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Blog: Karmenka desde los Polos

  • Curso de aforos para los afiliados de GLACKMA

    Llegan los participantes en el curso

    (Crónica recibida por teléfono satelitario) 

    Finalizando ese primer aforo, llegaron los 8 afiliados a GLACKMA que vienen a realizar el curso de aforos en glaciares. Se retrasaron un poco en su llegada y se perdieron el aforo, pero bueno, a lo mejor por la tarde tenemos suerte y con un nuevo valor de nivel podemos realizar otro aforo para que entiendan perfectamente todo lo que explicaremos teóricamente antes.

    Llevan ya varios días en Islandia y vienen felices, encantados de lo que van viendo y maravillados de este país, de estos paisajes tan impresionantes y tan diversos. Casualidades de la vida, Javier -el guía que los está llevando- es amigo de Mercedes, una buena amiga nuestra de GLACKMA que nos ha ayudado a organizar ya varias conferencias.

    Según llegan los van recibiendo todos los demás de nuestro equipo. Yo, hasta no haber tomado algo caliente y empezar a quitarme de encima el frío, no soy persona. Había comenzado ya Adolfo a explicarles la técnica de aforos en glaciares cuando me incorporo yo al grupo, todavía un poco aturdida de las casi tres horas de frío en el río.

    Tras las explicaciones teóricas, viene la práctica. Para ello seleccionamos una pequeñita rama que oscila entre 20 y 30 centímetros de profundidad y con muy poca velocidad. Ahí, descalzándose y remangándose los pantalones, van poniendo en práctica las técnicas de aforos que les hemos explicado.

    El sol sigue calentando con fuerza y como era de esperar el caudal del río sigue subiendo y se nos presenta una nueva medida para poder aforar. Así que todos preparados y manos a la obra, ¡un nuevo aforo! Aquí colaboran todos, a cada uno de los que han llegado les buscamos una misión, incluso al guía.

    Terminado el aforo, nos juntamos todos en nuestro campamento para cenar. Hay muy buen ambiente entre los 16 que nos hemos llegado a juntar.

    Al día siguiente otra actividad tenemos preparada para el grupo del curso. Se trata de llevarlos al glaciar y así sobre el terreno, que puedan recibir todas las explicaciones de cómo es el drenaje en un glaciar.

    Como no tienen crampones se hacen dos grupos de cuatro, dejándoles los de algunos de nuestro equipo. Mientras Adolfo entra con un grupo al glaciar, el otro está a pie de la morrena lateral -todavía sin pisar hielo- con Emilio, quien les cuenta técnicas de fortuna en progresión vertical. Después se intercalan las actividades. Es un grupo con una sensibilidad especial y tienen dos maestros, Adolfo y Emilio que disfrutan enseñando y transmitiendo lo que conocen y dominan, así que el resultado es fantástico y de gran satisfacción para todos.

    Tato y yo salimos con todos del campamento hacia el glaciar pero nos adelantamos, tenemos otra misión por cumplir que os la contaré en el próximo artículo.

    Telmo, Borja, Empar, Víctor, Diana, Cristian, José Julian, Susana y también tú, Javier -guía del grupo-, como os tuvisteis que ir antes de regresar Tato y yo, quiero ahora y desde aquí despedirme de vosotros. Fue un verdadero placer haberos tenido con nosotros, espero que estéis disfrutando de vuestra segunda parte del recorrido por Islandia y que hayáis aprendido y os hayáis sentido a gusto el tiempo que compartisteis con nosotros. Un abrazo muy fuerte y seguimos haciendo cosas juntos desde GLACKMA.    

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  • Inventado un nuevo sistema de aforos... ¡por necesidad!

    Todo listo antes de empezar el aforo

    (Crónica recibida por teléfono satelitario) 

    Localizamos el problema de la conexión entre el cuentavueltas y la varilla con la hélice. No hay expedición en que no surja un nuevo problema con los equipos de medida que utilizamos. Son de una empresa alemana, la verdad es que son muy resistentes pues aguantan condiciones muy duras a la intemperie y resisten… pero siempre, siempre surge algún problema ocasionado por mala calidad en los remates, que echa a perder lo bueno de los instrumentos. Y cualquier problema que en una ciudad puedes solucionar fácilmente, aquí se hace imposible.  

