones de visibilidad de la pista, tuvo que regresar a Punta Arenas.

    Al final hoy ha conseguido realizar ese primer cruce, pero ya no ha habido ventana meteorológica para el segundo. Así que mañana, probablemente nos toque a nosotros.

    En primer lugar debéis saber que a la zona de la Antártida que vamos es a la insular, en concreto a King George (la isla Rey Jorge). Es una de las islas del archipiélago de las Shetland del Sur. A los que no sepáis donde está, os animo a buscarla con el Google Earth.

    ¿Qué ocurre entre el Estrecho de Magallanes y esta zona insular? Que es una zona con frecuentes frentes de borrascas y el tiempo no es muy bueno. Por otro lado, el aeropuerto es de ripio y no hay radar de cabecera de pista, por lo tanto se tienen que dar unas condiciones meteorológicas aptas para poder realizar un aterrizaje visual. Por eso se habla de esperar una ventana meteorológica, que sería un paso entre dos borrascas.

    Esperemos que mañana nos toque una de esas ventana… ¡¡Nos vemos en la Antártida, expedicionarios!!

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  • Dos horas más tarde…

    ¡¡Como para no ponerse nerviosa!! Dos horas más tarde del cambio de planes que os acabo de contar con respecto al cruce a la Antártida, otra llamada modifica lo último previsto.

    La sonrisa se va dibujando en mi cara según escucho la nueva planificación: hay opciones de que haya ventana meteorológica y el cruce en el Hércules C-130 de Brasil lo podamos hacer mañana. Quizás cuando estéis leyendo esta nota mañana, estemos nosotros ya, rumbo al Continente Blanco.

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  • Pistoletazo de salida del Concurso: ¡VEN A LA ANTÁRTIDA!

    ¡Hola a todos! A algunos ya os conocemos virtualmente pues os habéis ido presentando en el Blog estos últimos días, a otros todavía no… pero esperamos pronto saber de vosotros. El momento tan deseado por todos, por fin llega: ¡Nos ponemos rumbo al Sur! Y, ¿quiénes viajamos? De momento Adolfo y yo (Karmenka) y os invitamos a todos los que queráis a convertiros en expedicionarios virtuales y nos acompañéis durante todo el viaje. ¿Estáis preparados? [youtube width="540" height="438"]http://www.youtube.com/watch?feature=player_detailpage&v=idkBcPWyIHw[/youtube] Los planes de trabajo los hemos tenido que ir cambiando y reajustando en las últimas semanas, ya que este año hay muchas complicaciones por el tema de la logística para cruzar a la Antártida. Habitualmente solemos alcanzar tierras antárticas volando en un avión desde Punta Arenas al sur de Chile. No es un avión cualquiera, se trata de uno de los  Hércules C-130 de las Fuerzas Aéreas Chilenas (FACH). Pero hace un par de meses el trágico accidente ocurrido en un vuelo en el que viajaban al archipiélago Juan Fernández -del que no hubo ningún superviviente- ha traído como consecuencia que las FACH no transporten, por el momento, a civiles en sus vuelos. Estando esta zona de la Antártida tan próxima desde Punta Arenas os podéis imaginar que mucha parte de la logística se llevaba a cabo por los chilenos. De manera que casi de improviso, se han visto afectados nuestros planes. Nos hemos puesto a mirar otras opciones de cruce, incluso con barcos… se ponía el tema mucho más complicado de lo que os imagináis, de hecho hubo un momento en el que pensábamos que teníamos que olvidarnos de la expedición. Pero, ¡por fin lo conseguimos! Cruzaremos desde Punta Arenas a la Antártida en otro Hércules C-130, en este caso de Brasil, el día 1 de diciembre. Como nuestro vuelo regular desde Madrid a Punta Arenas ya lo teníamos para el 12 de este mes, hemos reajustado nuestros objetivos a cubrir en el sur. Así, durante esa segunda quincena de noviembre vamos a acercarnos hasta la Patagonia Argentina y aprovechar el tiempo. ¿Qué es lo que vamos a hacer allí? Poco a poco lo iréis descubriendo. De momento os cuento que nos espera un largo viaje, salimos el próximo sábado día 12 de Madrid y llegamos ya al día siguiente a Santiago de Chile, tras 13 horas de vuelo. Unas horas de espera en el aeropuerto y con otro avión -en este caso un saltito tan sólo de 5 horas- llegaremos a Punta Arenas. Ahora para iros situando, localizad en un mapa Santiago de Chile y Punta Arenas… ¿quedan lejos, verdad?

