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Blog: Karmenka desde los Polos

  • La magia del sol y el hielo

    Al amanecer

    (Crónica recibida por teléfono satelitario)

    Efectivamente el tiempo nos dio una tregua para poder retirar las tiendas y ponernos en ruta. Con nuestro cambio de planes, comenzamos avanzando por la costa hacia el noreste, alcanzando la ciudad de Höfn donde hacemos algunas compras de víveres para los próximos días.

    Pero, ¿queréis saber que pasó? La lluvia nos sigue, da la impresión que se ha pegado a nuestro vehículo y la arrastramos según avanzamos. Nos sorprende que todo el entorno de esta pequeña ciudad, está completamente inundado. El sur, por el contrario, parece comenzar a quedar despejado. Reajustamos los planes. Vamos a aprovechar para enseñarles a nuestras expedicionarias los glaciares del sureste y sur de Islandia. No hay muchas oportunidades de poderlos ver despejados hasta las cumbres más altas.  

    Quedan maravilladas con el impresionante glaciar Breidamerkurjökull y su laguna proglaciar Jökulsarlón, que está llena de fragmentos de hielo que se desprenden del glaciar y tras un breve recorrido de 200 metros alcanzan el mar. Reflejos en el agua, brillos de la luz del sol, azules del hielo… ¡qué espectáculo!

    Avanzamos un poco más... hasta mostrarles la sorpresa que les habíamos preparado: un lugar privilegiado para la primera acampada en ruta, ¿sabéis dónde? En un paisaje inigualable, justo en el frente del glaciar Fjallsjökull. Una cena calentita cocinada bajo el sol del final del día, unas tiendas de campaña instaladas sin lluvia… y un dormir. No se podían imaginar que la lluvia y la niebla estaban envolviendo unos parajes tan espectaculares.

    Los fuertes rayos del sol me sacan de la tienda muy tempranito. ¡Qué magia tiene el lugar! Esa luz rasante, suave, anaranjada, iluminando el hielo que nos rodea. Contraste del azul y blanco del hielo, de las luces y sombras proyectadas por los seracs o grietas en el propio glaciar. Un fuerte viento catabático proveniente del glaciar que baja considerablemente la temperatura de estas horas tempranas, no consigue hacerme desistir de mi empeño en recoger con la cámara el momento mágico que nos brinda el nuevo día. ¡Cuánta paz en el entorno!

    Continúa nuestra ruta por el flanco sur del casquete glaciar Vatnajökull, disfrutando con cada uno de las lenguas glaciares que se deslizan entre las cumbres. Son impresionantes las cascadas de agua que se forman por las paredes de roca, provenientes del hielo que se funde. Debido a la lluvia de estos días pasados, han crecido todas considerablemente. Pensad que han sido dos días continuos de lluvia cálida cayendo sobre el hielo a temperatura en torno a los 12ºC… ¡cómo para no fundirse el hielo!

    Os dejo una serie de fotografías para que podáis haceros una idea del entorno que nos rodea. ¡Es realmente mágico!

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  • Tremenda tormenta… que no cesa

    Adolfo y Karmenka bajo la lluvia que no cesa

    (Crónica recibida por teléfono satelitario) 

    Nos despertamos todavía con la tormenta encima. Continúa lloviendo a raudales, con viento fuerte y una niebla cerrada que disminuye con creces la visión a nuestro alrededor. ¡Vaya!, lo siento por Cristina e Irene, peor inicio de expedición no podían tener.

    En estas condiciones no podemos quitar las tiendas de campaña y no tiene sentido ponernos en ruta, pues no podrán ver nada del entorno. Cambiamos por tanto de planes y en lugar de comenzar nuestro recorrido por Islandia, vamos a mantenernos en un entorno próximo hasta ver cómo va evolucionando la tormenta.

    La densa niebla y la lluvia no dejan ni siquiera ver nuestro glaciar, luego cuanto menos, alguna de las otras lenguas glaciares que cuelgan del flanco sudeste del gran casquete glaciar Vatnajökull.  Decidimos desplazarnos un poco hacia el suroeste y mostrarles la cascada Svartifoss. Una hermosa cascada que corta una colada de basalto columnar, creando un entorno mágico en blanco y negro.

    Continuamos bajo la lluvia y avanzando un poco más hacia el suroeste llegamos al frente del glaciar Skeidararjökull. Aquí les contamos lo que ocurrió en 1996, una impresionante erupción bajo el glaciar Vatnajökull y les hablamos también de nuestra exploración en el lugar un año después. ¡Fue impresionante! Escribí sobre ello hace año y medio aquí en el blog, podéis leerlo si tenéis curiosidad.

    Termina otra jornada igual que comenzó, con la lluvia cayendo a raudales. La tundra está totalmente encharcada, ha absorbido una gran cantidad de agua. En cada pisada observas cómo la bota se hunde en un charco que empalma con el siguiente.

    Como de costumbre me despierto temprano y me alegra sentir que el agua en la tienda de campaña golpea con bastante menos violencia que el día anterior. Me levanto con intención de escribir otro artículo para el blog, pero al ver nuestro río me quedo totalmente impresionada. ¡Ha crecido una barbaridad! No dudo un instante, cojo la cámara y trato de capturarlo con fotos y vídeos. Os dejo aquí algunas, compararlas con las anteriores y veréis vosotros mismos la diferencia.

    Mientras trabajaba en mi reportaje visual, ¿sabéis que estaba pensando? Que ojalá hubiera ocurrido unos días antes, cuando teníamos montado el nuevo equipo para aforar. Hubiéramos podido hacer unos cuantos aforos más a diferentes niveles, según iba subiendo el río. Aunque no sé dónde estaría nuestro límite. Creo que los más altos no hubiéramos podido aforarlos. Es realmente impresionante la cantidad de agua que lleva.

    Parece que en el día de hoy sí vamos a poder recoger las tiendas y ponernos en ruta, pero vamos a cambiar de planes. Nuestra idea inicial era atravesar en primer lugar Islandia del suroeste al noreste, para continuar después por el norte de la isla avanzando de este a oeste y descender finalmente por el oeste llegando a Reikiavik cuando Irene y Cristina deban tomar su avión de regreso a España. Pero este cruce interior es a través de pistas, en las que hay que vadear multitud de ríos, y viendo esta crecida tan impresionante de los ríos de nuestro entorno, nos hace pensar que el vadear en el interior se nos puede complicar. ¡Tendremos que cambiar de planes, de nuevo! 

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