    Una vez arreglado, añadimos un cable prolongador de manera que el cuentavueltas no lo tenga yo colgado al cuello para manejar en el agua y lo operen ellos desde el exterior. Todavía da tiempo para ir a comprarlo hoy, así que sale Adolfo a la ciudad más cercana que la tenemos a 100 kilómetros. Yo me quedo en el campamento para cuando regresen los exploradores del glaciar contarles las novedades y aprovecho para escribir en el blog… pues no me ha quedado tiempo con tantos imprevistos.

    Termina así un nuevo día que había comenzado con una nueva esperanza por la posibilidad de aforar, se me desvaneció de nuevo con el problema de cuentavueltas y resurgió cuando al finalizar la jornada, regresa Adolfo con el cable para prolongarlo.

    Nada más desayunar al día siguiente, ocupamos cada uno nuestro puesto y nos ponemos todos manos a la obra. ¿Sabéis que pasó?, ¿qué nuevos problemas nos fueron surgiendo? Todos solucionables, pequeños ajustes, mejora de la técnica de la labor que a cada uno nos corresponde en cada momento, coordinación entre todos… y ¡primer aforo conseguido!

    Nos duró casi tres horas, salí helada del río, tiritando de frío, pero ¿sabéis cómo? Feliz completamente, una sonrisa de oreja a oreja, una gran alegría y emocionada por la labor tan buena de equipo. La labor de equipo es fundamental para conseguir transformar una cadena de problemas interminables en una nueva técnica de aforos, no por vadeo, sino por flotación.      

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  • Complicación tras complicación

    Emilio pendiente de que todo esté en orden por seguridad

    (Crónica recibida por teléfono satelitario)

    Nuevo día y nuevo intento con el sistema que había propuesto Emilio el día anterior. El ánimo de todos en el desayuno me llega dentro y pienso de nuevo que quizás lo podemos conseguir.

    Cada uno tiene una misión. Por un lado hay que leer los datos de nivel que marcan las sondas que tenemos instaladas en la estación, tanto al inicio del aforo como al final del mismo.

    Tato y Jose estarán cada uno en un extremo de la cuerda de seguridad que instalamos transversalmente en el río. Con un perfecto sistema que ha preparado Emilio combinando poleas, Tato me arrastrará hacia la otra orilla, tirando con fuerza contra corriente y Jose desde el otro extremo irá recuperando cuerda para irme ubicando encima de cada una de las marcas donde tendré que medir. Emilio, aprovechando una entrada de la orilla aguas arriba de donde estoy, me mantiene atada con una nueva cuerda de seguridad de 100 metros y con fuerza tira de mi contra corriente para mantenerme en cada punto deseado y poder trabajar. Adolfo irá apuntando todos los valores que le vaya pasando de las profundidades del río y para cada una de ellas y según el protocolo de aforos, me irá dando los valores en los cuales debo colocar la hélice para medir la velocidad. Obtenidas las vueltas se las iré pasando a Adolfo para irlas apuntando en cada planilla de aforo. Gaby buscando los puntos más adecuados para las diferentes grabaciones irá recogiendo profesionalmente esta misión que parece imposible.

    Primera prueba, me meto sólo con la barra y la hélice, sin el cuentavueltas, a ver si soy capaz de medir así. Enganchada por las diferentes cuerdas me arrastran a lo largo de la sección transversal del río junto a la cuerda de aforos. En las zonas más profundas con 1,45 metros (y menos mal que este primer intento es con caudal bajo) quedo flotando cara a la corriente y el agua me entra por la boca. Resulta un poco complicado operar así para las mediciones. Con la cabeza y en nuestro código de señales que nos habíamos preparado les indico de nuevo que me saquen. Así no aguanto. Fuera de nuevo.