    • Pistoletazo de salida del Concurso: ¡VEN A LA ANTÁRTIDA!

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  • Segunda edición del concurso: ¡VEN A LA ANTÁRTIDA!

    Está ya abierta la inscripción para la segunda edición del concurso: ¡Ven a la Antártida! Se trata de una actividad de divulgación que pusimos en marcha la pasada campaña antártica, dedicada en especial a lo más jóvenes. Podéis ver de qué se trata con más detalle en nuestra web, en la sección del concurso.



    Al salir el pasado 31 de diciembre de 2010 a la Antártida, comenzamos con esta nueva actividad de divulgación científica y concienciación ambiental. Fue una experiencia piloto que organizamos en colaboración con la Fundación Salamanca Ciudad de Saberes, quienes lo difundieron entre los centros salmantinos. Creamos el blog: Karmenka desde los Polos el 1 de Enero de este año, y desde él íbamos narrando a los jóvenes todas nuestras aventuras antárticas, en el día a día. Les propusimos actividades, les planteamos acertijos, les describíamos el lugar con ayuda de fotos y vídeos, nos animaban cuando andábamos faltos de fuerza y ánimo y las cosas se nos torcían, y se alegraban con nosotros cuando superábamos las dificultades y conseguíamos nuestros objetivos. Formamos un verdadero equipo, ellos desde aquí y nosotros desde allí.



    La idea inicial era trabajar con ellos durante la expedición de la Antártida. ¿Sabéis qué pasó? A nuestra salida del Continente Blanco, cruzamos a una de la estación que tenemos en la Patagonia Chilena y los expedicionarios virtuales se vinieron con nosotros, pues les había gustado la experiencia antártica.

    Regresamos a España, pero a las pocas semanas, tuvimos que salir a Islandia… y nuestros amigos expedicionarios nos seguían. Tras ello regresamos al sur a hacer una reinstalación de la estación de Patagonia y a sacar los datos de la Antártida, fue una doble campaña austral invernal… y nuestros expedicionarios virtuales nos volvieron a acompañar!!!

    Os puedo asegurar que disfrutaron y aprendieron con estas aventuras. Creo que ha sido una experiencia inolvidable para ellos. Y, ¿sabéis? Cuando nos juntamos con todos ellos para conocerlos personalmente y entregarles los premios, les dimos una pequeña charla y nos sorprendieron muy agradablemente por sus preguntas tan maduras y concretas sobre el tema. Habían aprendido sin darse cuenta, una barbaridad…



    Como la experiencia resultó tan positiva, la vamos a repetir este año y habiendo comprobado su funcionalidad y buenos resultados, la abrimos a todos los colegios, asociaciones, organizaciones, institutos y cualquier grupo que trabaje con jóvenes. Tenéis en nuestra web las instrucciones y el formulario para inscribirse.

    Podéis difundir esta actividad entre todos aquellos que veáis con interés para participar, de cualquier lugar de España y del mundo. Hay muchos países de habla hispanoamericana… y ojalá alguno se nos una a la actividad. No os vais a arrepentir. Cuantos más participantes haya, más enriquecedora será la actividad.

    ¡¡¡Os esperamos a todos los que queráis, nuevos expedicionarios virtuales!!! Ya falta menos para ponernos rumbo al Sur…

    • Segunda edición del concurso: ¡VEN A LA ANTÁRTIDA!
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  • Próximas expediciones… todavía nos falta un poquito

    Hemos establecido ya las próximas expediciones que realizará GLACKMA, salvo imprevistos, ¡claro!, que además éstos suelen ser muy habituales en temas polares. Os cuento el plan a ver qué os parece.