    Emilio me mejora el enganche para que queden mis hombros fuera del agua. ¡Ahora ya es otra cosa! En uno de los peores sitios, intento mantener la hélice apuntando a la corriente. La varilla en la que debo sujetar la hélice es muy finita, un centímetro de sección. Mis manos con los guantes de neopreno están ya mojadas, el agua con poco más de 1ºC de temperatura me las va enfriando sin darme cuenta mientras intento apretar la varilla con fuerza para que la corriente no gire la hélice al golpear contra ella. No soy consciente del tiempo que paso así. Fue más de una hora. Desde fuera deciden sacarme, ven que estoy congelada. “¡No puedo, no puedo, no soy capaz!” voy pensando mientras arrastrada sobre el agua me sacan a la orilla.

    De nuevo una propuesta de Emilio, “voy a prepararte una empuñadura para que puedas agarrar bien la varilla y no te gire”. Un atisbo de esperanza surge de nuevo en mi cabeza sobre un cuerpo casi congelado. Llevo un traje seco, pero lo de seco es sólo en teoría. Está mal hecho y por las costuras le entra agua, de manera que al estar quieta tanto tiempo y con esta agua más bien “fresquilla”, el frío incrementa mi dificultad en los aforos.

    Empuñadura preparada, frío sacudido de encima con unas carreritas por la tundra y tras haber tomado un tazón de leche calentita. Con ganas de meterme de nuevo al río, esta vez ya con el cuentavueltas colgado del cuello y unido a la varilla y la hélice para contar las vueltas. “Tenemos que conseguirlo. Después de lo que están haciendo todos para que esto salga adelante, tengo que ser capaz de aforar ahora”.

    Cada uno a su puesto de nuevo. Con la varilla en la mano y el cuentavueltas colgado al cuello, compruebo su funcionamiento en la orilla del río. ¡No va! No puede ser. Revisamos las conexiones. Está todo en su sitio… pero no funciona. Probamos, probamos, probamos y nada. No marca las vueltas. Cancelamos el aforo.

    Tato, conocedor ya de este glaciar de expediciones anteriores, organiza junto con Emilio y Gaby una aproximación al glaciar para localizar el mejor lugar para entrar este año. Con los cambios tan grandes que están ocurriendo y a la velocidad a la que se pierde el hielo, el acceso varía mucho de un año para otro.  

    Mientras tanto, el resto trataremos de ver qué le pasa a la conexión del cuentavueltas. Ahora sí que nos vamos a tener que olvidar de esto. No me gusta darme por vencida, pero esto parece una misión imposible de verdad.   

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  • Misión imposible

    Campamento GLACKMA

    (Crónica recibida por teléfono satelitario) 

    El mismo día de llegada al campamento de Jose, Tato, Emilio y Gaby, teníamos ya nosotros todo preparado para empezar a instalar el sistema de aforos y realizar el primero.

    Ya os he contado alguna vez de qué se trata esto de aforar. Es medir directamente el caudal que fluye por el río en un momento determinado para un nivel en concreto. Tenemos que realizar varios aforos –entre 10 y 20 suelen ser necesarios- para poder determinar con precisión la relación entre el nivel del río que lo obtenemos con las sondas instaladas y el caudal que medimos directamente en el río.

    ¿Cómo hacemos ese aforo? A lo largo de una sección transversal adecuada del río, creamos secciones más pequeñas y en cada una de ellas medimos profundidad -es decir el calado del río- y la velocidad que lleva el agua. Así con sección y velocidad podemos calcular el caudal en cada uno de esos tramos a lo largo del perfil transversal del río. Integrando todo eso después, obtenemos el caudal.

    Sólo me queda deciros cómo medimos esa velocidad. Lo hacemos con una hélice, contamos las vueltas que gira en un determinado tiempo y después con el algoritmo correspondiente de la hélice utilizada, obtenemos la velocidad.

    Una persona lleva todo este equipo consigo y a lo largo de ese perfil transversal del río va realizando las mediciones. Esa es la razón por la que este tipo de aforos se llama “por vadeo”. La máxima profundidad que es posible aforar por vadeo es de 1,20 metros, y para velocidades de agua no muy grandes. Mayores profundidades o grandes velocidades, hacen imposible mantenerse en pie en el río y realizar buenas mediciones.

    Una vez que os he recordado lo básico de los aforos, retomo la narración. Llegados todos los expedicionarios nos disponemos a preparar el lugar de aforos. Como este río lleva mucho caudal y las profundidades andan al límite de poder realizar el aforo por vadeo, lo primero es fijar una cuerda de seguridad a lo largo de ese perfil transversal seleccionado en el río.

    La estrategia que seguimos fue buscar aguas arriba un lugar más ancho y con menos velocidad de agua. Desde una orilla me eché a nadar para llegar a la otra, seleccionando la trayectoria adecuada para que el resultado entre mi nado y la velocidad de la corriente, me permitiesen alcanzar el lugar deseado.

    Estaba totalmente tranquila pues Emilio estaba aguas abajo con todo preparado por si la corriente me arrastraba para poder detenerme. Sujetando  una cuerda en el extremo de partida, me eché a nadar con el otro extremo atada a mi cuerpo y así logramos pasar una primera cuerda más fina, tras las que vino otra de más sección para poder  utilizarla posteriormente de seguridad.

    Una vez fijada esa cuerda, mi intención es regresar ayudándome con la misma a la orilla inicial. Nada más alejarme un metro de la orilla, la altura y velocidad del agua levantan mis piernas y no me queda más remedio que cruzar el río sujeta con una mano a la cuerda, braceando con el otro brazo y aleteando con los pies.

    Mi desolación al alcanzar la orilla inicial donde estaban todos, saltaba a la vista. “No podemos aforar por vadeo. ¡No podemos! El río lleva demasiada velocidad y profundidad” Todo eso pensaba mientras los miraba uno a uno al llegar de nuevo junto al equipo, pero no era capaz de pronunciar palabra. Sólo me quedaba energía para mover la cabeza negativamente.

    Según los miraba me iba dando cuenta que cada uno en su interior estaba pensando alguna solución alternativa. Tras escucharlos me llega de nuevo algo de ánimo. Intentamos probar en algún otro punto del río, que aunque quizás no sea tan idóneo como este para las mediciones, pero que la velocidad y profundidad del mismo nos permita aforar.

    Intento tras intento. Siempre ellos pendientes de mi seguridad y yo sin miedo alguno de meterme donde fuera con tal de encontrar donde poder medir. Intento fallido tras intento fallido. De todos los posibles puntos que intentamos  ninguno fue válido, el río me arrastraba en sus caudalosas aguas.

    ¡Qué desolación! No nos queda más remedio que olvidarnos de este objetivo tan fundamental de la expedición. Esperemos que los otros salgan adelante. Gaby con su cámara ha ido grabando todo, así que con el tiempo terminaréis viviendo estos intentos fallidos como si hubierais estado con nosotros.

    Emilio me pregunta exactamente cómo son las mediciones que debo de hacer y con todo detalle le explico la operación. Según lo voy haciendo, soy consciente que está pensando alguna estrategia nueva. Con su voz tranquila y la seguridad que transmite en los momentos complicados, propone para  mañana preparar un sistema que permita que yo pueda ir flotando sobre el río, atravesando así ese perfil transversal para poder hacer las mediciones. Sólo quedaría por ver que yo flotando así, puedo sujetar con fuerza y sin movimiento, la hélice en la varilla mientras aforo.

    Nos acostamos ya tarde tras todos esos intentos fallidos y aunque cansada no logro dormirme, mi mente sigue en el río alternando entre dos pensamientos, lo peligroso que está el río para trabajar en él y lo imposible que va a ser aforar en esta ocasión. Así, en calma ya, dentro del saco y bajo la tienda de campaña, soy consciente que ha sido una suerte no haberme encontrado sola realizando los intentos de esta tarde, pues creo que hubiera arriesgado más de la cuenta.    Me reconforta pensar en el apoyo de todos los que me rodean y el buen trabajo en equipo.

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  • Jornadas y problemas interminables

    (Crónica recibida por teléfono satelitario) 

    No os lo vais a creer pero ni apurando las jornadas al máximo he podido sacar tiempo para escribiros en el Blog y manteneros al corriente de esta expedición. E incluso fijaros que ahora en estas latitudes casi no tenemos noche y nuestras jornadas se estiran aprovechando las horas de luz.