    De momento este verano no vamos a realizar ninguna. Teníamos pensado subir al Ártico -Svalbard en concreto-  al final de la época estival, para terminar de instalar las sondas que no pudimos la campaña anterior por complicaciones logísticas. Sólo nos dio tiempo a instalar un aparato de los tres que íbamos a fijar. ¡Hombre!, sería perfecto poder terminar la instalación este año, pero entran en juego no sólo ideales y apetencias, sino optimización del trabajo.







    Con los imprevistos que hemos tenido este año y esas campañas extras que hemos realizado a Islandia en la primavera boreal y a Patagonia en el otoño austral, nos hemos quedado a mínimos económicamente hablando. Como os habíamos comentado en alguna ocasión, ha sido cortada la subvención que recibíamos por parte del Ministerio de Medio Ambiente para el desarrollo de GLACKMA. Actualmente lo único que nos queda es un añito de presupuesto del proyecto europeo que tenemos activo, pero cubre sólo las campañas antárticas. Por eso las actividades extras de este año, las hemos tenido que cubrir personalmente para no perder la continuidad de los datos en los registros polares.





    Haciendo cálculos y siendo realistas, meternos ahora a cubrir económicamente el gasto de la expedición a Svalbard, no es posible. Intentaremos conseguir alguna subvención para el próximo año y si no fuera así, haber entonces ahorrado lo suficiente para llevarla a cabo. En principio con la sonda nueva que instalamos allí el año pasado, nos aguantaría hasta el verano del 2012.

    Por eso la próxima expedición no será hasta finales de año a la Antártida. Nos interesa en esta ocasión ir al principio del verano austral para ver el comportamiento de las sondas nuevas cuando comienza la descarga glaciar. Debemos además de completar la curva de ajuste entre nivel y caudal y necesitamos para ello, valores tanto mínimos como máximos del caudal en el río que viene del glaciar. A principios del verano  austral nos aseguramos los mínimos y según vaya adentrándose el verano podremos ir completando el registro de valores máximos.





    Por otro lado, debemos de cruzar a Caleta Potter –donde se encuentra la Base argentina Jubany- y volver a instalar allí la sonda multiparamétrica. Debido a su complejidad esta sonda no puede quedar a la intemperie en el invierno y por eso, cuánto antes vayamos para poder comenzar a registrar datos al inicio del verano, mejor. Nuestro objetivo será poder llegar al Continente Blanco en la segunda quincena de noviembre y regresar a finales de enero. Ahora todo dependerá de la logística.

    Y después, ¿cuáles son nuestras próximas expediciones? Lo siguiente sería acudir al Ártico y para ello planeamos trabajar en tres estaciones: la de Islandia, la del Ártico Sueco y la de Svalbard.





    Para las dos primeras haremos una logística combinada, saliendo desde España en un vehículo todoterreno. En ferry desde Dinamarca cruzaremos a Islandia, donde llegamos con el todoterreno que nos da movilidad allí. Al regreso, subimos hasta el Norte de Suecia y el último tramo donde ya no es posible avanzar con el vehículo, lo cubriremos en helicóptero. Nos acompañará Jose, otro socio de GLACKMA, quien está empezando a realizar su tesis doctoral en el glaciar de Islandia.





    Esta combinación la haríamos durante varias semanas de julio y agosto, para dejar libre la primera quincena de septiembre y subir a 79ºN a Svalbard, a terminar el trabajo de instalación del que os hablaba antes.

    A estas tres últimas expediciones -las del Ártico- nos acompañará otra vez Gabriela. A parte de la investigación y divulgación habituales que desarrollamos, ella desde Madrid Scientific Films debe seguir con el objetivo de sacar adelante el documental científico de GLACKMA. Además Gaby se integró perfectamente en el trabajo de equipo durante la pasada expedición… ¡así que repite con nosotros!

    Bueno, pues estas son de aquí a un año nuestras próximas expediciones marcadas en la agenda de GLACKMA. ¿Cómo lo veis?, ¿qué os parece?