    Los expedicionarios fueron llegando todos sin problema alguno, inicialmente instalamos nosotros el resto de tiendas para que estuviera todo listo cuando llegasen los demás al día siguiente, Gaby, Emilio, Tato y Jose.

    Desde España hasta Reikiavik viajaron los afiliados de GLACKMA que se inscribieron en el curso de aforos: Empar, Diana, Susana, Telmo, Víctor, Borja, José Julián y Cristian. Ellos comenzaron su ruta para recorrer  varios lugares de Islandia hasta juntarse con nosotros más adelante.    

    No os podéis imaginar la cantidad de problemas técnicos que encadenados unos tras otros, intentan abortar nuestra campaña de aforos. ¡Es realmente increíble! En cuanto pueda ir sacando tiempo para escribiros más os lo iré contando. Pero parece una misión imposible, ya lo veréis.

    Os actualizo con la novedad de última hora y es que ya han llegado hoy a Reikiavik el equipo de las cinco personas de “Al Filo de lo Imposible” y mañana llegarán a nuestro campamento.

    Os dejo hasta la próxima, que espero sea en breve. 

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  • Aforos en el río con aguas que no llegan a 1ºC

    Seguimos completando detalles de “cómo medimos la descarga glaciar”. Os hablaré hoy de los aforos en el río. ¿Qué es esto?

    Nosotros queremos medir el caudal del río que viene del glaciar, es decir la cantidad de agua que pasa por ese río, porque ya sabemos que esa agua procede del hielo fundido y eso es lo que queremos conocer. Las sondas que tenemos instaladas en el lecho del río miden varios parámetros y entre ellos uno que es fundamental para nuestro trabajo, el nivel del río.

    Lo que tenemos que hacer es buscar la forma de pasar esos datos de nivel del río que registran las sondas, a caudal. Problema que resolvemos buscando una función matemática que nos relacione ambos, es decir, el nivel y el caudal. ¿Y cómo podemos ajustar esa función para que sea lo más precisa posible? Midiendo directamente nosotros el caudal del río para diferentes valores de nivel.

    No os voy a contar con detalle esta técnica que empleamos, sólo os diré que cuanto mejor sea nuestro trabajo de campo, mejor será el procesado después de los datos, por eso debemos estar concentrados en el trabajo, aunque las condiciones que tenemos no sean las más cómodas, ni las más confortables. Debemos de estar muy pendientes del río, de las variaciones de nivel que experimenta, para llevar a cabo nuestros aforos.

    En este río, con la precisión con la que trabajamos, cada aforo nos lleva unos 35-45 minutos, dependiendo del caudal que haya. Durante todo ese tiempo tenemos que estar midiendo dentro del río, con esa temperatura que lleva el agua que fluctúa entre 0ºC y 0,6ºC. Además os diré que prácticamente debemos de estar quietos y que en esta zona sopla siempre un fuerte viento que viene encajonado en el cañón del río, y nos hace alcanzar unos valores de sensación térmica algo bajos. Por eso la concentración en el trabajo es fundamental, centrarse en lo que se está haciendo y olvidarse del resto.

    Debemos de estar pendientes del río y de los aforos. No hay una hora fija, manda el río y sus variaciones de nivel. Tan pronto nos toca por la mañana, por la tarde, a la madrugada, al terminar el día… no podemos tener horarios, el río es el que nos dirige. Y año tras año debemos de reajustar esas mediciones… es decir, que no nos libramos nunca de ese trabajo.

    Hay muchísimas veces que no te apetece nada meterte a medir en el río, con esas aguas fresquitas y las bajas temperaturas exteriores. Hay días que te encuentras más cansado que otros y a veces te toca a ciertas horas de la madrugada o la noche, teniendo entonces que romper el sueño para ir al río a medir. En otras ocasiones te toca medir tan seguido que no has logrado entrar en calor de una de esas mediciones y ya te ves de nuevo preparando para otra. Os aseguro que en esos momentos durillos, es la mente la que tira del cuerpo adelante. Como veis hay mucho esfuerzo detrás, pero si uno quiere conseguir algo no queda otra opción. 