    Sinceramente os digo… que a mí, hablar de todo ello ahora, cuando debo de pasar este verano sacando adelante una enorme cantidad de trabajo de gabinete acumulado, se me hace… ¿cómo diría yo?, dejémoslo simplemente en “tremendamente complicado y difícil”. ¡Seguro que me entendéis!

    • Próximas expediciones… todavía nos falta un poquito
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  • Viaje tan breve y fugaz como hermoso… propio de los sueños

    Efectivamente amanece un día fantástico en la Antártida. El cielo completamente despejado, ni una sola nube. Debido a su proximidad con el estrecho del Drake, es una zona tremendamente complicada para la meteorología y es muy extraño poder observar el cielo completamente azul. De hecho, creo, que con todas las campañas antárticas que tengo en verano, es la primera vez que lo veo así de luminoso.



    Tras el desayuno, me preparo para salir al exterior y poder hacer unas cuantas fotografías del entorno en estas condiciones. A pesar del sol seguimos con temperaturas bajas de -12ºC, pero la ventaja es que el viento apenas llega a los 15 nudos, y por tanto no nos hace descender exageradamente la sensación térmica.

    Roberto, el Capitán de Fildes, me informa que el Hércules C-130 chileno ha salido de Punta Arenas y viene hacia acá. Ha confirmado también que estoy considerada como pasajera para regresar a Punta Arenas, y me indica que me solicitan estar a las 10:40 en el aeropuerto. Sonrío, al final parece que todo va a salir bien.



    Todavía con algo de penumbra abandono Fildes, quiero subir alguna colina próxima para tener unas buenas vistas de la zona y poder hacer alguna foto bonita, cuando salga el sol e ilumine la zona. No tengo mucho tiempo al solicitarme estar tan pronto en el aeropuerto. ¡Vaya, podían haber esperado un poco…!

    Debo llevar la cámara envuelta y protegida del frío, para que me permita trabajar con ella. La mantengo además próxima a mi cuerpo para pasarle algo de mi calor corporal. A pesar de los cuidados, tengo que tener precaución cada vez que la saco al exterior, pues no aguanta mucho tiempo a la intemperie.



    Ando ligera, a medio carrera en las zonas que el hielo me lo permite. La nieve está helada de la noche y es muy fácil resbalar. ¡Qué maravilla de paisajes! Poco a poco voy ganando altura y sorprendiéndome a mí misma de lo espectacular de este día. El sol va saliendo poco a poco y las luces, según cobran intensidad, cambian por completo el entorno.

    Tengo una magnífica vista panorámica de la Base Rusa Bellingshausen y las chilenas Frei y Fildes al fondo. La bahía que en verano sostiene tanta vida, ahora tiene helada ya una buena parte. La barcaza de los rusos “Anderma”, en la costa, marca muy bien el inicio de lo que era antes agua… Ahora, todo hielo.

    El sol, debido a la latitud elevada y la época invernal en la que estamos, hace su recorrido muy cerca del horizonte. Sí, tenemos la desventaja de las pocas horas de luz, pero al mismo tiempo cuando -como hoy amanece un día así de despejado- la luz es muy hermosa. Al ser tan rasante, parece cubrir todo con un baño de oro líquido. Voy haciendo alguna fotografía, recogiendo la cámara de vez en cuando para protegerla del frío, esperando a que siga ascendiendo un poco el sol y me cambie las luces del paisaje y volviéndola a sacar con cuidado, para continuar captando con las imágenes la maravilla que tengo ante mí.