    • Aforando en la Antártida

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  • Comenzamos a recoger el campamento

    (crónica recibida por teléfono satelital,  Fotos: Archivo GLACKMA)

    Otro día intenso de actividad. Nublado, con viento y algún chubasco, pero no ya la constante lluvia como tuvimos ayer.

    Por la mañana extraemos los datos -almacenados durante estos días- tanto de las sondas de la estación nueva como de la antigua. Nos tocará trabajar con ellos junto con los aforos realizados en el río, una vez regresemos a España. Gaby continúa con su trabajo de grabación, aprovechando cualquier pequeño rayito de sol que nos brinda con sus luces suaves.

    Retornamos al campamento, hacemos una última comida caliente y empezamos a clasificar, recoger y empaquetar todo el material. Una vez que está todo listo y la tienda grande de campamento vacía, la retiramos. Tenemos suerte, no nos llueve durante la maniobra y el viento nos deja realizarla tranquilamente.

    Nos quedan solamente las tiendas de dormir y en ellas los sacos. Mañana nos levantaremos a las 6:00, recogeremos y empaquetaremos estas tiendas y dejaremos todo el material así listo para que vengan los baquianos con los caballos a recogerlo. Nosotros nos pondremos en marcha, deshaciendo la caminata del primer día, para retornar a la guardería Grey donde tenemos los vehículos.

    Al final, el balance de esta primera parte de la expedición es muy positivo: los instrumentos antiguos funcionando, la serie de datos en nuestro poder sin laguna alguna en los casi 10 años que aquí estamos midiendo, la nueva estación perfectamente instalada con sondas más robustas e incluso varios aforos realizados con valores de caudal mínimos que son los que no podremos tomar cuando vengamos en el verano. Además de todo esto, el cometido y el objetivo de la participación de Gaby en la expedición, también están muy bien cubiertos en lo que llevamos hasta ahora. Le espera una segunda parte que promete ser también un buen complemento de su trabajo.

    Todo positivo. Una única nubecita es mi ojo… que sigue un poco raro. Pero ya mejorará.
  • Los glaciares y el calentamiento global

    El pasado sábado, mientras todavía podíamos comunicarnos por Internet, recibí de Karmenka unos artículos con el encargo de publicarlos en su nombre mientras ella estuviera cruzando el estrecho de Drake y no tuviera acceso directo al blog.

    Ahora nos mantenemos en contacto a través de un teléfono satelital que nos permite hablar y enviar textos sin problemas de "cobertura", aunque con bastantes limitaciones para enviar imágenes o acceder a Internet.

    Aquí está el primero de sus artículos, espero que lo disfrutéis y que resolváis el acertijo:

     

    ¿Por qué medimos el caudal de los ríos glaciares? Sabemos ya que es agua que proviene del hielo fundido del glaciar. Y ¿sabéis que hay una estrecha relación entre la fusión de los glaciares y el calentamiento global? La respuesta de los glaciares es inmediata ante cualquier variación de la temperatura ambiente.

    Pero todavía hay más. El hielo que se funde de los glaciares, llega al mar y lo va llenando. Por tanto tenemos que una de las consecuencias inmediatas del calentamiento global es el ascenso del nivel del mar Justamente por esas razones, nos hemos centrado nosotros en medir la descarga glaciar. Es una consecuencia inmediata del calentamiento global y además está relacionada con el ascenso del nivel del mar.

    Con las series de datos horarios que estamos generando lo que hacemos es seguir esa evolución del calentamiento global. Como muy bien habíais apuntado alguno de vosotros algunas semanas atrás, dentro de GLACKMA hemos logrado crear una red de estaciones de medida. Actualmente tenemos ocho funcionando, cuatro en cada hemisferio y ubicadas a diferentes latitudes.

    Por tanto esa evolución del calentamiento global la estamos siguiendo en glaciares de diferentes lugares de la tierra. Y de ahí la importancia para nosotros que os adelantábamos en un artículo anterior sobre las unidades específicas, medimos el caudal en metros cúbicos por segundo y por kilómetro cuadrado de superficie de cuenca glaciar. Esto nos permite tener “una única escala de medida” para poder comparar los registros de las ocho estaciones de medida.





    ¿Sabéis?, cuando empezamos a tener 2 y 3 años de medidas, pensábamos que era una verdadera pena que no se hubieran hecho este tipo de mediciones con anterioridad. Sería estupendo si pudiéramos ahora contar con series de datos de hace 50 o incluso más años. Podríamos ver mejor todavía la evolución que estamos registrando del calentamiento global.

    ” en la pestaña del menú de “Qué investigamos”. ¿Qué os parece a vosotros lo que estamos haciendo?

    Os propongo un juego. Os dejo ocho fotos que corresponden al entorno donde están cada una de esas ocho estaciones. A ver si lográis indicar a cuál pertenece cada una.

  • Todavía quedan rincones antárticos

    Conociendo estas tierras cuando reinaba en todos los lados el espíritu antártico, y viendo cómo poco a poco a causa del turismo y el dinero se va degradando, es hermoso encontrar rincones que podemos llamar Antárticos, con mayúscula.
    Al final de un día duro de trabajo y justo cuando nos disponíamos a preparar nuestra comida-cena del día, recibimos visita de nuestros amigos rusos. Ese grupito que permanece en la base Bellingshausen y pertenecían a la dotación de la época de Oleg. Fue una sorpresa muy agradable, nos trajeron unos trozos de empanada de pescado, que nos supieron a gloria acompañando nuestra sopa-crema del día.
    Nos acompañaron durante la cena que hicimos entre las rocas que habíamos buscado para protegernos del viento. Cada día, según la dirección del viento, seleccionamos el lugar más idóneo. Tenían más frío ellos que nosotros. Sí, para nosotros es ya habitual la intemperie y nos hemos acostumbrado a estas condiciones.
    Fue un rato de camaradería, el verdadero espíritu antártico de solidaridad estaba presente. ¡Qué bonito volver a reconocerlo en estas tierras antárticas! Notaba mi emoción a flor de piel…
    Por otro lado en la base uruguaya Artigas el jefe es Longino, un conocido amigo nuestro de la campaña del 2006, donde estuvo también de jefe de la misma. Ahora el funcionamiento de la base está regulado con el Instituto Antártico Uruguayo de otra forma que cuando empezamos a venir por estas tierras. Hay mucha más oficialidad en todo…, pero con lo que está a su alcance nos echa una mano y lo que es más importe para nosotros, nunca nos falta una mesa donde poder operar con los datos que medimos en campo y escribiros para el Blog.
    Parece que estamos de suerte, otro rinconcito antártico se presenta ante nosotros con las puertas abiertas. Esta vez viene de la Estación Marítima Bahía Fildes. ¿Recordáis? Fue desde esta estación chilena donde nos gestionaron nuestro cruce a Jubany, tanto a la ida cómo al regreso.

    Nos invitan a pasar con ellos unos días, para que salgamos un poco de las condiciones de intemperie del campamento y al mismo tiempo poder gestionar nuestro regreso de la Antártida a Punta Arenas. Han retrasado el vuelo de las Fuerzas Aéreas Chilenas casi tres semanas de la fecha marcada inicialmente y eso nos desbarajusta todos los planes. No sólo nos quedaríamos sin poder realizar el trabajo en la Patagonia Chilena, sino que además perderíamos nuestros vuelos de regreso a España. Pero bueno, dejemos ahora este nuevo problema que ha surgido y sigamos con los “rincones antárticos” que estamos teniendo la suerte de encontrar.

    Nosotros les ofrecimos a los 12 componentes de la dotación de verano de Bahía Fildes (en invierno quedan 8 solamente) lo poquito que estaba a nuestro alcance, les dimos una conferencia divulgativa de lo que hacemos en nuestras investigaciones en GLACKMA y todavía más en concreto, de lo que estamos encontrando en esta parte de la Antártida. Ellos van a estar por aquí un año entero y es bueno que conozcan lo que está pasando en el glaciar que tienen al lado.