    En estos ratos de espera, me dedico a contemplar el paisaje que me rodea. Tras haber conocido la dura ventisca de estos días pasados, me quedo realmente absorta del fabuloso día de hoy. Mi mente desconecta por un momento de la realidad y tengo la sensación de estar viajando por el espacio, llegando a un lugar hermoso, de esos que sólo existen en los sueños, e impregnándome de una luz dorada, limpia, pura, que me llena de una energía tremendamente positiva. Despierto de mi sueño… ¡no, no era un sueño! Esta vez ha sido todo real. Me encuentro tremendamente feliz y soy consciente de lo afortunada que he sido. Han tardado meses en tener este día aquí en la Antártida, y yo he tenido la suerte de vivirlo en mi viaje tan efímero a la zona. Tremendamente afortunada. Respiro profundamente, me lleno de nuevo de la belleza del entorno y otra vez una inmensa sensación de paz y armonía se instala en mi interior. Sé que será un recuerdo imborrable en mi vida.



    Es hora de regresar a Fildes. Una vez allí recojo mi mochila -que ya había dejado preparada- me despido de la gente de la dotación y Roberto me sube en moto al aeropuerto. El Hércules todavía no ha llegado, pero en la normativa de FACH nos exigen siempre estar antes de su aterrizaje, si vamos a tomar el avión. No pierdo el tiempo, como la zona del aeropuerto es también una parte elevada, continúo con mis fotos. El sol sigue subiendo y las luces cobrando intensidad.



    Consigo fotografiar la entrada del Hércules y continua la espera mientras proceden a la descarga de todo lo que traen y cargan lo que sacan de estas tierras antárticas. Son las 13:30 cuando me piden subir al avión. Por seguridad y aunque el día está con visibilidad, parten antes de que se meta la noche en la zona. Me despido de Roberto y me siento torpe con las palabras para poder expresarle el agradecimiento por todo el apoyo que me han brindado. Hay acontecimientos en la vida para los que no hemos sido capaces de crear el lenguaje adecuado…



    En el Hércules -sentada en esas redes rojas- mi cuerpo viaja a Punta Arenas mientras mi mente recorre una y otra vez las odiseas, aventuras, peripecias, incidentes y anécdotas de los últimos días. Es increíble que un viaje tan corto me deje completamente llena de vivencias de tanta intensidad.

    De repente una tremenda sacudida me vuelve a la realidad. Estamos aterrizando en Punta Arenas bajo condiciones muy fuertes de viento. Al levantarme, un par de chilenos que tenía sentados frente a mí y que regresan también a esta capital austral, me dicen: “Pareces la felicidad personificada. Durante todo el viaje tu cara reflejaba una inmensa alegría”. Sonrío, “no puede ser de otra manera, fue un viaje tan breve y fugaz como hermoso”.

    • Viaje tan breve y fugaz como hermoso… propio de los sueños
    • Viaje tan breve y fugaz como hermoso… propio de los sueños
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  • El éxito es el fracaso superado por la perseverancia

    (crónica recibida por teléfono satelital, Fotos: Karmenka en directo)

    La nieve helada me golpea la cara con fuerza, tengo que quitarme las gafas ya que mi respiración acelerada hace que se me empañen. Los caprichosos copos arrastrados con fuerza por el viento me hacen entrecerrar los ojos.

    Quitar la protección de los cabezales que protegen los lectores de la sondas se convierte en una tarea casi interminable en estas condiciones de ventisca. Necesito operar con mis manos desnudas, ya que los guantes me impiden estas maniobras tan delicadas y precisas. Se me quedan heladas rápidamente, así que mi mente maquina una especie de alternativa. Una mano con guante y la otra no, intercambiando el papel de la protección antes de que la desnuda pierda el tacto. Sería catastrófico quedarme sin tacto, ya que tardaría mucho después en recuperarlas. Tengo que evitar esa situación.

    Una vez que los lectores de las sondas están al descubierto, tengo que emprender otra maniobra delicada. Sacar el ordenador de campo, encenderlo y preparar el programa, así como el cable de conexión. El ordenador es el robusto y especial para estas condiciones, del que os hablaba el otro día, pero es muy chiquito. La pantalla mide unos 12 cm. de ancho por 8 de alto. Imaginaros el tamaño de la letra.

    Para que os terminéis de hacer una idea, se me cubre continuamente de nieve que se queda helada y tengo que andar apartándola. Las gotas de agua que quedan del hielo fundido tras mi limpieza con la mano, hacen que esos tamaños de letra tan diminutos los distinga todavía con más dificultad. Para terminar de describir la situación imaginaros la cellisca golpeando mi cara y mis ojos.