    No os imagináis lo que supone el encontrar unas puertas abiertas cuando de repente no haces más que encontrar cerradas todas las que han estado abiertas durante años. No siendo Fildes una base científica, sino una estación marítima, nos han brindado su apoyo para regresar de nuevo cuando queramos y evitar estancias largas en nuestro campamento. Y no sólo es el apoyo ofrecido, es lo especial de las personas, que te hacen sentir como si estuvieras en casa. Es una especie de refugio tremendamente acogedor en medio de una tempestad. Es hermoso descubrir cómo todavía aparece el espíritu antártico. Consiguen que uno se emocione...
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  • Midiendo el caudal del río

    Volvemos a hablar de la estación CPE-KG-62ºS, la que hemos reinstalado con las nuevas sondas de medida. Os contaba la otra semana que lo que terminamos generando son series temporales horarias de descarga glaciar. Es decir que cada hora tenemos el valor del caudal del río seleccionado que proviene del hielo que se ha fundido.

    Pero no se trata simplemente de instalar una sonda que te da directamente ese valor que buscamos. ¡No!, hay un proceso largo y laborioso detrás. Las sondas nos miden el nivel del río y para poder conocer el caudal tenemos que hacer lo que llamamos una campaña de aforos.

    Aforar en un río, significa medir directamente el caudal, pero no os voy a contar todo este laborioso procedimiento. Simplemente quiero que recordéis que hay que llevar a cabo un preciso trabajo de campo, después procesar todos esos datos con herramientas matemáticas y algunos programas informáticos que hemos elaborado para agilizar los cálculos y finalmente obtenemos lo que buscamos, el caudal drenado por el glaciar.

    Cuanto mejor sea nuestro trabajo de campo, mejor será el procesado después de los datos, por eso debemos estar concentrados en el trabajo, aunque las condiciones que tenemos no sean las más cómodas, ni las más confortables. Debemos de estar muy pendientes del río, de las variaciones de nivel que experimenta para llevar a cabo nuestros aforos. En este río, con la precisión con la que trabajamos, cada aforo nos lleva unos 35-45 minutos, dependiendo del caudal que haya. Durante todo ese tiempo tenemos que estar midiendo dentro del río, con esa temperatura que lleva el agua que ya sabéis que fluctúa entre 0ºC y 0,6ºC. Además os diré que prácticamente debemos de estar quietos y que en esta zona sopla siempre un fuerte viento que viene encajonado en el cañón del río, y nos hace alcanzar unos valores de sensación térmica algo bajos. Por eso la concentración en el trabajo es fundamental, centrarse en lo que se está haciendo y olvidarse del resto.

    Desde que regresamos de Jubany y estamos aquí acampados, no hacemos otra cosa que estar pendientes del río y de los aforos. No hay una hora fija, manda el río y sus variaciones de nivel, tan pronto nos toca por la mañana, por la tarde, a la madrugada, al terminar el día… no podemos tener horarios, el río es el que nos dirige. La ventaja de estar aquí acampados al lado del lugar de trabajo es que podemos estar muy pendientes con facilidad.

    Despertarse a la madrugada, salir del saco de dormir y su calorcito, abrir la puerta de la tienda de campaña e ir a mirar cómo está el río, está siendo la tónica general. Cuando después vuelves al saco porque no hay un nuevo valor para poder hacer un aforo… no está mal. Pero muchas de estas ocasiones tienes que de inmediato preparar todo el equipo y meterte en el río a medir. En fin, que como podéis observar estamos centrados en el trabajo y en sacarlo adelante lo mejor posible.

    En esta ocasión no os voy a pedir ninguna investigación, sólo quiero que seáis conscientes de que la mayor parte de las veces los mejores logros se consiguen con un gran esfuerzo detrás. Y ¿sabéis también que por lo general después no son muy apreciados, ni valorados? Sin embargo, os puedo asegurar que la tranquilidad que da el trabajo bien hecho es enorme. Y lo último que quiero que no se os olvide nunca, es que la fuerza la tenemos en la mente. Teniendo una mente poderosa se puede alcanzar prácticamente todo lo que uno se proponga, se superan con mucha más facilidad los obstáculos.


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