    Con todo listo engancho un extremo del cable de conexión al ordenador y el otro a una de las sondas. Tardo un rato, mis manos se mueven lentamente por el frío. Hago conexión con el ordenador y la sonda… ¡Bien, y la sonda está funcionando! Algo es algo. Apartando una y otra vez la nieve helada de la pantalla, busco en el menú del programa la opción de descargar los datos antiguos. Bajo una serie de fichero… ¡Puf… algo tengo!

    Ahora debo convertirlos, ya que bajan en un formato máquina que no puedo leer. Me lleva un ratito…, aumentan mis nervios. Ficheros convertidos. Se acerca la hora de la verdad, tengo que abrirlos. De nuevo aparto la nieve helada de la pantalla. Cambio mi guante de mano. Mi corazón palpita a 200 por hora. ¡Sí, sí, sí…! Fichero de datos completo. No hay laguna de datos. Todo está bien. Seguramente al hacer la extracción de datos ayer con la agenda se cerró la comunicación debido al frío. Ahora con el ordenador ha sido posible extraer la serie completa gracias al calefactor que tiene. ¡Genial, genial, genial! Mi emoción es tan fuerte que se me escapa alguna lagrimita, pero se confunde con la nieve que se funde en mi cara.

    Ahora repito la operación con la otra sonda. Al aproximarme al extremo del cañón resbalo en el hielo que se ha formado en el borde y ¡zas!, un rápido movimiento –creo que instintivo al haber hecho la instalación en su día- me permite agarrarme a uno de los tubos que protegen los cabezales de la sonda. Quedo colgando de este agarre y con cautela me retiro hacia atrás hasta poner los pies firmes.

    Después continúo con la operación en la segunda de las sondas. Oigo la voz de Alfonso llamarme preocupado. Asomo la cabeza de entre las rocas cubiertas de nieve y agito mi brazo. “Todo bien. Cinco minutos y listo.” Había venido a buscarme con la moto, los otros tras liberar las motos del último atasco se había ido a espera ya Artigas, para ir tomando algo caliente.

    Al terminar me doy cuenta de que estoy casi congelada. Recojo todo, bajo con cuidado del cerro helado y recorro los 100 metros que me separan de Alfonso y la moto. Con una sonrisa de oreja a oreja le transmito mi infinita alegría. “Todo está bien. Tengo la serie de datos completa y las sondas están funcionando perfectamente. Muchas gracias, muchas gracias por el apoyo. Todo el esfuerzo mereció la pena”.

    Pasamos por Artigas para tomar un café caliente y sin más demoras de nuevo a las motos para emprender el recorrido de vuelta. Sigue empeorando el tiempo y nos queda un largo camino por recorrer.

    Regreso en la moto feliz, inmensamente feliz, con una alegría cándida e inocente. Al pasar frente a la Base Rusa Bellingshausen, compruebo que el cartelito de “Salamanca 12512 km” sigue en el indicador kilométrico que tienen frente al edificio principal. Allí está desde el año 2000. ¡Cuántos recuerdos!

    Al llegar a Bahía Fildes allí estaba el vehículo oruga de los uruguayos. Tras sus gestiones por la Base Chilena Frey, pasaron por Fildes para saludar a la dotación y ya estaban a punto de regresar a Artigas. Llevaban a un grupo de argentinos que habían cruzado el otro día desde Jubany hasta Artigas y ahora esperaban el buen tiempo para poder regresar a la Base Argentina. Los voy saludando y… ¡tremenda sorpresa!, entre ellos está Maxi, quien nos había ayudado durante el pasado verano con nuestro trabajo en el glaciar cuando estuvimos en Jubany. Una tremenda alegría volver a verlo.

    Pero mi alegría del día no queda ahí. Me dice Roberto que la predicción meteorológica para mañana es muy buena y casi con toda seguridad que podrá entrar el avión desde Punta Arenas.